martes, 20 de noviembre de 2018

¿Ánsar chico joven en Villafáfila?

La tarde estaba nublada y una suave brisa recorría las lagunas cuando paré en el observatorio de Otero de Sariegos. Las lagunas habían cogido bastante agua con las lluvias del fin de semana y se encontraban muy animadas. Sin perder tiempo coloqué el telescopio y me dispuse a observar. Hacía un rato que M. Rodríguez, J. Palacios, J. Morán y J.M. San Román habían visto un tarro canelo en las lagunas de la Casa del Parque; así es que podría estar por la laguna.
Una pareja de asturianos me comentaron que lo habían visto, con lo cual no podía estar muy lejos. Tras unos minutos de prospección por la salina, apareció. Allí estaba, en la otra punta de la Salina Grande, solitario, muy cerca de un grupo de tarros blancos. En Villafáfila las distancias son enormes, así es que un pequeño punto de color naranja es lo máximo que saldría en cualquier foto que pudiera hacer. El último tarro canelo que había visto fue el 4 de febrero de 2013, ya hacía unos cuántos años.
Continué revisando la laguna, un gran grupo de ánades patrullaba en busca de alimento: azulones, frisos, silbones y rabudos se entremezclaban con patos cuchara, cercetas comunes y tarros blancos, mientras pequeños correlimos se movían como si tuvieran cuerda de un lugar a otro y, las chillonas grullas, pasaban volando y se posaban en mitad del agua.
Busqué a los ánsares. Había menos que en mi anterior visita, pero descubrí un ánsar careto adulto que dormitaba en una isla, junto a ánsares comunes. Entre todos ellos, uno llamó poderosamente mi atención. Estaba detrás de unas hierbas en la lejanía. Solamente se le veía la cabeza. Era un careto pero…
Esperé hasta que asomó de entre las hierbas y lo pude ver totalmente, comprobando que era muy pequeño. Patas naranjas. Tan pequeño… ¿y si pudiera ser otra cosa?…Hay ánsares caretos muy pequeños, podría ser un careto pero…mil dudas me asaltaron…¿y si era un ánsar chico? Rápidamente lo comuniqué en un grupo de wasap y el nerviosismo se hizo patente…hice algunas fotos y las envié al grupo …estaba muy lejos, demasiado lejos…
Su tamaño era muy pequeño. Sus patas naranjas. Su pico corto. Compacto. El cuello muy corto…¿podría ser? Se lo enseñé a los asturianos (Xurde Acebrás) y tenían las mismas dudas que yo. Las distancias en Villafáfila son enormes y, en este caso, nos estaban jugando una mala pasada. Estaba muy lejos, demasiado lejos. Además, era un ejemplar joven, algo que suponía mucha mayor dificultad y complejidad en la identificación; si hubiera sido un ejemplar adulto lo hubiéramos identificado rápidamente.
Nunca he visto un ánsar chico, bueno, uno si pero fue un escape que localizó J.M San Román en 2016 y que estuvo un tiempo mezclado entre los ánsares comunes.
Estas tres fotografías corresponden al ejemplar procedente de un escape
localizado en 2016 que permaneció varios meses en las lagunas.
¿Y antes? ¿Cuándo se había visto este ánsar tan raro en nuestras lagunas?
A. Rodrigo y J. M. San Román son dos grandes ornitólogos y dos enormes pozos de sabiduría e información, así es que era a ellos a quienes tenía que preguntar. Les agradezco enormemente sus consejos y datos, sin ellos esta entrada hubiera sido imposible.
Solamente existen dos citas homologadas por el Comité de Rarezas Nacional, de ánsar chico en Villafáfila: un ejemplar adulto visto el 26 de enero de 2002 por A. Rodrigo, L. Antón et al y otro visto por A. Gutiérrez et al el 11 de enero de 2003. Ambas incluidas en el libro: “Aves raras de España” de E. de Juana.
Aparte de estas dos, en la guía de la Reserva de las Lagunas de Villafáfila, de M. Rodríguez y J. Palacios se citan, textualmente, las siguientes: “dos ejemplares en 1992 (M. Rico et al, 1997), cuatro en 1993, dos en 1994 (Pearson, 1997) un ejemplar en 2001 (datos propios), uno en 2003 (J.M. San Román com. per.), tres en 2002 y uno en 2003, 2004 y 2006”.
Muy pocas observaciones de un ánsar que es muy complicado ver en nuestra tierra, pero ¿cuál es el motivo de que sea tan difícil de ver aquí?
El ánsar chico está incluido en la Lista Roja de la UICN (Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza) con la calificación de “vulnerable”. A nivel mundial se estima una población de entre 24.000-40.000 ejemplares; cría en toda la zona de Siberia teniendo tres principales puntos de población en Rusia del este, Rusia occidental y Fenoscandia (Noruega, Suecia, Finlandia y la península de Kola (Rusia)).
La población más cercana a nosotros se encuentra en Fenoscandia, situada al norte de Noruega, junto con la península de Kola (perteneciente a Rusia). Esta pequeña población ha sufrido un enorme declive en muy poco tiempo. Pensemos que a principios del s.XX había 10.000 ejemplares reproductores y, actualmente, se estiman en torno a 100 las parejas reproductoras. En esta zona, el ánsar chico, está catalogado por la UICN como “en peligro crítico”.
La disminución del ánsar chico en toda esta zona ha sido demoledora. En Suecia, la última reproducción confirmada de ánsares silvestres fue en 1991 y en Finlandia en 1995. 
En septiembre de 2011 se inició un proyecto internacional EU Life+Nature (terminado en abril de 2017) de recuperación de esta población reproductora. Se estimaba que en ese momento, habría entre 15 y 20 parejas reproductoras, es decir, al borde de la extinción de esta población silvestre. La evolución ha sido la siguiente:
Estas aves silvestres tienen como principal ruta migratoria hasta Grecia, Hungría, Bulgaria y Turquía. Un ejemplo de esta ruta es el viaje realizado, en este otoño de 2018, por un ánsar chico llamado “Mr. blue”, marcado con emisor GPS, que siguió el siguiente recorrido:
Ante esta situación tan preocupante, a comienzos de los años 80, se pusieron en marcha diferentes proyectos en Suecia, Finlandia o Alemania de reintroducción del ánsar chico. Dado que la ruta migratoria hacia el sureste, la que hacen las aves silvestres, era muy peligrosa y morían cientos de ánsares cazados en el viaje o se veían afectados por la alteración de su hábitat, se propuso cambiar la dirección de la migración, para lo cual, se criaron ánsares chicos con barnaclas cariblancas como padres adoptivos.
Surgieron diferentes problemas, como la hibridación con ánsar careto o con barnacla cariblanca (incluso de segunda generación). La ruta migratoria, de estos ejemplares reintroducidos, se modificó; ya no iban hasta sus zonas tradicionales de invernada sino que cambiaron hacia los Países Bajos ya que, las barnaclas cariblancas migraban en esa dirección y con ellas los ánsares chicos.
Llegaron por una nueva ruta de migración alterada hasta los Países Bajos y, desde ahí, mezclados con los ánsares comunes, hasta nuestra tierra. Son esos ánsares chicos y sus descendientes provenientes de diferentes proyectos de reintroducción los que llegan hasta España.
Esos mismos son los que se han visto en las lagunas de Villafáfila en los años 2001, 2002 y 2003. Eran ejemplares marcados que se sabía perfectamente su origen, como el que M. Rouco et al vio el 24 de noviembre de 2001 (permaneciendo ese invierno), que portaba una anilla roja en tarso derecho. Era uno de los 33 ejemplares de un proyecto franco-sueco-alemán donde se enseñó a los pájaros en aviones ultraligeros. Volaron desde Malster Malma (Suecia) hasta Bislicher (Alemania) y de ahí, este ejemplar hasta Villafáfila. O como el visto el 11 de enero de 2003 por A. Gutiérrez et al; anillado y anormalmente grande, síntoma de sus posibles genes de ánsar careto. (Si pincháis aquí podréis ver una relación de avistamientos).
Con lo cual, la respuesta a la pregunta: ¿Cuál es el motivo de que sea tan difícil de ver aquí? es relativamente sencilla: no estamos en su ruta migratoria. Pensemos que esos ánsares reintroducidos y sus descendientes son muy pocos y que la probabilidad de que alguno se mezcle con ánsares comunes en Holanda y llegue hasta aquí es todavía más baja.
Las posibilidades son muy remotas, pero cada cierto tiempo llega hasta España algún ánsar chico como los vistos en la Laguna de la Nava el 20 de noviembre de 2011 por J. Sagardia et al (que permaneció hasta el 16 de febrero de 2012); o el visto en el embalse del Ebro el 28 de octubre de 2012 por M. Estébanez et al (que estuvo hasta el 25 de diciembre de 2012) o el que apareció, nuevamente, en la Laguna de la Nava el 3 de diciembre de 2013 visto por G. Belamendía, R. Arambarri, M. Degaña y F. Jubete et al (visto solamente ese día).
Si esta posibilidad es tan remota, el hecho de que el ánsar que estábamos viendo fuera un ánsar chico y además de primer invierno también lo era. 
Allí seguía. Alimentándose en la laguna. Tranquilo. En compañía de un pequeño grupo de ánsares comunes. Voló pero no se acercó. Continuaba la duda, ¿sería o no sería? Tenía muchas cosas a favor, pero solo con esta observación no se podía confirmar o desmentir, alguien debería verlo más cerca, para poder asegurarlo o no.
Han pasado varios días y no se ha vuelto a localizar. Mantengamos la esperanza de que se vuelva a ver y podamos salir de esta duda; desde luego sería una enorme sorpresa y gran noticia que pudiera ser un ánsar chico y además joven.
(Los datos de esta entrada han sido aportados por A. Rodrigo, J.M. San Román y extraídos de las páginas: wwf.fi/en/lwfg/ y de www.piskulka.net)

domingo, 4 de noviembre de 2018

Aumentan las grullas, aparecen los ánsares y gaviota cana.

Aumentan las grullas, empiezan a aparecer los ánsares pero necesitamos agua. Hace falta agua. Las grullas han llegado a sus mayores números, calculo alrededor de 1.400-1.500 (según mis estimaciones). El año pasado se censaron alrededor de 1.200. Este año está siendo muy bueno para verlas ya que se están quedando a comer en el entorno de las lagunas secas de Villafáfila.
Las aves van viniendo pero como no llueva rápido y mucho…desaparecerán, se irán y la invernada será un auténtico desastre. Se irán a otras zonas como Herrín de Campos o La Nava donde tienen el agua asegurada mediante su llenado artificial. Aquí, en las Lagunas de Villafáfila, la naturaleza sigue su curso. Hay años que llueve antes y otros que llueve más tarde; años que llueve mucho y otros que lo hace muy poco. Mientras escribo estas líneas ha comenzado a llover…esperemos que caiga bien.
Los campos están secos. Las lagunas están secas. Perdices, estorninos y pequeños bandos de avefrías se ven salpicando el seco amarillo de las hierbas mientras, un pequeño mochuelo, observa desde su atalaya como un aguilucho lagunero y un cernícalo vulgar patrullan el terreno en busca de alimento o unos conejos se refugian en sus madrigueras asustados por el vuelo de un milano real o un busardo ratonero.
El enorme bando de grullas está descansando sobre la laguna seca, junto a ellas se mueven nerviosos entre el limo y la minúscula lámina de agua: combatientes, tarros blancos, cercetas comunes, correlimos comunes, patos cuchara, ánade friso, silbón y azulones se agolpan como verdaderas sardinas en aceite, sin espacio para moverse…sin agua. Muy pocos puntos tienen agua en la reserva. En esos puntos se concentra la vida.
Las grandes grullas descansan. Su porte altivo y esbelto destaca en la planicie. Se pueden distinguir perfectamente las familias, los adultos y el pollo o los pollos que van con ellos, así como las que no tienen ningún pollo a su cargo. Entre estas destaca por encima de todas una especial, está anillada, sus anillas de colores tienen el siguiente código: BuBuY-WGW.
Es una vieja conocida. Es un macho que fue anillado en Alemania el 9-7-2012 y lo pude ver el 2-12-2013 cerca de Villarrín de Campos y este año, cinco después, lo he vuelto a ver.
A media tarde se levantan y se van yendo en pequeños grupos hasta las zonas de alimentación donde se juntan en un gran bando. Bajan y se ponen a comer.
Las grullas están intranquilas, cualquier mínimo peligro les hace levantar la cabeza como un verdadero resorte, ya sea un coche por un camino cercano o un lagunero que pasa sobrevolándolas. Se mueven. Levantan el vuelo. Dan varias vueltas y se dejan caer en un punto muy cercano. Siguen comiendo.
Entre ellas se han camuflado algunos ánsares comunes que parecen liliputienses en comparación con las estilizadas grullas. Los ánsares ya han empezado a venir. Unos 800 se encuentran ya en las lagunas secas. En las próximas semanas, si todo va bien y llueve, aparecerán algunos miles que se distribuirán en la zona. Esperemos que con ellos vuelvan los ánsares caretos que el invierno pasado nos deleitaron con la cifra record de 91 ejemplares vistos por J. Alfredo Hernández y yo el 29 de diciembre de 2017, aunque sigo convencido que pasaban de los cien ejemplares.
Al anochecer me dirigí hasta la balsa donde Cristian Osorio había descubierto una gaviota cana de primer invierno el día anterior. Allí seguía, entre las gaviotas reidoras y en compañía de dos gaviotas sombrías que se movían en una finísima capa de agua que más bien era barro junto con tarros blancos, ánades reales, combatientes, cercetas comunes, avefrías, patos cuchara, algún correlimos común y una solitaria avoceta.
En la casa del parque algunos correlimos se alimentan en sus orillas. Pequeños correlimos como correlimos común, zarapitín o menudo además de chorlitejos, andarríos, cigüeñuelas y agachadizas que aprovechan las pequeñas playitas rebosantes de comida mientras fochas, porrones, ánsares y zampullines comunes nadan tranquilamente y alguna aguja colinegra descansa plácidamente.
Esta es la mejor época para ver las grullas en Villafáfila. Esperemos que sigan aumentando y comiencen a aparecer los habitantes del invierno en las lagunas. Lagunas que necesitan agua de forma inminente.

domingo, 28 de octubre de 2018

Las cigüeñas de la catedral de Zamora

Allí está. Aparece al final de la rúa. La calle se estrecha y la maravillosa cúpula románica de la catedral de Zamora comienza a mostrarnos todo su esplendor, toda la belleza de una cúpula singular, diferente, la primera en su estilo románico con inspiraciones bizantinas. Una auténtica belleza que sorprende a todo aquel que la ve, da igual todas las veces que la hayas visto, siempre te impacta, siempre te sobrecoge, siempre es digna de admiración.
Acaba la rúa y la plaza de la catedral se abre ante mis ojos. Su hermana está allí, la grandiosa torre del El Salvador de aspecto defensivo cuida de su hermana, la cúpula. Son un todo. Conforman una estampa de una belleza desmedida; sobria una, elegante la otra; altiva una, delicada la otra. La torre y la cúpula de la catedral de Zamora son dos auténticas joyas que observan el paso del tiempo desde su atalaya. 
Miro a mi alrededor. La gente se admira y comienza a hacer fotografías. Cientos de cigüeñas blancas comienzan a pasar volando por encima de nosotros, entran en la ciudad, entran por la puerta Óptima hasta traspasar las murallas de la bien cercada, la ciudad del romancero que, como cada anochecer, da la bienvenida a cientos de cigüeñas que se irán distribuyendo para pasar la noche en los tejados de iglesias, palacios, edificios o aquí, sobre la cúpula de la catedral.
En la cúpula y pináculos de la catedral duermen alrededor de 20-30 cigüeñas todos los días. Entre ellas hay algunas que tienen una historia que contarnos. Son las cigüeñas que están anilladas.
Entre estas cigüeñas las hay que duermen prácticamente todos los días aquí, en el mismo lugar, cada noche, como lo hace la WA8F, anillada por el grupo GIA el 3-6-2004 en Santa María del Páramo (León) que se sitúa en uno de los pináculos del ábside que sustituyó al anterior románico destruido en un incendio en 1591.
La misma cigüeña: WA8F, durmiendo en la catedral (arriba)
y comiendo en el vertedero (abajo).
La cigüeña con anilla 2316.
Otra de las que suele dormir aquí casi todos los días es la 2316 anillada en Coreses (Zamora) por Pablo Santos el 26-5-1999, con lo cual tiene 19 años. Cigüeña que llevaba sin ver desde hacía cuatro años y que, en lo que va de invierno, la catedral se ha convertido en su lugar preferido para dormir en la ciudad.
Cigüeña con anilla: 0|22A en la catedral (arriba)
y en el vertedero (abajo).
La 0|22A es otra de las que duermen regularmente en la cúpula. Esta cigüeña es una “anónima”, es de esas cigüeñas de las que no consigo ningún tipo de datos. Cigüeñas que por desgracia son más de las que quisiera. Cigüeñas que han sido anilladas pero que no aparecen ni en la base de datos de la Estación Biológica de Doñana ni en ningún otro proyecto conocido. La verdad es que es una verdadera lástima la dejadez o falta de interés de aquellos que las han anillado y luego no dan señales de vida, ¿para qué las anillan?
La F0W2 es otra de las que pasan la noche en tan bello lugar. No es una habitual como las otras pero se deja ver cada pocos días. Fue anillada el 12 de marzo de este año por Pablo Santos después de ser encontrada con el plumaje congelado tras una de las duras noches de helada que son tan frecuentes en nuestra ciudad.
La cigüeña con anilla: Z026.
Desde Lugo ha llegado hasta aquí la Z026. Anillada por Toño Salazar el 19-5-2013 y que es el segundo año que nos visita. Esta cigüeña, como las demás, seguramente pase gran parte del invierno en la ciudad para, al amanecer, levantarse y formar grandes grupos que bajarán al río Duero donde se encontrarían con otra de las habituales las C16M que fue anillada de adulta en Zamora, tras ser encontrada caída en un patio interior, el 15-6-2012 por Pablo Santos; o irán directamente hasta el Centro de Residuos Urbanos para reunirse con otros cientos de cigüeñas que pasarán el día en su entorno alimentándose de una comida fácil y rápida.
La C16M en una de las zudas del río Duero.
Comiendo en el vertedero.
Esta facilidad de acceso a la comida y el considerable aumento de las temperaturas hace que muchas de estas “antiguas” aves migratorias se encuentren en la situación de no tener que migrar, no tener que moverse o hacerlo muy poco del mismo lugar en todo el año.
Todo está cambiando. Las aves del norte no bajan hasta nuestra tierra; cada vez se ven más aves del sur; las aves cada vez migran menos; cada año la invernada es más floja…si alguien todavía dice que el hombre no ha influido en la naturaleza o que el cambio climático no afecta a las aves es que es un ignorante, está ciego o no quiere reconocerlo. En los últimos cien años el hombre ha influido más en el medio ambiente que en miles de años anteriores, lo que antes sucedía en miles de años ahora está sucediendo en menos de cien, con consecuencias que son perfectamente visibles, graves y preocupantes.
Ahí están, como quimeras adornando la belleza de la cúpula, del cimborrio, de ese símbolo de la ciudad que es el lugar que han elegido estos grupos de cigüeñas para pasar las noches en el frío y largo invierno de nuestra querida Zamora.

domingo, 21 de octubre de 2018

Alcaravanes y grullas.

Lo ves y no lo ves. ¿Dónde está? Ahí delante. Buscas con los prismáticos y ves dos, tres…vuelves a pasar, te fijas mucho más detenidamente y, donde había tres, cuatro…había diez y no los habías visto pero ellos a ti si. Te miran con sus enormes ojos de color amarillo-ámbar que parece que estén siempre espantados, asustados, ojos muy abiertos. Grandes ojos rodeados de un fino anillo amarillo. Enormes ojos que necesitan para captar mayor cantidad de luz por la noche o en el crepúsculo, qué es cuando se suelen mover estos curiosos animales.
Es una ave difícil de localizar, de ver y de fotografiar. Es mimética. Silenciosa. Pasa completamente desapercibida a menos que se levante y corra agachada con su característico movimiento o eche a volar. La ves y no la ves. Es una piedra en el camino. Encontrarla es toda una agudeza visual y un reto.
Hace unos días Cristian Osorio había visto un grupo de alcaravanes, de perniles, como se llaman en muchos puntos de Zamora; se llaman así por el canto que se asemeja a esa palabra: pernil. Decidí ir a buscarlos, a probar suerte a ver si los localizaba.
El viento era terrible. Soplaba con una enorme fuerza que levantaba el polvo de los caminos y de las tierras, todo esta seco, muy seco, lamentablemente seco. Levanté los prismáticos y comencé a buscar. Sería complicado ya que ante la fuerza del viento los alcaravanes estarían achaparrados, pegados al suelo, echados lo que hacía mucho más difícil su localización.
Al poco de buscar apareció uno y otro, otro y otro…a algunos solamente se les veía la parte de arriba de la cabeza y un gran ojo amarillento sobresalir entre las hierbas, otros eran verdaderas piedras en el campo.
Un pequeño grupo se levantó y se posó en un campo cercano. Fueron los únicos que pude ver de pie.
Conté 32 pero estoy absolutamente seguro que había más ya que su localización era realmente complicada. Este grupo es un grupo en migración que podría llegar hasta el sur de la península o hasta África donde pasarán el invierno.
Dejé los alcaravanes y continué en busca de las grullas. Las primeras de la temporada. Grullas elegantes, esbeltas, estilizadas que han llegado hace pocos días y que irán aumentando sus números en las próximas semanas.
150.000 grullas invernan en España, de las cuales más de la mitad se concentra en las dehesas extremeñas donde encuentran una fuente de alimento fácil y nutritiva, la bellota. El resto lo hace entre Andalucía, Castilla la Mancha y Aragón pero, un porcentaje muy bajo, se queda en las lagunas de Villafáfila. La mayoría de estas grullas provienen de Alemania, Suecia o Noruega y, en un porcentaje muy bajo, de Polonia, Finlandia, oeste de Rusia o países bálticos.
Las grullas suelen viajar en familias y en pequeños grupos. Extremadura y la laguna de Gallocanta (Zaragoza) son los principales lugares en los que las grullas pasan el invierno en la Península Ibérica.
Un grupo de 133 grullas comía tranquilamente en el campo cercano. La mayoría eran adultos pero algunos jóvenes seguían a sus padres allá por donde se moviesen; esos jóvenes que se distinguen fácilmente por ser un poco más pequeños y tener la cabeza pardo grisácea, tienen que aprender, tienen un año entero para conocer la ruta migratoria; por dónde ir, a dónde parar y, cuándo llegan al lugar de destino, donde moverse para comer o para descansar, sin olvidarnos de la ruta de vuelta hasta sus zonas de cría. Esos jóvenes deberán recordar todo lo que le enseñen los adultos ya que, al año siguiente, ya no tendrán esos guías tan especiales, deberán realizar el viaje sin seguir las indicaciones de los adultos que tendrán otro pollo al que enseñarle el recorrido.
Estaban tranquilas. Mientras unas comían otras levantaban la cabeza y vigilaban ante cualquier peligro turnándose cada poco. Me acerqué hasta que consideré el límite al que aguantarían y allí permanecí un buen rato observándolas. Me fascina observar a los animales, sus movimientos, el por qué hacen una cosa u otra, como se comportan en cada momento, el por qué y su reacción. Sé que hay gente a la cual le parecerá un auténtico rollo o pesadez estar media hora, una hora o dos horas mirando lo que hacen un grupo de grullas, ánsares o lobos y seguir sus evoluciones pero, para mi, es disfrutar, es naturaleza pura y es aprender.
Estuve un buen rato observándolas hasta que no me quedó más remedio que pasar cerca de donde se encontraban para poder continuar. Nada más que pasé la línea que, ellas consideraban de peligro, se levantaron con su vuelo poderoso y elegante, se alejaron unos cien metros y continuaron comiendo en familia, en su grupo.
Las grullas se mueven en familias que se van uniendo y formando un grupo, el cual migrará desde el lejano norte de Europa hasta la península ibérica donde pasará el invierno.
Me dirigí hasta el centro de interpretación de las lagunas de Villafáfila donde esperaba que el chorlito dorado americano hubiera aguantado toda la semana pero no hubo suerte aunque si pude deleitarme con una buena variedad de limícolas.

viernes, 12 de octubre de 2018

Nuevamente por Cantabria: zona de Raos.

Esta vez cuestiones médicas, felizmente resueltas, nos llevaron hasta Santander. Dado el poco tiempo del que disponía, solamente pude acercarme a la zona de Raos (siguiendo los consejos de Ernesto Villodas, uno de los mejores conocedores de las aves de Cantabria y con un libro extraordinario: "Cúando y dónde ver aves en Cantabria"), zona más cercana a la que podía acudir. No conocía nada de este lugar y me sorprendió la variedad de aves en un entorno tan sumamente industrializado y humanizado que, aun no siendo la mejor época, pude disfrutar de una buena variedad de observaciones.
En este lugar hay dos zonas claramente diferenciadas; por un lado estaría la zona marítima y por otro la marisma.
Zona marítima: esta zona se llena de aves en cuanto comienza a bajar la marea. Aves que acuden a rebuscar entre las algas que van quedando o en los limos de los playones que se van formando. Aves que no paran un instante de moverse en busca de alimento. Aves como los diferentes tipos de gaviotas entre las cuales las patiamarillas son las más abundantes, seguidas de reidoras y cabecinegras, de estas últimas me sorprendió ver un grupo de unos 70 individuos (para alguien de interior eso es una barbaridad) entre los que había varias anillas (blanca y verde) pero demasiado lejos para leerlas, muy pocas sombrías y hasta una decena de los impresionantes gaviones que se movían como gigantes dominadores de las carroñas de peces que aparecían en las islas que se formaban al bajar la marea.
Junto a las gaviotas una legión de garzas reales, garcetas comunes y espátulas patrullaban las orillas en busca de todo lo que pudieran alcanzar. Entre las espátulas pude leer dos anilladas. Ambas espátulas son habituales de la bahía de Santander donde acuden regularmente cada temporada.
La primera es la: GfGN/aGP (en la imagen superior la de la derecha). Anillada el 31 de mayo de 2015 por Klaus Gunther en Alemania. También ha sido vista en Holanda, Bélgica y Alemania.
La segunda es la LGL/YfaB. Ejemplar anillado el 22 de julio de 2013 por Otto Overdijk en Holanda que como nota curiosa 17 días antes de verla se encontraba en su Holanda natal.
En los limos se movían zarapitos trinadores y reales, chorlitejos grandes o correlimos comunes que parecían corredores de fondo en comparación a sus grandes vecinos.
Los charranes patinegros descansaban en los playones o volaban patrullando la orilla lanzando impresionantes picados como pequeños misiles que, tenían su recompensa, en un buen número de ocasiones mientras, grupos de cormoranes grandes o moñudos se secaban plácidamente al sol.
En el agua varios zampullines cuellinegros y somormujos lavancos se sumergían constantemente mientras sus vecinos deambulaban por las orillas.
Es increíble la adaptación de los animales a las zonas humanizadas. Esta zona está muy industrializada y aun así las aves siguen su vida cotidiana. Es inevitable pensar en ¿cómo sería esta zona sin este gran cambio provocado por el hombre?
Zona de marisma: la otra gran zona corre paralela al aeropuerto más otras pequeñas lagunas cercanas. Aquí podemos encontrar aves completamente diferentes: ánade azulón, ánade friso, focha común, porrón europeo, zampullín chico, pato cuchara y cerceta común que nadan plácidamente mientras agachadizas comunes, andarríos grandes, correlimos comunes y algún vuelvepiedras se mueven por las orillas y las garzas reales, cormoranes grandes y espátulas descansan sobre la rocas que surgen como pequeñas islas de la marisma.
También pude acercarme a comprobar la belleza de la costa y el mar desde Liencres; para alguien de tierra adentro ver el mar es fascinante, es una sensación placentera pero llena de fuerza, poderío y respeto. Desde aquí pude observar una gran balsa de alcatraces pescando en constantes y fulgurantes picados que entraban en el agua a una velocidad increíble para remontarse nuevamente y comenzar otro nuevo picado.
Alcatraces en la lejanía.
El grupo de alcatraces pescaba en lo que debía de ser un gran banco de peces. Calculo que habría entre sesenta y ochenta alcatraces pescando. Era algo impresionante.
El alcatraz es una ave pelágica de enorme belleza como queda plasmada en las siguientes fotografías que tuve la suerte de sacar en otra ocasión.
Así se encuentra en estos momentos la zona de Raos esperando el momento de la gran llegada de los invernantes que llenaran de colorido y vida esta zona tan industrializada pero en la que la vida se abre paso.