miércoles, 12 de junio de 2013

Corzos y ciervos. Estrategias de supervivencia.
La noche comenzaba y en la pradera tres ciervas comían tranquilamente pero, junto a una de ellas, había un pequeño cervatillo pegado como una lapa a su madre. Lo vimos al pasar con el coche, muy cerca de la carretera; dimos la vuelta y, muy despacio, nos acercamos hasta ellos.
Las ciervas saben perfectamente cuando puede haber un peligro y según íbamos reduciendo la velocidad levantaron la cabeza, orientaron las orejas hacia nosotros y su atención se fijó en un coche que se iba parando. Nada más detenernos salieron corriendo a la seguridad del pinar.
Su madre es su guía. Su vida depende de ella.
El pequeño cervatillo corría pegado a su madre como si fuera una prolongación de la cierva que dirigía la huida hacia la seguridad del pinar. Era increíble verlo correr. Tan pequeño y ya luchando por su vida. La mayoría de las crías de herbívoros al poco tiempo de nacer ya pueden correr, les va en ello su vida; por el contrario las crías de los carnívoros pasarán varios meses hasta que sean capaces de moverse y correr con soltura. Es la ley de la supervivencia.
Entre mayo y junio se van a producir todos los nacimientos de corzos y ciervos de la sierra. Todos estos nacimientos se producirán en un periodo de tiempo muy pequeño. Tanto corzas como ciervas paren en esta época porque es la de mayor disponibilidad de alimento y escondrijo para sus pequeños.
Los pequeños corzos y ciervos nada más nacer tienen una dura tarea de supervivencia. Su vida depende, fundamentalmente, de la pericia de su madre para mantenerlo oculto y seguro ante la gran cantidad de depredadores que intentarán dar con ellos.
Tanto corzas como ciervas utilizan estrategias parecidas ya que los primeros días sus crías son muy vulnerables.
Agradezco enormemente a Poli prestarme esta preciosa fotografía de
 una corza lamiendo a su pequeño para quitarle el olor que pueda delatarle.
La cría estaba junto a su madre en una zona de hierbas altas en las que se tumbará y no se moverá hasta que ella vuelva. Es su manera de defenderse de los depredadores. Permanecerá inmóvil, quieta y callada, sin emitir ni un solo ruido. Varias veces al día su madre acudirá a darle de mamar y lamerla de arriba abajo para quitarle cualquier olor que pudiera tener. Al terminar esta operación, la cierva o la corza, marchará, no muy lejos, permanecerá atenta y alerta en las cercanías por si sucede algún imprevisto. Si un depredador apareciera y se dirigiera hacia su cría, la cierva o la corza, no dudaría, en ningún momento, en ir hacia él para llamar su atención, distrayéndole o atraiéndolo hacia ella, poniendo su vida en peligro si fuera necesario.
Ocultarse es vivir. Si encontráis algún pequeño corzino en el campo
hay que dejarlo, su madre no andará lejos.
Estos primeros días son críticos ya que las crías deben de pasar totalmente desapercibidas entre las hierbas en las que la madre, en algún momento, la irá a buscar y la moverá, como vimos a la cierva junto al pinar, para que se acostumbre a andar y correr si es necesario, pero la inmensa mayoría del día el pequeño permanecerá absolutamente inmóvil, quieto, sin emitir ni un sólo ruido.
Pasados unos días, cuando el pequeño esté un poco más fuerte, irá constantemente pegado a su madre. Las ciervas se unirán a otras hembras o crías de otros años mientras que las corzas seguirán solas, ocultándose lo máximo posible.
Desde muy pequeños los cervatillos corren sin dificultad.
Les va en ello la vida.
Las corzas tienen otra manera de intentar que las probabilidades de supervivencia de sus crías aumente. Las corzas que paren por primera vez van a tener una sola cría pero, a partir del segundo parto, la inmensa mayoría de ellas, tendrá dos pequeños corzinos y en muchos casos tres; de esta manera aumentan las probabilidades de que alguno de ellos consiga sobrevivir.
Pero los corzos tienen otra peculiaridad; el periodo de celo es entre junio y julio. En ese momento las hembras son montadas pero estas tienen la implantación del óvulo retardada, es decir, pueden guardar el óvulo fecundado un tiempo determinado; la hembra puede quedar preñada en el verano pero si inmediatamente se empezara a desarrollar el óvulo, el futuro corzino nacería en octubre o noviembre, con lo cual sería una época muy mala y dura para que las crías crecieran ya que la comida escasearía para poder desarrollarse y sería muy vulnerable, ya que no tendría hierbas altas en las que esconderse de los depredadores y, además, comenzaría a hacer frío; por eso, el óvulo fecundado quedará guardado hasta enero, cuando los días comienzan a ser más largos, para así llegar a la primavera, parir y que sus crías crezcan sin dificultad con buen tiempo, abundante comida y lugares en los que esconderse.
El hecho de que todas las crías nazcan en muy poco tiempo es otra manera de aumentar las probabilidades de supervivencia de un buen número de ellas ya que muchas caerán por frío, enfermedad o cazadas por los depredadores pero otras conseguirán sobrevivir.
La experiencia de la cierva y la suerte marcarán al pequeño cervatillo.
En diferentes estudios se ha demostrado que cuanto mayor va siendo una corza o una cierva se queda preñada antes (la cierva) o se comienza a desarrollar el óvulo unos días antes (la corza) para así ir adelantando su parto, al cabo de los años, quizás sea una manera de intentar que sus crías tengan mayores probabilidades de supervivencia.
Mientras que en la cierva es fundamental el periodo en el que entra en celo ya que de ello dependerá cuando nazca su cervatillo; en las corzas, el momento del parto, dependerá de la fecha de implantación del óvulo más que con la fecha en la que fueron montadas, lo que quizás, sea indicador, del porque entre las corzas todos los partos se producen en muy pocos días mientras que en las ciervas son un poco más espaciados ya que unas ciervas pueden haberse quedado preñadas a finales de octubre y otras a finales de noviembre.
Este año será un buen año de cría tanto para herbívoros como para carnívoros. Ha llovido en cantidad por lo que hay una explosión de flora que supone abundancia de  comida tanto para las madres que se han alimentado bien y perderán muy pocos fetos como para los pequeños corzos o ciervos que dispondrán de alimento suficiente y de lugares para esconderse. Pero también los carnívoros criarán bien ya que tendrán comida suficiente para criar sin problemas a sus camadas al haber gran número de nacimientos de herbívoros. Todo es una cadena.
Estrategia. Suerte. Aumento de probabilidades. Pericia. Experiencia. Es todo lo que necesitan los pequeños corzinos o cervatillos para sobrevivir y convertirse en espléndidos corzos o espectaculares ciervos.

martes, 4 de junio de 2013

La pata aventurera y los halcones de ciudad.
La ciudad es un medio en el que te puedes encontrar una enorme variedad de fauna que se ha adaptado a vivir entre nosotros. Es común ver gorriones, jilgueros, vencejos, gaviotas, ardillas, mirlos o estorninos en parques, jardines o muros de nuestras ciudades pero también suceden incursiones de animales despistados que se introducen en las ciudades como sucedió hace tiempo con un jabalí o un ciervo que me encontré en plena ciudad de Zamora y que conté en su día en una entrada anterior (pinchar aquí para recordarla).
Hace unos días iba en el coche en compañía de mi amiga Pilar cuando, de repente, cerca de la estación de trenes de Zamora, en una calle muy concurrida, cruzó, delante de nuestro coche, una pata con dos pequeños patitos detrás de ella.
Nuestra sorpresa fue mayúscula. Reducimos la velocidad y la dejamos pasar. La pata se subió a la acera y continuó por ella a toda velocidad seguida por los dos pequeños que pareciera que iban como si fueran un dibujo animado moviendo muy rápidamente sus pequeñas patitas para seguir a su madre que buscaba una salida desesperadamente.
A parte de los animales que se han adaptado perfectamente a vivir entre nosotros y vemos sin dificultad, en la ciudad hay otra fauna que también se ha integrado y que es mucho más discreta como puede suceder con las nutrias que podemos encontrar en el río Duero a su paso por Zamora o los halcones peregrinos que veo, de vez en cuando, en el casco antiguo persiguiendo a las palomas de una forma coordinada. 
Esta pareja de halcones caza de forma conjunta. Mientras uno de ellos sube a gran altura, el otro vuela a ras de los edificios para acercarse a la iglesia en la que las palomas están posadas para espantarlas. Cuando salen volando aterrorizadas. El segundo halcón cae en picado hacia ellas en un vuelo espectacular e impresionante a 300 km/h como un auténtico misil pero, las palomas, no son fáciles de cazar y suele fallar en la mayoría de los intentos por lo que, volverán a comenzar el mismo proceso una y otra vez hasta que consigan su preciado objetivo.
Dimos la vuelta y seguimos a la pata en su huida desesperada. Caminaba rápida. Pegada al muro de la estación de trenes y buscaba una salida. Solamente se paraba cuando algún peatón pasaba junto a ella y la miraba con cara entre sorprendido e intrigado. 
En ese momento, los pequeños patitos, se metían debajo de su madre que los protegía con su cuerpo. Una vez pasado el peligro continuaba con su precipitada marcha. Era increíble el instinto de protección de la pata. En ningún momento hizo ademán de echar a volar. Ni siquiera cuando la gente se acercaba o pasaba junto a ella o cuando un perro tiraba de su dueño hacia ellos. No podía dejar allí a sus pequeños.
Pasados unos doscientos metros, en los que fueron pegados al muro, se metieron por una entrada a la estación de trenes pero esta no era la primera entrada por la que se podrían haber metido y buscado refugio. La pata eligió esta y no otra anterior por la que pasaron por alguna oculta razón, quizás, sabía a donde se dirigía. Nos metimos tras ellos hasta que se perdieron entre las hierbas y edificios de la estación de trenes.
Esta no es la primera pata que tengo conocimiento de que ha entrado en plana ciudad. El año pasado otra pata con ocho pequeños subió por la cuesta del Mercadillo hasta la Plaza de Los Ciento, en pleno casco antiguo, ante la sorpresa e incredulidad absoluta de los viandantes al ver a esta hembra de azulón con sus ocho pequeños en fila por una de las calles principales de Zamora. En esa ocasión tuvieron suerte ya que un vecino bajó con una caja de cartón y metió a todos en ella; hasta la pata se dejó coger, y los bajó hasta el arroyo de Valorio donde los soltó.
Esa pata y sus pequeños tuvieron mucha suerte pero creo que esta con sus dos crías es muy difícil que  consigan sobrevivir. Estarán en una zona llena de peligros en la que gatos, milanos o ratas pueden atacarles pero todo puede suceder. Deberán de tener mucha suerte y que su madre consiga ocultarlos el tiempo suficiente y, además, fuera del agua. Ojalá lo consigan.

martes, 28 de mayo de 2013

Las cuernas de los ciervos.
Una de las cosas que más sorprenden a los niños cuando se lo explicas es que las cuernas de los ciervos se les caen todos los años. Te miran con cara entre sorprendida y alucinada, como diciendo: “imposible”. Este hecho es un enorme gasto de energía que los ciervos tienen que hacer todos los años, pero lo primero de todo es aclarar qué diferencia hay entre cuernas y cuernos.
La diferencia fundamental es que las cuernas se caen y los cuernos no, por lo tanto los ciervos tienen cuernas como los gamos o los corzos; en cambio las vacas, cabras o muflones tienen cuernos.
Las cuernas son el tejido óseo que más rápido crece en el mundo animal. Lo hará en alrededor de cinco meses. En estos meses nos encontramos en el periodo de crecimiento de las cuernas de los ciervos, pero vayamos desde el principio.
Aproximadamente a mediados de marzo comienza el desmogue, es decir, la caída de las cuernas de los ciervos y el comienzo de su ciclo de crecimiento.
Ciervo sin cuernas. Se pueden apreciar dos pequeños círculos que
serán donde nazcan las nuevas.
La cuerna es una protuberancia ósea compuesta fundamentalmente por proteínas y fosfato cálcico, además de otros minerales como sodio, potasio o magnesio. Esta cuerna les comienza a crecer cubierta de una especie de borra aterciopelada que se encuentra irrigada de sangre. Este proceso de crecimiento supone un gasto enorme de energía y nutrientes que el ciervo consigue mediante la comida que encuentra; pero eso no es suficiente y el animal tiene que descalcificar, parcialmente, su propio esqueleto. En el proceso de crecimiento de las cuernas el ciervo pierde entre el uno y cinco por ciento de su peso.
Las cuernas comienzan su crecimiento.
Este proceso de crecimiento se prolonga hasta mediados de julio o principios de agosto en función del clima, la comida disponible o cuando se le hubieran caído las cuernas anteriores. Llegado julio y cuando la cuerna ha alcanzado su máximo nivel, la irrigación que tienen se va cerrando y deja de pasar sangre, por lo tanto, al ciervo le pica enormemente y se restregará contra los árboles para intentar desprenderse de esa borra aterciopelada que se le irá cayendo a tiras según se vaya rascando para dejar al descubierto una blanquecina cornamenta que se irá poniendo oscura a lo largo de los siguientes días.
La borra se desprende cuando se rasca contra los árboles.
Algo que se dice en demasiadas ocasiones es que el número de puntas que tiene una cuerna se corresponde con el número de años del animal y eso no es cierto. Un mismo ciervo puede tener una cornamenta diferente de un año a otro. Lo que va a influir en el tamaño de la cuerna y el número de puntas es, fundamentalmente, la cantidad de comida disponible que haya ese año y la calidad nutritiva de la misma; además también influirá la genética, la edad y la condición física de ese animal.
Al desprenderse la borra, la cornamenta, queda limpia y se oscurece más tarde.
Una vez que el ciervo tiene su cornamenta limpia y afilada (se la afilan en pequeños árboles que van dejando pelados) llega la utilidad de la misma. Eso sucede en el tiempo de la berrea, es decir, cuando las hembras entran en celo a partir de mediados de septiembre, dependiendo de la climatología.
Se restriega la cornamenta para afilarse y limpiarse las puntas.
Un estudio del Museo Nacional de Ciencias Naturales ha demostrado que: “el tamaño y la complejidad de la cornamenta de los ciervos guardan una relación directamente proporcional con su fertilidad”, es decir, cuanto más grande y ramificada sea la cornamenta más fértil es el ciervo y ,además, las hembras lo saben y elegirán al macho que más les convenga en función de esa percepción. Por eso, en ocasiones, cuando dos machos están pelando y la hembra se va con el perdedor; lo hace porque ella percibe que ese macho perdedor es más fértil, por lo tanto, es el que le interesa para poder conseguir su fin último, quedarse preñada. Ese macho habrá perdido porque está más cansado o débil (los machos comen muy poco durante la berrea perdiendo mucho peso y debilitándose) que el oponente pero la hembra se ha ido con él. 
Macho berreando en la época de celo de las hembras, la berrea.
Ciervos peleándose.
Por lo tanto, las cuernas, no son solamente una herramienta de lucha, un arma para medirse a los contrincantes por el favor de las hembras, sino que son un indicador, que las hembras perciben, de la fertilidad de un ciervo.
Cuerna encontrada en el campo. Esta es de un ciervo viejo.
La palma de la parte superior así lo demuestra.
Pasado el tiempo de berrea llegamos hasta mediados de marzo, aproximadamente, donde las cuernas, que ya han perdido su función, se caerán y lo harán de una manera alterna, es decir, es prácticamente imposible que se caigan las dos a la vez. 
Diferentes cuernas encontradas en la Sierra de la Culebra.
Primero se caerá una y pasadas horas o días lo hará la otra; por eso es muy ,pero que muy difícil encontrarse las dos cuernas del mismo ciervo. Estas cuernas, una vez caídas, al tener sales minerales son aprovechadas por jabalíes o incluso los mismos ciervos que las roerán o chuparán para así extraer el calcio de las mismas como he podido comprobar en alguna ocasión en la Sierra de la Culebra.
Cabeza de corzo recuperada del campo tras ser comido por un grupo de lobos.
Cuerna de un vareto. Ciervo de alrededor de un año
que tiene su primera cuerna.
Vareto.
Nada más caerse las cuernas comenzará nuevamente el ciclo de su crecimiento y así, año tras año, la cuerna se irá desarrollando y sorprendiendo a todos aquellos que disfrutan de ver a tan imponentes animales. 

miércoles, 22 de mayo de 2013

Un día en la sierra con sorpresa final.
La mañana se levantó heladora, mas propia de un mes de diciembre que de mayo. El frío envolvía el ambiente cuando llegué a la sierra alrededor de las ocho y media de la mañana; mi intención era intentar observar a ese animal que tanto me apasiona, el lobo.
Cuando vas en su busca hay que ir mentalizado; hay que tener claro que verlo es muy, pero que muy complicado. Me aposté en un lugar de la Sierra de la Culebra y esperé contemplando la belleza de la gélida mañana.
La Sierra de la Culebra es una sierra muy antigua, de suaves ondulaciones y no de mucha altura, su altura máxima es Peña Mira (1.241m). Como dice Ascensión Baz, geóloga y conocida: "la Sierra de la Culebra pertenece a la denominada Zona Centro Ibérica, ligada a una estructura geológica muy importante, el anticlinal del Ollo del Sapo. La Sierra de la Culebra se desarrolla en la Orogenia Hercínica, hace unos 260 millones de años. En cambio sus materiales fueron depositados mucho antes, en zonas de playa y marinas someras. La edad de los materiales que la forman se encuentra entre los 500 y 410 millones de años". (libro: "Sierra de la Culebra: tierra de urces y lobos. De Patricio Bariego y José Luis Gutiérrez)
La mañana transcurría y el lobo no aparecía pero un buen ramillete de ciervos se asomaban entre brezos, escobas, pinos y carqueisas. La verdad es que estuve viendo ciervos a todas horas del día y los pude ver con todo tipo de cuernas (cuernas que no cuernos). 
Desde los que tenían unas pequeñas protuberancias que asomaban tímidamente, pasando por los que tenían una cornamenta medía cubierta de borra aterciopelada hasta algo que me chocó sobremanera, dos grandes ciervos que todavía no habían tirado las cuernas, algo sumamente extraño a estas alturas del año.
Algún corzo asomaba cautelosamente entre las escobas y un precioso zorro con su pelaje de invierno me dio un tremendo susto ya que cuando lo vi estaba medio escondido y solamente se le veía un trozo de su lomo, parecia otra cosa, pero cuando se movió pude disfrutar de este bello ejemplar que se movía con cautela.
La sierra de la Culebra tiene cumbres de cuarcita alargadas y estrechas que no siguen una misma línea, yendo de forma paralela; de ahí le viene el nombre a la sierra porque sus cumbres zigzagueantes parecen una culebra moviéndose.
Agateador común entrando en una grieta que hacía las veces de nido.
La mañana transcurría entre alegres y variados cánticos de los pájaros y tímidas apariciones del sol que se agradecía en cuanto asomaba. Alrededor de las once decidí abandonar la zona y me dirigí hasta un bosque cerca de Villardeciervos en el que pude disfrutar de innumerables pajarillos que tenían un trajín constante entre cánticos, exhibiciones y aportaciones a sus nidos.
A lo largo de todo el día pude disfrutar de multitud de aves como el herrerillo capuchino, carbonero garrapinos, acentor común, trepador azul, oropendola o torcecuello, pero quiero hacer referencia a un pájaro muy especial, el piquituerto; del que pude disfrutar de una verdadera exhibición de como se alimentaba de piñas.
Este pájaro tiene un pico característico y adaptado para comerlas. La mandíbula superior está recta mientras que la inferior está cruzada a la derecha o a la izquierda (no todos los pájaros la tienen hacia el mismo lado). 
Este pico lo introduce en la piña quedando las dos puntas una encima de la otra. Al cerrar el pico hará cuña para ir separando la escama de la piña, si hace falta se ayudará de giros de cabeza; de esta manera conseguirá abrirla y llegar al piñón. Aquí entrará en acción su larga y pegajosa lengua que cogerá el piñón y se lo comerá. 
Villardecirvos es uno de los 41 pueblos que están dentro de la Sierra de la Culebra que tiene alrededor de 70.000 hectáreas, de las que 61.305 han sido declaradas Lugar de Interés Comunitario y 67.340 Reserva Regional de Caza que se creó en 1973 con intereses, fundamentalmente, cinegéticos. 
A mediodía dejé Villardeciervos y me acerqué hasta el embalse de Valparaiso, construido en 1988, donde continué viendo ciervos en su orilla y la sorpresa de un águila pescadora y de encontrarme con cinco tarros blancos que nunca había visto en este lugar.
Tras una buena comida decidí ir a una zona en la que había posibilidades de observar nutria. Salí de la reserva pero según me dirigía hacia el lugar una silueta llamó mi atención. Paré el coche. Bajé y me quedé perplejo. Veintiún buitres leonados y tres negros estaban dando cuenta de una carroña muy cerca de la carretera.
No estaban todos juntos. Estaban esparcidos a diferentes distancias. Unos ya habían comido y otros esperaban su turno ya que los buitres comen en un estricto orden jerárquico. Había buitres de diferentes edades y los negros llamaron mi atención.
Buitre negro a la izquierda y leonado a la derecha.
El buitre negro es una imponente ave de gran envergadura, de hasta 3 metros, que intenta llegar a las carroñas antes que el buitre leonado para abrir el cuerpo y alimentarse de la parte muscular del animal. Mientras, el leonado, lo hará de las vísceras.
Buitres que volverán a comer en muladares ya que la Junta de Castilla y León los ha autorizado, de nuevo. Muladares en los que se podrán dejar cadáveres para que estos buitres más los milanos negros o cornejas que había por allí e incluso otros carnívoros puedan alimentarse.
En Zamora serán 133 municipios los que serán autorizados para dejar los cadáveres de ganado en determinadas zonas, lo que no quiere decir que haya igual número de muladares. Una buena noticia para estos buitres que se alimentaban detrás de unas rocas y que no pude ver qué era lo que comían; mi curiosidad iba en aumento y decidí moverme por una ladera desde la que, quizás, podría verlos mejor.
Con telescopio en mano anduve por un pequeño valle y comencé a subir una colina. Según llegaba arriba mi sorpresa fue todavía mayor. En la cumbre había más buitres que no había visto. Buitres que comenzaron a ir despegando como pesados cazabombarderos que corrían unos metros hasta el borde para así poder despegar. Conté catorce leonados y uno negro que no había visto desde donde estaba anteriormente que se levantaban pesadamente, con la barriga llena, tras una buena comilona. No conseguí ver la carroña pero el espectáculo mereció la pena.
Buitre leonado con la cabeza manchada de sangre.
Imponente buitre negro...
A medía tarde decidí probar nuevamente con el lobo y fui hasta otro lugar en el que tenía la esperanza de verlo. No podía quedarme mucho. Llegué alrededor de las 18:00 horas. Me coloqué. Monté el telescopio y pasados veinte minutos un precioso lobo salía de entre los árboles. Mis pelos se pusieron como escarpias y mi alegría estalló por dentro.
El lobo salió. Se tumbó y esperó. Pasados unos minutos otro lobo, este más grande y corpulento que el anterior, salió del bosque y se unió al primero. Se tumbaron juntos permaneciendo unos minutos tomando el sol de la tarde. El día se había completado con un premio gordo de dos preciosos lobos que comenzaban sus andaduras.
El primer lobo se levantó y comenzó a andar, al momento, el segundo hizo lo mismo y los dos se acercaron hasta un brezal que los cubrió por completo; es curioso que este brezal era una línea, no muy ancha, que avanzaba unos cientos de metros. Los dos lobos se metieron en él y desaparecieron. Iban por el brezal. Ocultos. Seguros. En ningún momento salieron. Se perdieron en él. Son animales listos, inteligentes que saben que su conocimiento del lugar les ayuda a sobrevivir y estos sabían perfectamente por donde ir ocultos.
El día de la sierra terminaba. Había sido intenso y emocionante. Volveré.

viernes, 17 de mayo de 2013

Dos años. Gracias.
Hace unos días este blog cumplió dos años. Dos años que se han pasado volando. Dos años disfrutando de la naturaleza y viendo como lo que comenzó como un pequeño reto se ha ido convirtiendo en una gran satisfacción personal.
Antes de nada me gustaría agradecer a todos aquellos que habéis entrado y navegado por él, por este pequeño mundo dedicado a la naturaleza. Ya sea porque sois seguidores fieles, estéis registrados o no, o porqué entráis de forma esporádica, gracias, mil gracias. Sin vuestro apoyo, seguramente, este blog  no hubiera podido seguir adelante y menos, cumplir dos años, algo totalmente impensable cuando comencé ya que los primeros meses fueron bastante complicados.
En este segundo año el blog ha experimentado un considerable aumento de visitas. De las 15.000 del primer año hemos pasado a las casi 52.000 actuales y de las 79 entradas a las 150. Entradas en las que me he preocupado de contar algo qué tuviera algún interés y que la gente que lo leyera sacara alguna conclusión, aprendiera algo o quedara satisfecha con lo visto o leído.
A través del blog intento dar a conocer la importancia de lo que nos rodea, de valorarlo y, sobre todo, respetarlo. No soy biólogo pero me encanta saber más, conocer más cosas, en definitiva, aprender y, para eso, siempre hay tiempo, no lo dudéis, siempre se aprenden cosas nuevas.
Desde el principio me propuse contar vivencias de una forma amena y didáctica, lo habré conseguido o no según las opiniones de cada uno de los lectores pero, os aseguro, que en todas y cada una de las entradas que he publicado he puesto toda mi ilusión.
Mantener un blog activo y actualizado regularmente no es tarea fácil. Intento que los temas sean interesantes y agradezco enormemente vuestras visitas, comentarios y email. Comentarios que han subido desde los 150 de hace un año hasta los 565 de hoy mismo, comentarios que le dan vida a este espacio.
Algo que me sigue sorprendiendo sobre manera y que da muestras del mundo global en el que vivimos, es la procedencia de las visitas. Personas de 70 países diferentes han entrado en el blog. Entrado desde lugares tan dispares como Laos, Australia, Emiratos Árabes Unidos, Camboya, Finlandia o La República Democrática del Congo; y a todos ellos les une una cosa, el amor a la naturaleza. Algo que me parece fascinante.
También quiero agradecer enormemente a todos aquellos que me habéis dado consejos o prestado fotografías para algunas de las entradas. Todos formáis parte de este blog. 
Durante estos dos años no he dejado de aprender; espero seguir teniendo fuerzas y ganas de continuar compartiendo mis vivencias, experiencias, inquietudes u observaciones con todos aquellos que queráis seguir leyéndolas. Gracias…

lunes, 13 de mayo de 2013

El charco de los correlimos de temminck.
La tarde estaba siendo un poco triste, las lagunas estaban como apagadas, parecía que las aves estuvieran escondidas pero, todo cambió, en un charco.
Un encharcamiento aislado, muy cerca de un camino secundario, llamó mi atención. Paré. Miré desde lejos y pensé: "Vaya. Ahí hay un buen grupo". Aparqué el coche. Monté el telescopio y pude comprobar que el grupo de limícolas era muy variado así es qué para allí que me fui andando con cautela. 
La cigüeñuela era como Gulliver en el país de Liliput.
Según me acercaba volví a montar el telescopio y ante mis ojos aparecieron correlimos comunes, tridáctilos y menudos, archibebe común y claro, combatiente, chorlitejo grande, andarríos chico, cigüeñuela y...un correlimos de temminck se posó muy cerca de uno de los grupos de correlimos comunes pero se levantó y se fue más allá.
Correlimos de temminck junto a algunos comunes.
Correlimos tridáctilos.
Lo seguí con la mirada y pude comprobar donde bajaba. Al acercarme me encontré con Miguel Ángel García Matellanes, gran conocedor de la fauna zamorana, que estaba viendo otra zona del mismo encharcamiento. Después de comentarle que había visto a un temminck ir hacia allí, nos pusimos a buscarlo y... uno, dos, tres cuatro y hasta cinco pequeños temminck fueron apareciendo detrás de las hierbas o de los terrones que salían del agua como verdaderas islas en un pequeño mar, de muy poca profundidad, en el que debían de abundar insectos, larvas o renacuajos dada la cantidad de habitantes que había en el encharcamiento moviéndose sin parar.
Pareja de correlimos de temminck.
Se movían inquietos de un lado para otro. Sin descanso. Picoteaban. Buscaban y pasaban entre sus compañeros de encharcamiento. Si pincháis aquí podréis ver a una pareja de estos pequeños correlimos de temminck en uno de los vídeos que realizó Miguel Ángel García Matellanes mientras los observábamos.
4 temminck.
La cigüeñuela "gigante" detrás de estos dos temminck.
El grupo de los 5 correlimos de temminck.
Este pequeño correlimos es un visitante ocasional en nuestro país durante las migraciones que realiza desde el norte de Euroasia hasta sus zonas de cría en África tropical (también cría en el sur de Asia, en la península Escandinava y a veces, en Escocia).
Pequeños temminck buscando comida.
Nuestra satisfacción era evidente. Nunca había visto ese número de pequeños temminck. Se movían inquietos pero tranquilos. No paraban un sólo instante y se fueron mezclando con los chorlitejos grandes y los correlimos comunes mientras alguna cigüeñuela pasaba cerca de ellos como un auténtico gigante o algún correlimos menudo pasaba rápidamente de un lugar a otro como si alguien lo persiguiese.
El encharcamiento ocasional y aislado nos había regalado una observación tremendamente gratificante de un buen número y variedad de limícolas. Los pequeños temminck, después de algo más de una hora y cuarto, se levantaron y se fueron definitivamente.
La naturaleza es así. Un pequeño charco o encharcamiento puede estar lleno de vida. La naturaleza nos sorprende y, quizás, por eso, nos engancha y nos atrae.