domingo, 1 de noviembre de 2026

Mochuelos despistados: ¿Estamos en primavera?

Con las temperaturas de las últimas semanas algunos animales están despistados: ¿Estamos en primavera? Es lo que deben pensar algunos pájaros que en casi noviembre se han puesto a cantar, a reclamar y a comportarse como si estuviéramos en primavera. Un ejemplo lo veo todos los días desde el centro educativo en el que doy clase.
Desde hace bastante tiempo tenemos una pareja de mochuelos que crían todos los años en uno de los tejados. Mochuelos que viven durante todo el año cada uno en un extremo del enorme y antiguo tejado, solamente se juntan en primavera, para criar, el resto del año lo pasan completamente separados, cada uno en su zona.
El cambio climático es la variación de los patrones meteorológicos de la Tierra. A lo largo de su historia  siempre ha habido, sin ir más lejos la última glaciación terminó hace 10.000 años y duró 90.000 años, tras la cual se formó nuestro Lago de Sanabria, el problema es que en estos momentos el cambio climático es el resultado de la actividad humana pero con el añadido de la velocidad, es decir, se está produciendo en muy poco tiempo, lo que antes sucedía en miles de años, actualmente está sucediendo en poco más de 100. Esta velocidad lo que está haciendo es que no da tiempo a la Tierra ni a los humanos a adaptarse a la misma velocidad que los cambios se están desarrollando.
Desde hace días los dos mochuelos están juntos, en su zona de cría, reclamando durante gran parte de la mañana, algo que nunca habíamos visto en esta época del año. Es más, la pareja de herrerillos que cría también en el patio se están dejando ver, algo también inusual ya que normalmente aparecían al principio de la primavera para criar.
Este cambio en el clima provocado por la actividad humana, por la emisión sin control de la quema de combustibles fósiles, los llamados gases de efecto invernadero, provocan que nuestra atmósfera retenga el calor provocando un calentamiento global.
Esto sucede con los mochuelos que vemos todos los días pero, por ejemplo, este año, la berrea ha sido muy extraña e irregular. Cada año que pasa voy notando que la berrea de los ciervos se vuelve más rara: empieza antes o muy tarde, se corta súbitamente y al cabo de los días vuelve a comenzar o es muy irregular. Sin olvidarnos de los cambios en la migración algo que en nuestra provincia es muy elocuente con la disminución casi absoluta de la llegada de los ánsares comunes o que cada vez hay más aves que se quedan a pasar el invierno como los ejemplos de golondrinas o torcecuellos que encontramos en invierno o que alargan su estancia entre nosotros o que cada vez la invernada es más corta.
Según el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico en el territorio español se ha observado:
“-El alargamiento de los veranos, estimado por AEMET en casi cinco semanas desde los años 70 del siglo pasado.
-La disminución de los caudales medios de los ríos, en algunos casos más del 20% en las últimas décadas.
-La expansión del clima de tipo semiárido, con más de 30.000 Km2 de nuevos territorios semiáridos en unas pocas décadas.
-El incremento de las olas de calor, cada vez más frecuentes, más largas y más intensas.” (web)
Pudiendo esperar: “Nuevos aumentos de las temperaturas máximas y mínimas. Una disminución moderada de las precipitaciones. Una disminución moderada de la nubosidad. Periodos de sequía más largos y frecuentes. Olas de calor más largas, frecuentes e intensas.” Sin olvidarnos de fenómenos meteorológicos más intensos y de consecuencias imprevisibles.
Los mochuelos no entienden que estemos casi en noviembre, para ellos, para su ritmo vital, estamos en primavera con lo cual se está desajustando su equilibrio ecológico Y si ahora empieza a hacer frío de verdad ¿que sucederá con esta pareja de mochuelos? Posiblemente vuelvan a separarse y esperar hasta el momento natural de su celo. Lo veremos en los próximos días pero lo que está claro es que nuestro clima está totalmente desajustado.

lunes, 26 de octubre de 2026

Lección de educación ambiental con un morito.

Después de la ruta y una reconfortante comida era el turno de dar una vuelta a ver que encontrábamos. Estábamos en la playa de Villardeciervos participando, como cada verano, en las XXVII Convivencias Medioambientales que se celebran en Puebla de Sanabria (Zamora) tituladas este año “Isla tuerta: la venganza de Henry”, organizadas por la Asociación De campamento por Puebla, en las que la naturaleza siempre está muy presente y, ese día, no iba a ser menos.
Nos movíamos por la playa en busca sobre todo, de libélulas o caballitos del diablo, cuando vi un ave que llegaba volando casi a ras de agua desde el centro del embalse. “¿Qué es eso?” atiné a decir según la vi acercarse cada vez más hasta la playa llena de gente, rápidamente me acerqué hacia donde estaba a punto de aterrizar para verla llegar: “¡¿Un morito?!”.
Era un joven morito que, exhausto, se posó en una de las esquinas de la playa ante la indiferencia de bañistas y paseantes que seguían a sus quehaceres veraniegos. Hicimos un pequeño semicírculo de seguridad para que no se acercara nadie demasiado a molestar al cansado morito que no hacía nada, solo descansaba.
Nos quedamos en la orilla y comenzó el descubrimiento por parte de los niños del campamento que hasta allí se habían acercado, de lo que era un morito. Las preguntas comenzaron a surgir raudas y veloces de sus despiertas mentes: ¿Qué pájaro es ese? ¿Qué hace aquí? ¿Para qué quiere ese pico? ¿De dónde viene? Acompañadas de frases de sorpresa o intriga “¡Qué colores tiene cuando le da el sol!”. “¡Vaya patas que tiene!”. “¡Y el pico tan raro!”.
Mientras tanto el morito había comenzado a comer todo lo que podía encontrar. Estaba hambriento. Muy hambriento.
Según les iba explicando todas sus preguntas la gente comenzó a darse cuenta que algo pasaba y los curiosos comenzaron a acercarse para ver a ese extraño pájaro que comenzó a despertar la intriga de los que hasta allí se aproximaban. Las preguntas que acababa de contestar a los niños comenzaron a ser contestadas por estos a la gente que curiosa se acercaba. Era fascinante ver como explicaban contentos lo que estaba ante sus ojos.
Qué importante es la divulgación. Qué importante es dar a conocer la naturaleza más cercana, ese maravilloso tesoro que tenemos a nuestro alrededor y que muchas veces pasa completamente desapercibido.
Educación ambiental. Dos palabras maravillosas que deberían de formar parte de nuestra vida así, como están, juntas. Educar a los niños y jóvenes en el respeto y cuidado del medio ambiente se puede hacer desde muchos puntos de vista y desde diferentes ángulos. Educar es una tarea apasionante y educar en el medio ambiente que nos rodea lo es más.
La educación ambiental es enseñar, a todo aquel que quiera escuchar, todo aquello que nos rodea, es hablar de una forma clara, sencilla y comprensible para todos los que escuchan de lo que tenemos a nuestro alrededor y de su importancia. Eso estaba sucediendo. Ver que los niños contaban entusiasmados a los adultos que preguntaban por aquel extraño pájaro también es educación ambiental. 
Ver cómo les decían “Es un morito”. “Aquí no hay. Viene del sur de España”. "Mira para arriba porque ha pasado un milano y puede ser una amenaza". “El pico lo utiliza para comer metiéndolo en la arena”. “Esos tonos verdes son por los reflejos del sol”. “Mira como está comiendo después de descansar. Necesita coger fuerzas y seguir su viaje”. “Es un joven que se habrá despistado”. “Las patas y dedos tan largos los utiliza para moverse en las orillas entre hierbas”. “Después de comer se está lavando y acicalando el plumaje”.
El morito continuaba tranquilo, los niños no dejaron que nadie se le acercara demasiado y lo molestara o espantara. Muchos de estos niños nunca van a olvidar ese día. Vieron a un morito por primera vez en su vida, muy cerca y ayudaron a que nadie lo molestara y a contar lo que era, lo que estaba haciendo y por qué había que dejarlo tranquilo. Eso también es educación ambiental.

martes, 20 de octubre de 2026

Miradas: la mirada de la nutria.

Aparece. Asoma. Sale. Coge aire y vuelve a sumergirse en busca de alimento. Vuelve a salir. Me mira. Me observa. Sube al tronco y me mira fijamente. Son dos.
Desde hace años las nutrias han experimentado una considerable subida de su población; en los años sesenta, setenta y ochenta del siglo pasado tuvieron una enorme disminución provocada por diferentes factores, como la destrucción de su hábitat, la disminución de recursos alimenticios o la enorme presión que la caza ejercía sobre ellas.
Dicha caza se realizaba por varios motivos: el principal, porque su piel era muy cotizada para la elaboración de abrigos (un abrigo suponía la muerte, más o menos, de veinte nutrias) y, en muchas partes de Zamora, de gorros que decían hechos de "piel de lluntre", nombre con el que llamaban a las nutrias.
El segundo motivo tenía que ver con los alimañeros que, durante los fatídicos años de Las Juntas de Extinción de Animales Dañinos, mataron un gran número de ejemplares. Un tercer motivo era que en muchas zonas de nuestro país se cazaba para comer, hasta la Iglesia autorizó su consumo en la época de cuaresma ya que la consideraba una "carne de pescado". También, un cuarto motivo era que muchos pescadores tenían una enorme manía a las nutrias al considerarlas responsables de la falta de peces en los ríos.
Me miran fijamente. Me sopesan. No me consideran una amenaza. Juguetean en el tronco. Siguen su camino dejando atrás los tiempos en los que su población disminuyó considerablemente.

jueves, 24 de septiembre de 2026

El increíble topo acuático.

Otra de las situaciones extrañas y sorprendentes que me han pasado este verano fue la curiosa historia que comenzó en una agradable tarde de baño en el maravilloso Lago de Sanabria situado al noroeste de la provincia de Zamora.
Hace 100.000 años, durante la glaciación de Würm, se formó un enorme glaciar de más de 20 km de longitud y 300 m de espesor que 90.000 años más tarde, tras el calentamiento y posterior deshielo, dio lugar al precioso lago de 3 km de largo, 1,5 km de ancho y 53 m de profundidad: El Lago de Sanabria. El lago de origen glaciar más grande de la península ibérica.
Nos encontrábamos en este maravilloso enclave saliendo de sus frías aguas (por desgracia cada vez menos) cuando, mientras nos secábamos, un pequeño topo pasó a toda velocidad por encima de las toallas. Nuestras caras de sorpresa fueron un poema: “¿Un topo? ¡¿Eso era un topo?!” ¿A dónde va?”
El Parque Natural del Lago de Sanabria y Sierras de Segundera y Porto fue creado en 1978 pero desde 1946 estaba protegido bajo la figura de Sitio Natural de Interés Nacional. El Parque Natural es un verdadero libro glaciar a cielo abierto: cañones, lagunas y rocas salpicado de bosques, praderas y turberas conforman un conglomerado de ecosistemas llenos de vida.
¿A dónde iba? El pequeño topo, ante nuestro asombro, se metió en el agua y comenzó a nadar aguas a dentro ¿Un topo nadando? No lo entendía. ¿Qué hacía? ¿Por qué se había metido en el agua y comenzado a nadar lago adentro? El topo se alejaba de la orilla asomando su pequeña trompa a modo de periscopio. Nunca había visto nadar a un topo. Era cuanto menos sorprendente.
1.500 especies vegetales 190 especies de vertebrados 142 especies de aves, 41 de mamíferos, 20 de anfibios y reptiles, 7 especies de peces, 25 especies de odonatos y si nos sumergimos en sus aguas nos encontraremos con 300 especies de fitoplancton, 40 especies de crustáceos, 80 de macroinvertebrados, 200 bentónicos y unos 250 de diatomeas (datos del MITECO). Un verdadero conglomerado de vida en un entorno que te atrae sin remisión.
Cualquiera que viera nadar al intrépido topo lo podría confundir con otro miembro de su familia: el desmán ibérico, pero no, era un topo. Un topo adaptado a la vida bajo tierra, no al agua, aun así se alejaba lentamente varias decenas de metros ante nuestro asombro e incredulidad. En algún momento tendría que dar la vuelta, no podría ir muy lejos y así fue, comenzó a girar y acercarse nuevamente a la orilla en su extraño recorrido.
Regresó a la orilla. Subió por unas piedras donde ranas y libélulas lo miraban como a un extraterrestre que llegaba a tierra. Corrió entre las piedras de la orilla hacia los robles cercanos donde se perdió entre la hojarasca y las grandes piedras dejadas allí hace miles de años por el viejo glaciar.
La naturaleza no deja de sorprenderme: un topo acuático. Algo que seguramente nunca más podré presenciar.

miércoles, 16 de septiembre de 2026

Hormiga cazando un caballito del diablo.

La tarde estaba soleada, el precioso Lago de Sanabria estaba como un auténtico espejo en el que se reflejaban montañas, árboles y las escasas nubes que recorrían el inmenso cielo azul, algo poco usual ya que, normalmente, por las tardes se levanta una brisa que provoca el movimiento de la masa de agua que se altera y origina un ligero oleaje.
Nos encontrábamos a la orilla viendo una preciosa ranita que asomaba tras una piedra cuando de repente: “¿Qué es eso?”. Un caballito del diablo intentaba volar pero no era capaz, como si estuviera anclado a la roca de la orilla del majestuoso lago. ¿Qué le pasaba? Nos fijamos más detalladamente y nuestra sorpresa fue mayúscula reflejada en las caras de asombro y perplejidad que no daban crédito a lo que allí estaba sucediendo..
Una hormiga tenía agarrado al caballito del diablo y no le estaba dejando levantar el vuelo. El caballito aleteaba con fuerza pero no era capaz de levantarse, no podía soltarse del feroz abrazo de la poderosa hormiga que tiraba con una enorme fuerza hacia atrás.
La lucha era frenética. La hormiga tiraba con una tremenda fuerza hacia atrás y el caballito aleteaba hacia el salvador cielo sin éxito ya que la hormiga se aferraba más y más en un mortífero abrazo, no soltaba a su presa; poco a poco el caballito del diablo fue perdiendo las fuerzas lo que la poderosa hormiga aprovechaba para moverse y arrastrar al cansado y sorprendido caballito que, en un esfuerzo titánico intentó sacar fuerzas de flaqueza y nuevamente, moviendo las alas con enorme potencia, intentó soltarse de las terribles mandíbulas de la hormiga que se aferraba poderosa a la roca cual ancla enganchada al fondo del mar.
La escena era sorprendente, única, inesperada e inexplicable. Nunca habíamos visto algo así ninguno de los allí presentes. Ernesto Hernández y yo no salíamos de nuestro asombro ante lo que estaba ocurriendo delante de nuestros ojos.
Tras unos minutos de lucha feroz y despiadada la hormiga consiguió lo que pretendía: llevarse al cansado y sorprendido caballito del diablo a la parte baja de la roca donde desapareció.
Los siguientes minutos fueron para comentar lo allí vivido ya que era algo completamente inusual, sorprendente y fascinante que nunca habíamos presenciado. Era algo verdaderamente increíble. Algo que seguramente nunca volvamos a poder ver: una hormiga cazando a un caballito del diablo. La naturaleza nunca dejará de sorprendernos.

sábado, 12 de septiembre de 2026

Correlimos canelo en Villafáfila.

Después de un tiempo de descanso retomo el blog con una gran sorpresa como fue el descubrimiento el pasado día 7 de septiembre en La Reserva Natural de Las Lagunas de Villafáfila de un correlimos canelo juvenil por parte de Miguel Díez y Luís José Manso, dos magníficos e incansables naturalistas zamoranos.
Hacía 12 años del último ejemplar de esta especie que se vio en nuestra provincia, el 10-10-2014 descubierto por Cristian Osorio también en las Lagunas de Villafáfila, siendo el descubierto hace unos días la 5ª cita de la especie para la provincia de Zamora.
La aparición de aves raras es un imán para los amantes de las aves. Esas aves no es común verlas en nuestra tierra, por lo tanto su aparición es un momento único para poder disfrutarlas y, quién sabe, si verlas por única vez en la vida.
El correlimos canelo es una pequeña ave que cría en la zona del Ártico canadiense, Alaska y la zona más oriental de Siberia e inverna en Sudamérica. Es verdaderamente increíble que este pequeño limícola de unos 19 cm sea capaz de recorrer miles de kilómetros entre las costas americanas y las europeas; viaje de más de 5.000 km, lleno de peligros y penurias.
Estas aves americanas que llegan hasta nuestras tierras suelen ser aves jóvenes e inexpertas como este correlimos canelo juvenil que están migrando hacia sus cuarteles de invierno. Normalmente llegan por deriva migratoria, es decir, durante su migración anual se desvían por fenómenos meteorológicos, fundamentalmente temporales de viento.
Otras aves americanas han llegado hasta nuestra tierra zamorana como correlimos pectoral, archibebe patigualdo chico, cerceta aliazul, correlimos de Baird o agujeta escolopácea, pero también pueden llegar otras aves marinas empujadas por los fuertes vientos como sucedió con alguna gaviota de Sabine, charrán ártico o la entrada de falaropos picogrueso empujados por los temporales.
Primeras imágenes del correlimos canelo tomadas por Miguel Díez.
Al día siguiente de su descubrimiento me acerqué con mi hija que quería ver a ese pequeño viajero cuando le conté que provenía del norte de América, lo cual le sorprendió sobre manera ya que era un largo viaje para un pájaro tan pequeño. Según nos acercábamos fue mirando en la guía de aves como era ese pequeño limícola tan intrépido.
Nada más llegar lo localizamos entre un grupo de chorlitejos grandes que se alimentaba compulsivamente en el pequeño encharcamiento de agua y barro lleno de alimento que son, en esta época, las Lagunas de Villafáfila.
Se movía de forma rápida y nerviosa en una búsqueda frenética de todos los insectos o invertebrados que pudiera encontrar en la alfombra de limo en la que se encontraba. La mala visibilidad y la distancia complicaba sobre manera verlo bien pero, allí estaba. Este era mi segundo correlimos canelo ya que lo había podido ver cuando apareció hace 12 años.
En España no se considera una rareza desde el 1 de enero de 2016 por su presencia regular pero sí es una especie muy escasa que está catalogada como Vulnerable (VU) en la Lista Roja de la UICN (Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza).
Dos días después lo pude ver con mejor luz pero las distancias en Villafáfila son enormes. Allí seguía, caminaba solo o entre los chorlitejos grandes, algún combatiente se aproximaba de vez en cuando donde se encontraba el pequeño correlimos canelo, pudiéndose ver el parecido entre ambos, el canelo se asemeja a uno de ellos pero en miniatura.
Varios vuelvepiedras en el encharcamiento.
El correlimos canelo se encuentra en el único punto con agua de la Reserva Natural de las Lagunas de Viillafáfila, el pequeño encharcamiento de agua y limo está muy concurrido, Villafáfila es un imán para las aves. 
Chorlitejos grandes, correlimos comunes, zarapitines, menudos y tridáctilo se alimentan constantemente junto a varios combatientes, vuelvepiedras, chorlitejos chicos y alguna agachadiza, aguja colinegra, andarríos grande, chico y bastardo incluso un pequeño correlimos de Temminck que yo no he visto no paran un instante mientras ánades azulones, frisos, garza real y un solitario tarro blanco se mueven tranquilos entre el encharcamiento y la zona de la balsa donde fochas, zampullines comunes y andarríos nadan tranquilos entre el verdín.
A ver cuantos días aguanta el pequeño correlimos canelo llegado de allende el océano atlántico en su largo viaje; viajes que causan asombro y admiración desde tiempos inmemoriales.
(Quiero agradecer a Miguel Díez sus fotografías para esta entrada)

jueves, 4 de junio de 2026

Tiempo de abejarucos y sus vecinos.

Tiempo de abejarucos. Tiempo de poder disfrutar de una de las aves más bonitas que tenemos en nuestra tierra. Ave que lleva en su cuerpo todos los colores de la paleta de un insigne pintor.
El abejaruco llegó hace unas semanas procedente de África para comenzar su reproducción aquí, en nuestros campos. La mayoría de los nidos ya están terminados. Nidos que excavan con su pico y van sacando la tierra del túnel con un movimiento rápido de sus patas, lanzándola al exterior formando pequeños montículos de acumulación de arena según va cayendo.
Bajan en un vuelo acrobático para posarse en el terraplén y comenzar a picar la pared de arena. Lo hacen de una manera muy rápida, como un pequeño martillo percutor que va desgastando la pared. Según pasa el tiempo el agujero se va haciendo más profundo hasta, aproximadamente, de entre uno y dos metros y medio de túnel que termina en una pequeña cámara en la que nacerá la siguiente generación.
Una vez terminado el nido, el siguiente paso, en el que se encuentran estos días es la entrega de regalos por parte del macho a la hembra que lo esperará cerca del nido, en un cable, en una rama o cualquier percha próxima al túnel recién terminado.
Es difícil distinguir al macho de la hembra, una de las maneras de hacerlo es fijándose en los tonos más verdes que presentan en la espalda y en el obispillo las hembras, aunque si estás durante un tiempo observándolos, rápidamente identificarás al macho que se afana, en un trajín constante, en traer abejas, mariposas o avispas que caza en potentes y espectaculares vuelos acrobáticos, rápidos y llenos de quiebros y requiebros que le permiten cazar al vuelo a los rápidos insectos que se mueven entre las flores o vuelan a cierta altura en el campo cercano al nido.
En el entorno de la colonia hay una zona muy curiosa: la zona de baño. En ella pequeños agujeros hacen las funciones de bañeras, bañeras de arena en las que cada cierto tiempo los gorriones se meten y comienzan a rebozarse alegremente en la fina arena con el objetivo de eliminar los posibles parásitos que tengan ya que la arena ahoga a los inquilinos no deseados, pero no solamente es un magnífico insecticida, también es un bálsamo natural para mantener el plumaje perfecto y esponjoso.
Mientras los gorriones se acicalan los abejarucos continúan con sus vuelos acrobáticos de caza que suelen terminar en el sonido que hace el abejaruco cuando captura una presa, un sonido seco, “clack”, presa capturada, además de la sorprendente efectividad de aciertos, es certero y eficaz.
Entre regalo y regalo, las visitas al nido y las montas se van alternando hasta que la hembra comience a poner los huevos iniciando una nueva fase en la reproducción de esta preciosa ave digna de cualquier diseñador de prestigio. Para llegar a esta situación todavía falta, aproximadamente, un mes. Ahora mismo la colonia está en una actividad frenética de caza de insectos e intercambios de regalos, aunque a veces, como le sucedió a este macho, la espera es larga y paciente.
Macho que llegó con un regalo de postín: una esfinge colibrí. Esperó. La hembra no aparecía. No estaba. Comenzó a llamar, a reclamar pero, no aparecía, anteriormente le había entregado varios regalos pero no aparecía. Cambió de percha pero igual, no aparecía, veinte minutos estuvo este afanoso macho llamando a su amada pero no apareció con lo que después de veinticinco minutos, se comió el apetitoso regalo.
Los vecinos de los abejarucos están muy atareados como los gorriones chillones que tienen un trajín constante trayendo pequeños gusanos para alimentar a su prole que les espera en el interior de sus nidos o los aviones comunes que aprovechan un último charco de agua del que coger el elemento indispensable para la construcción de su nido: el barro, o los cernícalos que cazan en la misma zona sin olvidarnos de los vivos conejos que están constantemente atentos a todos los peligros que les acechan.
El pájaro de los mil colores está nuevamente aquí. Ha vuelto a alegrar nuestros campos con sus colores, sus vuelos acrobáticos y sus reclamos.
(Gracias a mi amigo Fernando García por su fotografía para ilustrar esta entrada).