miércoles, 12 de octubre de 2011

El lince ibérico I.
A finales del verano, en una de nuestras rutas por la Sierra de la Culebra casi en Sanabria, surgió la conversación. “Me ha dicho "fulanito" que ha visto un lince en "tal" zona. ¿Crees que habrá?”. Esa es la eterna pregunta que surge, de vez en cuando, como algo cíclico.
El 11 de Febrero de este año saltaron a la prensa unas declaraciones del delegado de la Junta de Castilla y León en Zamora, afirmando que en la provincia de Zamora había algún lince: “la mejor forma de protegerlo es no hablar de él. Es una especie protegida de alto valor, que se encuentra en un lugar concreto de la provincia”; "porque cuantas menos personas intenten ir a verlo, mejor será para su conservación”.
Surgió la polémica. Que si hay, que si no hay, que si han visto en no sé dónde, que si fulanito lo vio. Los siguientes días fueron un sin fin de artículos en los que hablaron desde agentes de la Reserva Regional de Caza de la Sierra de La Culebra, hasta la consejera de Medio Ambiente y el director general del Medio Natural; lo cierto es que no hay ni una sola fotografía, huella o excremento y hasta que algo así no se pueda comprobar, no hay.

Territorio del lince en Andujar

El Aguila Imperial y Real conviven con el lince en su territorio.

La verdad es que es una lástima que tan bello animal desapareciera de nuestra provincia en los años 90. Dos hechos marcaron el declive y extinción del lince en Zamora. La disminución de los conejos y la reforestación en los años 70. El lince en Zamora, igual que en gran parte de España, se dejó morir, no se hizo nada por su conservación, ni siquiera se intentó. Desapareció y punto. Si no se hubieran realizado programas de ayuda en otras partes, sobre todo Andalucía, bueno, sólo allí; hubiera pasado lo mismo y el felino más amenazado hubiera desaparecido de toda España.
¿Dónde está el lince?. Veréis lo complicado que es observarlo si no se mueve.
Todavía en 1992 Ramón Grande del Brío en su libro, "El Lince Ibérico", situaba linces en la Sierra de la Culebra (4 individuos), La Cabrera (2) y la zona alrededor de Ledesma, entre Zamora y Salamanca (6). Demasiados pocos como para recuperarse.
El lince es un animal especialista, su alimentación se basa, en un 80%, en el conejo y en cuanto este comenzó su declive, el lince en Zamora, también. La aparición en 1952 de la cepa de la mixomatosis que afectó terriblemente a los conejos dejó a nuestro lince bastante tocado. Su lenta decadencia se vio rematada por la aparición en 1987 de la neumonía hemorrágico vírica que eliminó gran parte de la población de conejos, firmando la sentencia de muerte para el lince a lo cual le añadimos la alteración de su habitat con la reforestación de pinos en gran parte de la sierra, lo que eliminaba su habitat así como el de sus presas.
He hablado con gente que los vio en sitios diferentes de nuestra provincia y todos coinciden en lo mismo, es un animal que la primera vez que lo ves, impresiona; y así fue.
Llevaba bastante tiempo con ganas de acercarme a Andujar, así es que nos decidimos y para allí que fuimos. El lince ibérico es el felino más amenazado del mundo. Solamente quedan unos 280 ejemplares. Ese era nuestro objetivo, ver, admirar y disfrutar de tan maravilloso animal.
Había buscado información de los mejores sitios para ver al lince y, de entre todos, decidí que probáramos suerte en el camino a la Presa del Jándula; la dueña de la casa rural en la que nos alojamos nos avisaba: “¡Uy…, imposible. Eso es imposible. En toda mi vida lo he visto una vez y fue por casualidad, en la carretera, y mira que soy montera y de aquí!”. Eso no nos amilanó y a la mañana siguiente, bien pronto, nos pusimos en marcha.
El camino es de unos 10 kilómetros, lleno de baches y una naturaleza espectacular. Según avanzábamos por él, entre fincas y más fincas cercadas, unas para ganado bravo y otras para la caza, nos surgían dudas. ¿Cómo sabremos dónde ponernos para mirar? Y lo supimos, vaya que si lo supimos.
Al entrar en un nuevo valle vimos varios coches. Al llegar a su altura un hombre vino corriendo haciéndonos gestos y gritando: “¡Le lins!. ¡Le lins!” (lo escribo como lo oí). ¡No podía ser!. Llegar y besar el santo. Bajamos corriendo y solamente le vimos cruzar una pista de tierra, pero allí estaba, ¡lo habíamos visto!, nada más llegar.
Así lo vimos por primera vez.
El hombre que nos llamó era un guía francés que estaba con un grupo de unas 12 personas, todos franceses, encantados con lo que habían visto. Allí estuvimos todo el día, no volvió a aparecer, pero pudimos disfrutar de ciervos, gamos, muflones, águila imperial, águila real, águila culebrera, buitres negros y leonados, cabra montés y un sin fin de pajarillos que nos cruzaban por delante de nuestras narices.
Hembra de cabra montés comiendo.
En los siguientes cuatro días lo vimos cuatro veces más, e incluso un día vimos un macho y una hembra a la vez. De todos estos encuentros quiero centrarme en un avistamiento muy especial, ya que duró 2 horas y media, pero eso será otra entrada…

1 comentario:

  1. Muy buen artículo, al igual que allí en la zona sur de Salamanca se dice que "puede haberlo"...
    nosotros no lo sabremos.

    Saludos

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