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sábado, 8 de febrero de 2025

Santoña I: gaviota cocinera y araos.

El Parque Natural de las Marismas de Santoña, Victoria y Joyel es un punto y aparte en el mundo de la ornitología; es un lugar especial y emblemático al que cada vez que voy me gusta más estar en su entorno, recorrerlo, descubrir algo nuevo, disfrutar de sus paisajes y sus pequeños habitantes alados ya sean ocasionales o no.
En una serie de entradas voy a intentar transmitir vivencias y encuentros en este paraíso natural. Días que he pasado acompañado de un buen amigo, Fernando García, con el que da gusto compartir experiencias, vivencias y observaciones.
En Santoña hay dos mundos completamente diferentes, opuestos pero complementarios: la marea alta y la marea baja. Dependiendo de cómo esté la marea, los habitantes y sus comportamientos varían por completo y para alguien de tierra adentro eso resulta apasionante.
Con la marea alta aparecen todos los buceadores, están más activos y, en muchos casos más cerca: silbones, azulones, frisos, cercetas comunes, cormoranes grandes y moñudos, patos cuchara, rabudos, tarros blancos además de colimbos grandes y chicos, zampullines cuellirrojos, cuellinegros y chicos, somormujos lavancos, araos o fochas comunes se mueven por las marismas en busca de alimento; tranquilidad que se ve alterada cuando alguna águila pescadora, gavilán, aguilucho lagunero, milano real o busardo ratonero planean por encima de ellos.
Con la marea baja aparecen todos los limícolas y los que se alimentan en zonas con poca agua como orillas o charcos que van quedando. Ahí aparecen chorlitos grises, chorlitejos grandes y chicos, correlimos comunes y tridáctilos, ostreros, vuelvepiedras, zarapitos reales y trinadores, espátulas, archibebes comunes y claros, garcetas grandes y comunes, garzas reales, aguja colinegra y colipinta; un sinfín de aves que se van moviendo según la marea va subiendo o bajando.
Entre estos dos mundos están las gaviotas. Gaviotas patiamarillas, sombrías, reidoras, cabecinegras y gaviones que se mueven entre la marea alta y la baja sacando lo mejor de cada una de ellas.
Dos mundos complementarios en los que miles de aves se mezclan; miles de aves que pasan el invierno entre nosotros conviviendo con las aves residentes en las marismas. Miles de aves que conforman un espectáculo único.
Entre todas ellas voy a destacar algunas por diferentes motivos ya sea por su rareza, singularidad o aumento en pocos años. Me gustaría comenzar por una de las estrellas del momento: la gaviota cocinera.
Fue descubierta en el puerto de Santoña por Gonzalo Pardo el día 9 de diciembre de 2024 pero desapareció hasta casi un mes después cuando Álvaro Bustamante la relocaliza el 3 de enero en la playa de Laredo. Desde entonces visita asiduamente el puerto de Laredo donde la pudimos ver después de tres intentos. A la tercera fue la vencida.
Llovía de forma muy fuerte cuando vimos llegar una gaviota oscura y grande a posarse en el tejado de encima de donde nos estábamos resguardando del fuerte viento y la lluvia racheada que nos estaba empapando. “Que buena pinta tiene esa gaviota” le dije a Fernando cuando una voz nos gritó desde el muro del puerto: “La tenéis encima”. Era ella. La tan ansiada gaviota cocinera que nos había dado esquinazo a un bueno de pajareros.
Esta gaviota procede del hemisferio sur: Sudamérica, sur de África y Australia. La primera observación de esta especie en España se produjo el 21 de abril de 2014 cuando Juan Carlos Andrés observó un inmaduro en el puerto pesquero de Ondarroa (Vizcaya). (En este magnífico enlace Antonio Gutiérrez nos muestra todas las observaciones en España).
Nos separamos del edificio para poder verla. Allí estaba. Asomada desde lo alto. La lluvia arreciaba todavía más mientras observábamos su enorme y fuerte pico, su oscuro manto y manchado de la cabeza y el pecho.
La expectación y emoción se palpaban en el ambiente. La gaviota bajó a una pequeña grúa y nos mostró toda su belleza.
El 10 de enero Gonzalo Pardo, su descubridor, la anilló con una anilla blanca N:XML para seguir sus movimientos en el futuro ¿Volverá al sur? ¿Se quedará por nuestra tierra? Interrogantes que se irán resolviendo poco a poco en un apasionante seguimiento.
La observación de esta gaviota es algo extraordinario por su rareza y además un ejemplar de esta especie de segundo año es la primera vez que se ve en Europa.
A la vez que veíamos a la gaviota dos araos navegaban en el puerto resguardándose del temporal. Uno de ellos lo habíamos visto el día anterior pero el otro era nuevo.
Arao visto la tarde anterior, al anochecer.
La lluvia caía intensamente sobre los pequeños araos que nadaban encogidos mientras la expectación se la llevaba la gaviota cocinera.
El arao común es un ave marina que se distribuye por las costas de Escandinavia, Islandia, Gran Bretaña e Irlanda, en España ha sucedido una verdadera extinción de su cría y presencia.
“Hacia 1950 y sólo en Galicia, es probable que nidificasen más de 5.000 parejas de arao repartidas en siete colonias principales. El primer recuento serio data de 1948, cuando Francisco Bernis censó 3.000 individuos en las islas Sisargas, frente a las costas de Malpica.
Otro bastión importante se localizaba en las islas Berlengas, en la costa portuguesa, unos cien kilómetros al norte de Lisboa; allí, según Ronald M. Lockley, criaban 6.000 parejas en 1939. De regreso a Galicia, otras colonias importantes se encontraban en las islas Cíes, en la isla de Ons y en los islotes Aguillóns, junto al cabo Ortegal. El resto de la población, a juzgar por los escasos e inciertos datos disponibles, se repartía en varias colonias menores, cuyo límite meridional sería el cabo de San Vicente, en el Algarve portugués. En el Cantábrico es posible que el arao nidificase en Ansarón (Lugo) y en el cabo Vidio (Asturias)”. (Revista Quercus-Octubre 2014). 
La evolución del arao común en España ha sido una terrible caída en picado, pasando en tan pocos años de miles de ejemplares reproductores a ninguno. Un verdadero desastre cuyas causas son fundamentalmente la desaparición de la anchoa en la zona por sobrepesca, la mortandad por artes de pesca y el desastre del Prestige con el maldito chapapote (petroleo). En esta extinción no hemos hecho nada de nada, ningún programa de ayuda, seguimiento o conservación. Nada de nada. Mirar como se extinguía una especie reproductora en España. Una verdadera lastima.
El arao común se incluye en el Libro Rojo de las Aves de España 2021 en la categoría de CR (en peligro crítico). También aparece en el Catálogo Nacional de Especies Amenazadas como EN (en peligro de Extinción como reproductora).
Los araos se zambullían en busca de comida mientras la lluvia arreciaba y el viento soplaba con fuerza. Dejamos a los pequeños araos desplazándose por el puerto y a la gaviota cocinera posada en el tejado de una de las naves y nos marchamos satisfechos y mojados después de observar a estas dos preciosas especies.
(En la próxima entrada los preciosos escribanos nivales y las formidables barnaclas carinegras).

viernes, 7 de febrero de 2020

Santoña I: pato havelda, eider común, arao...

Santoña son palabras mayores en el mundo de las aves; cada vez que voy me gusta mas estar en su entorno, pasear, disfrutar de sus paisajes y sus pequeños habitantes alados ya sean ocasionales o no. Me gustaría en una serie de entradas poder transmitir mis vivencias y encuentros en este paraíso natural. Días que he pasado acompañado de uno de los mejores conocedores de las marismas: Ernesto Villodas, al cual quiero agradecer enormemente su compañía y lecciones. Ha sido un verdadero orgullo poder compartir con él observaciones, vivencias e historias. Si queréis saber absolutamente todo lo que se mueve y cuando se mueve por Santoña y por Cantabria, no dejéis de tener su magnífico libro: "Cuándo y dónde ver aves en Cantabria".
En Santoña hay dos mundos, dos mundos complementarios en los que sus habitantes se ven y se comportan de dos formas completamente diferentes. Hablamos de la marea alta y la marea baja. Dependiendo de cómo esté la marea, los habitantes y sus comportamientos varían por completo.
Con la marea alta aparecen todos los buceadores, están más activos y, en muchos casos más cerca: silbones, azulones, frisos, cercetas comunes, cormoranes grandes y moñudos, patos cuchara, rabudos, tarros blancos, pato havelda  además de negrones comunes, colimbos grandes y chicos, zampullines cuellirrojos, cuellinegros y chicos, somormujos lavancos, araos, fochas comunes o porrones se mueven por las marismas en busca de alimento; tranquilidad que se ve alterada cuando alguna águila pescadora, gavilán, aguilucho lagunero, milano real o busardo ratonero planean por encima de ellos.
Con la marea baja aparecen todos los limícolas y los que se alimentan en zonas con poca agua como orillas o charcos que van quedando. Ahí aparecen chorlitos grises, chorlitejos grandes y chicos, correlimos comunes y tridáctilos, ostreros, vuelvepiedras, zarapitos reales y trinadores, espátulas, archibebes comunes y claros, garcetas grandes y comunes, moritos, ibis sagrado, garzas reales, aguja colinegra y colipinta; un sinfín de aves que se van moviendo según la marea va subiendo o bajando.
Entre estos dos mundos están las gaviotas. Gaviotas patiamarillas, sombrías, reidoras, cabecinegras y gaviones que se mueven entre la marea alta y la baja sacando lo mejor de cada una de ellas.
Dos mundos complementarios en los que miles de aves se mezclan; miles de aves que pasan el invierno entre nosotros conviviendo con las aves residentes en las marismas. Miles de aves que conforman un espectáculo único.
Entre todas ellas voy a destacar algunas por diferentes motivos ya sea por su rareza, singularidad o aumento en pocos años. Me gustaría comenzar por una de las estrellas del momento: el pato havelda.
El pato havelda es un pequeño y hermoso pato buceador. Visitante muy escaso en España que viaja desde sus diferentes zonas de cría en el ártico: Groenlandia, Islandia, Rusia o Noruega a sus zonas de invernada en el Mar Báltico, Islas Británicas o en las costas francesas y holandesas. Desde ahí, algunos y escasos ejemplares llegan, de vez en cuando, hasta nuestro país, fundamentalmente a las costas cantábricas o atlánticas y, dos de esos ejemplares, están en este momento en las marismas de Santoña, un macho y una hembra.
Una preciosa hembra (descubierta por César Palacio, Álvaro Bustamante y Ernesto Villodas el pasado 17 de noviembre de 2019) se alimentaba junto a un gran grupo de ánades silbones zambulléndose sin descanso; salía y tras dos o tres segundos se volvía a sumergir en busca de más alimento. Ajetreo constante de este hermoso pato que era la primera vez que lo veía y me hizo mucha ilusión poder disfrutarlo en este entorno tan especial y espectacular.
El eider de Santoña sigue siendo una de las atracciones mas buscadas de las marismas. Es un pato especial, diferente, con un pico muy ancho en la base que le da un aspecto curioso, conformando un perfil característico a su cabeza. Es un pato del norte. Un pato descubierto por Alejandro García en diciembre de 2016 que formaba parte de un grupo de cinco ejemplares (dos machos y tres hembras) que se fueron yendo en diferentes momentos hasta quedar solamente el ejemplar que está actualmente. Incluso después han llegado nuevos eider con los que ha estado un tiempo pero se ha seguido quedando en su tierra de adopción, Santoña.
El eider macho con tres hembras.
 (Gracias Ernesto Villodas por la fotografía para ilustrar esta entrada).
El eider está precioso, espectacular, con su increíble plumaje nupcial. Se mueve tranquilo. Bucea. Sale con un mejillón y se lo come entero, directamente, sin abrir ni nada, en su estómago se producirá la digestión. Verlo sacar un mejillón y comérselo es impactante. Lo hace sin aparente esfuerzo. Bucea. Sale con un cangrejo al que quitará como un cuidadoso cirujano las patas, una a una, para después tragárselo entero sin ningún peligro de que le pique.
Bucea. Un nuevo cangrejo conforma su dieta, hará la misma operación y así unas cuantas veces hasta que considera que su apetito ha quedado saciado y se lava, se asea dando fuertes aleteos en la superficie y sumergiéndose un poco la cabeza y parte del cuerpo. Terminado el acicalamiento nadó tranquilamente hasta la orilla. Se subió. Se colocó y se quedó tranquilo, descansando, dormitando en la punta de su pequeña isla en la que lleva tres años y que nos sigue deleitando con su extraña y peculiar belleza.
Es un animal extraño pero de extraño que es, es muy hermoso. Aparte del pico destaca, en este macho con plumaje nupcial, su intenso y precioso color, por cierto, el plumón de eider se ha utilizado y se sigue utilizando para rellenar los mejores edredones, sacos de dormir o ropa de abrigo ya que es aislante, suave, mantiene la temperatura y es ligero. Plumón que el eider utiliza para recubrir su nido y mantener aislados y calientes los huevos ante las inclemencias del frío del norte. Plumón que en algunos lugares como Islandia, es recogido a mano y comercializado, siendo un recurso económico muy importante.
El eider común descansa y el águila pescadora ha conseguido una presa. Águila pescadora imponente que inverna regularmente en las marismas y que actualmente hay dos ejemplares en la zona. Águila pescadora que, no tardando mucho, acabará criando en este precioso e imponente enclave.
Otra de las especies que mas disfruté fueron los negrones comunes. Hasta seis ejemplares pude ver juntos. Pequeño pato buceador, tímido y desconfiado que no permitía acercarte demasiado.
Pato procedente del norte de Europa: Finlandia, Noruega, Suecia, Rusia, Islandia e Islas Británicas que llega hasta estas tierras a pasar el invierno. Pude ver cinco hembras y un macho, apreciándose perfectamente las diferencias en su plumaje. El macho con su plumaje negro por completo y las hembras con las mejillas blancas. Un pato precioso que no paraba de sumergirse en busca de cualquier cangrejo, mejillón o pececillo que pudiera capturar.
Seis negrones comunes . Cinco hembras y el macho al final a la derecha.
Al anochecer, desde Cicero, Ernesto Villodas descubrió un pequeño arao. Una sorpresa total de un ave que se dejaba ver por primera vez esta invernada. Pequeña ave que nadaba lentamente según el sol se ocultaba y la luz dejaba paso a la noche. Se movía como un pequeño barco recorriendo la orillas entre zarapitos, chorlitos grises y ánades silbones.
Este arao lo pude ver hace un par de años en el puerto de Santoña
donde se encuentra, actualmente, el que pudimos ver el pasado sábado.
(Pinchar aquí y lo veréis)
Santoña y sus habitantes. Un lujo para los sentidos. Un lugar único en el que miles de aves pasan el invierno en un entorno privilegiado. Al que amantes de la naturaleza nos acercamos con la esperanza de exprimir el poco tiempo de visita que tenemos, tiempo al que siempre le faltan horas. Entorno y sus habitantes que seguiré descubriendo en una próxima entrada.

lunes, 7 de mayo de 2018

Otra Santoña.

Hace, aproximadamente un mes, pude disfrutar de una Santoña diferente. Una Santoña fuera de la plena invernada. Una Santoña en la que unos vienen, otros se van y algunos se quedan.
La invernada ha terminado. Estamos en pleno movimiento de aves que se desplazan de sus zonas de invernada a sus zonas de cría; que se mueven, que llegan a Santoña de paso para descansar durante unos días o para criar. Así pude ver varias garzas imperiales que se empiezan a asentar entre los carrizos para tomar posesión de sus territorios o a los charranes comunes que se lanzaban como verdaderos misiles sobre el agua; o a varias cercetas carretonas que estarán unos días y continuarán a sus cuarteles de cría, como las espátulas que les están poniendo plataformas para criar pero son reacias a hacerlo.
Garza imperial.
Cerceta carretona.
Charrán común.
Otras, han estado un tiempo y marcharán, como un grupo de preciosos moritos que han pasado parte del invierno en estas lagunas o los imponentes colimbos chicos y grandes que están alargando su estancia para ponerse con sus mejores trajes de gala.
Espátulas y moritos.
Colimbo grande. Arriba con plumaje de invierno y abajo nupcial.
Arao dormitando en el puerto.
Un solitario arao descansa en el puerto antes de su partida…¿o no? Como le sucede a las dos grandes estrellas de Santoña el zarapito trinador americano y el eider común que están tan a gusto que aquí continúan para deleite de todos los visitantes a este precioso lugar.
Zarapito trinador americano.
Eider común.
Los grandes bandos se han ido pero gaviotas patiamarillas, reidoras y alguna cabecinegra sobrevuelan la bahía; zarapitos reales y trinadores, agujas colinegras y colipintas, ostreros, negrón común, zampullines cuellinegros, cormoranes grandes y moñudos, chorlitos grises o archibebes se mueven por las lagunas y marismas.
Zampullín cuellinegro.
Pero en Santoña hay más…es increíble la sensación de ver buitres leonados volando sobre el mar o junto a los acantilados o ver un roquero solitario asomado al azul del Cantábrico.
Buitres leonados en el acantilado marino.
Roquero solitario.
Algunos ya están en pleno proceso de cría, como los cisnes o disputando sus territorios como esta preciosa focha leucística que se peleaba con toda aquella que quisiera acercarse a su zona de cría y otros, como los gaviones atlánticos que pronto sorprenderán a más de uno con su cría definitiva en estas marismas.
Focha común leucística.
Santoña siempre sorprende. Esta entrada, eminentemente de fotografías, está dedicada a todos aquellos que Santoña ha atrapado entre sus redes; me considero uno de ellos. Si queréis saber absolutamente todo lo que se mueve y cuando se mueve por Santoña y por Cantabria, no dejéis de tener el magnífico libro de Ernesto Villodas: "Cuándo y dónde ver aves en Cantabria".