martes, 29 de noviembre de 2016

Villafáfila: una esperanzadora invernada.
El pasado 2 de noviembre escribía en una anterior entrada: “Actualmente habrá entorno a 500-600 gansos en toda la Reserva; cifra irrisoria que como no haga más frío en el centro y norte de Europa y aquí llueva, no van a venir, ¿para que desplazarse miles de kilómetros si tienen comida suficiente en el centro de Europa?”
La primera circunstancia ya ha sucedido. En el norte de Europa han caído las primeras nevadas y el tiempo ha cambiado, algo que no hacía por esta época en los últimos años, circunstancia que ha empujado a miles de ánsares a desplazarse hacia el sur, con lo cual, en el último censo efectuado en la reserva el pasado día 15, se contabilizaron algo más de 4.000 ejemplares pero, ahora y después de mi última visita el pasado día 25, esa cifra, estoy seguro que ha aumentado más.
Esto es un motivo de alegría ya que hacía varios años que no había esa cifra en las lagunas de Villafáfila en la época en la que nos encontramos pero, la segunda circunstancia debe de suceder; hay muy poca agua en la reserva, es imprescindible que llueva, que las lagunas se vayan llenando sino, todos esos miles de ánsares que están viniendo y llegando a la reserva se irán, buscarán otro lugar con agua para poder pasar el invierno. En el último fin de semana ha llovido, espero que sea un comienzo en la acumulación de agua para las maltrechas lagunas de la reserva.
Un hecho que indica que vienen nuevos ánsares es el poder leer y estudiar el movimiento de los que están marcados con un collar; así, por ejemplo, el primer collar que he leído este año (que ya he visto en tres ocasiones) es de un ejemplar que nunca había invernado en España (si hubiera venido, seguramente, en algún momento, se le habría podido ver). Este ganso común es el TJE y fue anillado en Noruega el 29 de junio de 2010, siempre había invernado en Holanda y Alemania, nunca había bajado más al sur de esos países porque, seguramente, no le había hecho falta desplazarse más pero, en esta ocasión, ha bajado hasta aquí; el frío y la nieve que ha tapado sus zonas de alimentación le ha empujado hasta nuestras latitudes.
Otro ganso nuevo es el del collar “raro”, me explico, el pasado día 11 Alfonso Rodrigo y yo más tarde pudimos ver un ganso con collar azul LZ5 que descansaba en la laguna de San Pedro; lo curioso de este collar es que tiene la letra L puesta al revés. Este ganso fue anillado el 16 de junio de este año en Noruega y es su primer avistamiento y su primera migración en la que ha llegado hasta las lagunas de Villafáfila.
Esperemos que estos dos días haya caído la suficiente agua para que, al menos, no se vayan los ánsares que ya han llegado. Con ellos, casi siempre, viene algún infiltrado, como la barnacla cariblanca que nos acompaña desde el pasado 1 de noviembre.
Las grullas están en los números más altos de este año, hay alguna más de 1.000 y entre ellas siempre aparece alguna anillada como es el caso de dos ejemplares que pude ver y que iban juntos a todos lados, no se separaban ni un instante; la lastima es que de los dos, solamente pude leer una, ya que la otra siempre me ocultó una de las patas pero, lo que si es seguro, es que las dos están anilladas en Alemania.
La grulla con código BuBuR- YGY es muy curiosa porque no tiene informe de datos pero si tiene 5 observaciones: 3 en Alemania y 2 en España. Presumiblemente fue anillada en Alemania el 13 de octubre de 2008 y solamente se ha visto allí, hace tres años en Villafáfila y la observación del otro día. La verdad es que me quedé con las ganas de saber la historia de la otra grulla porque al ir siempre juntas podría suceder que tuviesen una historia tan singular y hermosa como la de dos grullas que pude observar en noviembre de 2014 (pinchar aquí para recordarla).
Azulones, combatientes, ánade rabudo, silbón, cerceta común, tarro blanco, agachadizas, gaviotas reidoras, estorninos negros y pintos, aguiluchos laguneros o cernícalos vulgares son algunos de los habitantes de las lagunas que se pueden ver estos días al igual que los espectaculares y preciosos búhos campestres.
La invernada tiene muy buena pinta esperemos que llueva lo suficiente y se cumplan las expectativas...

viernes, 18 de noviembre de 2016

Búhos campestres y ánsares en Villafáfila.
El sol había salido hacía pocos minutos pero las nubes ocultaban su luz dando un aspecto triste y desangelado a la mañana. Acababa de llegar a las Lagunas de Villafáfila e iba en busca de los habitantes principales en esta época, los ánsares, cuando, según avanzaba, comenzaron a levantarse búhos campestres a ambos lados. Era increíble. Se levantaban, volaban unos metros y se volvían a posar. 1, 2, 3, …16 preciosos búhos campestres aparecieron ante mi asombro y mi cara de incredulidad.
No esperaba encontrármelos y, muchas veces, cuando surge algo que no esperabas la sensación es de perplejidad, admiración y un asombro que pasa a ser una maravilla cuando los disfrutas a placer; cuando los puedes observar en todo su esplendor, observar sus grandes y preciosos ojos, sus inmaculadas plumas, sus fuertes patas y las diferencias de tono en sus colores.  
Había más de 16, seguramente estarían entre 20 y 30 pero era imposible contarlos. Su penetrante mirada me taladraba como una afilada lanza. Sus preciosos ojos amarillentos no dejaban de observar al intruso.
El búho campestre es un invernante común en España llegando desde zonas nórdicas y rusas; hasta hace pocas décadas no criaba aquí, pero desde los años noventa del siglo pasado cría en nuestra tierra, sobre todo en Tierra de Campos, donde encuentra una buena despensa de comida necesaria para sacar adelante a sus pequeños.
El búho campestre es la rapaz nocturna más diurna, se alimenta fundamentalmente de pequeños roedores, siendo junto con otras rapaces un fantástico controlador de sus poblaciones. Mucho mejor que el maldito veneno o las quemas. De entre todos ellos, dos me llamaron poderosamente la atención. 
El primero estaba posado en un campo cuando comenzó a mover el cuello y el cuerpo de una forma convulsiva, como cuando tenemos ganas de vomitar y, ante mi asombro, abrió el fuerte pico y vomitó una egagrópila, es decir, estaba devolviendo una especie de bola con todas las partes que no puede digerir de sus presas (huesos, plumas…) el proceso es similar a cuando los gatos devuelven una bola de pelo. Estas egagróplias son una fuente de información ya que con su estudio se puede saber la alimentación de esa rapaz.
El segundo por su color. Era mucho más blanco que los demás, me recordaba a los búhos de las películas de Harry Potter. Era realmente precioso.
Al ver posado al búho campestre en el suelo tienes la sensación de que se va a caer de cabeza, que va a perder el equilibrio, ya que está de una forma muy horizontal, casi paralelo al suelo, no como otras rapaces nocturnas que están muy verticales. La explicación de esa postura es muy sencilla: como pasa gran parte de su tiempo posado en el suelo, tiene que adquirir una posición que no destaque demasiado; si estuviera más vertical se le vería inmediatamente en la llanura; por el contrario otras rapaces nocturnas están mucho más verticales porque tienen que pasar desapercibidas en lo alto de un árbol y deben asemejarse a las ramas que están a su alrededor.
Dejé a los búhos campestres y busqué a los ánsares que este año, toquemos madera, parece que, hasta estos momentos, han venido más que los que había, por estas fechas, el año pasado. Actualmente hay algunos más de 4.000 y, entre ellos, mis dos primeros ánsares caretos (en una visita anterior), un par de ánsares con collar y al ánsar chico que nos ha estado volviendo locos durante las últimas semanas.
El pasado verano José M. San Román descubrió un ánsar chico en el Centro de Interpretación y, a principios de septiembre, Alfonso Rodrigo descubrió que portaba una anilla, lo cual, en principio era síntoma de que procedía de una colección privada o un parque.
Durante las últimas semanas se ha visto un ánsar chico entre los grupos de ánsares salvajes que se mueven por las lagunas surgiendo la duda de si era el mismo ejemplar.
El pasado día 12 lo pude ver en una zona de la Salina Grande entre un grupo de ánsares comunes que llegaban volando. Me llamó poderosamente la atención su gran cojera y el enorme barrado, no se parecía al del ejemplar que había visto el pasado 30 de septiembre en las lagunas del Centro de Interpretación. Como no pude verle la anilla surgió la duda. ¿Era el mismo?
En días sucesivos otras personas lo han conseguido ver y certificar que tiene la anilla al igual que lo he visto hoy, con lo cual, la duda y el misterio se han resuelto. 
Es un ave preciosa y verlo entre los ánsares comunes es especial y, si fuera un ave que viniera con ellos desde el norte de Europa, sería un auténtico lujazo. Hay más ánsares, collares pero eso será otra historia.

sábado, 12 de noviembre de 2016

¿Por qué marcan los animales?
El zorro caminaba delante de mi. No me había visto. El camino estaba casi inundado de altas hierbas que me iban tapando; me ocultaban de su vista, aunque estoy convencido que me percibía, sus sentidos estaban alerta y no le hacía falta verme para detectarme pero no me tenía miedo.
Caminaba lentamente por uno de los laterales con la trufa pegada al suelo, iba recibiendo información constante de por dónde iba, quién había pasado por allí, que posibles peligros había o que posibles presas. Oler es igual a información, ver es igual a información y que me mejor manera de poner tu propia marca que dejar un excremento.
El zorro se paró. Se giró. Marcó en mitad del camino y me miró. Sabía donde estaba. Dejó su información visual y olorosa, cruzó el camino y desapareció entre las altas hierbas del lado contrario por el que se desplazaba. Se perdió en el campo pero había dejado su marca, su olor, su tarjeta de visita, su: “he estado aquí y esto es mío”.
Este hecho tan común en muchos de los animales de nuestros campos le fascina a los niños cuando les hablas de porqué lo hace, de porqué los animales marcan en ciertos lugares. El marcaje es una forma de comunicación; es una manera de mandar información que otros animales recibirán e interpretarán.
El marcaje  de un animal es completamente diferente al de otro. El olor de la orina de un zorro es diferente al de otro zorro y, el de un macho, es diferente al de una hembra por lo tanto, ese marcaje tendrá diferentes finalidades. Servirá por ejemplo para delimitar un territorio pero también para buscar una posible pareja, para saber que esa pareja está en celo o para indicar a miembros de tu mismo grupo familiar que estás ahí.
La orina es un marcaje oloroso y el excremento es un marcaje tanto visual como oloroso. El marcaje mediante un excremento tiene como finalidad principal la demarcación de un territorio.
Un territorio se delimita, principalmente, por la cantidad de comida disponible en él. Así, si un grupo de lobos tienen un territorio, harán saber al resto de lobos que no son de su grupo familiar que, ese lugar, les pertenece. Por lo tanto, la demarcación de un territorio dependerá de la cantidad y utilización de sus recursos alimenticios.
Lobo salvaje marcando en plena naturaleza.
El hecho de que un animal esté en su territorio le proporciona una sensación de confianza y de estabilidad. Sabe lo que hay dentro de él, lo conoce, se sentirá hasta más fuerte dentro de sus límites. Y el hecho de entrar en otro territorio te avisa de los posibles peligros que puedes correr a nivel de enfrentamientos con los dueños de ese lugar. En muchas ocasiones sirve para evitar peleas o enfrentamientos directos. Si un animal entra en otro territorio sabe a lo que se puede enfrentar y tratará de evitarlo a menos que sea un gran grupo y pretenda conquistarlo por la fuerza.
Secuencia de imágenes tomadas en el Centro del Lobo Ibérico
en Robledo (Zamora) en las que se ve a un macho marcando.
Después de orinar rasca con las patas traseras
y delanteras en el mismo lugar.
Rascadura de lobo salvaje en La Sierra de la Culebra.
No solamente hay marcajes con excrementos o con orina también podemos encontrarnos con marcas de uñas en árboles o en el suelo, de cuernas o colmillos en arbustos o pequeños árboles o marcas olorosas como las que pueden dejar los ciervos cuando están en plena berrea y deben limpiar y pulir sus cornamentas restregándose en pequeños pinos en los que también dejarán su olor ya que de las glándulas del lagrimal le salen unas secreciones que marcarán ese pino dejándolo con una marca visual: tronchado o doblado por las cuernas y olorosa: el olor dejado por las glándulas.
Ciervo restregándose y marcando en un pequeño pino.
Cuando un jabalí o un ciervo se revuelcan en barro o se rascan en un árbol también están dejando su olor, su impronta de: "he estado aquí".
El marcaje es fundamental en muchos animales. Es pura comunicación. Es puro trasvase de información.

miércoles, 2 de noviembre de 2016

Barnacla cariblanca en una Villafáfila seca.
Las lagunas de Villafáfila necesitan agua. Hay muy poca concentrada en tres puntos básicamente: La Balsa, La Rasa y El puente romano. El resto, seco. Aún así saltó la agradable sorpresa de la presencia de una barnacla cariblanca que descubrieron Cristian Osorio y Estrella Huerga.
La barnacla cariblanca al anochecer.
Como me encontraba por las lagunas me acerqué para intentar localizarla y así poder disfrutarla, quizás sea de las pocas que veamos este año.
El día estaba agradable y decidimos acudir en una visita familiar hasta las lagunas para que mi pequeña diera un paseo y viera “patos”, como dice ella. En los tres puntos de agua pudimos ver: grulla, tarro blanco, ánsar común, combatiente, zarapito real, chorlito gris, ánade friso, ánade real, ánade rabudo, pato cuchara, avefría, agachadiza común, chorlitejo grande, correlimos común y ánade silbón; así como en la balsa de decantación no faltaron los fieles zampullines chicos y fochas que normalmente se ven en este lugar, sin olvidarnos de cernícalo vulgar, estornino negro y pinto, aguilucho lagunero o busardo ratonero que se pueden ver a lo largo de la reserva o cormorán grande, porrón europeo y moñudo que se encontraban en el Centro de Interpretación.
Las avutardas son fieles a Villafáfila.
Garza real en mitad de la nada.
En esta época del año las grullas tienen un papel destacado, unas 600 se encuentran en este momento en la reserva. Las puedes ver comiendo a primera hora entorno a la Laguna Grande para irse alejando paulativamente a lo largo del día para volver al anochecer a dormir a la seguridad de la poca agua que hay en la Salina.
Grupo de grullas en la Salina Grande.
Grullas comiendo con algunos ánsares comunes entre ellas.
Los ánsares deberían de ser los siguientes en número pero, por desgracia, ya sabemos que su número ha caído en picado en los últimos años. Actualmente habrá entorno a 500-600 en toda la Reserva; cifra irrisoria que como no haga más frío en el centro y norte de Europa y aquí llueva, no van a venir, ¿para que desplazarse miles de kilómetros si tienen comida suficiente en centro Europa?
Incluso, si vinieran unos miles, para que se quedaran en las Lagunas de Villafáfila tiene que llover, tiene que haber agua sino esos miles se irán a las lagunas de La Nava y Campos que ya han comenzado a llenarse artificialmente de agua.
Los números no engañan y el declive de la invernada de ánsares en Villafáfila es constante, así, por ejemplo, en el año 2012: 15.121 ejemplares acudieron a las lagunas de Villafáfila; en el 2013: 9.000; en el 2014: 12.000 y en el 2015: 5.300. La invernada de ánsares en Villafáfila se está muriendo. Si comparamos estos números con los casi 40.000 ejemplares del año 1999 el impacto es aún mayor; en dieciseis años se ha pasado de 40.000 a 5.300 ejemplares…sin palabras.
Entre los pocos ánsares que hay actualmente se ha colado una barnacla cariblanca. Una lotería, ya que, la probabilidad de que algún ánsar menos común o alguna barnacla se cuele entre los pocos grupos de ánsares comunes que hay, es muy, muy baja pero…ahí está.
La barnacla cariblanca se encontraba en la zona de La Rasa. La localicé volando con un pequeño grupo de ánsares comunes que aterrizaron en la escasa lámina de agua. La barnacla se separó de ellos y comenzó a moverse entre los azulones y rabudos que allí se encontraban mientras, cientos de grullas, pasaban volando a la zona de la Salina Grande que tenía agua para pasar allí la noche.
Salina Grande.
El día terminó y nos fuimos con la triste sensación de la sequedad de las lagunas.

sábado, 22 de octubre de 2016

En el embalse de Ricobayo.
El embalse de Ricobayo es uno de los principales embalses de la provincia de Zamora. Se construyó entre 1929 y 1935 en el río Esla, suponiendo una enorme transformación del entorno ya que ocupa casi 6.000 hectáreas y divide la provincia en dos partes: al oeste, la comarca de Aliste y, al este, Tierra de Campos.
Uno de los principales hechos históricos, a nivel ornitológico, acaecidos en este embalse fue que durante muchos años era el principal lugar de invernada del ánsar campestre en nuestro país. Si, del ánsar campestre, algo realmente impensable actualmente. Imaginemos que en vez de ver uno o dos en la temporada pudiéramos ver miles…un auténtico sueño.
En los años cincuenta del siglo XX los grandes bandos de ánsar campestre se desplazan desde las Lagunas de Villafáfila hasta este embalse (J.I. Regueras, 1982). En el libro: “El ánsar campestre y el ánsar común en Castilla y León” de Mariano Rodríguez y Jesús Palacios se menciona que entre 1968 y 1981 este enclave es el principal y prácticamente único punto de invernada del ánsar campestre en España: “…un máximo de 6.000 ejemplares en 1968-69 hasta los 3.800 ejemplares de 1981, desapareciendo todos los posibles puntos de invernada distintos del E. de Ricobayo. A partir de 1981 encontramos un descenso uniforme, desde los 3.000 ánsares de 1982 hasta los 134 de la temporada 1989-90 y los 157  de la temporada 1990-91”. Y el resto ya lo sabemos…desapareció y, actualmente, ver alguno en la temporada es algo extraordinario. El por qué de su desaparición es un tema apasionante pero para otra entrada ya que quiero centrarme en los avistamientos de hace unos días.
Llegué al amanecer a una de las zonas más conocidas del embalse. El viento soplaba helador y, mientras los pescadores se colocaban en sus lugares habituales, monté el telescopio. Mi primera mirada se dirigió hacia una pequeña concentración de grandes aves blancas. Treinta y dos espátulas descansaban en una de sus orillas.
Ver espátulas siempre me satisface y más si, como este era el caso, había alguna anillada. Desde donde estaba no era capaz de leerlas así que me cambié de ubicación para intentarlo.
Un hecho muy importante que ha sucedido esta pasada primavera y verano en otro punto del embalse de Ricobayo ha sido la reproducción, por primera vez en la provincia de Zamora, de seis parejas de espátulas; teniendo éxito cinco de ellas con un total de 10 pollos volados. Algo realmente fantástico que ha supuesto un hito en la ornitología zamorana.
No solamente las espátulas se reprodujeron con éxito sino que, en la misma colonia había también cormorán grande, martinete común, garceta común, garcilla bueyera y la enorme sorpresa de dos parejas de garcilla cangrejera que supusieron otro momento histórico ya que también era la primera vez que se reproducían en Zamora y en Castilla y León.
Estas dos parejas consiguieron sacar adelante siete pollos siendo la reproducción más al norte de esta especie en España. (Para saber más acerca de estos hechos pinchar aquí para las espátulas y aquí para las garcillas cangrejeras (en este enlace debéis buscar en: Aves de España: "Primer caso conocido de reproducción segura de garcilla cangrejera en Castilla y León)).
Llegué a la nueva ubicación desde la cual la visión de las espátulas era mucho mejor, pudiendo leer sin problemas las tres anilladas. Las tres eran procedentes de Holanda, habían sido anilladas como pollos y era la primera vez que se veían fuera de su país de anillamiento (salvo una que se vio en una ocasión en Bélgica).
El ejemplar con el código: aRY/NfPY fue anillado el 6-6-2016 y ha sido visto en una ocasión en Bélgica, otra en Holanda y esta en España.
La segunda tenía como código: NfPN/aYG siendo anillada también en el 2016, el 28 de mayo y es la primera vez que se le ve desde su anillamiento.
La tercera espátula tenía el código: NfNN/aNR fue anillada el 15-7-2015 y ha sido vista siete veces en Holanda y esta observación en el embalse de Ricobayo a 1506 km de su lugar de anillamiento.
En esta zona del embalse las garcetas grandes son especialmente abundantes y es una auténtica gozada seguir sus evoluciones. Conté un total de 55 ejemplares que supusieron mi record personal. Estas grandes y espectaculares aves blancas se movían de un lado para otro en busca de la fácil y abundante comida de que disponen en este lugar. Entre ellas las abundantes garzas reales, algunas gaviotas reidoras y una solitaria gaviota sombría.
Ánade azulón, ánade friso, avefría, cerceta común, ánade silbón, somormujo lavanco, cormorán grande o incluso dos solitarios tarros blancos se movían por esta zona del embalse en la cual muchas de sus orillas embarradas suponen un auténtico festín para todos los limícolas que deambulaban incesantemente por ellas en un incansable frenesí alimenticio.
Agujas colinegras, chorlitejos grandes, agachadizas comunes, correlimos comunes y zarapitines, andarríos chico y hasta un solitario chorlito gris se movían incansablemente sobre la superficie embarrada de algunas de las orillas del embalse que conformaban una gran mesa a la que acudían numerosos comensales.
Las lagunas de Villafáfila están secas y, seguramente, muchos de sus habitantes se hayan desplazado hasta este enclave ya que disponen de alimento suficiente y la tranquilidad necesaria para sentirse cómodos.