miércoles, 31 de octubre de 2012

Gracias.
Gracias a todos los que entráis en el blog, ya seáis seguidores fieles, estéis registrados o no, o que entréis de forma esporádica; a todos vosotros muchas gracias por hacer que este blog vaya creciendo poco a poco. Gracias porque en este mes habéis superado las 3.400 entradas. Para unos será poco y para otros estará bien; para mí cada entrada es una satisfacción, un orgullo, ya que este blog comenzó como una pequeña aventura y se ha ido convirtiendo en una gran satisfacción personal. Sin vuestro apoyo, seguramente no hubiera podido seguir adelante.
Gracias también porque estamos cerca de las 30.000 entradas en los 17 meses de vida de este espacio que pretende dar a conocer la importancia de lo que nos rodea, de valorarlo y, sobre todo, respetarlo. He contado experiencias, vivencias, reflexiones y problemas que afectan a la naturaleza y situaciones reales que me han sucedido en el campo; todas ellas las he compartido con vosotros. Estoy orgulloso y agradecido de vuestra respuesta.
Gracias por entrar en este espacio con una mirada...
... de curiosidad, de interés, de crítica o de sorpresa. Gracias por ser alguien que le gusta la naturaleza.
Gracias por vuestro apoyo sin el cual no hubiera podido llegar a las 107 entradas. Las dudas iniciales se han ido convirtiendo en satisfacciones. Gracias por entrar desde donde estés, ya sea desde la mayoría de países de Europa o América o de Asia con entradas desde Corea del Sur, Japón, China, Indonesia o los Emiratos Árabes Unidos. A todos vosotros. Gracias de corazón.
Espero seguir teniendo fuerzas y ganas de seguir compartiendo mis vivencias con todos aquellos que queráis leerlas. Gracias…

viernes, 26 de octubre de 2012

Llegan los gansos.
El pasado día 11 de octubre, desde la ventana de mi casa, pude observar cómo pasaba el primer grupo de gansos de este año, por lo menos para mí. Iban dirección suroeste. Al día siguiente aparecieron los primeros gansos en Las Lagunas de Villafáfila; un pequeño grupo que irá aumentando progresivamente hasta llegar a los miles que pueden llegar a pasar el invierno en las lagunas.
Grupo de gansos comunes aterrizando en una tierra para comer.
Esta época de los gansos me gusta especialmente, quizás sea porque la primera vez que fui a Villafáfila, siendo bastante pequeño, me impresionó verlos. Llegamos al cruce de Otero de Sariegos y mi padre paró el coche. Nos dijo: "Mirad. Esos son gansos". Nos giramos y en el campo de la derecha, nada más entrar en la carretera hacia Otero, miles de gansos pastaban en una inmensa pradera verde. Para un niño pequeño aquello era un espectáculo. Había gansos miraras donde miraras. Nos dejó boquiabiertos. "Bajar la ventanilla y escuchar". Así lo hicimos y miles de graznidos se oían en el campo. "Están hablando". Fue mi respuesta. Eso me pareció. Era como si subieran y bajaran su entonación, como si estuvieran charlando animadamente sobre a dónde ir a comer o sobre irse a otro lugar. Quizás esa primera impresión me quedó para siempre y esa sea la razón por la que me gustan tanto los gansos.
Miles de gansos llegando a la Salina Grande.
En las siguientes semanas llegarán miles de gansos procedentes del centro de Europa que pasarán el invierno con nosotros. Hasta, más o menos, febrero o marzo se podrán ver enormes bandadas de estas curiosas aves que se moverán de los campos al agua y del agua a los campos.
Gansos comunes volando.
El ansar común es el mayor de todos los gansos y el más abundante en estas enormes bandadas. Este ganso es ruidoso, chillón, desconfiado e inteligente. Viaja en grupos dirigidos por un ganso viejo que conoce los recorridos y los mejores lugares. Su formación de vuelo en "V" es muy conocida. Vuelan así por que esta manera de volar les confiere una mayor ventaja que si fueran de manera individual. 
Formación en "V" de un grupo de gansos.
Los científicos han demostrado que se desplazan así porque se van cubriendo unos con otros frente a la resistencia del aire (un símil muy conocido pueden ser los ciclistas con el rebufo. El que va detrás va protegido del viento). Cuando el que va en cabeza, normalmente el líder, se cansa, otro toma su relevo y este pasa al grupo para recuperarse; incluso los gansos que van detrás van gritando a su compañero para animarlo a seguir.
Los gansos son muy sociales y los hermanos de una pollada se pueden mantener unidos toda la vida en el mismo grupo, incluso, cuando un miembro del grupo está enfermo, débil o herido varios compañeros se quedarán con él hasta que se recupere.
Ganso campestre (centro) en Villafáfila.
Cuando vienen los miles de gansos comunes con ellos vienen otros infiltrados como pueden ser los gansos campestres. La diferencias más visibles es que son más pequeños, su color es más oscuro y el pico lo tienen negro con la punta naranja.
Cuando los grupos de gansos están comiendo en el suelo siempre están alerta, sobre todo, al que le toca vigilar, misión que se van turnando de unos a otros. Si en el grupo hay algún campestre es un buen vigía ya que está siempre alerta y avisa el primero del peligro.
Otro de los infiltrados en estas bandadas es el ganso careto. Se distingue perfectamente por el color blanco de la base del pico y por las líneas negras del vientre. 
Ganso careto (el del pico blanco en la base, a la izquierda).
Ganso campestre (el del pico casi todo negro) y gansos comunes (el resto)

en el Centro de Interpretación de las Lagunas de Villafáfila.
Tanto el ganso campestre como el ganso careto son los que con más frecuencia vienen infiltrados entre las enormes bandadas de gansos comunes pero también pueden aparecer otros de forma más esporádica como pueden ser los gansos piquicortos, los gansos indios o las barnaclas cariblancas y todavía más raros los caretos chicos o las barnaclas canadienses entre otros.
Gansos piquicortos en la Salina Grande.
Gansos indios que encontré en una finca particular en la provincia de Zamora.
Foto ilustrativa de dos barnaclas cariblancas en la Salina Grande.
En otras ocasiones, ejemplares que estuvieran en cautividad, ya fuera porque se hubiesen escapado o fueran soltados, también pueden aparecer como fue el probable caso de una barnacla cuellirroja que apareció hace años en las lagunas de Villafáfila o incluso gansos domésticos.
Barnacla cuellirroja en Villafáfila.
También se pueden ver híbridos. El más raro de todos los que he podido ver fue en la Laguna de la Nava, en Palencia, hace algunos años, donde junto con unos guardas vimos un cruce entre barnacla canadiense y ganso nival.
Barnacla canadiense y ganso indio en Gijón.
Villafáfila está empezando a coger agua y con ella vida; y en esta vida que llega, los gansos serán durante los próximos meses unos visitantes ruidosos y numerosos. Cuando veo estos grupos me gusta mirar y buscar posibles infiltrados como los que he comentado anteriormente o cualquier otro y también es apasionante encontrar gansos anillados, gansos que les verás el collar que llevan con un código y un color determinado que según el color vendrán de un país o de otro (lugar donde han sido anillados); por ejemplo si el collar es azul oscuro es de Noruega, Suecia o Dinamarca, si es amarillo es de Alemania, el negro de España o el rojo de Checoslovaquía.
Migración de los gansos comunes a lo largo de un año.
Cuando ves estos collares siempre intentas leerlos y si lo consigues se comunica su lectura para que después, con todas las lecturas recogidas, se puedan hacer diferentes estudios, como por ejemplo de los movimientos de su migración.
En definitiva comienza la temporada de los gansos en Villafáfila. Época llena de sorpresas.

lunes, 22 de octubre de 2012

Hibridación en el gato montés.
Es un animal especial, diferente, mágico. Cada vez que me encuentro con él siento una tremenda emoción. Primero por tener la suerte de verlo y segundo por poder admirar a uno de los mamíferos más desconocidos de la península ibérica. Un mamífero difícil de ver, de seguir o de estudiar. Un mamífero diferente, especial y muy hermoso.
Estos dos jóvenes gatos monteses pertenecen a una camada de tres.
Hace algunas entradas comentaba la emoción de verlo en Asturias, en nuestra búsqueda del oso; de como caminaba elegante, con ese andar que le caracteriza, ligero pero seguro, ágil pero contundente. Se mueve con cautela. Silencioso. Decidido. Elegante. Es el gato montés.
En el “Atlas rojo de los mamíferos terrestres de España” se dice: “No hay estimaciones del tamaño de la población de gatos monteses o de su tendencia en España, pero estudios parciales sugieren que sus poblaciones podrían mantenerse estables o con un ligero declive. La hibridación genética, la transmisión de enfermedades de gatos domésticos o asilvestrados, los procesos de fragmentación y pérdida de calidad de los hábitats naturales y la mortalidad directa derivada de la actividad cinegética parecen afectar negativamente a la especie. De mantenerse o acentuarse el impacto de los factores descritos, en un futuro podría cumplir con los requerimientos necesarios para ser incluido en la categoría VU (Vulnerable) según los criterios A4e (hibridación y competencia con especies asilvestradas) y A2c (pérdida de calidad y superficie de hábitat)”.
Misma pareja de jóvenes gatos monteses.
En esta entrada me quiero centrar en uno de los mayores problemas de la población de los gatos monteses, su hibridación con el gato doméstico (que vive en pueblos) o el gato asilvestrado (que vive en el campo).
Últimamente me he encontrado con varios gatos asilvestrados que viven en zonas de bosque alejadas de cualquier zona urbana o pueblo. Estos gatos viven en una zona en la que el gato montés también está presente, por lo tanto, la probabilidad de que estos gatos asilvestados se crucen con los monteses es alta. El cruce entre los gatos monteses y los domésticos o asilvestrados da lugar a un híbrido que es fértil,  al contrario que la mayoría de los híbridos que se producen en la naturaleza. Por lo tanto, es un gran problema para la pureza genética de la especie.
La hibridación entre gato montés y gato doméstico puede producirse por diferentes razones.
Primero: que uno de estos gatos asilvestrados que viven en zonas de bosque se cruce con ellos.
Segundo: que alguien, en algún momento llevase una camada, perdida o encontrada en el monte de pequeños gatos monteses a un pueblo o finca y después, alguno de ellos, se cruzara con algún gato doméstico.
Tercero: que cualquier gato montés se haya acercado a un pueblo o finca en la que hubiera gatos domésticos y se crucen.
Se me ocurren estas posibilidades pero seguro que hay más. El caso es que la hibridación es uno de los principales problemas de nuestros gatos monteses. Estos dos gatos que os muestro a continuación son gatos asilvestrados que viven en el monte.
Gato asilvestrado que vive en el campo. No es un gato montés.
Algunas de las características que nos pueden dar una pista sobre su hibridación o no son las siguientes:
Primero: El gato montés es más corpulento que el doméstico y tiene el pelo más largo.
Segundo: Si la cola es larga y fina no será montés. La cola de estos es gruesa, más corta y tiene tres o cuatro anillos negros acabados en una bola o maza negra.
Tercero: En el gato montés, de la cara, le parten cuatro rayas negras que van hacia las orejas, las dos centrales se prolongan por el dorso para formar una banda negra que recorre toda la línea dorsal de la espalda; desde ella salen hacia los lados las líneas trasversales (no muy claramente dibujadas y más oscuras) que van hacia la barriga. Si estas rayas trasversales están muy claramente dibujadas será un gato doméstico o un híbrido.
Joven gato asilvestrado que vive en el bosque. No es un gato montés.
Estas sencillas indicaciones nos dirán si un gato montés es puro, está hibridado, es un doméstico o un asilvestrado. Evidentemente hay más características del gato montés como el hocico de color ocre, la piel de la nariz rosada, sus ojos claros (normalmente verde o amarillos) o las almohadillas muy negras. 
Actualmente se está desarrollando un estudio acerca del gato montés en la provincia de Valladolid, el Proyecto Gato Bravo, con seguimientos a diferentes gatos y fototrampeo. Estos estudios son necesarios e imprescindibles para conocer más a este maravilloso mamífero, tan desconocido y falto de estudios.
La verdad es que cuando ves a un gato montés no se olvida fácilmente. Ese andar, esa corpulencia, esa elegancia, es mirada...Un gato montés es diferente, es mágico.

lunes, 15 de octubre de 2012

El elanio azul.
Llevaba mucho tiempo con ganas de sacarle unas fotos decentes a esta hermosa ave que siempre me ha impresionado por su color blanco nuclear e intensos ojos rojos. Nunca había conseguido fotografiarlo en condiciones ya que es tremendamente esquivo y no deja acercarte hasta una distancia prudencial, además como no uso hide, ni red, se estaba resistiendo.
La mañana amaneció con una gotas que daban frescor al ambiente pero según nos íbamos acercando a la sierra la niebla empezó a apoderarse de la mañana. En el camino de ida hay una zona en la que, normalmente, se ven elanios y, efectivamente, por allí estaban. Vimos tres.
Nuestro objetivo no eran los elanios así es que los dejamos y continuamos hasta la sierra pero la mañana se fue complicando cada vez más y como la niebla se convirtió en una gran cortina que nos impedía ver nada de nada, decidimos intentar la "operación elanio".
El elanio es originario de Asia y África. Hasta la década de los años cincuenta no se encontraba en España. Esta ave vive en zonas abiertas, normalmente campos de cereales, donde pueda encontrar su comida favorita, los micromamíferos, pequeños reptiles y algunos pajarillos que pasan mucho tiempo en el suelo, además, necesita algún lugar desde el que poder otear a sus presas como postes de la luz o algún árbol que se encuentre diseminado por la planicie y ahí, en este habitat, se encontraban los elanios que queríamos fotografiar.
Siempre que he pasado sólo en el coche y he intentado fotografiarlos me ha sido imposible así es que, como íbamos dos, la "operación elanio" tenía que resultar.
La aparición de los elanios en España se produjo por el aumento de las zonas de cultivos extensivos en los años cincuenta que eliminaron miles de árboles y los campos se destinaron a la agricultura. Así, la mecanización del campo, provocó que se ampliara la extensión de hectáreas, se abarcaba más terreno con la nueva maquinaria por lo que desaparecieron árboles y se ampliaron las zonas de cultivo extensivo. El habitat que necesita el elanio que, en los años setenta, comenzó a criar en España y, en los ochenta, se extendió hasta parte de Francia sin llegar más al norte.
La idea era no parar el coche. Intentar sacarle fotos con el coche en movimiento ya que en cuanto se parara el elanio se esfumaría. En la primera pasada de reconocimiento vimos un hermoso ejemplar posado en unos cables de la luz pero estaba en el lado del conductor con lo cual, imposible sacarle fotografías.
El elanio es de un tamaño parecido al de un cernícalo e incluso se cierne como él, es decir se mantiene quieto en el aire, en la vertical, donde se encuentra su posible presa, batiendo con fuerza sus alas y mostrándonos su portentoso color blanco inmaculado salvo el negro de la punta de sus alas.
Dimos la vuelta y volvimos muy despacio. Allí seguía. En el cable. Quieto. Entre la niebla. Con ese color blanco tan impresionante y las plumas balanceadas por el frío viento de la mañana y esos ojos, de un rojo intenso, que nos observaba con una miraba profunda. La pasada parecía tener éxito. Alguna fotografía, por probabilidad, nos tenía que haber quedado bien.
El elanio hace pequeñas migraciones. Se mueve relativamente poco de sus zonas, de las zonas en las que pasa la mayor parte del año y ahí se encontraba nuestro elanio que, después de dar la vuelta al coche, allí seguía, en el cable. Continuamos y nos cambiamos de asiento. Había que intentarlo otra vez.
En la siguiente pasada se había movido. Estaba más lejos. Se había posado en un árbol algunos metros más allá. Sobre una fina rama se equilibraba mecido por el frío viento de la mañana. Ahí nos mostró su ligereza. Esa pequeña y fina rama sostenía los entre 200 y 300 gramos que pesa un elanio adulto. Es pequeño, liviano y muy hermoso.
Habíamos salido a la sierra buscando lo que no encontramos y nos volvimos con la satisfacción de haber encontrado lo que no buscábamos; de haber visto y fotografiado al elanio azul, de blanco nuclear y ojos rojos intensos que no tienen ese color hasta los seis meses. De haber podido fotografiar a una de las rapaces más hermosas que podemos encontrar en nuestros campos zamoranos. 

jueves, 11 de octubre de 2012

O el lobo estaba sordo. O pasaba de todos.
He vuelto a sentir el agobio de gente que acude al campo en busca de un animal tan emblemático como es el lobo y pasa absolutamente de todo lo que le rodea ya que, sólo y exclusivamente, tienen la intención de ver al animal, con una mirada les vale, el resto de tiempo, su única finalidad, es tocar los...., perdón, que me pierdo. Vamos por orden.
Hacía un tiempo que no acudía a una de las zonas más visitadas de la Sierra de la Culebra para el avistamiento del lobo, este año es, quizás, la más fiable ya que, como he dicho en alguna otra ocasión, los lobos están siendo muy complicados de observar en toda la sierra. Las camadas se están moviendo muy poco o nada. Se concentran en los lugares de encame y salen muy poco, quizás la sequía haya tenido que ver ya que se concentran en sus zonas de encame donde tienen agua y solamente esperan la llegada de los adultos con la comida.
El amanecer en la sierra es espectacular.
Los pequeños lobos tienen entre 6 y 7 meses y ya deberían de empezar a moverse más de lo que lo están haciendo este año. Con la esperanza de ver a la camada que allí se encontraba acudí, hace unos días, a este punto tan conocido de la sierra. 
Eran las ocho y cuarto de la mañana y amanecía un día espléndido en el que, quizás, hubiera suerte. Según llegaba al punto, tras pasar una loma, mi expresión fue clara: "la madre que....". Allí había ocho o nueve coches (luego llegó alguno más), una furgoneta y una caravana. Según me acercaba me dieron ganas de dar la vuelta pero confié en que "todos" veníamos a lo mismo, a buscar al lobo. 
Paré el coche, sin dar ni un sólo portazo, regla de oro cuando vas a una espera, no dar ni un sólo portazo. Algo que no sucede fácilmente ya que muchas veces sabes cuantos vienen por el número de portazos que dan. Un portazo, dos portazos y tres portazos igual a, casi seguro, tres personas.
Dejé el coche a unos cuarenta metros del grupo. Nada más bajar el murmullo me llegaba como una ola que va creciendo poco a poco. Era tremendo. Según me iba acercando parte de mi cabeza me decía: "Veeeteee. No te quedeeesss..." y la otra me decía: "Ya que has venido. Inténtalo".
La luz va relevando a la oscuridad.
Unas cincuenta personas se encontraban en el lugar. Amablemente saludé y pregunté, como se suele hacer, siempre en voz baja, si se había visto algo. Me contestaron como si estuviera sordo o como si la persona que me contestó llevara cascos puestos. No habían visto nada. "Lo increíble sería que lo hubieran visto". Pensé.
Comenzó la búsqueda y la desesperación. Entre todo el grupo había dos franceses, muy educados y conocedores de lo que tenían que hacer, un grupo con un guía que les había indicado como debían de comportarse y el resto. De ese resto pronto conocí que si la madre de fulanita tal o que el padre de menganito no se qué, sin olvidarme de la magnífica historia, muy conocida en estas esperas, de unos increíbles avistamientos de "lo que sea" en otro lugar de la península, que por cierto, hay algunos que los visitan como si fueran un pistolero de película que va poniendo muescas en su revolver.. 
Aquello era un verdadero galimatías en el que una gran parte hablaban sin parar y parecía que tuvieran una guindilla en el culo, porque no paraban quietos ni un momento; unos diez buscábamos por los telescopios o prismáticos y el resto esperaba en silencio que alguien diera la voz de alarma.
Y como era de esperar en la zona más cercana no se vio nada de nada; y mira que el lugar es propicio para ver ciervos y corzos como mínimo, además de jabalís o zorros y aves. Nada. Creo que todos estaban escondidos eso si, muy atentos a las conversaciones que subían de tono, directamente proporcional, al paso de los minutos, porque las conversaciones eran profundas y de naturaleza pura: "¡vaya fiesta el otro día!". "No sé donde dejar a los niños...". "Fulanita se enfadó conmigo y no lo entiendo".
Desde la sierra, el amanecer en Puebla de Sanabria, es mágico.
Pero vamos a ver. ¿Por qué van si no quieren ir? Es qué como van todos y vamos a ver al lobo. Vamos. Bien, me parece bien, pero si uno va a un sitio de estos tiene que saberse comportar. Tiene que acatar una serie de normas, no son difíciles ni de explicar, ni de entender. No se puede ir a ver al lobo que lo busquen otros, si aparece ya lo veré y mientras doy toda la paliza que pueda. ¡Pero que todo bicho viviente se va a ir! Que los animales no son sordos. Que si se ve algo se verá a un kilómetro y, con mucha suerte, como así sucedió.
"¡Un lobo!" Dijo uno de los que venían en plan bien. Peregrinaje veinte metros más allá, donde lo habían visto. "¿Donde está?" "¿En que claro?" "¿Para donde hay que mirar?" Fueron las preguntas más comunes. Ahora se callaban, incluso, alguno de los más habladores pedía silencio enérgicamente, hasta así lo hacía mal por que gritaba más que todos los demás juntos.
El lobo no estaba sordo, lo que pasa es que apareció a más de un kilómetro de distancia y pasaba olímpicamente de todos nosotros. Para él no éramos un problema, ni una amenaza. Él estaba haciendo su vida y no nos hacía ni caso. Los que tuvieron suerte, lo vieron, e incluso bastantes de los que no paraban un segundo. El lobo desapareció. Pasaron unos pocos minutos y, gran parte del grupo, se marchó. Ya habían visto lo que venían a ver. No hacía falta estar más tiempo en un sitio tan incómodo y, además, habían madrugado. Muchos de ellos regresarán contando batallitas de que habían visto al lobo en la Sierra de Culebra, de como era e incluso que ellos habían sido los que lo habían encontrado y, sus amigos, los escucharán atentamente, alucinados, y asentirán con la cabeza para vanagloria de los afamados naturalistas de boca
Si miramos más allá. Las montañas nos contemplan.
Se me olvidaba. El que no puede faltar. El que llama por el móvil a quien sea, en ese mismo momento, para decirle: "¡he visto al lobo!" Lo hace bastante de mañana y en un tono de voz muy suave, tan suave que casi se entera sin móvil, aparte de todos nosotros. Hasta el lobo que estaba a un kilómetro casi le aúlla por el móvil para corroborar al otro que es verdad, que lo había visto.
El lobo no apareció más y yo no lo vi. A los quince minutos de haber salido el lobo nos quedamos tres personas. El matrimonio francés y yo. Que a gusto. Qué paz. Los pajarillos comenzaron a cantar y la fauna más cercana, comenzó a moverse, ciervos y corzos salieron y se dejaron ver. La situación cambió por completo pero ni el lobo, ni los cachorros, se vieron.
Estoy completamente a favor de que la gente que lo desee acuda a ver al lobo, además es una manera de impulsar las degradadas zonas rurales de nuestra provincia, el llamado turismo lobero, que existe en la actualidad, pero creo que se debería de hacer con cierto sentido, con un criterio, siguiendo unas normas, no escritas, de comportamiento, de saber estar en un lugar, de respetar a la fauna, al entorno y a los que vamos con la intención de estar en la naturaleza y ver lo que se tercie y, si no lo vemos, lo entendemos, porque el campo es así y lo sabemos.
Me gusta el campo, el bosque, moverme y patear y a veces no entiendo el comportamiento de algunos que se llaman “amantes de la naturaleza” cuyo único objetivo es ver a un animal emblemático sin seguir una serie de normas mínimas y básicas de comportamiento.

lunes, 8 de octubre de 2012

Regreso a las Lagunas de Villafáfila.
El pasado domingo volví a Villafáfila. Desde antes del verano no pasaba por allí y me animé ante las "rarezas" que se habían observado los últimos días como nos informan tan magníficamente tanto Alfonso como Cristian. La pena fue que escogí un día extremadamente caluroso pero aún así siempre se ve algo en las lagunas.
La sequía ha sido generalizada en toda España y las lagunas no se han librado. La pasada semana salió un artículo en La Opinión de Zamora en el que se hablaba de la nefasta temporada de cría para muchas de las aves que suelen criar en el entorno de las lagunas. 
En ese artículo se comentaba que " ...la avutarda, una de las aves más representativas de este entorno. Sólo una de cada diez hembras ha logrado sacar un polluelo, mientras que las otras nueve no han criado o perdieron la puesta de huevos. El porcentaje de reproducción también se redujo a un 10% en el caso de la cigüeñuela, aunque la avoceta sale peor parada, con un 7%, mientras que la pagaza pico negra, similar a la gaviota, solo ha logrado un porcentaje de cría del 1% respecto al año anterior". Estos datos confirman lo veníamos viendo y avisando desde la primavera pasada.
Me dirigí directamente hacia el Centro de Interpretación ya que solamente abre los fines de semana y tiene un poco de agua, así es que había que aprovechar. Tras una amena conversación con José Miguel San Román comenzó mi recorrido.
Zampullín cuellinegro en la laguna del Centro de Interpretación.
Aparte de lo que normalmente se ve en estas lagunas los zampullines cuellinegros llamaron mi atención. Primero vi uno y más tarde otros dos casi juntos. Los zampullines se llaman así por qué se zambullen constantemente para pescar o escapar de algún depredador como pude observar más tarde con un aguilucho lagunero y, en la balsa, donde, un grupo de unos 50 zampullines comunes nadaban tranquilamente cuando, de repente, como si alguno hubiera dado una orden, se zambulleron todos a la vez para salir después como pequeñas pompas que van emergiendo por aquí y por allá. La amenaza era yo.
Ánade friso, zampullín cuellinegro y, en último término, un pato cuchara.
En mi recorrido pude observar mucho azulón, zampullín común, cuchara y friso. Pero en Villafáfila siempre hay sorpresas y, aparte de los zampullines cuellinegros, la siguiente sorpresa fue una águila real (no adulta) que pasó volando por encima de la laguna, por lo visto, esta águila tiene Villafáfila como zona de caza y se ve con cierta facilidad sobrevolando la zona.
Águila real.
Un grupo de 10 agachadizas se encontraba en la orilla de una de las islas. Algo que llama poderosamente la atención de estas aves es su pico. Pico largo y muy sensible que introduce en el terreno en busca de gusanos y larvas.
Agachadiza al anochecer.
Varios porrones han aparecido por la laguna. Había tanto moñudos como europeos. Ambos descansaban como boyas en el agua mientras un gran bando de avefrías pasaba volando por encima de la laguna y, una parte, alrededor de 30, se decidió a bajar y aposentarse en las pequeñas islas. 
Grupo de avefrías en la isla, rodeadas de fochas y gansos.
Tras arremolinarse y bajar el grupo de avefrías con sus elegantes crestas (es más larga en el macho que en la hembra) la tranquilidad se vio alterada por la presencia de un aguilucho lagunero (una hembra) que intentó cazar a alguno de los zampullines que se metieron rápidamente a bucear. No hizo sino bajar el lagunero que, el bando de avefrías, se levantó y fue a acosarlo; envolviéndolo y pasando muy cerca del aguilucho que, ante tal acoso, se vio obligado a alejarse de la laguna. Las avefrías lo habían conseguido. Lo habían expulsado. La amenaza pasó y la tranquilidad volvió a la laguna.
Aguilucho lagunero apareciendo en la laguna.
Ataque fallido a zampullines y fochas.
Grupo de avefrías expulsando al lagunero.
Una solitaria gaviota reidora se atusaba el plumaje como si fuera la llanera solitaria aunque lo mismo se podría decir de una avoceta, también solitaria, que ni se movía ante el fuerte calor.
Andarríos chico en una de las islas.
Un andarríos chico, dos chorlitejos chicos, dos pollas de agua, varias lavanderas cascadeñas, boyeras y blancas, milanos reales y ratoneros, un grupo de cercetas, varios papamoscas cerrojillos y bisbitas, así como un halcón peregrino y un azor fueron toda la fauna que observé en una mañana de tremendo calor en la que los correlimos pectorales, a los cuales me hubiera gustado ver, no aparecieron, aunque por allí andaban.
Lavandera cascadeña.
Tiene que llover. El campo está seco, extremadamente seco. La provincia de Zamora se encuentra, actualmente en el 40% de la capacidad total almacenable que tienen los embalses de la provincia, casi la mitad que hace un año. Esperemos que comiencen las lluvias.

miércoles, 3 de octubre de 2012

Berrea 2012.
Un año más me he acercado un fin de semana a la Sierra de la Culebra a ver a los ciervos. A contemplarlos en todo su esplendor. A ver y escuchar la berrea.
El año pasado fue un año raro. Era el año I después de la muerte de 143 ciervos en la provincia de Zamora, de los cuales 130 en la Sierra de la Culebra (datos a finales de agosto de 2010) por una enfermedad llamada pasteurelosis, provocada por la bacteria pasteurella, que habita en el aparato respiratorio y, ante una elevada diferencia de temperatura (entre el día y la noche), provocaba una bajada de defensas y dicha bacteria comenzaba a multiplicarse provocando la muerte en muy poco tiempo.
Este año es el año II y ahora sí que nadie podrá discutir, como alguno me discutía, que hay una bajada enorme en la población de ciervos de la sierra, sobre todo hembras. Se ven muy pocas y hay zonas de la Sierra de La Culebra que tradicionalmente tenían una muy buena población de ciervas y, por lo tanto, de berrea que se ven muy mermadas e incluso desaparecidas. Los grandes machos se están concentrando en lugares muy específicos de la sierra. Van donde encuentran a las hembras. Oficialmente se estimó que había desaparecido el 2% de la población de ciervos de la reserva. Este año (2012) confirma mis sospechas. La muerte de ciervos fue muchísimo mayor que la estimada o por lo menos la que se hizo oficial.
Han sido tres días intensos por la sierra buscando y observando con detenimiento y admiración a los ciervos que están alterados persiguiendo y controlando hembras. La berrea es el tiempo de celo de los ciervos donde, los machos, emiten un potente sonido gutural. La berrea es un espectáculo sonoro y visual que da igual cuántas veces lo hayas visto u oído, siempre impresiona.
Ciervo berreando en la sierra.
La berrea comienza a mediados de septiembre, en función de la climatología. Los machos pasan prácticamente un mes "berreando" para delimitar su territorio y asegurar sus conquistas. Los ciervos buscarán grupos de hembras a las que puedan montar. Pasarán con ellas entre 4 y 7 días, cubriéndolas hasta que pasado ese tiempo buscarán otro grupo en el que hacer la misma operación.
En esos días deberán defender "sus conquistas" de todo aquel macho que intente arrebatárselas. Lo harán con "berridos", miradas y midiéndose con el oponente y si los dos calculan que están en igualdad de fuerzas se entablará una lucha épica en la qué entrelazarán sus cuernas con tremendos choques y fuertes empujones hasta que uno de ellos ceda y se vaya, dejando al vencedor con "las conquistas".
Primero se medirán. Si se consideran en igualdad de fuerzas...
...lucharán para decidir el que se quedará con las hembras.
En este espacio de tiempo comerán muy poco y se irán debilitando según avanzan los días. Entre peleas, carreras, desafíos y montas (son visto y no visto), el ciervo irá perdiendo un buen número de fuerzas y kilos. Si resulta herido o está demasiado débil tendrá muchos problemas con los lobos que esperan su momento, su oportunidad. El más débil caerá y permanecerán los más fuertes. Será una selección.
En este tiempo deben limpiar y pulir su cornamenta para lo cual se restriegan en pequeños pinos en los que también dejan su olor ya que de las glándulas del lagrimal le salen unas secreciones que marcarán ese pino.
Ciervo restregándose en un pequeño pino.
Después de marcar un buen berrido no viene mal.
Eso estaba haciendo este ciervo que durante un buen rato se dedicó a restregarse en el pequeño pino que se movía de un lado para otro. Tenía todo el pecho oscuro, casi negro. Seguramente se habría revolcado en una mezcla de barro formado por su propia orina y arena. Su fin es marcar su territorio y extender su olor. Esta manera de revolcarse la pudimos observar con un gran ciervo de 16 puntas que parecía un enorme cachorrito restregándose en el suelo.
Macho con la hembra asomada a la derecha.
Ha sido un gran fin de semana en compañía de buenos amigos que todavía hacen más especial el disfrute de la naturaleza. Hemos podido contemplar hembras, crías y machos de todas las edades. Desde grandes machos de cornamentas muy abiertas hasta varetos tardíos que todavía tenían borra en los cuernos (estos son las crías engendradas tardíamente, alrededor de noviembre) pasando por ciervos con cornamentas muy gruesas o separadas, e incluso con una cuerna partida por la mitad en algún lance. 
Los hemos visto lejos, cerca y muy cerca e impresionan por su porte altivo y sereno. De aspecto enérgico y fuerte. Soberbio y elegante. Potente y robusto. Son imponentes.
El fin de semana ha dado para más ya que también vimos corzos, jabalís, zorros, buitres leonados y negros, alcaudón real, halcón peregrino, cernícalos, tarabillas, carboneros (común y garrapinos), colirrojo tizón, cuervos, cornejas, papamoscas cerrojillos, mosquiteros, chotacabras, pito real, milano real, herrerillo común, acentor común, avión, golondrina, lavanderas blancas y petirrojos.
Además algún sapo corredor que libramos de una muerte segura en la carretera y unas cuantas lagartijas, conejos y liebres ibéricas. Y como nota de color aquí os dejo una Xilocopa violacea y una Esfinge colibrí (seguro que mi amigo Ernesto en próximas entradas os cuenta algo más de ellas en su blog).
Esfinge colibrí.
Xilocopa violacea.
En definitiva, un fin de semana intenso, aprovechado y muy agradable en compañía de muy buenos amigos que nos ha dejado momentos impactantes y la sensación de que faltan ciervas en la sierra y si faltan ciervas, faltan crías y con ellas los futuros reyes del bosque.

lunes, 1 de octubre de 2012

Sanabria quemada: el silencio de "Mordor".
No se escucha nada. No se oye nada. No se siente nada. No hay pajarillos. Ni grillos. Ni el sonido del viento chocando contra las ramas. Ni el resquebrajarse de ramas al moverse un animal. Nada.
El silencio es impactante. De vez en cuando la tierra cruje. Crepita. Como si se asentara poco a poco. Como si se recolocaran sus entrañas ante la catástrofe sucedida.
No hay colores. Todo es gris y negro. Los árboles parecen esqueletos que se contorsionan en una lenta agonía. Las piedras se descascarillan como frutos secos. 
El corazón se te encoje y el alma llora cuando un ciervo berrea en el quemado. Pulula como un alma en pena buscando consuelo. De nuevo el silencio. Ese silencio tétrico. Ese silencio de muerte.
Donde había vida...
1 de agosto de 2012...
....ahora hay silencio y muerte...
Mismo lugar el 30 de septiembre de 2012.