martes, 21 de febrero de 2017

Gaviota cabecinegra en Zamora ciudad.
Según llegaba de trabajar decidí para a ver el grupo de gaviotas que llevan todo el invierno en el río Duero a su paso por Zamora ciudad. Grupo que en los dos últimos días se había visto incrementado en un número considerable, sobre todo las sombrías. Paré y comencé la prospección cuando, de repente, apareció la gaviota cabecinegra entre un mar de reidoras.
La gaviota cabecinegra es una gaviota de las consideradas medianas que adquieren el plumaje de adulto a los tres años de edad; en la provincia de Zamora se puede ver fundamentalmente en las lagunas de Villafáfila ya que allí ha criado en los últimos años. Es una especie originaria del noroeste del Mar Negro (Ucrania) desde donde a mediados del s.XX comenzó su expansión hacia el oeste de Europa para llegar hasta la península ibérica donde inverna en un buen número y crían algunas parejas (entre ellas en las Lagunas de Villafáfila) pero verlas en el interior no es nada habitual y, en mitad de la ciudad, menos todavía.
Allí estaba en un gran grupo de reidoras, en mitad de la ciudad, algo que era la primera vez que veía; la verdad es que no sé si en alguna otra ocasión se ha visto una gaviota cabecinegra en Zamora ciudad. Allí estaba. Deslumbrante. Preciosa.
En el gran grupo había otras novedades como gaviotas anilladas o la curiosidad de una sombría que tenía la lengua por fuera pero eso será otra historia.

sábado, 11 de febrero de 2017

Un precioso paseo por el río Duero en Zamora.
En numerosas entradas he contado la enorme variedad de habitantes que tiene el río Duero a su paso por Zamora ciudad. Variedad que sorprende a todos aquellos que no la conocen y que, en algún momento, encuentran. Así ocurrió hace unos días con el caso del avistamiento de una nutria que fue grabada en el río. Este simple hecho apareció en todos los medios de comunicación como algo extraño o impensable para un río “tan sucio” como este, algo que es completamente falso ya que siempre han estado aquí lo que pasa es que pasan desapercibidas para la mayoría de la gente.
La mañana se presentaba desagradable, el viento soplaba con inusitada fuerza y los chaparrones caían cada cierto tiempo. Algo que podía frustrar la aparición de cualquier pequeño habitante del río pero, nada más lejos de la realidad, el día se presentó, aún con las inclemencias atmosféricas, muy pero que muy interesante.
Voy a centrarme en varios encuentros que por diversas razones me parecieron interesantes o curiosos.
Desde hace varios años los picogordos pasan el invierno en una zona específica del castillo y trascastillo de Zamora. Estos pájaros que parecen pequeños culturistas destacan por encima de todo por su fuerte pico, cuello ancho y cabeza voluminosa. Su poderoso pico es una eficiente herramienta para comer cualquier tipo de bayas, semillas e incluso titos de cerezas. Este pico, cuando llega la primavera, se vuelve, en los machos, azul metálico con la punta negra y la mandíbula inferior amarillenta; en otoño se volverá a poner como lo tienen ahora.
Los picogordos que están en este jardín seguramente sean un grupo que pasará todo el invierno juntos, en la misma zona; se mueven cautelosamente de los árboles cercanos al suelo donde buscan semillas o bayas como estaba haciendo este precioso macho (la cabeza de color dorado- marrón le delata como tal, por el contrario, una hembra, la tendría simplemente marrón clara).
Este espectacular macho se encontraba en un pequeño grupo de pinzones vulgares que comían entre la hierba pero, el picogordo, permanecía en el arbusto cercano, observando, esperando  hasta que veía que no había peligro y, entonces, bajaba a buscar las suculentas semillas entre el césped.
Las lluvias de estos días se notan tanto en el arroyo que viene desde el bosque de Valorio como en el mismo río Duero que ha aumentado considerablemente su caudal. En el entorno del arroyo la actividad era frenética y lavanderas blancas y cascadeñas, zorzales comunes, petirrojos, colirrojos, mosquiteros comunes, mirlos, jilgueros o incluso un solitario zorzal alirrojo se movían incansables por sus orillas buscando alimento entre los arbustos y los árboles que recorren sus orillas.
En este punto me encontré con Fernando García, gran amante de naturaleza, extraordinario fotógrafo y mejor persona, aparte de amigo que me acompañó el resto del paseo matutino. Nada más encontrarnos pudimos disfrutar de otro precioso y escaso habitante del río, el pico menor.
Este pequeño pájaro carpintero, el más pequeño de todos (para hacerse a la idea es poco más o menos como un gorrión) estaba realmente frenético buscando comida. Se movía ágilmente de rama en rama prospectando con un incesante picoteo en busca de cualquier larva que pudiera encontrar.
El pico menor también era un macho, el píleo de color rojo lo delataba. Estaba realmente activo; se movía por las pequeñas ramas en posiciones acrobáticas para perforar la madera y así rebuscar en el interior. Picoteaba. Metía un poco su poderoso pico y de él salía una lengua larga y viscosa que introducía en la rama en busca de cualquier larva o insecto que se pudiera pegar a ella. En la siguiente imagen se puede ver perfectamente como introduce la lengua en la fina rama.
El pico menor, como todos los pájaros carpinteros, es un consumado trabajador de la madera, siempre ha estado ligado a ella y han tenido muy mala fama a lo largo de la historia ya que se creía que secaba los árboles, con lo cual, era una amenaza pero nada más lejos de la realidad.
El pequeño pico menor estaba desaforado. Rama hacia arriba. Rama hacia abajo. Toda su obsesión era moverse, picotear y buscar. Esta pequeña maravilla tiene entre el pico y el cráneo un tejido esponjoso y unos músculos que se tensan en contra del sentido de los golpes, lo cual le permite no hacerse daño en el cráneo al golpear constantemente en el árbol.
Estuvimos disfrutando de sus evoluciones durante bastante tiempo hasta que decidió cambiar de árbol y alejarse de nuestra posición.
Continuamos por la orilla del río donde descansaban un grupo de gaviotas reidoras y alguna sombría junto con los habitantes más comunes como cormoranes, azulones, gallinetas o garzas reales que se movían por las zudas o en el agua.
La siguiente observación curiosa fue gracias a las indicaciones de Carlos Santos, otro gran conocedor del río, que nos mostró un montón de almejas que había comido, seguramente, una nutria o, quizás, un visón americano; dos grandes montones de conchas se acumulaban en puntos concretos del río. Nunca las había visto aquí, así es que lo consulté y se despejaron mis dudas gracias a las rápidas contestaciones de Cristian Osorio y Victor Salvador, a los cuales se lo agradezco enormemente.
Era Corbicula fluminea, una almeja de río proveniente de Asia incluida en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras que está colonizando nuestro río Duero. Especie invasora que apareció en Europa por primera vez en el río Rin en 1980; en España aparece por primera vez en el río Guadiana en 1988; en 1989 en el Miño y en el Duero en 1995.
Cuando se está a gusto, el tiempo pasa rápidamente; la mañana tocaba a su fin no sin antes poder disfrutar de más habitantes del río como: pinzón vulgar, ruiseñor bastardo, martín pescador, grajilla, moscón, mito, verdecillo, busardo ratonero, milano real, agateador común o curruca capirotada.
Este año el Ayuntamiento de Zamora está fomentando el turismo de naturaleza y una de sus ideas ha sido la elaboración de un cuadernillo de rutas para observar fauna en Zamora capital y su término municipal, así como algún otro lugar de la provincia de Zamora. Dicho cuadernillo lo ha elaborado J. Alfredo Hernández el mejor conocedor de la fauna de nuestra ciudad aparte de gran persona y, por supuesto, amigo. Iniciativas como esta son necesarias para dar a conocer la riqueza de nuestra fauna cercana para así poder conocerla, valorarla y respetarla.

jueves, 2 de febrero de 2017

Día mundial de los humedales: Lagunas de Villafáfila.
El 2 de febrero de 1971 se firmó en la ciudad de Ramsar (Irán) el Convenio Mundial sobre los Humedales. En él se creó una lista de los humedales de importancia internacional. En dicha lista aparecen 2.245 humedales de 169 países diferentes (actualización hasta diciembre de 2016). Desde entonces, cada 2 de febrero, se celebra el Día Mundial de los Humedales.
El 4 de septiembre de 1982 España se unió a este tratado; desde entonces, nuestro país, ha incorporado 74 humedales a dicha lista. Entre ellos, en 1989, las Lagunas de Villafáfila; uno de los humedales más importantes de nuestro país y que tenemos en Zamora, algo de lo que debemos estar orgullosos, además de valorarlo y ser capaces de difundir su importancia para así preservarlo y respetarlo.
La historia de las lagunas de Villafáfila está llena de altibajos, llena de situaciones límites; es una historia que, quizás, mucha gente no conozca. Antes de comenzar me gustaría agradecer enormemente a Jose M. San Román su inestimable ayuda para la realización de esta entrada.
Villafáfila…¿de dónde procede ese nombre? Hay dos teorías principales. La primera dice que viene de la palabra “vicus” (villa) más el nombre Fáfila (repoblador medieval). La segunda es de Germán Delibes que sostiene la teoría de que proviene de la “favilla salis” (sal más fina) extracción de sal de los romanos. 
Algo que parece que todo el mundo sabe y no es así, es el hecho de que las Lagunas de Villafáfila son de agua salada. Este hecho provocado por el tipo de suelo ha propiciado desde la prehistoria la extracción de sal que fue muy importante y codiciada ya que no había ningún otro lugar cercano de extracción de este mineral, con lo que, a lo largo de la historia, las salinas fueron controladas por señores poderosos (nobles o reyes) y la Iglesia. Villafáfila aparece documentada por primera vez en el año 936 en un escrito del monasterio de Sahagún tras la venta de unas salinas a dicho monasterio. Las lagunas eran un centro de abastecimiento de sal y como tal debían de ser protegidas y controladas ya que la sal era un bien de primera necesidad. 
Un equipo de arqueólogos de la Universidad de Valladolid ha confirmado, mediante el hallazgo de restos, una explotación de sal de la época prehistórica, de hace más de 4.000 años, lo que indica su tremenda importancia.
A lo largo de la historia los humedales han tenido muy mala fama ya que se les consideraba focos de infección y transmisión de enfermedades; a estos humedales se les quiso eliminar y muchos de ellos fueron desecados con el fin de ganar terrenos para la agricultura (algo que se demostró que no era posible dadas sus condiciones especiales).
Las Lagunas de Villafáfila no fueron menos y también se intentó su desecación. En 1969 se inició un proyecto para su eliminación comenzando por la Laguna de Salinas. Se construyó un canal de drenaje y comenzó su eliminación. En 1972 se paralizó el proyecto pero su decadencia era paulatina e inexorable como recoge la prensa en el periódico El País del 5 de mayo de 1983: “La continuidad de las lagunas de Villafáfila (Zamora), consideradas como el biotopo más importante para la invernada de aves en el noroeste español, está amenazada gravemente por la sequía, la progresiva elevación del nivel del suelo por la acumulación de hierbajos y arenas, los pesticidas arrojados en las tierras de labor cercanas y la proliferación en el interior de la ciénaga de campos de cultivo, a pesar de que el terreno es de mala calidad.
Desde hace años se detecta una disminución preocupante del número de ánsares campestres, la especie más característica de la zona, que pasan el invierno en las lagunas. Otro tanto ocurre con el ánsar común, el rabudo, el cuchara, el silbón y la cerceta, aves que también se refugian en Villafáfila durante los meses más fríos; mientras que las fochas y los fumareles hace tres años que ya no aparecen en las lagunas, durante el estío, por la falta de agua.
La falta de agua y la acumulación de materiales en el fondo, con la consiguiente elevación del suelo y descenso de la profundidad, son los peligros mayores”.
En este artículo se alerta de la grave problemática de las lagunas que les conducirían hacia su desaparición. En él se habla de “la progresiva elevación del nivel del suelo”; desde siempre se comentaba por los lugareños que en los años 30 o 40 cuando iban desde Otero de Sariegos hasta Villafáfila atravesando la Salina Grande (en carro y en verano) decían que no se veía la torre de la iglesia de Villafáfila desde lo profundo de la salina,  incluso en la revista Trofeo de abril de 1985 se llega a afirmar que: "En 1948 la profundidad media de los lagunazos era de 10 m, ahora sólo alcanza los 30 cm", pero estos datos no son ciertos ya que la Junta de Castilla y León encarga un estudio de sedimentación en 1997 llegando a la conclusión que a los 30 cm de profundidad el sedimento era del año 1000 d.c. con lo cual dichas teorías de grandes profundidades no podían ser ciertas.
En el mismo artículo de El País también se dice: “Antiguamente, los carrizos y espadañas que nacen en las lagunas se segaban todos los años para que, colocados entre las tejas y las vigas de las casas, sirvieran de techumbre. Cientos de caballos, mulas y burros pastaban durante la primavera el retoño de estas plantas. La desaparición de estos ganados y los nuevos métodos de construcción han hecho que ya no se aproveche para nada esa vegetación, que se acumula en el fondo, elevando progresivamente el nivel del suelo”.
Se estaba teniendo conciencia del problema y así el 17 de agosto de 1988 se publica en el periódico ABC: “Tras seis meses de silencio por parte de la Administración, desde que ABC se hiciera eco de las denuncias sobre el estado deplorable en que se encontraban las lagunas de Villafáfila, en Zamora, la Junta de Castilla y León ha decidido tomar cartas en el asunto. El próximo lunes comenzarán las obras de recuperación de este sistema lacustre con el objeto de remediar la desecación de una de las mayores reservas de avutardas de Europa.”
Para más tarde decir: ”las obras previstas, que cuentan con una inversión de treinta millones de pesetas, se pondrá fin a la desecación progresiva del sistema lacustre y su irreversible desaparición”.
Estas obras consistirían en: ”La falta de profundidad impedía la existencia de aves buceadoras, que ahora podrán habitar allí, ya que se formarán dos lagunas con este fin dentro de la llamada Laguna Grande. También se crearán islas de nidificación en ese mismo humedal y en las lagunas Barillos, así como dos balsas de decantación donde se controlará el nivel del agua. Además del drenaje de las lagunas, se realizarán tres muros de contención y se reforzarán las orillas, con la construcción de pequeños diques para impedir la salida del agua, cuyo nivel será elevado cuarenta centímetros”.
Los problemas eran visibles y, en teoría, se pondría una solución pero en el mismo periódico el 18 de enero de 1992 se publica: “La Coordinadora de Organizaciones de Defensa Ambiental (CODA), que agrupa a unas 150 asociaciones ecologistas españolas, ha denunciado a la Junta de Castilla y León ante la Comisión de la CE por el progresivo deterioro y artificialización de las Lagunas de Villafáfila”.
La denuncia no llegó a más y en 1992 se inaugura el observatorio de Otero de Sariegos, para más tarde, en 1993 comenzar la construcción de la Casa del Parque, el Centro de Interpretación de las Lagunas de Villafáfila que fue inaugurado en agosto de 1995 pasando a ser lugar imprescindible para que los visitantes obtuvieran una gran información de las lagunas. En 2004 se crean los observatorios de La Rosa y Villarrín que terminan de completar los actualmente existentes.
Esta es una pequeña historia de las lagunas de Villafáfila que, desde que se detuvo su desecación, han tenido diferentes grados de protección: 1972 - Zona de caza controlada; 1986 - Reserva nacional de caza; 1987 - ZEPA (Zona de especial protección para las aves); 1989 - Humedal RAMSAR (Protección e importancia internacional del complejo lagunar); 1992 - LIC (Lugar de interés Comunitario); 1996 - Reserva regional de caza y 2006 - Reserva Natural.
La importancia de las lagunas es incuestionable pero mucha gente la desconoce y que mejor que conocer algo para poder valorarlo, respetarlo y conservarlo.

martes, 24 de enero de 2017

Gaviotas reidoras en Zamora ciudad.
“¿Gaviotas aquí? ¿Pero no son de mar?” Estas son las frases más típicas cuando vas por el río Duero y alguien se da cuenta que en el agua o en la zuda del río hay un grupo de gaviotas o cuando les cuentas que en el río o en el embalse o en el vertedero has visto un grupo. Pues sí. En el interior también hay gaviotas.
Voy a centrarme en el grupo de gaviotas reidoras que lleva en el río Duero, a su paso por Zamora ciudad, desde hace casi dos meses.
Zuda de Olivares, donde se encuentra el grupo de gaviotas reidoras.
La gaviota reidora es una de las gaviotas consideradas pequeñas (35-39 cm de largo), se encuentra entre las gaviotas que tienen dos grupos de edad, es decir, que adquieren su plumaje de adulto a los dos años.
Gaviota reidora juvenil.
Gaviota reidora de primer invierno.
Adulto invierno.
Adulto verano.
Otras gaviotas lo adquieren a los tres años de edad, por ejemplo la gaviota cabecinegra o la cana y, otras, a los cuatro años de edad, por ejemplo la patiamarilla o la sombría.
Desde hace unos dos meses un grupo variable de gaviotas reidoras pasa gran parte del día en la zuda de Olivares, en el río Duero a su paso por Zamora capital. Por cierto, una zuda es como una pequeña muralla de piedra por la que cae el agua; se hacía en el río para mantenerlo oxigenado (el agua se movía cayendo por estas zudas y no permanecía estancada) o se utilizaban para los molinos de agua.
Allí se empiezan a concentrar a mediodía y pasan gran parte de la tarde moviéndose de la zuda, donde se acicalan, beben y descansan, al agua, donde se lavan. Casi al anochecer, se levantan y marcha río arriba, aunque algunos días se han quedado aquí a pasar la noche.
A la mañana siguiente, si se han quedado en la zuda a pasar la noche, se irán marchando a comer hasta el vertedero de Zamora en el que se concentrarán algo más de mil gaviotas reidoras venidas de otros puntos de la provincia como puede ser el embalse de Ricobayo o las lagunas de Villafáfila.
Al mediodía, desde el vertedero se volverán a la zuda de Olivares donde, nuevamente, al anochecer, se levantarán e irán río arriba para pasar la noche en algún punto del río, alguna laguna o algún embalse (aunque, como he comentado anteriormente, algunos días pasarán aquí la noche). Este es el día normal que hacen estas gaviotas reidoras que están pasando el invierno en nuestra ciudad.
Pero os preguntaréis: ¿cómo se sabe que son estas las que comen en el vertedero por las mañanas? Para saberlo hay algunas que nos cuentan su historia, las anilladas y, entre este grupo de reidoras, hasta el momento, he podido ver tres que lo están y, a las tres, las he podido observar, diferentes días, en el vertedero de Zamora alimentándose (a las tres juntas el 27-1-2017).
Dos de ellas han sido anilladas en Noruega, el mismo día (11-6-2016), por los mismos anilladores (Morten Helberg y Carsten Lome) y en el mismo lugar; desde entonces se mueven juntas y han venido juntas desde la lejana Noruega, algo realmente curioso. Estas dos gaviotas, ambas de primer invierno, son JAY5 y JCJ8.
Estas dos imágenes, en la zuda de Olivares, corresponden a la JAY5
Otra de las componentes de este grupo es la ETPR, otra gaviota de primer invierno, anillada en Bélgica el 10 de junio de 2016 por Tim Audenaert que he podido observar tanto en el vertedero de Zamora como en la zuda de Olivares, en el río Duero a su paso por la ciudad. Lugares por los que se mueve junto a las dos anilladas en Noruega.
Esta es la ETPR
La misma gaviota reidora pero en el vertedero de Zamora.
Las gaviotas redioras son aves migratorias, las tres gaviotas anteriores nacieron y fueron anilladas, como pollos, en Noruega y Bélgica pero también hay grupos de gaviotas reidoras que crían en nuestra provincia aunque no siempre fue así y: “Hasta 1960 no se tuvo plena seguridad de la reproducción de esta Gaviota en la Península Ibérica. El 20 de mayo de aquel año, Salvador Maluquer y Arturo Sarró descubrían en la Isla de Buda (Delta del Ebro) una colonia con 25 nidos, situados entre matas de salicornia y colocados a pequeña altura del suelo. Este hallazgo vino a confirmar la sospecha de algunos ornitólogos (Bernis), de que en diversas zonas de Iberia se veían durante la época estival reidoras con plumaje de adultos y que no estaba lejos el día en que se demostraría su nidificación”. (fuente pajaricos.com). En nuestra provincia el lugar de cría son las lagunas de Villafáfila como comenté en una entrada anterior (pinchar aquí si queréis recordarla).
Otra curiosidad es otra gaviota reidora anillada que he podido ver en el vertedero, esta adulta; la N20P que fue anillada en la Laguna de Boada de Campos (Palencia) el 25 de junio de 2012 por Carlos González (Grupo Ibérico de Anillamiento) y que fue una de las que crió en junio de 2015 en las lagunas del centro de interpretación de Villafáfila (leída por Cristian Osorio y Sergio Domínguez. La pude ver y leer parcialmente, incluso fotografiar).
Aquí se encuentra en el Centro de Interpretación
 de las Lagunas de Villafáfila, donde crió.

Gaviotas sombrías en el mismo grupo.
En este grupo de gaviotas reidoras hay algunas infiltradas, algunas gaviotas sombrías las acompañan en sus movimientos (una de ellas está anillada con solamente anilla metálica, algo imposible de leer a distancia) pero también hay habitantes del río que se mueven entre ellas: azulones, gallinetas, grajillas, andarríos chico, lavanderas cascadeñas y blancas, garzas reales, cigüeñas blancas o cormoranes es frecuente verlos moverse entre los cientos de gaviotas reidoras.
Gaviota sombría y cormorán grande entre las reidoras.
Pareja de azulones junto a las gaviotas.
Gallineta en la zuda.
Andarríos chico busca alimento junto a las reidoras.
Gaviotas sombrías, grajilla y cormorán grande entre las reidoras.
Cigüeña blanca y cormorán grande.
Es muy posible que este grupo pase aquí todo el invierno para después dirigirse a sus zonas de cría en el centro y norte de Europa. Grupo que suscita la curiosidad y asombro de los paseantes del río que no dan crédito a que aquí, en el interior de la península ibérica, haya gaviotas.

domingo, 15 de enero de 2017

Un día redondo.
La mañana estaba heladora; -6º marcaba el coche cuando me dirigía a Puebla de Sanabria y, después de pasar el Puente de la Estrella, asomó el sol tras la intensa niebla que cubría Zamora desde hacía, más o menos, un mes. Sol. Que maravilla. Que luz. Amanecía y la luz era extraordinaria, la visibilidad fantástica y una impresionante helada cubría el campo dando la sensación de que había nevado.
Había que aprovechar la luz y decidí acercarme hasta un punto concreto de la Sierra de La Culebra en el que tenía la esperanza de poder avistar al lobo, animal emblemático, enigmático y mítico que como, muchos ya sabéis, es una de mis pasiones.
Nada más llegar, ni pasados cinco minutos, un precioso e imponente lobo se levantó de entre los brezos. La helada cubría los campos y un gran lobo de pelaje tupido caminaba lentamente, parsimonioso, elegante, avanzaba lento, muy lento, gustándose, recreándose.
Agradezco enormemente a John Hallowell prestarme
la fotografía para ilustrar el momento.
Su silueta se recortaba en el manto helado. Una silueta potente, fuerte; una silueta que demostraba la fortaleza del lobo. Paró. Levantó la pata y marcó el lugar. Era un gran macho. Un macho muy oscuro. Un macho espectacular que caminaba lento y confiado en la fría mañana.
Avanzó varios cientos de metros lentamente y se volvió a tumbar en el brezal. Desapareció. Se lo tragó la tierra. No volvió a aparecer. No lo volví a ver pero me dejó una visión imborrable de un animal que debemos valorar y respetar.
Continué camino hacia Puebla de Sanabria mientras los ciervos comían tranquilamente los tiernos brotes que el frío hielo iba dejando al descubierto y, los corzos, se movían atentos según el sol iba calentando la heladora mañana.
Durante la mañana me moví por el entorno de Puebla de Sanabria y Robledo donde me encontré con un gran amante de la naturaleza y fotógrafo, además de amigo, Manolo Segura, que buscaba los verderones serranos que se movían por las cercanías de Robledo. La suerte nos acompañó y pudimos ver dos ejemplares que suponían mis primeros verderones serranos.
Agradezco enormemente a Manuel Segura prestarme esta
fotografía de los verderones serranos de otro momento.
Estos pequeños verderones serranos se movían entre los abedules y la pradera junto al riachuelo donde se alimentaban tranquilamente, mientras, los piquituertos, otros de los habitantes del lugar oteaban las cercanías desde su atalaya. 
Los piquituertos son pequeñas y curiosas aves que, nada más verlas, lo primero que te llama poderosamente la atención es su pico. Pico que tiene la mandíbula superior recta y la inferior cruzada a la derecha o a la izquierda (dependiendo de los individuos).
Este pico es una herramienta especializada para poder comer. Su alimento principal son los piñones que tiene que coger mediante una curiosa operación: el pico lo introduce en la piña quedando las dos puntas una encima de la otra. Al cerrarlo hará cuña para ir separando la escama de la piña, si hace falta se ayudará de giros de cabeza; de esta manera conseguirá abrirla y llegar al piñón. Aquí entrará en acción su larga y pegajosa lengua para coger el piñón y comérselo.
Esta adaptación tan específica de tener el pico cruzado, le impide tener otras muchas posibilidades de recursos alimenticios por lo que, si escasean las piñas, deberá de buscar otros suministros de comida como pueden ser las manzanas, de las que solamente comerá sus semillas, como ocurre en Sanabria determinados años; o los escarabajos, que son fáciles de coger para él.
En Puebla de Sanabria me acerqué, junto con Manuel Segura hasta el embalse en busca de unas agachadizas chicas que llevan un tiempo por la zona pero sin éxito; en cambio, después que Manuel marchara estuve admirando las evoluciones de un pájaro precioso que es un consumado buceador. El mirlo acuático.
Es una verdadera gozada verlo moverse por las aguas cristalinas del río Tera, como va de piedra en piedra o se sumerge en las frías aguas del río pudiéndose distinguir como, literalmente, camina por el fondo en busca de pequeñas larvas que son la base de su alimentación.
El intenso día llegaba a su fin había y había disfrutado de animales de nuestros campos, de nuestros bosques, de nuestros ríos; animales que viven en nuestro entorno y que muchas veces no prestamos la atención que se merecen.