lunes, 25 de marzo de 2013

Águila real y garza imperial.
El pasado sábado me dirigí a una zona de la provincia de Zamora en la que me había dicho J. Alfredo Hernández, gran conocedor y amante de la naturaleza zamorana, que había una buena población de ganga ibérica, mi objetivo de ese día. Como suele suceder casi siempre cuando vas en busca de una especie determinada no la ves y surge algo totalmente inesperado que compensa plenamente el pequeño fracaso de lo que buscabas.
La mañana estaba revuelta y fría pero los pájaros estaban en plena ebullición, la primavera ha comenzado con fuerza en las aves que reclaman a sus parejas o incluso ya tienen sus pequeñas proles. Mi única visión de las gangas ibéricas fueron siete ejemplares demasiado lejanos y durante muy poco tiempo pero, rápidamente, una silueta llamó mi atención. Era un ave grande, poderosa y fuerte. La distancia era considerable pero el rápido vistazo con los prismáticos confirmó mi impresión. Era un águila real adulta que patrullaba su territorio de caza. Volaba bajo. Buscaba una presa. Se acercaba lentamente cuando apareció una segunda águila real, también adulta que se unió a la primera en la patrulla de búsqueda de alimento. Se acercaban cada vez más pero, para mi frustración, se dieron la vuelta y desaparecieron. Se alejaron planeando hacia las lomas más lejanas.
Continué mi recorrido entre grupos de jilgueros, pardillos, pinzones, trigueros, alondras, algún colirrojo tizón, milano negro y real, aguilucho ratonero, abubillas y las comunes urracas, cuervos o cornejas cuando un espectacular canto llamó mi atención encima mío. Un ave volaba cantando sin parar. Reclamaba de forma intensa a la que contestaba otro canto igual de intenso y hermoso en el suelo, entre las hierbas.
Era una calandria (gracias Alfredo por ayudarme a identificarla) que volaba alterada entre cánticos intensos. Mientras la observaba con atención efectuó un movimiento extraño. Paró de cantar. Se tiró al suelo como un halcón sobre una presa y desapareció entre las hierbas. Rápidamente busqué el porqué de ese comportamiento y, ante mi enorme sorpresa, apareció, a muy poca distancia, desde detrás de una loma, otra águila real volando muy bajo. Era una joven de primer invierno. Era la tercera águila real de la mañana.
Volaba muy bajo, con la cabeza inclinada, mirando atentamente a todo lo que podía suponer una presa. Era imponente. Majestuosa. Espectacular. Planeaba con suavidad, con elegancia pero con una fuerza que se transmitía en sus alas, en su cabeza, en su pico. Era la reina del lugar. Se lanzó en varias ocasiones al suelo sin conseguir ninguna recompensa.
El águila real se fue alejando poco a poco, de repente, apareció un cuervo que se lanzó a por ella con una fuerza tremenda. La acosaba. La quería echar de su territorio. La expulsaba con ataques en picado que molestaban a la joven águila que terminó por alejarse ante tan incómodo vecino.
La siguiente sorpresa de la mañana fue una garza imperial que pude observar en Timulos, presa sobre el río Duero, cerca de Toro.
Había venido varias veces en su búsqueda, sin suerte, pero esa mañana el extraño comportamiento de lo que unos llaman suerte y otros azar quiso que la tostada cayera de mi lado y la suerte cambió.
Timulos es una pequeña presa llena de vida en la que cormoranes, garzas reales, cigüeñas o milanos negros vuelan de aquí para allá mientras algún aguilucho lagunero, águila calzada o milano real pasan de forma esporádica sobre algún pato cuchara, azulón, focha, polla de agua o somormujo lavanco que nadan en busca de comida entre carrizos o espadañas y alguna nutria patrulla las tranquilas aguas en busca de alimento.
Aquí esperaba encontrar a la esquiva garza imperial. Ave difícil de ver por su mimetismo absoluto entre los carrizos. Ave que en marzo llega a nuestras tierras desde el África Tropical y que había visto en este lugar otros años y, Alfonso Rodrigo, había visto el ocho de marzo.
Observaba los carrizos cuando dos alas diferentes aparecieron entre ellos, solamente las vi un momento pero la primera impresión era esperanzadora. Desde ese momento, cada poco, observaba por el telescopio el lugar hasta que la garza imperial se levantó mostrando toda su belleza y colorido.
Sobrevoló las tranquilas aguas. Su típica silueta se recortaba sobre las aguas, su largo cuello curvado en S, sus colores vivos e intensos. Nunca la había visto volar de esa manera. Siempre la había visto escondida entre los carrizos.
La garza imperial es un ave reservada que no suele alejarse de las zonas de vegetación de las orillas y que estaba mostrándome todo su esplendor en un vuelo que recorrió parte del río. Dio media vuelta y volvió a la misma zona en la que se encontraba pero en el otro extremo. Se posó en el final de los carrizos, al descubierto y, de repente, una garza real que se encontraba muy cerca, en el nido, se levantó y se tiró a por ella violentamente. Aquí pude comprobar el menor tamaño de la garza imperial frente a la real que impuso su mayor envergadura y poderío para desplazar a la garza imperial que se metió de nuevo entre los carrizos, oculta, mimética, solamente se podía distinguir su cuello que parecía una rama en el entramado de la orilla.
La garza imperial está en el Catálogo Nacional de Especies Amenazadas con la categoría "De Interés Especial". Es un ave reservada que al rato volvió a salir y atravesar todo el río. La pude ver volar hacia mi orilla, donde desapareció.
La mañana finalizó con la observación de un alcaudón real y varios grupos de pardillos, jilgueros, pinzones y unos rabilargos que se movían de los campos a los pinos y la enorme satisfacción de haber observado dos aves espectaculares como el águila real y la garza imperial.

viernes, 22 de marzo de 2013

¿Cómo se mueven las aves en una bandada?
En algunas entradas anteriores he comentado mi curiosidad desde muy pequeño por situaciones que no entendía o que me parecían curiosas o extrañas. Una de esas situaciones fascinantes son las bandadas de miles de aves que se mueven como un sólo elemento, en coordinación absoluta. ¿Qué hacen para moverse a la vez? ¿Por qué no se chocan?
Quizás la primera pregunta a plantearse es ¿qué beneficios les trae moverse en grupo? Todos hemos visto documentales en los que los depredadores tienen que separar individuos del grupo para poder cazar, así por ejemplo un león cuando mira una manada de cebras no es capaz de diferenciar un individuo, solamente ve rayas (por eso las cebras tienen rayas), algo borroso, por lo tanto deberá aislar un individuo del grupo para verlo y así poder atacarle. Lo mismo le pasaría a un halcón que intenta cazar un estornino o un delfín ante un cardumen de peces. Aquí tenemos una primera ventaja de ir en gran grupo. Protección ante depredadores. Es el llamado efecto "confusión del depredador". Además, aumentan las posibilidades de que "no me coman a mi".
¿Qué ven más, un par de ojos o miles pares de ojos? Esta es otra ventaja de ir en grupo. Cuando una bandada de cientos o miles de estorninos se juntan, son más ojos a mirar por si viene un depredador. Además, si hubiera una sola gacela debería de estar todo el tiempo vigilando, ¿cuanto dedicaría a comer? Podría disponer de muy poco tiempo para comer porque debería de vigilar constantemente, en cambio un grupo de cientos de gacelas juntas tienen más tiempo para comer porque hay más ojos vigilando; es decir, la mayor vigilancia les proporciona más tiempo de alimentación.
Alguna vez hemos visto en La Vuelta ciclista a España o el Tour de Francia un pelotón de ciclistas que va en grupo por una carretera y, de repente, comienza a soplar viento de costado y ves que los ciclistas empiezan a ponerse unos detrás de otros formando una línea diagonal en contra del viento, uno detrás de otro hasta que no caben en la carretera y se cortan, ese ciclista que se corta, no puede seguir al anterior y se mueve hasta el otro extremo de la carretera, los demás comienzan a situarse detrás de él y así todos, es decir, van unos detrás de otros quitándose el aire, al rebufo. Lo mismo les pasa a los gansos cuando vuelan en formación en "v". Por lo tanto, se ahorra energía al nadar, volar o andar juntos ya sean gansos, ñus o arenques al ir en gran grupo.
Estas son las principales ventajas de ir en gran grupo pero no las únicas porque se ha demostrado que en los cardúmenes de peces las hembras tienen más posibilidades de que los huevos que lanzan al agua sean fertilizados al tener muchos machos a su alrededor. También experimentos científicos han determinado que ir en grupo tranquiliza a sus miembros.
Por lo tanto ir en gran grupo tiene muchas ventajas pero ¿como se mueven? ¿qué hace que un estornino o un pinzón no se choque con otro en un grupo de aves?
Un pájaro que vuela en una gran bandada debe de preocuparse de no chocar con los que están a su lado, de moverse en la misma dirección que los demás y debe estar siempre cerca de los de alrededor. Tiene que cumplir esas tres normas dentro de una bandada de cientos o miles de aves como él.
En el año 2010, K. Bhattacharya y Tamás Vicsek científicos de Budapest (Hungría) publicaron en la revista New Journal of Physics una teoría en la que "... se ve a las aves representadas por partículas con parámetros como la posición y la velocidad. En ausencia de un líder que tome la decisión, el cambio colectivo que hace pasar a los pájaros desde la situación de vuelo hasta la del aterrizaje viene determinado en buena parte por las perturbaciones aéreas a las que cada ave está sujeta, como por ejemplo las derivadas de la posición de vuelo del pájaro dentro de la bandada. Una perturbación provoca otras, esas a su vez tienen el mismo efecto, y así sucesivamente. El fenómeno puede compararse con una avalancha en un montículo de arena".
Por lo tanto un ave cambia su posición dentro de la bandada fijándose en las aves que tiene a su alrededor. Estas aves, que tiene alrededor suyo, son unas seis o siete que se encuentran en su entorno inmediato, sin importar lo cerca o lejos que se encuentren. Es decir, hará lo que hacen los que están a su lado y así hará otra ave y así otra, es como una pequeña explosión de acciones con su onda expansiva.
Pero ¿qué hace que se muevan esas seis o siete aves a la vez? Los mismos investigadores en el año 2012 fueron más allá y lo explicaron cómo si las aves fueran partículas de un metal que se orientan cuando sufren un fenómeno de magnetización. Es decir, cuando un ave de la bandada decide cambiar de rumbo se produce un efecto de “imantación” que hace que sus vecinos inmediatos (esos seis o siete individuos) le imiten. Y cada uno de estos vecinos afectará a la trayectoria de sus vecinos y estos a los otros y así sucesivamente, haciendo que todo el grupo se mueva a la vez, al unísono. 
Ver una bandada de miles de aves es un espectáculo deslumbrante que asombra y sorprende a partes iguales. Esos movimientos al unísono parecen magía, parece mentira que puedan hacerlo, que puedan moverse miles de individuos como si fueran uno sólo. Esta es otra de las sorpresas que nos tiene reservada la naturaleza.

domingo, 17 de marzo de 2013

Pollos de mirlo tempraneros.
Hace unos días mi amigo Fernando, gran amante de la naturaleza y de la fotografía, me avisó de la presencia de una pollada de mirlos cerca de su trabajo. Los mirlos, normalmente, son muy tempraneros en su primera puesta del año pero estos se habían adelantado mucho, más de lo normal, teniendo en cuenta el mal tiempo que había hecho en el último mes.
Al día siguiente del aviso, según llegaba de trabajar, me acerqué a ver si los veía. Al poco de estar en el jardín, en pleno centro de Zamora, y ante la extraña mirada de mucha gente, comencé a oir el reclamo típico de un pajarillo cuando pide comida desesperadamente. Me guié por el sonido y allí estaba. Un pequeño mirlo debajo de un seto pidiendo insistentemente comida a sus padres.
Pequeño pollo de mirlo común esperando su turno para alimentarse.
Poco a poco aparecieron más. Había tres pollos volanderos que no paraban de pedir comida constantemente a unos padres que se veían perseguidos por los jardines y se afanaban, sin descanso, en picotear el suelo en busca de cualquier gusano, insecto, semilla o lombriz que pudieran encontrar y así dárselo a uno de los pequeños mirlos que les seguían fielmente allá donde fueran.
Los tres pequeños mirlos esperando que el mirlo macho les llevara comida.
Los tres son diferentes, seguramente hayan nacido en un intervalo
de 3 días entre el primero y el tercero y eso, se nota, sobre todo
en el plumaje.
¿Cuándo han criado esta pareja de mirlos? Si estos tres pequeños pollos tienen unos 15-20 días, más otros 15 días de incubación nos estamos acercando a algo más de un mes; por lo tanto hablamos de principios de febrero cuando comenzó la puesta. Lo normal es que estos pequeños hubieran nacido, como muy pronto, a finales de marzo, principios de abril que es cuando los científicos sitúan la media de nacimientos de mirlo común pero estos habían nacido un mes y algo antes de lo normal, además, teniendo en cuenta que el tiempo en febrero ha sido desapacible y frío.
Hembra cebando a uno de los pequeños.
Rápidamente aparece un segundo pollo a esperar un alimento...
...que no tarda en llegar. La hembra cierra el ojo para evitar un
posible picotazo ante el nerviosismo del pequeño mirlo.
Los tres pequeños perseguían sin descanso a sus padres que los cebaban constantemente, bastante más la hembra que el macho que se marchaba más lejos o se subía a un edificio cercano; en cambio la hembra, nunca abandonó la zona de jardines en la que se movían los tres pequeños mirlos.
La gente seguía pasando sin reparar en los pequeños mirlos, solamente miraban, con cara entre extraña y sorprendida, a un personaje agachado con un cámara haciendo fotografías. En uno de esos momentos me fijé que el macho tenía alguna pluma blanca (sobre todo en el obispillo y en un lateral) ¿podría ser un mirlo leucístico? ¿Estaba empezando a tener plumas blancas?
Normalmente los mirlos crían muy cerca de donde nacen y, curiosamente, este mirlo había criado en el mismo sitio en el que llevo viendo al “mirlo blanco” desde principios de 2011. ¿Sería un descendiente de aquel?
"Mirlo blanco" que llevo viendo desde principios de 2011.
Este nuevo mirlo es un posible leucístico, no albino. El leucismo es una rareza genética debida a un gen recesivo, que le da el color blanco. Esta particularidad genética puede tener diferentes grados. El mirlo blanco que llevo viendo desde 2011 tiene un grado muy alto de leucismo porque está muy blanco ya que, según pasa el tiempo, se va poniendo más blanco.
En el leucismo la pluma es completamente blanca o completamente coloreada, no hay plumas “a medias”. Para que sea visible (fenotipo) este color blanco, tiene que darse la coincidencia de que ese mirlo se empareje con una hembra que también lleve en sus genes (se muestre o no) ese gen recesivo que le provoca el leucismoPor lo tanto creo que hay muchas posibilidades que este nuevo mirlo posible  leucístico (habrá que seguir su evolución para confirmar su rareza genética) sea descendiente del otro.
El macho coge unas lombrices y...
...se las lleva a uno de sus pequeños que estaba en un árbol cercano.
Siempre es apasionante observar el comportamiento de los animales y así lo hice ese día y al siguiente. Pudiendo ver como el mirlo macho ejerció de dominante del territorio en un momento determinado en el que otros dos machos se aproximaron demasiado a lo que él consideraba suyo. 
Pero la mayor agresividad de la pareja de mirlos la pude comprobar cuando una urraca se aproximó a uno de los pequeños. Inmediatamente, tanto el macho como la hembra, se pusieron tremendamente agresivos con la urraca pero lo hicieron de una forma organizada. El macho se lanzó a por la urraca directamente, como un poseso, y la hembra hizo lo mismo pero siempre se interponía entre la urraca y el pollo que se acurrucó en una rama. Con esa acción conjunta de defensa-ataque-protección expulsaron a la urraca que podría haberse convertido en un serio enemigo para sus crías.
El pequeño mirlo reclama...
...un alimento que su madre le lleva.
Esta escena se puede ver en nuestros jardines y parques.
Solamente hay que fijarse y dejarles tranquilos. Eso se llama respeto.
Otro comportamiento curioso fue la manera que tienen los animales de enseñar a sus crías. En un momento determinado, la hembra de mirlo, se puso a escarbar en el suelo en busca de comida pero esta vez no cogió nada y se lo llevó a uno de los pollos, sino qué comenzó a reclamarlo. El pequeño mirlo llegó y cogió la lombriz que había dejado al descubierto la madre. Le acababa de enseñar de donde coger comida. Acto seguido, la hembra escarbó y, el pequeño, la imitó. Estaba enseñándole a buscar comida.
Hembra con unas lombrices recién sacadas del jardín.
La tarde que los vi por primera vez tuve una nueva y agradable sorpresa. Volví a ver al “mirlo blanco” volando en un jardín particular. Seguía vivo. No lo había vuelto a ver desde septiembre de 2012 y tenía dudas que siguiera vivo ya que este mirlo tiene unos cuatro o cinco años, edad que se considera la media de vida de estas aves, además, la última vez que lo vi tenía una herida en la nuca y podría haber sufrido cualquier percance. Espero seguir viendo a estos dos mirlos y poder seguir su evolución. 

miércoles, 13 de marzo de 2013

Aniversario de Félix Rodríguez de la Fuente.
Mañana jueves, 14 de marzo se cumplen treinta y tres años de la muerte de Félix Rodríguez de la Fuente y, casualmente, también cumpliría 85 años ya que nació y murió el mismo día.
Mucho se ha escrito de él y su vida; alabanzas, parabienes y críticas,; así es que no voy a repetir lo sobradamente conocido; pero quiero intentar transmitir en esta entrada la importancia que tuvo para mucha gente, sobre todo niños, entre los que me incluyo.
A finales de los años setenta yo era un pequeño niño inquieto, movido, al que le interesaban todas las cosas que no sabía o no entendía, que se escapaba los viernes por la noche de la cama (no podía despertar a mi hermano que era más pequeño) y se sentaba en el sofá, pegado a la televisión, esperando ansioso a que empezara aquella música que le erizaba los pelos en cuanto comenzaba a sonar y un mundo nuevo se abría ante sus ojos. Un mundo maravilloso. Un mundo lleno de situaciones espectaculares, tiernas, dramáticas, divertidas. Un mundo que estaba allí fuera, al lado de nuestra casa, en nuestros campos. Un mundo fascinante.
Monumento dedicado a Félix Rodríguez de la Fuente
 en el bosque de Valorio (Zamora).
Los capítulos de El Hombre y la Tierra marcaron a una generación de niños que mirábamos fascinados, intrigados, extasiados la naturaleza más cercana, la que nos rodeaba. Seguímos a los lobos en sus andanzas. Conocimos a Gaspar que era capaz de romper un huevo con piedras. Vimos cómo una turona defendía a sus crías de una serpiente. Observamos fascinados y temerosos cuando una nutria cogió a un cervatillo y lo sumergió en un río. Descubrimos algo que se llamaba lirón careto o a las grandes aves que eran capaces de coger hasta una cabra y llevársela o a pequeños pájaros que eran capaces de bucear. Nos adentramos en madrigueras y huecos de árboles. La fascinación era total. 
El embrujo de aquellos capítulos todavía me recorre la sangre (tengo todos y los veo de vez en cuando). Aquel hombre nos enseñó la naturaleza con sus cosas buenas y malas, con sus maravillas y sus problemas, con sus alegrías y sus miserias. Nos enseñó a conocerla, apreciarla y respetarla. Nos enseñó que teníamos que intentar protegerla. Nos mostró animales que podían desaparecer como el lince o el águila imperial y porqué no debían de dejar de existir. Nos mostró el camino a toda una generación de niños. Nos enseñó a valorarla y respetarla.
Recuerdo cuando murió. El impacto que supuso fue tremendo. Me enteré de su muerte en la calle. Había salido del colegio y en el escaparate de una tienda vi una noticia en un periódico que me heló la sangre. Había muerto Félix. El hombre que me había enseñado la naturaleza. Una fotografía con una avioneta estrellada acompañaba la noticia. Era cierto, y una gran lágrima se me escapó en plena calle. Miré a mi madre y me lo corroboró con la mirada y un asentimiento de cabeza que no daba lugar a dudas. Había muerto el defensor de los animales.
Muchos de esos niños que mirábamos fascinados la televisión dedicaron su vida a la naturaleza, ya fuera de forma profesional o como una maravillosa afición. He de confesar que años más tarde, cuando comencé el instituto, conocí a cierto profesor que me quitó todas las ganas que tenía de ser biólogo. Ese profesor consiguió que mi maravillosa afición no se convirtiera en mi profesión. Pasé de la maravilla de la naturaleza contada por Félix a la machaconería de un profesor que no la amaba sino que se limitaba a torpedearnos con datos, definiciones, gráficos o esquemas sin ningún sentido, sin ninguna pasión, sin ningún cariño, sin ningún respeto, sin intentar que comprendiéramos nada.
Monumento dedicado a Félix en el bosque de Valorio (Zamora).
Si algo consiguió Félix Rodríguez de la Fuente fue que conociéramos, valoráramos, apreciáramos y respetáramos la naturaleza más cercana, la que está en nuestros campos, en nuestras tierras. Algo que hecho en falta en nuestros días. Algo que no se lleva. Algo que se está cortando de raíz. Algo que, como profesor (aunque no doy biología) o monitor, intento que conozcan mis alumnos. Algo que, por desgracia, se está perdiendo; estamos teniendo una involución en la educación ambiental que comenzó a surgir en los años setenta, como he dicho en alguna otra entrada, se eliminan programas educativos relacionados con la educación ambiental, se la menosprecia (si la educación está mal, la ambiental está en la cola), nuestras administraciones no invierten en ella y lo que es peor, no pretenden invertir, sin darse cuenta que es un tema básico en nuestra existencia y que hay que hacerlo desde la infancia.
También echo en falta programas en televisión que atraigan a los niños, que les absorban, que les fascinen. Hecho en falta programas de nuestra fauna. Evidentemente hay documentales de naturaleza pero son todos relativos a lugares lejanos, a leones, hienas, guepardos, osos polares o ballenas. Programas que están muy bien pero ¿nuestros niños saben lo que es un milano, o un roble, o un corzo, o que a los ciervos se le caen las cuernas o como influye la desaparición de cierta especie o por qué son importantes las aves? Por ahí se debe empezar. Por temas cercanos. Por temas que nos rodean porque lo primero que hay que aprender es lo que tenemos a nuestro alcance.
Félix nos enseñó todo eso y mucho más. Seguramente muchos de los que leéis este blog os sintáis identificados con lo que digo; si así fuera, Félix habría hecho un gran trabajo. Siempre le estaremos agradecidos.

miércoles, 6 de marzo de 2013

Las malditas Juntas de Extinción de animales dañinos.
Llevo mucho tiempo con ganas de hacer una entrada acerca de este tema y por fin me he decidido. Antes de comenzar me gustaría hacer hincapié en que todos los datos que aparecen en esta entrada  provienen del magnífico trabajo realizado por Eduardo J. Corbelle Rico y Eduardo Rico Boquete titulado "La actividad de las Juntas de Extinción de animales dañinos en España (1944-1968)".
Las Juntas de Extinción de Animales Dañinos forman parte de uno de los períodos más tristes, dolorosos y de consecuencias más terribles, a nivel medioambiental, de la historia de nuestro país.
Durante años se persiguieron miles de animales de nuestra fauna. Esta masacre estaba promovida y financiada por las Administraciones Públicas de nuestro país que situaron a determinadas especies al borde la extinción. Se mataron miles de animales simplemente por el hecho de ser perjudiciales para la caza y la ganadería. Esta era la razón fundamental para la creación de Las Juntas de Extinción de Animales Dañinos y Protección de la Caza que existieron como tales entre 1954 y 1962 (el 11 de agosto de 1953 se publicó el decreto de creación y se extendieron hasta 1968. En 1970 se promulga una nueva Ley de Caza que elimina dichas Juntas de Extinción). Me voy a centrar en este período, aunque anteriormente también se perseguía a las alimañas de forma más o menos oficial haciéndose experimentos en provincias (por ejemplo en la antigua provincia de Santander existió una junta entre 1944 y 1953) que sirvieron como base para la definitiva creación de estas juntas de extinción.
Se eliminaron 71.682 mamíferos en ocho años.
Es muy difícil entender que en esos ocho años se mataran la friolera de 1.470 lobos, 53.754 zorros, 3.479 gatos monteses, 1.207 águilas reales, 10.161 milanos, 1.038 búhos, 1.339 tejones, 104.966 urracas o 18.733 lagartos. Números que asustan y marean. Números vergonzosos. Números que no eran los totales ya que en ellos no se incluían algunos animales capturados en cotos privados de caza, ni los pollos o huevos de las aves, ni los animales cazados por furtivos, ni los animales del resto de provincias que no tenían Junta de Extinción ya que “solamente” había diecinueve provincias que tenían constituidas Juntas de Extinción de Animales Dañinos pero en el resto también se cazaba.
Se eliminaron 29.880 reptiles en ocho años.
En los años cuarenta del s. XX desde la Administración del Estado se incentivó el fomento de la caza mayor ya que generaba una gran cantidad de beneficios económicos para los propietarios de grandes fincas. Con lo cual comenzaron a surgir grandes cotos (públicos y privados) y Reservas de caza que había que proteger de animales "dañinos" que podían afectar a las especies cinegéticas que daban mucho dinero a los propietarios de los cotos; especies cinegéticas por las que gente de un cierto nivel social y económico, además de altos funcionarios del Estado, pagaban grandes sumas de dinero.
Esos animales dañinos había que eliminarlos ya que habían sido declarados perjudiciales para la caza, ganadería y agricultura. Pero, ¿qué animal se declaraba dañino? Realmente eran todos los animales que podían afectar a la caza, sobre todo la caza mayor, pero también a la menor y a la ganadería. Así, todo lo que pudiera afectar a ciervos, corzos, jabalís, rebecos, cabra montes, gamos, conejos o perdices había que eliminarlo, además de los que tocaban a la ganadería; con lo cual, se eliminaron, sin piedad alguna, un sin fin de animales que las cifras estadísticas oficiales dejan cortos.
Se eliminaron 514.888 córvidos en ocho años.
Para llegar a la cifra oficial de animales eliminados he sumado los animales cazados de 25 especies más los que se incluyen como "otras aves" y "águilas" (el águila real tenía apartado específico), para llegar a la escandalosa, terrible y vergonzante cifra de 638.474 animales matados en ocho años. Distribuidos de la siguiente forma: reptiles (29.880), córvidos (514.888), rapaces (22.024) y mamíferos (71.682).
Cifra que se queda corta ya que como dije anteriormente no se incluían algunos animales capturados en cotos privados de caza, ni los pollos o huevos de las aves, ni los animales cazados por furtivos, ni los animales del resto de provincias que no tenían Junta de Extinción.
Se eliminaron 22.024 rapaces en ocho años.
Para llevar acabo esta verdadera masacre se estableció un sistema de pago en dinero para todos aquellos "alimañeros" que presentaran cualquiera de los animales dañinos establecidos. Alimañeros que estaban muy bien vistos a nivel social y que gozaban de una buena fama. Se les pagaba por animal presentado, daba igual cómo fuese cazado (venenos, cepos, lazos, disparos, trampas...) y dónde. El dinero para pagarles provenía de las aportaciones del Servicio Nacional de Caza, de los presupuestos de los Ayuntamientos y de las asociaciones de ganaderos y cazadores ya que como dicen Eduardo J. Corbelle Rico y Eduardo Rico Boquete: "las Juntas de Extinción estaban compuestas por representantes de la Administración forestal, los propietarios de los cotos de caza y los representantes de los ganaderos. De esta manera, cada Junta provincial quedaría presidida por el Ingeniero Jefe del Distrito Forestal y también pasarían a formar parte un representante del Gobernador Civil, un miembro del sindicato oficial, tres ganaderos y tres propietarios de cotos, nombrados por la Dirección General de Montes".
Las "malditas" Juntas de Extinción de Animales Dañinos masacraron gran parte de nuestra fauna causando unos daños que, en algunas especies, no se han podido recuperar o se recuperan muy lentamente. Es increíble y vergonzoso que se pagaran tales cantidades de dinero simplemente porque esos supuestos "animales dañinos" tocaban o afectaban (nunca se hizo ningún estudio acerca de los daños económicos que producían) a bienes que se consideraban intocables como eran la caza y la ganadería.
Muchas de las 3.809 águilas eliminadas fueron águilas imperiales ibéricas.
Aparte de las 1.207 águilas reales.
Un verdadero desastre de consecuencias impredecibles y que todavía actualmente estamos pagando. Entre ellas la pérdida de un enorme potencial genético, la desaparición de determinadas especies en muchas provincias y la casi extinción de otras o la alteración en los ecosistemas y la cadena trófica.
Entre tanta sin razón algunos propietarios de grandes fincas, que no estaban de acuerdo con esa gestión, prohibieron en sus terrenos la caza de ciertos animales como fueron dos fincas en la Sierra de Andújar que prohibieron cazar el lince, lo cual salvó de la absoluta desaparición al gran gato y otros propietarios en Doñana y Extremadura que hicieron lo mismo con el águila imperial ibérica. Estos propietarios salvaron de una extinción segura a estas dos especies emblemáticas de nuestra fauna.
Las Juntas de Extinción de Animales Dañinos fueron una sin razón absoluta, una verdadera tragedia para la fauna española y para la sociedad que terminó cuando organismos internacionales comenzaron a presionar a las autoridades españolas ante tal desatino y una nueva concienciación medioambiental promovida por guardas, algunos propietarios, científicos y naturalistas, entre los que destacaron Félix Rodríguez de la Fuente, José Antonio Valverde y Jesús Garzón; se fue imponiendo poco a poco.
Creo que esa concienciación de educación ambiental que emergió a principios de los años setenta, actualmente se está viniendo abajo, se está desmoronando. La educación ambiental sufre constantemente menosprecios, recortes o supresiones de programas educativos (por ejemplo la eliminación de los CEAM de Villardeciervos (Zamora) y Viérnoles (Cantabria), o la de los programas de Recuperación de Pueblos Abandonados o Escuelas Viajeras). La educación ambiental no interesa. Dicen que no es rentable pero ¿qué hay más rentable que hacer que un niño aprecie, respete y valore la naturaleza que le rodea?

sábado, 2 de marzo de 2013

En el territorio del lince III.
Esta nueva entrada acerca del territorio del lince va a ir dedicada a los pequeños pájaros que pueblan los montes, los valles y los roquedos de esa magnífica sierra que rebosa vida por los cuatro costados. Evidentemente hay más de los que voy a enumerar pero hablaré de los que pudimos disfrutar a lo largo de los días en los que buscábamos al gran gato rabón.
Pito real cantando.
Entre los más comunes y escandalosos pudimos ver a los rabilargos, los pitos reales y las urracas. Los primeros son muy abundantes y vistosos, los segundos estaban reclamando constantemente y las terceras son un indicador que no hay que despreciar cuando buscas al lince ya que en muchas ocasiones te pueden indicar donde está el tan deseado y buscado lince ibérico.
Rabilargos buscado de comer.
Perdiz roja.
Otras que estaban como locas cantando eran las perdices. Constantemente se oían los canticos de los machos subidos en alguna peña o se veían parejas corretear entre las hierbas.
Entre las currucas pudimos ver y disfrutar de la curruca cabecinegra, la capirotada y la rabilarga que se movían constantemente entre los arbustos y los árboles.
Curruca cabecinegra.
Curruca rabilarga.
Los herrerillos comunes y capuchinos, verderones, verdecillos, las tarabillas comunes, los carboneros comunes y garrapinos, mosquiteros y pinzones comunes o los petirrojos no paraban de cantar y moverse sin descanso como si les hubieran dado cuerda.
Carbonero.
Hembra de tarabilla común.
Macho de tarabilla común.
Pinzón común.
Petirrojo.
Herrerillo capuchino.
El comienzo de la primavera tenía alterados a muchos de los habitantes de la sierra que marcaban territorios o buscaban pareja desesperadamente.
Las chovas piquirrojas chillaban por encima nuestro o se posaban en los roquedos cercanos y el roquero solitario se exhibía orgullosamente sobre las rocas mientras un zorzal charlo nos miraba entre intrigado y sorprendido.
Roquero solitario.
Zorzal charlo.
La vida se movía sin descanso. El cántico de los pájaros, sus colores o sus vuelos acrobáticos nos dejaban impresionados ante tal cantidad de biodiversidad. Las muy abundantes palomas torcaces pasaban en buenos bandos o los estorninos negros y pintos o los solitarios mirlos comunes se mostraban sin descanso.
Abubilla.
De alguna abubilla, triguero, mito, avión común y roquero también pudimos disfrutar en este sin fin constante de pájaros y más pájaros que aparecían y desaparecían tanto donde nos encontrábamos apostados como en los caminos hasta llegar allí.
Triguero.
Más de cuarenta pájaros diferentes pudimos observar y disfrutar. Pájaros que viven en el territorio del lince, un lugar privilegiado y hermoso que tenemos la responsabilidad de conservar.