miércoles, 27 de noviembre de 2013

La extraña rascadura del lobo.
Hace unos días he podido presenciar un hecho que jamás había visto en el comportamiento de un lobo; he preguntado a diferentes expertos y ninguno lo había visto o tenido conocimiento de él en libertad; por el contrario, en cautividad, puede suceder pero no es muy habitual.
El hecho en sí es una rascadura pero no en el suelo. Antes de contarlo hay que explicar que es una rascadura y porqué las realiza el lobo y así continúo con una entrada que hice hace tiempo dedicada a los rastros del lobo.
Los lobos viven en una sociedad jerarquizada en la que las marcas, ya sean visuales u olorosas, son muy importantes porque transmiten información que el lobo que pasa por allí interpreta a la perfección.
Rascadura de un lobo realizada en un punto
 de La Sierra de la Culebra (Zamora)
Los lobos, en algunas ocasiones, rascan el suelo dejando una marca visual y además olorosa porque en la planta de sus patas tienen unas glándulas que segregan un determinado olor que quedará impregnado en las señales del suelo. Lo normal es que estas rascaduras se realicen después de que haya marcado con orina o con un excremento aunque no siempre. Por lo tanto una rascadura es una manera más que tienen los lobos para transmitir información como por ejemplo de quién es este territorio o quién manda aquí.
Este tipo de rascadura es el normal pero, como he dicho anteriormente, hace unos días presencié un hecho insólito y sorprendente que nunca había visto en el comportamiento de un lobo.
Fotografías tomadas en un centro en cautividad de un lobo macho
orinando y después realizando unas rascaduras en el suelo.
El termómetro marcaba -5º. Hacía mucho frío pero la visibilidad era extraordinaria y aunque la mañana estuviera heladora las esperanzas de ver algún lobo siempre están intactas cuando llegas, colocas el telescopio y comienzas a buscar. Pasados cinco minutos, dentro de un bosque de robles, en un pequeño claro, descubrí cinco lobos que estaban tumbados unos y sentados otros, más un sexto lobo estaba de pié. Este lobo con su paso lento y tranquilo se acercó a un roble, se puso a dos patas y comenzó a rascar con sus manos la corteza del árbol (como cuando los gatos marcan un árbol o se afilan las uñas en algún sitio). Mi sorpresa fue total y absoluta ¿Qué estaba haciendo? Mi primera idea es que hubiera algún animal en el roble y estuviera intentando cogerlo o asustarlo o algo, pero no, estaba marcando ese árbol por alguna razón específica.
Al poco tiempo se bajó y continuó por el claro, andando entre los demás lobos que seguían tumbados o sentados; dio una pequeña vuelta, volvió al mismo árbol y realizó la misma operación. Se puso a dos patas. Se estiró y comenzó a rascar con las patas delanteras en el mismo sitio de antes. Volvió a bajarse. Dio otra vuelta entre los demás lobos y realizó, por tercera vez, la misma operación pero, en esta ocasión, al bajarse, después de haber arañado el árbol, marcó con un excremento el lugar y se fue. Salió del robledal y  cuatro de los lobos le siguieron, el quinto se fue en dirección contraria.
¿Qué había hecho? ¿Había marcado un lugar específico? ¿El lugar sería muy importante par él? Me quedé sin habla. Nunca lo había presenciado pero mi sorpresa fue mayor cuando, después de indagar a diferentes expertos me dijeron que esa conducta nunca la habían visto u oído en un lobo en libertad pero si en alguno en cautividad.
Muy cerca de esta rascadura había un excremento.
La mañana continuó y después de casi dos horas de disfrutar de los lobos volvieron a lo más profundo del robledal cuando, por la zona, aparecieron unos cazadores y ninguno de ellos hizo lo que conté en una entrada anterior; lo de controlar al cazador. Todos desaparecieron y se escondieron en el bosque de robles.
La mañana llegó a su fin y según regresaba pensaba en la imagen sorprendente de ese lobo rascando el árbol. Los lobos son sorprendentes y cada vez que consigo ver a alguno así me lo demuestran.

martes, 19 de noviembre de 2013

¿Qué pasa con el Lago de Sanabria?
Sanabria está íntimamente ligada a mi vida desde mi infancia en la que pasaba dos meses al año en tienda de campaña recorriendo bosques, sendas y caminos, jugando, saltando y bañándome en el Lago. Sanabria ha formado parte de mi vida desde que tengo uso de razón. Está dentro de mí. Forma parte de mí y todo lo que le suceda me afecta especialmente.
Desde hace varios días las noticias acerca de la contaminación del Lago de Sanabria son preocupantes y contradictorias. Por un lado tenemos un grupo de científicos de la Estación Biológica Internacional y por otro la Junta de Castilla y León avalada por la Confederación Hidrográfica del Duero.
Unos dicen una cosa y otros la contraria. Unos opinan y otros les contradicen. La Estación Biológica Internacional gestiona el catamarán del lago y está en pleitos con la Junta de Castilla y León; unos acusan y otros se defienden.
Por un lado está la Estación Biológica Internacional que ha denunciado en un informe avalado por más de treinta científicos la amenaza al Lago de Sanabria por parte del vertido de aguas residuales y deficiencias en las infraestructuras de depuración que están provocando una contaminación en un enclave único en España.
Los que conocemos, valoramos, apreciamos y queremos Sanabria y en este caso el lago vemos que desde hace unos cuantos años la proliferación de algas en determinadas zonas del lago es creciente. Vas buceando o nadando cerca de la orilla y las algas van colonizando más y más fondo según pasan los años o que el agua esta cada vez más caliente o más turbia o que aparece espuma en las orillas.
El mayor problema según dice el informe de la Estación Biológica Internacionales es el crecimiento excesivo de un alga llamada diatomea que : "Coloniza el ambiente y ahoga al resto de especies que habitan allí…esto altera todas las propiedades fisico-químicas del lago. Ese proceso se desencadena por la acumulación de nutrientes y hace que el agua sea menos transparente, más verdosa y genere malos olores”.
A estos informes de contaminación responde la Junta de Castilla y León diciendo que el agua del lago es excelente y que los estudios realizados por la E.B.I. no son rigurosamente científicos.
Mientras la Junta dice que la situación del agua del lago es excelente y que tiene una transparencia de casi nueve metros televisiones nacionales conectan en directo para comprobar que la claridad del agua no llega a cinco metros o muestran explícitamente el lugar de los vertidos.
¿Cómo es posible que en un tema tan importante y trascendental haya opiniones tan contradictorias? ¿No se deberían dejar las rencillas políticas o judiciales a un lado? Si la situación es tan preocupante lo que de verdad importa es el Lago de Sanabria, un bien de todos, un espacio natural, un enclave diferente y único; no los partidos políticos, ni los deseos personales, ni las ansias de ganar dinero...pero que bonito sería todo si así fuera.
La situación se complica con el tema de los vertidos fecales y las depuradoras ya que la Unión Europea ha concedido a través de los Fondos Europeos de Desarrollo Regional (Feder) cerca de 20 millones de euros para el desarrollo de proyectos Life, de estos, seis millones, para la construcción de depuradoras y si ese dinero no se ha empleado en lo que se debería de haber hecho la Unión Europea lo va a reclamar y encima nos va a sancionar.
Lo cierto es que medios de comunicación de todo el país han dado la noticia preocupante de los vertidos fecales, la contaminación y el mal fucionamiento de las depuradoras; como lo que más asusta a los políticos es que salga en la prensa y si es la nacional más, han comenzado a realizarse reparaciones de urgencia en las depuradoras o intentos de ocultamiento de los vertidos. Volvemos a lo mismo. ¡Lo que realmente importa es la situación del lago! Eso es lo que a mi y a mucha más gente nos preocupa pero claro, hay gente que ve oportunidades de enriquecimiento, beneficios electorales o sociales donde otros sólo vemos un problema que para ellos es un fin o una vía para conseguir oportunidades o beneficios de dudoso calado.
El tema ha trascendido a los juzgados y La Guardia Civil investiga los vertidos y las depuradoras; el pasado miércoles me encontraba con un grupo de alumnos en Ribadelago Nuevo y pude comprobar como una pareja de la Guardia Civil con motos de montaña hablaba con la gente del pueblo sobre el problema. La investigación está en marcha. ¿Habrá responsables? ¿Dónde ha ido el dinero destinado a las depuradoras? ¿Por qué se vierten aguas residuales a un espacio protegido? ¿Por qué tiene que ser un estudio privado el que alerte de la situación? ¿Es cierto el estudio?
Preguntas y más preguntas pero la que de verdad me importa es ¿está el lago contaminado? Si es así, por favor, pónganse de acuerdo y hagan algo para solucionarlo ahora que todavía hay tiempo sino la situación será irremediable y habremos perdido todos; y si no es así, extremen los controles y tomen medidas para que no ocurra.

viernes, 8 de noviembre de 2013

El lobo y el cazador.
Hace unos días he podido observar uno de los hechos más curiosos y sorprendentes que he podido ver en la conducta de un lobo; creo que será muy difícil, prácticamente imposible, que pueda volver a presenciar una experiencia como esta pero, vayamos por partes.
En dos días en la sierra en compañía de buenos amigos hemos podido disfrutar de unas jornadas fantásticas de observación de lobos, entre ellos seis lobatos que comienzan a descubrir su territorio y lo recorren solos o en compañía de alguno de sus hermanos o miembros adultos de la manada; lobatos que juegan, corren, investigan su basto territorio. Han sido dos días de una enorme satisfacción personal observando lobos. Días en los que he podido comprobar que cada vez me gusta más este animal; da igual cuantas veces lo puedas ver, siempre te sorprende con algún comportamiento, experiencia o situación que no esperas o que no te puedes creer lo que estás viendo; eso es lo que quiero contar en esta entrada; ya habrá tiempo para otras entradas con algunas de las experiencias vividas.
Dos lobos ocultos entre las altas hierbas.
Llevábamos desde las 8:15 h viendo lobos, eran alrededor de las 11:30 h y el comportamiento de este lobo nos dejó atónitos, impactados y sorprendidos.
Estábamos controlando los movimientos de dos lobos que se acababan de separar; después de que uno se ocultara en un espeso brezal nos centramos en el otro que, para nuestra sorpresa, se sentó. ¿Qué miraba? ¿Qué era el objetivo de su atención?
Estaba mirando a un cazador que iba con dos perros. ¿¡Estaba mirando al cazador!? Así era. Lo controlaba. Observaba a donde se movía. Como se movía. Que hacía.
El resto de animales ante la presencia del cazador habían salido huyendo despavoridos como hizo un grupo de ciervas que se puso rápidamente a salvo o un gran macho de ciervo acompañado de un vareto; la presencia del hombre siempre es un peligro y los animales lo saben. Este comportamiento es el normal pero el lobo no hizo eso; tuvo la entereza y el aplomo de controlar el peligro. Se sentó y lo observó. Era realmente impactante ver cómo se movía el cazador y el lobo. Si el cazador se movía para la derecha, el lobo, lo hacía para la izquierda pero siempre en una especie de círculo sincronizado, como si fuese un baile de salón en el que el lobo lo controlaba. Para que sea un poco más claro lo expondré como si fuera la aguja pequeña de un reloj; si el cazador estaba a las tres, el lobo estaba a las nueve; si el cazador se movía a las cuatro, el lobo lo hacía a las diez, si uno estaba a las cinco el otro se movía a las once y así guardando siempre una distancia de entre 100 y 125 metros. Todo sin perder ni un momento de vista al cazador. El lobo se movía. Se sentaba y controlaba. Se movía. Se sentaba y controlaba.
Las fotografías de esta entrada no corresponden con ese momento pero
forman parte de esos dos días vividos en la sierra.
Nuestra sorpresa era total. "¿Controlará hasta el viento?" me pregunté en voz alta. ¿Sería capaz de ponerse siempre con viento en contra para que los perros del cazador no lo detectaran? Era impactante; además no había un sólo cazador, eran tres pero el lobo solamente estaba centrado en uno, el que consideraba más peligroso porque era el más cercano a él.
Pasados más de veinte minutos de control absoluto del lobo al cazador y ante nuestra incredulidad  el lobo se fue detrás del cazador. ¿Qué hacía? ¡Se le acercó hasta unos 70-80 metros! ¿Por qué había hecho eso? La respuesta la comprendimos enseguida. ¡No lo veía! Lo había perdido de vista por el terreno así es qué se levantó y se acercó hasta una posición en la que lo pudiera volver a ver, aunque esa posición supusiera más riesgo al acercarse, le daba igual, quería verlo, saber dónde estaba y a dónde iba; cuando lo volvió a ver se volvió a sentar. Lo tenía todo controlado otra vez.
Estas fotografías forman parte de otra vivencia que
aparecerá en una entrada próxima.
El cazador se juntó con un segundo cazador y un perro más se unió a los dos perros del primero; comenzaron a subir por la ladera mientras el lobo, sentado a unos 70 metros de ellos, observaba como se iban. Ninguno de los perros se percató de la presencia del lobo. Ninguno de los cazadores supieron en ningún momento que tuvieron a un lobo controlándolos en todo momento durante una media hora.
Las cinco personas que allí estábamos no dábamos crédito a lo que acabábamos de ver. Los cinco lo interpretamos de la misma forma. El lobo había estado controlando la situación en todo momento; esta era nuestra interpretación, seguramente que otras personas pudieran entender que aquello fue un episodio de curiosidad por parte del lobo ante un cazador pero, desde luego, para los que allí estuvimos la sensación fue de control del lobo al cazador.
Agradezco enormemente a Fernando prestarme sus magníficas fotografías
para ilustrar esta entrada.
En muchas ocasiones vamos por el campo y tenemos la sensación de que nos están mirando. El lobo nos mira. Nos observa. Nos controla cuando entramos en su territorio. Nos evalúa como amenaza. Nos sopesa como un riesgo para él.
En varias ocasiones he podido sentir esos ojos que me observan; en una de ellas también sentimos su presencia y escuchamos su jadeo; en otra caminábamos tres personas por un camino cuando por una extraña sensación me recorrió la espalda, me giré y, ante mi sorpresa, un lobo cruzó el camino a escasos diez metros nuestros; venía detrás nuestro. Nos observaba. Me quedé tan impactado que con un susurro avisé a mis compañeros: "Jose un lobo acaba de cruzar el camino detrás nuestro". No lo volvimos a ver. Lo buscamos durante un buen rato pero no apareció; seguro que él sí nos veía.
Cuando los cazadores y sus perros se alejaron el lobo se levantó, se dio la vuelta y bajó al denso brezal en el que se había metido el otro lobo. Era como si le avisara que el peligro había pasado. Minutos después volvieron a salir los dos y continuaron hasta casi las doce y media deambulando por su territorio para reunirse con otro lobo más con el que se tumbaron entre unas hierbas altas y un cuarto lobo lo hizo, cerca de ellos, junto a un roble. A las 13:30 horas nos fuimos dejando a los lobos allí tumbados. Descansando. Dormitando hasta que cuando comenzara a anochecer se levantaran y comenzaran sus actividades como así fue.
Al final de la mañana disfrutamos del eclipse parcial de sol.
Alegría, Fernando, Miguel, Ignasi Castellví y yo sentimos lo mismo. Esta fue nuestra interpretación. Nuestra vivencia. Nuestro sentir. Quizás el lobo lo hizo por otros motivos que desconocemos pero desde luego nuestra sensación fue que estuvo controlando en todo momento la situación. Situación que será muy complicado que podamos volver a ver, diría que imposible pero que deja a las claras la inteligencia de un superviviente, de un animal sorprendente y fascinante, el lobo.

lunes, 4 de noviembre de 2013

Asturias: el paiño del puerto.
Hace dos fines de semana he estado en Asturias; lugar que me encanta ir ya qué en menos de media hora puedes ir de la montaña al mar. En el fin de semana he podido disfrutar de una gran variedad de animales dada esta variedad de ecosistemas; de entre todos los avistamientos he podido observar por primera vez algunas aves como el alcatraz, el colimbo grande o el picamaderos negro y en cuestión de mamíferos una marta (primera vez que veo una viva); además también he podido disfrutar de un precioso y solitario chorlito gris en la playa, varios vuelvepiedras, gaviotas (patiamarillas, sombrías y reidoras), buitres leonados, garcetas comunes, espátula, chova piquigualda, fochas, gallinetas, azulones, porrón europeo, estornino pinto y multitud de pajarillos (lúgano, escribano cerillo, pinzón común, mirlo común, herrerillo, carbonero común, lavandera blanca, verdecillo, verderón,...). Además de dos aves anilladas de las que espero conocer su historia (serán las protagonistas de una entrada aparte) y de la peripecia que tuvimos con un paiño europeo que va a ser el protagonista de esta entrada.
Lastres desde el Mirador del Fito.
Lastres es una población costera de calles empinadas, estrechas, de piedra, de una enorme belleza que descienden por la ladera hasta el puerto que fue el sustento de la villa a lo largo de los siglos. Lastres ha adquirido fama en los últimos años por ser el lugar en el que se desarrollaban las peripecias del Doctor Mateo en el pueblo de San Martín del Sella (Lastres) en la serie de televisión y por tener el MUJA (Museo del Jurásico de Asturias) un museo de recomendada visita tanto por la belleza del edificio en si como el contenido del mismo. Lastres está declarado Conjunto Histórico Artístico y fue Pueblo Ejemplar de Asturias en 2010; es un lugar muy recomendable para visitar.
Puerto de Lastres.
En este hermoso lugar, ya de noche, nos encontrábamos dando un paseo por su puerto admirando la belleza de las vistas del pueblo con sus luces reflejadas en el agua mientras los pescadores se afanaban por conseguir alguna captura cuando, junto al muro del puerto, nos fijamos que alteaba un pequeño pájaro que intentaba desplazarse por el suelo dándose golpes sin poder levantar el vuelo. Nos acercamos. Era un paiño europeo. 
Sus largas alas le impedían levantar el vuelo desde el suelo.
El paiño europeo es la más pequeña de las aves pelágicas, es decir, las que pasan toda su vida en alta mar y solamente se acercan a tierra para reproducirse. ¿Qué hacía allí? Lo examiné por si tenía algo roto. Las alas estaban bien. Las patas también pero tenía un golpe en el pico. Había que ponerlo a salvo ya que en el suelo sería un blanco muy fácil para los gatos que deambulaban por el puerto, para algún perro o cualquier persona que no le interesara su conservación.
De esta pequeña ave marina me llamaron poderosamente la atención tres cosas: las patas, los tubitos que tenía encima del pico y el blanco inmaculado que tenía en el obispillo.
Sus patas están palmeadas.
Sus pequeñas patas estaban palmeadas, algo normal teniendo en cuenta que vive toda su vida en alta mar y las necesita para moverse en el agua. Los pequeños tubitos llamados narinas tienen una función curiosa y específica; por ellos expulsará el exceso de sal tras haber bebido agua de mar; el blanco del obispillo destacaba en su plumaje negro como la noche.
Las narinas de su nariz y el único golpe que tenía, en el pico.
Tenía una herida en el pico, seguramente se había dado contra el muro del puerto y dada la longitud de sus alas no podía levantar el vuelo. Había que dejarlo en algún sitio en el que estuviese seguro. Recorrimos todo el puerto buscando un buen lugar y cuando volvimos me fijé en un pequeño cobertizo aislado en el que podía dejar al paiño sobre el tejado. Nos acercamos y lo lancé al tejado de forma suave y, para nuestra sorpresa, el pequeño paiño consiguió volar, girándose para volver a chocar contra el muro del puerto pero esta vez no calló al suelo sino que remontó el vuelo y se fue hacia una alta farola donde se posó y se quedó.
Obispillo blanco.
Lo estuve observando unos minutos. Estaba bien y seguro. Había pasado un peligroso momento y allí se quedaría, seguramente hasta el amanecer para volver nuevamente al mar, su hogar, donde vivirá su larga vida (los paiños pueden vivir más de treinta años) buscando comida o siguiendo a los barcos pesqueros. Era extraño ¿Por qué estaba el paiño allí, en tierra firme? ¿Se había despistado y dado contra el muro? ¿Estaba criando en el acantilado cercano y acudía por la noche a su nido (algo complicado porque anida en junio) y se había dado contra el muro? Un misterio que se quedará sin resolver.