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jueves, 20 de febrero de 2020

Santoña III: colimbo grande y chico.

En esta última entrada sobre las marismas de Santoña quiero comenzar con dos de los colimbos que pasan el invierno en estas marismas: el colimbo grande y colimbo chico.
Colimbos que podemos ver dentro del puerto de Santoña o Colindres, en sus inmediaciones o por la marisma.
El colimbo grande es un ave impresionante, de fuerte pico, cuello robusto y pinta de cormorán cuando lo ves a distancia. Ave proveniente del ártico que cría en Groenlandia, Islandia o Norteamérica que en un grupo muy reducido de ejemplares pasa el invierno en puntos muy concretos de Galicia, Asturias o Cantabria y es Santoña su principal punto de invernada en España.
Es en la propia Santoña, cuando alargan su estancia invernal, donde podemos disfrutar de la maravilla de verlo con sus espectaculares, llamativas y preciosas galas de plumaje nupcial.
Colimbo grande con plumaje nupcial en abril de 2018.
Esos colimbos, de plumaje espectacular y absolutamente precioso, tienen la cabeza y cuello negros y a rayas, pequeñas manchas blancas en la espalda, ojos rojos y pico negro. Esos colimbos grandes que parece que sólo podemos ver en lejanos parajes también los podemos encontrar, algunos años, en las marismas de Santoña.
Pude disfrutar de alrededor de doce ejemplares de colimbo grande. Ejemplares que no paran un sólo instante, entran, salen, entra, salen del agua y, en algunas ocasiones, emergen con su preciada comida ya sea un cangrejo, al que lo primero que hacen es quitarle las patas una a una para evitar riesgos o un pequeño pez plano que tragan inmediatamente.
Tan pronto están a tu lado como que salen del agua a varias decenas de metros de distancia. Es un magnífico buceador que pasará todo el invierno en las marismas junto con otro colimbo, el colimbo chico.
El colimbo chico también viene del ártico. Es el más pequeño y extendido de todos los colimbos; con un pico más fino que llevará inclinado hacia arriba, menos robusto y aspecto más frágil. También se alimentaba constantemente. Su actividad era febril. Se sumergía y salía sin descanso. Nos mostraba su destreza en el buceo. Al igual que el colimbo grande (y la mayoría de los patos buceadores) tiene las patas muy atrás en el cuerpo para así desplazarse más eficientemente bajo el agua aunque en tierra le hace ser un poco patoso.
Pasará el invierno aquí, en Santoña y luego volverá a sus zonas de cría en el norte de Rusia, Groenlandia, Islandia y norte de Canadá.
Miles de aves se mueven en las marismas. Miles de aves entre las cuales siempre se encuentran aves anilladas. Aves que nos cuentan su historia. Aves que tienes que buscar. Aves que tratas de leer y te producen una enorme satisfacción cuando te mandan su historial y descubres su vida.
Puede ver 16 aves anilladas pero leer completas solamente 9. La primera historia nos la cuenta un charrán patinegro, el L4A, anillado el 14-6-2019 en Dinamarca, siendo esta su primera observación fuera de su país de anillamiento. Unos 1.600 km lo separan de su lugar de nacimiento.
La gaviota reidora con anilla J47T anillada el 19-6-2015 en Noruega es un verdadero reloj de precisión. Desde que fue anillada siempre hace el mismo recorrido triangular, cuyos vértices son: Noruega, Gran Bretaña y Cantabria (en la localidad de Limpias).
Esta gaviota reidora se mueve entre estos tres puntos: en Noruega pasa la temporada de cría en los meses de mayo, junio y julio después migra hasta Gran Bretaña donde estará desde agosto hasta que marche a Limpias (Cantabria) donde pasará el invierno para nuevamente en marzo, abril regresar a Gran Bretaña y desde ahí volver a su lugar de cría en Noruega. Este recorrido lo ha hecho desde que fue anillada en 2015 con una gran regularidad y exactitud.
También pude ver tres gaviotas sombrías francesas: 3:GJD (sin datos de anillamiento pero presumiblemente anillada en 2019), la R:1A5 (anillada el 23-7-2019) y la R:Y2C anillada el 15-6-2016) anilladas estas dos últimas en la Réserve Naturelle de Lilleau des Niges (Francia) y que todos los inviernos se ven regularmente en Santoña.
Dos gaviotas patiamarillas vascas: la C86:G (anillada el 23-6-2018 en Ulía-San Sebastián) y la 4BLL (anillada el 21-6-2018 en Izaro Bermeo- Vizcaya) también invernaban en la zona.
Otra de las aves mas abundantes en Santoña son los zarapitos ya sean reales o trinadores. Aves zancudas de pico curvo y esbelta figura que patrullan los limos en busca de alimento. Entre ellos pude ver un zarapito real anillado (lo había visto en anteriores visitas) con anillas de colores.
Zarapito real anillado el 16-1-2015 allí mismo, en Cicero, donde tiene todas sus observaciones entre agosto y finales de febrero, después, en la época de cría, desaparece. ¿Dónde irá? ¿Dónde criará?
Gaviones, ánades rabudos, agujas colinegras y colipintas, vuelvepiedras, ostreros, correlimos,...todos tiene cabida en Santoña. Todos conviven en un entorno de ensueño.
Gavión atlántico.
Ánades rabudos.
Las marismas de Santoña son un hervidero de vida, miles de aves pasan el invierno en este entorno privilegiado, entorno que hay que descubrir. Entorno al que me he querido acercar en estas tres entradas par mostrar una mínima parte de toda la enorme biodiversidad que atesora. Santoña, un lugar que hay que conocer.

sábado, 15 de febrero de 2020

Santoña II: Ibis sagrado, moritos, barnaclas carinegras...

Los antiguos egipcios veneraban tres especies de ibis: el ibis sagrado, el ibis brillante y el ibis eremita; curiosamente los dos primeros los he podido ver y disfrutar en mi última visita a las marismas de Santoña: el ibis sagrado al cual consideraba un mensajero del dios Toth (dios del conocimiento, de la sabiduría, la escritura y maestro del tiempo) y el ibis brillante, el morito común.
El ibis sagrado es una especie de origen africano; los que llegan hasta las marismas de Santoña provienen de una población asilvestrada de Francia, en el valle del Loira, con más de 5.000 individuos, desde la que, cada cierto tiempo, viene algún ejemplar.  Las primeras observaciones en España se produjeron en 1989 en las islas Canarias de aves procedentes de escapes de colecciones privadas o parques zoológicos.
El ibis sagrado es un ave extraña, de largo pico curvo, cabeza y cuello negro, pelado que contrasta con su plumaje blanco inmaculado y las puntas de las alas y cola negras. Lo pude ver, junto con Ernesto Villodas, cerca de la laguna de Gandarias donde un gran grupo de garcillas bueyeras comían tranquilamente entre las vacas que sesteaban o comían ignorando por completo a sus ilustres vecinos.
El ibis sagrado está considerado en España como especie exótica invasora y desde la consejería de Medioambiente de la Junta de Andalucía: “…desde 2008 la Consejería de Medio Ambiente está llevando a cabo labores de control a raíz de la observación de 5 ejemplares que intentaron reproducirse en la colonia de cría de moritos (Plegadis falcinellus) cercana al Centro de Visitantes José Antonio Valverde del Parque Nacional Doñana. Hasta mayo de 2011, el Equipo de Seguimiento de Fauna Silvestre junto a técnicos del espacio protegido ha eliminado 16 ejemplares”.
Entre el gran grupo de garcillas bueyeras tres preciosos moritos también se movían elegantes, con andares lentos y pausados en la alfombrada pradera que servía de zona de alimentación a un pequeño grupo de ánsares comunes que, seguramente, estuvieran en paso, mientras, un alcaraván, asomaba su cabeza curioso ante tanto movimiento.
Moritos comunes que habíamos descubierto minutos antes en el monasterio de Montehano donde descansaban junto con espátulas, archibebes comunes y claros, vuelvepiedras y garcetas comunes mientras dos enormes gaviones observaban desde su atalaya o una pareja de halcones peregrinos comenzaban a reclamar insistentemente en un preludio de la futura temporada de cría.
En la misma zona del monasterio cuatro zampullines cuellirrojos nadaban tranquilos. Este zampullín es casi idéntico al cuellinegro pero, en esta época su cabeza “plana” le delata sin remisión.
Es el zampullín más escaso que tiene sus principales cuarteles en Finlandia además de Dinamarca, Suecia, Rusia o Noruega desde donde nos visita en invierno. Experto buceador, como todos los zampullines, con las patas muy atrás para facilitar la inmersión y el buceo que le permite tanto alimentarse como escapar de cualquier peligro. También pudimos ver otros miembros de su familia como el cuellinegro, el chico y el somormujo lavanco.
Zampullín cuellinegro.
Somormujo lavanco.
En la bahía un enorme grupo de unas 700 barnaclas carinegras inverna este año. Su número ha ido aumentando exponencialmente en los últimos años, sobre todo por la proliferación de su comida preferida, un alga, la zostera marina.
Este pequeño ganso proviene del ártico. De dos zonas concretas: del norte de Rusia la subespecie nominal bernicla y la hrota proveniente de Groenlandia y norte de Canadá. Aquí, en Santoña, la que se encuentra normalmente es la subespecie bernicla, aunque de vez en cuando aparece algún ejemplar de la subespecie hrota. Todavía hay una tercera subespecie que no llega hasta nosotros, es la nigricans que vive en el noroeste de Canadá, Alaska y Siberia oriental.
Ver a las barnaclas carinegras es un espectáculo increíble. Verlas comer y moverse por la orilla te emboba pero ver pasar muy cerca de ti el enorme bando de las 700 barnaclas es algo único. Bando que se alimentaba tranquilamente en una de las orillas cuando, de repente, la silueta negra y blanca del águila pescadora provocó un enorme revuelo de pánico (temen al águila pescadora aunque no les hace nada en absoluto) que hizo que se levantaran todas y emprendieran vuelo hasta la otra punta de la bahía.
Espectáculo que pude ver desde el Cofre, pequeño barco de Aves cantábricas desde el que Alejandro García con su tranquilidad y serenidad, además de enorme sapiencia y ojo entrenado te muestra todos los habitantes de la bahía (montar en el Cofre es indispensable en toda visita a las marismas de Santoña).
Las barnaclas carinegras nos pasaron muy cerca en un vuelo que nos dejó impactados. El ruido de las alas. El sonido que emitían chillando, animándose a dirigirse hacia el lado salvador de la otra orilla.
Orilla en la que colimbos grandes y chicos nadaban y se sumergían en un constante movimiento que pareciera tuvieran prisa pero, eso será otra historia. Otra historia. Otra muestra de la enorme cantidad de vida que se aglutina en las marismas. Otra historia de un lugar increíble que rebosa vida por los cuatro costados.

viernes, 7 de febrero de 2020

Santoña I: pato havelda, eider común, arao...

Santoña son palabras mayores en el mundo de las aves; cada vez que voy me gusta mas estar en su entorno, pasear, disfrutar de sus paisajes y sus pequeños habitantes alados ya sean ocasionales o no. Me gustaría en una serie de entradas poder transmitir mis vivencias y encuentros en este paraíso natural. Días que he pasado acompañado de uno de los mejores conocedores de las marismas: Ernesto Villodas, al cual quiero agradecer enormemente su compañía y lecciones. Ha sido un verdadero orgullo poder compartir con él observaciones, vivencias e historias. Si queréis saber absolutamente todo lo que se mueve y cuando se mueve por Santoña y por Cantabria, no dejéis de tener su magnífico libro: "Cuándo y dónde ver aves en Cantabria".
En Santoña hay dos mundos, dos mundos complementarios en los que sus habitantes se ven y se comportan de dos formas completamente diferentes. Hablamos de la marea alta y la marea baja. Dependiendo de cómo esté la marea, los habitantes y sus comportamientos varían por completo.
Con la marea alta aparecen todos los buceadores, están más activos y, en muchos casos más cerca: silbones, azulones, frisos, cercetas comunes, cormoranes grandes y moñudos, patos cuchara, rabudos, tarros blancos, pato havelda  además de negrones comunes, colimbos grandes y chicos, zampullines cuellirrojos, cuellinegros y chicos, somormujos lavancos, araos, fochas comunes o porrones se mueven por las marismas en busca de alimento; tranquilidad que se ve alterada cuando alguna águila pescadora, gavilán, aguilucho lagunero, milano real o busardo ratonero planean por encima de ellos.
Con la marea baja aparecen todos los limícolas y los que se alimentan en zonas con poca agua como orillas o charcos que van quedando. Ahí aparecen chorlitos grises, chorlitejos grandes y chicos, correlimos comunes y tridáctilos, ostreros, vuelvepiedras, zarapitos reales y trinadores, espátulas, archibebes comunes y claros, garcetas grandes y comunes, moritos, ibis sagrado, garzas reales, aguja colinegra y colipinta; un sinfín de aves que se van moviendo según la marea va subiendo o bajando.
Entre estos dos mundos están las gaviotas. Gaviotas patiamarillas, sombrías, reidoras, cabecinegras y gaviones que se mueven entre la marea alta y la baja sacando lo mejor de cada una de ellas.
Dos mundos complementarios en los que miles de aves se mezclan; miles de aves que pasan el invierno entre nosotros conviviendo con las aves residentes en las marismas. Miles de aves que conforman un espectáculo único.
Entre todas ellas voy a destacar algunas por diferentes motivos ya sea por su rareza, singularidad o aumento en pocos años. Me gustaría comenzar por una de las estrellas del momento: el pato havelda.
El pato havelda es un pequeño y hermoso pato buceador. Visitante muy escaso en España que viaja desde sus diferentes zonas de cría en el ártico: Groenlandia, Islandia, Rusia o Noruega a sus zonas de invernada en el Mar Báltico, Islas Británicas o en las costas francesas y holandesas. Desde ahí, algunos y escasos ejemplares llegan, de vez en cuando, hasta nuestro país, fundamentalmente a las costas cantábricas o atlánticas y, dos de esos ejemplares, están en este momento en las marismas de Santoña, un macho y una hembra.
Una preciosa hembra (descubierta por César Palacio, Álvaro Bustamante y Ernesto Villodas el pasado 17 de noviembre de 2019) se alimentaba junto a un gran grupo de ánades silbones zambulléndose sin descanso; salía y tras dos o tres segundos se volvía a sumergir en busca de más alimento. Ajetreo constante de este hermoso pato que era la primera vez que lo veía y me hizo mucha ilusión poder disfrutarlo en este entorno tan especial y espectacular.
El eider de Santoña sigue siendo una de las atracciones mas buscadas de las marismas. Es un pato especial, diferente, con un pico muy ancho en la base que le da un aspecto curioso, conformando un perfil característico a su cabeza. Es un pato del norte. Un pato descubierto por Alejandro García en diciembre de 2016 que formaba parte de un grupo de cinco ejemplares (dos machos y tres hembras) que se fueron yendo en diferentes momentos hasta quedar solamente el ejemplar que está actualmente. Incluso después han llegado nuevos eider con los que ha estado un tiempo pero se ha seguido quedando en su tierra de adopción, Santoña.
El eider macho con tres hembras.
 (Gracias Ernesto Villodas por la fotografía para ilustrar esta entrada).
El eider está precioso, espectacular, con su increíble plumaje nupcial. Se mueve tranquilo. Bucea. Sale con un mejillón y se lo come entero, directamente, sin abrir ni nada, en su estómago se producirá la digestión. Verlo sacar un mejillón y comérselo es impactante. Lo hace sin aparente esfuerzo. Bucea. Sale con un cangrejo al que quitará como un cuidadoso cirujano las patas, una a una, para después tragárselo entero sin ningún peligro de que le pique.
Bucea. Un nuevo cangrejo conforma su dieta, hará la misma operación y así unas cuantas veces hasta que considera que su apetito ha quedado saciado y se lava, se asea dando fuertes aleteos en la superficie y sumergiéndose un poco la cabeza y parte del cuerpo. Terminado el acicalamiento nadó tranquilamente hasta la orilla. Se subió. Se colocó y se quedó tranquilo, descansando, dormitando en la punta de su pequeña isla en la que lleva tres años y que nos sigue deleitando con su extraña y peculiar belleza.
Es un animal extraño pero de extraño que es, es muy hermoso. Aparte del pico destaca, en este macho con plumaje nupcial, su intenso y precioso color, por cierto, el plumón de eider se ha utilizado y se sigue utilizando para rellenar los mejores edredones, sacos de dormir o ropa de abrigo ya que es aislante, suave, mantiene la temperatura y es ligero. Plumón que el eider utiliza para recubrir su nido y mantener aislados y calientes los huevos ante las inclemencias del frío del norte. Plumón que en algunos lugares como Islandia, es recogido a mano y comercializado, siendo un recurso económico muy importante.
El eider común descansa y el águila pescadora ha conseguido una presa. Águila pescadora imponente que inverna regularmente en las marismas y que actualmente hay dos ejemplares en la zona. Águila pescadora que, no tardando mucho, acabará criando en este precioso e imponente enclave.
Otra de las especies que mas disfruté fueron los negrones comunes. Hasta seis ejemplares pude ver juntos. Pequeño pato buceador, tímido y desconfiado que no permitía acercarte demasiado.
Pato procedente del norte de Europa: Finlandia, Noruega, Suecia, Rusia, Islandia e Islas Británicas que llega hasta estas tierras a pasar el invierno. Pude ver cinco hembras y un macho, apreciándose perfectamente las diferencias en su plumaje. El macho con su plumaje negro por completo y las hembras con las mejillas blancas. Un pato precioso que no paraba de sumergirse en busca de cualquier cangrejo, mejillón o pececillo que pudiera capturar.
Seis negrones comunes . Cinco hembras y el macho al final a la derecha.
Al anochecer, desde Cicero, Ernesto Villodas descubrió un pequeño arao. Una sorpresa total de un ave que se dejaba ver por primera vez esta invernada. Pequeña ave que nadaba lentamente según el sol se ocultaba y la luz dejaba paso a la noche. Se movía como un pequeño barco recorriendo la orillas entre zarapitos, chorlitos grises y ánades silbones.
Este arao lo pude ver hace un par de años en el puerto de Santoña
donde se encuentra, actualmente, el que pudimos ver el pasado sábado.
(Pinchar aquí y lo veréis)
Santoña y sus habitantes. Un lujo para los sentidos. Un lugar único en el que miles de aves pasan el invierno en un entorno privilegiado. Al que amantes de la naturaleza nos acercamos con la esperanza de exprimir el poco tiempo de visita que tenemos, tiempo al que siempre le faltan horas. Entorno y sus habitantes que seguiré descubriendo en una próxima entrada.