jueves, 4 de septiembre de 2014

Puebla de Sanabria y su río Tera.
Llevo todo el verano en Sanabria, lugar al que voy desde muy, muy pequeño, lugar al que tengo un enorme cariño y considero mi segunda casa. Lugar que recorro y descubro en cada una de mis salidas.
Puebla de Sanabria es una villa sobria, elegante y muy hermosa abrazada por el río Tera junto al cual paseo muchas tardes. A lo largo de su ribera te puedes encontrar una gran variedad de fauna que se mueve tranquilamente en sus orillas o en sus cristalinas aguas. Fauna que pasa desapercibida para la mayoría de los paseantes que la recorren charlando amigablemente o haciendo deporte en sus orillas.
Estos pequeños habitantes están ahí, solamente hay que fijarse un poco y tener algo de suerte. Así, en uno de mis paseos, llegué hasta una de las presas que tiene el río. Allí se encontraba un grupo de personas que se hacía fotografías junto al agua que caía entre las piedras. Llegué con mis prismáticos y me puse a mirar. Al cabo de unos minutos se acercó una de las personas y me preguntó: “¿Hay algo?” Le contesté que si, a lo cual me preguntó varias veces más y ante su interés le conté lo que estaba viendo: ”…martín pescador, andarríos chico, garza real, mirlo acuático, azulón, lavandera blanca y cascadeña,…”; a lo cual uno de sus acompañantes respondió: “¿Todo eso está ahí?”. Ahí estaban, ante la indiferencia general.
Por desgracia la educación ambiental es prácticamente inexistente en nuestro país. Hay muchas maneras de hacer educación ambiental pero yo echo en falta una muy especial, una que atrajo a miles de niños como yo hacia el apasionante mundo de la naturaleza: los programas de televisión relativos a la fauna ibérica. Programas en televisión que atraigan a los niños, que les absorban, que les fascinen. Echo en falta programas de nuestra fauna. Evidentemente hay documentales de naturaleza pero son todos relativos a lugares lejanos, a leones, hienas, guepardos, osos polares o ballenas. Programas que están muy bien pero ¿nuestros niños saben lo que es un milano, o un roble, o un corzo, o que a los ciervos se le caen las cuernas o como influye la desaparición de cierta especie o por qué son importantes las aves? Por ahí se debe empezar. Por temas cercanos. Por temas que nos rodean porque lo primero que hay que aprender es lo que tenemos a nuestro alcance.
Aquí, en Puebla, el río Tera está al alcance de todos y, en sus orillas, he estado observando una gran variedad de animales. Empezaré por uno muy especial: el pato mandarín que vi por primera vez hace casi un año. Ahora mismo está con el plumaje menos vistoso pero igualmente hermoso.
Serie de fotografías tomadas en agosto de 2014.
El pato mandarín sigue asociado a un grupo de azulones.
Ave hermosa, diferente, espectacular y aunque para muchos sea algo anecdótico al presuponer que es un ave escapada de alguna colección  para mi es especial.
Foto tomada en mayo de 2014 al supuesto mismo ejemplar en
Puebla de Sanabria.
Es un pato de una belleza deslumbrante; rojo, naranja, azul, verde, negro, blanco, crema... colores que se muestran en este bello pato que fue importado de Asia Oriental a Europa en el s. XVIII y, actualmente, existe una población asilvestrada en Inglaterra (unas 7.000 parejas) que proviene de escapes o sueltas y que se ha extendido a Francia, Holanda y Bélgica.
Sigo convencido que este pato proviene de alguna zona de Europa y ha venido hasta aquí asociado a un grupo de azulones. No está anillado y eso me hace pensar que no proviene de un parque zoológico o colección particular ya que estos ejemplares siempre están anillados y, este pato mandarín sanabrés, no lo está.
Foto tomada en febrero de 2014.
Mirlo acuático.
Andarríos chico.
En los paseos por el río, en esta época, el martín pescador, el mirlo acuático, el andarríos chico, la garza real, la cigüeña blanca, el azulón, el zampullín chico o las lavanderas blanca y cascadeña se observan con un poco de paciencia; además, golondrinas y aviones comunes planean sin descanso sobre las frías y cristalinas aguas bajando a coger un poco de agua a cortos intervalos y cientos de estorninos negros y grajillas duermen en los árboles de su orilla. Sin olvidarnos de otras aves como: jilguero, colirrojo tizón, gorrión común, pito real o vencejo común.
Si se continúa hasta la cola del embalse de Cernadilla podremos disfrutar de somormujo lavanco y en esta época del año de algunos limícolas como el correlimos común, chorlitejo grande y chico, algún archibebe claro o agachadiza común e incluso las cigüeñas negras que pude disfrutar en compañía de Alfredo Valiente; dos adultos y un joven que bajaron a pescar.
Cigüeña negra: dos adultos y un juvenil.
Otro de los habitantes del río que se puede ver en Puebla de Sanabria es la nutria que en la época veraniega es muy esquiva pero que también nos deja rastros de su paso por allí. Animal especial que he podido disfrutar en varias ocasiones y que en invierno es más fácil de observar.
El río también es foco de atracción para corzos, ciervos, jabalís y zorros que puedes observar a primera hora de la mañana aunque ahora, con las obras del AVE, es más complicado localizar pero sus huellas los delatan.
Culebras de agua, caballitos del diablo, libélulas y, sobre todo, mariposas son otros de los visitantes del río.
Sanabria es un paraíso para las mariposas a las cuales, este año, he empezado a hacer más caso y cada vez me atraen más, me parece un mundo complicado pero fascinante. Espero que poco a poco vaya conociéndolas.
Iphiclides feisthamelii
Lampides boeticus.
Argynis pandora.
El río es un libro abierto que hay que leer pero, como todo, hay que enseñar a leerlo y para eso sería imprescindible que la educación ambiental arrancara de nuevo para que fuésemos capaces de atraer a los niños hacia el apasionante mundo de la naturaleza.

miércoles, 20 de agosto de 2014

Y el lobo se acercó...
La tarde llegaba a su fin cuando mi buen amigo Jose Luis, gran conocedor del lobo ibérico, y yo vimos cómo un lobo cruzaba un pequeño claro quedando tapado por unas escobas de gran porte. ¿Se habría quedado allí? ¿Habría cruzado sin darnos cuenta?
El lobo es un animal mítico. Un animal que enciende pasiones ya sean a favor o en contra. Un animal que tiene duende. Un animal que está en la cultura popular y que provoca enfrentamientos apasionados, discusiones imposibles y miedos infantiles. Un animal que admiro. Un animal que cada vez que lo veo siento un cosquilleo especial. Una sensación única e indescriptible que recorre todo el cuerpo como un pequeño calambre. Una sensación que este día fue especial, diferente, única e impactante.
Estábamos observando atentos. Expectantes. Ilusionados. El lobo tenía que seguir allí o por lo menos no lo habíamos visto salir. A los pocos minutos Jose Luis dijo emocionado: “Otro lobo”. Un lobo salió de entre las escobas. Se estiró y avanzó lentamente. En ese instante un segundo lobo hizo lo mismo pero este era diferente, era más grande y corpulento, se le veía con más empaque. Avanzó unos metros y orinó. Marcó el lugar. Era el macho alfa. El macho dominante de la manada. El único que podía marcar de esa forma. Era un macho grande. Potente. Hermoso. De porte altivo y andar lento pero seguro. Un tercer lobo apareció en el mismo sitio y nuestras emociones se dispararon, todavía no sabíamos lo que nos iban a deparar los siguientes minutos.
Hace unos días la Junta de Castilla y León ha aprobado el número de lobos que se podrán matar legalmente al norte del Duero desde septiembre de 2014 hasta febrero de 2015. Ciento cuarenta lobos van a ser cazados en ese periodo de tiempo, distribuidos de la siguiente forma: León (50), Zamora (36. Su reparto por comarcas queda así: 15 en Aliste-13 en Sanabria-6 Benavente y Los Valles-2 en Tierra de Campos y Pan), Palencia (31), Burgos (15). Valladolid (5) y Soria (3).
Un cuarto lobo se dejó ver en el mismo lugar. Hizo lo mismo que los anteriores que salieron en fila hacia la parte de arriba pero, cuando iba a desaparecer siguiendo a los otros, se paró. Dio media vuelta y como si hubiera recibido una orden explícita de su general se vino directamente hacia donde nos encontrábamos mientras los últimos rayos del día despuntaban en el horizonte.
¿Cuántos animales con unos, aproximadamente, 1.600 ejemplares en toda Castilla y León (datos del censo del lobo publicado por la Junta de Castilla y León en junio de 2014) se pueden cazar? Matar 140 lobos en una temporada es eliminar casi el 9% de la población de 1.600 ejemplares, pero esos 1.600 ejemplares son para toda la comunidad, con lo cual ese porcentaje del 9% aumenta a algo más del 10% ya que al norte del río Duero hay un número menor de esos 1.600 lobos. Para unos serán muchos lobos muertos, para otros muy pocos y a otros les dará exactamente igual. Unos protestarán porque no se van a matar los 140, otros porque es una locura. Hay sectores de la población a los que la administración quiere tener contentos y estos 140 lobos son un buen ejemplo de ello.
El cuarto lobo venía hacia nosotros. No nos podía ver. Nos debía de presentir. No sabía lo que éramos y venía a curiosear, a saber si éramos una amenaza para ellos. Era como si le hubieran ordenado investigarnos y así lo hizo.
El sol se había ocultado y se veía muy poco. No había luna y la oscuridad lo cubría todo. El lobo bordeó una pequeña pradera y desapareció entre los brezos. Se acercaba. Nos quedamos quietos. En silencio absoluto. Escuchando. Pasados unos minutos un leve ruido delante nuestro nos hizo girar e indicar el lugar. Estaba allí. A escasos diez metros. Entre el brezo. Nuestros sentidos se pusieron en alerta máxima. No veíamos nada pero si escuchábamos. Se movió a nuestra derecha en un andar muy lento, suave, como si no estuviera pisando entre brezos y carqueisas. Se movía y se paraba. Nos debía de estar observando detenidamente. Andaba de nuevo. Estaba a nuestra espalda. Se paraba y oíamos su respiración en la noche. Nos estaba rodeando. Estaba haciendo un círculo en el que nosotros éramos el centro. Quería comprobar e informar a su general lo que éramos y que queríamos. Siguió moviéndose lentamente, muy lentamente, notábamos su presencia, oíamos sus pasos en un susurro, escuchábamos su respiración. Nos dio la vuelta completa. Había terminado su trabajo. Debía de informar. Salió a la pista y oímos cómo se sacudía los trozos de brezo que pudieran haber quedado entre su pelo, era como cuando un perro sale del agua y se la sacude de un lado a otro. El lobo hizo lo mismo y desapareció o por lo menos eso es lo que creímos.
A lo mejor este lobo es uno de los 140 que se quieren eliminar pero ¿por qué? ¿por qué hay que matar ese número de lobos? En la resolución publicada en el Boletín Oficial de Castilla y León se escribe: “teniéndose en cuenta la consecución de los objetivos de minorización de daños”. ¿Minorización de daños? ¿En todos los municipios que se autoriza a cazar al lobo se producen tantos daños? ¿En todos los municipios que se autoriza a cazar al lobo hay daños? ¿Cuántos daños produce el lobo?
Fotografía realizada al día siguiente.
Caminábamos por la pista en silencio. Asimilando lo que habíamos visto, oído y sentido. Un coche iba delante nuestro cuando Jose Luis se paró y dijo: “No me lo puedo creer. Mira”. Me acerqué y, para mi sorpresa, unas grandes huellas de lobo se habían plantado encima de las marcas de los neumáticos del coche que llevábamos a escasos cincuenta metros, delante nuestro. El lobo había pasado entre el coche y nosotros. Había estado en el camino, delante nuestro, seguía observándonos a nosotros y al coche. Estoy completamente seguro que nos siguió hasta que nos fuimos de allí. Hasta que abandonamos el lugar en el que vive, el lugar en el que intenta sobrevivir, el lugar en el que el espíritu del lobo es libre, por mucho que le pese a muchos hombres.

sábado, 9 de agosto de 2014

El pequeño corzo.
En el lugar que estoy pasando el verano no dispongo de internet con lo cual actualizar el blog es complicado pero eso no quita que no tenga vivencias que contar, algunas de ellas muy difíciles de olvidar. Quiero empezar con la historia de un pequeño corzino.
El pequeño corzino crece con rapidez; ha pasado una de las épocas más críticas de su vida. Ha estado oculto entre las hierbas, quieto, inmutable, hierático, sin casi respirar, esperando la señal de su madre, esperando su llegada,  se acercará a él cauta, recelosa, tomando todas las precauciones posibles ya que hay peligros por todos lados.
La corza llegará hasta donde se encuentra su pequeño. Le dará de mamar sin perder tiempo y le lamerá para eliminar todo posible rastro de olor que un depredador pueda detectar. Lo Hará rápido. Debe evitar estar mucho tiempo junto a él, sería una señal inequívoca de que tiene un pequeño, una señal que los depredadores esperan para tener una oportunidad. La corza se aleja pero permanecerá atenta por si algún peligro afecta a su cría, si así fuera sería capaz de exponerse para salvar a su pequeño corzino.
Ese tiempo ha pasado pero no el peligro. El pequeño corzino tiene aproximadamente un mes y ya sigue a su madre, ya puede correr pero los peligros siguen acechándole y su madre lo esconde todavía durante gran parte del día.
La corza llega hasta donde ha quedado su pequeño que ha cometido la imprudencia de salir de sus altas hierbas, de su escondrijo. La corza lo observa y lo llama. Un pequeño y corto chillido hace que el pequeño levante la cabeza y se acerque rápidamente hasta su madre. Se saludan tiernamente. Se reconocen. Han conseguido sobrevivir un tiempo más.
Es hora de comer y el pequeño tiene hambre. Se acerca pero su madre le rechaza con una suave patada que le deja claro que no es momento de mamar, debe de aprender una nueva lección.
El corzino camina pegado a su madre que observa  recelosa cualquier movimiento de la pradera. Camina. Se para.  Escucha. Debe estar segura de sus movimientos.
Se tranquiliza y le enseña a su pequeño cuales son las flores más suculentas, las que debe de comer. Las que se pueden encontrar en esta época del año. El pequeño la observa y aprende. Imita a su madre y come las mismas flores que come ella.
Continúa el aprendizaje. La corza enseñará todo a su pequeño. Lo protegerá e intentará por todos los medios que le imite y que no cometa imprudencias que pueden costarle la vida.
La corza es joven. Probablemente será su primera cría ya que las corzas primerizas tienen un solo corzino pero a partir del segundo parto el índice de probabilidades de tener dos es muy elevado, es un método de supervivencia, es una manera de aumentar las probabilidades de que uno de los dos pequeños corzinos sobreviva.
Según pasen los días estarán cada vez más tiempo juntos. El pequeño se irá haciendo más fuerte. Crecerá rápidamente y seguirá a su madre en todo momento pero la corza, en esta época, tiene otra preocupación, está en celo y un macho siempre anda cerca de ella.
El corzo correrá a su alrededor. Intentará captar su atención. Defenderá su territorio frente a otros machos y no dejará que ningún otro se le acerque. El corzo emitirá un ladrido ronco. Seco. Corto que avisará a todos que él está allí, en su territorio.
Si algún otro macho se aproximara más de la cuenta lo perseguiría y lo echaría, si aún así volviera se enfrentaría a él con todas sus fuerzas. Defendería su territorio e impediría  que se acercara a la corza. Como vencedor saltaría entre los brezos con las cuatro patas juntas, como si tuviera muelles, como si fuera un juguete articulado. Alegre. Orgulloso.
Más tarde se apareará con la corza y en ese momento sucederá otra de las particularidades de los corzos (no solamente de ellos, hay otros animales que hacen lo mismo, por ejemplo el tejón). Esta particularidad es la implantación retardada del óvulo, es decir, pueden guardar el óvulo fecundado un tiempo determinado; quedarán preñadas en verano pero hasta los primeros meses del siguiente año no se desarrollará para nacer en primavera donde encontrará las condiciones ideales para intentar sobrevivir: abundancia de comida, altas hierbas en las que esconderse y buena temperatura todo lo contrario de lo que hubiera tenido si hubiera nacido en otoño donde comienza a hacer frio, hay poca comida y las hierbas donde esconderse de los depredadores escasean.
La corza estará con el macho un tiempo pero no dejará nunca desatendido a su pequeño que depende totalmente de ella para poder sobrevivir. Continúan por la pradera. Continúa el aprendizaje. Continúa la supervivencia.

miércoles, 9 de julio de 2014

Evolución de los pollos de pato colorado nacidos en Zamora.
El pasado 28 de mayo tuve la suerte de encontrarme con una pollada de pato colorado; era la primera cita de cría de esta especie en la provincia de Zamora. Hasta ahora el único lugar que se tenía constancia de la cría de pato colorado en Castilla y León era en el embalse de Monteagudo (Soria), desde este momento se puede incluir Zamora.
Al final de la anterior entrada comentaba que "cuatro pollos son muy pocos; los peligros son muchos, aguiluchos laguneros o gaviotas se mueven por las lagunas en busca de algún descuido, de algún fallo, de alguna oportunidad para conseguir un pollo. Cada vez que la hembra se sumerja, será una oportunidad para un depredador. Cada vez que un pequeño pollo se retrase, será una oportunidad para un depredador. 
Esperemos que alguno de los pollos consiga sobrevivir. Esperemos que alguno tire para adelante. Cuantos más sobrevivan mejor ya que serán los primeros patos colorados nacidos en nuestra provincia (que se sepa) y, aunque sea una especie no demasiado emblemática, su cría en sí ya es importante al producirse en un lugar alejado de sus tradicionales zonas de cría".
Pues bien, mes y medio después, esto es lo que ha sucedido:
28 de mayo de 2014: una hembra de pato colorado se mueve con la laguna con cuatro pequeños pollos.
29 de mayo de 2014: no es una sino dos las hembras que están con los cuatro pollos. Ambas hembras los cuidan y dan alimento indistintamente. Una vigila y otra saca comida del fondo. Se están ayudando. Quieren conseguir que sobrevivan la mayoría; incluso cada hembra se ocupa de unos pollos.
2 de junio de 2014: quedan tres pollos. Uno ha desaparecido pero las dos hembras continúan juntas intentado proteger a los pequeños de los aguiluchos laguneros y gaviotas que patrullan la zona.
10 de junio de 2014: quedan dos pollos. Ha desaparecido otro y una de las hembras ya no está. Los pollos son muy vulnerables ya que si la hembra se sumerge para buscar comida quedarán a merced de los depredadores.
26 y 27 de junio de 2014: siguen los dos pollos. Han crecido mucho y ya se alimentan solos aunque la hembra sigue sumergiéndose constantemente para extraer comida del fondo de la laguna y dársela. Los pollos son más independientes y se alejan un poco más de su madre.
7 y 8 de julio de 2014: han desaparecido los dos pollos y la hembra. Supongo que han volado de la zona en la que nacieron. He estado buscándolos estos dos días y no los he encontrado en ninguna laguna cercana a la que nacieron.
¿Y el padre de estos pequeños patos colorados? La última vez que lo pude ver fue el 19 de mayo, nueve días antes de descubrir la pollada, después nada de nada, desapareció; supongo que se marchó por esas fechas. 
Agradezco enormemente a Fernando García
prestarme esta fotografía del pato colorado.
Llevaba por la zona desde principios del pasado mes de abril cuando Alfonso Rodrigo lo localizó. Ha estado algo más de un mes entre nosotros y ha dejado una pollada que, ojala, sea el comienzo de una nueva población de esta especie en nuestra provincia ya que esperemos vuelvan a criar el año próximo para darle continuidad a un hecho que de ser aislado pase a ser el germen de un maravilloso comienzo. Veremos...
(Todos estos son los datos que he recogido; eso no quita que otras personas puedan haberlos visto más tarde de lo indicado)

lunes, 30 de junio de 2014

Gangas ibéricas y más habitantes de la estepa.
La comida familiar había transcurrido agradablemente y en la sobremesa le dije a Paco: "¿Nos vamos a dar una vuelta?" Dicho y hecho. Salimos de Fuentelapeña (Zamora) en busca de los habitantes de la estepa.
Tierras rojizas, campos verdes de regadío y suaves ondulaciones se extendían por doquier, los caminos se entrecruzaban como venas en una tierra curtida por el sol en la que poco a poco fuimos viendo algunos de sus habitantes; quiero empezar por el que más ilusión me hizo y que más ganas tenía de ver, la ganga ibérica.
La ganga ibérica parece creada por un diseñador de renombre. Su gama y disposición de colores la hace especial, diferente y muy vistosa. Las vimos entre las hierbas, agachadas, a ras de tierra, como si un general hubiera dado la orden de "cuerpo a tierra". Se desplazaban pegadas al suelo, levantando muy poco entre las secas hierbas; machos y hembras se entremezclaban en una ida y venida en busca de comida mientras varias calandrias se infiltraban entre ellas como pequeños espías.
Una particularidad que nunca he visto de las gangas y que me parece fascinante es que "los machos de las ortegas y gangas frotaban contra el suelo sus pechos hasta que las plumas quedaban completamente cruzadas, entrando luego en el agua y mojándolas bien para volver inmediatamente con las hembras y los pollos, que sólo unas horas antes habían nacido y abandonado ya el nido. Estos corrían hacia el macho y sorbían el agua haciendo pasar las plumas del pecho y vientre de aquel a través de sus picos. La apariencia era que los pollos "mamaban" del pecho de los adultos" (MeadeWaldo).
Otra de nuestras paradas fue visitar una colonia de abejarucos de más de noventa nidos (ocupados más o menos la mitad), que habíamos conocido hacía unas semanas. Era la segunda vez que íbamos y la actividad era muy diferente.

En la primera visita la actividad era frenética. Las parejas se afanaban en la construcción de los nidos en un frenesí excavador que era digno de ver ya que el abejaruco llegaba al agujero y, a una velocidad sorprendente, picaba cual experto minero y sacaba la tierra con las patas por debajo de su cuerpo como si le hubieran dado cuerda mientras otras parejas se obsequiaban con regalos amorosos en cualquier posadero cercano.
También pudimos apreciar uno de los peligros de las colonias de abejarucos, una culebra bastarda se movía en la cercanía de la colonia esperando su oportunidad pero los abejarucos tienen una curiosa manera de defenderse de ella: la construcción de pequeños falsos túneles alrededor del nido para que entre en ellos, no encuentre nada y desista, lo cual salvará a más de un pollo de ser capturado.
En nuestra segunda visita la actividad era diferente. Los abejarucos cazaban en las tierras cercanas mediante vuelos acrobáticos y picados en los que capturaban libélulas, mariposas, abejas, avispas o moscas que rápidamente llevaban al nido donde entraban y salían sin perder tiempo. Estaban cebando a sus pollos. Era curioso ver como algunos salían marcha atrás lo cual indicaba que los pollos estaban bastante grandes y no tenían espacio para dar la vuelta en la cámara del agujero.
El color del abejaruco es sorprendente. Tiene una gama de colores tan amplia que no te imaginas que pueda existir un pájaro con tal variedad de colores. Azul, verde, amarillo, ocre, negro... y el rojo que aparece en el iris de los ejemplares adultos.
En la colonia de abejarucos pudimos ver una de las escasas tórtolas europeas que se ven últimamente, cuyas poblaciones están sufriendo un preocupante declive en los últimos años.
Dejamos a los abejarucos y continuamos por los caminos rojizos de La Guareña donde descubrimos la más grande de las aves de la estepa, la avutarda.
Ave potente, hermosa, grande y majestuosa que se encuentra en el límite de los kilos para poder volar. 
Caminaban pesadas entre los campos de regadío o las tierras dejadas en barbecho donde los pollos de perdiz seguían a sus padres y los aguiluchos cenizos patrullaban en busca de comida mientras una imponente águila real sobrevolaba la estepa.
En una tierra segada recientemente dos buitres leonados daban cuenta de una carroña. Uno de los buitres comía como un poseso, con enorme rapidez tiraba de la carne y la engullía con ansiedad ayudándose de una de sus patas que ponía sobre la carroña para sujetarla y poder hacer fuerza.
El otro buitre ya había comido y deambulaba por la tierra "como un enterrador del oeste" a grandes pasos mientras varias cornejas, milanos negros y uno real esperaban su oportunidad que llegó cuando los buitres se marcharon pero dos cigüeñas blancas tomaron posesión de los últimos vestigios de la carroña.
El sol iba cayendo y la tarde terminaba pero habíamos podido disfrutar de otros habitantes de la zona como: abubilla, cernícalo primilla, vencejo común, aguilucho cenizo, cogujada común, tarabilla común, triguero, águila calzada, busardo ratonero, estornino negro, jilguero, verdecillo,  gorrión común y chillón, pinzón vulgar, urraca, cuervo, avión común y cuando la noche lo envolvía todo una lechuza común cruzó en pueblo en busca de comida y un chotacabras se levantó de la carretera donde se calentaba sobre el asfalto. 
Una buena tarde en una tierra que es mucho más de lo que parece a primera vista.