miércoles, 25 de febrero de 2015

De paseo por Valorio II.
El 20 de Mayo de 2011 el Bosque de Valorio fue declarado Zona Natural de Esparcimiento de Castilla y León por la Junta. Figura jurídica de protección para “enclaves de fácil acceso desde núcleos urbanos para proporcionar a la población lugares de descanso, recreo y ocio de un modo compatible con la conservación de la naturaleza”. Esta declaración lo protege de futuras actuaciones irregulares o perjudiciales o no, quién sabe…
En este bosque sigo paseando y, desde la anterior entrada sobre Valorio, he podido ver nuevos habitantes que podemos encontrar estos días en el bosque; me voy a centrar en algunos no muy comunes o muy raros de encontrar. El primero de ellos es un ave que nunca había visto en el bosque y que, en teoría, todavía no debía de estar en la península Ibérica pero que, seguramente, sea uno de esos ejemplares invernantes que pasan los meses más fríos entre nosotros, el torcecuello.
Hace unos días J. Alfredo Hernández, amigo y el mejor conocedor del bosque de Valorio y sus habitantes, descubrió la presencia de un torcecuello en Valorio. Al día siguiente de descubrirlo Alfredo fui a intentar verlo; después de más de una hora de buscar donde había sido visto, decidí marchar ya que no aparecía por ningún lado pero, en muchas ocasiones, suceden las cosas sin buscarlas, ni esperarlas, por entera sorpresa y casualidad, así fue, cuando, un par de días después, pasé por el lugar y, sin buscarlo, apareció.
Allí estaba. En el suelo. Comiendo. Mirlos comunes y estorninos eran compañeros de banquete de este desconfiado pájaro carpintero que comía agachado pero pendiente constantemente de lo que sucedía a su alrededor; se movía a pequeños saltos, como los mirlos pero no dejaba de mover la cabeza y estirarse de vez en cuando para observar todo lo que le rodeaba.
Es un pájaro carpintero atípico ya que no hace los nidos como los demás carpinteros picoteando el tronco de un árbol, ni apoya su cola en el tronco para mantener el equilibrio pero si tiene una larga lengua que le permite rebuscar en grietas de los árboles o en suelo, entre las hierbas, para comer su plato favorito, las hormigas, como estaba haciendo este que se movía por el jardín sin llamar la atención.
Mi primer recuerdo de un torcecuello es, como muchos otros, un recuerdo de infancia, de una infancia en la que el viernes por la noche estaba reservado para el capítulo de El Hombre y la Tierra del gran Félix Rodríguez de la Fuente, en uno de esos capítulos el torcecuello estaba metido en un tronco caído en el suelo y un turón se le acercaba; ahí descubrí el por qué de su nombre ya que cuando el turón se le acercaba, el torcecuello se movía adelante y atrás, se estiraba, se contorsionaba y encogía y retorcía la cabeza como si fuera una serpiente con lo cual el turón estaba totalmente desconcertado, tiempo suficiente para que el torcecuello saliera del tronco y escapara. (Los que no conocéis estas imágenes os recomiendo que lo veáis aquí). Este peculiar movimiento de cuerpo y cuello es un efectivo sistema de defensa pero también lo utiliza en el cortejo girando la cabeza unos 180º.
El torcecuello seguía comiendo. Sobre el verde del césped se veía perfectamente su color, si aún sobre el verde intenso es difícil de ver imaginaros cuando está en un árbol; es mimético, es una prolongación de la corteza. Sus colores pardos, negros y grises y su disposición le hacen ser un ave muy difícil de ver y de encontrar,  incluso cuando canta, lo estás oyendo pero no hay manera de localizarlo.
Ver un torcecuello en Valorio es muy complicado y, estas fechas, más todavía aunque como me comenta J. Alfredo Hernández con su voz tranquila y sosegada cada cierto tiempo se ve alguno en el invierno, espero poder ver a esta ave tan curiosa y hermosa algún día más por el bosque.
Muy cerca de donde se encontraba el torcecuello han estado un par de semanas un pequeño grupo de zorzales alirrojos.
El zorzal alirrojo es el más pequeño de los zorzales que tenemos y es, también, un ave muy hermosa. Es esbelto, elegante, inquieto, con una característica franja blanca sobre el ojo y el tono rojizo bajo sus alas. Siempre lo he visto en la misma zona, rebuscando incansablemente entre la hojarasca hasta localizar alguna lombriz que rápidamente se comía ya que estaba constantemente acosado por los mirlos que, superiores en tamaño y en número, rápidamente iban a quitarlo del lugar en el que estaba escarbando.
En el mismo lugar también se movían zorzales comunes que, al igual que los mirlos comunes, acosaban a los zorzales alirrojos en las zonas en las que rebuscaban; cuando el alirrojo se veía amenazado subía a la rama de un árbol y esperaba a que pasara el peligro ya fuera una persona o a que el mirlo o zorzal común se fueran.
Algo también curioso es que uno de esos días pude ver otro zorzal que nunca había visto en Valorio, el zorzal charlo que también estaba junto a los alirrojos y los comunes pero no lo he vuelto a ver.
Si he podido disfrutar de tres zorzales diferentes también, en el mismo día, pude ver cuatro de nuestros siete pájaros carpinteros: el pico menor, el pito real, el pico picapinos y el torcecuello; esta época es la mejor para verlos ya que los árboles están limpios de hojas y se localizan mejor (aunque no es fácil). 
Una auténtica gozada ya que los pájaros carpinteros me gustan especialmente quizás por la evocación bucólica de que mi abuelo era carpintero y, mucho tiempo de mi infancia y juventud, la pasé en su carpintería a orillas del Río Duero.
El picogordo es otro de los que comían cerca de donde se encontraba el torcecuello. Como digo muchas veces, Valorio es agradecido y siempre que bajas ves algo, más o menos, pero ves algo. 
Búho chico, agateador común, herrerillo, carbonero, lavanderas, mitos, moscones o petirrojos y colirrojos se pueden ver estos días moviéndose por el bosque. Incluso, viendo muy poco, pasear por el bosque siempre es una auténtica delicia. 

domingo, 22 de febrero de 2015

Tórtola europea: el preocupante declive del ave del año.
Desde 1988 SEO/Bird Life elige un ave (por votación) cuya situación se encuentre en un estado preocupante o que haga falta que nos fijemos un poco más en sus problemas. Este año 2015 ha sido elegida la tórtola europea como ave del año, una especie que ha pasado de ser común en nuestros campos a verse mucho menos, aún siendo una ave con una buena población hay que tener una seria concienciación del enorme declive que ha experimentado en los últimos tiempos.
Hace años se veían tórtolas europeas con bastante frecuencia, en buenos números y en muchas localidades de nuestra provincia algo que ha cambiado por completo; el declive de esta especie es espectacular y alarmante; como ejemplo valga que solamente he visto tórtola europea en el 2014 en dos ocasiones, en dos comarcas zamoranas, una al sur, La Guareña y otra al noroeste, Sanabria. Este hecho quizás para muchos de vosotros no sea significativo pero para mi si ya que hace años las veía en muchas localidades sin ni siquiera buscarlas, había un número muy importante de ejemplares.
La tórtola europea es la más pequeña de las palomas; es un ave realmente hermosa de colores vistosos donde los ocres, marrones, grises, negros o rosados se entremezclan como si hubieran sido pintados por un pintor de renombre, tiene una estilizada figura y penetrante mirada envuelta en una mancha orbital de un rojo intenso que rodea un ojo naranja-rojizo despierto y atento a cualquier peligro que se pueda acercar.
La tórtola europea viene a la península Ibérica a finales del mes de abril para criar en nuestros campos y migrar a África sobre el mes de octubre. En España está catalogada como Vulnerable en el Libro Rojo de las Aves, estimándose una población  de entre 800.000 y 1.000.000 de parejas.
Aún con estas cifras su descenso ha sido alarmante y preocupante, según la Fundación Biodiversidad a través del Ministerio de agricultura, alimentación y medio ambiente: "En España se ha cifrado ese descenso entre un 20% y un 49% de la población en 20 años".
Las razones fundamentales de este declive son la degradación de sus zonas de cría y la enorme presión de la caza que tiene que soportar en épocas muy sensibles de su ciclo vital. Así, durante el mes de agosto, en el que se abre la media veda, muchas tórtolas son cazadas mientras están criando aún, con lo cual, sus pollos, también morirán; si no son cazadas y los pollos comienzan a salir de los nidos son fácilmente cazables dada su inexperiencia e incapacidad para poder hacer vuelos de huida de los cazadores.
A la degradación de sus zonas de cría o la caza hay que añadir un competidor relativamente nuevo, la tórtola turca, una ave invasora que apareció por primera vez en Asturias en 1960 (Castroviejo) y comenzó a criar en 1974 en Santander (González Morales) para ir extendiéndose y creciendo exponencialmente por toda la península Ibérica hasta convertirse en un verdadero problema en muchas zonas.
Todas las especies invasoras son introducidas pero no todas las introducidas son invasoras. Para que una especie se considere invasora debe de asentarse y ser capaz de criar, es decir, se debe asentar y si entonces afecta a las especies autóctonas, se considerará invasora; por lo tanto la tórtola turca es una especie invasora que se ha hecho muy común y abundante.
El declive de la tórtola europea es un hecho relevante que debería de tener más repercusión ya que la concienciación de su enorme bajada pasa, como con muchas cosas relacionadas con la naturaleza que nos rodea, totalmente desapercibida o no se le da la importancia que merece y tiene.

martes, 10 de febrero de 2015

El leucismo.
Hace unos días pude ver un grupo de grajillas muy cerca de mi casa que picoteaban en el suelo, todo parecía normal pero, al fijarme, me di cuenta que había dos de ellas que tenían algo peculiar, algo diferente, eran parcialmente blancas, eran dos grajillas con un posible leucismo.
El leucismo es una rareza genética debida a un gen recesivo, se produce por que, aunque el ave produzca melanina (pigmento de color negro o pardo negruzco) de forma normal, el pigmento no se deposita en las células de las plumas, con lo cual quedan blancas en vez de su coloración normal. Las aves con leucismo no tienen plumas de color intermedio. Cada pluma es de su color natural o completamente blanca. 
Alrededor de donde vivo hay varias iglesias románicas y, en ellas, habitan varios grupos de grajillas. En esas grajillas tengo comprobada la existencia de tres con posible leucismo, estas dos y otra que tiene la cabeza blanca y, siempre que la veo, voy sin cámara de fotos (pasa más veces de las que nos gustaría); es, desde luego, un animal muy curioso.
En todo organismo nos encontramos con genotipo y fenotipo. El genotipo es toda la información genética que tiene un organismo, es decir, los genes. Por el contrario el fenotipo son sus rasgos.
Toda la información que tiene un organismo en los genes, puede manifestarse o no manifestarse, es decir, puede verse o no verse. Por lo tanto el fenotipo será la expresión de esos genes más la influencia que pueda ejercer el medio que rodea al organismo.
Estos rasgos del fenotipo pueden ser de comportamiento (etología) o de rasgos físicos (morfología, fisiología,…). En definitiva, el genotipo son los genes del organismo y solamente se pueden apreciar estudiando el ADN y el fenotipo es la manifestación visible de esos genes que se ve mediante la observación directa de ese organismo.
En el caso de estas aves leucísticas para que sea visible (fenotipo) este color blanco en su descendencia, tiene que darse la coincidencia de que esa ave se empareje con otra que también lleve en sus genes (se muestre o no) ese gen recesivo que le provoca el leucismo.
En el leucismo hay diferentes grados y según pasa el tiempo el animal leucístico se va poniendo cada vez más blanco como le pasó al ave con leucismo más impactante y hermosa que he visto, el mirlo blanco.
A este mirlo le dediqué una de las primeras entradas del blog. A este mirlo lo estuve viendo varios años pero no lo he vuelto a ver desde hace algo más de dos años con lo cual, seguramente haya desaparecido pero, por la zona en la que andaba, hay un nuevo mirlo con alguna pluma blanca, muy posiblemente descendiente suyo y que si se corrobora que tiene leucismo se irá poniendo cada vez más blanco.
Un animal con leucismo no es albino, son cosas diferentes; el albinismo es la incapacidad para fabricar melanina, por eso, quienes lo portan, son completamente blancos; mientras que en el lecuismo el ave produce melanina de forma normal pero no se deposita en las células de las plumas poniéndose algunas totalmente blancas; además las aves con leucismo tienen el pico, los ojos y las patas de color normal no como los albinos que tienen los ojos rojos.
En muchos parques o colecciones particulares se han seleccionado los individuos leucísticos por su vistosidad como, por ejemplo, con los pavos reales.
También puede suceder lo contrario, es decir, cuando se produce un exceso de melanina en el plumaje, volviéndose oscuro (negro o marrón oscuro). Entonces, se llama melanismo, pero eso puede ser otra historia.