martes, 27 de marzo de 2012

El tejón. La pequeña tanqueta.
El tejón es como una pequeña tanqueta. Fuerte, musculoso, de patas cortas, uñas largas, cabeza triangular y hocico potente. Es un animal diseñado para vivir bajo tierra y excavar sus impresionantes tejoneras. Tiene mala vista. Muy buen olfato y oído y es eminentemente nocturno. Verlo de día es muy complicado.
Mis encuentros con el tejón han sido muy escasos pero os aseguro que tiene muy mala leche y cuando te considera un peligro ya puedes irte,  porque te puede llegar a meter en problemas.
Algo que llama la atención nada más verlo es su pelo. Pelo que ha sido utilizado tradicionalmente para hacer cepillos, pinceles para pintar y, sobre todo, dada su calidad, brochas de afeitar. Mi abuelo decía que eran las mejores y, si mi abuelo lo decía, no sería ninguna tontería.
En una entrada anterior comentaba que los corzos tenían una curiosa particularidad. Las hembras tenían la implantación del óvulo retardada, es decir, pueden guardar el óvulo fecundado un tiempo determinado; pues bien, el tejón hace lo mismo. La hembra puede quedar preñada en el verano pero si inmediatamente se empezara a desarrollar el óvulo, el futuro tejón nacería dos meses después, es decir, en otoño, con lo cual sería una época muy mala y dura para que las crías crecieran ya que la comida escasearía y comenzaría a hacer frío; por eso, el óvulo fecundado quedará guardado hasta que la hembra considere que sus crías nacerán en buenas condiciones. Parirá entre febrero y marzo para así llegar a  la primavera y que sus crías crezcan sin dificultad con buen tiempo y abundante comida.
Los tejones viven en grupos de unos 6-12 individuos liderados por un macho y una hembra dominante, como los lobos. Viven en las llamadas tejoneras. Construcciones subterráneas de largos túneles, conductos de ventilación, varias cámaras y numerosas salidas. 
Esta tejonera de la fotografía tenía 6 salidas. Unas utilizadas y otras no. Unas son de entrada y salida continua y otras son salidas de emergencia. Muchas veces se puede confundir una tejonera con una zorrera. La manera de diferenciarlas es muy sencilla. Será una tejonera si la tierra exterior forma un camino de entrada; por el contario será una zorrera si la tierra exterior está en abanico, es decir, los zorros escarbarán y la tierra saldrá disparada en cualquier dirección.
Una vez leí algo que me dejó impresionado acerca de una tejonera en Inglaterra. Lo he buscado y lo reproduzco literalmente: La excavación de un sett en Inglaterra, que es citado de forma habitual por la literatura científica,  reveló que contaba con 879 metros de túneles, 50 compartimientos, y 178 entradas. Los investigadores estimaban que su construcción requirió extraer ¡70 toneladas de tierra y empleó varios siglos de trabajo!”. Impresionante. ¿Verdad?
Como el tejón es muy difícil de ver durante el día podemos saber que ha estado o pasado por un determinado lugar por sus rastros, ya sean excrementos o huellas. Sus huellas son fácilmente diferenciables. Tienen cinco dedos aunque suelen marcarse cuatro, con uñas muy largas que utiliza para escarbar. Si la huella marca las uñas a cierta distancia de los dedos significa que sus uñas son muy largas, con lo que será de una mano, si las marca más cerca de los dedos será de la pata posterior. Además la huella de la mano es más larga que la huella de la pata posterior y cuando va al paso se superponen.
Los tejones también fueron objeto de los alimañeros en las penosas Juntas de Extinción de Animales Dañinos que eliminaron miles de animales durante su existencia (1944-1968). Así entre 1954-62 se eliminaron 1.339 tejones.
(Estos datos han sido tomados del trabajo realizado por Eduardo J. Corbelle Rico y Eduardo Rico Boquete titulado “La actividad de las Juntas de Extinción de animales dañinos en España, 1944-1968)
Fuente: Dirección General de Montes, Caza y Pesca fluvial, Sección de caza. Juntas provinciales de extinción de animales dañinos y protección a la caza y relación estadística de alimañas capturadas y premiadas  por las Juntas, 1954-1962. Archivo de la Dirección General de Conservación de la Naturaleza, Fondo Documental del Monte, sección Caza, cª 150.
1.339 tejones eliminados en 8 años. Cifra a la que hay que añadir los abatidos en las provincias que no tenían Junta de Extinción como por ejemplo Zamora y, los cazados furtivamente o envenenados.
Mi primer recuerdo de un tejón no es muy agradable porque es de uno muerto, ya que en casa de una de mis tías tenían uno disecado; lo atropellaron y lo mandaron disecar, como sucedía en muchas casas con perdices, conejos e incluso zorros. Qué costumbre se tuvo durante unos años de disecar todo tipo de animales y ponerlos en el salón, encima de la televisión o en el pasillo. Algo para mí totalmente inexplicable, antes y ahora. Ese tejón disecado siempre me llamó la atención. Era un animal extraño que tardé muchos años en ver al natural y que desde la primera vez que lo ví, aunque fuera disecado, lo llamé la pequeña tanqueta.
(Agradezco enormemente a Poli prestarme su fotografía para esta entrada).

jueves, 22 de marzo de 2012

La elegancia del somormujo.
En estos días nos podemos encontrar en nuestros ríos, embalses, lagunas o Lago de Sanabria a un ave muy especial que tiene un cortejo espectacular y muy llamativo, digno de ser contemplado y admirado. Es el somormujo lavanco.
Somormujo Lavanco en el río Duero.
Es elegante o patoso según donde lo veas. Si es en el agua lo verás ágil, de porte altivo y elegante como un noble; si lo ves en tierra, algo nada común (casi solamente en el nido), es torpe, de movimientos lentos y pesados, como un preso de película, arrastrando su gran bola de hierro, como diría mi abuela: “un pato mareao”.
El pasado domingo pude contemplar su espectacular cortejo. Cortejo en el que parece que estuvieran haciendo natación sincronizada en la final del campeonato del mundo de paradas nupciales para aves acuáticas.
Pareja de Somormujos Lavancos en pleno cortejo.
La pareja se enfrentará. Se mirarán cual enamorados de película levantando y agitando las plumas de la cabeza, erizarán el moño y golas, estirarán el cuello y moverán las cabezas rítmicamente de un lado a otro a diferentes velocidades; se deslizarán como nadadoras de sincronizada, paralelos y enfrentados o uno alrededor del otro para terminar enfrentándose, pecho contra pecho y el cuello muy estirado, con el ofrecimiento de su amor en forma de plantas acuáticas que se pasan de pico a pico.
Somormujos Lavancos desplegando sus golas en el cortejo.
El año pasado pude contemplar todo el proceso de construcción del nido que suele ser una plataforma de hierbas flotantes que están enganchadas a cañizos o hierbas. Flota por una sencilla razón. Si el nivel del agua subiera, para evitar que cubra el nido, se hace flotante y así sube con la crecida del agua y no se destruye. Si baja el agua, el nido también baja. Además no se va río abajo porqué está anclado a las hierbas. Útil y práctico.
Somormujo Lavanco incubando en su nido flotante.
Allí pondrán de 3 a 5 huevos que al cabo de, más o menos, un mes de incubación, nacerán los pequeños somormujos. Ahí estuve yendo todos los días desde que calculaba que era el día 27, cuando más o menos sabía que iban a salir del huevo y, como pasa muchas veces, la tostada cayó del lado de la mantequilla, es decir, el día que nacieron no llevé la cámara ya que no tenía pensado ir.
Inmediatamente se tiran al agua y suben a la espalda de sus padres que los llevan como si fueran pasajeros de un confortable barco de recreo y se irán río abajo abandonando el nido. Es muy curioso verlos nadar alrededor y subirse y bajarse de la espalda como si fuera una atracción de feria. Al día siguiente volví con la cámara pero ya se habían marchado río abajo. Una vez que nacen, los padres se los llevan.
De vez en cuando bajarán al agua y en cuanto perciban el más mínimo peligro volverán a subir. Mientras uno de los padres pesca, el otro cuida de la pequeña prole y si por algún motivo tiene que sumergirse con ellos a la espalda, los pequeños, se agarrarán fuertemente para no caerse. Y así se irán turnando en su cuidado. Incluso comen subidos a la espalda de sus padres. Si  pincháis aquí los podréis contemplar.
Adulto con dos jovencitos. Los he visto en el río Duero, embalses,
 Lago de Sanabria y hasta en la Laguna de Lacillo.
Perteneciente a la misma familia que el somormujo lavanco tenemos a los zampullines, se llaman así por porque se zambullen constantemente para pescar o escapar de algún depredador. Entre ellos tenemos el zampullín cuellinegro que en estos días podemos contemplar en la balsa de Villafáfila con su plumaje casi listo para el cortejo.
Zampullín cuellinegro en la balsa de Villafáfila.
El somormujo es el más grande de toda esta familia que presenta una misma característica en todos. Su gran capacidad y agilidad a la hora de bucear, aguantando alrededor de 30 segundos bajo el agua.
Tamaño del zampullín cuellinegro con respecto a las fochas y
zampullines comunes de alrededor.
En definitiva, el somormujo es un ave elegante y presumida que cuando observamos en pleno cortejo resulta espectacular.

lunes, 19 de marzo de 2012

Incendios en Sanabria: una locura que no cesa.
He estado en Sanabria, tierra a la que tengo un enorme cariño desde que mis padres me llevaban de camping todos los veranos, durante casi dos meses, en mi infancia y juventud. Esta tierra que tanto aprecio se quema por los cuatro costados. Es desalentador ver hectáreas y hectáreas abrasadas por el fuego. Una enorme biodiversidad y paisajística perdida, aparte de los perjuicios sociales y económicos que provoca y provocará para la zona.
Nunca se debe de generalizar y estoy un poco cansado de oir que “los sanabreses queman su tierra”. Conozco a muchos habitantes de Sanabria que están realmente preocupados, afectados y desesperados ante esta oleada de incendios, por lo tanto, esa afirmación, no es cierta y hace daño a los sanabreses orgullosos de su tierra; pero, por desgracia, sí es cierto que “algunos sanabreses queman su tierra”. Ahí es donde viene la pregunta clave. ¿Por qué la queman?
La respuesta no puede ser una única causa. Es imposible que exista una sola. Mi opinión es que debe de ser un conjunto de causas dependiendo de la zona y de los problemas que en ella sean mayores o los problemas que ellos perciban como tales. Me explico.
¿Cómo es posible que a -21º se esté apagando un incendio? ¿Cómo es posible que en enero y febrero se hayan producido 283 incendios en Zamora? ¿Cómo es posible que se lleven quemadas cerca de 7.000 hectáreas (cifras oficiales porque las extraoficiales hablan de bastantes más) en dos meses de invierno, aunque sea tan seco? ¿Cómo es posible que en dos meses se lleven quemadas la mitad de las hectáreas de todo el año pasado? Si algo está claro es que, en esta época, todos los incendios son provocados. También me fastidian los “personajes” que salen hablando de que saben quién quema y quién no. Si se sabe, que se denuncie y que no se maree la perdiz, porque es un delito.
Siempre se acusa al otro. Al ganadero, al agricultor, al cazador, al forestal, al vecino…dejémonos ya de tanta hipocresía y, como dije antes, de generalizar. Nunca hay que generalizar, pero tampoco hay que excluir a todo el colectivo. No hay que decir “todos los (quién sea) son incendiarios”, sería mentira, pero tampoco hay que decir, “los (quién sea) no queman el bosque”, pues también sería mentira, ya que alguno sí lo hace.
Las causas pueden ser variadas pero todas llevan un componente común: la mentalidad. Si se pensara de otra forma, si el bosque les trajera beneficios directos, seguramente no se quemaría. Hay zonas de España en las que no hay incendios desde hace más de cien años. Porque ven el bosque como un recurso, les da dinero, con lo cual lo cuidarán y no lo quemarán y así no aparecerán personas con ciertos intereses de utilizar la madera quemada, de nuevos pastos, de terreno más despejado para la caza, de más espacios para tierras de cultivo, de venganzas (no me dejas cortar esta "suerte", pues quemo todo) o recalificadores sin escrúpulos, ni cabeza, que buscan beneficios económicos, o los que por tradición quieren quemar o, simplemente, los que buscan el placer de ver quemarse un recurso que es de todos y a todos nos hace falta, mal le pese a los descerebrados que prenden nuestros bosques.
Para que esa mentalidad cambie es necesaria una educación. Una educación a nuestros niños y jóvenes. Una educación en la importancia del bosque, sus beneficios y ser capaces de apreciarlo y respetarlo. Eso se hace invirtiendo en programas de concienciación y no, por ejemplo, en cámaras de vigilancia que, se podrá estar a favor o en contra de ellas, pero no se puede argumentar, bueno poderse se puede, otra cosa es estar de acuerdo o no, que las cámaras se consideren como el paradigma de la prevención diciendo: “No hay mejor inversión (se refieren a las cámaras) que la prevención”; pero, invertir en las cámaras, ¿es prevención? Prevenir un incendio es atacar las causas por las que se provoca para que no se queme y no prevenir un incendio es ver si ya ha empezado e ir a apagarlo cuanto antes. Que yo sepa la prevención empieza con la concienciación, y en los tiempos que corren de escasez de recursos, ajustes y recortes, habrá que racionalizar las inversiones, ¿por qué no se invierten esos 1,5 millones de euros que cuesta instalar las famosas cámaras en otros proyectos?, por ejemplo proyectos de concienciación, educación ambiental, cuadrillas para limpiar el bosque, hacer y limpiar cortafuegos, recuperar caminos…Esa inversión de 1,5 millones de euros en unas torretas con cámaras ¿va a evitar que se produzca el fuego? No. Servirá para avisar que el fuego ya se ha iniciado pero no incidirá en que NO SE QUEME.
Este tema me cabrea y me desespera a partes iguales y es que no hay manera de hacer entender a unos que la naturaleza es un recurso que debemos de valorar y respetar y, a otros, que se creen en la verdad absoluta, que prevenir es anticiparse a algo o intentar evitar que el fuego se produzca actuando sobre las causas o razones que hacen a una persona quemar su bosque. ¿Llegará la cordura algún día?

miércoles, 14 de marzo de 2012

El lobo siempre impresiona.
Este blog acaba de sobrepasar las 10.000 entradas y para celebrarlo que mejor entrada que la de un animal que me apasiona, el lobo. Os doy las gracias de todo corazón a todos los que lo leéis. Espero que os guste la celebración.
Eran las 7:15 de la mañana del pasado sábado cuando circulaba por una carretera zamorana, evidentemente no diré ni cual, ni a qué altura, debéis de comprenderlo, e iba pendiente de si algún animal cruzaba la carretera, algún ciervo, corzo, zorro o jabalí dada la hora de paso; miro a mi izquierda y, a unos 80 metros de distancia veo un movimiento que conozco muy bien. Un lobo caminaba en dirección a la carretera por la linde de dos campos. Camuflado. Tranquilo. Sigiloso. Al trote. Con un andar elegante y majestuoso.
El trote es la manera de moverse más común del lobo. Es la manera en la que se mueve por su territorio de una manera que le supone el menor gasto de energía, pudiendo recorrer, en una noche, más de 60 km.
“¡Un lobo!”. Fue mi expresión de sorpresa. Frené rápidamente (primero, por supuesto, miré que no viniera nadie detrás). Me orillo a unos 40 metros de donde calculaba que pasaría la carretera. Saco la cámara. Salgo del coche. Dadas las condiciones de escasa luz preparo la cámara en manual para conseguir alguna imagen. Me apoyo en el coche y espero a que el lobo cruce la carretera. Apunto al lugar por el que debía de cruzar y espero. El lobo sale del campo y cruza la carretera tranquilamente. Lo tengo centrado. Perfecto. Disparo y… “¡tarjeta de memoria llena!” Mis pensamientos no puedo reproducirlos porque sería demasiado fuerte. El lobo cruzó. Lo perdí de vista tras una loma. No podía perder esta oportunidad; así que salí corriendo hacia donde había cruzado y al llegar me asomé con cuidado por la loma. Continuaba por el campo, tranquilo. Miré hacia donde iba y rápidamente corrí al coche. Me monté y tiré por un camino que calculaba que pasaría por allí. Todo esto controlando al lobo que caminaba al trote entre sembrados. No me había visto y rogaba que no me viera porque calculé por dónde iba a pasar. Paré el coche en el camino. Saqué de nuevo la cámara y lo esperé rezando para que me viera lo más tarde posible y, si me veía, que por lo menos me diera tiempo a hacerle alguna foto, aunque la luz fuese muy, muy escasa.
El lobo caminaba confiado. No paró en ningún momento. Su trote era constante. Llegó a mi altura y entonces me vio.
Cruzó el camino por delante de mí, a unos 20 metros de distancia, y cambió del trote al galope, marcha que el lobo utiliza para perseguir a una posible presa o para huir de algún peligro. Me consideraba un peligro y no lo culpo. Nosotros. Los humanos. Somos su enemigo desde hace siglos y eso, el lobo, lo lleva  metido en los genes.
Según se iba alejando iba volviendo al trote. Continuaba su recorrido. ¡Estaba andando en círculo! Iba a volver a la carretera. Continué por un camino observándolo mientras se alejaba poco a poco. Calculé de nuevo por dónde cruzaría y volví a la carretera, a unos 30 metros de por donde debía de cruzar. Salí del coche y me preparé de nuevo. Lo esperé.
Venía al trote. Se acercó a la carretera. Preparé la cámara y…¿no cruzó?, ¿dónde estaba? No podía ser. Había desaparecido… ¡Había cruzado por debajo de la carretera!, por un estrecho canal de un regato.
Salió al otro lado de la carretera. Lo vi continuar por el cauce seco, un metro por debajo del terreno de alrededor. Si no supiera que iba por ahí no se le vería, iba perfectamente camuflado. Salió del cauce y paró. Me miró. Ya no me consideraba una amenaza.
Volví al coche y me metí por otro camino que iba paralelo a unos 100 metros de su recorrido. Era impresionante y, de repente…¡desapareció! Se lo tragó la tierra. Quizás se tumbara. Quizás pasó por detrás de una loma. Lo perdí. Habían transcurrido casi 50 minutos desde que lo vi por primera vez. Tiempo que se me pasó volando. Tiempo que disfruté de la belleza de un animal increíble. De un animal que lucha por sobrevivir. De un animal inteligente. De un animal mítico. De un animal que admiro y que esa mañana me hizo disfrutar de su presencia.

domingo, 11 de marzo de 2012

Visita a Doñana III: zona norte.
Llegamos a la aldea del Rocío que, para aquel que nunca haya estado allí, la primera impresión que tienes es que te encuentras en un pueblo del “lejano oeste”. Hay caballos y carruajes. En las puertas de todas las casas están los típicos maderos para atarlos y todas las calles están sin asfaltar.(Es la Aldea Mundial del Caballo),
La primera vez que fuimos al Rocío, en un pequeño bar, le pregunté al camarero el por qué de no asfaltar las calles y con su contestación lo dejó todo claro: “Porqué ziempre ha zido azí. Zinó, no zería el Rocío”.
Nuestra siguiente ruta salía a las 15:30 desde allí, así es que esperamos viendo su marisma, la única que tenía agua. Se veían flamencos, garzas, espátulas, avocetas, cucharas, agujas colinegras, zarapito real, morito, cercetas comunes, garceta grande, fochas comunes, cigüeñas, correlimos,…un buen número de especies que nos hicieron muy amena la comida.
Macho de cerceta común comiendo en la marisma del Rocío.
Zarapito real seguido por un morito en la marisma.
El Rocío es mundialmente famoso por su romería, en la que se juntan casi un millón de personas en una aldea que durante el año tiene alrededor de 1.500 habitantes.
Alfonso X El Sabio, tras la conquista a los árabes de esas tierras, mandó construir una ermita en 1270, donde se colocó una imagen de la virgen que rápidamente despertó gran devoción. En el s.XV se crea la primera hermandad que peregrina hasta el Rocío; pero no es hasta el s.XX cuando se masifica dicha peregrinación llegando hasta las 90 hermandades actuales y es ahí, en el Rocío, donde comienza el Coto de Doñana y nuestra ruta por la zona norte que habíamos concertado con Doñanature.
Aldea del Rocío.
Al igual que en la zona sur tuvimos una gran suerte con nuestra guía, Rosario. Nacida y criada dentro de Doñana y que conocía perfectamente todo el territorio, así como su flora y fauna. Tras un pequeño recorrido por la aldea en la que nos explicó diversas curiosidades de sus antiguas construcciones o su romería, paramos junto a los acebuches (olivos silvestres)  milenarios, más de 800 años les contemplan junta a la Madre de las Marismas.
Nos adentramos en el Coto del Rey, antiguo cazadero real que Alfonso X El Sabio creó en el s.XIII, debido a la abundancia de caza mayor. Pasamos entre sus pinos y matorrales con la esperanza de poder contemplar a su habitante más importante y conocido, el lince ibérico, que es, en esta zona, donde campea y vive; pero ese día no hubo suerte y nos quedamos con las ganas de contemplarlo. El Coto del Rey es Parque Natural y, al abandonarlo, entramos por la cancela del Vicioso, en el Parque Nacional con la misma esperanza de ver cualquiera de los linces que habitan este territorio que conserva encinas y alcornoques de los antiguos bosques autóctonos. Vimos un buen número de conejos y algunas perdices que tomaban el sol de la tarde.
El siguiente paso fue entrar en La Vera, zona en la que, como dije en la anterior entrada de Doñana, se concentran los ciervos ya que dada la enorme sequía del parque es, en esta zona, donde encuentran cierta humedad y pasto.
Grupo de ciervos en La Vera.
Pudimos contemplar un rebaño de más de 250 ciervos que buscaban un lugar para comer. Había ciervas con crías del año pasado, baretos (machos de 1 año) y ciervos jóvenes; no había grandes machos, que suelen ser solitarios y estar en los alrededores. Nuestra guía nos comentó que dado el calor y la sequía que estaba haciendo, algunos machos estaban confundidos y habían empezado a berrear, como si fuera pleno agosto, mes en el que tiene lugar el periodo de celo de las hembras en el que los machos luchan y berrean para conseguir aparearse con el mayor número posible de ellas.
Continuamos por la marisma que tenía un aspecto lamentable. Totalmente seca. Solamente se podían ver algunas vacas mostrencas y caballos que, según un estudio del CSIC, es la raza más antigua de Europa.
Avanzamos hasta el observatorio de José Antonio Valverde pero antes de llegar nos encontramos con una pequeña zona de agua donde descubrimos a otro habitante curioso de Doñana, el calamón. 
Calamón en la marisma.
Ave de un azul intenso con reflejos metálicos espectaculares. Muy discreto y no fácil de observar. Además, España es el único país de Europa en el que cría en libertad. Es muy curioso verlo volar porque lleva las patas colgando en una postura inconfundible. Tras observar al curioso calamón junto a cormoranes, garzas reales, flamencos, cucharas y moritos llegamos al centro de visitantes José Antonio Valverde, el padre del Parque Nacional de Doñana.
Moritos sobrevolando el Centro de Visitantes José Antonio Valverde.
En 1952 tiene lugar la primera expedición científica por parte de un grupo de estudiosos entre los que se encontraba José Antonio Valverde que en 1956 y 57 participó en las Doñana Expeditions, nuevas expediciones científicas que tomaron datos, fotografías y videos de la flora y fauna de Doñana. Estas expediciones van a dar fama mundial a Doñana y son el punto de partida de la lucha de José Antonio Valverde por salvar Doñana ya que, la desecación y urbanización sin control amenazaban tan importante territorio. Así en 1961 se crea la WWF (World Wildlife Fund) que en 1964 da una importante cantidad de dinero para comprar las hectáreas que formarán la Estación Biológica de Doñana; nombrándose director a José Antonio Valverde. En 1969 se crea el Parque Nacional de Doñana con una superficie inicial de 37.425 hectáreas que se han ido ampliando hasta nuestros días.
El sol iluminaba nuestro camino de vuelta.
En la laguna del centro de visitantes encontramos pocas aves, las mismas que habíamos visto con anterioridad, así es que tras un camino de vuelta en el que los ciervos y los conejos fueron los protagonistas del recorrido, terminamos nuestra ruta por la zona norte de Doñana con la que nos despedíamos del Parque Nacional hasta una próxima ocasión. 

lunes, 5 de marzo de 2012

Cotorra de Kramer y “loro extraño” en Sevilla.
Algo que me sorprendió en Sevilla, aparte de la ciudad que ya conocía pero ahora visité más en profundidad, fueron las cotorras de Kramer. La primera la vi en los jardines del Alcázar y, más tarde, en el parque de María Luisa.
Pareja de cotorras de Kramer en el parque de María Luisa.
El macho tiene un fino collar negro y rosa.
Esta cotorra es originaria de África y el sur de Asia y ha sido introducida en España por parte de todos aquellos que la han comprado como animal de compañía y después, cuando les molestaba, la han soltado. Ahí comienza el problema. La cotorra de Kramer es muy adaptable y rápidamente ha colonizado ciertos territorios de nuestro país como, en este caso, Sevilla.
Una especie invasora es la que llega a un nuevo territorio, colonizándolo y criando en él. Por lo tanto alterará el ecosistema y provocará daños de diferente índole como el desplazamiento o reemplazamiento de especies autóctonas, ya que competirá con ellas por el mismo alimento, provocarán riesgos para la salud humana (por ejemplo alergías) o problemas para la agricultura.
Se provocará un impacto sobre los individuos autóctonos (visón americano sobre el visón europeo), genético (como la hibridación entre la malvasía canela sobre la malvasía cabeciblanca), sobre los ecosistemas (modificación del paisaje por parte del eucalipto) o sobre las poblaciones (cangrejo americano sobre el autóctono).
El Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras lo forman 114 especies y el Listado de especies exóticas con potencial invasor 222 especies.
Agujero en un platanero que sirve de cobijo a las cotorras de Kramer.
En el Parque de María Luisa pude ver un buen número de ellas, tanto hembras como machos; estos tiene un fino collar negro y rosa que los diferencia claramente de las hembras. Pueden vivir entre 25 y 30 años y son muy ruidosas, motivo principal por el que son liberadas. Son aves muy vistosas, coloridas y bonitas que vuelan en total libertad
Pero no todas las especies exóticas se han introducido de igual forma. Nos encontramos con animales o plantas que fueron introducidas voluntariamente y otras que lo hicieron de forma involuntaria.
Dentro de las introducidas voluntariamente podemos diferenciar dos maneras de hacerlo. Por un lado están las que se introdujeron con un fin económico, por ejemplo el siluro, con vistas a la pesca deportiva o las plantas ornamentales para la jardinería. Por otro lado nos encontramos con las que se tenían en explotaciones que se escaparon o se liberaron intencionadamente, como el visón americano; o las mascotas que se han ido liberando y es, en este grupo, en el que encuadramos a la cotorra de Kramer, o la tortuga de Florida.
Hembra de cotorra de Kramer.
También nos encontramos con las que se han introducido de forma involuntaria, es decir, aquellas que han llegado sin que nos diéramos cuenta, por ejemplo el mejillón cebra que vino pegado al casco de los barcos.
Por lo tanto tenemos que tener en cuenta que todas las especies invasoras son introducidas pero no todas las introducidas son invasoras. Para que una especie se considere invasora debe de asentarse y ser capaz de criar, es decir, se debe asentar y si entonces afecta a las especies autóctonas, se considerará invasora.
En el parque de María Luisa también pude encontrarme con un “loro extraño”. Su aspecto era totalmente distinto al de las cotorras y era bastante más grande. Se movía por las ramas utilizando su fuerte y curvado pico para agarrarse a ellas y se enfadaba bastante cuando alguna cotorra de Kramer se le acercaba. Cuando consideró que le estaban molestando demasiado se marchó volando.
Quedé intrigado. No tenía ni idea de que especie era. Al llegar a Zamora pregunté en el foro naturzamora y, muy amablemente, un vallisoletano afincado en Sevilla, Goyo Para, al que doy las gracias, indagó en un foro andaluz para llegar a la conclusión de que era una amazona aestiva. Ave originaria de Sudamérica, de la cuenca del Amazonas, que puede vivir hasta 50 años y aprende con facilidad algunas palabras. ¿Que hacia allí? Seguramente lo habían soltado o quizás, se habría escapado, algo menos probable pero no imposible.
Cuando una población nueva se ha asentado en un ecosistema puede llegar a formar parte de él. El problema es cuando esa población nueva causa tremendos problemas a la autóctona (cangrejo americano, mejillón cebra,…); sino es así se integrará en él y convivirá con las especies autóctonas.
En definitiva, deberíamos de darnos cuenta que todos estos problemas, o por lo menos la mayoría, son causados por el hombre que actúa movido por intereses económicos o de escasa conciencia ecológica.

jueves, 1 de marzo de 2012

3,2,1…Villafáfila.
Entre Doñana sur y Doñana norte voy a hacer una pequeña interrupción con mis últimas tres visitas a Villfáfila que han sido muy aprovechadas y aprovechables.
Tras llegar del sur de España me encontré con la noticia de que en Villafáfila habían visto un morito, algo muy raro por estas tierras, así es que decidí probar suerte.
He ido tres días hasta las lagunas para intentar verlo pero no ha habido suerte en ninguno de ellos. El morito no estaba en el lugar que se le había visto (si queréis saber algo de él pinchar aquí y lo veréis en el blog de Cristian, su descubridor), pero sí he podido disfrutar de otras sorpresas que Villafáfila me ha regalado. Aparte de lo que se ve más comúnmente, es decir, azulones, cucharas, silbones, agujas colinegras y demás, me quiero centrar en varios avistamientos concretos, así es que voy a comenzar por el última día, o sea hoy mismo.
Día 3. No tenía pensado acudir hoy hasta las lagunas pero necesitaba relajarme y qué mejor que ir al campo para hacerlo. La primera prada fue en la laguna de San Pedro donde lo más interesante fue un grupo de 167 avutardas que estaban detrás de la laguna.
Según llegaba por la carretera de Otero me fijé en un aguilucho lagunero que se lanzaba al suelo quemado (Esa es la desgraciada palabra que más se oye últimamente en nuestra provincia). Había algo. Al momento se levantó con lo que parecía un ratón. Ya tenía su comida pero, igual que en la vida, hay oportunistas dicen unos o aprovechados dicen otros, en la naturaleza también.
El milano real inicia la persecución.
Observar el ratón en la pata derecha del lagunero.

Un milano real apareció de la nada y se lanzó directo a por el lagunero, quería su presa. El milano no se caracteriza por ser un experto cazador pero sí es un oportunista y aprovecha cualquier posibilidad que se le presenta y esta era una.
Momento del ataque.
El lagunero intentó escapar pero el milano lo acosó y atacó con furia provocando que el lagunero soltara su presa, momento que el milano real esperaba para lanzarse a por ella y que cogió en pleno vuelo. Ya tenía lo que quería y el lagunero marchó cabizbajo por el esfuerzo y seguro que rabiosos por la pérdida de su merienda.
El ratón ha caido y el milano va a por él.
Observar el punto negro debajo del milano.
Antes de llegar al observatorio de Otero de Sariegos me salieron  dos cernícalos primilla y un críalo, los primeros de la temporada. En el observatorio estaba Javier, uno de los trabajadores del Centro de Interpretación que contemplaba el elevado número de azulones, silbones, cucharas o tarros blancos, o las evoluciones de las gaviotas que estaban un poco alteradas cuando, de repente, nos dimos cuenta de que había un grupo de grullas cerca del puente romano. ¡Grullas en Marzo en Villafáfila! Algo que no es muy normal. Así es que decidí ir a intentar hacerles unas fotos, aunque la luz iba siendo escasa.
Allí estaban. Había 18. Comían tranquilamente sin sospechar que su presencia no pasaba desapercibida.
Después de hacerles unas fotografías volví al observatorio de Otero y había llegado José Miguel San ´Román, biólogo de la Reserva, con el que contamos la friolera de 76 tarrros blancos, 80 correlimos, una veintena de agujas colinegras y la incréible cifra de, al menos, 600 gaviotas reidoras que formaban un enorme bando observado por un pequeño grupo de gaviotas sombrías.
Día 2. La estrella de este día fue una sorpresa que nunca había visto. Una gaviota enana. Es la gaviota más pequeña de todas. Allí estaba. Cerca de una gaviota cana (si queréis verla pinchar aquí y la veréis en el fantástico blog de Alfonso Rodrigo) y rodeada de sombrías, reidoras y un grupo de unas 15-20 patiamarillas. Era el día de las gaviotas.  La vi sobre las 17:30 horas y después, cuando volví al anochecer, ya no estaba. Seguramente había parado a descansar unas horas y había continuado su ruta.
La segunda sorpresa del día fue casi de noche. Me encontré con un aguilucho ratonero que se estaba poniendo las botas.
La tercera sorpresa fueron varias fochas anilladas, la Nº 201, la 132 y la 041. Las tres en la laguna del Centro de Interpretación y la 132 al anochecer en la balsa, donde dormiría seguramente junto con otras fochas. (Si pincháis aquí veréis su historial).
Día 1. Tanto el día 2 como el 1 vi un ganso campestre en un pequeño grupo de los pocos gansos que van quedando en las lagunas. El campestre se diferencia fácilmente de los demás, sobre todo por su pico negro y su menor tamaño. Cuando en una bandada de gansos comunes hay algún campestre, este será el encargado de dar la voz de alarma ante cualquier sospecha de peligro y así sucedió. No por mi presencia sino por una moto que llegó por un camino a toda velocidad. El campestre graznó y todos levantaron el vuelo asustados.
Tres días interesantes y variados que me han permitido descubrir nuevas especies en las lagunas que darán paso una nueva ruta por Doñana, esta vez en la zona norte.