Lo ves y no lo ves. ¿Dónde está? Ahí delante. Buscas con los prismáticos y ves dos, tres…vuelves a pasar, te fijas mucho más detenidamente y, donde había tres, cuatro…había diez y no los habías visto pero ellos a ti si. Te miran con sus enormes ojos de color amarillo-ámbar que parece que estén siempre espantados, asustados, ojos muy abiertos. Grandes ojos rodeados de un fino anillo amarillo. Enormes ojos que necesitan para captar mayor cantidad de luz por la noche o en el crepúsculo, qué es cuando se suelen mover estos curiosos animales.
Es una ave difícil de localizar, de ver y de fotografiar. Es mimética. Silenciosa. Pasa completamente desapercibida a menos que se levante y corra agachada con su característico movimiento o eche a volar. La ves y no la ves. Es una piedra en el camino. Encontrarla es toda una agudeza visual y un reto.
Hace unos días Cristian Osorio había visto un grupo de alcaravanes, de perniles, como se llaman en muchos puntos de Zamora; se llaman así por el canto que se asemeja a esa palabra: pernil. Decidí ir a buscarlos, a probar suerte a ver si los localizaba.
Es una ave difícil de localizar, de ver y de fotografiar. Es mimética. Silenciosa. Pasa completamente desapercibida a menos que se levante y corra agachada con su característico movimiento o eche a volar. La ves y no la ves. Es una piedra en el camino. Encontrarla es toda una agudeza visual y un reto.
Hace unos días Cristian Osorio había visto un grupo de alcaravanes, de perniles, como se llaman en muchos puntos de Zamora; se llaman así por el canto que se asemeja a esa palabra: pernil. Decidí ir a buscarlos, a probar suerte a ver si los localizaba.
El viento era terrible. Soplaba con una enorme fuerza que
levantaba el polvo de los caminos y de las tierras, todo esta seco, muy seco,
lamentablemente seco. Levanté los prismáticos y comencé a buscar. Sería
complicado ya que ante la fuerza del viento los alcaravanes estarían
achaparrados, pegados al suelo, echados lo que hacía mucho más difícil su
localización.
Al poco de buscar apareció uno y otro, otro y otro…a
algunos solamente se les veía la parte de arriba de la cabeza y un gran ojo
amarillento sobresalir entre las hierbas, otros eran verdaderas piedras en el
campo.
Conté 32 pero estoy absolutamente seguro que había más ya
que su localización era realmente complicada. Este grupo es un grupo en migración
que podría llegar hasta el sur de la península o hasta África donde pasarán el
invierno.
Dejé los alcaravanes y continué en busca de las grullas.
Las primeras de la temporada. Grullas elegantes, esbeltas, estilizadas que han
llegado hace pocos días y que irán aumentando sus números en las próximas
semanas.
150.000 grullas invernan en España, de las cuales más de
la mitad se concentra en las dehesas extremeñas donde encuentran una fuente de
alimento fácil y nutritiva, la bellota. El resto lo hace entre Andalucía,
Castilla la Mancha y Aragón pero, un porcentaje muy bajo, se queda en las
lagunas de Villafáfila. La mayoría de estas grullas provienen de Alemania, Suecia
o Noruega y, en un porcentaje muy bajo, de Polonia, Finlandia, oeste de Rusia o
países bálticos.
Las grullas suelen viajar en familias y en pequeños grupos.
Extremadura y la laguna de Gallocanta (Zaragoza) son los principales lugares en
los que las grullas pasan el invierno en la Península Ibérica.
Un grupo de 133 grullas comía tranquilamente en el campo
cercano. La mayoría eran adultos pero algunos jóvenes seguían a sus padres allá
por donde se moviesen; esos
jóvenes que se distinguen fácilmente por ser un poco más pequeños y tener la
cabeza pardo grisácea, tienen que aprender, tienen un año entero para conocer
la ruta migratoria; por dónde ir, a dónde parar y, cuándo llegan al lugar de
destino, donde moverse para comer o para descansar, sin olvidarnos de la ruta
de vuelta hasta sus zonas de cría. Esos jóvenes deberán recordar todo lo que le
enseñen los adultos ya que, al año siguiente, ya no tendrán esos guías tan
especiales, deberán realizar el viaje sin seguir las indicaciones de los adultos
que tendrán otro pollo al que enseñarle el recorrido.
Estaban tranquilas. Mientras unas comían otras levantaban
la cabeza y vigilaban ante cualquier peligro turnándose cada poco. Me acerqué
hasta que consideré el límite al que aguantarían y allí permanecí un buen rato
observándolas. Me fascina observar a los animales, sus movimientos, el por qué
hacen una cosa u otra, como se comportan en cada momento, el por qué y su
reacción. Sé que hay gente a la cual le parecerá un auténtico rollo o pesadez
estar media hora, una hora o dos horas mirando lo que hacen un grupo de
grullas, ánsares o lobos y seguir sus evoluciones pero, para mi, es disfrutar, es
naturaleza pura y es aprender.
Estuve un buen rato observándolas hasta que no me quedó
más remedio que pasar cerca de donde se encontraban para poder continuar. Nada
más que pasé la línea que, ellas consideraban de peligro, se levantaron con su
vuelo poderoso y elegante, se alejaron unos cien metros y continuaron comiendo
en familia, en su grupo.
Las grullas se mueven en familias que se van uniendo y
formando un grupo, el cual migrará desde el lejano norte de Europa hasta la península
ibérica donde pasará el invierno.
Me dirigí hasta el centro de interpretación de las
lagunas de Villafáfila donde esperaba que el chorlito dorado americano hubiera
aguantado toda la semana pero no hubo suerte aunque si pude deleitarme con una
buena variedad de limícolas.