martes, 15 de octubre de 2019

¿Por qué las abejas hacen las celdillas de la colmena de forma hexagonal?

En esta entrada he querido hacer algo diferente. Una entrada en la que intenté mostrar a mis alumnos una relación muy especial.
Hace unos días les propuse el siguiente reto: ¿Por qué las abejas hacen las celdillas de la colmena de forma hexagonal? Debían responder a esta pregunta pero demostrarlo de forma matemática.
La cara de asombro y de decir: “No me voy a enterar de nada”. Se veía donde miraras de la clase. ¿Cómo vamos a hacer eso? Se preguntaban dándolo por imposible.
Les di tres nombres: Marco Terencio Varrón, Pappus de Alejandría y Thomas C. Hale. Debían investigar para saber: cuándo vivieron y qué dijeron de las abejas.
Hasta aquí todo fácil. Simplemente debían buscar por internet esa información. Lo complicado llegó después cuando les propuse: “Debéis de calcular el perímetro del cuadrado, triángulo equilátero y hexágono para una igual área de 1”.
Los niños están acostumbrados a no pensar. A hacer todo de forma automática. A memorizar. A aprenderse algo como un papagayo y cuando tienen que pensar surgen mil y un problemas. El primero es que, muchos de ellos, no están dispuestos a emplear tiempo y esfuerzo para hacerlo, no que no sean capaces sinó que les cuesta y, como están acostumbrados a la inmediatez, y que me cueste lo menos posible, no lo hacen.
Debían de utilizar fórmulas del área y perímetro, operaciones con fracciones, teorema de Pitágoras, potencias, resolución de sistemas de dos ecuaciones con dos incógnitas pero, sobre todo, pensar. Con el cuadrado y el triángulo equilátero la mayoría lo consiguió o algún compañero les ayudó pero, para el hexágono, tuve que echarles una mano y explicar lo que había que ir haciendo para calcular el perímetro. Al final llegamos a la conclusión de que a igual área (=1), el perímetro del cuadrado es 4, el del triángulo equilátero es 4,55 y el del hexágono 3,72.
Habían demostrado que a igual área el menor perímetro era el del hexágono ¿y? Esa fue mi pregunta: ¿Y? ¿Qué significaba eso en el panal de abejas? Rápidamente comenzaron a darse cuenta de la relación con los tres nombres que les había dado al principio y lo que acababan de calcular: las abejas hacen las celdillas hexagonales porque es la forma más eficiente ya que para una igual área (como dicen ellos lo que cabe dentro) el gasto de cera para fabricarlas en un hexágono es menor (su perímetro es menor). Es decir, gastan menos cera con una forma hexagonal que con una forma cuadrangular o triangular, por lo tanto, la forma hexagonal es la más idónea y eficiente para la construcción de las celdillas de un panal de abejas. Acababan de ver la teoría, ahora teorema de "La conjetura del panal de abejas". En la que: "era una conjetura hasta que se demostró y se convirtió en teorema matemático que afirma que un teselado hexagonal (retícula en forma de panal de abeja) es la mejor manera de dividir una superficie en regiones de igual área y con el mínimo perímetro total.
El primer registro de la conjetura se remonta al 36 a.C., de Marco Terencio Varrón, pero a menudo se atribuye a Pappus de Alejandría (c. 290 -. C 350). El teorema fue demostrado en 1999 por el matemático Thomas Callister Hales" (fuente wikipedia).
Es verdaderamente sorprendente la relación de muchos ámbitos de la naturaleza con las matemáticas. No son conscientes, ni se imaginan esa relación. Hay innumerables ejemplos de relaciones de la naturaleza con las matemáticas como pueden ser: la sucesión de Fibonacci, el número áureo, los fractales, simetría, geometría…Relaciones espectaculares y sorprendentes que les dejan sin habla pero, volvamos a las abejas.
Previamente a todo esto les había explicado los tipos de abejas en una colmena, sus funciones, productos, importancia para la vida, problemática y qué podían hacer ellos para ayudarles.
Al principio la idea principal era “matarlas porque nos pican”. Nadie les había explicado nunca todo lo que les había contado. Nadie les había dicho de su importancia para la polinización, para nuestra vida, como influían en nosotros. Nadie les había incitado a respetarlas. Nadie les había dicho nada de nada.
Ahora, unos días después, son capaces de contarme que han parado a su padre cuando iba a matar una, que le han contado a sus padres de su importancia y que quieren probar miel o jalea real o que van a plantar flores en el jardín o en el pueblo.
Qué fácil y qué difícil es educar. Qué fácil es destruir y qué difícil es crear ¿Por qué no educamos?

miércoles, 2 de octubre de 2019

Su primer grupo familiar de lobos.

Comenzaba a bajar el sol cuando nos dispusimos a buscar al grupo familiar de lobos que llevaba observando desde hacía casi un mes. Grupo familiar esquivo que tenía seis preciosos cachorros reacios a dejarse ver y que salían cuando no les molestaba nadie y corrían menos riesgos, de noche.
Isabel, David, mi pequeña de cinco años y yo nos dispusimos a escudriñar el valle en busca de los lobos. El grupo familiar lo conformaban ocho adultos y seis cachorros. Grupo familiar que cuando lo sigues durante un tiempo eres capaz de diferenciar perfectamente a varios de sus miembros más característicos, entre ellos el gran macho reproductor, la madre de los cachorros, un viejo lobo de cara blanca, una hembra subadulta muy clarita, un subadulto muy pequeño que engañaba en muchas ocasiones por su tamaño, el lobo oscuro…miembros de este grupo familiar que se ha comportado de una forma atípica, seguramente provocada por el movimiento e incordio de algunos humanos que no son capaces de respetar lo que en teoría más aman, la naturaleza.
Pasaban los minutos y los ciervos eran los dueños y señores del lugar, algún corzo aislado y un solitario jabalí conformaban el elenco de actores que se movían en el valle; esperábamos a los actores principales y vaya si aparecieron, a lo grande. 
De repente, de la nada, surgieron seis preciosos cachorros y dos adultos en un amasijo informe de lobos en el que saltaban, se echaban unos encima de otros, se perseguían, se mordían…todos jugaban, los dos adultos eran un cachorro más al que perseguir o morder.
Rápidamente cogí a mi pequeña, la puse en el telescopio y le dije:
-Mira ¿Los ves?- le pregunté.
-¡Si! ¡Los veo! Son dos –me contestó pasados unos segundos con una enorme sonrisa y ojos de emoción.
Acababa de ver por primera vez en su vida un grupo familiar de lobos. Lobos adultos ya había visto antes pero esta vez era diferente; eran unos preciosos cachorros que jugaban tranquilamente con dos adultos ante nuestra atenta e ilusionada mirada.
Los veía. No es nada fácil para una niña de cinco años regular y mirar por un telescopio a menos que la vayas acostumbrando desde pequeña a mirar, a moverle el ajuste, a decirte cuándo lo ve borroso o no. Los veía. Los estaba viendo y mi satisfacción era enorme. El poder enseñar a tu hija algo que vives tan profundamente es una satisfacción que no tiene parangón.
Estos son los dos lobeznos que vio. Las fotografías son fotogramas
de un video grabado por una gran persona a la que le agradezco enormemente
el grabarlos y que mi hija tenga ese momento guardado para toda su vida.
Gracias John Hallowell.
Hay que educar a los niños en la naturaleza. Hay que enseñarles a observar, a tener paciencia en una espera, a entretenerse sin hacer ruido y, por supuesto, sin el móvil, a apreciar dónde están, lo que están viendo…Todo se enseña. Todo se aprende. A respetar y apreciar también se enseña y aprende.
Habrá días que te hará más caso que otros. Habrá días en los que no querrá saber nada del tema pero el poso va quedando poco a poco, lentamente, no hay que agobiar, simplemente mostrar con ilusión cómo es la naturaleza para que un día llegue y te llame corriendo: “Papi. Papi. Mira” Y te enseña hormigas que llevan algo, un pequeño ratón que está comiendo, una mariposa en una flor, una nutria que fue capaz de ver junto al río o viene indignada del colegio porque un compañero ha intentado pisar una lagartija. Todo suma. Todo se les va quedando. Hay que conseguir que respeten nuestro entorno y para conseguirlo hay que tener paciencia e ilusión.
Los lobos siguieron un buen rato jugando en el valle. Cuando dejaron de jugar y se desplazaron, la situación cambió por completo. Un lobo adulto comenzó a andar seguido de todos los cachorros en fila y el otro lobo adulto cerraba la formación. Había que moverse y todas las precauciones son pocas para un lobo así es que lo principal era proteger y cuidar a los pequeños. Un adulto delante y otro detrás. En el medio todos los cachorros, protegidos, sin que se separaran demasiado. Habían terminado los juegos y comenzaba la lección de la supervivencia.
Desaparecieron en un bosquete cercano. Mientras la luz se iba apagando lentamente volvieron a aparecer. Sus contornos se desdibujaban en la oscuridad de la noche mientras corrían al lugar donde los vimos por primera vez. Dejamos de verlos. Continuaron con su vida en la que nosotros éramos los intrusos, los extraños.
Recogimos y nos fuimos. Según avanzábamos por el camino varios chotacabras se iban moviendo delante nuestro. Acercaba el coche. Me paraba y los ojos de mi pequeña se abrían desmesuradamente observando a ese extraño pájaro que parecía dormitar en el suelo. Inmutable. Hierático delante del coche.
Al día siguiente contaba orgullosa a todo el mundo los lobos que había visto el día anterior. Una persona le dijo: “no sabes la suerte que tienes”. Una enorme sonrisa de satisfacción se dibujó en mi cara porque si ella había disfrutado, ni que decir tiene cómo lo hice yo.

jueves, 26 de septiembre de 2019

10.620 visitas en un mes...Gracias.

Muchas gracias a todos. El pasado mes de agosto este humilde blog consiguió su record de visitas en un sólo mes: 10.620 visitas son todo un orgullo y una satisfacción enorme. Gracias a todos los que sois visitantes fijos, a los ocasionales y a los esporádicos. Gracias a todos porque alentáis la tarea de seguir llevando un blog con la mayor ilusión posible en unos tiempos en los que los blogs están de capa caída; las redes sociales, la inmediatez, han hecho que, poco a poco, magníficos blog que han sido referencia y guía, vayan desapareciendo. Todo cambia muy deprisa, quizás tan deprisa que muchas veces nos lleva por delante. Gracias a todos.
La mejor manera de agradeceros todas estas entradas es con diferentes historias ocurridas, precisamente, en ese mes de agosto; pequeñas historias, de animales sencillos que viven en nuestros bosques, ríos y campos, animales que no conformarán grandes noticias ni portadas pero son tan importantes como el que más, aunque no tengan tanta fama ni parangón mediático.
En la primera historia la protagonista es una liebre. Todo el mundo conoce como es pero cuando se la enseñas y tu hija la ve por primera vez, es un momento verdaderamente especial. Así ocurrió una tarde de agosto en la que apareció muy cerca de nosotros.
Anochecía y las largas orejotas la delataron entre las hierbas agostadas. ¿La veis? Pregunté, no, ¿Dónde está?, me respondieron. Ahí. Un gran sí de emoción se esbozó en una pequeña carita que la miraba sorprendida, la había visto.
La playa de Villardeciervos estaba llena de gente que permanecía al margen de un enorme lagarto ocelado que se dedicaba a comer las sobras de la comida de los humanos que habían estado por su territorio.
¿Nadie lo veía? ¿Cómo era posible? Era un hermoso lagarto ocelado que se estaba poniendo morado a jamón serrano. Él comía. Yo lo observaba. ¡Qué difícil es ver! ¿Por qué no nos enseñan a ver? Hay tantas cosas hermosas que poder descubrir y apreciar en la naturaleza…
El ratón de campo, ese minúsculo roedor que es la base de la alimentación de gran cantidad de animales. Ese minúsculo roedor que se caricaturiza y dibuja en numerosas series y películas. A ese pequeño roedor también lo vio mi hija por primera vez y, fue ella, quién lo descubrió y me llamó corriendo para que fuera a verlo mientras comía tranquilo.
Nos sentamos muy cerca y le expliqué lo que estaba haciendo. Ella lo miraba curiosa. Lo miraba sorprendida. Lo había descubierto ella.
Otro momento mágico fue el encuentro con una cierva a muy poca distancia. No me lo podía creer. Estaba comiendo en la misma cuneta. Paré el coche en un camino cercano. Me bajé con mucho cuidado y me acerqué.
La cierva ni se inmutó. Siguió comiendo. Nos separaban tres metros escasos. Comía tranquila. Me senté y me quedé absorto mirándola. No me temía. Lentamente se separó hasta los siete u ocho metros, entre las escobas y siguió comiendo. Ahí levanté la cámara y la fotografié, antes, simplemente disfruté del momento.
¿Y qué decir cuando tu hija ve un grupo familiar de lobos? Eso es tan especial qué, seguramente, tenga una entrada propia.
Podría seguir contando más y más encuentros diferentes con los que la naturaleza nos brinda, con los que la naturaleza nos obsequia. Disfrutarlos. Simplemente hay que disfrutarlos y apreciarlos. Gracias a todos por estar ahí.

lunes, 16 de septiembre de 2019

¡Sigue la gaviota de Sabine en Villafáfila!

Ha pasado una semana desde que Cristian Osorio (nuevamente enhorabuena y gracias) dio la noticia de la aparición de una gaviota de Sabine en las Lagunas de Villafáfila y, para nuestra alegría, sigue en el mismo lugar. Lugar al que he acudido en varias ocasiones para poder observarla y, cada vez que la veo, más me admira su belleza y más me sorprende que haya llegado hasta aquí.
Se muestra tranquila, pasa la mayor parte del tiempo alimentándose sin parar, haciendo pequeños vuelos en la balsa o hasta la miseria de agua que sale hasta la Salina Grande que, como toda Villafáfila, está completamente seca.
A ver a la preciosa y rara gaviota han venido aficionados de diferentes puntos de nuestra comunidad y fuera de ella. Gente que se admira de que se encuentre aquí y se pueda disfrutar tan cerca. Admirar su belleza, poder ver sus detalles: su aro rojo alrededor del ojo, su collar negro sobre la cabeza gris, sus delicadas patas negras, su pico negro y amarillo, su gris, blanco y negro de las alas. Un auténtico privilegio poder admirarla. Como una imagen vale más que mil palabras ahí van unas cuantas para que podáis contemplar toda su belleza.


miércoles, 11 de septiembre de 2019

¡Gaviota de Sabine en Villafáfila!

Ayer por la tarde Cristian Osorio lanzó la bomba: una gaviota de Sabine estaba en las Lagunas de Villafáfila (enhorabuena Cristian). ¿Una gaviota de Sabine? ¿¿Una gaviota de Sabine?? No me lo podía creer. Una gaviota pelágica, que vive en alta mar y que solamente toca la costa para criar era algo verdaderamente impresionante. Si ya es difícil verla en la costa, verla en el interior es prácticamente imposible; así es que había que intentar verla y esperar que al amanecer no se hubiera marchado.
La noche iba dejando paso a una luz suave que iluminaba lentamente la pequeña laguna en cuyo borde nos juntamos Manuel Segura, Juanjo González, J. Alberto Fernández, Iker Fernández, Manuel Rodríguez y yo con la esperanza de ver a esta preciosa gaviota que, había visto, una sola vez anteriormente, en una salida pelágica desde Santoña, pero verla aquí, en tu casa, en el interior, era algo verdaderamente especial y único.
“Sigue aquí”. Fue la escueta y concisa frase que me dijeron al llegar. Ahí estaba. Alimentándose incansablemente de todos los insectos que había flotando en el agua mientras varios zampullines comunes y cuellinegros se sumergían como pequeños buzos y las fochas se movían nerviosas en cuanto la gaviota se les acercaba.
La gaviota de Sabines es pequeña, elegante y hermosa. Cabeza gris oscura, pico negro con la punta amarilla, círculo rojo alrededor del ojo, collar negro fino en época nupcial (a este ejemplar se le ve perfectamente), cola ahorquillada, espalda gris oscuro y alas blancas y negras hacen que sea una de las gaviotas más bonitas del mundo y, teníamos la inmensa suerte y privilegio, de ver delante de nosotros.
Pasado un tiempo se acicaló cuidadosamente, estiró las alas y alzó el vuelo. Un vuelo elegante que le llevó a dar varias vueltas y marchar hacia la Salina Grande; momento en el que creímos que iba a desaparecer pero no, dio la vuelta y volvió a bajar al mismo lugar.
Gracias Manolo por tu preciosa fotografía.
La gaviota de Sabine alcanza el plumaje de adulto a los dos años como este ejemplar que nos mostraba toda su belleza y elegancia. Era la primera cita tanto para Zamora como para Castilla y León. La especie 336 para Zamora y la 393 para Castilla y León (gracias Alfonso Rodrigo por los datos).
Verla aquí, en el interior, es complicadísimo y muy, muy raro; es casi mas fácil encontrar una aguja en un pajar. Cría en Alaska, Groenlandia y Canadá; al final del verano, las aves que crían en el este de Canadá y Groenlandia, se desplazan hasta las costas del oeste de Europa y África donde pasarán el invierno para volver después a sus zonas de cría. Seguramente el temporal la haya desplazado hasta nuestra tierra.
Cuando marché allí seguía: descansando, alimentándose y reponiendo fuerzas para emprender su viaje de vuelta a alta mar, a su vida pelágica, a su vida alejada de la costa. A una vida que tuvo un alto en el camino en una laguna perdida del interior penínsular. Gaviota de Sabine que hemos podido disfrutar enormemente y apreciar la belleza de una de las gaviotas más bonitas del mundo.

martes, 3 de septiembre de 2019

Libélulas, caballitos y los niños.

El mes de julio es mi primera parte del verano que paso en las Convivencias Medioambientales celebradas en Puebla de Sanabria desde hace muchos años. Mes en el que los niños son los verdaderos protagonistas. Mes en el que su curiosidad innata es sorprendente; son verdaderas esponjas que escuchan todo lo que les cuentas sobre la naturaleza, que preguntan, que te llaman cuando aparece cualquier bicho, como dicen ellos, que aprenden a ver lo que antes ni siquiera miraban.
En esta entrada quiero hablar de las libélulas y los caballitos; algo que les llama poderosamente la atención ya que los estamos viendo constantemente. Tema sobre el que aprendo con ellos ya que aparte de características anatómicas y diferencias entre ellos, conozco sus ciclos vitales y poco mas. No diferencio especies y Sanabria es un verdadero paraíso para estos seres por lo que quiero agradecer enormemente a Miguel Rodríguez su paciencia, atención y sabiduría al preguntarle sobre las que conseguía ir fotografiando. Gracias Miguel, sin ti hubiera sido imposible.
Lo primero que les explico a los niños son las diferencias entre caballitos y libélulas ya que para ellos es todo lo mismo y se sorprenden cuando se dan cuenta que no, que hay importantes diferencias que ellos pueden ver rápidamente y a simple vista.
Les explico que los dos son odonatos pero que pertenecen a diferentes subórdenes y ahí comienza la primera diferencia a simple vista: sus alas.
Libélula: Orthetrum cancellatum.
Las libélulas, en reposo, las tienen extendidas perpendicularmente a su cuerpo mientras que los caballitos del diablo las tienen pegadas a lo largo de su cuerpo.
Caballito del diablo: Erythromma lindenii.
Con esta pequeña indicación las diferencian perfectamente. La siguiente son sus ojos: las libélulas los tienen en la parte frontal de la cabeza y los caballitos los tienen uno a cada lado de la cabeza.
Libélula:Onychogomphus forcipatus.
Caballito del diablo: Calopteryx xanthostoma.
Estas dos explicaciones son suficientes para que los diferencien. A partir de ahí cada vez que ven uno dicen orgullosos lo que es.
Evidentemente hay mas diferencias que les explicas posteriormente como la distancia de vuelo, el tamaño, la envergadura…pero las dos primeras son determinantes para ellos.
Una vez que, más o menos, los diferencian, su siguiente pregunta es: ¿y salen del agua?
Eso les fascina. No se pueden imaginar que tanto libélulas como caballitos nacen dentro del río o del lago.
Le explicas su ciclo vital y les fascina saber que ponen los huevos en el agua, que crecen bajo su superficie (durante incluso años) y que, en un determinado momento, salen andando, se anclan a una roca y ahí se produce la metamorfosis mediante la cual salen con la forma que conocen. Hemos tenido la inmensa suerte de ver todo el proceso; les sorprende y fascina a partes iguales. En las siguientes imágenes podemos ver todo el ciclo vital de estos increíbles seres.
Acoplamiento de Onychogomphus uncatus.
Como nota curiosa están en el pelo de una mujer.
Puesta de huevos de Erythromma lindenii.
Tres imágenes de una Gomphus graslinii saliendo.
Les cuentas que son más antiguas que los dinosaurios, que surgieron hace más de 300 millones de años y que son verdaderos prodigios en vuelo; que vuelan en todas las direcciones, que pueden ir muy rápido y aguantar horas volando.
Les abres a un mundo que no tenían ni idea y, además, les inculcas que deben de respetarlas, que no nos van a hacer nada.
Esta apertura a este mundo me ha hecho conocerlo a mí un poco mas. Admiro a los que son capaces de diferenciarlas, a mí me parece tremendamente complicado. Hasta el momento de esta entrada he conseguido ver veintiuna especies diferentes. Especies fotografiadas e identificadas por Miguel Rodríguez, sin el que hubiera sido imposible (gracias Miguel).
Trithemis annulata (macho).
De entre ellas la primera que quiero destacar es la Trithemis annulata. Especie africana que pude ver en Villardeciervos y que resultó ser la segunda cita de esta especie para la provincia de Zamora.
Días después Miguel Rodríguez y Cristian Osorio acudieron hasta allí y constataron la reproducción de esta especie en ese lugar. Enhorabuena.
Trithemis annulata (hembra).
Gomphus graslinii.
Otra de las especies más importantes y que, personalmente más me gusta, es la Gomphus graslinii. Una auténtica preciosidad endémica de la península ibérica y Francia; pequeña joya que tenemos en nuestra provincia. Joya que se encuentra en la lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) catalogada como "casi amenazada". Es un endemismo europeo, exclusivo del sur de Francia y de la Península Ibérica. Según el trabajo realizado por Mónica Azpilicueta, Adolfo Cordero y Francisco J. Ocharan: “En la Península Ibérica había sido citado de Cea, Portugal (Mclachlan, 1880), y solo a partir de 1970 han comenzado a aparecer citas españolas. El esquema que se deduce de estas citas recientes, es que la especie se halla repartida por buena parte del país, especialmente en su mitad oeste. En efecto, ha sido observada en Andalucía (Cádiz, Córdoba y Jaén), Meseta Sur (Cáceres), Meseta Norte (Salamanca y Zamora), Galicia (Orense y Lugo) y cuenca del Ebro (Navarra)”
Dentro de la provincia de Zamora es aquí, en el entorno del Lago de Sanabria, el único punto en el que se puede localizar.
Gomphus graslinii comiéndose un caballito del diablo.
Especie que hemos podido ver cazar en la Playa de los Enanos. Cazar un caballito del diablo que capturó en vuelo para bajar y comérselo en el suelo, delante de nosotros, ante la perpleja mirada de los niños que no daban crédito y, algunos recordaban, el verano pasado, cuando pudimos ver la misma escena pero capturando y comiendo una mariposa nocturna o como una Onychogomphus uncatus cazaba hormigas y pequeños escarabajos al rececho. Se quedaba quieta y, cuando pasaban, los cogía rápidamente con una enorme habilidad. 
Gomphus graslinii comiéndose una mariposa nocturna.
Onychogomphus uncatus comiéndose una hormiga.
Veintiuna especies, cada una con su pequeña historia. Veintiuna maravillas que he podido encontrar sin ir a buscarlas, simplemente son las que hemos ido viendo por donde estábamos pasando. Ver. Es lo que muchos niños se han dado cuenta que no hacían; ¿por qué nadie les enseña a ver las maravillas que tenemos a nuestro alrededor?

miércoles, 21 de agosto de 2019

Estoy harto: ¿Vale todo por una fotografía?

Estoy empezando a estar cansado de aquellos naturalistas-fotógrafos, fotógrafos-naturalistas o lo que sean porque de naturalistas tienen muy poco, que priman conseguir una buena, gran o maravillosa fotografía por encima de cualquier otra sensación en la naturaleza; es lo único y verdaderamente importante de su “pasión” por el medioambiente pero claro, no va sola, ya que después deberán de hincharse hablando de esa gran fotografía que han hecho publicándola a los cuatro vientos de las redes sociales.
Gente que se mete hasta el borde de la Salina Grande de Villafáfila sin tener en cuenta que han molestado y levantado a todas las aves que allí se encontraban. Gente que es capaz de perseguir a un lince que te ha salido muy cerca y no volverás a ver. Gente que se ha escondido en un lugar prohibido consiguiendo su foto pero desplazando a un grupo familiar de lobos. Gente que es capaz de cualquier cosa con tal de conseguir su tan codiciada fotografía. Gente que no tiene ni ética, ni moral.
Ya en 1677 Baruch Spinoza decía: “La ética es la rama de la filosofía que estudia lo correcto o equivocado del comportamiento humano, la moral, la virtud, el deber, la felicidad y el buen vivir. Además, tiene como centro de atención las acciones humanas y aquellos aspectos de las mismas que se relacionan con el bien, la virtud, el deber, la felicidad y la vida realizada”.
Estos mal llamados naturalistas la ética la han visto muy de lejos y, no digamos, la moral que es “el conjunto de reglas que se aplican en la vida cotidiana y todos los ciudadanos las utilizan continuamente. Estas normas guían a cada individuo, orientando sus acciones y sus juicios sobre lo que es moral o inmoral, correcto o incorrecto, bueno o malo”.
¿Dónde está su moral y ética en el amor por la naturaleza?
Estos personajes no aman la naturaleza, solamente aman su ego. Si la amaran no interferirían hasta el punto de espantarte un gran grupo de grullas porque ha tenido que acercarse hasta el mismo lado cuando llevas dos horas apostado a una distancia en la que las grullas ni se han inmutado. Si la amaran no serían capaces de desplazar a un grupo familiar de lobos con cachorros por meterse encima de ellos, en zona prohibida, cuando llevas viéndolos una temporada y no se han movido del lugar. Si la amaran no serían capaces de ponerse entre un grupo de observadores situados a una distancia segura y un lince por conseguir mejor fotografía que ellos pero haciendo que el lince no aparezca más en los siguientes días.
¿Dónde está su moral y ética en el amor por la naturaleza?
Y lo que todavía me exaspera mas es cuando oyes hablar a más de uno vanagloriándose de lo que han conseguido o encarándose cuando les reprochas su acción; han conseguido esa fotografía pero ¿a qué precio? Para ellos ninguno porque no verán como mal lo que han provocado pero, para el resto de gente, que respeta normas y prohibiciones les ha supuesto un problema y no digamos para los animales que han molestado, echado o espantado.
Lo más penoso de todo es que cambiarlos es prácticamente imposible porque consideran que no hacen nada malo y, si encima, no son sancionados, todavía mejor; lo seguirán haciendo y todos aquellos que cumplimos las normas escritas y no escritas de comportamiento, ética y moral seguiremos cabreándonos y llevándonos las manos a la cabeza cuando lo volvamos a sufrir porque, por desgracia, muchas veces, el sentido común es el menos común de los sentidos.