miércoles, 7 de febrero de 2018

Árboles singulares en la provincia de Zamora

En los primeros tiempos de este blog hice un pequeño recorrido por aquellos árboles que, por unas razones u otras, consideraba singulares o importantes dentro de la provincia de Zamora. Árboles que tenían historias peculiares, curiosas o que estaban abandonados u olvidados. Árboles importantes. Árboles de cientos de años que han visto pasar la vida a su alrededor. Árboles que han sobrevivido a mil y un avatares de la historia. Árboles que son unos verdaderos supervivientes y que merecen ser recordados o puestos en valor. Era hora de recordarla y de ampliar o adaptar su contenido.
Un árbol es vida. Un bosque es un mar de vida. Los bosques ocupan el 30% de la superficie de La Tierra, en ellos se contiene el 80% de la biodiversidad de nuestro planeta y, cada año, se pierden 13 millones de hectáreas, casi la totalidad de las hectáreas arbóreas existentes en España (tenemos 14,4 millones de hectáreas).
Un bosque es un conjunto de biodiversidad, un conjunto de seres interrelacionados que dependen unos de de otros y, si alguno tiene alteraciones graves, el resto sufrirá las consecuencias. Dentro de este conjunto de seres vivos quiero centrarme en los árboles y, en este caso, en los árboles singulares que tenemos en la provincia de Zamora. Árboles que debemos de conservar, proteger y cuidar ya que forman parte de nuestra existencia.
Cuando me encuentro ante un árbol milenario siento una mezcla de admiración, sorpresa y respeto. Es un árbol que ha vivido cientos de años, que se ha mantenido en pie sorteando incendios, talas, enfermedades, falta de sensibilidades o simplemente la ignorancia de su importancia.
Me gustaría enumerar algunos de los que considero árboles especiales en la provincia de Zamora. Unos están catalogados como árboles singulares de Castilla y León, por tanto protegidos y otros no, pero, por diversas razones, para mi, son singulares. Singulares por diversas razones, que me impactan y me causan una tremenda admiración, que debemos cuidar, divulgar y aprender a respetar, además de intentar que los demás también lo hagan.
Castaño de San Román de Sanabria.
El castaño de San Román de Sanabria: En el pequeño pueblo sanabrés se encuentra un castaño imponente, de 24 m de altura y 18 m de perímetro a ras de suelo. Está en un huerto, y la primera vez que lo vi quedé impresionado por su porte. El muro que rodea el huerto estaba caído en un punto por el cual todos los curiosos entrábamos para acercarnos al él. Según te acercas compruebas su majestuosidad. Lo rodeas en silencio. Cuentas los pasos que forman su perímetro y calculas la gente que lo rodearía agarrados de las manos. Muchas veces he hablado con el dueño de la finca y se siente orgulloso del viejo castaño y tiene una gran paciencia con todos los que vamos a admirarlo. Siempre que vuelvo paso mi mano por su corteza arrugada, lo abrazo e imagino lo que ha visto. Pensad que ya estaba ahí hace más de 600 años según unos, 800 según otros e incluso 1.000 según los más lanzados. Este superviviente. Este viejo árbol se ha roto. Hace un par de años no aguantó mas y se partió...ahí sigue...sobreviviendo.
Castaños de La Alcobilla.
La Alcobilla es un bosque de castaños que se encuentra cerca del pueblo de San Justo, junto al santuario de Nuestra Señora de la Alcobilla. Los antiguos pobladores de nuestras tierras ya consideraban el lugar especial, luego los romanos y después los cristianos lo tomaron como algo sagrado, leyenda incluida; la ermita actual es del s.XVI, y entre los muros de una construcción cercana se pueden ver diversas estelas romanas pero, lo que destaca por encima de todo, es el conjunto de castaños de todas las edades que rodea la ermita.  Los más viejos rondan los 400-500 años depende de a quién consultes. Castaños que se retuercen formando dibujos y formas singulares que parecen caras de duendes o de monstruos. Castaños ahuecados por rayos o retorcidos sobre su base con ramas que por si solas serían árboles imponentes.
Señor Argimiro Crespo contando la leyenda del Roble del cementerio.
El roble del cementerio de Codesal: hay árboles que forman parte de leyendas y este viejo roble de 400 años, es uno de ellos. Nadie contaba la leyenda como el Señor Argimiro. Hombre increíble, arriero, comerciante, músico, contador de historias y romances. Un hombre bueno que destilaba honestidad por los cuatro costados, que con su voz cansada pero entusiasta contaba el romance de la historia de amor que rodea al roble del cementerio. Roble al que quería y respetaba. Roble de 20 m de altura, 25 m de copa y casi 5 m de perímetro en la base que se asoma al muro del cementerio de este pequeño pueblo de La Carballeda. El señor Argimiro Crespo murió pero todos aquellos que lo pudimos escuchar, que pudimos hablar con él, que pudimos deleitarnos con sus historias que contaba con un entusiasmo que le brotaba de las entrañas siempre lo recordaremos con nostalgia, respeto y un profundo cariño. Gracias señor Argimiro por todo lo que nos enseñó.
Mi añorada perra Nala junto al castaño de Vime de Sanabria.
El castaño de Vime de Sanabria: árbol retorcido, agarrado al muro, de tronco rugoso y aspecto imponente que parece defender o acompañar a la iglesia que se sitúa tras él. Por cierto, en el muro de la iglesia hay incrustada una calavera que sirve de nido a una pareja de colirrojos tizones. Árbol especial para mi ya que a Nala, mi añorada perra de aguas, le encantaba tumbarse entre sus viejas raíces de más de 300 años.  
Casa del Fenal apoyada en la roca.
El Fenal: en el precioso pueblo de Muelas de Los Caballeros se encuentra una finca muy especial. En ella podemos encontrar un conjunto de más de 500 especies vegetales plantadas a principios del s. XX por un comerciante llamado Maximiliano Santiago Prieto que cada vez que volvía de uno de sus viajes por el mundo traía semillas o esquejes y los plantaba. Así podemos encontrar, entre otros, un pinsapo de 16 metros de altura y 3,50 m de perímetro (de los más grandes de España) y, destacando por encima de todos, 8 secuoyas que impresionan por su porte y altura. 
La primera vez que entré fue hace muchos años. Años en los que la finca estuvo abandonada y había que saltar el muro por uno de los laterales para poder entrar. Una vez dentro todo estaba sucio, lleno de malas hierbas, con la impresionante casa colgada de unas rocas en un estado lamentable. Daba lástima que tanta riqueza vegetal se estuviera perdiendo.
Secuoyas en El Fenal.
Años después la finca cambió de manos y los nuevos propietarios, junto con un programa de ADISAC, arreglaron caminos, limpiaron malas hierbas y dejaron a la vista la tremenda belleza e importancia de las especies que allí se encontraban. Restauraron la casa principal y la casa del guarda donde se instaló un semillero de especies autóctonas. Se hacían visitas y había una persona que explicaba todo su contenido. Todo eso terminó y actualmente vuelve a estar en unas condiciones nada deseables para la calidad de lo que allí existe.
Bosque del Tejedelo.
El bosque del Tejedelo: cerca de Requejo en la comarca de Sanabria se encuentra un bosque mágico, especial, en el que parezca que vaya a salir un duende o un hada en cualquier momento. Hasta llegar a él seguimos un camino que asciende lentamente hasta encontrarnos a 1.350 m de altura con un valle de origen glaciar que una de sus empinadas laderas se encuentra cubierta por un bosque de robles, abedules, acebos,…y los tejos.
Más de 600 ejemplares entre los que podemos encontrar alrededor de 100 tejos con más de 1.000 años. Son impresionantes, de troncos abiertos los más viejos, y ramas caídas, de aspectos y formas extrañas surcados por una luz tenue que entra en el bosque por los huecos de sus ramas, de luz mágica y encanto de cuento.
El Tejedelo. Bosque mágico. Bosque de cuento.
El Tejedelo es un bosque especial, en el que en invierno sube la temperatura respecto a la de fuera del bosque y en verano baja siendo refugio de innumerables pajarillos, micromamíferos, reptiles y corzos. Su importancia es enorme. Prueba de ello es que forma parte de la Red Natura 2000 y está catalogado como zona LIC (Lugar de Importancia Comunitaria). Aparte de su importancia, es su belleza, encanto y magia lo que te atrapa cuando caminas por él.
Olivo del Sancti Spiritus de Toro.
Olivo del Convento de Sancti Spiritus de Toro: la última vez que entré ha sido hace menos de un año. Lo hice con un grupo de alumnos que visitaban el convento. Convento majestuoso, precioso e imponente pero, en ningún momento, la guía nos habló del árbol. No sabía nada de él. Tuve que contar a mis alumnos la importancia de este viejo olivo. Un árbol que también es un monumento pero un monumento vivo por el que se debería de tener más respeto y admiración y, por lo menos, mencionarlo en las visitas guiadas. 
Es un olivo de casi 700 años que se encuentra en el claustro del convento toresano. Se sabe su edad a ciencia cierta porque se encuentra un escrito de Manuel Espías Sánchez que dice: “el olivo cercano al pozo del claustro fue plantado durante la fundación del monasterio”. El monasterio fue fundado a principios del s. XIV, lo cual nos da cuenta de su edad.
Majestuoso olivo del Sancti Spiritus de Toro.
Morera de Cozcurrita. Detalle de las piedras que sujetan sus ramas.
Los árboles sagrados: antes de la llegada de los romanos los antiguos pobladores de nuestras tierras tenían la costumbre de reunirse en lugares especiales, que ellos consideraban sagrados, en los que normalmente había un árbol centenario, un símbolo de la madre tierra. Los romanos acogieron esa costumbre y después, el cristianismo, absorbió esos lugares sagrados construyendo iglesias en ellos. Los habitantes de los pueblos tenían por costumbre celebrar reuniones o concejos con un árbol como testigo, como símbolo. Muchos de esos lugares y algunos de esos árboles continúan en el recuerdo de las gentes.
La morera de Cozcurrita es uno de esos árboles centenarios situados junto a su iglesia románica. Árbol de  ramas cansadas que se ha ido abriendo, desgajandose como una naranja. Los habitantes del pueblo para no perder ese símbolo han colocado enormes piedras que sostienen las ramas para que la vieja morera no se rompa y no pierdan su símbolo.

Bosque de Valorio.
Bosque de Valorio: es el bosque de Zamora ciudad. Tiene una extensión de unas 80 hectáreas distribuidas a lo largo de casi tres kilómetros de longitud, en el que nos encontramos 159 especies de vertebrados (según los datos del gran conocedor de la fauna del bosque, J. Alfredo Hernández Rodríguez) destacando una gran variedad de mariposas y de aves, en función de la época del año.
Pinos piñoneros del bosque.
Bosque en el que los zamoranos paseamos, hacemos deporte, merendamos o buscamos a sus habitantes. Bosque en el que de su flora autóctona: robles y encinas; quedan  muy pocos ejemplares. Lo que más encontramos son pinos y dado su carácter de aprovechamiento forestal tenemos datos de repoblaciones sucesivas en el bosque. La que más me interesa es la que se realiza en 1762, en la cual se plantan los pinos piñoneros que pueblan el centro del bosque en la actualidad y que conforman su estructura principal. Enormes pinos piñoneros que continúan erguidos y poderosos observando como muchos de los zamoranos que pasan junto a ellos no se dan cuenta de que están junto a unos verdaderos monumentos naturales de 255 años.
Imponentes pinos piñoneros del bosque de Valorio.
No están todos. Faltan otros árboles y bosques singulares de nuestra provincia. Árboles, lugares y bosques que tienen un denominador común: su importancia biológica, cultural y social que debemos de poner en relieve para así poder respetar y valorar.

lunes, 29 de enero de 2018

El zorzal real.

Hacía varios días que Cristian Osorio había descubierto un grupo de zorzales reales al final del bosque de Valorio, ese bosque tan querido por los zamoranos (si queréis saber algo más de él pinchar aquí). Cuando tuve la oportunidad me dirigí hasta el lugar en compañía de mi amigo, gran fotógrafo y amante de la naturaleza, Fernando García. Llegamos y nos pusimos manos a la obra, había que buscarlos.
El zorzal real llega hasta la península ibérica en el invierno, procedente del norte de Europa (Península Escandinava y Rusia) donde la crudeza del invierno le hace bajar hasta nuestras latitudes.
Agradezco enormemente a Manuel Segura cederme algunas de sus
magníficas fotografías de zorzal real para ilustrar esta entrada.
La mañana estaba agradable, no hacía viento y el frío no se dejaba notar. Comenzamos a escrudiñar el prado en el que debían de encontrarse. En él: urracas, grajillas, cornejas, algún cuervo y estorninos negros y pintos se alimentaban sin descanso mientras un alcaudón real observaba desde su atalaya esperando una oportunidad; una perdiz cantaba al viento, un pito real emitía su característico sonido y varias parejas de tarabillas se perseguían de arbusto en arbusto mientras algunos milanos reales no perdían detalle de todo lo que sucedía en el prado.
No aparecían. Buscamos hasta que, pasados unos minutos, un precioso zorzal real apareció tras una depresión del terreno. Allí estaban.
Es muy raro ver un zorzal real tan próximo a la ciudad, es más, J. Alfredo Hernández (quizás el mejor conocedor del bosque de Valorio) confirmó que era la especie número 151 para el bosque.
Comenzaron a aparecer. Estaban ocultos en varias pequeñas vaguadas. 1,2 3…hasta 37 pudimos contar pero había más. Un tiro en la ladera cercana fue como un resorte que los levantó y pudimos ver que había alrededor de 50 ejemplares, poco tiempo después J. Alfredo y Maribel contaron 56.
El zorzal real es un ave preciosa, elegante y espectacular que, normalmente, no tenemos la oportunidad de poder ver y disfrutar. Algo que Fernando y yo hicimos durante los siguientes minutos viendo sus evoluciones cuando se volvieron a posar, lástima que un poco más lejos.
Se posaron en diferentes arbustos, ocultos. Son aves tímidas y huidizas que siempre están alerta, en ello les va la vida ya que son aves que se cazan tanto en España como en Europa.
Las rutas de entrada en la península ibérica son dos: a través del País Vasco y Navarra o por la costa del mediterráneo. Seguramente los que llegan hasta aquí vengan por la ruta vasco-navarra.
Cuando se tranquilizaron bajaron nuevamente al suelo y comenzaron a comer. Cogían lombrices de una forma que me recordaba a los gatos monteses o a los lobos cazando topillos en cualquier pradera de montaña. Se quedaban quietos. Se tensaban y se lanzaban en picado en busca de la lombriz o gusanillo que sacaban colgando en el pico para comérselo inmediatamente.
Dentro del grupo se diferenciaban perfectamente dos tipos. Había ejemplares con el pecho blanquecino y otros, en cambio, tenían el pecho rojizo y espectacular. Los primeros eran jóvenes y los segundos adultos, a más rojizo más edad.
Entre los zorzales reales había otros zorzales infiltrados. Varios zorzales charlos y comunes comían junto a ellos.
El zorzal charlo es el más grande de nuestros zorzales, seguido del zorzal real, el zorzal común y, por último el alirrojo. Los cuatro se han visto en el bosque de Valorio.
Zorzal charlo.
Zorzal común.
Zorzal alirrojo.
Estuvimos varios minutos y continuaron guardando las distancias; se alimentaban y se erguían, estaban en alerta. Un nuevo tiro resonó en la ladera pero esta vez no volaron sino que se agacharon. Se pegaron al suelo como si intuyeran que el tiro no era para ellos sino que venía de la lejanía y sólo debían de ocultarse.
Vimos tres especies de zorzales juntos. Sería increíble poder verlos a los cuatro a la vez, en el mismo lugar y más, en un lugar tan emblemático y querido para todos los zamoranos.

lunes, 22 de enero de 2018

Las cigüeñas de Zamora I

La cigüeña blanca es una de las aves más conocidas y admiradas desde tiempos inmemoriales. Está asociada al hombre y forma parte de la cultura popular en refranes y costumbres. Todos hemos oído el famoso refrán: "Por San Blas la cigüeña verás, y si no la vieres, año de nieves"; refrán que mi abuela llevaba a rajatabla y si se acercaba esa fecha y las cigüeñas de la cercana iglesia de Santa Lucía no aparecían, comenzaba a preocuparse, pensaba que si no venían, sería signo de mala suerte; cuando aparecían y se aposentaban en la torre de la iglesia se quedaba más tranquila.
Hasta hace pocos años las cigüeñas acudían desde África a nuestros campanarios, torres o chimeneas  para quedarse los siguientes ocho o nueve meses pero esto ha cambiado. Si hoy en día, en invierno, paseas por el casco antiguo de Zamora a partir del atardecer podrás ver los tejados de algunas iglesias, la catedral o palacios repletos de estos visitantes excepcionales que se agrupan para dormir en lo alto de tan insignes edificios.
De las 7.500 cigüeñas que pasaban el invierno en España en 1994 se pasó a las 31.000 que lo hicieron en 2004 y, actualmente, esa cifra, con toda probabilidad, ha aumentado bastante. Ahora, muchas de estas cigüeñas blancas, no se van. Permanecen en nuestra tierra y se mueven en recorridos cortos ya que disponen de comida fácil, cómoda y abundante en los vertederos; como es el caso de las cigüeñas de la ciudad de Zamora que todas las mañanas se van levantando y yendo en pequeños grupos hasta las instalaciones del Centro de Residuos Urbanos de Zamora, donde pasarán comiendo gran parte del día hasta el anochecer, hora en la que volverán a la ciudad como si fuesen oleadas de aviones para distribuirse por todas las torres o tejados de antiguos palacios donde tienen sus dormideros o incluso en algunos nidos que ya ocupan.
Esta facilidad de acceso a la comida y el considerable aumento de las temperaturas hace que muchas de estas “antiguas” aves migratorias se encuentren en la situación de no tener que migrar, no tener que moverse del mismo lugar en todo el año.
Todo está cambiando. Las aves del norte no bajan hasta nuestra tierra; cada vez se ven más aves del sur; las aves cada vez migran menos; cada año la invernada es más floja…si alguien todavía dice que el hombre no ha influido en la naturaleza o que el cambio climático no afecta a las aves es que es un ignorante, está ciego o no quiere reconocerlo. En los últimos cien años el hombre ha influido más en el medio ambiente que en miles de años anteriores, lo que antes sucedía en miles de años ahora está sucediendo en menos de cien, con consecuencias que son perfectamente visibles, graves y preocupantes.
El vertedero al que acuden las cigüeñas es un verdadero hervidero; cientos de cigüeñas pasan gran parte del día rebuscando entre la basura en un trajín constante entre los desperdicios. Todas buscan comida. Para todas hay. Todas consiguen comida de una manera fácil. No les hace falta buscar demasiado. La comida está allí o llega constantemente en grandes camiones que descargan enormes cantidades de basura.
Es ahí, en el vertedero o en una laguna cercana, donde se pueden ver unas cigüeñas muy especiales, las cigüeñas que portan anillas. Estas cigüeñas nos van a contar su historia y nos van a permitir tener una serie de datos ilustrativos de cómo se mueven, edades, lugares de anillamiento, permanencia en el invierno…
En esta entrada quiero contar los datos conseguidos durante el año 2017 (meses de: enero, marzo, septiembre, octubre, noviembre y diciembre) en la lectura de anillas de las cigüeñas que están o pasan por Zamora. Datos de 37 ejemplares en 70 observaciones realizadas tanto en la ciudad de Zamora (Catedral, iglesias y río Duero) como en el vertedero.
Voy a dividirlo en varios puntos:
Lugar de anillamiento: el principal lugar de anillamiento de las cigüeñas observadas es la provincia de Zamora, pero no solamente ella sino que hay diferentes puntos a lo largo de la geografía española y europea como se puede ver en el siguiente cuadro:  
Lugares de anillamiento de las cigüeñas vistas en 2017
(meses de enero-marzo-septiembre-octubre-noviembre y diciembre)
Zamora
Palencia
León
Vertedero 6
Becerril de Campos 2
Palazuelo de Boñar
San Pelayo 2

Mozóndiga
Tapioles 2
Sevilla
Santa Mª del Páramo
Camarzana de Tera
Dehesa de Abajo
La Mata del Páramo
Bermillo de Sayago 6

Santibañez de Bernesga
Zamora (ciudad)




Alemania
Francia
Minden-StemmerDetmold
Steinbourg
Berne Glüsing Landkreis Wesermarsch
Hiers Brouage
Lugo
Un ejemplar sin datos

Casas Novas

Vizcaya


Mungía
Salamanca


Villamayor





Más 4 anillas españolas sin datos
Cigüeña con anilla alemana.
Cigüeña con anilla negra y dígitos blancos 20 procedente de Mungía (Vizcaya).
Cigüeña con anilla C27S, una de las que no he conseguido ningún dato.
Como se puede apreciar el principal núcleo del cual proceden las cigüeñas vistas es la propia provincia de Zamora, seguido de León, Alemania, Palencia, Francia, y por último Lugo, Sevilla, Vizcaya y Salamanca.
Edad: el hecho de marcar un ave nos permitirá saber la edad de la misma. Las edades de las cigüeñas observadas son las siguientes.
Año de anillamiento –Nº de ejemplares
1990
1

2008-11
7
1999
2
2012-15
5
2000-03
6


2004-07
13


La cigüeña más vieja de las observadas es una anillada en Becerril de Campos (Palencia) por Fernando Jubete que porta la anilla 0|CP y tiene 27 años. Las siguientes son dos cigüeñas anilladas por Pablo Santos (anillador de todas las cigüeñas de Zamora) en el vertedero. Son la X|8X y la 1C07 ambas con algo más de 20 años ya que fueron anilladas de adultas.
La 1C07 ya se encuentra en su nido (desde principios de diciembre) de la ciudad de Zamora donde crió la temporada pasada y, muy presumiblemente, lo haga también este año.
Dos datos: lugar de anillamiento y edad que nos empiezan a dar una idea de las cigüeñas que vemos en nuestra bella ciudad.

jueves, 18 de enero de 2018

Hace un año de la publicación del libro: “Observaciones de campo del lobo ibérico”.

En el pasado mes de diciembre de 2017 se cumplió un año de la publicación del libro: “Observaciones de campo del lobo ibérico”Era el comienzo de un finalUn año del nacimiento de un sueño que se hizo realidad después de mucho trabajo, paciencia y dedicación. Un año en el que ha ido creciendo lentamente.
Lo primero es agradecer enormemente a todos aquellos que me apoyasteis, me disteis ánimos y consejos en su gestación. A Pepe Calvo (director del Museo Etnográfico). A Luís González (Semuret). Y en especial a mis compañeros de viaje, de horas y horas en el campo con frío, viento, calor, lluvia y mucha, mucha paciencia, gracias a Ernesto Hernández, Fernando García y, en especial, a José Luís Santiago
Gracias a todos aquellos que lo habéis leído u os habéis interesado por él. Vuestras muestras de apoyo y opiniones satisfactorias es lo mejor que puede suceder cuando te embarcas en una aventura como esta. El proceso es largo y lleno de complicaciones. Un libro es una arriesgada aventura y más cuando no tienes nombre, ni caché, ni distribución a gran escala, ni un apoyo mediático…el libro va saliendo por su propio peso, es como si tuviera vida; uno lo lee y lo recomienda a otro, va a la librería y le hablan de él, va cobrando vida propia.
La mayor satisfacción es hablar con alguien que lo ha leído y que te cuente sus opiniones. Opiniones que han sido muy buenas en general. Opiniones de gente de todo tipo, desde gente muy mayor hasta jóvenes e incluso niños que lo han leído y te cuentan cosas que les sorprenden, que les admiran o que les gustan especialmente. Siempre hay frases que te dejan una gran sonrisa de satisfacción y orgullo al haber transmitido tus vivencias sobre un animal tan emblemático, tan mítico de nuestra fauna.
Me ha sorprendido la variedad de gente que se interesa por él y la dispersión enorme que tiene por la geografía española; una de las finalidades del libro era hacer un libro fácil de leer, que todo el mundo, independientemente de sus conocimientos técnicos o biológicos, pudiera leer y disfrutar; un libro estructurado de una manera poco habitual pero que atrajera y animara a su lectura, incluso a los niños o jóvenes y, esto, creo que lo está consiguiendo.
Me gustaría recordar algo fundamental del libro: no es un libro de fotografías; es un libro de historias, de situaciones cotidianas en la vida del lobo ibérico, de observaciones directas de comportamientos y maneras de actuar en determinados momentos de su vida diaria para comprenderlo, entenderlo, valorarlo y respetarlo. 
Los siguientes pasajes del libro son una buena muestra.
"Siempre se ha dicho que “la mirada de un lobo te hiela la sangre” y, en cierto modo, es verdad. Esos ojos almendrados de mirada penetrante, profunda, que te observan y parece que leen en tu interior. Cuando un lobo te mira directamente, quedas hipnotizado, no puedes dejar de mirarlo hasta que él decida cambiar la mirada”.
“El tiempo se detuvo durante esos minutos. Ninguno nos giramos a ver que hacía el otro, cada uno saboreábamos el momento a nuestra manera, era como cuando te dejan muy poco tiempo para ver un cuadro de un pintor famoso y quieres aprovechar cada segundo, cada instante. Allí estaba. Mirándonos. Era un lobo adulto. Su porte, expresión y comportamiento así lo delataban, un lobo joven nunca hubiera tenido ese aplomo, esa seguridad a la hora de comportarse, hubiera sido más fugaz, se hubiera movido más rápido pero este lobo no, todos sus movimientos fueron seguros, firmes y decididos pero lentos y suaves. Estaba tranquilo, seguro de sí mismo, confiaba en él. Seguramente nos hubiera oído y decidiera observar quiénes éramos y si suponíamos una amenaza o quizás pasaba por la zona. Nunca lo sabremos. Pero lo que nunca se nos olvidará es su mirada, el hecho de que un lobo adulto y en total libertad estuviera a escasos diez metros observándonos, estudiándonos, no perdiendo detalle de nuestros movimientos y nuestro comportamiento”.
Gracias a todos.

viernes, 12 de enero de 2018

Santoña II: eider, zarapito trinador americano,…y mucho más.

Si hay dos estrellas actualmente en Santoña son el eider común y el zarapito trinador americano pero no todo son las estrellas, las aves comunes, las  habituales, las más normalitas son igual de importantes o más; con estas quiero empezar ya que en muchos casos no se les da la importancia que merecen y tienen. Como comentaba en la anterior entrada de Santoña mi sorpresa es mayúscula cuando me dicen, algunos de los más habituales del lugar, que no hay nada por las marismas, que la invernada es muy floja…sigo recordando que hay miles de aves, que en el interior hemos estado muy secos (hasta hace muy poco), sin casi nada (es la invernada más floja de los últimos años) y aquí, en Santoña, hay miles de aves y agua, algo que nosotros, por desgracia, tenemos muy poco.
Colimbo grande.
En Santoña hay dos mundos, dos mundos complementarios en los que sus habitantes se ven y se comportan de dos formas completamente diferentes. Me refiero a la marea alta y a la marea baja. Dependiendo de si está alta o baja la marea los habitantes y sus comportamientos varían por completo.
Con la marea alta aparecen todos los buceadores, están más activos y, en muchos casos más cerca: silbones, azulones, frisos, cucharas, cercetas comunes, cormoranes grandes y moñudos, patos cuchara, rabudos, tarros blancos además de negrones comunes y especulados, colimbos grandes y chicos, zampullines cuellirrojos, cuellinegros y chicos, somormujos, alcas, fochas comunes o porrones se mueven por las marismas en busca de alimento; tranquilidad que se ve alterada cuando alguna águila pescadora, aguilucho lagunero, milano real o busardo ratonero planean por encima de ellos.
Esta enorme variedad de especies conforman los habitantes de la marea alta; entre ellos está la estrella del momento, el precioso e imponente eider común.
El eider es un pato especial, diferente, con un pico muy ancho en la base que le da un aspecto curioso, conformando un perfil característico a su cabeza. Es un pato del norte. Un pato del que actualmente en España hay dos ejemplares, los dos son dos machos, el de Santoña descubierto por Alejandro García en diciembre de 2016 que formaba parte de un grupo de cinco ejemplares (dos machos y tres hembras) que se fueron yendo en diferentes momentos hasta quedar solamente el ejemplar que está actualmente y el de Cariño (La Coruña), descubierto por Ricardo Hevia el 2 de diciembre de 2017.
El eider está precioso, espectacular, con su increíble plumaje nupcial. En las siguientes fotografías se puede ver la evolución de su plumaje en dos meses.
El eider se mueve tranquilo. Bucea. Sale con un mejillón y se lo come entero, directamente, sin abrir ni nada, en su estómago se producirá la digestión. Verlo sacar un mejillón y comérselo me impresionó. Nunca me hubiese imaginado que podía hacerlo, además lo hace sin aparente esfuerzo.
Es un animal extraño pero de extraño que es, es muy hermoso. Aparte del pico destaca, en este macho con plumaje nupcial, su intenso y precioso color, por cierto, el plumón de eider se ha utilizado y se sigue utilizando para rellenar los mejores edredones, sacos de dormir o ropa de abrigo ya que es aislante, suave, mantiene la temperatura y es ligero. Plumón que el eider utiliza para recubrir su nido y mantener aislados y calientes los huevos ante las inclemencias del frío del norte. Plumón que en algunos lugares como Islandia, es recogido a mano y comercializado, siendo un recurso económico muy importante.
Zarapito trinador.
Con la marea baja aparecen todos los limícolas y los que se alimentan en zonas con poca agua como orillas o charcos que van quedando. Ahí aparecen chorlitos grises, chorlitejos grandes y chicos, correlimos comunes, zarapitín, gordo y menudo, ostreros, vuelvepiedras, zarapitos reales y trinadores, espátulas, archibebes comunes, claros y oscuros, combatientes, avocetas, garcetas grandes y comunes, garzas reales, aguja colinegra y colipinta; un sinfín de aves que se van moviendo según la marea va subiendo o bajando.
Aguja colinegra y agujas colipintas.
Ostreros.
Entre todos ellos la estrella del momento es el zarapito trinador americano que descubrieron Haritz Sarasa y David Arranz el 29 de enero de 2017 que lleva casi un año en las marismas.
Me costó varios intentos poder verlo. Este zarapito de Hudson es una rareza total ya que es la segunda cita para España (primera para Cantabria). Es prácticamente igual que nuestro zarapito trinador y hasta que no vuela no puedes saber (por lo menos yo) si es uno u otro. La manera de identificarlo es en vuelo cuando nos enseña el obispillo que no es blanco como en nuestro zarapito trinador. A lo que se le puede añadir la ceja mas marcada y un poco más claro pero, hasta que no lo ves en vuelo, no se está seguro. La siguiente es una fotografía muy testimonial suya.
A estos dos mundos se les puede añadir el de las gaviotas. Santoña es un enclave fantástico para poder verlas. Son muchas las especies que puedes encontrarte y disfrutar ya sea en el puerto, en las conserveras o en las marismas. Pude ver gaviota patiamarilla, sombría, reidora, argéntea, cabecinegra, tridáctila y gavión atlántico. Todo un lujo para alguien de interior que solamente está acostumbrado a ver muy pocas. A estas gaviotas se les puede unir una gaviota groenlandesa descubierta el 7 de enero de 2018 por Ernesto Villodas, César Palacio y Álvaro Bustamante y una gaviota cáspica descubierta al día siguiente en Laredo por Ernesto Villodas.
Posible gaviota argéntea.
Gavión atlántico.
Entre tanta ave siempre hay algunas con anillas. Anillas que cuentan su historia. Cuentan viajes, desplazamientos, edad o lugares de origen. Pude ver anillas de gaviota cabecinegra, patiamarilla y sombría, cormorán grande, zarapito real y espátula.
Cinco fueron las anillas de gaviota patiamarilla: la AP4T anillada el 17-9-2014 en Gijón. La 5Y3:G anillada el 25-6-2017 en Ulía (Guipuzcoa). L1BM.K anillada en la isla de Lekeitia (Vizcaya) y dos anilladas en Tarragona de las que no he obtenido ninguna respuesta después de varios mensajes: las PHZH y la PHXY
Una gaviota cabecinegra francesa anillada el 25-6-2015 con anilla RC5C y dos sombrías: la R:K6E anillada el 5-6-2012 también francesa y la BJ.OU anillada en Bélgica el 4-7-2017.
Dos espátulas holandesas. La PNfG/aPN anillada el 8-6-2017 siendo su primera observación y la aLL/YfG anillada el 27-6-2011 que es una asidua de las marismas de Santoña. 
También pude leer un zarapito real anillado el 16-1-2015 en Cicero y un cormorán grande francés; el M>5/Métal- Bleu > Vert anillado el 23-4-2005 que inverna regularmente en Santoña.
El anillado es el de la derecha.
Doce aves anilladas que cuentan su historia. Doce aves anilladas que viven en un entorno privilegiado como son las Marismas de Santoña. Un auténtico lujo para los sentidos.