jueves, 25 de febrero de 2016

Mochuelos, búhos y lechuzas: ¿Buena o mala fama?
Todos los días desde hace unos cuantos años en una de las partes del colegio podemos ver a un pequeño mochuelo que nos deleita con su presencia. Su figura regordeta es inconfundible para los niños que van subiendo hasta la ESO y llegan a las aulas en las cuales les imparto clase.
Allí lo ven casi todos los días. Asomado en su agujero. A la puerta de su casa. A la puerta de su hogar pero también lo vemos moverse por los tejados o posarse en las chimeneas. Está sólo todo el año pero, en época de cría, aparece su pareja y, año tras año, sacan adelante una pollada de preciosos mochuelos.
Es una gran satisfacción poder verlo allí y explicar a lo niños que es, como vive, que come,…es educación ambiental en plena clase de cualquier otra asignatura; explicarles que su población ha descendido desde finales de los años noventa en un 40% por la alteración de su hábitat (necesita espacios abiertos y posaderos para cazar), la utilización de pesticidas, la eliminación de árboles viejos, setos y lindes; pero que nuestro mochuelo sigue aquí, en su pared, en su agujero.
El mochuelo ha estado presente en nuestras vidas desde tiempos inmemoriales, como lo atestiguan refranes comunes como, “cada mochuelo a su olivo” o “cargar con el mochuelo” pero  también es un asiduo en mitos y leyendas desde hace  miles de años, al igual que los búhos o las lechuzas pero ¿todos tienen la misma simbología? ¿significan lo mismo? ¿los vemos igual? ¿tienen la misma fama?
Todos recordamos los dibujos animados o los cuentos en los que aparece un búho en el agujero de un viejo árbol, en todos ellos es el sabio del bosque, el que más sabe, al que todos piden consejo.
Un mochuelo o un búho son discretos. Observan ocultos. Observan sin ser vistos. El mochuelo y los búhos se han asociado desde antiguo con la sabiduría. La diosa griega Atenea era la diosa de la sabiduría, de las artes y le acompañaba un mochuelo con ella, simbología que ha llegado hasta nuestros días. Por el contrario la lechuza es más escandalosa y su plumaje es más llamativo, más fantasmagórico además de que emite un sonido chirriante y fuerte que poco tiene que ver con el sonido plácido de los búhos por lo que, la lechuza, se ha relacionado, desde antiguo, con la dama blanca que viene del inframundo, del mundo de los muertos, como si fuera un fantasma en la noche, una guía de las almas, la mala suerte y, además, la lechuza, solía vivir en cementerios, casas caídas, abandonadas o viejas iglesias que agrandaban su mala fama asociada también a la brujería o las malas artes.
Por lo tanto los mochuelos y búhos han sido relacionados con la sabiduría y el discernimiento por su capacidad de discreción, su observación sin ser vistos, por su actitud pensativa, por su plumaje discreto y su sonido poco escandaloso por el contrario, la lechuza, ha tenido muy mala fama, su plumaje tan llamativo, su voz chirriante y vivir en casas abandonadas, ruinas o cementerios la condenó a ser considerada como un ave de mal agüero relacionada con la muerte, lo fantasmagórico o la brujería, algo que todavía en muchos lugares se sigue pensando. Ideas que han calado a lo largo de la historia, ideas que gracias al aumento en el nivel cultural han ido cambiando poco a poco aunque sean muy dificiles de erradicar definitivamente.

domingo, 14 de febrero de 2016

Perdiz pardilla. Una maravilla poco valorada.
Allí estaba. Quieta. Inmutable. Hierática. La ventisca soplaba con una fuerza tremenda a su alrededor, el aguanieve caía arrastrada lateralmente empapando todo a su paso. Las nubes bajas. La nieve cubriendo el entorno. Allí estaba. Agazapada. Protegida por los brezos que paraban la fuerte ventisca.
Nos mira. Nos observa. Sigue inmutable. Está sola en una tierra dura y complicada, en una tierra que conforma su lugar de existencia, un lugar al que ha sido relegada a lo largo de los años, un lugar a más de 1.500 metros de altura sobre el nivel del mar, un lugar en el que viven las últimas perdices pardillas de nuestra tierra, un lugar que ojalá sea un feudo inexpugnable para que pueda progresar lentamente, un lugar mágico, precioso y espectacular, la Alta Sanabria.
Se levanta. Se estira pero no nos pierde de vista. Comienza a caminar lentamente hacia los brezos. Ahora podemos verla en todo su esplendor. Es hermosa. Su plumaje es una muestra de su adaptación. Se camufla perfectamente con su entorno. Cabeza alta mostrándonos su color rojizo pardo, su pico gris claro. Camina por el borde de los brezos, protegiendo así su plumaje y manteniéndose seca; con esta ventisca si entrara en los brezos y se le descolocaran las plumas podría mojarse, así es que permanece en el borde, con el plumaje haciendo de coraza inexpugnable ante la adversidad del agua, de la nieve y del viento.
¿Por qué estará sola? Varios metros más a su izquierda tenemos la respuesta. Un ruido de chasquidos, alas agitándose y pequeños golpes llaman nuestra atención. Dos machos están librando una dura pelea. Una pelea violenta. Una pelea en la que se pican febrilmente, se lanzan uno sobre el otro con una fuerza y violencia impactantes. Se levantan. Saltan y sus patas se convierten en poderosas armas para atacar al contrario. Golpes. Picotazos. Arañazos. Saltan. Caen. Se arañan. Se pican. Agitan las alas frenéticamente para coger impulso, levantarse mínimamente y atacar al rival con las patas levantadas y estiradas, donde las uñas son como pequeños cuchillos que buscan al oponente. La febril lucha dura unos minutos, tras los que el perdedor se retira en un vuelo corto hacia el interior del brezal. El ganador está satisfecho. Se estira. Se sube en un pequeño promontorio y canta el himno de su triunfo emitiendo su chasquido típico que hace honor a su nombre en estas tierras, la charrela. Otra perdiz sale de detrás de un brezo. Es una hembra. Se juntan. El ganador está exultante. Caminan juntos por el borde del brezal. De repente, el  ganador, emprende la carrera frenéticamente.
Hay otras dos perdices más a la izquierda. Otros intrusos que no puede permitir en su zona. Se acerca velozmente para expulsarlos de su tierra conquistada. Según se acerca las otras perdices no quieren saber nada y emprenden la huida rápidamente, seguramente sean otra pareja. Estamos en época de emparejamiento. En época de marcar territorio. De defender una zona y a su pareja con la que criará, año tras año, la futura generación de pardillas. Sube en otro promontorio y vuelve a cantar. La charrela está exultante.
La charrela, perdiz pardilla, es un ave escasa que está considerada en el Libro Rojo de las aves de España como vulnerable y, actualmente, está prohibida su caza, aunque de vez en cuando nos encontremos con noticias del decomiso de ejemplares a cazadores que han matado alguna aludiendo que creían que era una perdiz roja.
La pareja de perdices pardillas se junta hasta tocarse como en un tierno abrazo, se restriegan las cabezas reforzando su vínculo que perdurará año tras año. Se pierden en la ventisca. Se van. Desaparecen al borde del brezal. Continúan su vida. No irán muy lejos. Su territorio es ese y lo defenderán, la época de cría está cerca y en ella colaboran los dos, tanto el macho como la hembra intentarán sacar adelante a sus pequeños hasta que puedan valerse por si mismos. Se esfuman entre la nieve, la niebla y el viento.
Mi cara dibuja una sonrisa de oreja a oreja. Llevaba mucho tiempo con ganas de disfrutarlas así, tan cerca, de una manera tan natural, siempre las había visto de lejos; cuando caminas por estos maravillosos parajes y vas pendiente de poder verla, tienes que ir muy atento ya que suele escabullirse entre los arbustos y no la verás o lo harás muy fugazmente, ya que prefiere escapar corriendo que salir volando, algo que solamente hará cuando estés prácticamente encima de ella y será un vuelo corto para, rápidamente, meterse entre los matorrales y continuar corriendo. Pero hoy había sido diferente, hoy había sido una gran satisfacción. Me giré hacia mi compañero y le di unos enérgicos golpes en el hombro de agradecimiento y complicidad. Gracias amigo. Gracias Hipólito Hernández.
Huellas y excrementos de la perdiz pardilla.
Que nunca desaparezcan...
No las volvimos a ver pero nuestra satisfacción se mostraba en nuestra amplia sonrisa y ojos chispeantes. La perdiz pardilla es una joya de nuestra tierra, es una especie emblemática que no está tan valorada como se merece. Es una especie que hay que cuidar, es un bien natural, un bien común que debemos de saber apreciar, disfrutar, valorar y respetar porque si no lo hacemos se irá, desaparecerá y entonces, no habrá remedio y lamentaremos no haberlo intentado. Parece que, muy lentamente, está remontando el vuelo, por lo menos, no sigue su caída en picado, en buena medida gracias a los programas de Conservación del Parque Natural del Lago de Sanabria y alrededores que con sus técnicos y agentes medioambientales entusiastas y amantes de la naturaleza le han dado un gran empujón, esperemos que definitivo, hacia la salvación de esta increíble y bella especie que tenemos en nuestra provincia. Todo un lujo que debería de estar más valorado.

miércoles, 10 de febrero de 2016

200.000 visitas. Gracias a todos.
El camino de este blog comenzó hace algo más de cuatro años. En mayo de 2011 se inició su andadura de una forma meramente experimental y fue, en octubre de ese mismo año, cuando me decidí plenamente a llevarlo a cabo, a intentar ser regular y constante en la publicación de entradas.
Desde entonces han pasado algo más de cuatro años en los que he intentado que siguiera activo que fuera interesante, divulgativo y atractivo.
Espero haber conseguido llamar vuestra atención e interés, o que estas entradas hayan servido como una ventana al maravilloso mundo de la naturaleza que nos rodea. He intentado divulgar nuestro entorno para ser capaces de apreciarlo, valorarlo y respetarlo; espero haber conseguido algo de lo propuesto.
200.000 visitas con 263 entradas, 1351 comentarios y visitas de casi 100 países diferentes son un bagaje que nunca imagine cuando comenzó esta historia ya que los principios fueron muy complicados.
Gracias a todos los que seguís el blog de forma regular. Gracias a todos los que habéis entrado de vez en cuando. Gracias a todos los que me habéis prestado fotografías. Gracias a todos los que me habéis dado consejos y asesoramiento. Gracias a todos porque sin vosotros este blog no existiría.
La aventura continúa. Espero que os siga gustando y que no decaiga vuestro interés por este blog humilde pero hecho con gran cariño e ilusión. Gracias a todos.

jueves, 4 de febrero de 2016

¿Por qué hay dormideros de aves?
Muy cerca de mi casa hay varios dormideros de aves, en la zona del río hay un dormidero de garcillas bueyeras, otro de urracas, otro de estorninos y otro de grajillas; en el parque del castillo podemos ver otro de grajillas que unos días están ahí y otros en la torre de la catedral; durante muchos meses las cigüeñas blancas duermen sobre tejados de iglesias y palacios así como la cúpula de la catedral. Y, si me acercó hasta el bosque de Valorio, hasta los búhos chicos duermen durante el invierno en pequeñas concentraciones en el mismo árbol. Dormideros alrededor de donde vivo, dormideros urbanos, dormideros de aves que se reúnen durante el invierno para pasar la noche pero, ¿por qué lo hacen? ¿qué beneficios obtienen a la hora de dormir en grupo?
Dormidero de garcillas bueyeras en el río Duero a su paso por Zamora.
(con algún infiltrado)
En una entrada antigua hablaba sobre porque las aves se concentran en grandes grupos de cientos o miles de ejemplares y cuales eran sus beneficios (pincha aquí si quieres recordarla). Muchas de esas aves que se mueven en grandes bandadas también duermen juntas en grandes dormideros pero, no solamente ellas, sino que otras pasan el día solas o en pequeños grupos pero al anochecer se van uniendo en puntos específicos para así pasar la noche juntas como los milanos reales o las urracas.
Los grandes bandos de estorninos, durante el día,
comen en campos cercanos...
...al anochecer se acercan a su dormidero...
...como este entre los juncos, en una de las orillas
del río Duero a su paso por Zamora.
Los grandes dormideros se producen fundamentalmente en invierno pero, ¿por qué se reúnen en determinados sitios? ¿por qué se concentran para dormir juntos? Si nos paramos a pensar de una manera lógica, con sentido común, aunque, muchas veces, el sentido común es el menos común de los sentidos, cuando duermes junto a alguien la primera sensación es de calor, te da calor y, si es invierno, mejor que mejor, esta es una de las primeras causas por las cuales duermen en grandes grupos, muchos ejemplares juntos se dan calor unos a otros y más, si son aves pequeñas, que pierden mucho más calor corporal por la noche que un ave grande.
Si estamos en mitad del campo, ¿notaremos más o menos el frío o el viento? Evidentemente, si estamos en campo descubierto, el frío o el viento lo notaremos mucho más que si estamos a resguardo de un árbol o de un roquedo y, si estuviésemos entre edificios lo notaríamos todavía menos y, además, la temperatura en la ciudad siempre es más alta que en el campo, por lo tanto muchos dormideros están en las ciudades ya que entre edificios o en la misma ciudad se nota mucho menos las inclemencias atmosféricas que en el campo descubierto, es decir, se juntan porque se dan calor y lo hacen resguardados porque notan menos el frío o el viento.
Dormidero de gorriones molineros en el barrio de Olivares (Zamora).
Dormidero de milano real.
También sucede algo parecido con ciertos bosquetes de árboles, por ejemplo, en el interior de un bosque de acebos sube la temperatura hasta 3 ó 4º con respecto al exterior, por lo tanto, dentro de ese bosque, se refugiarán todo tipo de animales durante la noche y más durante el invierno. Como dijimos anteriormente, en la ciudad, también sube la temperatura en comparación con el exterior y, además, en un edificio sube más la temperatura y si, ese edificio tiene calefacción, notarán todavía más calor, les será más beneficioso dormir ahí.
Cigüeñas reunidas para dormir en la cúpula de la catedral de Zamora.
Por lo tanto, se juntan para darse calor, para perder menos temperatura corporal y para resguardarse de las inclemencias atmosféricas que en las ciudades son menos acusadas pero también hay grandes dormideros de grullas, gaviotas o de gansos que lo hacen en lagunas, estos no duermen en la ciudad y, por lo tanto, no se benefician de ese efecto “de calor” que se produce por la propia la ciudad, entonces ¿por qué se juntan?
Dormidero de urracas.
Pensemos un poco más, si un ganso o una grulla durmieran en campo abierto y solos, sería mucho más fácil para cualquier depredador poder atacarles por la noche, por lo tanto, lo harán en el agua o sobre islas en las que se verán más protegidos y, si duerme con cientos o miles de ejemplares más, las posibilidades de detectar a un depredador son mayores, la de ser comido menores y la de acceder un depredador a ese dormidero en una isla o laguna mucho menores, es decir, es una ventaja ante los depredadores.
Dormidero de grajillas en un parque de la ciudad de Zamora.
Lo mismo sucede con los dormideros de grajillas, estorninos, gorriones, cigüeñas o garcillas bueyeras de la ciudad, juntos son capaces de vigilar más, hay más ojos para hacerlo y más tiempo para descansar  y, si lo hacen en lugares altos o resguardados, los depredadores tienen menos posibilidades de acceso. 
En definitiva, las grandes concentraciones para dormir, los dormideros, se suelen producir en invierno; las ventajas de dormir en grupo, son mucho mayores que de hacerlo sólo, ventajas que cuando llegue el buen tiempo irán esfumándose y, lo que antes era una buena compañía, el gran grupo, ahora no, ya que primará más buscar un territorio y una pareja, con lo cual, los demás, serán competidores, aunque no siempre pasa así, ya que algunas aves seguirán criando en colonias que también tiene sus ventajas, como puede suceder con las garzas reales, las garcillas bueyeras o las gaviotas (tema en el que hablé en la entrada dedicada a la colonia de las gaviotas reidoras de Villafáfila). Pero hasta que eso suceda, al anochecer, en muchas ciudades seguiremos oyendo la algarabía y los tumultos de cientos o miles de aves que se van posando en ramas o edificios para pasar la noche.