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viernes, 22 de marzo de 2013

¿Cómo se mueven las aves en una bandada?

En algunas entradas anteriores he comentado mi curiosidad desde muy pequeño por situaciones que no entendía o que me parecían curiosas o extrañas. Una de esas situaciones fascinantes son las bandadas de miles de aves que se mueven como un sólo elemento, en coordinación absoluta. ¿Qué hacen para moverse a la vez? ¿Por qué no se chocan?
Quizás la primera pregunta a plantearse es ¿qué beneficios les trae moverse en grupo? Todos hemos visto documentales en los que los depredadores tienen que separar individuos del grupo para poder cazar, así por ejemplo un león cuando mira una manada de cebras no es capaz de diferenciar un individuo, solamente ve rayas (por eso las cebras tienen rayas), algo borroso, por lo tanto deberá aislar un individuo del grupo para verlo y así poder atacarle. Lo mismo le pasaría a un halcón que intenta cazar un estornino o un delfín ante un cardumen de peces. Aquí tenemos una primera ventaja de ir en gran grupo. Protección ante depredadores. Es el llamado efecto "confusión del depredador". Además, aumentan las posibilidades de que "no me coman a mi".
¿Qué ven más, un par de ojos o miles pares de ojos? Esta es otra ventaja de ir en grupo. Cuando una bandada de cientos o miles de estorninos se juntan, son más ojos a mirar por si viene un depredador. Además, si hubiera una sola gacela debería de estar todo el tiempo vigilando, ¿cuanto dedicaría a comer? Podría disponer de muy poco tiempo para comer porque debería de vigilar constantemente, en cambio un grupo de cientos de gacelas juntas tienen más tiempo para comer porque hay más ojos vigilando; es decir, la mayor vigilancia les proporciona más tiempo de alimentación.
Alguna vez hemos visto en La Vuelta ciclista a España o el Tour de Francia un pelotón de ciclistas que va en grupo por una carretera y, de repente, comienza a soplar viento de costado y ves que los ciclistas empiezan a ponerse unos detrás de otros formando una línea diagonal en contra del viento, uno detrás de otro hasta que no caben en la carretera y se cortan, ese ciclista que se corta, no puede seguir al anterior y se mueve hasta el otro extremo de la carretera, los demás comienzan a situarse detrás de él y así todos, es decir, van unos detrás de otros quitándose el aire, al rebufo. Lo mismo les pasa a los gansos cuando vuelan en formación en "v". Por lo tanto, se ahorra energía al nadar, volar o andar juntos ya sean gansos, ñus o arenques al ir en gran grupo.
Estas son las principales ventajas de ir en gran grupo pero no las únicas porque se ha demostrado que en los cardúmenes de peces las hembras tienen más posibilidades de que los huevos que lanzan al agua sean fertilizados al tener muchos machos a su alrededor. También experimentos científicos han determinado que ir en grupo tranquiliza a sus miembros.
Por lo tanto ir en gran grupo tiene muchas ventajas pero ¿como se mueven? ¿qué hace que un estornino o un pinzón no se choque con otro en un grupo de aves?
Un pájaro que vuela en una gran bandada debe de preocuparse de no chocar con los que están a su lado, de moverse en la misma dirección que los demás y debe estar siempre cerca de los de alrededor. Tiene que cumplir esas tres normas dentro de una bandada de cientos o miles de aves como él.
En el año 2010, K. Bhattacharya y Tamás Vicsek científicos de Budapest (Hungría) publicaron en la revista New Journal of Physics una teoría en la que "... se ve a las aves representadas por partículas con parámetros como la posición y la velocidad. En ausencia de un líder que tome la decisión, el cambio colectivo que hace pasar a los pájaros desde la situación de vuelo hasta la del aterrizaje viene determinado en buena parte por las perturbaciones aéreas a las que cada ave está sujeta, como por ejemplo las derivadas de la posición de vuelo del pájaro dentro de la bandada. Una perturbación provoca otras, esas a su vez tienen el mismo efecto, y así sucesivamente. El fenómeno puede compararse con una avalancha en un montículo de arena".
Por lo tanto un ave cambia su posición dentro de la bandada fijándose en las aves que tiene a su alrededor. Estas aves, que tiene alrededor suyo, son unas seis o siete que se encuentran en su entorno inmediato, sin importar lo cerca o lejos que se encuentren. Es decir, hará lo que hacen los que están a su lado y así hará otra ave y así otra, es como una pequeña explosión de acciones con su onda expansiva.
Pero ¿qué hace que se muevan esas seis o siete aves a la vez? Los mismos investigadores en el año 2012 fueron más allá y lo explicaron cómo si las aves fueran partículas de un metal que se orientan cuando sufren un fenómeno de magnetización. Es decir, cuando un ave de la bandada decide cambiar de rumbo se produce un efecto de “imantación” que hace que sus vecinos inmediatos (esos seis o siete individuos) le imiten. Y cada uno de estos vecinos afectará a la trayectoria de sus vecinos y estos a los otros y así sucesivamente, haciendo que todo el grupo se mueva a la vez, al unísono. 
Ver una bandada de miles de aves es un espectáculo deslumbrante que asombra y sorprende a partes iguales. Esos movimientos al unísono parecen magía, parece mentira que puedan hacerlo, que puedan moverse miles de individuos como si fueran uno sólo. Esta es otra de las sorpresas que nos tiene reservada la naturaleza.

jueves, 5 de enero de 2012

Pajarillos de la ciudad.

Zamora tiene una enorme variedad de pajarillos que van y vienen por toda la ciudad. Dentro de la misma nos encontramos con tres zonas principales en las que se mueven: la propia ciudad con sus jardines, parques y árboles, el bosque de Valorio (reivindico de nuevo su condición de “bosque”. No de jardín o parque) y las orillas del río Duero, incluyendo los Tres Árboles. Por lo tanto, nos encontramos con unas condiciones muy favorables para la existencia de estas pequeñas aves, los pajarillos que, aunque con ese nombre no vengan en el diccionario de la Real Academia de la Lengua, siempre los he llamado así, pajarillos y así los seguiré llamando.
Gorrión comiendo flores en la Plaza de La Marina
Con este término me voy a referir a las pequeñas aves, tipo gorrión o lavandera, que revolotean, comen y cantan por nuestra ciudad. Dejaré aparte las aves acuáticas y las que sean más grandes, tipo urraca, oropéndola o pito real. De ellas hablaré en otra ocasión. Me referiré a aquellas que veo en mis paseos por las tres zonas indicadas anteriormente.
Hay una controversia entre los que piensan que cada vez hay menos pajarillos en la ciudad y los que no, pero, disquisiciones aparte, creo que un número considerable de pajarillos se han adaptado perfectamente a vivir en la ciudad. 
Aviones cogiendo barro para el nido en Alfonso XII.
Su adaptación se ha producido siguiendo tres factores:  temperatura, alimentación y seguridad. Dentro de las ciudades la temperatura siempre es superior a la que se pueda encontrar en el campo y este es un hecho que los pajarillos no pasan por alto.
El segundo es la alimentación. En la ciudad disponen de alimento más fácil en vertederos, parques y jardines sobre todo. Aquí en Zamora añadimos dos zonas muy importantes: El Bosque de Valorio y Los Tres Árboles.
El tercero es la seguridad. Dentro de la ciudad los depredadores son menores o incluso no existen y además no hay caza, con lo cual se encuentran más seguros.
Estos tres aspectos son los que han marcado que cada vez más aves se vayan urbanizando. Cuando un ave se viene a la ciudad necesita adaptarse para poder sobrevivir, con lo cual necesitará desarrollar nuevos hábitos para conseguir alimento. Si es capaz de hacerlo sobrevivirá, pero para hacerlo necesitará explorar nuevos lugares, y toda exploración lleva asociada una serie de riesgos. Con lo cual, el cuidado y la necesidad de buscar nuevas oportunidades entran en batalla. Aquí es donde se fraguará el éxito o el fracaso de la adaptación de esa ave a la ciudad. Si el cuidado y la búsqueda están equilibrados, el pajarillo triunfará, se adaptará a la ciudad pero si la cautela puede a la búsqueda de nuevas oportunidades, o al revés, no podrá adaptarse.
Petirrojo en un jardín de Trascastillo.
Por supuesto que en las ciudades también tienen problemas, sobre todo en las contaminadas. Basta decir que nuestro común y querido gorrión, como contaba en una entrada antigua, está teniendo muchos problemas en grandes ciudades y de otras ya ha desaparecido como Londres, Dublín, Edimburgo, Praga o Berlín. En Gran Bretaña han desaparecido 5 millones de parejas en los últimos 30 años. En España, por el momento, la situación no está tan mal, pero sí es preocupante en ciertas zonas como por ejemplo en Valencia, donde ha descendido en los últimos años en un 90% su población y en Madrid están comenzando a desaparecer.
Sus causas pueden ser varias pero entre ellas está la feroz competencia de las palomas y la perdida de alimento por contaminación, la excesiva limpieza de las calles y la eliminación de zonas verdes.
También hemos mejorado en algo. Cuando era pequeño recuerdo que se ponían pajarillos de "tapa" en algunos bares, a algunos os parecerá extraño, pero así era. Por lo menos en eso hemos cambiado, igual que en lo de poner trampas y redes que hace unos años era demasiado común.
En Zamora, de momento, la situación no parece mala, aunque muchos dirán que antes había más pajarillos, y quizás tengan razón. Dependiendo de la época del año, nos encontraremos con unos o con otros. Sería inútil hacer una lista con los que se pueden ver en nuestra ciudad, además no soy un experto y si lo hiciera seguramente metería la pata, simplemente me los encuentro en mis paseos. Os dejo una pequeña recopilación.
Carbonero comiendo una semilla en Trascastillo.
Colirrojo tizón en un jardín junto a la muralla.
Golondrina cogiendo barro en Alfonso XII.
Jilguero en Olivares.
Lavandera blanca en un jardín.
Lavandera cascadeña en el parque junto a Valorio.
Pardillo comiendo junto al puente de piedra.
Pinzón en Olivares.
Verdecillo comiendo junto a la catedral.
Herrerillo comiendo, de forma acrobática, en un parque.
Mosquitero comiendo en la muralla.
Para que sigamos disfrutando de ellos debemos ser capaces de hacer comprender, respetar y valorar que su presencia en la ciudad es beneficiosa y, sobre todo alegre y colorida; y saber que si desaparecieran, nuestras ciudades serían mucho más tristes.
Espero que sigan alegrándonos los días con sus cantos, vuelos y peripecias.