domingo, 24 de enero de 2016

Gaviotas viajeras y gaviota cana tardía.
Hace unos días me acerqué hasta el Centro de Residuos Urbanos de Zamora en el que actualmente las cigüeñas blancas son las reinas del lugar pero también se puede ver garcilla bueyera, milano real, garza real…y gaviotas, cuya presencia varía de unos días a otros; este invierno era la tercera vez que iba y todavía no había visto ninguna “gaviota grande”, algo que cambió por completo en esta visita.
Me centré en una pequeña laguna junto al vertedero. Allí, normalmente, acuden las gaviotas a beber o descansar así es que esperé el momento. Pasados unos minutos llegó un bando de unas 40 gaviotas reidoras y al poco tiempo otro bando de alrededor de 120 gaviotas sombrías de diferentes edades.
La identificación de gaviotas me parece verdaderamente muy complicada y admiro profundamente a los que son capaces de identificarlas ya que, como sabéis, además del plumaje de las adultas hay una enorme variabilidad en las diferentes edades de una misma gaviota, lo que hace que, su identificación, sea muy complicada y más para alguien que no está acostumbrado a verlas.
Entre este nutrido grupo de gaviotas sombrías aparecieron varias anilladas. Anilla que es como si fuera su DNI, anilla que cuenta su vida, su historia. Esa anilla llevará un número y un remite nacional que servirá para saber todos los datos de esa ave. Pero no solamente es importante anillar al ave sino que es tan importante o más, intentar seguir sus evoluciones, es decir, saber a dónde va, qué distancia recorre, cuáles son sus rutas y eso se hace mediante la comunicación de todos aquellos que la ven en un lugar, leen la anilla y lo comunican. Con la documentación de esos avistamientos se pueden saber sus rutas migratorias, su longevidad o sus desplazamientos.
Cuando ves un ave anillada lo primero que haces es intentar leer el collar, el código de colores, las letras o los números de sus patas; todo dependerá de la distancia, de la posición de la numeración, de los movimientos del animal o del tiempo que sea observado. Todas las aves tienen una anilla metálica que es muy difícil de leer a distancia, con lo cual, se comenzaron a poner, a un tanto por ciento de estas aves anilladas, collares en el cuello o anillas de colores, letras o números en las patas para poderse leer desde lejos, algo que facilita su lectura aunque, en muchas ocasiones, tienes un ave delante de ti y eres incapaz de leer su anilla o collar ya sea por la luz, la posición del animal, lo fugaz de la observación, lo tapado que esté o las inclemencias del tiempo como me sucedió una mañana en el mismo lugar de esta historia en el que por la niebla, fui incapaz de leer completa ninguna anilla de las gaviotas que tenía delante y pude distinguir anillas de color rojo, naranja, negro, blanco, amarillo, verde y azul pero no conseguí leer entera ni una sola, algo que, os aseguro, es una gran frustración.
Pero, en esta ocasión, tuve más suerte y aparecieron varias gaviotas sombrías anilladas que sí conseguí leer y me hicieron una gran ilusión.
Gaviota sombría con dos reidoras.
La gaviota sombría es una de las gaviotas más comunes y conocidas; su número en Zamora ha ido aumentando considerablemente en los últimos años y, por el contrario, la gaviota reidora que era la más común, está viendo como su población está bajando sistemáticamente. Es una gaviota grande (un poco menos que la patiamarilla) en la que: ”Los adultos tienen la espalda y el dorso de las alas de color negro pizarroso y las puntas de las primarias negras con manchas blancas, siendo el resto del plumaje blanco. El pico, como el de otras grandes gaviotas, es amarillo con una mancha roja en el extremo de la mandíbula inferior y las patas amarillas, así como los ojos, que están bordeados con un anillo orbital naranja brillante” (fuente: pajaricos.es)
Si es importante comunicar la observación es igual de importante que el anillador te conteste ya que en algunos casos nunca más vuelves a saber nada; en este caso la comunicación fue muy rápida y eficiente en cuatro de las gaviotas y, sus anilladores, Peter Rock y Paul K. Veron fueron tremendamente amables en sus rápidas contestaciones a los cuales quiero agradecerles enormemente su entera predisposición algo, que como he comentado anteriormente, en algunas ocasiones no pasa. Estas rápidas localizaciones de los anilladores las conseguí gracias a la magnífica página de Antonio Guiterrez que tiene un enorme seguimiento de gaviotas anilladas y que me facilitó, muy amablemente, los contactos, al cual le quiero agradecer su entera disponibilidad y amabilidad en cuanto te pones en contacto con él.
Estas gaviotas migradoras vienen al vertedero en busca de comida fácil y cómoda que consiguen sin ningún problema y es, en la pequeña laguna, donde cinco de ellas comenzaron a contar su historia.
La primera de ellas es la 2AU3 una hembra que fue anillada en el cuarto año de calendario el 20 de mayo de 2013 por Paul K. Veron en Guernsey, una pequeña isla situada en el Canal de La Mancha que pertenece a Gran Bretaña pero está muy cerca de la costa Francesa. Esta gaviota ha sido vista once veces en total, siendo esta la primera observación que tiene en España; anteriormente había sido vista seis veces en su lugar de anillamiento y cuatro en Portugal (tres veces en Figueira da Foz y la última en Porto, lugar relativamente cercano a Zamora).
Según estas observaciones se puede deducir que esta gaviota pasa gran parte del verano en su lugar de anillamiento, Guernsey, y, en el invierno, se desplaza hasta la península ibérica donde se ha localizado en en Figueira da Foz y Porto en Portugal y Zamora en España.
La segunda es un macho que también fue anillada en el cuarto año de calendario por Paul K. Veron en Guernsey. Es la 4AA0 anillada el 20 de mayo de 2011 y ha sido vista doce veces: siete en Guernsey, una en Aldernay (otra de las islas pertenecientes al Bailío de Guernsey), una en Faro (Portugal) y tres en España, dos en Pinto (Madrid) y esta observación en Zamora.
Al igual que la anterior gaviota se puede deducir que pasa gran parte de verano en las islas del Canal de la Mancha (su lugar de anillamiento) y en el invierno se desplaza hasta Portugal parando en España. En Portugal ha parado en el mes de octubre mientras que en España en diciembre y enero, con lo cual, según estos datos podría ser que parara en España cuando está de regreso aunque, como no se sabe o no se ha visto, también podría no ser así.
La tercera era la C+P que resultó ser de procedencia inglesa y hacía algo más de tres años que no se veía en ningún lugar, mejor dicho, hacía algo más de tres años que nadie leía su anilla o se había fijado en ella. Esta gaviota es una hembra que fue anillada como ejemplar de cuarto invierno el 26 de junio de 2012 por Peter Rock en Bath (Gran Bretaña) y, solamente, había sido vista una vez en Lariño (A Coruña) el 4 de noviembre de 2012.
La siguiente de las gaviotas era de procedencia islandesa y me faltó por leer el último de sus números o letras YN3?, ya que en ningún momento salió del agua lo suficiente como para poder verlo; aún así mandé los datos a su anillador en Islandia por si acaso podía deducir el número o letra que faltaba pero todavía no he recibido contestación.
La siguiente es una nueva gaviota sombría anillada por Paul K. Veron en Alderney, una de las islas del Bailío de Guernsey. La 3.L1 fue anillada el 12 de junio de 2010, es un macho que ha sido visto 34 veces: 32 en las islas donde se anilló (Guernsey (27 veces) y Alderney (5 veces)), 1 en Francia (Manche) y esta observación en Zamora  que es la primera observación en España y, curiosamente, la primera observación entre octubre y junio.
Gaviotas viajeras que cuentan una historia como es la historia de una observación de hace unos años que se hace realidad ahora. Hace unos días mandé a Miguel Rodríguez, joven naturalista de una enorme sabiduría, gran cordialidad y mejor predisposición, unas fotografías de unas gaviotas realizadas en el vertedero de Zamora para que las observara y viera si había alguna interesante; a los pocos minutos de mandarle las fotografías me contestó con su descubrimiento. Acababa de ver en una de las fotografías una gaviota cana de primer invierno vista el 10 de noviembre de 2012.
Gaviota cana a punto de levantar el vuelo del agua
(es la que está abajo a la derecha con las patas
todavía en el agua).
La gaviota cana es una gaviota que no se ve mucho en el interior, con lo cual, su observación es bastante interesante. Es una gaviota elegante y bonita que fue una pena no haber sido capaz de identificarla en su momento pero, como decía al principio, las gaviotas me parecen muy, muy complicadas y más para alguien de interior que no está familiarizado a verlas pero todo es cuestión de ponerse a estudiar y dedicarles tiempo.

viernes, 8 de enero de 2016

El lobato y el ciervo.
Un fuerte berrido se escucha en el valle. Comienza la berrea y el gran macho grita a los cuatro vientos su fuerza, su poderío…asoma la cabeza entre los altos brezos y una poderosa cornamenta se eleva al cielo, mira a un lado y al otro, se levanta mostrando el lomo de un gran ciervo, un ciervo que demuestra su potencia, su fuerza, su poderío. Echa la cabeza hacia atrás. Abre la boca y emite un berrido fuerte, ronco, largo que retumba en el pequeño valle con un eco que hace que el berrido sea todavía más impactante. Un grupo de ciervas se yerguen, estiran sus cuellos, levantan las orejas y las enfocan hacia el gran macho que tienen a su derecha. El gran ciervo las mira orgulloso, satisfecho.
Mientras tanto, en la otra ladera del pequeño valle, una cabeza se asoma entre los brezos. Estira su pequeño cuello. Tensa todos sus músculos. Enfoca sus grandes orejotas hacia el sonido y espera. ¿Qué es eso? El lobato es la primera vez que escucha ese potente sonido. Ha visto grandes machos pero jamás ha escuchado ese potente sonido en el valle. El gran ciervo vuelve a berrear y el lobato no se mueve, está hierático, sentado entre los brezos, tenso y expectante. ¿Qué querrá ese ciervo?
El gran ciervo comienza a moverse y, de repente, arranca a correr ladera abajo con una potencia tremenda, va rompiendo brezos y escobas. El lobato le sigue con la mirada. Continúa quieto, inmutable, expectante. El gran ciervo baja al valle y comienza a subir la ladera en la que se encuentra el pequeño lobo que ve como el gran ciervo va directamente hacia él. El lobato adopta una de las posiciones que todo joven lobo aprende desde muy pequeño, se tumba como una auténtica alfombra entre los brezos, desaparece, se lo ha tragado la tierra.
El gran ciervo continua corriendo a grandes trancos. Vuelve a berrear. Llega a la altura de donde se encuentra el joven lobo que continúa inmutable, confundido entre el terreno, sin moverse nada en absoluto. El gran ciervo pasa al lado del lobato que ni siquiera levanta la cabeza; la precaución y el pasar desapercibido serán dos armas que le permitirán sobrevivir. El gran ciervo ha pasado al lado del joven lobo sin enterarse de nada, sin ni siquiera sospechar que estaba ahí tumbado, escondido, agazapado.
El gran ciervo sólo tenía en mente otro ciervo que había asomado por lo alto del valle. Otro macho que puede ser un competidor. Otro macho que puede quitarle a las hembras que siguen mirando la escena impasibles. El gran macho sube ladera arriba y el lobato vuelve a sentarse. Estira el cuerpo. Estira el cuello. Levanta la cabeza. Enfoca las grandes orejotas y le sigue con la mirada, atento, observa como el gran ciervo, que ha pasado junto a él, corre ladera arriba donde otro ciervo berrea y reta al dueño del valle. El gran ciervo se acerca al recién llegado. Se para. Berrea. El intruso berrea y comienza a andar por lo alto de la ladera. El gran ciervo hace lo mismo. Caminan paralelos. Muy cerca uno de otro. Según caminan se retan con la mirada, con nuevos berridos que el lobato escucha sin moverse, continúa sentado, observando como los dos grandes machos caminan paralelos varias decenas de metros, tiempo suficiente para que el recién llegado comprenda que no tiene nada que hacer ante el dueño del valle. Es más grande, más potente, más fuerte. En otra ocasión será. Se retira. Da media vuelta. Ha perdido.
El lobato continúa expectante, en alerta, no se ha movido en ningún momento, sigue con la mirada al gran ciervo que camina orgulloso por la ladera hacia el fondo del valle; cuando considera que el peligro ha pasado se pone de pie. Es un lobato precioso, de unos cinco meses, está bien cuidado y enseñado ya que ha actuado como su instinto le ha dicho pero también como le han enseñado ya que los adultos le enseñan a comportarse en situaciones de peligro y esta era una. Estaba sólo ante el gran ciervo ¿estaba sólo?
No. Una joven loba se asoma entre los brezos a unas decenas de metros de donde se encuentra el pequeño, se levanta y le mira. Ha estado allí. Ha estado observando las evoluciones tanto del ciervo como del lobato y hubiera intervenido si la situación se hubiese tornado peligrosa, si el ciervo hubiese intentado atacar al joven lobo o si el lobato hubiese actuado de otra forma. Es su cuidadora. Su niñera y debe de protegerlo pero también enseñarle a comportarse y a actuar ante situaciones comprometidas. La loba no ha perdido detalle de todo lo que allí ha sucedido. Está orgullosa del pequeño y continuará vigilándolo hasta que el resto del grupo vaya llegando. El lobato se relaja. Se mueve y baja al valle donde comienza otro aprendizaje, comienza a jugar…