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sábado, 25 de diciembre de 2021

Algunas anillas.

Me gustaría hacer una pequeña recopilación de las anillas que he visto últimamente en la provincia de Zamora, fundamentalmente en el Río Duero, zona de Olivares, y en el Centro de Residuos Sólidos Urbanos de Zamora. Dos puntos interconectados ya que las gaviotas reidoras y las pocas sombrías que podemos ver por aquí se alimentan en el vertedero y, a mediodía, gran parte de ellas, se mueven hasta la zuda de Olivares donde se lavan y descansan hasta que van a su dormidero.
Gaviotas que realizan largos viajes para invernar en Zamora o estar unos días y continuar su periplo. Las gaviotas sombrías son las mas escasas pero es en las que hay más probabilidades de encontrar alguna anilla. Hace años se podían contar más de 4.500 gaviotas en el vertedero de Zamora, algo que no he vivido pero me gustaría haberlo hecho, por aquel entonces no había comenzado mi seguimiento de las aves y es una pena no haber podido disfrutar de esa época. Como ejemplo estas dos entradas: una de Helmantica ornitholgy del 29-12-2010 de Miguel Blanco y la otra de El Pernil de Alfonso Rodrigo del 11-12-2012.
Esos números son historia. Actualmente se están moviendo un grupo de unas 463 gaviotas reidoras (contadas el 24-12-21) y, hasta hoy, el mayor número de sombrías, ha sido de 49. En estas pocas gaviotas he podido ver 6 anillas de gaviota sombría de las que he leído 4 y dos de gaviota reidora más una anillada con metal (aunque hay por lo menos 5 más imposibles de leer).
En las gaviotas sombrías la primera fue la HNK12, sombría de primer invierno y anillada en Alemania el 6-7-2021 por Sönke Martens; siendo esta su única observación desde que fue anillada. Gaviota sombría que primero vi en el vertedero y después en la zuda de Olivares (río Duero en Zamora ciudad).
La JA34E llegó desde la lejana Noruega. 3.800 kilómetros de viaje de esta sombría de tercer año anillada el 27-7-2018 por Morten Helberg, siendo esta su primera observación en España. Solamente tiene una mas en Alemania.
KS.0U y T010 juntas en el río Duero (Zamora).
KS.0U
y T010 las pude ver juntas en la zuda de Olivares en el río Duero capitalino. Además coincidió que las dos tenían la pata de la anilla mal. La KS.0U fue anillada por Eric Stienen el 17-7-2020 en Bélgica, es una sombría de segundo año y es su primera observación fuera de su país de anillamiento. T010 fue anillada el 17-7-2010 por Vicente Alcaraz en el CRSU de Gomecello (Salamanca) y ha sido vista en Fisterra, Francia y Gomecello.
Entre las gaviotas reidoras que invernan en Zamora nos encontramos con dos que lo hacen desde que fueron anilladas en 2019; una gaviota reidora polaca T1CW y NA83 anillada en Villafáfila (Zamora). “Inelka” y “ Fáfila” se han ganado ser bautizadas porque pasan desde octubre-noviembre hasta febrero-marzo entre el vertedero, el río Duero y su dormidero cerca de Zamora ciudad.
Todas las observaciones de T1CW son en Zamora (también vista por Alfonso Rodrigo) menos una en Alemania y otra en Polonia mientras que NA83 solamente ha sido vista en Zamora por Alfonso Rodrigo y por mi.
En el grupo de gaviotas reidoras de este año hay varias anilladas solamente con metal, de las cuales he podido leer una inmadura anillada en Bélgica, la lástima es que me falta el segundo número con lo que no puedo saber más datos.
Este año se ha producido una importante novedad en el CRSU de Zamora: la presencia de buitres negros. Hasta este año ver un buitre negro en el vertedero era muy, muy raro pero en los últimos meses han aparecido de forma regular, al igual que los buitres leonados y entre ellos he podido leer dos buitres negros anillados: VMF y 0HA.
VMF
fue anillado el 23-6-2020 en Rascafría (Madrid) con una única observación en Gomecello (Salamanca) mientras que 0HA se anilló el 5-10-2020 en Huerta de Arriba (Burgos) y no tenía observaciones hasta que lo pude ver en el vertedero zamorano.
4U+ anillada en Alvito- Cuba (Portugal)
 el 24-1-2014 por Carlos Miguel Pacheco.
Las reinas del vertedero son las cigüeñas y entre ellas, actualmente, se pueden observar un buen número de anillas procedentes de diferentes puntos de España como Zamora, Lugo, Valladolid, Huesca o León además de las provenientes de Alemania, Holanda, Francia o Portugal. Hablar de las anillas de cigüeñas merece una sola entrada para hablar de las cigüeñas vistas este año en el CRSU de Zamora.
Z026 anillada en Guitiriz (Lugo) por Antonio Salazar el 19-5-2013.
DER-A4P82 anillada en Alemania por Fritz Meier el 27-5-2020.
Anillas que se transforman en curiosas historias, procedencias lejanas o sorprendentes viajes. Anillas que nos cuentan la vida de las intrépidas aves que las portan.

jueves, 9 de diciembre de 2021

¡Lobo. Lobo. Lobo!

“¡Lobo. Lobo. Lobo!” Fueron mis tres palabras mágicas a las que Isa, Fernando, Alegría y mi pequeña Lucía respondieron de inmediato buscando donde les indicaba. Apareció en la ladera ante la atenta mirada de un gran ciervo que dejó de berrear, se giró completamente y se encaró con el lobo. El lobo se detuvo. El gran ciervo se encampanó. Se observaron frente a frente, como dos poderosos púgiles a punto de comenzar su batalla. De un lado, el gran ciervo con varias hembras escondidas entre el brezo tras él, del otro, el lobo que observaba y evaluaba la situación.
Ninguno se movió durante unos segundos que parecieron detener el tiempo. El ciervo levantó la cabeza lanzando un potente bramido corto que resonó en el valle como si de un cuerno vikingo se tratara, al terminar el sonido tensó sus patas delanteras y con un potente arreón de sus cuartos traseros se abalanzó con enorme potencia y firmeza a por su enemigo, agachando la cabeza, exhibiendo sus formidables cuernas que apuntaban directamente hacia el lobo que reculó temeroso para evitar males mayores.
He visto, en ocasiones, a un gran ciervo embestir con sus cuernas a un lobo y provocarle una fuerte herida en sus cuartos traseros. Heridas feas y complicadas de curar que los lobos tratarán de evitar por todos los medios. Como tratarán de evitar las coces que les pueden dar como pude presenciar hace años cuando dos lobos perseguían a un gran ciervo que se defendía lanzando terribles coces, una de las cuales impactó en uno de los lobos lanzándolo varios metros hacia atrás, el lobo tuvo suerte ya que no le causó más que un fuerte golpe que lo dejó aturdido unos segundos en el suelo para levantarse rápidamente y proseguir la formidable persecución.
El gran macho levantó nuevamente la cabeza estirando todo su cuerpo. Se subió sobre una roca y exhibió satisfecho todo su poderío, su fuerza, su enorme potencia y ahora su enorme orgullo de haber echado a su odiado enemigo y protegido a las ciervas que salieron de detrás de los brezos. Levantó la cabeza nuevamente y lanzó un sonido corto que recorrió el valle como el viento de la mañana, de repente, otro gran ciervo, más abajo, lanzó otro berrido corto al que contestó un tercer y un cuarto ciervo que estaban apostados a lo largo de todas las laderas del valle ¿Qué estaba pasando? Nuestra sensación fue de sorpresa y asombro: ¿Se estaban avisando unos a otros de la presencia del lobo? Nunca lo podremos saber pero, desde luego, es lo que parecía o por lo menos, es lo que nos pareció. 
El gran ciervo observaba al lobo que bajaba cuidadoso la empinada ladera. Bajaba con el rabo entre las patas, mirando de reojo hacia atrás por si el gran ciervo volvía a intentar ensartarlo con sus poderosas armas.
El lobo ejerce un control en la población de ciervos, atacará a los más débiles, heridos o enfermos con lo cual contribuye a su mejora genética. Sobreviven los más fuertes. Es la ley de la naturaleza. Pero hoy no era ese día, un solo lobo frente a un gran ciervo poco tiene que hacer y mucho que perder. Habrá más días. Días en los que el gran macho esté cansado o herido y entonces el lobo tendrá una oportunidad.
Hoy no era el día. Llegó al roquedo y paró. Ahí se encontraba seguro. El ciervo había quedado atrás. No era día para asumir riesgos. Miró al fondo del valle y continuó bajando.
Mi pequeña no quitaba ojo del telescopio. Ni parpadeaba. Observaba atenta y embelesada al lobo que teníamos tan cerca. Lobo que llegó al fondo del valle. Salió al descubierto. Se paró. Giró su potente cabeza y nos miró.
A través del telescopio su mirada se veía nítida, clara. La mirada de un lobo es profunda, penetrante, heladora. Su ojos almendrados color miel miraban a unos extraños que no perdían detalle de sus movimientos. Se giró. Avanzó unos pasos y se contorsionó desde la punta de su hocico hasta el final de la cola para sacudirse toda el agua que podía haberse pegado en su cuerpo al rozar los brezos y escobas en su bajada.
Unos pasos mas tarde se paró nuevamente y se rascó enérgicamente. Avanzaba decidido. Elegante. Poderoso. Con paso firme entre las hierbas. Paró y marcó: “¡Es una hembra!” Dijimos todos al unísono. En muchas ocasiones no puedes asegurar que es un macho o una hembra hasta que no les ves los genitales o la postura para marcar orinando ya que, hay machos que parecen hembras y hembras que parecen machos. En este casos estaba claro: era una hembra.
Continuó por el fondo del valle hasta llegar a la ladera de nuestra derecha que comenzó a subir oculta entre las altas hierbas. La loba subía tranquila. Atravesó la zona de hierbas altas hasta llegar al pinar y desapareció.
Nos miramos orgullosos. Alegres. Satisfechos. Mi pequeña se volvió y con los ojos como platos nos dijo: “¡Qué pasada!”.
(Agradezco enormemente a Fernando García sus fotografías para ilustrar esta entrada así como su compañía y la de Alegría que siempre es un placer compartir con ellos días, historias y vivencias. Gracias).

jueves, 2 de diciembre de 2021

El estornino pinto y la manguera amarilla.

Cuando lo ves bien compruebas que es un ave realmente preciosa. Color púrpura, verde brillante con lentejuelas blancas y negro iridiscente. Una verdadera preciosidad.
Estaba admirándolo posado en la valla cuando, en un pequeño vuelo, bajó al suelo y se posó entre el barro, rodeado por gorriones comunes y lavanderas enlutadas que estaban a sus quehaceres cotidianos.
¿Dónde irá? ¿Qué mira? Mi curiosidad me hizo esperar a ver que hacía. A su alrededor las lavanderas seguían picoteando entre el barro mientras alguna cigüeña o gaviota reidora pasaba volando ante la atenta mirada del estornino pinto que en otro pequeño vuelo se posó encima de una manguera.
Se giró. Agachó la cabeza y comprobó que un fino hilo de agua salía de la inofensiva serpiente amarilla. Dio un pequeño salto y se colocó, en el suelo, de frente a la manguera. Agachó la cabeza y comenzó a beber de la preciada agua limpia que salía suavemente, sin prisa, sin que nadie la atosigara.
Muchas veces no nos paramos a mirar los pequeños gestos o comportamientos que hacen los animales. Gestos como este: el simple hecho de un estornino pinto bebiendo agua pero ¿sólo de beber agua? Tenía agua a su alrededor varios charcos y una pequeña laguna pero, este estornino pinto, vino hasta la manguera a beber el agua limpia que salía plácidamente de su interior en un pequeño hilo que caía a la tierra.
La Real Academia de la Lengua define etología como: “Parte de la biología que estudia el comportamiento de los animales”. Su objetivo es estudiar cómo se relacionan los animales con su entorno; si su comportamiento es por un factor genético o porque ha aprendido a interactuar con el medio que le rodea, o ambas cosas.
Este estornino pinto ha aprendido que, en determinados momentos, puede beber agua limpia de la gran e inofensiva serpiente amarilla y, seguro que en otros momentos, bebe agua de los charcos que tiene alrededor pero, si puede beber agua limpia, ¿por qué no hacerlo? Ha aprendido. Ha observado que no hay peligro y aprovechado el momento, lo que le ofrece su entorno.
Para mucha gente esto que me he parado a observar no es importante, no hay tiempo para dedicarlo a ver qué es lo que hacen los animales en su vida cotidiana. En los tiempos que vivimos, las prisas y la inmediatez todo lo pueden, el “ya” prima más que el “¿qué está haciendo?”, el “he visto tantos lobos, linces o aves” antes que el “¿qué hacía ese lobo? ¿por qué corre así ese lince? o ¿cómo comen esos gansos?”.
A veces es necesario pararse a observar, simplemente a observar lo que está sucediendo a nuestro alrededor. A disfrutar la naturaleza de una manera pausada, a saborearla, a admirar los pequeños detalles, los comportamientos cotidianos, los pequeños gestos…si lo hacemos, nuestra alma nos lo agradecerá.

domingo, 21 de noviembre de 2021

Y vimos al búho nival.

Llegamos al borde del acantilado. Se le veía la parte alta de la cabeza, unas manchas negras en fondo blanco se vislumbraban entre las piedras cuando, de repente, asomó la cabeza.
Lo he visto. He visto a esa maravilla alada, blanca con pequeñas manchas negras que le dan un toque elegante, majestuoso, inquietante. Sus ojos amarillos y penetrantes te miran entre sorprendido e intrigado. Te miran profundo. Intenso. Te dejan sin palabras. Sólo puedes admirarlo y sorprenderte de que esté aquí, de que lo estés viendo, de que un hecho tan inusual como este haya sucedido, de que estás viendo un búho nival, un búho originario del Ártico canadiense, norte de Noruega o de la zona de Siberia. Un búho que nunca nadie imaginó poder ver en España y, en cambio, aquí está, en el acantilado, en el Cabo Peñas (Asturias) donde cientos de curiosos acuden, acudimos y acudirán para intentar admirarlo, para empaparnos de sus gestos, miradas, vuelos, movimientos de cabeza o el mínimo gesto que nos sorprende, emociona y alucina a partes iguales.
Esta es la cronología de una sorprendente historia con imágenes de todos los zamoranos amantes de los pájaros y de la naturaleza que se han desplazado a verlos desde que aparecieron. Gracias a Alberto Laiz (y a María Bueno), Alfonso Rodrigo, Carlos A. Ramírez, José Miguel San Román (y a Noelia que se emocionó enormemente cuando lo vio), Manuel Segura y Fernando García por prestarme sus maravillosas fotografías llenas de calidad pero, sobre todo, llenas de emociones de un hecho inolvidable:
Macho en Verdicio el 14 de noviembre.
8 de noviembre: aparece un búho nival en el entorno de la Virgen del Mar en Santander. Es recogido y llevado al Centro de Recuperación de Fauna Silvestre de Cantabria donde muere al día siguiente por desnutrición y deshidratación. Es la primera cita de esta especie en España.
10 de noviembre: Ramón de Maroto fotografía a una hembra en vuelo en Moniello (Asturias).
13 de noviembre: Manuel Alonso Ríos localiza en Cabo Peñas (Asturias) un macho de primer invierno.
14 de noviembre: Luis José Salaverri localiza al macho en Verdicio (Asturias).
16 de noviembre: un trabajador del puerto del Musel (Gijón) localiza al macho en una zona de acceso restringido.
17 de noviembre: Pablo Álvarez Valdés relocaliza a la hembra en el Cabo Peñas. Se vuelve a ver el macho en el puerto del Musel (Gijón).
Hembra en Cabo Peñas.
A partir de ahí la hembra continúa en la zona del Cabo Peñas y el macho en el Musel. Dos ejemplares jóvenes que han llegado a nuestras tierras, según todos los expertos, en un viaje asistido en un barco, es decir, volarían mar a dentro y cuando estuvieron cansados se posaron en un carguero en el que hicieron gran parte del viaje, por cierto, se sabe que el día 10 de noviembre llegó un gran barco al puerto del Musel (Gijón) procedente de la bahía de Baffin (Canadá).
Impresionante fotografía de Manuel Segura
en la que se ve toda la magnitud de esta preciosa hembra:
envergadura alar, patas,...
Este hecho ya sucedió en enero de 2014 en Holanda donde aparecieron por sorpresa y ante el asombro de todo el mundo cinco búhos nivales. Historia contada por Frans van der Esch: “El 7 de diciembre, navegué como pasajero en un buque portacontenedores desde Nueva York a Europa. Dos días después pasamos por Canadá, a unas 50 millas de Terranova, y de repente nos visitaron 9 grandes pájaros blancos. Supe de inmediato que eran búhos nivales. He visto uno en Vlieland antes. Mi profesor de biología en ese momento no quería creer eso, así que realmente lo investigué en ese momento. Supe de inmediato que había 2 machos y 7 hembras. ¡Realmente hermoso! Estaban agotados por la violenta tormenta que estaba ocurriendo y se aposaron juntos en los contenedores. Una vez en alta mar, no pudieron moverse y permanecieron a bordo". (Toda la historia pinchando aquí).
Si sorprendente es la llegada, más intrigante será qué va a pasar a partir de ahora: ¿Cuánto aguantarán aquí? Si pasan todo el invierno ¿Qué sucederá cuando llegue la primavera? ¿A dónde irán? ¿Al norte? Una historia increíble que todavía no se ha terminado de escribir ni de contar pero mientras tanto, toda la gente que vamos a disfrutar de la increíble experiencia de ver un búho nival tenemos que ser educados y respetuosos con el búho, con el entorno natural en el que se encuentra y con todo aquel que hasta allí se desplaza desde diferentes lugares tanto de España como de fuera de ella, mientras estuvimos viendo a la preciosa hembra a nuestro alrededor había gente de Madrid, Navarra, Zaragoza, Vigo, Salamanca, Cádiz, Portugal e incluso ingleses. Cuidemos comportamientos. Seamos educados, respetuosos y pensemos en todos aquellos que querrán verlo y podrán hacerlo si el búho no sufre molestias por parte de ningún descerebrado.
El búho nival es una especie mítica, totémica, icónica; una especie que todo amante de las aves sueña con ver en algún momento y ese momento ha llegado y es aquí, en España, en Asturias, en el Cabo Peñas donde muchos sueños se han hecho realidad.

martes, 16 de noviembre de 2021

Rastros de lobo: huellas, excrementos, rascaduras.

Ver a los mamíferos es complicado, y a los carnívoros todavía más. La mayoría son nocturnos o su actividad se desarrolla en los primeros momentos del día o al anochecer. Por lo tanto, para poder tener probabilidades de verlos hay que madrugar o quedarse hasta el anochecer y tener suerte, mucha suerte con algunos de ellos.
Como verlos es muy complicado sí podemos saber si están en la zona mediante una serie de indicios que nos van a decir que viven allí o, por lo menos, que han pasado por allí. Estos indicios son los rastros.
Entre ellos tenemos las huellas, los excrementos y las rascaduras. Todos estos rastros, si sabemos leerlos, nos ofrecerán información; por lo tanto, hay que saber interpretarlos.
Las huellas:
Las huellas del lobo son grandes (adulto: 10 cm de largo por 8 cm de ancho; lobezno: 4 cm por 4 cm; lobato: 6 cm por 5 cm) y marcan 4 dedos con uñas. Son muy parecidas a las de un perro, por lo tanto es muy complicado diferenciarlas. Viendo una sola huella es tremendamente difícil saber de quién es. Para diferenciarlas será necesario añadir otras variables como el lugar (aun así no es seguro) y sobre todo el rastro (ver una sucesión de huellas). Si esta sucesión de huellas es en línea recta seguramente sea un lobo y, si es irregular, será un perro.
Rastro de un grupo familiar de lobos, adultos y pequeños.
Rastro en linea recta de varias decenas de metros. Un rastro precioso.
Algo muy importante en las huellas es dónde quedan marcadas. No es lo mismo una huella impresa en una zona compacta que en nieve, arena fina o barro. La misma huella será diferente en cada sustrato. Por lo tanto, cuanto más inalterada quede marcada, mejor.
Huella de lobo en arena.
Resbalón y marca de la huella en el barro.
Las huellas de un lobo presentan variaciones en función de la edad, el sexo y si es una pata delantera (mano) o trasera (pie). Normalmente las huellas de los pies son más alargadas que las de las manos, aunque las lobas tienen las manos más alargadas que los machos. Una manera de diferenciar las huellas de la mano de las del pie es mediante la almohadilla intermedia. En este esquema de Ignasi G. Castellví de su libro "El rastro del lobo" se explica perfectamente.
Excrementos:
El marcaje es una forma de comunicación; es una manera de mandar información que otros animales recibirán e interpretarán.
Excremento con una uña de corzo en su interior.
El marcaje de un animal es completamente diferente al de otro. El olor de la orina de un lobo es diferente al de otro lobo y, el de un macho, es diferente al de una hembra por lo tanto, ese marcaje tendrá diferentes finalidades. Servirá por ejemplo para delimitar un territorio pero también para buscar una posible pareja, para saber que esa pareja está en celo o para indicar a miembros de tu mismo grupo familiar que estás ahí.
La orina es un marcaje oloroso y el excremento es un marcaje tanto visual como oloroso. El marcaje mediante un excremento tiene como finalidad principal la demarcación de un territorio.
Los excrementos de los lobos suelen aparecer en lugares especiales, lugares como cruces de caminos sobre todo en zonas visibles, elevadas como pueden ser arbustos (las plantas retienen muy bien los olores y dura más tiempo), montículos o piedras.
Un excremento, al igual que las huellas, para saber que es de lobo (sin análisis de laboratorio) es muy complicado de diferenciar por sí mismo, necesitamos otros indicios que corroboren que es lobo, por ejemplo el lugar en el que aparece (zona de sierra alejada de un pueblo).
Excremento seco al que le van saliendo
los pelos del animal del que se ha alimentado el lobo.
Los excrementos de lobo pueden ser de diferentes colores: muy oscuros (ha comido partes blandas y sangre), marrones (carne sin casi sangre) o colores claros en los que según se van secando va a apareciendo el pelo del animal digerido o cualquier otra cosa como huesecillo o incluso una uña del animal depredado.
Excremento al que según se va secando
 le van viendo pelos y trozos de huesos del animal depredado por el lobo.
Un territorio se delimita, principalmente, por la cantidad de comida disponible en él. Así, si un grupo de lobos tienen un territorio, harán saber al resto de lobos que no son de su grupo familiar que, ese lugar, les pertenece. Por lo tanto, la demarcación de un territorio dependerá de la cantidad y utilización de sus recursos alimenticios.
Y después de comer hierba...
En muchas ocasiones los lobos comen hierba. Este hecho en algunas ocasiones puede significar que ese lobo necesita añadir fibra u otros nutrientes a su alimentación cotidiana, necesita purgarse o, simplemente, algo más sencillo, lo hacen porque les gusta.
He visto comer hierba, roer cuernas, morder huesos, chupar piedras a los lobos. Son hechos que suelen pasar desapercibidos porque nos centramos en su alimentación principal que se obtiene mediante la caza o la carroña pero este tipo de suplementos, necesidades o gustos es algo que los lobos hacen con más frecuencia de lo habitual, por lo tanto es muy importante para su estado físico.
Una cosa es de lo que pueda alimentarse y otra muy distinta es que en ocasiones, estoy seguro que saben lo que necesitan. Por ejemplo, he visto a lobos lamer piedras o el terreno, síntoma de la necesidad de determinadas sales minerales, como cuando a las vacas se les da una piedra de sal. También los lobos son capaces de morder huesos e incluso las cuernas de los ciervos. La cuerna es una protuberancia ósea compuesta fundamentalmente por proteínas y fosfato cálcico, además de otros minerales como sodio, potasio o magnesio con lo cual es muy apreciada por otros animales como jabalís, lobos e incluso he visto a ciervos lamer cuernas para suplir las carencias en su alimentación. 
Los lobos viven en una sociedad jerarquizada en la que las marcas, ya sean visuales u olorosas, son muy importantes porque transmiten información que el lobo que pasa por allí interpreta a la perfección.
Rascaduras:
Los lobos, en algunas ocasiones, rascan el suelo dejando una marca visual y además olorosa porque en la planta de sus patas tienen unas glándulas que segregan un determinado olor que quedará impregnado en las señales del suelo. Lo normal es que estas rascaduras se realicen después de que haya marcado con orina o con un excremento aunque no siempre. Por lo tanto una rascadura es una manera más que tienen los lobos para transmitir información como por ejemplo de quién es este territorio o quién manda aquí.
Este tipo de rascadura es el normal pero, en una ocasión, y solamente esa vez pude ver a un lobo arañar con las patas delanteras estiradas el tronco de un árbol, puesto a dos patas y bien estirado como si de un felino se tratara o un oso arañando un viejo tronco.
Indicios, rastros, señales de que han pasado por ahí. La naturaleza nos habla, solamente falta que hablemos su mismo idioma y nos revelará un mundo increíble.