sábado, 31 de diciembre de 2011

8 meses...
Este blog comenzó hace 8 meses y lo que empezó como una aventura se ha ido convirtiendo en algo muy especial gracias a vosotros, los que lo leéis y seguís. Vuestras visitas me estimulan a seguir con este apasionante proyecto. Os deseo un año nuevo en el que podamos seguir disfrutando de la naturaleza y sus habitantes. Un saludo a todos y feliz año.
Feliz amanecer del nuevo año...

domingo, 25 de diciembre de 2011

No deberían de estar ahí. ¿O sí?
Cuando hablas de nutrias te las imaginas en un río de aguas claras y limpias, en un río de montaña con un paisaje idílico. Si hablas de un martín pescador pasa exactamente lo mismo, ya que siempre se ha dicho y escrito que un martín pescador necesita aguas como el cristal para poder cazar a sus presas. Cuando pensamos en un águila culebrera la imaginamos en primavera-verano e incluso un poco en el otoño y, si lo hacemos de ciervos, los imaginamos en bosques o zonas de monte bajo con brezos o escobas. Esto sería lo que se considera normal. Lo que los libros, reportajes y estudiosos nos dicen que sucede, este es el comportamiento establecido y aceptado por todo el mundo pero…¿realmente sucede así? ¿Estos animales están siempre en esos lugares y se comportan como creemos que lo hacen? La respuesta es que muchos si, pero hay otros, cada vez más, que se adaptan y no siguen los patrones establecidos.
Lo primero que necesitan y buscan los animales en un lugar es que haya alimento, si hay alimento, allí estarán ellos. Y si además tienen añadidas otras condiciones como cobijo, agua y cierta tranquilidad,  mejor que mejor, y si alguna de estas es un poco complicada por estar muy cerca de la ciudad o en la ciudad misma, serán capaces de adaptarse y sobrevivir y si no que se lo pregunten a todos los animales que voy a poner como ejemplo.
La fotografía es de muy baja calidad (la cámara no era la adecuada)
pero sí es significativa del momento en el que
la nutria cruzaba el río Duero en Olivares (Zamora capital).
Nutrias en Zamora capital. A mucha gente le puede parecer una locura o una fantasía pero no. Ahí están. Las he visto en tres puntos distintos del río Duero que abraza nuestra ciudad. En Olivares, entre el puente de piedra y el de hierro y en los tres árboles. ¿Por qué? Porque tienen comida. Porque el curso medio de los ríos es propicio y rico en peces. Como veis no solamente están en riachuelos limpios y cristalinos de montaña.
Martín pescador en su percha dispuesto a cazar en el río Duero a su paso por
Zamora capital (también en la zona de Olivares).
 Igual que la anterior de muy baja calidad (cámara no adecuada)
 pero muy significativa de su presencia en la ciudad.
No solamente hay nutrias, sino que el martín pescador también está presente en nuestra ciudad. ¿Cómo? Os preguntaréis algunos, "¿pero si lo típico es ver a un martín pescador sumergiéndose en las frías y cristalinas aguas de un arroyo de montaña?" Sí, pero aquí también tienen comida y por lo tanto también están. Los he visto en dos puntos diferentes del río, en Olivares y en las aceñas de Cabañales.
Si esto os parece extraño, ¿qué hacía un águila culebrera en diciembre en Las Lagunas de Villafáfila? Raro. ¿Verdad? Seguramente estaba allí porque tenía comida, a lo que se le puede añadir que como no había hecho mucho frío todavía este año hasta ese día, se ha quedado bastante más de lo normal. Ya que es en septiembre o como mucho octubre cuando emigran hacia África para volver en Marzo o Abril, pero algunas no lo hacen. Había una el 18 de Diciembre de 2011 en Villafáfila que vimos tres personas.
Ese día no solamente tuvimos esa sorpresa sino que hubo alguna más. Cerca del puente romano nos encontramos con mi amigo Fernando y su mujer, Alegría, que buscaban un ganso indio que acababan de ver posarse en la laguna cercana. Nos bajamos del coche y comenzó la búsqueda. No aparecía por ningún lado pero de repente, apareció una águila real 
Águila real en las Lagunas de Villafáfila.
Majestuosa. Poderosa y con su tremenda fuerza y elegancia se fue elevando ante nuestras narices y ojos incrédulos que no esperaban verla allí (por cierto se estaba comiéndo una grulla que había muerta de donde se levantó). La seguimos en su vuelo elegante y poderoso según iba ascendiendo, cuando de repente apareció...¡otra águila real!. Nuestra sorpresa fue mayor cuando vimos…¡una tercera! Había tres juntas (parecían la pareja y un pollo del año pasado). Según las observábamos con admiración en su lenta ascensión apareció el águila culebrera. Pudimos ver a las cuatro águilas juntas, volando en el entorno de las lagunas. Un espectáculo que será muy difícil de repetirse.
También en Villafáfila, otro día diferente, nos dirigíamos hacia la carretera que une el Centro de Interpretación con la laguna de Barillos (carretera de Villalpando) por el camino que va desde Otero de Sariegos; según llegábamos al cruce para salir a esa carretera, en el pequeño pinar de enfrente, nos llamaron la atención tres figuras que se veían entre los pequeños pinos. Al llegar a la carretera nos dimos cuenta de lo que eran. ¡Tres ciervas! Sí. Tres ciervas. La madre, la cría de este año y la del año anterior se paseaban tranquilamente por entre los pequeños pinos. Nunca las había visto en las lagunas. Paramos el coche para contemplarlas. ¿Qué hacían allí? ¿Por qué estaban en las lagunas? ¿De dónde habían venido? ¿No deberían de estar en un bosque o en terrenos de monte bajo? Allí estaban. En plena llanura castellana.
Como dice Benjamín Sanz: “Cada especie tiene un medio que le es propio, o mejor dicho que hemos creído que le era propio, el problema es que nos encontramos en un momento de absoluto cambio, por lo tanto todo lo que descubramos de la fauna puede ser tomado como relativo o complementario”. En definitiva, los animales tienen un enorme poder de adaptación al medio y siempre buscarán los lugares que les sean más favorables para sus intereses aunque nosotros creamos que es imposible que allí se encuentren y, como veis, nada más lejos de la realidad.

martes, 20 de diciembre de 2011

jueves, 15 de diciembre de 2011

¿Por qué son horizontales las pupilas de las cabras?
Llevaba un tiempo con la mosca tras la oreja y después de  recibir el email de mi amigo Pablo con sus impresionantes fotografías de las cabras monteses, decidí investigar por qué tenían las pupilas en sentido horizontal.
Dentro del mundo animal nos encontramos con una diferencia, que en muchas de las ocasiones pasa desapercibida, entre los carnívoros y los herbívoros. Los primeros tinen los ojos en la parte frontal de la cabeza y los segundos los tienen a los laterales de la cabeza. Y como en la naturaleza todo tiene explicación, esto también.
La evolución ha ido conformando la posición de los ojos al frente (carnívoros) o en el lateral (herbívoros). Lo ha hecho por una cuestión práctica y de supervivencia. Si pensamos un poco entenderemos el por qué.
Los carnívoros cazan y por lo tanto deben de fijarse en la presa y no perderla de vista, con lo cual, según van avanzando hacia ella no deberían de dejar de mirarla. La evolución los ha adaptado para esa necesidad, así tienen los ojos al frente de la cabeza.
El ángulo de visión total de un depredador, al tener los ojos frontales, es de aproximadamente 150º, de los cuales 120º se ven simultáneamente con ambos ojos. Esto es lo que ayuda a medir la distancia, algo que para los depredadores es básico si quieren hacer un ataque con precisión.
En cambio los herbívoros, que pasan mucho tiempo comiendo con la cabeza agachada, necesitan tener una visión periférica mucho más amplia, necesitan ver el mayor espacio posible, necesitan ver más por si algún cazador se ha fijado y viene hacia ellos para así tener la posibilidad de escapar al verlo.
Los herbívoros, por contra  de los carnívoros, tienen un ángulo de visión total de aproximadamente 270º, pero sus ojos solo superponen los ángulos de visión en aproximadamente 30º. Esto les impide tener una buena visión en profundidad  pero ,a cambio, les permite abarcar un mayor ángulo de visión y vigilar la mayor extensión posible para detectar a los depredadores.
Hasta aquí todo claro pero ¿y las cabras? Como herbívoro tienen los ojos en los laterales de la cabeza pero, ¿y las pupilas? ¿Por qué son horizontales? Seguía con la duda. Para solucionarla recurrí a mi amigo Ernesto, biólogo, que me explicó una teoría de esa peculiaridad. Voy a intentar explicarlo de una manera lo más entendible posible, espero conseguirlo.
Las cabras pasan mucho tiempo comiendo, con la cabeza gacha y además lo hacen en un entorno rocoso, de praderas entre pendientes y alturas considerables con lo cual han perfeccionado una visión diferente que les permite adaptarse al ambiente al que viven. Cuando una cabra agacha la cabeza para comer, sus ojos tienen una rotación especial y mantienen sus pupilas horizontales, es decir, paralelas al suelo, porque así tienen una mejor visión de los objetos verticales, teniendo una visión vertical muy amplia y desarrollada para poder observar a los depredadores que puedan aparecer, ya que, en terreno escarpado, los depredadores pueden aparecer a alturas diferentes a las que se encuentran pastando.
Su adaptación, aparte de la propia por ser herbívoro (ojos en los laterales de la cabeza), es la de tener la pupila horizontal para conseguir una mejor visión de los objetos verticales. Es una adaptación que les permite sobrevivir en ese ambiente.
La teoría de la evolución se define como un cambio de una población a lo largo de generaciones. Este cambio puede ser causado por mutaciones o derivación genética, y será seleccionado siempre que confiera una mejor adaptación al ambiente (lo que conocemos como selección natural). En este caso, la selección operaría de la siguiente forma: las cabras en las que la pupila se fue “horizontalizando” sobrevivirían más tiempo al ataque de depredadores, por tanto tendrían mayor descendencia. Esta descendencia heredaría la característica “pupila horizontal”, que se transmitiría de generación en generación hasta ser algo común a todos los integrantes de la especie. Esa cualidad se consiguió a lo largo de cientos o miles de años. A través de las sucesivas generaciones que fueron cambiando muy poco a poco, cada vez la pupila se le iba desplazando un poco más… hasta fijarse genéticamente. Sorprendente, ¿verdad?
(Agradezco enormemente a mis amigos Ernesto Hernández y Pablo Rogado su inestimable colaboración para la realización de esta entrada. A Ernesto por sus claras y didácticas explicaciones y a Pablo por sus fotografías. Gracias a los dos.)

domingo, 11 de diciembre de 2011

Reunión de ciervos.
La helada era considerable y la hora muy temprana. El pasado jueves nos dirigíamos a un punto concreto de la provincia de Zamora. En él se había visto un grupo considerable de ciervos y queríamos comprobar si eran ciertas las informaciones que nos habían dado. Debíamos llegar antes del amanecer ya que el grupo se marcharía con las primeras luces. Tras una pequeña caminata llegamos al lugar en cuestión.
El ciervo, junto con el lobo, han sido dos animales que he tenido la ocasión y suerte de ver muchas veces y creía que no me iba a sorprender lo que buscábamos.
El comportamiento del ciervo en invierno es totalmente diferente al de cualquier otra época del año. Para pasar la temporada de frío se reúnen grandes grupos, siempre dirigidos por una hembra, la hembra lider. Estos grupos los suelen formar ciervos de todas las edades pero sobre todo hembras, crías del año y año anterior y machos jóvenes; los grandes machos se suelen aislar o, como he podido comprobar en muchas ocasiones en la Sierra de La Culebra, se mantienen a una distancia prudencial de estos grandes grupos.
Todavía de noche, avanzamos hasta situarnos en un pequeño alto para ver la zona y así localizar el grupo. 
Lo encontramos. Nuestra sorpresa fue enorme ya que, entre los primeros rayos de la mañana, en un pequeño valle, empezamos a vislumbrar una enorme cantidad de siluetas de ciervos de todas las edades. Había hembras con sus crías, de este año y el anterior, baretos, y machos que como mucho tendrían 4 ó 5 años.
Única foto de parte del grupo ya que la escasez de luz me jugó una mala pasada.
Lo máximo que había visto hasta ese momento eran grupos de entre 30 y 40 ciervos, pero allí había más de 120. Nos quedamos tremendamente impresionados ante tal cantidad de individuos y más aún cuando cuatro machos de unos 4 años se dedicaron a embestirse, simulando una pelea, resonando sus choques en el valle. Estaban tranquilamente comiendo. Nuestra felicidad duró muy poco. Un coche pasó por un camino relativamente cercano y los alertó, con lo cual, se metieron en el bosque formando largas hileras como si fueran hormigas siguiéndose unas a otras. No los volvimos a ver, pero la impresión ya estaba causada y la sorpresa también.
Era muy pronto y decidimos aprovechar el día así que nos dispusimos a ir hasta las Lagunas de Villafáfila. En el camino hasta el coche nos cruzamos con otro habitante de la noche, el zorro, que olisqueaba todo en busca de cualquier oportunidad, menudo es nuestro amigo raposo. 
Vimos varios bandos de perdices que parecían sortear a los cazadores que se diseminaban por aquí y allá buscándolas. Pero lo que más nos sorprendió fue la enorme cantidad de huellas de lobo que encontramos en el camino, rastros completos que indicaban por donde había pasado y a donde se dirigía y excrementos que marcaban un cruce de caminos. Hasta seis de diferente tiempo marcaban dicho cruce. No había duda, el lobo andaba por la zona y aquel lugar le gustaba especialmente. Había comida, agua y protección. Ideal para un lobo.
Según continuábamos descubrimos un esqueleto, seguramente de una oveja, que a su lado tenía una marca de quién se la había comido, un excremento de lobo marcaba el lugar sin ningún género de dudas diciendo: “he estado aquí y me he comido esta oveja. Estáis en mi territorio”.
Esqueleto de oveja con excremento de lobo al lado.
Llegamos al coche y fuimos hasta Villafáfila donde disfrutamos de avutardas, gansos comunes, avefrías, tarros blancos, avocetas, milanos, cernícalos, aguiluchos laguneros, mochuelos y un buen número de cercetas comunes y ánades de varios tipos. 
Avutardas en el horizonte.
Miles de gansos pasando por Otero de Sariegos hacia la Salina Grande.
Como era el día de encontrar restos de alguna comilona nos encontramos con los de un ganso que habían servido de pitanza para un zorro y alguna rapaz, ya que sus plumas así lo indicaban.  
Cuando encuentras un ave comida puedes saber quién se la ha comido mirando las plumas. Si el cañón está roto o cortado ha sido un mamífero, seguramente un zorro en este caso; si el cañón está intacto, han arrancado la pluma, con lo que ha sido otra ave quién la ha comido, una rapaz. En este caso había de los dos tipos, con lo cual, tanto un mamífero como una rapaz se habían comido al ganso pero, ¿quién lo mató? Eso es mucho más difícil de precisar dado como estaban los restos.
Una mañana muy completa, intensa y llena de sorpresas que la naturaleza de vez en cuando nos regala. 

lunes, 5 de diciembre de 2011

Villafáfila. Un buen día de sol.
El día era completamente diferente al de la vez anterior que había estado en las lagunas. El sol resplandecía y la visibilidad era muy buena. Un día perfecto para ver qué podía encontrar.
Al llegar me dirigí a la laguna de San Pedro, junto a Villarrín. Había un nutrido grupo de cercetas comunes que descansaban tranquilamente observadas por los azulones que iban y venían sin parar. Algunos gansos se movían por los bordes de la laguna con su andar torpe pero decidido. Estos días son los protagonistas, los actores principales de la película. Un guarda me comentó que, actualmente, había cerca de 30.000 y todavía podrían llegar más.
Cercetas comunes descansando en la laguna.
Según iba hasta Otero de Sariegos se podían ver bandos enormes de gansos a ambos lados de la carretera, pastando unos y levantando el vuelo otros. El ansar común es el mayor de todos los gansos europeos y se quedará en la reserva hasta finales de Febrero para volver a sus cuarteles de cría en los países nórdicos (Noruega, Suecia y Dinamarca). Es, a partir de 1970, cuando comienzan a quedarse invernando regularmente en las lagunas de Villafáfila.
Tras el cruce hacia Otero se podían observar, a ambos lados de la carretera, avefrías, cernícalos comunes, aguiluchos laguneros, estorninos negros y pintos, milanos y, por supuesto, palomas. Me situé junto al observatorio para ver la Laguna Grande. Había un buen grupo de tarros blancos y ánades rabudos, dos avocetas, cientos de azulones y un considerable número de cucharas, silbones y ánades frisos. Me dispuse a marchar cuando, al girarme para el coche, divisé la característica figura de un mochuelo encima de un palomar derruido. Monté de nuevo el telescopio y  estuve contemplando cómo el mochuelo miraba expectante a varios conejos que correteaban por las ruinas del palomar.
Miles de gansos yendo hacia la Salina Grande.
De repente, un estruendoso ruido se fue acercando desde detrás del palomar y miles de gansos aparecieron volando. Venían a la Salina Grande. Chillaban y graznaban como si fuesen hablando entre ellos, parecía que se comunicaban.
Es sabida la sociabilidad de los gansos. Una vez leí algo sobre este tema que me llamó mucho la atención; lo he buscado, me ha costado, pero lo encontré en una página llamada: www.pajaricos.es. Se refería a un hecho sucedido en Las Marismas del Guadalquivir en 1931, donde fueron abatidos 6 gansos de un solo disparo (vaya puntería), cinco de los cuales estaban anillados, en Dinamarca, y cuatro tenían números correlativos.
El científico F. Bernis estaba realizando un estudio de la migración de los gansos en 1961 y hablando con un guarda le contó lo sucedido, a lo cual Bernis escribió: “Esto es una prueba más de la peculiar sociabilidad de los ánsares. Es sabido que estas aves, macho y hembra tienden a mantener su emparejamiento durante toda la vida, produciéndose, además, una notable cohesión familiar, a causa de la cual las familias de gansos perduran incluso durante el transcurso de las largas migraciones y en el cuartel de invierno, como probablemente fue aquí el caso, pues antaño todos estos ánsares eran anillados como polladas”.
Parte del enorme grupo de gansos aterrizando en la laguna.
Los miles de gansos fueron aterrizando en la Salina Grande entre las miradas indiferentes de los demás habitantes de la laguna que seguían a sus quehaceres cotidianos. Tal cantidad de gansos podía traer sorpresas y comencé a buscar para ver si había algo especial entre ellos. Y lo había. Un ganso careto y dos campestres venían en el grupo; quizás hubiera más pero no los encontré.

Tras un buen rato de observación me dirigí hasta la Laguna de Barillos, donde había prácticamente las mismas especies más un buen grupo de correlimos comunes. Por el camino pude ver varios grupos de avutardas y algunas grullas en pequeñas bandadas Más tarde, en el Centro de interpretaión,  me dijo el guarda que todavía quedaban unas 1.000 grullas. Terminé la mañana en este Centro, donde intenté localizar a un ansar indio que se había visto por allí. Ese día no estaba, quizás habrá más suerte en otro momento.

domingo, 4 de diciembre de 2011

Las lagunas de Villafáfila entre la niebla.
Aunque la mañana amaneció con una niebla que no dejaba ver absolutamente nada, mis esperanzas se centraban en que cuando saliera de Zamora, la dichosa niebla se fuera disipando lentamente como había ocurrido el día anterior cuando fuímos hasta Ungilde y, aunque quedara un día soleado y frío, se pudiera ver algo. No fue así y según me iba acercando hacia las Lagunas de Villfáfila la niebla se hacía cada vez más espesa.
Dichas lagunas son uno de los humedales más importantes de España. Están formadas por tres grandes lagunas y varias de menor tamaño que tienen una característica especial, son de agua salada. Este hecho les ha conferido una importancia tremenda a lo largo de la historia.
Un equipo de arqueólogos de la Universidad de Valladolid ha confirmado, mediante el hallazgo de restos, una explotación de sal de la época prehistórica, de hace más de 4.000 años, lo que indica su tremenda importancia.
Pero lo que nos atrae actualmente es su riqueza de aves, en especial, en esta época, el otoño-invierno, y ese era mi objetivo, intentar ver qué aves había en las lagunas y su entorno.
Al llegar paré en la laguna situada al lado de Villarrín. El ruido indicaba que estaba llena de aves, sobre todo de escandalosos gansos, pero la niebla me impedía verlos. Solamente pude sacar alguna fotografía como esta en la que se adivina la silueta de dos gansos estriándose entre la niebla.
Gansos entre la niebla.
La extracción de sal fue tremendamente importante y codiciada ya que no había ningún otro lugar cercano de extracción de este mineral, con lo que a lo largo de la historia las salinas fueron controladas por señores poderosos (nobles o reyes) y la Iglesia. Villafáfila aparece documentada por primera vez en el año 936 en un escrito del monasterio de Sahagún tras la venta de unas salinas a dicho monasterio. Las lagunas eran un centro de abastecimiento de sal y como tal debían de ser protegidas y controladas ya que la sal era un bien de primera necesidad.
Cernícalo oteando entre la niebla.
Me dirigí hasta el pueblo abandonado de Otero de Sariegos donde pude distinguir varios cernícalos, aguiluchos ratoneros y bandadas de palomas, estorninos y jilgueros, nada más.
Jilguero mirándome curioso.
La niebla lo cubría todo….pero, aún así, tenía un encanto especial. La próxima vez sería diferente, o por lo menos eso esperaba, y así fue.