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domingo, 14 de febrero de 2016

Perdiz pardilla. Una maravilla poco valorada.

Allí estaba. Quieta. Inmutable. Hierática. La ventisca soplaba con una fuerza tremenda a su alrededor, el aguanieve caía arrastrada lateralmente empapando todo a su paso. Las nubes bajas. La nieve cubriendo el entorno. Allí estaba. Agazapada. Protegida por los brezos que paraban la fuerte ventisca.
Nos mira. Nos observa. Sigue inmutable. Está sola en una tierra dura y complicada, en una tierra que conforma su lugar de existencia, un lugar al que ha sido relegada a lo largo de los años, un lugar a más de 1.500 metros de altura sobre el nivel del mar, un lugar en el que viven las últimas perdices pardillas de nuestra tierra, un lugar que ojalá sea un feudo inexpugnable para que pueda progresar lentamente, un lugar mágico, precioso y espectacular, la Alta Sanabria.
Se levanta. Se estira pero no nos pierde de vista. Comienza a caminar lentamente hacia los brezos. Ahora podemos verla en todo su esplendor. Es hermosa. Su plumaje es una muestra de su adaptación. Se camufla perfectamente con su entorno. Cabeza alta mostrándonos su color rojizo pardo, su pico gris claro. Camina por el borde de los brezos, protegiendo así su plumaje y manteniéndose seca; con esta ventisca si entrara en los brezos y se le descolocaran las plumas podría mojarse, así es que permanece en el borde, con el plumaje haciendo de coraza inexpugnable ante la adversidad del agua, de la nieve y del viento.
¿Por qué estará sola? Varios metros más a su izquierda tenemos la respuesta. Un ruido de chasquidos, alas agitándose y pequeños golpes llaman nuestra atención. Dos machos están librando una dura pelea. Una pelea violenta. Una pelea en la que se pican febrilmente, se lanzan uno sobre el otro con una fuerza y violencia impactantes. Se levantan. Saltan y sus patas se convierten en poderosas armas para atacar al contrario. Golpes. Picotazos. Arañazos. Saltan. Caen. Se arañan. Se pican. Agitan las alas frenéticamente para coger impulso, levantarse mínimamente y atacar al rival con las patas levantadas y estiradas, donde las uñas son como pequeños cuchillos que buscan al oponente. La febril lucha dura unos minutos, tras los que el perdedor se retira en un vuelo corto hacia el interior del brezal. El ganador está satisfecho. Se estira. Se sube en un pequeño promontorio y canta el himno de su triunfo emitiendo su chasquido típico que hace honor a su nombre en estas tierras, la charrela. Otra perdiz sale de detrás de un brezo. Es una hembra. Se juntan. El ganador está exultante. Caminan juntos por el borde del brezal. De repente, el  ganador, emprende la carrera frenéticamente.
Hay otras dos perdices más a la izquierda. Otros intrusos que no puede permitir en su zona. Se acerca velozmente para expulsarlos de su tierra conquistada. Según se acerca las otras perdices no quieren saber nada y emprenden la huida rápidamente, seguramente sean otra pareja. Estamos en época de emparejamiento. En época de marcar territorio. De defender una zona y a su pareja con la que criará, año tras año, la futura generación de pardillas. Sube en otro promontorio y vuelve a cantar. La charrela está exultante.
La charrela, perdiz pardilla, es un ave escasa que está considerada en el Libro Rojo de las aves de España como vulnerable y, actualmente, está prohibida su caza, aunque de vez en cuando nos encontremos con noticias del decomiso de ejemplares a cazadores que han matado alguna aludiendo que creían que era una perdiz roja.
La pareja de perdices pardillas se junta hasta tocarse como en un tierno abrazo, se restriegan las cabezas reforzando su vínculo que perdurará año tras año. Se pierden en la ventisca. Se van. Desaparecen al borde del brezal. Continúan su vida. No irán muy lejos. Su territorio es ese y lo defenderán, la época de cría está cerca y en ella colaboran los dos, tanto el macho como la hembra intentarán sacar adelante a sus pequeños hasta que puedan valerse por si mismos. Se esfuman entre la nieve, la niebla y el viento.
Mi cara dibuja una sonrisa de oreja a oreja. Llevaba mucho tiempo con ganas de disfrutarlas así, tan cerca, de una manera tan natural, siempre las había visto de lejos; cuando caminas por estos maravillosos parajes y vas pendiente de poder verla, tienes que ir muy atento ya que suele escabullirse entre los arbustos y no la verás o lo harás muy fugazmente, ya que prefiere escapar corriendo que salir volando, algo que solamente hará cuando estés prácticamente encima de ella y será un vuelo corto para, rápidamente, meterse entre los matorrales y continuar corriendo. Pero hoy había sido diferente, hoy había sido una gran satisfacción. Me giré hacia mi compañero y le di unos enérgicos golpes en el hombro de agradecimiento y complicidad. Gracias amigo. Gracias Hipólito Hernández.
Huellas y excrementos de la perdiz pardilla.
Que nunca desaparezcan...
No las volvimos a ver pero nuestra satisfacción se mostraba en nuestra amplia sonrisa y ojos chispeantes. La perdiz pardilla es una joya de nuestra tierra, es una especie emblemática que no está tan valorada como se merece. Es una especie que hay que cuidar, es un bien natural, un bien común que debemos de saber apreciar, disfrutar, valorar y respetar porque si no lo hacemos se irá, desaparecerá y entonces, no habrá remedio y lamentaremos no haberlo intentado. Parece que, muy lentamente, está remontando el vuelo, por lo menos, no sigue su caída en picado, en buena medida gracias a los programas de Conservación del Parque Natural del Lago de Sanabria y alrededores que con sus técnicos y agentes medioambientales entusiastas y amantes de la naturaleza le han dado un gran empujón, esperemos que definitivo, hacia la salvación de esta increíble y bella especie que tenemos en nuestra provincia. Todo un lujo que debería de estar más valorado.

domingo, 27 de enero de 2013

Perdiz pardilla: una joya en nuestra tierra.

La provincia de Zamora tiene especies emblemáticas, curiosas y míticas; entre ellas tenemos una muy especial, la perdiz pardilla. La encontraremos en la Alta Sanabria donde siempre que la he visto nunca llevaba una cámara adecuada ya que cuando voy por esa zona es en una ruta de montaña de bastantes kilómetros y, cargar con un gran objetivo, es complicado; aunque en algún momento tendré que  plantearme llevarlo. Por lo tanto, me gustaría agradecer y felicitar de antemano a Hipólito Hernández "Poli", amante de la naturaleza y gran fotógrafo, haber hecho un espléndido reportaje de fotografías a este bello y escaso animal y prestármelas para que ilustren esta entrada. Enhorabuena y muchas gracias.
Esta perdiz en España vive en zonas altas, mejor dicho ha tenido que ir retirándose a esas zonas para poder sobrevivir mientras que en Europa se encuentra por todo el continente en zonas bajas. Esas zonas altas, a más de 1.100 metros de altura son los lugares en los que te la puedes encontrar cuando caminas por Vega de Tera, La Plana, Vega de Conde o Río Pedro en la Alta Sanabria. Cuando caminas por estos maravillosos parajes y vas pendiente de poder verla, tienes que ir muy atento ya que suele escabullirse entre los arbustos y, no la verás o lo harás muy fugazmente, ya que prefiere escapar corriendo que salir volando, algo que solamente hará cuando estés prácticamente encima de ella y será un vuelo corto para, rápidamente, meterse entre los matorrales y continuar corriendo. 
Actualmente se considera que en España hay unas 5.000 parejas reproductoras, de ellas unas 1.100 están en Castilla-León y en nuestra provincia se calculan un poco más de 100 parejas reproductoras. En el último censo realizado en 2010 se contabilizaron 222 ejemplares de esta escasa y bella perdiz en el Parque Natural de Lago de Sanabria y alrededores.
Una época muy buena para verla es el otoño-invierno que es cuando se junta en grupos familiares formando pequeños bandos que pasarán todo el invierno juntas. Estos bandos, en invierno, cuando la nieve cubre sus zonas habituales bajan a zonas más bajas de la sierra en busca de comida. Pasado el invierno se emparejarán para comenzar su época de cría. En esta época tuvo lugar uno de  mis últimos encuentros con ellas. Sucedió hace unos meses en el Valle del río Tera (pinchar aquí) cuando pude disfrutar de una pareja que se levantó muy cerca de mi.
El macho (izquierda) se diferencia de la hembra (derecha)
en una mancha oscura que tiene en el abdomen.
La perdiz pardilla está considerada en el Libro Rojo de las aves de España como vulnerable y actualmente está prohibida su caza, aunque de vez en cuando nos encontremos con noticias en los periódicos del decomiso de ejemplares a cazadores que han matado alguna aludiendo que creían que era una perdiz roja.
La caza es uno de los principales problemas de la drástica bajada de población en la última mitad del siglo XX junto con el abandono de cultivos tradicionales.
Las perdices pardillas se alimentan fundamentalmente de semillas de gramíneas o leguminosas. También de sus granos o brotes tiernos y de toda la pequeña fauna de lombrices, saltamontes o pequeños insectos que viven entre estos tipos de plantas. Al abandonar y cambiar el cultivo tradicional de estas plantas, todas estas fuentes de alimentación incidieron directamente en la bajada del número de perdices pardillas ya que no tenían ni comida, ni cobijo. Además, si desaparecen estas plantas que son una fuente de alimentación también desaparecerán lugares de escape y de ocultamiento para sus puestas y polladas que se verán afectadas y mermadas por los ataques de depredadores como ciertas rapaces, zorros o jabalís que tendrán mucha más facilidad para verlas y así poder capturarlas ya sea las puestas o las polladas.
Esta penosa situación de finales del pasado siglo ha ido cambiando muy lentamente gracias a un Programa de Conservación del Parque Natural del Lago de Sanabria y alrededores que ha realizado una serie de actuaciones para mejorar su habitat como es plantar en la sierra un número determinado de hectáreas de cereal para que tengan alimento y cobijo. También se han instaurado y difundido programas de sensibilización, divulgación de la especie y su problemática así como de su importancia. Y, por supuesto, se ha incrementado la vigilancia sobre la actividad cinegética que aún siendo una especie protegida y prohibida su caza siempre hay personajes que hacen "oídos sordos".
La perdiz pardilla es un bien natural, un bien común que debemos de saber apreciar, disfrutar, valorar y respetar porque si no lo hacemos se irá, desaparecerá y entonces, no habrá remedio y  lamentaremos no haberlo intentado. Parece que, muy lentamente, está remontando el vuelo, por lo menos, no sigue su caída en picado, en buena medida merced a estos programas de Conservación del Parque Natural del Lago de Sanabria y alrededores que gracias a sus técnicos y agentes entusiastas y amantes de la naturaleza han dado un empujón, esperemos que definitivo, hacia la salvación de esta increíble y bella especie que tenemos en nuestra provincia. Todo un lujo.

miércoles, 4 de abril de 2012

Por la Alta Sanabria.

Desde muy pequeño me gusta recorrer los bosques, pueblos, cañones o lagunas de Sanabria y de vez en cuando hago una ruta por la Alta Sanabria. Todos los meses un grupo llamado "ruteros" hacemos una ruta por la provincia de Zamora de un día completo y en este mes tocaba la Alta Sanabria.
En el camino hasta Sanabria amanecía y
 los ciervos se iban yendo a sus encames.
No voy a hacer un estudio pormenorizado del glaciarismo, flora o fauna de la zona, sería demasiado, sino que voy a explicar el recorrido, ya sé que hay más cosas pero me referiré a lo que nos fuimos encontrando y algunas curiosidades.
Nuestra ruta comenzó en la Laguna de Peces (1.725m); laguna de origen glaciar como casi toda la zona que, por cierto, nunca la había visto tan baja de agua en esta época. Desde ahí nos dirigimos hasta la Laguna de Yeguas (1.795m) situada a los pies de Peña Cabrita (1.904m). 
En esta laguna se aprecia perfectamente el proceso de colmatación, es decir, su muerte lenta. Está recibiendo lentamente sedimentos y nutrientes que se van disolviendo en el agua; cuando existe un exceso de nutrientes (llamado eutrofización) aumenta el crecimiento de algas y musgos superficiales, que impiden la entrada de la luz hasta el fondo de la laguna. Además, cuando éstos mueren van al fondo, originando más materia que no puede ser degradada a buen ritmo por los descomponedores (bacterias sobre todo) La laguna se va rellenando de esta materia y se va colmatando, va perdiendo profundidad. El agua va desapareciendo, formándose una masa compacta, la turba, en donde se empezarán a asentar hierbas, juncos y darán paso a una pradera. Aquí, en la Laguna de Yeguas, se está produciendo este proceso y así actualmente tenemos dos lagunas, la de Yeguas y la de Cubillas (la situada debajo de Peña Cabrita) que fueron una y se están muriendo. En esta laguna nos encontramos con una pareja de porrones europeos y dos parejas de azulones aparte de algunas ranas en la laguna.
Laguna de Yeguas en pleno proceso de colmatación.
A lo largo de todo el recorrido pudimos contemplar y oir el canto de dos tipos de acentor, el común y el alpino. El acentor común es un pequeño pájaro que pudimos apreciar tanto, cantando en las ramas altas de los brezos, como desplazándose agachado entre ellos y las carqueisas por el suelo. Como curiosidad, este pequeño pájaro es un blanco común de los cucos que dejan su huevo en el nido de estos pequeños pajarillos para que críen al pollo invasor.
Acentor común.
También vimos varios acentores alpinos, más vistosos que los comunes, que nos deleitaban con su hermoso canto, tanto en vuelo como situados en la rama más alta de cualquier brezo.
Desde Yeguas nos dirigimos hasta el valle del Tera donde, antes de bajar, disfrutamos de una increíble vista de toda la zona pudiendo apreciar el punto más alto de la provincia de Zamora, Peña Trevinca (2.127m) y varios dosmiles más.
Todo el recorrido de la ruta estaba dentro del Parque Natural del Lago de Sanabria de 22.365 hectáreas, siendo un extenso complejo glaciar. En esta panorámica se pueden apreciar tanto el circo, la lengua como las morrenas y el típico valle glaciar en “U”. Bajamos hasta Vega de Conde donde encontramos varias lagartijas serranas y un pequeño lagarto. En el camino hasta Vega de Tera tuvimos dos nuevas sorpresas.
Hacía mucho tiempo que no veía perdices pardillas y junto al camino levantaron dos, una pareja que no se movió hasta que casi les pasamos por encima.
Macho a la izquierda
(tiene una mancha marrón oscura en el abdomen) y
hembra a la derecha.
Las perdices pardillas son un poco más pequeñas que las rojas y solamente vuelan cuando estás prácticamente encima de ellas. Levantaron junto al camino y se tiraron hacia el centro del valle en un vuelo ruidoso que les hizo perderse rápidamente de nuestra vista. 
La forma del escudo anal nos indica que es una corza.
La segunda sorpresa fueron dos corzos que estaban encamados y se levantaron a nuestro paso. El duende, así llaman al corzo en Sanabria y tienen razón, ya que, los ves y no los ves, en un abrir y cerrar de ojos. En la anterior entrada, relativa al tejón, comenté el curioso caso de que las hembras de tejón tienen la implantación del óvulo retardada, es decir, pueden guardar el óvulo fecundado un tiempo determinado, pues bien, las corzas hacen lo mismo.
Llegamos a Presa Rota, lugar de triste recuerdo para todos los sanabreses por la fatídica rotura de la presa el 9 de enero de 1959 que arrasó el pueblo de Ribadelago.
Tras la comida continuamos por el Cañón del Tera en el que comenzamos a ver robles, acebos, almendros y algunos abedules hasta llegar a la Cueva de San Martín. En este tramo nos encontramos con arrendajos, carboneros y un buen número de pajarillos, además de un mirlo acuático en una de las múltiples pozas que el río forma en el cañón.
Mirlo acuático tras salir del agua.
El mirlo acuático tiene una curiosa peculiaridad como es la de bucear e ir andando por el fondo del río buscando larvas e insectos que se esconden debajo de las piedras. Aquí también nos cruzamos con la famosa ranita de San Antonio que le gusta moverse por las ramas de brezos, hierbas o robles siempre que tenga cerca una zona húmeda.
Rana de San Antonio.
Por encima de la Cueva de San Martín pasamos por un bosque de robles y acebos. El acebo es un árbol muy curioso y amenazado durante mucho tiempo (sobre todo por la costumbre de cortarlo por Navidad como adorno); los bosques de acebos son tremendamente importantes para sus habitantes (pajarillos, micromamíferos,..), porque suben la temperatura ambiente entre 3 y 5 grados, por lo tanto en invierno son un refugio extraordinario para todos ellos.
Aquí comenzó la fuerte subida que nos llevó desde aproximadamente los 1.350 m hasta los 1.733 m del vértice geodésico del Gencional.
En el final de la subida pudimos encontrar los primeros escarabajos, entre ellos un espectacular escarabajo verde metalizado que, por cierto, es la orden del reino animal con más con más especies descritas, unas 375.000. Al llegar al Gencianal bajamos hacia la Laguna de Peces para terminar un largo y estupendo día de ruta por la alta montaña sanabresa.
(Doy las gracias a Poli por haberme prestado su magnífica fotografía de las perdices pardillas)