miércoles, 25 de febrero de 2015

De paseo por Valorio II.
El 20 de Mayo de 2011 el Bosque de Valorio fue declarado Zona Natural de Esparcimiento de Castilla y León por la Junta. Figura jurídica de protección para “enclaves de fácil acceso desde núcleos urbanos para proporcionar a la población lugares de descanso, recreo y ocio de un modo compatible con la conservación de la naturaleza”. Esta declaración lo protege de futuras actuaciones irregulares o perjudiciales o no, quién sabe…
En este bosque sigo paseando y, desde la anterior entrada sobre Valorio, he podido ver nuevos habitantes que podemos encontrar estos días en el bosque; me voy a centrar en algunos no muy comunes o muy raros de encontrar. El primero de ellos es un ave que nunca había visto en el bosque y que, en teoría, todavía no debía de estar en la península Ibérica pero que, seguramente, sea uno de esos ejemplares invernantes que pasan los meses más fríos entre nosotros, el torcecuello.
Hace unos días J. Alfredo Hernández, amigo y el mejor conocedor del bosque de Valorio y sus habitantes, descubrió la presencia de un torcecuello en Valorio. Al día siguiente de descubrirlo Alfredo fui a intentar verlo; después de más de una hora de buscar donde había sido visto, decidí marchar ya que no aparecía por ningún lado pero, en muchas ocasiones, suceden las cosas sin buscarlas, ni esperarlas, por entera sorpresa y casualidad, así fue, cuando, un par de días después, pasé por el lugar y, sin buscarlo, apareció.
Allí estaba. En el suelo. Comiendo. Mirlos comunes y estorninos eran compañeros de banquete de este desconfiado pájaro carpintero que comía agachado pero pendiente constantemente de lo que sucedía a su alrededor; se movía a pequeños saltos, como los mirlos pero no dejaba de mover la cabeza y estirarse de vez en cuando para observar todo lo que le rodeaba.
Es un pájaro carpintero atípico ya que no hace los nidos como los demás carpinteros picoteando el tronco de un árbol, ni apoya su cola en el tronco para mantener el equilibrio pero si tiene una larga lengua que le permite rebuscar en grietas de los árboles o en suelo, entre las hierbas, para comer su plato favorito, las hormigas, como estaba haciendo este que se movía por el jardín sin llamar la atención.
Mi primer recuerdo de un torcecuello es, como muchos otros, un recuerdo de infancia, de una infancia en la que el viernes por la noche estaba reservado para el capítulo de El Hombre y la Tierra del gran Félix Rodríguez de la Fuente, en uno de esos capítulos el torcecuello estaba metido en un tronco caído en el suelo y un turón se le acercaba; ahí descubrí el por qué de su nombre ya que cuando el turón se le acercaba, el torcecuello se movía adelante y atrás, se estiraba, se contorsionaba y encogía y retorcía la cabeza como si fuera una serpiente con lo cual el turón estaba totalmente desconcertado, tiempo suficiente para que el torcecuello saliera del tronco y escapara. (Los que no conocéis estas imágenes os recomiendo que lo veáis aquí). Este peculiar movimiento de cuerpo y cuello es un efectivo sistema de defensa pero también lo utiliza en el cortejo girando la cabeza unos 180º.
El torcecuello seguía comiendo. Sobre el verde del césped se veía perfectamente su color, si aún sobre el verde intenso es difícil de ver imaginaros cuando está en un árbol; es mimético, es una prolongación de la corteza. Sus colores pardos, negros y grises y su disposición le hacen ser un ave muy difícil de ver y de encontrar,  incluso cuando canta, lo estás oyendo pero no hay manera de localizarlo.
Ver un torcecuello en Valorio es muy complicado y, estas fechas, más todavía aunque como me comenta J. Alfredo Hernández con su voz tranquila y sosegada cada cierto tiempo se ve alguno en el invierno, espero poder ver a esta ave tan curiosa y hermosa algún día más por el bosque.
Muy cerca de donde se encontraba el torcecuello han estado un par de semanas un pequeño grupo de zorzales alirrojos.
El zorzal alirrojo es el más pequeño de los zorzales que tenemos y es, también, un ave muy hermosa. Es esbelto, elegante, inquieto, con una característica franja blanca sobre el ojo y el tono rojizo bajo sus alas. Siempre lo he visto en la misma zona, rebuscando incansablemente entre la hojarasca hasta localizar alguna lombriz que rápidamente se comía ya que estaba constantemente acosado por los mirlos que, superiores en tamaño y en número, rápidamente iban a quitarlo del lugar en el que estaba escarbando.
En el mismo lugar también se movían zorzales comunes que, al igual que los mirlos comunes, acosaban a los zorzales alirrojos en las zonas en las que rebuscaban; cuando el alirrojo se veía amenazado subía a la rama de un árbol y esperaba a que pasara el peligro ya fuera una persona o a que el mirlo o zorzal común se fueran.
Algo también curioso es que uno de esos días pude ver otro zorzal que nunca había visto en Valorio, el zorzal charlo que también estaba junto a los alirrojos y los comunes pero no lo he vuelto a ver.
Si he podido disfrutar de tres zorzales diferentes también, en el mismo día, pude ver cuatro de nuestros siete pájaros carpinteros: el pico menor, el pito real, el pico picapinos y el torcecuello; esta época es la mejor para verlos ya que los árboles están limpios de hojas y se localizan mejor (aunque no es fácil). 
Una auténtica gozada ya que los pájaros carpinteros me gustan especialmente quizás por la evocación bucólica de que mi abuelo era carpintero y, mucho tiempo de mi infancia y juventud, la pasé en su carpintería a orillas del Río Duero.
El picogordo es otro de los que comían cerca de donde se encontraba el torcecuello. Como digo muchas veces, Valorio es agradecido y siempre que bajas ves algo, más o menos, pero ves algo. 
Búho chico, agateador común, herrerillo, carbonero, lavanderas, mitos, moscones o petirrojos y colirrojos se pueden ver estos días moviéndose por el bosque. Incluso, viendo muy poco, pasear por el bosque siempre es una auténtica delicia. 

domingo, 22 de febrero de 2015

Tórtola europea: el preocupante declive del ave del año.
Desde 1988 SEO/Bird Life elige un ave (por votación) cuya situación se encuentre en un estado preocupante o que haga falta que nos fijemos un poco más en sus problemas. Este año 2015 ha sido elegida la tórtola europea como ave del año, una especie que ha pasado de ser común en nuestros campos a verse mucho menos, aún siendo una ave con una buena población hay que tener una seria concienciación del enorme declive que ha experimentado en los últimos tiempos.
Hace años se veían tórtolas europeas con bastante frecuencia, en buenos números y en muchas localidades de nuestra provincia algo que ha cambiado por completo; el declive de esta especie es espectacular y alarmante; como ejemplo valga que solamente he visto tórtola europea en el 2014 en dos ocasiones, en dos comarcas zamoranas, una al sur, La Guareña y otra al noroeste, Sanabria. Este hecho quizás para muchos de vosotros no sea significativo pero para mi si ya que hace años las veía en muchas localidades sin ni siquiera buscarlas, había un número muy importante de ejemplares.
La tórtola europea es la más pequeña de las palomas; es un ave realmente hermosa de colores vistosos donde los ocres, marrones, grises, negros o rosados se entremezclan como si hubieran sido pintados por un pintor de renombre, tiene una estilizada figura y penetrante mirada envuelta en una mancha orbital de un rojo intenso que rodea un ojo naranja-rojizo despierto y atento a cualquier peligro que se pueda acercar.
La tórtola europea viene a la península Ibérica a finales del mes de abril para criar en nuestros campos y migrar a África sobre el mes de octubre. En España está catalogada como Vulnerable en el Libro Rojo de las Aves, estimándose una población  de entre 800.000 y 1.000.000 de parejas.
Aún con estas cifras su descenso ha sido alarmante y preocupante, según la Fundación Biodiversidad a través del Ministerio de agricultura, alimentación y medio ambiente: "En España se ha cifrado ese descenso entre un 20% y un 49% de la población en 20 años".
Las razones fundamentales de este declive son la degradación de sus zonas de cría y la enorme presión de la caza que tiene que soportar en épocas muy sensibles de su ciclo vital. Así, durante el mes de agosto, en el que se abre la media veda, muchas tórtolas son cazadas mientras están criando aún, con lo cual, sus pollos, también morirán; si no son cazadas y los pollos comienzan a salir de los nidos son fácilmente cazables dada su inexperiencia e incapacidad para poder hacer vuelos de huida de los cazadores.
A la degradación de sus zonas de cría o la caza hay que añadir un competidor relativamente nuevo, la tórtola turca, una ave invasora que apareció por primera vez en Asturias en 1960 (Castroviejo) y comenzó a criar en 1974 en Santander (González Morales) para ir extendiéndose y creciendo exponencialmente por toda la península Ibérica hasta convertirse en un verdadero problema en muchas zonas.
Todas las especies invasoras son introducidas pero no todas las introducidas son invasoras. Para que una especie se considere invasora debe de asentarse y ser capaz de criar, es decir, se debe asentar y si entonces afecta a las especies autóctonas, se considerará invasora; por lo tanto la tórtola turca es una especie invasora que se ha hecho muy común y abundante.
El declive de la tórtola europea es un hecho relevante que debería de tener más repercusión ya que la concienciación de su enorme bajada pasa, como con muchas cosas relacionadas con la naturaleza que nos rodea, totalmente desapercibida o no se le da la importancia que merece y tiene.

martes, 10 de febrero de 2015

El leucismo.
Hace unos días pude ver un grupo de grajillas muy cerca de mi casa que picoteaban en el suelo, todo parecía normal pero, al fijarme, me di cuenta que había dos de ellas que tenían algo peculiar, algo diferente, eran parcialmente blancas, eran dos grajillas con un posible leucismo.
El leucismo es una rareza genética debida a un gen recesivo, se produce por que, aunque el ave produzca melanina (pigmento de color negro o pardo negruzco) de forma normal, el pigmento no se deposita en las células de las plumas, con lo cual quedan blancas en vez de su coloración normal. Las aves con leucismo no tienen plumas de color intermedio. Cada pluma es de su color natural o completamente blanca. 
Alrededor de donde vivo hay varias iglesias románicas y, en ellas, habitan varios grupos de grajillas. En esas grajillas tengo comprobada la existencia de tres con posible leucismo, estas dos y otra que tiene la cabeza blanca y, siempre que la veo, voy sin cámara de fotos (pasa más veces de las que nos gustaría); es, desde luego, un animal muy curioso.
En todo organismo nos encontramos con genotipo y fenotipo. El genotipo es toda la información genética que tiene un organismo, es decir, los genes. Por el contrario el fenotipo son sus rasgos.
Toda la información que tiene un organismo en los genes, puede manifestarse o no manifestarse, es decir, puede verse o no verse. Por lo tanto el fenotipo será la expresión de esos genes más la influencia que pueda ejercer el medio que rodea al organismo.
Estos rasgos del fenotipo pueden ser de comportamiento (etología) o de rasgos físicos (morfología, fisiología,…). En definitiva, el genotipo son los genes del organismo y solamente se pueden apreciar estudiando el ADN y el fenotipo es la manifestación visible de esos genes que se ve mediante la observación directa de ese organismo.
En el caso de estas aves leucísticas para que sea visible (fenotipo) este color blanco en su descendencia, tiene que darse la coincidencia de que esa ave se empareje con otra que también lleve en sus genes (se muestre o no) ese gen recesivo que le provoca el leucismo.
En el leucismo hay diferentes grados y según pasa el tiempo el animal leucístico se va poniendo cada vez más blanco como le pasó al ave con leucismo más impactante y hermosa que he visto, el mirlo blanco.
A este mirlo le dediqué una de las primeras entradas del blog. A este mirlo lo estuve viendo varios años pero no lo he vuelto a ver desde hace algo más de dos años con lo cual, seguramente haya desaparecido pero, por la zona en la que andaba, hay un nuevo mirlo con alguna pluma blanca, muy posiblemente descendiente suyo y que si se corrobora que tiene leucismo se irá poniendo cada vez más blanco.
Un animal con leucismo no es albino, son cosas diferentes; el albinismo es la incapacidad para fabricar melanina, por eso, quienes lo portan, son completamente blancos; mientras que en el lecuismo el ave produce melanina de forma normal pero no se deposita en las células de las plumas poniéndose algunas totalmente blancas; además las aves con leucismo tienen el pico, los ojos y las patas de color normal no como los albinos que tienen los ojos rojos.
En muchos parques o colecciones particulares se han seleccionado los individuos leucísticos por su vistosidad como, por ejemplo, con los pavos reales.
También puede suceder lo contrario, es decir, cuando se produce un exceso de melanina en el plumaje, volviéndose oscuro (negro o marrón oscuro). Entonces, se llama melanismo, pero eso puede ser otra historia.

viernes, 30 de enero de 2015

Un paseo por el bosque de Valorio.
El bosque de Valorio es el bosque por el que paseamos o hacemos deporte muchos zamoranos. Bosque de unas 80 hectáreas y unos casi tres kilómetros de longitud situado en la misma ciudad de Zamora que a lo largo de los siglos ha ido cambiando sus usos. Desde la Edad Media se conoce su aprovechamiento forestal con replantaciones sucesivas hasta que en 1762 se plantaron los grandes pinos piñoneros que actualmente pueblan el bosque en su parte central.
Entre 1841 y 1852 se reforesta de nuevo y reacondiciona con la construcción del gran paseo de entrada, la Casa del Guarda, el estanque de Los Pinares y la Fuente del León en 1884 siguiendo las ideas románticas de la época. El bosque va perdiendo extensión a lo largo de los siglos y en 1927, con la llegada del tren, termina por configurarse su tamaño actual.
En este bosque hay una gran diversidad de vida que suele pasar desapercibida para la mayoría de la gente que pasea por sus caminos (según los datos de J. Alfredo Hernández, amigo y uno de los mayores conocedores del bosque, por no decir el mayor conocedor, 158 especies de vertebrados lo pueblan). En este bosque me gusta pasear, sobre todo en invierno, en los días de fuertes heladas que cubren el verde intenso que lo alfombra.
Un paseo por el bosque puede deparar un buen puñado de sorpresas que van apareciendo según avanzas entre sus pinos, junto al riachuelo que lo atraviesa o en sus laderas pero, como sucede en muchas ocasiones, hay días que ves muy poco y otros, en cambio, los avistamientos se suceden; así me ocurrió en mi último paseo por el bosque.
La tarde estaba soleada, hacía frío pero el sol era agradable e iluminaba los verdes, los marrones, los ocres y los grises que salpican el bosque.
De todas las aves que pude ver en esa tarde me gustaría destacar algunas de ellas, en primer lugar las tres que pude disfrutar de la familia de los pájaros carpinteros. Pájaros carpinteros que están íntimamente ligados a la madera ya que de ella consiguen alimento y en ella construyen sus nidos. Durante muchos años tuvieron la mala fama de "secar los árboles", nada más lejos de la realidad y que, definitivamente, se ha ido corrigiendo en los últimos tiempos.
En primer lugar el más pequeño, el pico menor, un pequeño habitante del bosque, es el más pequeño de todos los pájaros carpinteros que tenemos en la península ibérica, poco más grande que un gorrión, tan pequeño que pasa totalmente desapercibido en innumerables ocasiones. Tan pequeño que verlo no es nada fácil, es escurridizo y se adapta perfectamente al entorno en el que vive. Lo localicé por el sonido.
Un pequeño repiqueteo sonaba entre los árboles, por el sonido tan bajo, había muchas probabilidades que fuera un pico menor así es que me paré y esperé en silencio a ver de donde provenía; pasados unos minutos el suave repiqueteo volvió lo que me permitió moverme para localizarlo. Después de hacer varias veces la misma operación localicé al pequeño carpintero.
Allí estaba, picoteando en una fina rama, era un macho que se movía sin parar. Se adapta perfectamente al tronco del árbol, sus colores y su pequeño tamaño le hacen pasar casi totalmente desapercibido.
El pico menor ha bajado mucho en su población por varias razones, siendo las más importantes la perdida de su hábitat, la eliminación de troncos caídos y viejos y por malograrse muchas de sus puestas y polladas como le pasó a la pareja que estuve siguiendo esta primavera pasada que, después de dos puestas, no consiguieron sacar ningún pollo. 
El siguiente pájaro carpintero que pude ver, siguiendo su tamaño, fue el pico picapinos que, nuevamente localicé por el sonido de su repiqueteo en uno de los grandes pinos piñoneros de 253 años que se sitúan en el centro del bosque.
El pico picapinos golpeaba fuertemente con su peculiar pico que no tiene totalmente recto, sino que tiene una ligera curva para evitar que se rompa, de este modo transforma cada golpe que da en el árbol en una fuerza de empuje.
Pero si golpea tan fuerte, ¿cómo no le repercute en el cráneo? Esto sucede porque entre el pico y el cráneo está reforzado con un tejido esponjoso y tiene unos músculos que se tensan en contra del sentido de los golpes, de tal manera que absorberá la fuerza del impacto.
El siguiente fue el pito real, el más grande de los tres, que localicé también por el sonido pero esta vez por su fuerte reclamo que resuena en el bosque. 
El pito real es muy territorial y, en esta época, controla su territorio. Estos pájaros conviven con la misma pareja toda su vida permaneciendo separados hasta la época de cría en la que se juntan de nuevo.
Al verlo moverse por el tronco del árbol te das cuenta de que está perfectamente diseñado para vivir en vertical gran parte de su vida, está perfectamente adaptado, se agarraba al árbol con sus dedos dispuestos dos a dos, es decir, dos apuntan hacia adelante y dos hacia atrás, para agarrarse con facilidad, además de la cola tan corta y robusta que apoya contra el tronco para tener mayor estabilidad, es otro punto de apoyo.
Otro de los habitantes que me encontré fue uno ocasional, el picogordo que, en invierno, viene al bosque.
Es un ave curiosa, de cabeza voluminosa, pico grande y fuerte, cuello ancho y cuerpo grueso con alas relativamente cortas que se mueve cautelosamente de un árbol a otro o al suelo en busca de comida donde recogerá las semillas que pueda encontrar.
En su viejo hueco estaba el cárabo. Mimético. Está pero parece que no está. Asomado desde su atalaya. Dormido. Tranquilo. 
En su posadero diurno que cambiará en cuanto se acerque la noche, su día, su momento. Momento que comparte con otro de los habitantes del bosque de Valorio, el búho chico.
Esa tarde pude disfrutar de más habitantes del bosque de Valorio como esta preciosa lavandera blanca enlutada.
La noche se adueñaba poco a poco del día y las sombras comenzaban a engrandecerse por momentos, era hora de marchar, de abandonar este precioso bosque hasta otra ocasión en la que podré disfrutar de sus habitantes que seguían moviéndose en el declinar de la tarde; según marchaba iba recapitulando  algunos de los habitantes del bosque que había podido disfrutar como el mosquitero común, el colirrojo tizón, algún petirrojo, varios zorzales comunes y alirrojos, una preciosa lavandera cascadeña, los fijos mirlos comunes además de herrerillos y carboneros comunes, o algún ánade azulón que se movía por el riachuelo, sin olvidarme del pinzón vulgar, el estornino negro y el gorrión común. Todos habitan este precioso y entrañable bosque que muchos zamoranos llevamos muy dentro de nosotros desde muy pequeños.
En el blog podéis encontrar anteriores entradas sobre el bosque como estas dos que podéis ver pinchando en las siguientes imágenes.
Esta primera habla un poco de la historia y características del bosque.
La segunda es sobre el búho chico y "sus armas".
Espero que los que no las conozcáis las disfrutéis como lo hago yo cuando voy a pasear por sus caminos.

domingo, 25 de enero de 2015

Dejar al lobo en paz.
Las últimas semanas estamos asistiendo a una escalada de radicalismo absoluto en el mundo del lobo (más de lo que está). Ya no hay dos partes diferenciadas claramente, los que están a favor y los que están en contra; actualmente nos encontramos con que los que están a favor del lobo se están dividiendo (es lo peor que puede pasar) ya que cierto grupo proteccionista  con sus acciones de destrucción de casetas, grabadas y lanzadas al mundo de la red han conseguido que los mismos defensores del lobo se hayan dividido entre los que están a favor de acciones tan explosivas como esas y los que piensan que esas acciones, en última instancia, son más perjudiciales para el lobo que beneficiosas. Mientras tanto, los detractores del lobo, se unen más y se frotan las manos viendo el bochornoso espectáculo de acusaciones, insultos  y menosprecios entre los que defienden a este bien que debemos preservar, el lobo.
Cuando se persigue la notoriedad o la fama de manera inconsciente y compulsiva el fin que persigues (que será lícito y bueno) se convierte en secundario ya que sobre lo que se incide o lo que se recuerda es la acción radical, no el fin en sí mismo. Con estas actuaciones se está dando pie a que radicales del otro extremo (los detractores del lobo) también se radicalicen más y se aliente su odio al lobo reforzado por estas acciones e incluso gente que estaba en una situación de amor-odio hacia tan preciado animal acaba cayendo en el lado del odio.
¿Por qué no dejamos al lobo en paz? Lo peor que puede suceder en muchos ámbitos de la vida es el radicalismo absoluto, las cosas casi nunca son blancas o negras, tienen matices y esos matices hay que tratarlos, pulirlos y negociarlos para llegar a acuerdos que beneficien a todos, pero sobre todo al lobo que, en este caso, es el principal perjudicado.
El tema del lobo hay que tratarlo con mesura, con tranquilidad y con cabeza; en este tema sobran los extremismos, radicalismos, exageraciones, insultos, salidas de tono y utopías imposibles. Hay que ser, lo primero, educado y si defiendes tus argumentos con exabruptos pierdes toda la razón que puedas tener. No es lógico que se quiera defender al lobo atacando a todo aquel que no comulga contigo (o al revés). Es un gran error porque, al final, el perjudicado será el lobo.
Se están soliviantando los ánimos de todos aquellos que no comulgan con el lobo, e incluso de asociaciones, naturalistas o empresas que ven al lobo como un recurso importante pero que lo defienden de otra forma; de una forma educada, exponiendo sus principios y sin soliviantar a nadie, escuchando a todos e intentando llegar a algún acuerdo.
Esto se ha roto. Los que están en contra del lobo están metiendo a todo el mundo que defiende al lobo en el mismo saco. Craso error ya que no es así, no es cierto que todos los defensores del lobo seamos radicales, no quiero que nos metan en ese saco.
Cuando buscas una publicidad desmesurada lo único que se consigue es que salga en todos los medios de comunicación nacionales, incluso internacionales; pero, ¿eso le interesa al lobo? Esa publicidad ¿es práctica para el lobo?; sinceramente, creo que lo único que se consigue es caldear más el ambiente de lo que está con una actuación sensacionalista para llamar la atención, que puede perjudicar más al lobo que beneficiarle.
Los ánimos están demasiado caldeados. La guerra está servida en todos los frentes porque ahora no hay a favor y en contra del lobo, no. Ahora mismo están los de en contra del lobo y dentro de los que están a favor ha surgido una nueva guerra por la manera de actuar y comportarse.
Lo que más debería de haber, no lo hay. Mesura. Las opiniones están enquistadas y así es imposible llegar a un acuerdo, nadie cede, nadie acerca posturas. No hay que ser radical. Hay que intentar defender al lobo desde posturas educativas, lógicas y razonables, no desde posturas enfrentadoras, provocativas y agresivas que lo único que consiguen es tirar por tierra lo que se ha conseguido en los últimos quince años, que ha costado tantos esfuerzos y sinsabores.
Al lobo hay que cuidarlo, valorarlo y respetarlo desde posturas coherentes, educadas y haciendo una labor de educación ambiental en todos los ámbitos posibles (niños, medios de comunicación, grupos, colegios, asociaciones, internet...) y no desde posturas radicales e inflexibles que lo único que consiguen es soliviantar los ánimos en contra de ese animal tan preciado que debemos de cuidar, el lobo.

lunes, 19 de enero de 2015

De paseo por el río.
En estos días de nieblas y más nieblas los paseos por el río Duero a su paso por Zamora son mágicos; la humedad y la niebla le dan un aspecto de cuento encantado en el que surgen sus pequeños habitantes que se mueven temerosos, decididos, dispuestos a buscar un sustento que en el invierno es más duro de encontrar con lo que se refugian en carrizos, arbustos y arboledas de la orilla del río donde encuentran cobijo, alimento y protección.
Este mundo está habitado por innumerables pajarillos que vuelan rápidos entre los carrizos y los árboles. Nos encontraremos con pajarillos comunes que habitan todo el año y con otros que pasan aquí el invierno.
Gorriones comunes y molineros son fáciles de ver, al igual que mirlos comunes, petirrojos, herrerillos comunes, carboneros comunes o colirrojos tizones, pero otros son más esquivos o temerosos moviéndose más ocultos o en horas más tranquilas.
Aquí tenéis un buen ejemplo de algunos de los pajarillos que se pueden encontrar estos días por el río Duero a su paso por Zamora: 
Petirrojo.
Moscón.
Lavandera cascadeña.
Lavandera blanca.
Escribano palustre.
Verdecillo.
Pinzón vulgar.
Gorrión molinero.
Jilguero.
Agateador común.
Martín pescador.
Curruca capirotada (macho).
Curruca capirotada (hembra).
Verderón.
Mosquitero.
Mito.
Zorzal.
Colirrojo tizón.
Carbonero común.
Mientras los pajarillos se mueven entre los carrizos y los árboles otros habitantes del lugar andan ocupados en temas amorosos...
Otros se dedican a buscar y encontrar alimento que se comen espectacularmente tras una gran escaramuza para intentar arrebatarle la tan preciada comida. 
Cormoranes, cigüeñas blancas, garzas reales, gallinetas y garcillas bueyeras son otros de los habitantes de este tramo del río Duero.
También hay otro habitante que estos últimos años pasa el invierno en esta zona, el avetorillo.
Grajillas, cornejas, urracas, estorninos, bisbitas, pito real y mirlos también son comunes pero en ocasiones el pico menor, el torcecuello o el picogordo se dejan ver por la zona.
Picogordo.
Pico menor.
Andarríos chico, gaviotas (sombrías y reidoras) y fochas también aparecen estos días por las orillas del río.
Andarríos chico.
Gaviota sombría.
Mis abuelos vivían en una de sus orillas; antes de llegar al puente de piedra, en la orilla derecha, mi abuelo tenía su taller de carpintería con su fachada rosa que durante muchos años fue lugar de reunión en la Zamora de los años cincuenta, sesenta y setenta de futuros pintores, escultores, músicos, escritores o tallistas como Antonio Pedrero, Ramón Abrantes, Coomonte, Claudio Rodríguez, Julio Mostajo, Alito, Alberto de la Torre Cabero, Arturo, Miguel Pérez, Ricardo Flecha (padre), Alfonso Bartolomé, Jesús Hilario Tundidor, Castilviejo, Julio "el escayolista", Tomás Crespo o Miguel Berdión entre otros, a hablar, componer, tocar música o a que mi abuelo les prestara una madera, un lienzo, un bastidor o unas pinturas. Eran jóvenes artistas y amigos de mis tíos que buscaban un futuro que les sonrió y cuando se hicieron importantes siempre que podían bajaban a ver al señor Manolo y a la señora Angelita; ahí es cuando yo los veía y me admiraba que gente tan importante bajara por allí, por el taller, por una simple carpintería; siempre fueron agradecidos y bastantes años después muchos participaron en un homenaje que le hicieron a mi abuelo con una exposición.
En ese taller pasé gran parte de mi vida. Ese taller forjó mi carácter y ese taller se encontraba al lado del río donde mi abuela o mi madre, de niña, lavaban la ropa en su orilla, se cogía una barca para pasear por sus aguas o se pescaba para la comida. En ese río veíamos multitud de animales. Ese río marcó los barrios bajos. Ese río marcó la ciudad.
Voy muy a menudo a pasear por sus orillas o a hacer deporte. Ese taller ya no existe. Se cerró hace muchos años pero cada vez que paso siempre se me escapa una mirada o una sonrisa.
Los habitantes del río van cambiando a lo largo del año, unos se van, vendrán otros y permanecerán algunos todo el año. Es un río cuyas aguas chocolate están llenas de vida, solamente hace falta tener un poco de suerte para encontrártela.