domingo, 29 de mayo de 2016

Historias de espátulas.
Las lagunas de Villafáfila se encuentran en una de las rutas que utilizan las espátulas para migrar en otoño dirección sur para pasar el invierno (postnupcial) y en primavera hacia el norte para reproducirse (prenupcial). En estas épocas se suelen ver en las lagunas pequeños grupos de espátulas que paran unas horas o días para descansar y alimentarse.
La situación de las colonias de cría de las espátulas en diferentes latitudes provoca un curioso movimiento ya que hay muchas espátulas que tienen su zona de invernada mucho más al norte que donde otras tienen sus zonas de cría, algo realmente inusual. Así por ejemplo tenemos espátulas que crían en el Parque Nacional de Doñana y espátulas que invernan en el sur de Francia o en Mauritania, Marruecos o Senegal.
Espátulas en la laguna Grima.
En estos movimientos migratorios se pueden ver espátulas en diferentes puntos de nuestra provincia, he podido verlas en las graveras de Coreses, la laguna de Grima o el embalse del Esla pero, sobre todo, quizás por ser el lugar que más visitamos, en las lagunas de Villafáfila que es donde más se observan.
Grupo de 23 espátulas en las lagunas de Villafáfila (16-3-14)
Villafáfila se encuentra en una de esas rutas interiores y, normalmente, pequeños grupos de espátulas se dejan ver en cualquiera de los dos pasos migratorios así, hace unos días, pude ver dos grupos en las lagunas de 12 y 9 ejemplares que se alimentaban entre la abundante vegetación nacida por la enorme cantidad de agua que tienen las lagunas este año o el grupo de 16 ejemplares que observé el 20 de marzo y el grupo de 23 ejemplares que estaban el 16 de marzo de 2014, prácticamente como relojes, descansando en los mismos días de diferentes años. 
Grupo de 16 ejemplares el 20-3-16 en Villafáfila.
En esos grupos te puedes encontrar espátulas de diferentes procedencias que se pueden juntar por el camino en los distintos lugares de descanso; así por ejemplo a finales de septiembre de 2014 pude localizar junto con Lorenzo Redoli y Manuel Rodríguez (en diferentes días) cuatro ejemplares que descansaban en las graveras de Coreses y, de ellos, tres anillados pero lo curioso era la procedencia de cada uno de ellos: uno era holandés, el otro alemán y el otro francés. Tres ejemplares, tres procedencias diferentes con lo cual muchos grupos de migración se forman por ejemplares de muy diferentes procedencias que se van agregando a lo largo del viaje.
Tres ejemplares anillados en diferentes países.
De izquierda a derecha: Holanda, Alemania y Francia.
Las espátulas jóvenes se suelen quedar en sus zonas de invernada durante unos dos o tres años hasta que alcanzan la madurez sexual y vuelven para así criar como, por ejemplo, pudo hacer una espátula que pude ver el 16-3-2014 en Villafáfila que fue anillada como pollo en Holanda el 20 de agosto de 2008 y casi tres meses después se encontraba en Mauritania el 9-11-2008 no volviéndose a ver hasta el 19-2-2010 en Portugal lo que seguramente suponía su viaje de vuelta hacia las zonas de reproducción en Holanda.
En el centro, con bandera amarilla, una espátula anillada en Holanda
que se encontraba en Mauritania el 9-11-08.
Grupo de espátulas el 17-5-16 en Villafáfila.
En uno de los grupos que pude ver hace unos días en Villafáfila encontré varios ejemplares anillados pero la abundancia de vegetación y el alto nivel del agua me impidió poder leerlos a todos, había cuatro espátulas anilladas pero solamente pude leer las anillas de colores de una y con enormes dudas, con lo cual, hablé con Manuel Segura (al cual agradezco enormemente su ayuda y fotografía) que las había visto unos días antes y, mediante una fotografía tomada por él, conseguí cerciorarme del código completo.
Esta única espátula que pude leer completa se anilló en Alemania el 1-6-2014 y solamente había sido vista anteriormente en Portugal y esta observación de Manuel Segura y mía en España.
La espátula es un ave grande y esbelta que me gusta especialmente. Es un ave de movimientos elegantes que avanza por el agua moviendo su cuello de lado a lado, con su enorme y curioso pico dentro del agua avanzando como una pequeña aspiradora. Es un ave que vuela estirada y majestuosa con su enorme envergadura. Es un ave que me gusta y, si viene con historia propia que puedo descubrir, todavía es más apasionante.

miércoles, 11 de mayo de 2016

El descanso del autillo.
Nunca lo había visto. Lo había oído en incontables ocasiones pero verlo era una cuenta pendiente. Por fin lo vi y, como nos tiene acostumbrada la naturaleza en muchas ocasiones, de la manera más imprevisible e inesperada posible.
Paseaba con mi pequeña por una zona en la que los había oído en las últimas semanas, se acababa de quedar dormida cuando, un pequeño bulto, llamó mi atención en una rama: “¿qué es eso?”, pensé según miraba con los prismáticos. “No puede ser”, fue mi siguiente expresión. Allí estaba. Dormido. Hecho un ovillo, perfectamente camuflado en su árbol, pasando su noche, nuestro día.
El autillo es el ave más pequeña de nuestras rapaces nocturnas, un poco más pequeño que el mochuelo, realmente es muy pequeño; de 20 cm de longitud, unos 50 cm de envergadura y aproximadamente 100 gramos de peso.
Verlo es realmente difícil. Su plumaje lo camufla a la perfección y pasa totalmente desapercibido; plumaje realmente precioso cuando lo ves de cerca y aprecias sus tonos, colores y formas, es verdaderamente una auténtica preciosidad. Si además de su plumaje y pequeño tamaño que lo camuflan a la perfección le unimos que esté dormido y, se encoge, se convertirá en una pequeña bola que pasas por alto con una facilidad pasmosa pero, en esta ocasión lo vi, no sé como, pero percibí que estaba allí y mira que lo he buscado innumerables ocasiones guiándome por su característico cántico y nada de nada pero, en esta ocasión, sin buscarlo, apareció.
Pero la sorpresa no terminó ahí ya que detrás de él, en otra rama, todavía más camuflado, había otro pequeño autillo que estaba pegado al tronco, todavía más camuflado ya que parecía una prolongación del árbol, otra rama del mismo. Era un poco más pequeño, seguramente el macho.
Estaba la pareja. Nunca había visto ninguno y ahora, ante mí, tenía dos; una preciosa pareja que se empareja de por vida y que criará en nuestra tierra hasta que, cada otoño, emigre a África reuniéndose en pequeños grupos.
Esta pequeña preciosidad se alimenta, fundamentalmente de insectos, aunque de vez en cuando pueda capturar pequeñas lagartijas o roedores. No se movieron en ningún momento de su posadero diurno. Allí los dejé. Tranquilos. Seguros en su viejo árbol.
La población de autillos en Zamora ciudad ha disminuido considerablemente o, por lo menos, es mi opinión ya que, donde antes había, desde hace algunos años, han dejado de cantar y es una maravillosa noticia poder encontrarlos nuevamente y, todavía más, verlos por primera vez. Un auténtico privilegio y gozada que esta pequeña rapaz nocturna vuelva a donde siempre estuvo.