viernes, 27 de mayo de 2011

Margarito y Florinda. Las cigüeñas con más fans.
Llevo varios años observándolas y, los alumnos que pasan por 1º ESO, también. Es reconfortante inculcarles el amor por la naturaleza y que se fijen en acciones o hechos que, normalmente, les pasan desapercibidos. La llegada de la cigüeña. El arreglo del nido. La traída de comida. Algo en lo que nunca se habían fijado se convierte para ellos en un juego, en una curiosidad y, si eso les despierta el amor por la naturaleza, mejor que mejor.
La cigüeña blanca es un ave común y muy conocida en pueblos y ciudades. Siempre ha estado ahí. Es algo nuestro. Algo que si no está es cuando se extraña.
El 10 de Febrero llegó el macho. Lo llamamos Margarito. Es el macho porque siempre es el primero que llega. Rápidamente se pone manos a la obra. A acondicionar el nido. A dejarlo limpio y adecentado para que la hembra, cuando llegue, lo hará al cabo de unos 3 días, lo encuentre en perfecto estado. Y así fue. Florinda, que ese es su nombre, llegó y tomó posesión de la misma casa del año anterior. Normalmente, las parejas de cigüeñas se unen para toda la vida y esta, lleva junta 5 años. Siguen emigrando, algo que está cambiando en muchas de las cigüeñas de nuestros pueblos y ciudades que, al tener comida suficiente y hacer menos frío, se quedan y no viajan hasta África.
Sin perder el tiempo comienzan el cortejo amoroso. Acto que llama mucho la atención a los chicos, con carcajadas, sonrisas y gestos cómplices. Tras una incubación de unos 35 días nacen los pequeños.
Este año, el 12 de Abril, nacieron 4 pequeños pollos que sin perder el tiempo piden y piden y piden. La cigüeña los tapa, los cuida con mimo y si hace mucho sol les da sombra con sus alas. Es una madre solícita.
El 9 de Mayo, con 27 días, observamos que uno de ellos cada vez está más débil, se nota más la diferencia con sus hermanos. Algo no anda bien. Al día siguiente, no está; ha desaparecido. Muchas veces las cigüeñas eliminan  a los más débiles (sobre todo si el año no es bueno en comida) o los hermanos acaban tirándolo del nido. No sabemos que pasó pero el pequeño no estaba bien. Quedan 3 pollos.
Siguen creciendo a un ritmo que asombra a los alumnos que están pendientes de todo lo que pasa en el nido. Cada vez que llego a su clase me dan el parte. “Han desayunado a las 9”. “El pollo mas grande se ha levantado”. “Los han dejado solos”.
Los días pasan rápidamente y los padres tienen un ajetreo constante en la ceba a los pequeños que se ven insaciables. Ya los dejan sólos y cuando llega uno de los adultos y regurgita en el nido una pasta de ranas, peces, invertebrados y plantas, los pollos se lanzan a dar buena cuenta de ella. Ya tienen 41 días (23 de Mayo).
A los 44 días (26 de Mayo) ya ejercitan sus alas y se levantan muy a menudo, se estiran e incluso salen del nido por el muro.
Están enormes y los alumnos comienzan con otras preguntas. "¿Cuándo vuelan?". "¿Se caerá alguno?". "¡Ya no caben!". "¿Porqué tienen el pico negro?". Piden y piden cada vez que uno de los adultos llega al nido.
Cada vez los dejan mas tiempo sólos ya que el acopio de comida al nido es constante y los pequeños ya lo ocupan casi por completo. Los padres van y vienen sin descanso durante casi todo el día. Los pequeños esperan pacientemente trabajando sus músculos.
Los alumnos se emocionan cuando entro o me ven por el pasillo. Me dan el parte de lo que ha pasado en el nido. Lo controlan todo. Les ha entrado el gusanillo de la observación, del amor por la naturaleza, a todos seguramente no, pero con que alguno lo sienta, me daré por satisfecho.

miércoles, 25 de mayo de 2011

El críalo.
En una de mis excursiones a las Lagunas de Villafáfila me encontré con esta ave, que nunca había fotografiado, y menos tan de cerca.
La tarde era bastante calurosa e íbamos, en coche, por un camino desde Otero de Sariegos hasta la laguna de Barillos, donde esperábamos encontrar a las avutardas. El día estaba siendo bastante bueno ya que habíamos visto una gran cantidad de cernícalos, tanto comunes como primilla, avefrías, cigüeñuelas, cercetas, ánades reales, algún ganso, patos cuchara, golondrinas y aviones, un mochuelo, avocetas, un aguilucho cenizo, charranes, perdices, un aguilucho lagunero y varios milanos negros.
 En definitiva un buen día. Cuando. En una valla, llamó mi atención un pájaro extraño. Parecía un enterrador del oeste. Quieto. En equilibrio. Mirándonos como si sopesara nuestro peligro. Era un críalo.
Curiosa ave que, junto con el cuco, son las dos únicas que no hacen nidos y por tanto no crían a sus pollos, sino que se los dejan a otras para que se los críen. El críalo (de nombre premonitorio. “Críalo tu que yo me canso”. Su nombre no es por eso, sino por el sonido que hacen) suele poner sus huevos en los nidos de las urracas que siempre están alerta cuando los ven llegar. Recuerdo hace años una curiosa escena y ahora me doy cuenta de que eran una pareja de críalos los que elaboraron una sofisticada estrategia.
Unas urracas entraban y salían de su nido. Su ajetreo era constante. Cuando un pájaro extraño (ahora se que era un críalo) se aproximó e incordió tanto a la pareja que estas salieron tras él. Me sorprendió que cuando lo perseguían no hacían ruido, algo muy raro para estas escandalosas aves; mas tarde, leyendo libros di con la solución. Lo hacen para no llamar la atención de otras urracas o córvidos y así no indicarles que están dejando el nido sólo, y lo puedan atacar.
El caso es que las dos salieron tras el críalo y mientras…, otro críalo salió de su escondite (ni siquiera lo había visto). Entró en el nido de las urracas. Era la hembra y seguramente puso algún huevo. Terminó y salió a toda velocidad. Cuando volvieron las urracas ya se había ido. La estrategía había sido perfecta. Habían conseguido su objetivo. Despistar a las urracas para conseguir dejar en su nido algún huevo.
Tras las fotos de rigor. El críalo se bajó del alambre un poco más allá, donde se encontraba otro, seguramente la pareja que comía tranquilamente gusanos e insectos que picoteaba de la tierra. Por cierto en zonas de pinares los críalos comen muchas orugas de la procesionaria del pino, lo cual es muy beneficioso ya que las tienen, mas o menos controladas.
También, aparte de ser un poco jetas, cumplen con la función de regular a las urracas ya que limitan los pollos que puedan criar. En definitiva un ave que junto con el cuco utiliza a otras para que les cuiden los hijos. Fue un buen día de excursión que terminó, de la mejor manera posible, con una maravillosa puesta de sol que nos llamaba a volver otro día.

domingo, 22 de mayo de 2011

Coincidencias.
Muchas veces la mejor foto es la que no has hecho. La que has visto, pero no llevabas la cámara o estaba guardada cuando te ha pasado un lobo al lado y se te queda mirando, o un ciervo tumbado dormitando se levanta a toda velocidad, o un zorro despistado…son innumerables las ocasiones en las que has dicho, “qué pena de cámara”. Hay otras veces que has tenido coincidencias y, de entre ellas, por diversas razones, me gustan estas dos (estas fotos son de baja calidad por la cámara que llevaba). Una está tomada en La Sierra de la Culebra y la otra el las Lagunas de Villafáfila; dos de los lugares más importantes en biodiversidad de la provincia de Zamora.
La Sierra de la Culebra tiene como gran símbolo al lobo (ya comentaré en otra ocasión alguna aventura con este extraordinario animal) y a él estábamos buscando cuando avanzábamos tranquilamente por un magnífico valle. Andábamos con la mosca tras la oreja ya que acabábamos de ver junto al camino el cuerpo semicomido de una cierva. Seguramente había sido el señor de la sierra, el lobo. Caminábamos en absoluto silencio con la vista puesta en todos los lados menos en el camino. Un ruido llamó nuestra atención. En mitad del camino unos simpáticos conejillos se atusaban tranquilamente.
El conejo es una de las especies más importantes dentro de la cadena trófica, ya que son la base de la alimentación de un enorme número de especies, desde todo tipo de rapaces, hasta muchos mamíferos, pasando por algunos reptiles.
Los conejillos estaban tranquilos. Paramos y, en silencio, saqué la cámara. Enfoqué y ahí los tenía cuando,… ¿pero qué demonios sale por detrás?. Un ciervo macho se asomó al camino. Paró. Nos miró y siguió. Visto y no visto. Tuve que volver a ver la foto para saber si había salido. Allí estaba. Mirándonos. Aunque seguramente estaría pendiente de algo más importante que nosotros, el lobo, que no andaría muy lejos.
Los conejos siguieron a lo suyo y según nos acercamos desaparecieron a toda velocidad. Qué importante es este pequeño y simpático animal. El sólo es capaz de desestabilizar, tanto si aumenta en demasía, como si disminuye, a todo su entorno.
Si disminuye (casi siempre por culpa del hombre. Como cuando el doctor Armand Delille inculcó el virus de la mixomatosis a unos conejos que le fastidiaban sus terrenos y se extendió por toda Europa, matando millones de ellos) el claro ejemplo es el lince ibérico (cómo me impresionó verlo en el campo, en su territorio. Nunca creí que me impresionaría tanto. Pero eso, merece un capítulo aparte), que lo tiene en el 90% de su dieta y, si el conejo escasea o desaparece, el lince también.
Si crece en exceso también es tremendamente perjudicial. Así sucedió en Australia, donde se introdujeron tres parejas que a los 3 años tenían 14.000.000 millones de descendientes provocando una verdadera plaga al no tenían depredadores naturales. Y, ¿qué hicieron? Introducir zorros para que los regularan; pero estos, teniendo comida más fácil de conseguir que el conejo como eran las especies autóctonas, que nunca habían visto un zorro, se dedicaron a comérselos. Con lo cual tuvieron dos problemas los conejos y los zorros.

La segunda fotografía es en Las Lagunas de Villafáfila y también tiene de protagonista al conejo. Esta vez con una pequeña rapaz nocturna, el mochuelo.
Un conejo comía y se limpiaba tranquilamente cuando, muy cerca de él, se posó un mochuelo. El conejillo lo miraba entre incrédulo y temeroso, el mochuelo ni caso, con cara de malas pulgas. La cosa no fue a más y cuando marché en busca de las avutardas, ahí seguían, cada uno a lo suyo. Por cierto, el mochuelo ha sido declarado ave del año 2011 por la SEO/BirdLife para que nos fijemos en su conservación, importancia y protección dada su bajada alarmante de ejemplares.

martes, 17 de mayo de 2011

Valorio. Territorio de buhos.
En nuestro Bosque de Valorio. Si. Bosque de Valorio, porque es un bosque y no un parque como algunos quieren hacernos creer o quieren que se transforme en tal. En nuestro Bosque de Valorio nos encontramos con una buena población de buho chico, algo que seguramente muchos zamoranos no sepan y que es una muestra más de su importancia.
La primera vez que vi uno fue por casualidad. La mañana estaba agradable y con mi perra de aguas Nala (cuánto la extraño), paseábamos por Valorio. Nos habían salido herrerillos, carboneros, jilgueros, pitos reales, algún conejo y, de repente, Nala se queda fija mirando una rama de un pino bajo. Me acerco y, mi sorpresa fue mayúscula, un buho chico nos miraba entre sorprendido y enfadado, con sus penachos de orejas (que realmente no son las orejas, sino plumas ya que su oído es interno). Eran las doce y media de la mañana y allí estaba, con sus enormes ojos naranjas. Ni se movió. Suerte que llevaba una cámara pequeña y le pude sacar alguna foto.
Han pasado varios años desde aquello y el viernes pasado, con mi amigo Nano, nos acercamos a ver si veíamos alguno. Nos salió un buho adulto, más tarde la pareja; por lo tanto, el nido no andaría lejos.
En esta época los buhos están en plena cría. Los pollos ya son grandecitos y, aunque no sepan volar bien, se mueven de rama en rama, dando pequeños saltos y aleteos, pero sin separarse nunca demasiado del nido original. Allí estaba el nido.
Era bastante grande. Seguramente se habrían ubicado en un nido abandonado de urraca o quizás de otro córvido. En él quedaba un pollo que nos miraba alucinado con sus grandes ojos. Uno sólo no podía estar, ya que normalmente estas rapaces nocturnas crían entre 3 y 5; así que nos pusimos a buscar a sus hermanos en los pinos de alrededor y nos volvió a salir un adulto; diferenciar el macho de la hembra es muy difícil, aunque la hembra es un poquito más grande. Volaba en absoluto silencio. Es increíble cómo pueden volar sin emitir ni un solo ruido. Solamente lo hacen cuando están en celo y chascan las alas a modo de cortejo nupcial. Su silencio les permite capturar todo tipo de micromamíferos (ratones, topillos, musarañas,…) e incluso algún reptil e insecto.
Tras dar varias vueltas localizamos a otros tres pollos que chillaban, como una puerta al abrirse, pidiendo comida a sus padres que no paraban de volar de un lado para otro en busca de comida para llevarles hasta el posadero en el que cada uno se encontraba, siempre, cerca del nido.
Los dejamos tranquilos y nos fuimos a otro nido, mucho más difícil de localizar, pero en el que se oían perfectamente a los jóvenes buhos pidiendo comida. Al regresar al primero nos encontramos con Alfredo. Otro enamorado de la naturaleza que, al vernos allí, se acercó para hablar con nosotros. Alfredo había realizado estudios acerca de Valorio y las rapaces nocturnas. Nos informó que actualmente había  siete u ocho parejas de buho chico criando en el bosque; además de autillos, lechuzas campestres y algún mochuelo.
Los jóvenes buhos permanecerán con sus padres todo el verano y allá, por el otoño, la población de buhos de Valorio se juntará a pasar el invierno en un mismo sitio, todos o casi todos, en el mismo pino. Un pino piñonero grande, viejo, de ramas fuertes pero cansadas, donde unos treinta buhos chicos dormitarán todos los días y observarán, desde su atalaya, a los paseantes, corredores, ciclistas o niños que juegan ajenos a ellos, sin saber que en su bosque (y no parque)  hay una enorme biodiversidad que hay que mantener, cuidar y proteger.

viernes, 13 de mayo de 2011

Nidos curiosos.
He visto muchos nidos en lugares difíciles de llegar y en sitios extraños pero, creo que dos, de los mas raros que me he encontrado, son estos. Uno es de un carbonero y el otro de un gorrión.

El carbonero es un pajarillo alegre y movido que tiene una gran variedad de canto. Uno de ellos es muy característico, el llamado chi-chi-pán, porque es así como suena y si uno lo escucha por el campo, lo identificará rápidamente. Este pajarillo anida en huecos, grietas y cajas anidaderas pero, en sitios como este, un tubo, muy normal no es y, en ningún momento uno se puede imaginar que dentro de él, hay un carbonero hembra (solamente incuba ella y, cuando nacen los polluelos, el macho colaborará en su cría) incubando en su nido. Si. Su nido. El sitio se las trae. ¿Cómo demonios se ha metido allí?, y, ¿cómo saldrán de ahí los polluelos?. Si lo ha hecho ahí, será por algo.
 
El segundo es de un gorrión. El pajarillo mas común en las ciudades que está desapareciendo a velocidades preocupantes para los científicos y naturalistas de todo el mundo. Aunque nos parezca increíble ya ha desaparecido de ciudades como Londres, Dublín, Edimburgo, Praga o Berlín. Y en Gran Bretaña han desaparecido 5 millones de parejas en los últimos 30 años. En España por el momento la situación no está tan mal pero sí es preocupante en ciertas zonas como por ejemplo en Valencia que ha descendido en los últimos años en un 90% su población y en Madrid están comenzando a desaparecer.
El sitio también se las trae. Un tubo de salida de humos de una cocina. ¡Y la cocina funciona normalmente!. Aquí pille a la hembra trayendo una suculenta comida a sus polluelos que, calentitos deben de estar. El descenso de la población de gorriones es, fundamentalmente, por dos causas. La excesiva limpieza de calles que les quita alimento y por otro la competencia feroz de las palomas. En los pueblos también desaparece pero por otros motivos como la despoblación y el abandono de las tierras de cultivo.
El poeta zamorano Claudio Rodríguez escribió una magnífica poesía a este pajarillo simpático y agradable.
No olvida. No se aleja
este granuja astuto
de nuestra vida. Siempre
de prestado, sin rumbo,
como cualquiera, aquí anda,
se lava aquí, tozudo,
entre nuestros zapatos.
¿Qué busca en nuestro oscuro
vivir? ¿Qué amor encuentra
en nuestro pan tan duro?
Ya dio al aire a los muertos
este gorrión, que pudo
volar, pero aquí sigue,
aquí abajo, seguro,
metiendo en su pechuga
todo el polvo del mundo.

lunes, 9 de mayo de 2011

Días de patos.
Estamos en la temporada en la que todas las patas (ánade real o azulón; por cierto, se llama azulón por el espejo azul de sus alas) salen con sus camadas de patitos, y como la mañana estaba agradable, decidí bajar al arroyo de Valorio (como recordaréis es uno de los puntos de mis paseos por Zamora) que une el bosque con el río Duero. En él hay una zona en la que se concentran gran cantidad de patas, ya que tienen agua, comida y refugio en abundancia.
Nada más salir de casa, un agudo chillido llamó mi atención; era un halcón peregrino, no podía estar muy lejos y, efectivamente, allí estaba, en una antena, atento a todo lo que volaba a su alrededor, sobre todo a las palomas. Continué hasta el arroyo donde, como decía anteriormente, las patas deambulan con sus camadas de patitos.
Las hembras de azulón son las que, allá por el otoño, eligen al macho afortunado que será el padre de sus pequeños. Los dos permanecerán juntos hasta la época de cría, en la que criarán donde la hembra haya nacido. La hembra es muy cuidadosa con su puesta y protegerá los huevos (entre 10 y 14) con fervor; los incubará ella sola y generalmente hará el nido cerca del agua (a veces lo hará en los árboles, curiosamente en una ocasión vi una pata incubando en un nido abandonado en mitad de una colonia de garzas reales), escondido entre los juncos o las hierbas altas.
Si por algún motivo tiene que ausentarse del nido para comer, lo tapará y se irá tranquila, aunque volverá lo antes posible y, si ve peligro, trasladará el nido (como alguna a hecho en el estanque de Félix Rodríguez de la Fuente en Valorio). Tras más o menos un mes, nacerán los patitos que, inmediatamente irán al agua; y allí estaban, en el arroyo, siguiendo a la cuidadosa pata que tiene que andar con mil ojos ya que, sus pequeños, son un suculento plato para gatos, milanos y ratas que van minando las camadas; bajas un sábado, controlas una pata con 12 patitos y a los tres o cuatro días le quedan 6 ó 7, a los 3 ó 4 más, sólo 5, con lo que de una camada de 10 ó 12 sobrevivirán 2 ó 3.
En esta época son una atracción para los paseantes fieles que los admiran entre sorprendidos y entusiasmados; allí estaba yo haciendo fotos a una pata con 11, a la otra con 8, y a la de más allá con 5. De repente, llega nadando una rata; la pata la ve y comienza su estrategia. Empieza a golpear el agua con el ala, simulando que está herida, pero la rata continua hacia sus patitos, los cuales, ante el aviso de su madre, se esconden rápidamente entre unas hierbas; la pata sigue con su táctica de atraer hacia ella a la rata para dar tiempo a sus crías a esconderse (otras veces he visto cómo utilizan otra táctica, la de meterse debajo del agua con sus orificios nasales fuera). Esta rata era pequeña así que la pata, viendo que seguía yendo hacia ella, se armó de valor y se fue directamente a picotearla con todas sus fuerzas. La rata, sorprendida, salió del agua y huyó atolondrada. Hoy la pata había ganado, pero esto no sucede siempre. Las ratas grandes, los gatos y los milanos se encargan de mantener a raya la población de patos y, aunque nos duela, así es la naturaleza, se regula por si misma. 

martes, 3 de mayo de 2011

Días de animales extraños.
Estos días me encuentro con mis alumnos, los de mi amigo Ernesto y unos estupendos compañeros de Tenerife en el CEAm de Villardeciervos (Zamora) En nuestros paseos y rutas por el campo nos estamos encontrando con animales poco conocidos o difíciles de ver. Entre ellos me gustaría destacar dos: la víbora hocicuda y la araña lobo, que nos hemos encontrado en el día de hoy.
La víbora hocicuda la enconramos en mitad de un camino, atravesando de un lado a otro. Cuando nos vió y la rodeamos, se sintió presionada y adoptó una posición defensiva. Incluso, al tirarme en el suelo para fotografiarla y acercarle el objetivo de la cámara, intentó atacarlo. Rápidamente nos dimos cuenta de que era una víbora, la verticalidad de su pupila no dejaba duada alguna y por su hocico levantado, al observarla a ras de suelo, nos confirmó que se trataba de este peculiar animal, la víbora hocicuda. Seguramente le estropeamos el plan de caza, pues estos animales cazan al acecho, clavando sus colmillos en la presa, que paraliza y mata en pocos segundos a sus presas, compuestas principalemente por pequeños roedores e incluso algún reptil (lagartijas, etc). Al hombre puede causarle serios problemas por las reacciones a su veneno, como puede ser la inflamación del miembro mordido.
 Por la tarde, mientras paseábamos, vimos en la tierra, al lado de la carretera un extraño agujero, demasiado grande para ser un hormiguero, demasiado pequeño para ser una hura. En estas, mientras lo contemplábamos, asomaron unas patas, y luego el cuerpo entero de una araña de gran tamaño y aspecto amenazador. Dudábamos si fuera una araña lobo, cosa que luego comprobamos con una guía, cerciorando nuestras sospechas. Dicha araña, nos demostró su fuerza y fiereza cuando le acercábamos una pequeña rama y la atacaba cerrando sus pedipalpos, mientras nos miraba entre asustada y cabreada. Después de las correspondientes fotos, la dejamos en paz volver a su agujero, desde el que, agazapada, espera que alguna de sus presas, en general pequeños insectos, pasen cerca del agujero y entonces se abalance sobre ellos.

domingo, 1 de mayo de 2011

El Mirlo Blanco.
Un buen día, Fernando, amigo apasionado de la naturaleza, fotografía y astronomía me comentó que desde su trabajo había visto un mirlo macho blanco en el jardín de enfrente y, para allí que me fui. (Para el que no lo sepa, los mirlos machos son negros como el tizón).
Un jardín en medio de la ciudad, coches por los lados, niños jugando, gente paseando y yo, esperando a ver si, por un casual, aparecía el mirlo. La verdad es que pensaba que sería imposible verlo, el ajetreo era considerable. Pasado un rato, vino volando, tan tranquilo, entre la gente y se posó delante de mis narices, en mitad del jardín, donde comenzó a dar saltitos, avanzando de golpe, inclinando la cabeza de lado para observar bien el terreno; venía a comer, así que se puso a rebuscar en la tierra, escarbando, revolviendo todo para sacar cualquier tipo de invertebrado que llevarse al pico. Allí estuvo un buen rato, por supuesto, la sesión fotográfica que le hice fue considerable, cuando se cansó, marchó hacia un jardín particular cercano, donde seguramente tendría el nido.
Era blanco, algo tremendamente extraño, pero no era albino, este tenía los ojos normales, era una rareza genética debido a un gen recesivo, que le da el color blanco, pudiendo tener diferentes grados (este tenía bastante blanco; seguramente el año que viene, si sigue por ahí, será todavía mas) esta particularidad se llama leucismo (resulta que casi el 30% de las aves que tienen esta rareza, son mirlos).
Y mientras seguía pensando, apareció de nuevo, allí estaba, con su pico y círculo alrededor del ojo naranja, comenzando otra vez todo el ajetreo. Se quedó otro buen rato y ahora me dediqué a observarlo atentamente (ya tenía suficientes fotos). Estaba tan tranquilo, perfectamente adaptado a los ruidos, gente y coches, incluso una señora se quedó mirándolo y se interesó por él, fue la única, el resto de personas, que pasaron unas cuantas, lo ignoraron por completo, como hacía él con nosotros. Seguía moviéndose, revolviendo el suelo y saltando de acá para allá; me quedé con ganas de oírlo cantar, con ese enorme repertorio de trinos y melodías de los mirlos, seguramente cantaría como los demás pero no lo pude comprobar. De repente se levantó y fue volando hacia el mismo jardín particular de antes, definitivamente este era su territorio y como buen mirlo macho debía de moverse por él y cuidarlo, además, la época de cría ya había comenzado y el trabajo se le acumulaba. Si este era su territorio, no se moverá de allí hasta que muera (los mirlos que sobreviven a su primer año, viven una media de 5 años) y quizás, en otro paseo por allí, lo vuelva a ver.