jueves, 25 de mayo de 2017

Siete lobos…
Hacía mucho tiempo que no contaba ninguna historia de lobos en el blog así es que voy a contar una de las últimas observaciones que he tenido de este magnífico animal en la que pudimos disfrutar de un grupo de lobos en una época muy poco propicia para verlos en grupo.
La mañana estaba muy complicada. Una espesa niebla cubría por completo la sierra. Niebla muy baja que no hacía presagiar nada bueno. Había amanecido hacía más de una hora y no se veía absolutamente nada. La resignación empezaba a estar presente en nuestras cabezas, el día no tenía buena pinta pero, como cuando le das la vuelta a una tortilla, cambió.
Lo que más frío nos haría pasar fue lo que nos arregló la mañana, el viento comenzó a soplar helador y la espesa capa de niebla se empezó a desplazar como cuando retiras una gruesa manta de la cama. La niebla desapareció como por arte de magia y la sierra se abrió esplendida ante nuestros ojos. Los colores brillaban con una intensidad desmedida que nos hizo rápidamente ponernos a mirar y a buscar al tan ansiado animal.
El viento que había levantado la niebla acrecentaba la sensación de frío que se metía hasta las entrañas. El tiempo pasaba y no aparecían. Grupos de ciervos deambulaban por el matorral y según avanzaba la mañana se movían hacia sus lugares de encame, un corzo comía tranquilamente y un solitario zorro prospectaba el terreno en un movimiento constante.
La mañana pasaba y el lobo no aparecía, algo que suele pasar en la mayoría de las veces en las que lo buscas pero, con el lobo, nunca se sabe; es imprevisible y, aunque se suele decir que se mueve al anochecer y al amanecer, en esta época del año podría aparecer a cualquier hora del día.
Bien entrada la mañana me acerqué a mi compañera y le dije: “Busca ahí que yo busco aquí”, le comenté esperanzado. Segundos después me dijo muy nerviosa: “creo que he visto algo”. “¿Dónde?”. Le pregunté acercándome a su telescopio. Miré. Busqué. Esperé y…¡ahí estaban!
Se veían muy mal. Avanzaban entre el brezal tapados por el bosquete de robles que estaban cruzando. Estaban ahí. Metidos en el robledal. Había que localizarlos cuando salieran de él…si salían.
Rápidamente nos pusimos a buscar por las zonas que podían salir. La tensión y el nerviosismo se palpaban en el aire. Aunque lo hayas visto en muchas ocasiones cuando se escucha la palabra “lobo” un escalofrío recorre todo tu cuerpo y tus sentidos se ponen en alerta máxima, como así sucedió.
Unas ciervas salieron corriendo del bosquete de robles, señal inequívoca de que allí estaban. Corrieron unos metros y se pararon. Se giraron. Estiraron su cuellos, levantaron las orejas y permanecieron en alerta. Había que seguir a donde miraban, los lobos estaban allí dentro.
Pasados unos minutos, por un lateral del bosquete, apareció un lobo. Se asomó y observó a las ciervas que no le quitaban ojo. El lobo se volvió y se perdió tras unas rocas. ¿Se habrían quedado allí?
Los minutos pasaban muy lentamente y nuestros ojos escudriñaban el brezal que rodeaba a los robles, podían salir por cualquier lado, podían quedarse allí o salir y que, como fantasmas, pasaran delante de nuestras narices y no fuéramos capaces de verlos pero no…pasados unos interminables minutos un lobo salió de entre los robles y otro y otro y uno más…iban en fila…1,2,3,4…7 preciosos lobos caminaban uno detrás de otro, sin prisa pero sin pausa.
Las fotos de esta entrada son representativas del momento.
Su avance era seguro y decidido. Estaba todo el grupo junto, algo muy inusual en esta época del año ya que la pareja reproductora debía de estar separada e incluso la hembra ya podría estar preñada pero no, estaban todos juntos y avanzaban espectaculares por la sierra.
El grupo avanzaba de derecha a izquierda. Según su comportamiento y aspecto podías saber quién era quién en el grupo, aunque lo de su aspecto, en muchas ocasiones es muy engañoso ya que puedes estar viendo a un macho y es una hembra o al revés pero, en este caso, tanto su comportamiento como su manera de marcar y moverse nos permitió saber quién era quién en el grupo.
El lobo dominante era un lobo grande, oscuro, muy oscuro, destacaba de todos por su corpulencia, color y manera de comportarse; la cola recta y la actitud sumisa del resto cuando se le acercaba nos indicaba quién era, era el macho dominante que marcó en varios puntos. Era un lobo fuerte y poderoso que dirigía el avance desde la retaguardia.
Otros dos eran los cachorros del año. Eran más finos, con un color más uniforme y su comportamiento los delataba. Jugaban. Se quedaban rezagados persiguiéndose, tumbándose y echándose uno encima del otro. Cada vez que se quedaban para atrás uno de los otros lobos se les acercaba y les regañaba mordiéndoles en los cuartos traseros para que arrearan con el grupo. Ese lobo que les apremiaba parecía un subadulto al igual que otro de ellos y el último era, al contrario que el lobo oscuro, un lobo muy claro, parecía mas corpulento que los dos subadultos; había muchas posibilidades de que fuera la hembra reproductora del grupo (hembra era ya que la vimos marcar en un punto del recorrido).
Agradezco a Fernando García prestármelas para ilustrar esta entrada.
Les seguimos en un avance de más de cinco kilómetros. Iban a buen ritmo, sin casi parar en ningún momento, sólo cuando los dos más jóvenes se rezagaban o el macho reproductor lo ordenaba. Según avanzaban, los ciervos salían corriendo despavoridos de sus encames. Corrían unos 50 metros y se paraban, se giraban y controlaban a los lobos hasta que se perdían entre el brezal.
Avanzaban a buen ritmo, siempre en grupo, no paraban salvo que uno de los cachorros del año se parara como así hizo en una ocasión uno de ellos que se paró y comenzó a revolcarse, panza arriba, en algo que le estaba resultando muy entretenido. A veces, los lobos (al igual que muchos perros) se revuelcan en excrementos de otros animales o restos para esconder su olor, quizás, aparte de jugar, este cachorro del año, estaría haciendo eso de una forma innata hasta que uno de los otros lobos llegó, le dio con el morro y lo apremió a que volviera al grupo.
Cruzaron caminos, campos, brezales hasta que se perdieron. Era casi la hora de comer. Habíamos estado prácticamente dos horas siguiéndolos. Viendo su comportamiento. Disfrutando de como avanza un grupo de lobos. Donde iba cada uno. Que hacían en el grupo. Quién mandaba y quién obedecía. Quién era un cachorro del año y quién no. Fue una auténtica lección de campo de como se mueven y avanzan un grupo de lobos en la sierra.

miércoles, 17 de mayo de 2017

Tiempo de reproducción en el río Duero.
En pleno mes de mayo nos encontramos con muchos de los habitantes del río Duero a su paso por Zamora en plena temporada de cría, en el proceso de cortejo o con labores propias de la realización de sus nidos. Estos habitantes habituales del río o temporales se encuentran enfrascados en el cuidado de sus pequeños, en el cuidado de su puesta, en pleno proceso de cortejo o haciendo labores propias de construcción o arreglo de sus nidos.
Como he comentado en numerosas entradas en el río Duero, a su paso por Zamora, nos encontramos con una amplia variedad de especies que viven en él; quiero centrarme en esta entrada en algunos de estos habitantes y que hacen, en estos momentos, en relación a sus labores reproductivas.
Uno de los habitantes más bellos y espectaculares que nos podemos encontrar es el martín pescador. Pequeña flecha azul metálica que actualmente está criando a sus pequeños y que se le ve entrar, en sus nidos excavados en taludes, con pequeños peces o anfibios para alimentar a su prole que le espera al final del túnel, en una pequeña cámara subterránea, donde irán creciendo rápidamente.
Otro de los habitantes temporales del río es el abejaruco, el ave de los mil colores, el ave que lleva en su cuerpo la paleta de colores de un pintor. Ave que llegó hace, aproximadamente, un mes, procedente de África y, que en estos momentos, se encuentra en pleno proceso de construcción de sus nidos. Nidos que excava, como vemos en la siguiente imagen, con su pico y va sacando la tierra del túnel con un movimiento rápido de sus patas, lanzándola al exterior formando pequeños montículos de acumulación de arena según va cayendo.
Pollada de ánade azulón.
Garzas reales, azulones, lavanderas blancas, gorriones molineros, pitos reales o golondrinas ya tienen a sus pequeños, algunos muy crecidos, que crían con dedicación y esfuerzo mientras observan las evoluciones de un macho de avetorillo que se afana en conquistar, desde una orilla del río, a su amada que se encuentra en la otra orilla.
Macho de avetorillo.
El macho de avetorillo observa a la hembra que no quita ojo de como el macho se estira, se mueve inquieto, hace poses imposibles sobre los juncos, pesca un gran pez o canta sin parar hasta bien entrada la mañana. La hembra cruza el río en varias ocasiones bajo la atenta mirada del macho que se mueve intranquilo y expectante. La base rojiza de su pico indica claramente su estado de excitación. En pocos días, cuando los carrizos crezcan un poco más, el macho construirá varios nidos, eligiendo uno de ellos la hembra en el que criará a sus pequeños.
Hembra de avetorillo.
Águila calzada.
Gallineta empollando en el nido.
Águila calzada, milano negro, avión zapador o gallineta se encuentran en diferentes procesos de su cría. Mientras unos ya tienen a sus pequeños otros se afanan en quehaceres de cortejo, empollan en el nido o reestructuran su hogar, como el pájaro moscón que ha terminado su obra de arte y comienza la cría. 
Pájaro moscón.
Las orillas e islas del río son un hervidero de movimiento en busca de alimento para cebar a sus crías, búsqueda de pareja o construcción elaborada o desenfrenada de sus nidos. El río es vida. Los habitantes del río están en pleno proceso: herrerillos, jilgueros, mirlos, carboneros, colirrojos, pico menor, picapinos o cigüeña blanca también crían y criarán y el río se convertirá en un canto a la vida, en un lugar en el que nuevas generaciones seguirán poblando nuestro amado y querido río Duero a su paso por Zamora ciudad.

sábado, 13 de mayo de 2017

Desperzándose de la tormenta.
La tormenta acababa de terminar. La lluvia había cesado pero quedaba un poco de viento y la humedad se notaba en el ambiente. Los animales comenzaban a asomar. Los conejos asomaban de sus agujeros y un par de liebres se perseguían inquietas por la pradera cuando un bulto grande llamó mi atención.
Lo normal es que fuera un cernícalo, una paloma, un cuervo, una corneja o un halcón pero esto era más grande de lo normal así es que me acerqué con mucho cuidado. Mi sorpresa fue mayúscula…¡era un búho campestre!
Nunca los había visto subido en un cable. Siempre me los había encontrado en el suelo, sobre un terraplén o un montón de piedras, entre hierbas o volando; nunca lo había visto ahí, en un cable. Me acerqué un poco más.
El precioso búho campestre se desperezó y movió todo su cuerpo sacudiéndose sus preciosas e inmaculadas plumas. El agua que hubiera podido quedar en su exterior salió volando en todas direcciones en forma de pequeñas gotas que huían del movimiento del búho que tembló de abajo arriba en un contoneo espasmódico que hizo moverse a todas sus preciosas plumas.
Plumas que son básicas para poder volar si ruido alguno. Plumas que están aserradas en los extremos para amortiguar el sonido que producen al chocar entre ellas así como su disposición especial que hace que el aire fluya entre ellas y no provoque ningún sonido por rozamiento.
Plumas que le dan un color marrón, rojizo, pardo, blanco, leonado que le hace camuflarse perfectamente entre la vegetación de la estepa. Un color que le camufla como a un fantasma cuando se encuentra en el suelo entre hierbas o arbustos.
Plumas que varían de color de unos ejemplares a otros, haciendo que unos sean mas blancos, otros más tipo leonados o más oscuros. Plumas que en su disco facial son blancas o amarillas sucias; disco facial de plumas rígidas que hacen la función de antena parabólica dirigiendo el sonido que puedan detectar hacia el oído que tiene recubierto de otras pequeñas plumas marrones que levantan cuando están nerviosos o alterados.
Sobre su pico tiene otras pequeñas plumas rígidas que utilizan como el tacto para, por ejemplo, al tocar la carne para dar de comer a sus pollos, les sirven para controlar las distancias y saber que hacer.
Ahí estaba, sobre el cable, observando. Sus grandes ojos amarillos prospectaban alrededor y su especializado sistema de escucha estaría detectando cualquier sonido. Me ignoraba por completo. Se estaba desperezando y yo no suponía ningún problema para él.
Ahí subido me mostró sus poderosas garras. Garras largas y potentes con las que se agarraba fuertemente al cable y que son un elemento letal en la caza. Garras que son la finalización de unas poderosas y potentes patas recubiertas de plumas blanco amarillentas.
Se volvió a sacudir y levantó el vuelo. Un vuelo silencioso y limpio que le llevó a comenzar un vuelo de reconocimiento en busca de posibles presas. El búho campestre, la más diurna de nuestras rapaces nocturnas, voló alrededor y se perdió en la estepa castellana.

lunes, 1 de mayo de 2017

Correlimos pectoral en Villafáfila.
La mañana estaba siendo excelente y muy agradable. No hacía frío y, en compañía de mi amigo Fernando García, habíamos visto un buen ramillete de aves interesantes (sólo con ellas tendría una entrada muy curiosa) pero lo más espectacular y sorprendente nos quedó para el final que es por donde voy a empezar esta entrada.
Nos encontrábamos en el centro de interpretación observando a los espectaculares combatientes en plumaje nupcial cuando un ejemplar me llamó la atención. No lo veíamos bien porque estábamos en un gran contraluz pero le comenté a mi amigo Fernando que me parecía un correlimos pectoral.
Nunca había visto uno pero me sonaba que podría ser, así es que decidimos cambiar de camino y ponernos con mejor luz para ver si lo podíamos observar mejor. Llegamos y seguía con la mosca detrás de la oreja, estaba casi seguro pero…había que confirmarlo ya que mi inexperiencia con esta especie era total. Rápidamente, vía wasap, Alfonso Rodrigo confirmó mis sospechas y una amplia sonrisa se dibujó en mi cara.
Se dio la casualidad que nos juntamos con un grupo de excelentes pajareros gallegos: Ricardo Hevia, Antonio Gutiérrez, Pablo Gutiérrez y David M. Lago que también lo habían visto desde otro punto diferente.
El correlimos pectoral se movía tranquilamente por la orilla alimentándose sin prisa pero sin pausa. Pudimos observarle a placer y ver sus características principales: el estriado del pecho (de ahí su nombre), sus patas claritas de color oliva o el dorso de tipo escamoso con plumas negras y los bordes rojizos.
Resulta que esta preciosa ave es capaz de recorrer miles de kilómetros ya que cría en el noroeste de Siberia o Alaska pero inverna en Sudamérica, Australia o Nueva Zelanda. Es un ave viajera como demostraron: “Bart Kempenaers y Mihai Valcu, del Instituto Max Planck de Ornitología en Seewiesen (Alemania), colocaron sistemas de seguimiento a las aves para seguir sus movimientos. Así descubrieron que, después de recorrer cerca de 14.000 kilómetros desde sus refugios invernales en América del Sur, pudieron continuar volando, viajando de un lugar a otro para encontrar hembras receptivas. La distancia media recorrida por cada uno de estos animales era de 3.000 kilómetros, pero el récord superó los 13.000” (fuente: el país)
Actualmente no está incluido en el listado de aves raras de España pero lo estuvo hasta que el año 2015 fue su último año de inclusión en dicha lista. Es un ave preciosa que por aquí es una rareza total que pudimos disfrutar plenamente.
Las siguientes estrellas del día fueron los 7 correlimos de Temminck que pudimos observar o 2 vuelvepiedras (verlos por aquí es bastante escaso) sin olvidarnos de los espectaculares combatientes en plumaje nupcial o los correlimos zarapitín, correlimos tridáctilo, archibebe oscuro y claro, andarríos bastardo, búho campestre, abejarucos, águila calzada y así hasta una larga lista pero, la estrella del día ,fue el precioso correlimos pectoral.
Un gran día...

sábado, 29 de abril de 2017

El avetorillo.
La mañana estaba heladora. Hacía sol pero el viento cortaba la cara con fuerza acrecentando la sensación de frío. Una pequeña neblina se movía por la superficie del río como un fantasma de forma indeterminada mientras una garza real intentaba pescar en una de las orillas, un solitario martinete permanecía inmóvil sobre una rama seca y un precioso Martín pescador se acicalaba delante de la entrada a su nido.
Martinete.
Garza real.
Pollada de minúsculos azulones siguiendo a su madre.
El río empezaba a cobrar vida. Una pollada de minúsculos azulones seguía azarosamente a su madre, los milanos negros se movían del nido y los andarríos comenzaban sus andaduras por las zudas y orillas cuando un macho de avetorillo voló río arriba y se metió entre unos juncos. Imposible volver a verlo; el carrizal se lo había tragado como un enorme dragón.
Aproximadamente una hora después, en otro punto del río, un ligero movimiento entre los carrizos llamó mi atención. Paré. Coloqué el telescopio y…allí estaba, otro precioso macho de avetorillo bebiendo agua asomado del carrizal.
El avetorillo es la más pequeña de nuestras garzas pero es tremendamente hermoso y espectacular de poder ver. Se esfumó pero sabía por donde se movía así es que esperé a que volviera a aparecer…y apareció.
El avetorillo es un ave esquiva, mimética, cuyo plumaje le hace pasar totalmente desapercibido entre los carrizos de la orilla. Es un ave de costumbres crepusculares qué se mueve perfectamente entre los carrizos agarrándose a ellos con una soltura y elegancia sorprendente. 
Todo él está diseñado para vivir en este hábitat. Sus largos dedos y uñas le permiten agarrarse firmemente a estrechos carrizos en posturas dignas de un equilibrista consumado. Su largo cuello es perfecto para equilibrarse y estirarlo hacia el agua para poder pescar pequeños peces qué coge al acecho con su largo y fuerte pico. Su plumaje es de un color mimético con el entorno. Está perfectamente adaptado a la vida entre los carrizos.
Allí estaba. Mimético. Hierático. Sin inmutarse lo más mínimo. Se sentía seguro. Se sentía oculto entre los carrizos que lo protegen y cubren como una gran capa de invisibilidad. Sus largos dedos se agarran a los pequeños carrizos como si de ventosas se trataran adoptando posturas imposibles para cualquier otra ave. Se movió y voló. Pero lo hizo hacia mi. Se posó todavía más cerca, al descubierto, en la misma orilla.
Ahora estaba nervioso, intranquilo ya que se puso en la típica postura que los avetorillos adoptan cuando están intranquilos o nerviosos. Estiró su cuerpo cuan largo era y levantó el cuello verticalmente, se puso como si fuera una vara, rígida, inmóvil, como si fuera una caña más del entorno. 
Pasados unos minutos se relajó y adoptó una postura imposible, estaba haciendo un “spagat” sobre dos ligeros juncos mientras no quitaba ojo de la superficie del agua. Estaba intentando pescar, hizo varios intentos pero no consiguió nada así es que se estiró y con una gran agilidad comenzó a caminar entre los juncos y cambió de ubicación.
En el tramo urbano del río Duero a su paso por Zamora tenemos varias parejas de avetorillos que llegan regularmente todos los años entre marzo y abril para criar aquí pero, también, algunos se quedan todo el invierno y no migran hasta África. Es un verdadero lujo poder disfrutarlos y admirar sus delicados movimientos, sus posturas increíbles, su belleza…como tuve la suerte de hacer con este precioso avetorillo macho durante bastante tiempo en la fría mañana de abril. 

domingo, 23 de abril de 2017

Gran variedad en Villafáfila.
La mañana se presentaba muy agradable. Hacía fresco pero se notaba que iba a calentar en condiciones, demasiado calor para estas fechas que da un color extraño al campo, parece que estuviéramos mucho más adelantados en el calendario pero no, estamos en abril y lo de “aguas mil”, de momento, ha pasado a la historia pero falta que hace ya que o llueve en las próximas semanas o el agua de las Lagunas de Villafáfila, este año, va a durar muy poco. Solamente tienen agua, aparte de las lagunas del Centro de Interpretación; la Laguna de San Pedro, la Salina Grande y la Laguna de Paneras, nada más, el resto está como un secarral.
En estas condiciones la variedad de especies que están en las lagunas es enorme y, de limícolas en particular, más todavía ya que tienen unas fantásticas condiciones de orillas enormes de limos para poder moverse y alimentarse. (Toda esta entrada se refiere a dos visitas en días seguidos)
La primera parada la hice en la laguna de San Pedro donde el día anterior me encontré con 36 espátulas que estaban en migración. No se habían visto la tarde anterior y a media mañana volaron de las lagunas. Las espátulas, ahora mismo, están en constante movimiento y este grupo seguramente había parado a descansar para proseguir su viaje al norte.
En estos grupos de espátulas, casi siempre, hay alguna anillada (algo que como sabéis me apasiona) que nos cuenta su historia y en este grupo había cuatro de las que solamente pude leer dos (las otras me quedaban más lejos y cuando lo intenté se marcharon). Uno de estos ejemplares con código NfGP/aNP fue anillado en Holanda el 11 de junio de 2015 por Leon Kelder y es la primera vez que se ve fuera de Holanda.
El otro ejemplar es todo un misterio. Estaba anillada con anilla de color y dígitos en la pata izquierda y anilla de metal en la derecha pero hay un problema ya que una cosa es lo que yo pude ver y otra es lo que diferentes expertos me comentan, me explico. El color de la anilla para mi era naranja pero me comentan que tenía que ser roja (seguramente estaría muy desgastada). Los dígitos que pude observar eran negros pero me dicen que tenían que ser blancos y estarían muy sucios o habrían perdido el color.…así es que no tengo ni idea de donde puede ser, si alguno sabéis algo, os agradecería la información.
Archibebe común.
La pequeña laguna de San Pedro estaba muy animada. Un buen número de especies se alimentaba tanto en sus orillas como en la propia laguna. La naturaleza es sabia y la evolución de miles de años ha hecho que entre tanta variedad de especies, en un lugar tan reducido, haya comida suficiente para todos.
La adaptación de sus picos y patas de diferentes formas y longitudes les permite comer a todos y no molestarse, aprovechando los recursos que les ofrece la laguna. Así, un buen grupo de más de cien pequeños limícolas, se movían incansables por una de sus orillas, entre ellos correlimos de Temminck, correlimos menudo, correlimos tridáctilo, correlimos zarapitín, chorlitejo grande, chorlitejo chico y correlimos comunes tenían una actividad frenética en busca de alimento. Junto a ellos algunos andarríos bastardo, andarríos chico y avefrías.
Archibebe oscuro.
En esta laguna había una pareja de archibebe claro y un precioso archibebe oscuro con un plumaje espectacular además de archibebes comunes, cigüeñuela común y avoceta común que veían pasar nadando tarro blanco, ánade friso, cuchara común, focha común, ánade azulón y una solitaria pareja de cerceta común que todavía aguanta en la laguna.
Garza real que parecía Gulliver junto a pagazas piconegras y ánade azulón.
Pagazas piconegras en plena faena...
También un buen grupo de pagazas piconegras volaban en un baile frenético y se posaban en una de las orillas donde se dedicaban a temas amatorios o, simplemente a descansar. Junto a ellas apareció un fumarel cariblanco y varios comunes que estuvieron un momento y desaparecieron.
Mientras me encontraba en la animada laguna llegaron procedentes de León dos familias de amantes de la naturaleza y excelentes pajareros: J. Alberto Fernández Ugarte, su hijo Iker, José Rey, su mujer y su hijo Martín con los que estuve el resto de la mañana disfrutando de la naturaleza además de su magnífica, agradable y sabia compañía.
Precioso aguilucho cenizo melánico con una gran reverberación
que aumentaba según pasaba la mañana.
Aguilucho cenizo, milano real y negro, aguilucho lagunero, cernícalo primilla, perdiz, búho campestre, abejarucos o un buen número de pequeños pajarillos como jilgueros o trigueros se movían por los agostados campos de nuestro alrededor hasta llegar a la Salina Grande donde pudimos añadir chorlitejo patinegro y combatiente; así como varias especies que pude ver el día anterior como aguja colinegra, gaviota cabecinegra, gaviota sombría o agachadiza común.
La Salina Grande está llena de vida. Sus grandes orillas son un hervidero de limícolas que se concentran en las zonas más alejadas donde había un bando de más de 400 ejemplares de imposible observación.
Cigüeñuela gigantesca en comparación con los pequeños
correlimos de Temminck.
La Casa del Parque fue nuestro siguiente punto de observación donde la estrella fue el correlimos de Temminck ya que pudimos ver y disfrutar de 8 ejemplares (a la vez) pero estoy seguro que había alguno más. Estos pequeños correlimos están regresando de sus lugares de invernada y han recalado en las lagunas durante algunos días para descansar y proseguir su viaje al norte de Europa.
Correlimos de Temminck y correlimos menudo.
Junto a ellos había un buen número de andarríos bastardos que se movían por las orillas de la laguna donde un precioso combatiente exhibía sus galas nupciales mientras algunos gansos empollaban en sus nidos, las fochas tenían sus combates como auténticos expertos en artes marciales o los porrones europeos y moñudos nadaban tranquilamente en la laguna.
Si en una de las lagunas eran los limícolas los que más nos llamaron la atención, en la otra fueron los fumareles comunes que nos mostraban su pericia y destreza a la hora de pasar en oleadas volando a ras de agua haciendo la siguiente operación: bajaban hasta la misma superficie, introducían y abrían el pico en el agua e iban unos metros con él abierto para capturar cualquier insecto que se pusiera en su camino. Espectaculares.
Fumarel común bajando a la superficie del agua.
Batalla de fochas.
Cigüeñuelas junto a un precioso combatiente con sus galas.
La agradable e intensa mañana terminaba con la sensación de una enorme variedad de especies pero con la preocupación de la escasez de agua.