viernes, 12 de octubre de 2018

Nuevamente por Cantabria: zona de Raos.

Esta vez cuestiones médicas, felizmente resueltas, nos llevaron hasta Santander. Dado el poco tiempo del que disponía, solamente pude acercarme a la zona de Raos (siguiendo los consejos de Ernesto Villodas, uno de los mejores conocedores de las aves de Cantabria y con un libro extraordinario: "Cúando y dónde ver aves en Cantabria"), zona más cercana a la que podía acudir. No conocía nada de este lugar y me sorprendió la variedad de aves en un entorno tan sumamente industrializado y humanizado que, aun no siendo la mejor época, pude disfrutar de una buena variedad de observaciones.
En este lugar hay dos zonas claramente diferenciadas; por un lado estaría la zona marítima y por otro la marisma.
Zona marítima: esta zona se llena de aves en cuanto comienza a bajar la marea. Aves que acuden a rebuscar entre las algas que van quedando o en los limos de los playones que se van formando. Aves que no paran un instante de moverse en busca de alimento. Aves como los diferentes tipos de gaviotas entre las cuales las patiamarillas son las más abundantes, seguidas de reidoras y cabecinegras, de estas últimas me sorprendió ver un grupo de unos 70 individuos (para alguien de interior eso es una barbaridad) entre los que había varias anillas (blanca y verde) pero demasiado lejos para leerlas, muy pocas sombrías y hasta una decena de los impresionantes gaviones que se movían como gigantes dominadores de las carroñas de peces que aparecían en las islas que se formaban al bajar la marea.
Junto a las gaviotas una legión de garzas reales, garcetas comunes y espátulas patrullaban las orillas en busca de todo lo que pudieran alcanzar. Entre las espátulas pude leer dos anilladas. Ambas espátulas son habituales de la bahía de Santander donde acuden regularmente cada temporada.
La primera es la: GfGN/aGP (en la imagen superior la de la derecha). Anillada el 31 de mayo de 2015 por Klaus Gunther en Alemania. También ha sido vista en Holanda, Bélgica y Alemania.
La segunda es la LGL/YfaB. Ejemplar anillado el 22 de julio de 2013 por Otto Overdijk en Holanda que como nota curiosa 17 días antes de verla se encontraba en su Holanda natal.
En los limos se movían zarapitos trinadores y reales, chorlitejos grandes o correlimos comunes que parecían corredores de fondo en comparación a sus grandes vecinos.
Los charranes patinegros descansaban en los playones o volaban patrullando la orilla lanzando impresionantes picados como pequeños misiles que, tenían su recompensa, en un buen número de ocasiones mientras, grupos de cormoranes grandes o moñudos se secaban plácidamente al sol.
En el agua varios zampullines cuellinegros y somormujos lavancos se sumergían constantemente mientras sus vecinos deambulaban por las orillas.
Es increíble la adaptación de los animales a las zonas humanizadas. Esta zona está muy industrializada y aun así las aves siguen su vida cotidiana. Es inevitable pensar en ¿cómo sería esta zona sin este gran cambio provocado por el hombre?
Zona de marisma: la otra gran zona corre paralela al aeropuerto más otras pequeñas lagunas cercanas. Aquí podemos encontrar aves completamente diferentes: ánade azulón, ánade friso, focha común, porrón europeo, zampullín chico, pato cuchara y cerceta común que nadan plácidamente mientras agachadizas comunes, andarríos grandes, correlimos comunes y algún vuelvepiedras se mueven por las orillas y las garzas reales, cormoranes grandes y espátulas descansan sobre la rocas que surgen como pequeñas islas de la marisma.
También pude acercarme a comprobar la belleza de la costa y el mar desde Liencres; para alguien de tierra adentro ver el mar es fascinante, es una sensación placentera pero llena de fuerza, poderío y respeto. Desde aquí pude observar una gran balsa de alcatraces pescando en constantes y fulgurantes picados que entraban en el agua a una velocidad increíble para remontarse nuevamente y comenzar otro nuevo picado.
Alcatraces en la lejanía.
El grupo de alcatraces pescaba en lo que debía de ser un gran banco de peces. Calculo que habría entre sesenta y ochenta alcatraces pescando. Era algo impresionante.
El alcatraz es una ave pelágica de enorme belleza como queda plasmada en las siguientes fotografías que tuve la suerte de sacar en otra ocasión.
Así se encuentra en estos momentos la zona de Raos esperando el momento de la gran llegada de los invernantes que llenaran de colorido y vida esta zona tan industrializada pero en la que la vida se abre paso.

miércoles, 3 de octubre de 2018

Águila imperial ibérica: ¡Por fin crió en Zamora!

En un lugar de la provincia de Zamora del que, evidentemente no me voy a acordar, una pareja de jóvenes águilas imperiales ibéricas observa el amanecer de un nuevo día. Un nuevo día en su lugar de nacimiento que están a punto de abandonar. Ese lugar de nacimiento por fin ha sido la provincia de Zamora. Después de varios años en los que sus avistamientos en nuestra provincia pasaron de ser extremadamente raros a ser más continuos y de criar en provincias limítrofes, la pasada primavera, una pareja de águila imperial ibérica se asentó en un territorio situado en nuestra provincia; un hecho largamente anhelado que es una maravillosa noticia.
En una entrada del blog publicada el 18 de junio de 2015 escribía: “Este aumento de observaciones en los dos últimos años hace prever que, más pronto que tarde (esperemos), el águila imperial ibérica se asiente en la provincia Zamora y consiga criar, algo que sería un noticia extraordinaria”.
Ese momento ya ha llegado y es una importantísima noticia para una ave que ha pasado de estar en estado crítico a irse recuperando poco a poco; para hacerse una idea basten los siguientes datos: en 1974 se localizaron 38 parejas; en 1986: 106; en 2003:184; en 2008: 251; en 2011: 327 (datos extraídos del libro: “El águila imperial ibérica” de Luis Mariano González y Andoni Canela). Si seguimos en sucesivos años: en 2012: 350 parejas; en 2013: 407 y actualmente se estiman alrededor de 500 parejas reproductoras.
Datos que son lo suficientemente elocuentes como para dar a entender que ha estado al borde de la desaparición y ahora va despuntando muy lentamente.
¿Y en Castilla y León? En la página efe verde el 24 de agosto de 2016 se escribía: “En 2003, cuando la Junta aprobó el Plan de Recuperación, había 22 parejas. La población de águila imperial ibérica registrada en Castilla y León este año (2016) -que supone 89 parejas reproductoras y 112 pollos que han alcanzado la madurez- multiplica ya por cinco las 16 parejas de esta especie que habitaban la región en 1990, cuando se preveía cercana su extinción”.
Amanecía cuando la vi. Estaba imponente. Preciosa. Majestuosa. Su esbelta silueta se recortaba en el amanecer. Allí estaba. En el suelo. Observando. Tranquila. Era uno de los juveniles de águila imperial ibérica nacidos aquí, en la provincia de Zamora. Primera vez en la historia, que se tenga constancia, de la cría y nacimiento de dos pollos de esta preciosa y amenazada ave.
Han pasado varios meses desde su nacimiento. Estos jóvenes pajizos están a punto de ir abandonando el territorio en el que han nacido. Van a comenzar una de las épocas más peligrosas de su vida. Se han ido alejando del nido. Han ido haciendo vuelos más altos y lejanos. Sus padres cada vez pasan menos tiempo con ellos e incluso llegará un momento en el que los echen del lugar donde nacieron y tendrán que irse, tendrán que buscar nuevos territorios.
Todavía no saben cazar bien. No tiene depurada su técnica y necesitarán alimentarse, con lo cual, con mucha probabilidad, se asociarán a grupos de buitres leonados y negros para conseguir alimento fácil, la carroña.
La joven imperial se levantó del suelo con su poderoso vuelo para situarse en unos árboles cercanos desde los cuales observaba tranquila. Los adultos no llegaban y decidió moverse. Nuevamente alzó el vuelo poderosa, elegante, majestuosa. En un vuelo directo se acercó hasta una gran alpaca de paja que, para mi sorpresa, tenía premio. El segundo juvenil estaba allí.
Recuerdo la primera vez que vi un águila imperial en la provincia de Zamora. Fue en el año 2012. En un momento mágico que relaté en una entrada del 21 de agosto de 2012 (recordarla pinchando aquí). Desde entonces la he visto en varias ocasiones, de diferentes edades y en diferentes puntos de la provincia.
Aquí estaban las dos juveniles. Tranquilas. Observando desde su improvisada atalaya. Pasaron los minutos hasta que una de ellas se levantó e hizo algo que todavía no entiendo pero que seguro tiene alguna explicación que no soy capaz de comprender.
Desde la gran alpaca se dirigió a un campo segado cercano. Se posó en el suelo y comenzó a recorrerlo andando despacio o a pequeños saltitos con algunos aleteos sin levantarse. Recorrió cerca de 250 metros de esta manera. Era muy curioso verla andar. Verla moverse estirada, a paso lento pero seguro ¿Qué hacía? ¿Se ejercitaba? ¿Hacía movimientos para que sus padres la vieran y le trajeran comida? El caso es que de esta manera recorrió gran parte del campo hasta llegar a su borde donde se paró y quedó quieta.
Inmediatamente, el otro juvenil, hizo exactamente lo mismo, con la única diferencia de que recorrió la mitad del campo recorrido por su hermana pero llegó al mismo lugar y se situó junto a ella.
El águila imperial ibérica es uno de los símbolos de nuestro país. Es la rapaz más amenazada de Europa. Es un ave emblemática que debemos de conservar, que debemos de hacer todo lo posible para que vuele en nuestros campos. Es un ave que hemos tenido la inmensa suerte y privilegio de que se haya asentado en nuestra provincia. Esperemos que le vaya bien. Que esté tranquila. Que seamos capaces de comprender la importancia de su presencia, de respetarla, de no ocasionarle inconvenientes, de cuidar con mimo su presencia entre nosotros porque si no lo hacemos estaremos cometiendo un error imperdonable.
Las dos juveniles pronto se irán del territorio en el que nacieron pero sus padres quedarán aquí. Es su territorio. Su vida. El lugar en el que pasarán, como pareja, el resto de su vida. Lugar en el que criarán. Lugar en el que nacerá una nueva generación de esta ave tan emblemática, amenazada y majestuosa.

domingo, 23 de septiembre de 2018

La otra alimentación del lobo.

El lobo es un animal que aprovecha cualquier oportunidad que le da la naturaleza para intentar sacar partido, puede comer desde carroña hasta frutos, pasando por insectos y pequeños animales como topillos o conejos pero sin olvidarnos de las grandes presas como corzos, ciervos, jabalís o animales domésticos. No es lo mismo lo que puede cazar un lobo solitario, ya sea viejo, joven en expansión o miembro de un grupo, que lo que puede cazar un grupo familiar.
Los lobos son tremendamente adaptables, aprovecharán cualquier oportunidad que se les brinde y aprenden rápidamente adaptándose a donde están y a las necesidades que tienen en ese momento. Por ejemplo aprender a cazar pequeños roedores, es algo que les será de enorme utilidad en momentos en los que las grandes presas escaseen o se encuentre sólo y no tenga capacidad para acceder a una presa más grande. La adaptación es un arma de la cual los lobos no se pueden olvidar, les salvará la vida.
Jóvenes lobos aprendiendo cazar topillos.
Agradezco a Fernando García sus fotografías.
Una cosa es de lo que pueda alimentarse y otra muy distinta es que en ocasiones, estoy seguro que saben lo que necesitan. Por ejemplo, he visto a lobos lamer piedras o el terreno, síntoma de la necesidad de determinadas sales minerales, como cuando a las vacas se les da una piedra de sal. También los lobos son capaces de morder huesos e incluso las cuernas de los ciervos. La cuerna es una protuberancia ósea compuesta fundamentalmente por proteínas y fosfato cálcico, además de otros minerales como sodio, potasio o magnesio con lo cual es muy apreciada por otros animales como jabalís, lobos e incluso he visto a ciervos lamer cuernas para suplir las carencias en su alimentación.
Este joven lobo tenía como juguete favorito un hueso
que iba royendo poco a poco, cuando se acababa...buscaba otro.
El hecho de comer hierba en algunas ocasiones puede significar que ese lobo necesita añadir fibra u otros nutrientes a su alimentación cotidiana, necesita purgarse o, simplemente, algo más sencillo, lo hacen porque les gusta.
He visto comer hierba, roer cuernas, morder huesos, chupar piedras a los lobos. Son hechos que suelen pasar desapercibidos porque nos centramos en su alimentación principal que se obtiene mediante la caza o la carroña pero este tipo de suplementos, necesidades o gustos es algo que los lobos hacen con más frecuencia de lo habitual, por lo tanto es muy importante para su estado físico.
Después de comer hierba...
Volviendo a la caza de pequeños animales. Ver a un lobo aprender a cazar topillos es algo fantástico. Ver como es capaz de ir descubriendo con su ensayo error como debe de hacerlo es puro aprendizaje; verlo perseguir conejos y enseñar a sus jóvenes lobos como hacerlo es algo que les servirá para toda la vida como hacían un grupo de lobos que llevaban a sus jóvenes a una zona concreta, en la que había gran abundancia de conejos, y les mostraban como tenían que capturar a los jóvenes, mucho más fáciles de capturar que los adultos.
¿Y ver a un lobo perseguir liebres? La liebre se caracteriza por su velocidad pero el lobo, a mas de uno, sorprendería si vieran la velocidad que puede alcanzar y, persiguiendo a una liebre, es un visto y no visto, rapidísimo. 
¿Y comer insectos? En una ocasión, después de llevar viendo a un grupo de jóvenes lobos en una pradera durante gran parte de la mañana, nos dimos cuenta de lo que estaban haciendo o por lo menos eso interpretamos. Les veíamos moverse entre las hierbas lanzando bocados a un lado y a otro. ¿Qué hacían? Se movían entre las hierbas altas como sin rumbo ni sentido. Pasada gran parte de la mañana caímos en la cuenta de que podrían estar comiendo saltamontes ya que eran muy abundantes en toda la zona. Los insectos también forman parte de la dieta de los lobos. Adaptabilidad y disponibilidad, algo que los lobos tienen muy presente.
Alimentación variada que le permite al lobo subsistir y adaptarse a cualquier situación, en cualquier momento y época de su vida. El lobo ha aprendido y enseña el camino a sus pequeños. Es un superviviente nato. Ahí está una de las principales razones de seguir campeando en nuestra tierra: su adaptabilidad.

sábado, 15 de septiembre de 2018

Ostrero en Zamora y un reto...

Ver un ostrero en la provincia de Zamora es algo muy inusual, tan inusual como que, según los datos del magnífico ornitólogo zamorano Alfonso Rodrigo (El pernil) al cual se lo agradezco enormemente, es la novena cita histórica y el ejemplar número trece para la provincia de Zamora y el primero en el mes de septiembre. Este ostrero lo descubrió el pasado 3 de septiembre otro gran amante de la naturaleza, Alfredo Valiente (aves valdalla).
Al día siguiente lo pude localizar entre un grupo de avefrías y gaviotas reidoras mientras se alimentaba en una de las orillas del embalse de Ricobayo del río Esla. Es mi primer ostrero en la provincia y me hizo especial ilusión ya que verlos en la costa es muy común pero verlos aquí es mucho más raro.
La primera vez que vi un ostrero me recordó a una cigüeña negra achaparrada. El pico largo y anaranjado o rojizo, esos tonos negros y blancos, las patas...Es un limícola grande y muy hermoso.
Este ostrero tiene una particularidad importante: le falta una pata. No tiene pata izquierda desde arriba del todo, ni siquiera aflora un muñón. Este hecho podría suponer un problema pero este ejemplar lo tiene perfectamente asumido ya que se mueve a pequeños saltos con cierta agilidad y vuela sin ninguna dificultad.
Me gustaría plantear una pequeña investigación, sé que es muy difícil pero quién sabe. La idea es la siguiente: ya que es un ostrero muy peculiar y creo que habría muy pocos ejemplares como él, se podría saber por donde se ha movido o a donde va si alguien lo ve y lo comenta; sé que es muy complicado y todavía más en la zona de costa dada la gran cantidad de ostreros que se mueven en esas zonas, en el interior sería más fácil pero quizás alguien lo vea y lo comente. Sería realmente curioso poder saber a donde se mueve fijándonos en su característica de no tener la pata izquierda desde arriba del todo.
El ostrero se movía tranquilo junto a chorlitejos, andarríos, gaviotas reidoras y avefrías que se enfadaban picándole cuando se aproximaba hacia ellas, alejándose dando pequeños saltitos para estar más tranquilo y seguir comiendo.
El día 9 lo volví a ver y, volviendo a los datos de Alfonso Rodrigo (encomiable su labor por la ornitología zamorana), es el ejemplar que más días ha permanecido en el mismo lugar en nuestra provincia: ha estado siete días desde que se descubriera (pensemos que podría llevar más tiempo antes de descubrirse).
Allí seguía. Tranquilo. Desconfiado. Atento a cualquier movimiento que pudiera resultar sospechoso o preocupante. Estaba sólo, cerca de él un grupo de garzas reales descansaba plácidamente al sol de la tarde mientras los andarríos correteaban por la orilla en busca de cualquier cosa que llevarse al pico.
Hace poco mas de un año, el 2 de agosto de 2017, otro gran amigo y amante de la naturaleza, Fernando García vio otro ostrero en el mismo embalse, a muy pocos kilómetros de donde se encontraba este.
Fotografías realizadas por Fernando García,
 al cual le agradezco enormemente cedérmelas para ilustrar esta entrada.
Quizás paren más de los que realmente vemos en sus periplos migratorios. Lo que somos capaces de ver es una mínima parte de lo que verdaderamente se mueve, pasa o se queda temporalmente en un lugar.
Recuerdo el reto de que si alguien ve a este ostrero, lo podría comunicar. Es algo muy complicado pero cosas más imposibles suceden muy a menudo.

miércoles, 5 de septiembre de 2018

Cigüeñas negras y ciervos en el spa.

La tarde era calurosa. No calentaba como otros días pero el calor se dejaba notar. El polvo del camino se arremolinaba en pequeñas brujas que subían lentamente mientras una cigüeña negra se movía pausadamente en el río buscando alimento.
La cigüeña negra es un ave extremadamente esquiva, hay que tener mucho cuidado porque al menor movimiento que perciba como un peligro o que te acerques demasiado, se marchará, es un ave tremendamente desconfiada que llega hasta nuestra tierra en febrero o marzo para criar y sobre septiembre u octubre se vuelve a marchar hacia el sur. 
Se movía con cautela, sus movimientos eran precisos y lentos. Estaba pescando. Pasados unos minutos apareció otra cigüeña negra que pasó volando y se situó en otro lugar del río en busca de alimento. Dos mas aparecieron poco después. En ningún momento se juntaron. Cada una se dedicaba a lo suyo. Tres en el agua y una sobre un roquedo. Tres adultas y una que todavía no lo era, la coloración poco rojiza de su pico la delataba.
La cigüeña negra se incluye en el Libro Rojo de aves de España como vulnerable y en el Catálogo Nacional de Especies Amenazadas como en peligro de extinción. En España se estiman unas 400 parejas (SEO BirdLife).
La primera cigüeña levantó el vuelo. Tres ciervos se dirigían muy cerca de donde se encontraba pescando. Dos hembras y un vareto (macho de un año) se acercaban al agua.
Eran las seis de la tarde y el calor apretaba. Bajaron lentamente hasta llegar a una zona de barro donde se echaron y comenzaron a rebozarse para un lado, para el otro, panza arriba; era curiosísimo verlos restregándose la espalada con las patas al cielo como si fueran pequeños cachorrillos a los que les rascas la barriga.
Estos baños les sirven para refrescarse y crear una película de barro en su cuerpo que les permite evitar a los incómodos insectos que les acribillan en estos calurosos días, es una magnífica forma de evitar incomodidades, desparasitarse y evitar posibles infecciones. Con esta capa de barro los mosquitos y demás insectos no podrán incordiarles tanto.
El vareto, una vez rebozado, comenzó corretear alrededor. Pequeños saltos. Rascaduras en el suelo. Movimientos de cabeza, de orejas, de cuello…estaba disfrutando. Este vareto estaba muy atrasado en su cuerna. A estas alturas debería de tenerla totalmente desarrollada y limpia pero no, a este pequeño macho todavía le estaba creciendo. Este vareto sería de los nacidos muy tardíos del año pasado; en ocasiones puede haber hasta mes y medio entre el nacimiento de los primeros y de los últimos, incluso mas tiempo.
Al poco tiempo se levantaron y bajaron al río donde bebieron agua y se refrescaron tumbándose en el cauce para, casi inmediatamente, acercarse a otra gran zona de barro y comenzar un nuevo baile en el que se embadurnaron por completo nuevamente.
Desde la antigüedad los hombres hemos tomado baños de barro por diferentes motivos y diversas dolencias pero los animales también. Los jabalís son muy aficionados a embadurnarse de barro en las llamadas: bañeras, en las que se meten regularmente, sobre todo en primavera y verano como hizo este grupo familiar de ciervos qué, de repente, levantaron las orejas y se pusieron tensos, en alerta.
Un mastín se acercó mientras un grupo de vacas caminaba por la orilla. De un lado las ciervas y el vareto, del otro el mastín y las vacas. Parecían púgiles esperando la orden del arbitro para comenzar. Pasados unos segundos el mastín se arrancó y las ciervas salieron corriendo seguidas del vareto a la seguridad de los brezos y escobas.
El mastín frenó tras una corta carrera. Lo que quería lo había conseguido: echar a intrusos de la cercanía de las vacas que se habían acercado todavía más.
Mi foco de atención volvió a las cigüeñas negras y los pequeños habitantes del lugar. Habitantes que recorren la orilla en un frenético y constante movimiento para conseguir comida: andarríos chicos y grandes, chorlitejos chicos y grandes, collalbas grises o lavanderas blancas mientras los ánades reales nadan tranquilos o los cormoranes se zambullen repetidamente, sin olvidarnos de las garzas reales que permanecen hieráticas o las cigüeñas blancas que buscan algo que llevarse al pico sin dejar de mirar de reojo a todo lo que pueda pasar volando ya sea un peligro o no; ya sea un águila culebrera, un busardo ratonero o un grupo de buitres leonados y negros prospectando la zona en busca de cualquier resto que limpiar del campo.
Con la vuelta del mastín cerca de las vacas y los ciervos ocultos entre el brezo todo volvió a la tranquilidad. Una tranquilidad que puede ser rota con la llegada de cualquier otro visitante al río en busca de descanso, alimento, agua o, simplemente, a refrescarse.

jueves, 23 de agosto de 2018

Gran aparición de ciervo volante

Este pasado mes de julio ha sido verdaderamente espectacular en la aparición del mayor escarabajo que tenemos en Europa: el ciervo volante. 
Macho de ciervo volante.
El ciervo volante es un coleóptero que tiene una larga vida bajo tierra, en forma de larva, pudiendo llegar a vivir de esta manera hasta siete años. Larva que se alimentará de madera muerta de árboles o ramas caídas, sobre todo de robles que se van descomponiendo poco a poco.
Transcurridos unos años en forma de larva, en los que puede llegar a medir 10 cm, se produce la metamorfosis, el gran cambio, en el que esa gran larva se encierra en una cámara, en el suelo, junto al árbol caído que ha sido su casa y fuente de alimento para, convertirse en un poderoso escarabajo, que permanecerá enterrado desde otoño hasta el principio del verano para salir e iniciar una vida corta en busca de pareja para poder reproducirse.
Es en esa época cuando podemos ver a los espectaculares machos de fuertes mandíbulas en busca de una hembra. Este año, el mes de julio, ha sido especial en la aparición de estos impresionantes escarabajos. Al tener un ciclo de vida tan largo en forma de gusano son muy pocos los ciervos volantes que salen cada año, incluso, algunos años es prácticamente imposible ver uno pero, este año, como si se hubieran puesto de acuerdo, ha habido una gran “aparición”.
He podido ver varios ejemplares tanto de machos como de hembras. Ejemplares entre los que se puede apreciar un gran dimorfismo sexual. Los machos son más grandes y tienen unas poderosas mandíbulas que utilizarán para luchar contra otros machos en pos del favor de las hembras que son más pequeñas y rechonchas, sin esas grandes mandíbulas y de un color negruzco.
Hembra de cierva volante.
Es una gran satisfacción poder ver a estos grandes escarabajos que cada vez escasean más; la causa fundamental es la pérdida de su hábitat natural. Hábitat que desaparece porque los árboles caídos no se dejan en el bosque y al ciervo volante le cuesta, cada vez más, encontrar lugares en los que, en su fase de larva, poder sobrevivir.
No solamente ha aparecido este gran escarabajo; también he podido ver a otro de estos poderosos animales, el escarabajo rinoceronte, concretamente una hembra que apareció durante la noche, por arte de magia, en mitad de un juego cuya temática era el Antiguo Egipto, lo cual aproveché inmediatamente para enseñárselo a los niños del campamento.
Hembra de escarabajo rinoceronte.
Recordemos que el escarabajo en el Antiguo Egipto era considerado como una protección contra el mal y el símbolo de la resurrección.
Este escarabajo rinoceronte hembra presenta una pequeña protuberancia a modo de cuerno que nada tiene que ver con el formidable cuerno del macho. Al igual que el ciervo volante posee un ciclo de vida muy similar pero la fase de larva es mas corta.
Dos poderosos escarabajos que forman parte del orden de los coleópteros, el más grande del mundo animal con más de 380.000 especies distribuidas por todo el mundo (menos la Antártida).