domingo, 15 de marzo de 2015

Gracias Félix.
Ayer, 14 de marzo se cumplieron treinta y cinco años de la muerte de Félix Rodríguez de la Fuente y, casualmente, también cumpliría 87 años ya que nació y murió el mismo día.
Hace dos años escribí en el blog una entrada de la que quiero recuperar ciertos pasajes ya que es una entrada con profundos sentimientos y emociones muy internas que me sucedieron cuando era muy pequeño pero que las recuerdo con total nitidez.
Mucho se ha escrito de él y su vida; alabanzas, parabienes y críticas; así es que no voy a repetir lo sobradamente conocido; pero quiero intentar transmitir en esta entrada la importancia que tuvo para mucha gente, sobre todo niños, entre los que me incluyo.
Al darse la coincidencia de que nació y murió el mismo día me gustaría felicitarle como si cumpliera esos 87 años y darle las gracias por todo lo que ha supuesto para mi.
Gracias Félix por abrirme los ojos: a finales de los años setenta yo era un pequeño niño inquieto, movido, al que le interesaban todas las cosas que no sabía o no entendía, que se escapaba los viernes por la noche de la cama (no podía despertar a mi hermano que era más pequeño) y se sentaba en el sofá, pegado a la televisión, esperando ansioso a que empezara aquella música que le erizaba los pelos en cuanto comenzaba a sonar y un mundo nuevo se abría ante sus ojos. Un mundo maravilloso. Un mundo lleno de situaciones espectaculares, tiernas, dramáticas, divertidas. Un mundo que estaba allí fuera, al lado de nuestra casa, en nuestros campos. Un mundo fascinante.
Gracias Félix por enseñarme la naturaleza: los capítulos de El Hombre y la Tierra marcaron a una generación de niños que mirábamos fascinados, intrigados, extasiados la naturaleza más cercana, la que nos rodeaba. Seguimos a los lobos en sus andanzas. Conocimos a Gaspar que era capaz de romper un huevo con piedras. Vimos cómo una turona defendía a sus crías de una serpiente. Observamos fascinados y temerosos cuando una nutria cogió a un cervatillo y lo sumergió en un río. Descubrimos algo que se llamaba lirón careto o a las grandes aves que eran capaces de coger hasta una cabra y llevársela o a pequeños pájaros que eran capaces de bucear. Nos adentramos en madrigueras y huecos de árboles. La fascinación era total. 
Gracias Félix por hacernos comprender la importancia de las especies: el embrujo de aquellos capítulos todavía me recorre la sangre (tengo todos y los veo de vez en cuando). Aquel hombre nos enseñó la naturaleza con sus cosas buenas y malas, con sus maravillas y sus problemas, con sus alegrías y sus miserias. Nos enseñó a conocerla, apreciarla y respetarla. Nos enseñó que teníamos que intentar protegerla. Nos mostró animales que podían desaparecer como el lince o el águila imperial y porqué no debían de dejar de existir. Nos mostró el camino a toda una generación de niños. Nos enseñó a valorarla y respetarla.
Recuerdo cuando murió. El impacto que supuso fue tremendo. Me enteré de su muerte en la calle. Había salido del colegio y en el escaparate de una tienda vi una noticia en un periódico que me heló la sangre. Había muerto Félix. El hombre que me había enseñado la naturaleza. Una fotografía con una avioneta estrellada acompañaba la noticia. Era cierto, y una gran lágrima se me escapó en plena calle. Miré a mi madre y me lo corroboró con la mirada y un asentimiento de cabeza que no daba lugar a dudas. Había muerto el defensor de los animales.
Gracias Félix por meternos en el cuerpo el gusanillo del amor por la naturaleza: muchos de esos niños que mirábamos fascinados la televisión dedicaron su vida a la naturaleza, ya fuera de forma profesional o como una maravillosa afición.
Si algo consiguió Félix Rodríguez de la Fuente fue que conociéramos, valoráramos, apreciáramos y respetáramos la naturaleza más cercana, la que está en nuestros campos, en nuestras tierras y que merece toda nuestra comprensión, reconocimiento y fascinación. 
Félix nos enseñó todo eso y mucho más. Seguramente muchos de los que leéis este blog os sintáis identificados con lo que digo; si así fuera, Félix habría hecho un gran trabajo. Siempre le estaremos agradecidos. Gracias Félix.

viernes, 13 de marzo de 2015

Han vuelto los patos colorados.
El pasado 8 de marzo Alfonso Rodrigo descubrió en las graveras de Coreses cuatro ejemplares de pato colorado, dos hembras y dos machos que han llegado a las pequeñas lagunas casi un año después de que lo hicieran por primera vez.
En abril de 2014 también Alfonso Rodrigo descubrió la presencia de dos hembras y un macho de pato colorado; el 28 de mayo de 2014 descubrí la presencia de cuatro preciosos pollos, hecho que supuso la primera cita de cría de esta especie en Zamora.
El 27 de junio de 2014 fue la última vez que pude ver a los dos pollos supervivientes; pudiendo comprobar que uno de ellos apareció nuevamente por las lagunas el 23 de septiembre de 2014. Desde entonces nada de nada hasta el pasado 8 de marzo, día en el que apareció un macho más de los que vinieron en abril de 2014, ¿pudiera ser ese segundo macho uno de los pollos supervivientes del año pasado? Quién sabe, es una posibilidad que nunca se podrá confirmar.
¿Dónde han estado todos estos meses? ¿Han bajado al sur o han estado ocultos en cualquier otro punto cercano hasta la época de cría? Preguntas sin respuesta que dan paso a todo tipo de especulaciones pero desde luego aquí están nuevamente y uno más, lo que si podremos saber es si van a criar o no, el tiempo lo dirá; esperemos que una o las dos parejas consigan sacar adelante una nueva prole que será la segunda pollada que nace en la provincia de Zamora y segundo lugar de cría en Castilla y León junto con el embalse de Monteagudo en Soria.
Las dos parejas se han asentado en una de las pequeñas lagunas; los machos están preciosos con sus llamativos colores destacando en la laguna y ya se puede ver a los dos machos sacando materia vegetal del fondo de la laguna para ofrecérsela a las hembras que rápidamente la cogen de su pico y la comen. El tiempo dirá si crían o no.
Las graveras de Coreses han pasado un invierno complicado, el número y variedad de aves han sido muy bajos siendo una de las causas principales la extraña invernada que hemos tenido en general pero también la presión que han ejercido sobre ellas ciertos cazadores que se han dedicado a cazar en un lugar prohibido; parece que esta llegada de la primavera ha supuesto una bocanada de aire fresco a las lagunas.
En este otoño-invierno pasado algunos de los habitantes más curiosos que he podido ver ha sido la presencia de un tarro canelo (anillado), 21 ánades rabudos o tres espátulas anilladas cuyos anilladores no han contestado desde su observación hace varios meses (algo que por desgracia sucede más de lo que sería deseable); las tres espátulas han sido anilladas en Alemania, Francia y Holanda, pero de sus historiales nada de nada, sin contestación (una lastima, luego querrán que se le manden las observaciones). 
Grupo de ánades rabudos junto a patos cuchara.
Tarro canelo junto a azulones.
Otros habitantes que se pueden ver en este momento por las graveras son: chorlitejo grande y chico, cormorán grande, somormujo lavanco, ánade friso y azulón, pato cuchara, andarríos grande y chico, agachadiza, porrón moñudo, focha común, zampullín chico, cigüeñuela, gallineta o garza real; sin olvidarnos de una buena variedad de pajarillos como el escribano palustre o el gorrión molinero o algunas rapaces como el aguilucho lagunero.
Confiemos que los patos colorados críen también este año, veremos...

miércoles, 4 de marzo de 2015

Cabra montés en Zamora.
El día estaba desapacible, frío, revuelto, el viento traía las finas gotas de lluvia que para unos sería niebla meona y para otros chirimiri; las empinadas rocas de las cumbres se cubrían con nubes que bajaban y subían por el precioso valle que poco a poco se abría para terminar en suaves prados y bosques que se veían iluminados por los rayos del sol que luchaban por salir de entre las nubes. Allí estábamos. Subidos en una roca. Esperando. Buscando. Escudriñando la ladera de enfrente con la esperanza de ver algún movimiento, algún síntoma de que las cabras montesas estuvieran en el valle.
Poli es un hombre tranquilo, sereno, amante de la naturaleza y conocedor absoluto del bosque, la sierra y sus habitantes. Hablar con él es aprender, es una fuente de conocimiento mamado en el campo y un extraordinario fotógrafo, además de amigo. Muchos de vosotros habréis visto fotos suyas en muchos lugares sin saber que lo son; fotografías que guarda, cede y enseña sin darse importancia alguna cuando muchos otros "matarían" (en el buen sentido de la palabra) por conseguir alguna de las fotos que él tiene. Poli es una persona sencilla que ama la naturaleza y no se da importancia de sus logros; con él me encontraba en la peña buscando las cabras montesas.
Después de un rato de revisar peñas y laderas nos giramos y...¡allí estaban! Estaban a nuestro lado, a escasos 80 metros, en una peña más baja que la nuestra, mirándonos, los extraños éramos nosotros.
La cabra montesa desapareció de la provincia de Zamora en el primer tercio del s. XX al igual que el oso, el rebeco y un poco más tarde el lince. En enero de 2006 se reintrodujeron trece ejemplares de cabra montés con futuros fines cinegéticos (al igual que los ciervos en la Sierra de la Culebra); estos ejemplares se adaptaron poco a poco a su nuevo territorio y comenzaron a criar.
Allí estaban. Mirándonos. Expectantes. En esta época las cabras montesas están agrupadas; machos, hembras y crías están en el mismo grupo, el celo ya ha terminado pero siguen juntos un tiempo más; han bajado de las altas cumbres a las zonas medias y escarpadas de los valles.
Nos miraban atentas. Expectantes. En cuanto hiciéramos un  movimiento en falso se irían. Su pelaje de invierno es como una suave y amorosa borra que dan ganas de acariciar. Nos miraban. Nos estaban calibrando con sus curiosos ojos en los que destaca, por encima de todo, su pupila horizontal (si queréis recordar por qué la tienen así pinchar aquí) que le da un aspecto extraño y diferente a la mirada. Pasados unos minutos decidieron bajar tranquilamente, sin asustarse, no éramos una amenaza pero más valía poner una distancia prudencial entre ambos.
Las perdimos de vista y bajamos hasta la roca en la que habían estado. Llegamos y nos asomamos con mucho cuidado. Allí estaban. Todavía más cerca. Mirándonos.
Continuaron bajando y pudimos comprobar cómo eran capaces de pasar por lugares inverosímiles, por lugares que cualquier otro animal se caería, por estrechas cornisas en las que se doblaban como si formaran parte de la roca, lugares en los que malamente cabían sus patas y además estaban inclinados. Patas que parece tuvieran un antideslizante; sus pezuñas son muy duras y puntiagudas, con las cuales se sujetan a las rocas de una manera increíble.
Todo el grupo era guiado por una hembra vieja, era la única con crotal en ambas orejas, era la única que quedaba de las que se soltaron inicialmente en 2006, esta hembra tendrá entre 12 y 14 años aproximadamente. Era la guía. Todos la seguían en fila. Confiados en que les llevaría a un lugar más seguro.
Subían tranquilamente por la ladera contraria a la nuestra. En una rigurosa y serpenteante fila en la que la hembra guía sabía por dónde iba y a dónde se dirigía. Llegaron a un roquedo en el que parecían encontrarse más a gusto. Allí descansaron unos minutos hasta que la hembra vieja decidió continuar la marcha y sucedió algo que nos dejó intrigados y expectantes. Comenzaron a moverse entre los brezos y, de repente, la hembra se paró en seco y retrocedió como si de un resorte se tratara, imitándola todos los demás miembros del grupo para volver a la zona de rocas. ¿Qué pasaba? ¿Qué había allí, entre el brezo, que le había dado tan mala espina?
Buscamos y buscamos pero no conseguimos encontrar nada sospechoso pero, desde luego, algo había. La hembra guía bajó en vertical unos 150 metros para rodear el lugar, continuó andando unos doscientos metros y volvió a subir hasta el nivel que habían perdido antes; habían rodeado ese lugar para continuar su marcha subiendo por la empinada y encrespada ladera hasta cotas más altas.
Los cuernos de las cabras montesas son permanentes, no se caen como las cuernas de los ciervos o de los corzos, por lo tanto son cuernos y no cuernas. Estos cuernos van creciendo en medrones (anillos) de crecimiento anual hasta más o menos un metro en los machos y unos treinta centímetros en las hembras; para calcular la edad de un macho se cuentan los medrones y se le suma uno.
Nos fuimos. Las dejamos que continuaran su vida con la inmensa satisfacción de haber podido disfrutar de un  animal imponente que eliminamos de nuestra provincia y que ahora está de nuevo entre nosotros; un animal que tenía muchas ganas de ver en Zamora y, que sin la compañía de Poli, al cual se lo agradezco enormemente, hubiera sido imposible de disfrutar.

miércoles, 25 de febrero de 2015

De paseo por Valorio II.
El 20 de Mayo de 2011 el Bosque de Valorio fue declarado Zona Natural de Esparcimiento de Castilla y León por la Junta. Figura jurídica de protección para “enclaves de fácil acceso desde núcleos urbanos para proporcionar a la población lugares de descanso, recreo y ocio de un modo compatible con la conservación de la naturaleza”. Esta declaración lo protege de futuras actuaciones irregulares o perjudiciales o no, quién sabe…
En este bosque sigo paseando y, desde la anterior entrada sobre Valorio, he podido ver nuevos habitantes que podemos encontrar estos días en el bosque; me voy a centrar en algunos no muy comunes o muy raros de encontrar. El primero de ellos es un ave que nunca había visto en el bosque y que, en teoría, todavía no debía de estar en la península Ibérica pero que, seguramente, sea uno de esos ejemplares invernantes que pasan los meses más fríos entre nosotros, el torcecuello.
Hace unos días J. Alfredo Hernández, amigo y el mejor conocedor del bosque de Valorio y sus habitantes, descubrió la presencia de un torcecuello en Valorio. Al día siguiente de descubrirlo Alfredo fui a intentar verlo; después de más de una hora de buscar donde había sido visto, decidí marchar ya que no aparecía por ningún lado pero, en muchas ocasiones, suceden las cosas sin buscarlas, ni esperarlas, por entera sorpresa y casualidad, así fue, cuando, un par de días después, pasé por el lugar y, sin buscarlo, apareció.
Allí estaba. En el suelo. Comiendo. Mirlos comunes y estorninos eran compañeros de banquete de este desconfiado pájaro carpintero que comía agachado pero pendiente constantemente de lo que sucedía a su alrededor; se movía a pequeños saltos, como los mirlos pero no dejaba de mover la cabeza y estirarse de vez en cuando para observar todo lo que le rodeaba.
Es un pájaro carpintero atípico ya que no hace los nidos como los demás carpinteros picoteando el tronco de un árbol, ni apoya su cola en el tronco para mantener el equilibrio pero si tiene una larga lengua que le permite rebuscar en grietas de los árboles o en suelo, entre las hierbas, para comer su plato favorito, las hormigas, como estaba haciendo este que se movía por el jardín sin llamar la atención.
Mi primer recuerdo de un torcecuello es, como muchos otros, un recuerdo de infancia, de una infancia en la que el viernes por la noche estaba reservado para el capítulo de El Hombre y la Tierra del gran Félix Rodríguez de la Fuente, en uno de esos capítulos el torcecuello estaba metido en un tronco caído en el suelo y un turón se le acercaba; ahí descubrí el por qué de su nombre ya que cuando el turón se le acercaba, el torcecuello se movía adelante y atrás, se estiraba, se contorsionaba y encogía y retorcía la cabeza como si fuera una serpiente con lo cual el turón estaba totalmente desconcertado, tiempo suficiente para que el torcecuello saliera del tronco y escapara. (Los que no conocéis estas imágenes os recomiendo que lo veáis aquí). Este peculiar movimiento de cuerpo y cuello es un efectivo sistema de defensa pero también lo utiliza en el cortejo girando la cabeza unos 180º.
El torcecuello seguía comiendo. Sobre el verde del césped se veía perfectamente su color, si aún sobre el verde intenso es difícil de ver imaginaros cuando está en un árbol; es mimético, es una prolongación de la corteza. Sus colores pardos, negros y grises y su disposición le hacen ser un ave muy difícil de ver y de encontrar,  incluso cuando canta, lo estás oyendo pero no hay manera de localizarlo.
Ver un torcecuello en Valorio es muy complicado y, estas fechas, más todavía aunque como me comenta J. Alfredo Hernández con su voz tranquila y sosegada cada cierto tiempo se ve alguno en el invierno, espero poder ver a esta ave tan curiosa y hermosa algún día más por el bosque.
Muy cerca de donde se encontraba el torcecuello han estado un par de semanas un pequeño grupo de zorzales alirrojos.
El zorzal alirrojo es el más pequeño de los zorzales que tenemos y es, también, un ave muy hermosa. Es esbelto, elegante, inquieto, con una característica franja blanca sobre el ojo y el tono rojizo bajo sus alas. Siempre lo he visto en la misma zona, rebuscando incansablemente entre la hojarasca hasta localizar alguna lombriz que rápidamente se comía ya que estaba constantemente acosado por los mirlos que, superiores en tamaño y en número, rápidamente iban a quitarlo del lugar en el que estaba escarbando.
En el mismo lugar también se movían zorzales comunes que, al igual que los mirlos comunes, acosaban a los zorzales alirrojos en las zonas en las que rebuscaban; cuando el alirrojo se veía amenazado subía a la rama de un árbol y esperaba a que pasara el peligro ya fuera una persona o a que el mirlo o zorzal común se fueran.
Algo también curioso es que uno de esos días pude ver otro zorzal que nunca había visto en Valorio, el zorzal charlo que también estaba junto a los alirrojos y los comunes pero no lo he vuelto a ver.
Si he podido disfrutar de tres zorzales diferentes también, en el mismo día, pude ver cuatro de nuestros siete pájaros carpinteros: el pico menor, el pito real, el pico picapinos y el torcecuello; esta época es la mejor para verlos ya que los árboles están limpios de hojas y se localizan mejor (aunque no es fácil). 
Una auténtica gozada ya que los pájaros carpinteros me gustan especialmente quizás por la evocación bucólica de que mi abuelo era carpintero y, mucho tiempo de mi infancia y juventud, la pasé en su carpintería a orillas del Río Duero.
El picogordo es otro de los que comían cerca de donde se encontraba el torcecuello. Como digo muchas veces, Valorio es agradecido y siempre que bajas ves algo, más o menos, pero ves algo. 
Búho chico, agateador común, herrerillo, carbonero, lavanderas, mitos, moscones o petirrojos y colirrojos se pueden ver estos días moviéndose por el bosque. Incluso, viendo muy poco, pasear por el bosque siempre es una auténtica delicia. 

domingo, 22 de febrero de 2015

Tórtola europea: el preocupante declive del ave del año.
Desde 1988 SEO/Bird Life elige un ave (por votación) cuya situación se encuentre en un estado preocupante o que haga falta que nos fijemos un poco más en sus problemas. Este año 2015 ha sido elegida la tórtola europea como ave del año, una especie que ha pasado de ser común en nuestros campos a verse mucho menos, aún siendo una ave con una buena población hay que tener una seria concienciación del enorme declive que ha experimentado en los últimos tiempos.
Hace años se veían tórtolas europeas con bastante frecuencia, en buenos números y en muchas localidades de nuestra provincia algo que ha cambiado por completo; el declive de esta especie es espectacular y alarmante; como ejemplo valga que solamente he visto tórtola europea en el 2014 en dos ocasiones, en dos comarcas zamoranas, una al sur, La Guareña y otra al noroeste, Sanabria. Este hecho quizás para muchos de vosotros no sea significativo pero para mi si ya que hace años las veía en muchas localidades sin ni siquiera buscarlas, había un número muy importante de ejemplares.
La tórtola europea es la más pequeña de las palomas; es un ave realmente hermosa de colores vistosos donde los ocres, marrones, grises, negros o rosados se entremezclan como si hubieran sido pintados por un pintor de renombre, tiene una estilizada figura y penetrante mirada envuelta en una mancha orbital de un rojo intenso que rodea un ojo naranja-rojizo despierto y atento a cualquier peligro que se pueda acercar.
La tórtola europea viene a la península Ibérica a finales del mes de abril para criar en nuestros campos y migrar a África sobre el mes de octubre. En España está catalogada como Vulnerable en el Libro Rojo de las Aves, estimándose una población  de entre 800.000 y 1.000.000 de parejas.
Aún con estas cifras su descenso ha sido alarmante y preocupante, según la Fundación Biodiversidad a través del Ministerio de agricultura, alimentación y medio ambiente: "En España se ha cifrado ese descenso entre un 20% y un 49% de la población en 20 años".
Las razones fundamentales de este declive son la degradación de sus zonas de cría y la enorme presión de la caza que tiene que soportar en épocas muy sensibles de su ciclo vital. Así, durante el mes de agosto, en el que se abre la media veda, muchas tórtolas son cazadas mientras están criando aún, con lo cual, sus pollos, también morirán; si no son cazadas y los pollos comienzan a salir de los nidos son fácilmente cazables dada su inexperiencia e incapacidad para poder hacer vuelos de huida de los cazadores.
A la degradación de sus zonas de cría o la caza hay que añadir un competidor relativamente nuevo, la tórtola turca, una ave invasora que apareció por primera vez en Asturias en 1960 (Castroviejo) y comenzó a criar en 1974 en Santander (González Morales) para ir extendiéndose y creciendo exponencialmente por toda la península Ibérica hasta convertirse en un verdadero problema en muchas zonas.
Todas las especies invasoras son introducidas pero no todas las introducidas son invasoras. Para que una especie se considere invasora debe de asentarse y ser capaz de criar, es decir, se debe asentar y si entonces afecta a las especies autóctonas, se considerará invasora; por lo tanto la tórtola turca es una especie invasora que se ha hecho muy común y abundante.
El declive de la tórtola europea es un hecho relevante que debería de tener más repercusión ya que la concienciación de su enorme bajada pasa, como con muchas cosas relacionadas con la naturaleza que nos rodea, totalmente desapercibida o no se le da la importancia que merece y tiene.

martes, 10 de febrero de 2015

El leucismo.
Hace unos días pude ver un grupo de grajillas muy cerca de mi casa que picoteaban en el suelo, todo parecía normal pero, al fijarme, me di cuenta que había dos de ellas que tenían algo peculiar, algo diferente, eran parcialmente blancas, eran dos grajillas con un posible leucismo.
El leucismo es una rareza genética debida a un gen recesivo, se produce por que, aunque el ave produzca melanina (pigmento de color negro o pardo negruzco) de forma normal, el pigmento no se deposita en las células de las plumas, con lo cual quedan blancas en vez de su coloración normal. Las aves con leucismo no tienen plumas de color intermedio. Cada pluma es de su color natural o completamente blanca. 
Alrededor de donde vivo hay varias iglesias románicas y, en ellas, habitan varios grupos de grajillas. En esas grajillas tengo comprobada la existencia de tres con posible leucismo, estas dos y otra que tiene la cabeza blanca y, siempre que la veo, voy sin cámara de fotos (pasa más veces de las que nos gustaría); es, desde luego, un animal muy curioso.
En todo organismo nos encontramos con genotipo y fenotipo. El genotipo es toda la información genética que tiene un organismo, es decir, los genes. Por el contrario el fenotipo son sus rasgos.
Toda la información que tiene un organismo en los genes, puede manifestarse o no manifestarse, es decir, puede verse o no verse. Por lo tanto el fenotipo será la expresión de esos genes más la influencia que pueda ejercer el medio que rodea al organismo.
Estos rasgos del fenotipo pueden ser de comportamiento (etología) o de rasgos físicos (morfología, fisiología,…). En definitiva, el genotipo son los genes del organismo y solamente se pueden apreciar estudiando el ADN y el fenotipo es la manifestación visible de esos genes que se ve mediante la observación directa de ese organismo.
En el caso de estas aves leucísticas para que sea visible (fenotipo) este color blanco en su descendencia, tiene que darse la coincidencia de que esa ave se empareje con otra que también lleve en sus genes (se muestre o no) ese gen recesivo que le provoca el leucismo.
En el leucismo hay diferentes grados y según pasa el tiempo el animal leucístico se va poniendo cada vez más blanco como le pasó al ave con leucismo más impactante y hermosa que he visto, el mirlo blanco.
A este mirlo le dediqué una de las primeras entradas del blog. A este mirlo lo estuve viendo varios años pero no lo he vuelto a ver desde hace algo más de dos años con lo cual, seguramente haya desaparecido pero, por la zona en la que andaba, hay un nuevo mirlo con alguna pluma blanca, muy posiblemente descendiente suyo y que si se corrobora que tiene leucismo se irá poniendo cada vez más blanco.
Un animal con leucismo no es albino, son cosas diferentes; el albinismo es la incapacidad para fabricar melanina, por eso, quienes lo portan, son completamente blancos; mientras que en el lecuismo el ave produce melanina de forma normal pero no se deposita en las células de las plumas poniéndose algunas totalmente blancas; además las aves con leucismo tienen el pico, los ojos y las patas de color normal no como los albinos que tienen los ojos rojos.
En muchos parques o colecciones particulares se han seleccionado los individuos leucísticos por su vistosidad como, por ejemplo, con los pavos reales.
También puede suceder lo contrario, es decir, cuando se produce un exceso de melanina en el plumaje, volviéndose oscuro (negro o marrón oscuro). Entonces, se llama melanismo, pero eso puede ser otra historia.

viernes, 30 de enero de 2015

Un paseo por el bosque de Valorio.
El bosque de Valorio es el bosque por el que paseamos o hacemos deporte muchos zamoranos. Bosque de unas 80 hectáreas y unos casi tres kilómetros de longitud situado en la misma ciudad de Zamora que a lo largo de los siglos ha ido cambiando sus usos. Desde la Edad Media se conoce su aprovechamiento forestal con replantaciones sucesivas hasta que en 1762 se plantaron los grandes pinos piñoneros que actualmente pueblan el bosque en su parte central.
Entre 1841 y 1852 se reforesta de nuevo y reacondiciona con la construcción del gran paseo de entrada, la Casa del Guarda, el estanque de Los Pinares y la Fuente del León en 1884 siguiendo las ideas románticas de la época. El bosque va perdiendo extensión a lo largo de los siglos y en 1927, con la llegada del tren, termina por configurarse su tamaño actual.
En este bosque hay una gran diversidad de vida que suele pasar desapercibida para la mayoría de la gente que pasea por sus caminos (según los datos de J. Alfredo Hernández, amigo y uno de los mayores conocedores del bosque, por no decir el mayor conocedor, 158 especies de vertebrados lo pueblan). En este bosque me gusta pasear, sobre todo en invierno, en los días de fuertes heladas que cubren el verde intenso que lo alfombra.
Un paseo por el bosque puede deparar un buen puñado de sorpresas que van apareciendo según avanzas entre sus pinos, junto al riachuelo que lo atraviesa o en sus laderas pero, como sucede en muchas ocasiones, hay días que ves muy poco y otros, en cambio, los avistamientos se suceden; así me ocurrió en mi último paseo por el bosque.
La tarde estaba soleada, hacía frío pero el sol era agradable e iluminaba los verdes, los marrones, los ocres y los grises que salpican el bosque.
De todas las aves que pude ver en esa tarde me gustaría destacar algunas de ellas, en primer lugar las tres que pude disfrutar de la familia de los pájaros carpinteros. Pájaros carpinteros que están íntimamente ligados a la madera ya que de ella consiguen alimento y en ella construyen sus nidos. Durante muchos años tuvieron la mala fama de "secar los árboles", nada más lejos de la realidad y que, definitivamente, se ha ido corrigiendo en los últimos tiempos.
En primer lugar el más pequeño, el pico menor, un pequeño habitante del bosque, es el más pequeño de todos los pájaros carpinteros que tenemos en la península ibérica, poco más grande que un gorrión, tan pequeño que pasa totalmente desapercibido en innumerables ocasiones. Tan pequeño que verlo no es nada fácil, es escurridizo y se adapta perfectamente al entorno en el que vive. Lo localicé por el sonido.
Un pequeño repiqueteo sonaba entre los árboles, por el sonido tan bajo, había muchas probabilidades que fuera un pico menor así es que me paré y esperé en silencio a ver de donde provenía; pasados unos minutos el suave repiqueteo volvió lo que me permitió moverme para localizarlo. Después de hacer varias veces la misma operación localicé al pequeño carpintero.
Allí estaba, picoteando en una fina rama, era un macho que se movía sin parar. Se adapta perfectamente al tronco del árbol, sus colores y su pequeño tamaño le hacen pasar casi totalmente desapercibido.
El pico menor ha bajado mucho en su población por varias razones, siendo las más importantes la perdida de su hábitat, la eliminación de troncos caídos y viejos y por malograrse muchas de sus puestas y polladas como le pasó a la pareja que estuve siguiendo esta primavera pasada que, después de dos puestas, no consiguieron sacar ningún pollo. 
El siguiente pájaro carpintero que pude ver, siguiendo su tamaño, fue el pico picapinos que, nuevamente localicé por el sonido de su repiqueteo en uno de los grandes pinos piñoneros de 253 años que se sitúan en el centro del bosque.
El pico picapinos golpeaba fuertemente con su peculiar pico que no tiene totalmente recto, sino que tiene una ligera curva para evitar que se rompa, de este modo transforma cada golpe que da en el árbol en una fuerza de empuje.
Pero si golpea tan fuerte, ¿cómo no le repercute en el cráneo? Esto sucede porque entre el pico y el cráneo está reforzado con un tejido esponjoso y tiene unos músculos que se tensan en contra del sentido de los golpes, de tal manera que absorberá la fuerza del impacto.
El siguiente fue el pito real, el más grande de los tres, que localicé también por el sonido pero esta vez por su fuerte reclamo que resuena en el bosque. 
El pito real es muy territorial y, en esta época, controla su territorio. Estos pájaros conviven con la misma pareja toda su vida permaneciendo separados hasta la época de cría en la que se juntan de nuevo.
Al verlo moverse por el tronco del árbol te das cuenta de que está perfectamente diseñado para vivir en vertical gran parte de su vida, está perfectamente adaptado, se agarraba al árbol con sus dedos dispuestos dos a dos, es decir, dos apuntan hacia adelante y dos hacia atrás, para agarrarse con facilidad, además de la cola tan corta y robusta que apoya contra el tronco para tener mayor estabilidad, es otro punto de apoyo.
Otro de los habitantes que me encontré fue uno ocasional, el picogordo que, en invierno, viene al bosque.
Es un ave curiosa, de cabeza voluminosa, pico grande y fuerte, cuello ancho y cuerpo grueso con alas relativamente cortas que se mueve cautelosamente de un árbol a otro o al suelo en busca de comida donde recogerá las semillas que pueda encontrar.
En su viejo hueco estaba el cárabo. Mimético. Está pero parece que no está. Asomado desde su atalaya. Dormido. Tranquilo. 
En su posadero diurno que cambiará en cuanto se acerque la noche, su día, su momento. Momento que comparte con otro de los habitantes del bosque de Valorio, el búho chico.
Esa tarde pude disfrutar de más habitantes del bosque de Valorio como esta preciosa lavandera blanca enlutada.
La noche se adueñaba poco a poco del día y las sombras comenzaban a engrandecerse por momentos, era hora de marchar, de abandonar este precioso bosque hasta otra ocasión en la que podré disfrutar de sus habitantes que seguían moviéndose en el declinar de la tarde; según marchaba iba recapitulando  algunos de los habitantes del bosque que había podido disfrutar como el mosquitero común, el colirrojo tizón, algún petirrojo, varios zorzales comunes y alirrojos, una preciosa lavandera cascadeña, los fijos mirlos comunes además de herrerillos y carboneros comunes, o algún ánade azulón que se movía por el riachuelo, sin olvidarme del pinzón vulgar, el estornino negro y el gorrión común. Todos habitan este precioso y entrañable bosque que muchos zamoranos llevamos muy dentro de nosotros desde muy pequeños.
En el blog podéis encontrar anteriores entradas sobre el bosque como estas dos que podéis ver pinchando en las siguientes imágenes.
Esta primera habla un poco de la historia y características del bosque.
La segunda es sobre el búho chico y "sus armas".
Espero que los que no las conozcáis las disfrutéis como lo hago yo cuando voy a pasear por sus caminos.