martes, 25 de junio de 2013

La nutria. Un animal muy curioso y territorial.
En este complicado mes de trabajo me he dado cuenta que entre las 154 entradas que he publicado en la vida de este blog no había ninguna dedicada a la nutria, aunque sí he hablado en algunas ocasiones de ella; por lo tanto creo que ya es hora de contar alguno de mis encuentros con este inteligente y  curioso animal.
Una asignatura pendiente que tengo con este animal tan bello es el poder hacerle unas buenas fotografías y quiero agradecer enormemente a Hipólito Hernández "Poli", gran amante y conocedor de la naturaleza, prestarme algunas de sus magníficas fotos para poder ilustrar convenientemente esta primera entrada, que no será la última, relativa a la nutria.
El primer recuerdo que tengo de una nutria es una imagen de mi infancia cuando, en un programa del gran Félix Rodríguez de la Fuente, una nutria agarró a un cervatillo y lo sumergió en el agua. Mi espanto, fascinación e intriga fueron tremendos. ¿Cómo podía hacer eso si no era una de sus presas? Cuando el cervatillo estaba casi inconsciente y parecía que su destino estaba marcado, lo soltó. Una de las explicaciones que dio Félix me dejó perplejo. Quizás estaba jugando con él. (pinchar aquí si queréis ver el capítulo en el que sale esta secuencia).
Desde entonces he visto en el río muchas nutrías y he podido comprobar la curiosidad innata que tiene este animal ante algo que le atraiga especialmente o por el cual sienta un cierto interés. Así lo comprobamos una tarde de febrero en el río Tera a su paso por Puebla de Sanabria. 
Sabíamos que en la zona se estaban viendo tres nutrias con cierta asiduidad, la pareja y una cría del año anterior. Isa, Ernesto y yo las estuvimos buscando en los lugares que se podían ver pero nada de nada, con lo cual, al anochecer, con muy poca luz, nos volvíamos hablando de que no habíamos tenido suerte a la hora de encontrarlas. De repente, mi amigo Ernesto dijo: ”Mírala. Está ahí”. A lo cual le contesté: “Si. Hombre. Si”. Ya que llevábamos toda la tarde picándonos unos a otros. “Qué si. Ahí está”. Me volvió a decir. Le hicimos caso y miramos. Era cierto. Allí estaba. En el pico de la isla, restregándose contra una de las rocas de la orilla. Se estaba aseando. Comenzaba su recorrido nocturno. 
Las nutrías suelen desperezarse al anochecer y tras limpiarse convenientemente comienzan su rutina en la que irán río arriba al anochecer y bajarán río abajo al amanecer. Se introdujo en el agua con una enorme suavidad, casi sin salpicar, como si fuera un buzo perfectamente entrenado. La vimos ir nadando hacia la otra orilla del río. Elegante. Entrando y saliendo del agua con una enorme maestría hasta que se sumergió.
Las nutrias son capaces de aguantar hasta tres minutos bajo el agua donde se manejan con enorme soltura gracias a sus características para moverse en un elemento en el que su cuerpo alargado, pelo impermeable, membrana interdigital o su larga cola que utiliza como timón y propulsor son elementos que la hacen una verdadera experta a la hora de nadar y bucear pero tienen un elemento muy útil y necesario que juega un papel fundamental en su vida, las vibrisas faciales.
Estos largos pelos rígidos son receptores táctiles que le proporcionan información constante del entorno. Calcular distancias, percibir corrientes, captar diferencias de temperatura o detectar movimiento son algunas de las utilidades de estos largos pelos que le son enormemente útiles junto con la vista dentro del agua, dado que el oído y el olfato solamente los utiliza fuera del agua.
Nos quedamos en la orilla esperando a ver si volvía a aparecer o éramos capaces de ver que hacía, cuando, ante nuestro asombro absoluto, sacó la cabeza fuera del agua a nuestro lado y nos miró con curiosidad. Nos quedamos perplejos. Estaba a menos de dos metros y nos observaba con esos ojos grandes y vivos con los que ve perfectamente dentro del agua. Había venido a ver qué éramos o qué hacíamos allí. Había sentido curiosidad por nosotros. Nos miró unos pocos segundos como sopesándonos, como evaluando nuestra presencia allí. Intrigada. Tras mitigar su curiosidad se sumergió y dirigió río arriba donde comenzaba su ronda nocturna, no sin antes volver a mirarnos desde un poco más lejos.
En otra ocasión, también en el río Tera, aguas arriba de Puebla de Sanabria, en un veraniego paseo en piragua, un ruido llamó nuestra atención. Para nuestro asombro, en la orilla, vimos como un animal caía por la ladera de la margen derecha del río. Al principio no conseguimos ver lo que era ya que se perdió en el agua. Sólo pudimos oir el chapoteo y ver algo caer al agua. Parecía una nutria. A los pocos minutos volvimos a escuchar el mismo ruido, pero ahora ya estábamos alerta y pudimos comprobar como una nutría se deslizaba por la orilla empinada como si fuese un tobogán por el que un niño se lanza emocionado en cualquier parque de nuestras ciudades. Pareciera que estaba jugando a deslizarse por la pendiente. Era increíble. La vimos una vez más hacer lo mismo hasta que nos acercamos demasiado y desapareció.
Otra explicación que daba Félix Rodríguez de la Fuente a la escena del cervatillo y la nutria era que  quizás quisiera darle una lección al pequeño cervatillo por haber pasado por su charca. Estaba marcando su territorio. Las nutrias aparte de ser curiosas son muy territoriales ya que no permiten nunca que ningún otro animal pueda cazar en su territorio, así tendrá controlados, por ejemplo, a los visones americanos a los que expulsará de su zona de caza. 
Esta fotografía y la anterior están tomadas en el río Duero, cerca de Almaraz.
Nutria en el río Duero a su paso por Zamora ciudad.
La nutria se considera que solamente vive en aguas cristalinas y limpias, aguas de ríos de montaña; nada más lejos de la realidad ya que también vive en aguas oscuras, de color chocolate como pueden ser las aguas del río Duero donde las he visto en varios puntos, incluida Zamora ciudad. La nutria vivirá donde tenga tranquilidad, alimento y escondrijo y si eso lo encuentra en un río como el Duero, vivirá allí sin problemas aunque se considere que no lo pueda hacer.
La nutria es un animal que me llama mucho la atención y, en algún momento, espero poder hacerle algunas fotografías dignas aunque las experiencias vividas en su presencia siempre permanecerán en mi memoria y son más importantes que una simple fotografía.

miércoles, 12 de junio de 2013

Corzos y ciervos. Estrategias de supervivencia.
La noche comenzaba y en la pradera tres ciervas comían tranquilamente pero, junto a una de ellas, había un pequeño cervatillo pegado como una lapa a su madre. Lo vimos al pasar con el coche, muy cerca de la carretera; dimos la vuelta y, muy despacio, nos acercamos hasta ellos.
Las ciervas saben perfectamente cuando puede haber un peligro y según íbamos reduciendo la velocidad levantaron la cabeza, orientaron las orejas hacia nosotros y su atención se fijó en un coche que se iba parando. Nada más detenernos salieron corriendo a la seguridad del pinar.
Su madre es su guía. Su vida depende de ella.
El pequeño cervatillo corría pegado a su madre como si fuera una prolongación de la cierva que dirigía la huida hacia la seguridad del pinar. Era increíble verlo correr. Tan pequeño y ya luchando por su vida. La mayoría de las crías de herbívoros al poco tiempo de nacer ya pueden correr, les va en ello su vida; por el contrario las crías de los carnívoros pasarán varios meses hasta que sean capaces de moverse y correr con soltura. Es la ley de la supervivencia.
Entre mayo y junio se van a producir todos los nacimientos de corzos y ciervos de la sierra. Todos estos nacimientos se producirán en un periodo de tiempo muy pequeño. Tanto corzas como ciervas paren en esta época porque es la de mayor disponibilidad de alimento y escondrijo para sus pequeños.
Los pequeños corzos y ciervos nada más nacer tienen una dura tarea de supervivencia. Su vida depende, fundamentalmente, de la pericia de su madre para mantenerlo oculto y seguro ante la gran cantidad de depredadores que intentarán dar con ellos.
Tanto corzas como ciervas utilizan estrategias parecidas ya que los primeros días sus crías son muy vulnerables.
Agradezco enormemente a Poli prestarme esta preciosa fotografía de
 una corza lamiendo a su pequeño para quitarle el olor que pueda delatarle.
La cría estaba junto a su madre en una zona de hierbas altas en las que se tumbará y no se moverá hasta que ella vuelva. Es su manera de defenderse de los depredadores. Permanecerá inmóvil, quieta y callada, sin emitir ni un solo ruido. Varias veces al día su madre acudirá a darle de mamar y lamerla de arriba abajo para quitarle cualquier olor que pudiera tener. Al terminar esta operación, la cierva o la corza, marchará, no muy lejos, permanecerá atenta y alerta en las cercanías por si sucede algún imprevisto. Si un depredador apareciera y se dirigiera hacia su cría, la cierva o la corza, no dudaría, en ningún momento, en ir hacia él para llamar su atención, distrayéndole o atraiéndolo hacia ella, poniendo su vida en peligro si fuera necesario.
Ocultarse es vivir. Si encontráis algún pequeño corzino en el campo
hay que dejarlo, su madre no andará lejos.
Estos primeros días son críticos ya que las crías deben de pasar totalmente desapercibidas entre las hierbas en las que la madre, en algún momento, la irá a buscar y la moverá, como vimos a la cierva junto al pinar, para que se acostumbre a andar y correr si es necesario, pero la inmensa mayoría del día el pequeño permanecerá absolutamente inmóvil, quieto, sin emitir ni un sólo ruido.
Pasados unos días, cuando el pequeño esté un poco más fuerte, irá constantemente pegado a su madre. Las ciervas se unirán a otras hembras o crías de otros años mientras que las corzas seguirán solas, ocultándose lo máximo posible.
Desde muy pequeños los cervatillos corren sin dificultad.
Les va en ello la vida.
Las corzas tienen otra manera de intentar que las probabilidades de supervivencia de sus crías aumente. Las corzas que paren por primera vez van a tener una sola cría pero, a partir del segundo parto, la inmensa mayoría de ellas, tendrá dos pequeños corzinos y en muchos casos tres; de esta manera aumentan las probabilidades de que alguno de ellos consiga sobrevivir.
Pero los corzos tienen otra peculiaridad; el periodo de celo es entre junio y julio. En ese momento las hembras son montadas pero estas tienen la implantación del óvulo retardada, es decir, pueden guardar el óvulo fecundado un tiempo determinado; la hembra puede quedar preñada en el verano pero si inmediatamente se empezara a desarrollar el óvulo, el futuro corzino nacería en octubre o noviembre, con lo cual sería una época muy mala y dura para que las crías crecieran ya que la comida escasearía para poder desarrollarse y sería muy vulnerable, ya que no tendría hierbas altas en las que esconderse de los depredadores y, además, comenzaría a hacer frío; por eso, el óvulo fecundado quedará guardado hasta enero, cuando los días comienzan a ser más largos, para así llegar a la primavera, parir y que sus crías crezcan sin dificultad con buen tiempo, abundante comida y lugares en los que esconderse.
El hecho de que todas las crías nazcan en muy poco tiempo es otra manera de aumentar las probabilidades de supervivencia de un buen número de ellas ya que muchas caerán por frío, enfermedad o cazadas por los depredadores pero otras conseguirán sobrevivir.
La experiencia de la cierva y la suerte marcarán al pequeño cervatillo.
En diferentes estudios se ha demostrado que cuanto mayor va siendo una corza o una cierva se queda preñada antes (la cierva) o se comienza a desarrollar el óvulo unos días antes (la corza) para así ir adelantando su parto, al cabo de los años, quizás sea una manera de intentar que sus crías tengan mayores probabilidades de supervivencia.
Mientras que en la cierva es fundamental el periodo en el que entra en celo ya que de ello dependerá cuando nazca su cervatillo; en las corzas, el momento del parto, dependerá de la fecha de implantación del óvulo más que con la fecha en la que fueron montadas, lo que quizás, sea indicador, del porque entre las corzas todos los partos se producen en muy pocos días mientras que en las ciervas son un poco más espaciados ya que unas ciervas pueden haberse quedado preñadas a finales de octubre y otras a finales de noviembre.
Este año será un buen año de cría tanto para herbívoros como para carnívoros. Ha llovido en cantidad por lo que hay una explosión de flora que supone abundancia de  comida tanto para las madres que se han alimentado bien y perderán muy pocos fetos como para los pequeños corzos o ciervos que dispondrán de alimento suficiente y de lugares para esconderse. Pero también los carnívoros criarán bien ya que tendrán comida suficiente para criar sin problemas a sus camadas al haber gran número de nacimientos de herbívoros. Todo es una cadena.
Estrategia. Suerte. Aumento de probabilidades. Pericia. Experiencia. Es todo lo que necesitan los pequeños corzinos o cervatillos para sobrevivir y convertirse en espléndidos corzos o espectaculares ciervos.

martes, 4 de junio de 2013

La pata aventurera y los halcones de ciudad.
La ciudad es un medio en el que te puedes encontrar una enorme variedad de fauna que se ha adaptado a vivir entre nosotros. Es común ver gorriones, jilgueros, vencejos, gaviotas, ardillas, mirlos o estorninos en parques, jardines o muros de nuestras ciudades pero también suceden incursiones de animales despistados que se introducen en las ciudades como sucedió hace tiempo con un jabalí o un ciervo que me encontré en plena ciudad de Zamora y que conté en su día en una entrada anterior (pinchar aquí para recordarla).
Hace unos días iba en el coche en compañía de mi amiga Pilar cuando, de repente, cerca de la estación de trenes de Zamora, en una calle muy concurrida, cruzó, delante de nuestro coche, una pata con dos pequeños patitos detrás de ella.
Nuestra sorpresa fue mayúscula. Reducimos la velocidad y la dejamos pasar. La pata se subió a la acera y continuó por ella a toda velocidad seguida por los dos pequeños que pareciera que iban como si fueran un dibujo animado moviendo muy rápidamente sus pequeñas patitas para seguir a su madre que buscaba una salida desesperadamente.
A parte de los animales que se han adaptado perfectamente a vivir entre nosotros y vemos sin dificultad, en la ciudad hay otra fauna que también se ha integrado y que es mucho más discreta como puede suceder con las nutrias que podemos encontrar en el río Duero a su paso por Zamora o los halcones peregrinos que veo, de vez en cuando, en el casco antiguo persiguiendo a las palomas de una forma coordinada. 
Esta pareja de halcones caza de forma conjunta. Mientras uno de ellos sube a gran altura, el otro vuela a ras de los edificios para acercarse a la iglesia en la que las palomas están posadas para espantarlas. Cuando salen volando aterrorizadas. El segundo halcón cae en picado hacia ellas en un vuelo espectacular e impresionante a 300 km/h como un auténtico misil pero, las palomas, no son fáciles de cazar y suele fallar en la mayoría de los intentos por lo que, volverán a comenzar el mismo proceso una y otra vez hasta que consigan su preciado objetivo.
Dimos la vuelta y seguimos a la pata en su huida desesperada. Caminaba rápida. Pegada al muro de la estación de trenes y buscaba una salida. Solamente se paraba cuando algún peatón pasaba junto a ella y la miraba con cara entre sorprendido e intrigado. 
En ese momento, los pequeños patitos, se metían debajo de su madre que los protegía con su cuerpo. Una vez pasado el peligro continuaba con su precipitada marcha. Era increíble el instinto de protección de la pata. En ningún momento hizo ademán de echar a volar. Ni siquiera cuando la gente se acercaba o pasaba junto a ella o cuando un perro tiraba de su dueño hacia ellos. No podía dejar allí a sus pequeños.
Pasados unos doscientos metros, en los que fueron pegados al muro, se metieron por una entrada a la estación de trenes pero esta no era la primera entrada por la que se podrían haber metido y buscado refugio. La pata eligió esta y no otra anterior por la que pasaron por alguna oculta razón, quizás, sabía a donde se dirigía. Nos metimos tras ellos hasta que se perdieron entre las hierbas y edificios de la estación de trenes.
Esta no es la primera pata que tengo conocimiento de que ha entrado en plana ciudad. El año pasado otra pata con ocho pequeños subió por la cuesta del Mercadillo hasta la Plaza de Los Ciento, en pleno casco antiguo, ante la sorpresa e incredulidad absoluta de los viandantes al ver a esta hembra de azulón con sus ocho pequeños en fila por una de las calles principales de Zamora. En esa ocasión tuvieron suerte ya que un vecino bajó con una caja de cartón y metió a todos en ella; hasta la pata se dejó coger, y los bajó hasta el arroyo de Valorio donde los soltó.
Esa pata y sus pequeños tuvieron mucha suerte pero creo que esta con sus dos crías es muy difícil que  consigan sobrevivir. Estarán en una zona llena de peligros en la que gatos, milanos o ratas pueden atacarles pero todo puede suceder. Deberán de tener mucha suerte y que su madre consiga ocultarlos el tiempo suficiente y, además, fuera del agua. Ojalá lo consigan.