martes, 4 de diciembre de 2018

Historia, actualidad e importancia de las Lagunas de Villafáfila.

Apareció el agua y llegó la vida. Las lagunas de Villafáfila se han ido llenando de aves atraídas por el agua que se ha almacenado durante las últimas semanas. Nos encontramos en plena invernada y multitud de especies se dan cita en este enclave tan importante para las aves y para las gentes del lugar.
La historia de las lagunas de Villafáfila está llena de altibajos, llena de situaciones límites; es una historia que, quizás, mucha gente no conozca. Antes de comenzar me gustaría agradecer enormemente a J.M. San Román su inestimable ayuda para la realización de esta entrada. Historia que me gustaría recordar a grandes rasgos ya que para valorar y respetar algo hay que conocerlo primero.
Algo que parece que todo el mundo sabe y no es así, es el hecho de que las Lagunas de Villafáfila son de agua salada. Este hecho provocado por el tipo de suelo ha propiciado desde la prehistoria la extracción de sal que fue muy importante y codiciada ya que no había ningún otro lugar cercano de extracción de este mineral, con lo que, a lo largo de la historia, las salinas fueron controladas por señores poderosos (nobles o reyes) y la Iglesia. Villafáfila aparece documentada por primera vez en el año 936 en un escrito del monasterio de Sahagún tras la venta de unas salinas a dicho monasterio. Las lagunas eran un centro de abastecimiento de sal y como tal debían de ser protegidas y controladas ya que la sal era un bien de primera necesidad. 
Un equipo de arqueólogos de la Universidad de Valladolid ha confirmado, mediante el hallazgo de restos, diferentes explotaciones de sal de la época prehistórica, de hace más de 4.000 años, lo que indica su tremenda importancia.
Avefrías, chorlitos dorados y grises, ánades azulones, silbones, frisos, rabudos, patos cuchara, combatientes, correlimos o tarros blancos se mueven por las lagunas en busca de alimento mientras grandes grupos de ánsares comunes y grullas van y vienen desde las tierras cercanas hasta el agua. Estamos en plena invernada y, actualmente, unos 2.500-3.000 ánsares comunes han llegado hasta aquí. La cifra más baja de la historia; la invernada del ánsar común se muere.
Entre ellos, en muchas ocasiones, aparecen “infiltrados” como los 8 ánsares caretos (6 adultos y 2 de primer invierno) que pude ver el pasado día 21 en compañía de un gran ornitólogo y amante de la naturaleza: J.A. Fernández Ugarte; un tarro canelo el día 14 de noviembre (descubierto ese mismo día por M. Rodríguez, J. Palacios, J. Morán y J.M. San Román) y 2 barnaclas cariblancas que pudimos ver el día 25 J.A. Hernández, J.Gallego y M. Martín; sin olvidarme del posible ánsar chico de primer invierno del día 14.
También he podido descubrir el primer y único collar de la temporada (hasta el momento): el VGU Anillado el 7-7-2017 en Noruega por Arne Follestad. Ánsar que una semana antes se encontraba en Holanda, siendo esta su primera observación en España.
A lo largo de la historia los humedales han tenido muy mala fama ya que se les consideraba focos de infección y transmisión de enfermedades; a estos humedales se les quiso eliminar y muchos de ellos fueron desecados con el fin de ganar terrenos para la agricultura (algo que se demostró que no era posible dadas sus condiciones especiales).
Las Lagunas de Villafáfila no fueron menos y también se intentó su desecación. En 1969 se inició un proyecto para su eliminación comenzando por la Laguna de Salinas. Se construyó un canal de drenaje y comenzó su eliminación. En 1972 se paralizó el proyecto pero su decadencia era paulatina e inexorable como recoge la prensa en el periódico El País del 5 de mayo de 1983: “La continuidad de las lagunas de Villafáfila (Zamora), consideradas como el biotopo más importante para la invernada de aves en el noroeste español, está amenazada gravemente por la sequía, la progresiva elevación del nivel del suelo por la acumulación de hierbajos y arenas, los pesticidas arrojados en las tierras de labor cercanas y la proliferación en el interior de la ciénaga de campos de cultivo, a pesar de que el terreno es de mala calidad.
Desde hace años se detecta una disminución preocupante del número de ánsares campestres, la especie más característica de la zona, que pasan el invierno en las lagunas. Otro tanto ocurre con el ánsar común, el rabudo, el cuchara, el silbón y la cerceta, aves que también se refugian en Villafáfila durante los meses más fríos; mientras que las fochas y los fumareles hace tres años que ya no aparecen en las lagunas, durante el estío, por la falta de agua.
La falta de agua y la acumulación de materiales en el fondo, con la consiguiente elevación del suelo y descenso de la profundidad, son los peligros mayores”.
Las grullas siguen en importantes números para comienzos del mes de diciembre. Entre ellas he podido ver tres anilladas, de las cuales he leído dos. Ambas procedentes de Alemania. La BuBuY-WGW anillada el 9-7-2012 y la BuBuW-GYR anillada el 28-6-2007.
Los zarapitos reales han ido aumentando su número hasta los 31 contados entre A. Rodrigo, J.A. Hernández, J. Gallego, M. Martín y yo el pasado día 25 o el 3 de diciembre. Agujas colinegras, avocetas y hasta una hembra de sisón que he podido ver en varias ocasiones y que se mueve entre ánsares y azulones, descansan o se alimentan en el entorno de las lagunas.
Lagunas de las que se seguía tomando conciencia del problema. El 17 de agosto de 1988 se publicó en el periódico ABC: “Tras seis meses de silencio por parte de la Administración, desde que ABC se hiciera eco de las denuncias sobre el estado deplorable en que se encontraban las lagunas de Villafáfila, en Zamora, la Junta de Castilla y León ha decidido tomar cartas en el asunto. El próximo lunes comenzarán las obras de recuperación de este sistema lacustre con el objeto de remediar la desecación de una de las mayores reservas de avutardas de Europa.”
Para más tarde decir: ”las obras previstas, que cuentan con una inversión de treinta millones de pesetas, se pondrá fin a la desecación progresiva del sistema lacustre y su irreversible desaparición”.
Estas obras consistirían en: ”La falta de profundidad impedía la existencia de aves buceadoras, que ahora podrán habitar allí, ya que se formarán dos lagunas con este fin dentro de la llamada Laguna Grande. También se crearán islas de nidificación en ese mismo humedal y en las lagunas Barillos, así como dos balsas de decantación donde se controlará el nivel del agua. Además del drenaje de las lagunas, se realizarán tres muros de contención y se reforzarán las orillas, con la construcción de pequeños diques para impedir la salida del agua, cuyo nivel será elevado cuarenta centímetros”.
Los problemas eran visibles y, en teoría, se pondría una solución pero en el mismo periódico el 18 de enero de 1992 se publica: “La Coordinadora de Organizaciones de Defensa Ambiental (CODA), que agrupa a unas 150 asociaciones ecologistas españolas, ha denunciado a la Junta de Castilla y León ante la Comisión de la CE por el progresivo deterioro y artificialización de las Lagunas de Villafáfila”.
Barnacla cariblanca entre ánsares comunes.
La denuncia no llegó a más y en 1992 se inaugura el observatorio de Otero de Sariegos, para más tarde, en 1993 comenzar la construcción de la Casa del Parque, el Centro de Interpretación de las Lagunas de Villafáfila que fue inaugurado en agosto de 1995 pasando a ser lugar imprescindible para que los visitantes obtuvieran una gran información de las lagunas. En 2004 se crean los observatorios de La Rosa y Villarrín que terminan de completar los actualmente existentes.
Observatorios desde los cuales pude ver un águila real que prospectaba la laguna en busca de alimento; cernícalos comunes que se exhibían cerniéndose y un aguilucho pálido sobrevolando las tierras mientras los aguiluchos laguneros se movían entre el agua y la tierra atentos a cualquier oportunidad provocando el pánico y, un enorme revuelo, entre las miles de aves que se encontraban en el agua.
Esta es una pequeña historia de las lagunas de Villafáfila que, desde que se detuvo su desecación, han tenido diferentes grados de protección: 1972 - Zona de caza controlada; 1986 - Reserva nacional de caza; 1987 - ZEPA (Zona de especial protección para las aves); 1989 - Humedal RAMSAR (Protección e importancia internacional del complejo lagunar); 1992 - LIC (Lugar de interés Comunitario); 1996 - Reserva regional de caza y 2006 - Reserva Natural.
Y aquí, en estas lagunas, es donde miles de aves eligen pasar lo más duro del invierno. Aves que vienen de lejos y se unen a las que nos acompañan durante todo el año. Un auténtico privilegio.

jueves, 29 de noviembre de 2018

Ahí está. Me mira...

Ahí está. Me mira. Nuestros caminos se han encontrado. Coincidimos. Nuestras miradas se entrecruzan durante un tiempo eterno, un tiempo que parece haberse detenido, petrificado. Estamos él y yo. No escucho nada. No hay nada a mi alrededor. Sólo está su mirada. Una mirada de ojos almendrados que parece bucear en tu interior. Una mirada que como decían desde antiguo: “te hiela la sangre”. En cierto  modo es verdad. Es una mirada penetrante, profunda, hipnótica. Una mirada que no puedes dejar de mirar hasta que él decida cambiarla. Es la mirada del lobo. La mirada del más odiado o admirado, del que despierta pasiones encontradas, del que ha sido el malo de los cuentos, de mil historias y ha aterrorizado a pueblos, del que despierta admiración, entusiasmo o nerviosismo. Un animal emblemático, icono de nuestra fauna, un animal con el que debemos convivir y sobre todo, respetar. Ese es el lobo y esta es su mirada.

martes, 20 de noviembre de 2018

¿Ánsar chico de primer invierno en Villafáfila?

La tarde estaba nublada y una suave brisa recorría las lagunas cuando paré en el observatorio de Otero de Sariegos. Las lagunas habían cogido bastante agua con las lluvias del fin de semana y se encontraban muy animadas. Sin perder tiempo coloqué el telescopio y me dispuse a observar. Hacía un rato que M. Rodríguez, J. Palacios, J. Morán y J.M. San Román habían visto un tarro canelo en las lagunas de la Casa del Parque; así es que podría estar por la laguna.
Una pareja de asturianos me comentaron que lo habían visto, con lo cual no podía estar muy lejos. Tras unos minutos de prospección por la salina, apareció. Allí estaba, en la otra punta de la Salina Grande, solitario, muy cerca de un grupo de tarros blancos. En Villafáfila las distancias son enormes, así es que un pequeño punto de color naranja es lo máximo que saldría en cualquier foto que pudiera hacer. El último tarro canelo que había visto fue el 4 de febrero de 2013, ya hacía unos cuántos años.
Continué revisando la laguna, un gran grupo de ánades patrullaba en busca de alimento: azulones, frisos, silbones y rabudos se entremezclaban con patos cuchara, cercetas comunes y tarros blancos, mientras pequeños correlimos se movían como si tuvieran cuerda de un lugar a otro y, las chillonas grullas, pasaban volando y se posaban en mitad del agua.
Busqué a los ánsares. Había menos que en mi anterior visita, pero descubrí un ánsar careto adulto que dormitaba en una isla, junto a ánsares comunes. Entre todos ellos, uno llamó poderosamente mi atención. Estaba detrás de unas hierbas en la lejanía. Solamente se le veía la cabeza. Era un careto pero…
Esperé hasta que asomó de entre las hierbas y lo pude ver totalmente, comprobando que era muy pequeño. Patas naranjas. Tan pequeño… ¿y si pudiera ser otra cosa?…Hay ánsares caretos muy pequeños, podría ser un careto pero…mil dudas me asaltaron…¿y si era un ánsar chico? Rápidamente lo comuniqué en un grupo de wasap y el nerviosismo se hizo patente…hice algunas fotos y las envié al grupo …estaba muy lejos, demasiado lejos…
Su tamaño era muy pequeño. Sus patas naranjas. Su pico corto. Compacto. El cuello muy corto…¿podría ser? Se lo enseñé a los asturianos (Xurde Acebrás) y tenían las mismas dudas que yo. Las distancias en Villafáfila son enormes y, en este caso, nos estaban jugando una mala pasada. Estaba muy lejos, demasiado lejos. Además, era un ejemplar de primer invierno, algo que suponía mucha mayor dificultad y complejidad en la identificación; si hubiera sido un ejemplar adulto lo hubiéramos identificado rápidamente.
Nunca he visto un ánsar chico, bueno, uno si pero fue un escape que localizó J.M San Román en 2016 y que estuvo un tiempo mezclado entre los ánsares comunes.
Estas tres fotografías corresponden al ejemplar procedente de un escape
localizado en 2016 que permaneció varios meses en las lagunas.
¿Y antes? ¿Cuándo se había visto este ánsar tan raro en nuestras lagunas?
A. Rodrigo y J. M. San Román son dos grandes ornitólogos y dos enormes pozos de sabiduría e información, así es que era a ellos a quienes tenía que preguntar. Les agradezco enormemente sus consejos y datos, sin ellos esta entrada hubiera sido imposible.
Solamente existen dos citas homologadas por el Comité de Rarezas Nacional, de ánsar chico en Villafáfila: un ejemplar adulto visto el 26 de enero de 2002 por A. Rodrigo, L. Antón et al y otro visto por A. Gutiérrez et al el 11 de enero de 2003. Ambas incluidas en el libro: “Aves raras de España” de E. de Juana.
Aparte de estas dos, en la guía de la Reserva de las Lagunas de Villafáfila, de M. Rodríguez y J. Palacios se citan, textualmente, las siguientes: “dos ejemplares en 1992 (M. Rico et al, 1997), cuatro en 1993, dos en 1994 (Pearson, 1997) un ejemplar en 2001 (datos propios), uno en 2003 (J.M. San Román com. per.), tres en 2002 y uno en 2003, 2004 y 2006”.
Muy pocas observaciones de un ánsar que es muy complicado ver en nuestra tierra, pero ¿cuál es el motivo de que sea tan difícil de ver aquí?
El ánsar chico está incluido en la Lista Roja de la UICN (Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza) con la calificación de “vulnerable”. A nivel mundial se estima una población de entre 24.000-40.000 ejemplares; cría en toda la zona de Siberia teniendo tres principales puntos de población en Rusia del este, Rusia occidental y Fenoscandia (Noruega, Suecia, Finlandia y la península de Kola (Rusia)).
La población más cercana a nosotros se encuentra en Fenoscandia, situada al norte de Noruega, junto con la península de Kola (perteneciente a Rusia). Esta pequeña población ha sufrido un enorme declive en muy poco tiempo. Pensemos que a principios del s.XX había 10.000 ejemplares reproductores y, actualmente, se estiman en torno a 100 las parejas reproductoras. En esta zona, el ánsar chico, está catalogado por la UICN como “en peligro crítico”.
La disminución del ánsar chico en toda esta zona ha sido demoledora. En Suecia, la última reproducción confirmada de ánsares silvestres fue en 1991 y en Finlandia en 1995. 
En septiembre de 2011 se inició un proyecto internacional EU Life+Nature (terminado en abril de 2017) de recuperación de esta población reproductora. Se estimaba que en ese momento, habría entre 15 y 20 parejas reproductoras, es decir, al borde de la extinción de esta población silvestre. La evolución ha sido la siguiente:
Estas aves silvestres tienen como principal ruta migratoria hasta Grecia, Hungría, Bulgaria y Turquía. Un ejemplo de esta ruta es el viaje realizado, en este otoño de 2018, por un ánsar chico llamado “Mr. blue”, marcado con emisor GPS, que siguió el siguiente recorrido:
Ante esta situación tan preocupante, a comienzos de los años 80, se pusieron en marcha diferentes proyectos en Suecia, Finlandia o Alemania de reintroducción del ánsar chico. Dado que la ruta migratoria hacia el sureste, la que hacen las aves silvestres, era muy peligrosa y morían cientos de ánsares cazados en el viaje o se veían afectados por la alteración de su hábitat, se propuso cambiar la dirección de la migración, para lo cual, se criaron ánsares chicos con barnaclas cariblancas como padres adoptivos.
Surgieron diferentes problemas, como la hibridación con ánsar careto o con barnacla cariblanca (incluso de segunda generación). La ruta migratoria, de estos ejemplares reintroducidos, se modificó; ya no iban hasta sus zonas tradicionales de invernada sino que cambiaron hacia los Países Bajos ya que, las barnaclas cariblancas migraban en esa dirección y con ellas los ánsares chicos.
Llegaron por una nueva ruta de migración alterada hasta los Países Bajos y, desde ahí, mezclados con los ánsares comunes, hasta nuestra tierra. Son esos ánsares chicos y sus descendientes provenientes de diferentes proyectos de reintroducción los que llegan hasta España.
Esos mismos son los que se han visto en las lagunas de Villafáfila en los años 2001, 2002 y 2003. Eran ejemplares marcados que se sabía perfectamente su origen, como el que M. Rouco et al vio el 24 de noviembre de 2001 (permaneciendo ese invierno), que portaba una anilla roja en tarso derecho. Era uno de los 33 ejemplares de un proyecto franco-sueco-alemán donde se enseñó a los pájaros en aviones ultraligeros. Volaron desde Malster Malma (Suecia) hasta Bislicher (Alemania) y de ahí, este ejemplar hasta Villafáfila. O como el visto el 11 de enero de 2003 por A. Gutiérrez et al; anillado y anormalmente grande, síntoma de sus posibles genes de ánsar careto. (Si pincháis aquí podréis ver una relación de avistamientos).
Con lo cual, la respuesta a la pregunta: ¿Cuál es el motivo de que sea tan difícil de ver aquí? es relativamente sencilla: no estamos en su ruta migratoria. Pensemos que esos ánsares reintroducidos y sus descendientes son muy pocos y que la probabilidad de que alguno se mezcle con ánsares comunes en Holanda y llegue hasta aquí es todavía más baja.
Las posibilidades son muy remotas, pero cada cierto tiempo llega hasta España algún ánsar chico como los vistos en la Laguna de la Nava el 20 de noviembre de 2011 por J. Sagardia et al (que permaneció hasta el 16 de febrero de 2012); o el visto en el embalse del Ebro el 28 de octubre de 2012 por M. Estébanez et al (que estuvo hasta el 25 de diciembre de 2012) o el que apareció, nuevamente, en la Laguna de la Nava el 3 de diciembre de 2013 visto por G. Belamendía, R. Arambarri, M. Degaña y F. Jubete et al (visto solamente ese día).
Si esta posibilidad es tan remota, el hecho de que el ánsar que estábamos viendo fuera un ánsar chico y además de primer invierno también lo era. 
Allí seguía. Alimentándose en la laguna. Tranquilo. En compañía de un pequeño grupo de ánsares comunes. Voló pero no se acercó. Continuaba la duda, ¿sería o no sería? Tenía muchas cosas a favor, pero solo con esta observación no se podía confirmar o desmentir, alguien debería verlo más cerca, para poder asegurarlo o no.
Han pasado varios días y no se ha vuelto a localizar. Mantengamos la esperanza de que se vuelva a ver y podamos salir de esta duda; desde luego sería una enorme sorpresa y gran noticia que pudiera ser un ánsar chico y además de primer invierno.
(Los datos de esta entrada han sido aportados por A. Rodrigo, J.M. San Román y extraídos de las páginas: wwf.fi/en/lwfg/ y de www.piskulka.net)

domingo, 4 de noviembre de 2018

Aumentan las grullas, aparecen los ánsares y gaviota cana.

Aumentan las grullas, empiezan a aparecer los ánsares pero necesitamos agua. Hace falta agua. Las grullas han llegado a sus mayores números, calculo alrededor de 1.400-1.500 (según mis estimaciones). El año pasado se censaron alrededor de 1.200. Este año está siendo muy bueno para verlas ya que se están quedando a comer en el entorno de las lagunas secas de Villafáfila.
Las aves van viniendo pero como no llueva rápido y mucho…desaparecerán, se irán y la invernada será un auténtico desastre. Se irán a otras zonas como Herrín de Campos o La Nava donde tienen el agua asegurada mediante su llenado artificial. Aquí, en las Lagunas de Villafáfila, la naturaleza sigue su curso. Hay años que llueve antes y otros que llueve más tarde; años que llueve mucho y otros que lo hace muy poco. Mientras escribo estas líneas ha comenzado a llover…esperemos que caiga bien.
Los campos están secos. Las lagunas están secas. Perdices, estorninos y pequeños bandos de avefrías se ven salpicando el seco amarillo de las hierbas mientras, un pequeño mochuelo, observa desde su atalaya como un aguilucho lagunero y un cernícalo vulgar patrullan el terreno en busca de alimento o unos conejos se refugian en sus madrigueras asustados por el vuelo de un milano real o un busardo ratonero.
El enorme bando de grullas está descansando sobre la laguna seca, junto a ellas se mueven nerviosos entre el limo y la minúscula lámina de agua: combatientes, tarros blancos, cercetas comunes, correlimos comunes, patos cuchara, ánade friso, silbón y azulones se agolpan como verdaderas sardinas en aceite, sin espacio para moverse…sin agua. Muy pocos puntos tienen agua en la reserva. En esos puntos se concentra la vida.
Las grandes grullas descansan. Su porte altivo y esbelto destaca en la planicie. Se pueden distinguir perfectamente las familias, los adultos y el pollo o los pollos que van con ellos, así como las que no tienen ningún pollo a su cargo. Entre estas destaca por encima de todas una especial, está anillada, sus anillas de colores tienen el siguiente código: BuBuY-WGW.
Es una vieja conocida. Es un macho que fue anillado en Alemania el 9-7-2012 y lo pude ver el 2-12-2013 cerca de Villarrín de Campos y este año, cinco después, lo he vuelto a ver.
A media tarde se levantan y se van yendo en pequeños grupos hasta las zonas de alimentación donde se juntan en un gran bando. Bajan y se ponen a comer.
Las grullas están intranquilas, cualquier mínimo peligro les hace levantar la cabeza como un verdadero resorte, ya sea un coche por un camino cercano o un lagunero que pasa sobrevolándolas. Se mueven. Levantan el vuelo. Dan varias vueltas y se dejan caer en un punto muy cercano. Siguen comiendo.
Entre ellas se han camuflado algunos ánsares comunes que parecen liliputienses en comparación con las estilizadas grullas. Los ánsares ya han empezado a venir. Unos 800 se encuentran ya en las lagunas secas. En las próximas semanas, si todo va bien y llueve, aparecerán algunos miles que se distribuirán en la zona. Esperemos que con ellos vuelvan los ánsares caretos que el invierno pasado nos deleitaron con la cifra record de 91 ejemplares vistos por J. Alfredo Hernández y yo el 29 de diciembre de 2017, aunque sigo convencido que pasaban de los cien ejemplares.
Al anochecer me dirigí hasta la balsa donde Cristian Osorio había descubierto una gaviota cana de primer invierno el día anterior. Allí seguía, entre las gaviotas reidoras y en compañía de dos gaviotas sombrías que se movían en una finísima capa de agua que más bien era barro junto con tarros blancos, ánades reales, combatientes, cercetas comunes, avefrías, patos cuchara, algún correlimos común y una solitaria avoceta.
En la casa del parque algunos correlimos se alimentan en sus orillas. Pequeños correlimos como correlimos común, zarapitín o menudo además de chorlitejos, andarríos, cigüeñuelas y agachadizas que aprovechan las pequeñas playitas rebosantes de comida mientras fochas, porrones, ánsares y zampullines comunes nadan tranquilamente y alguna aguja colinegra descansa plácidamente.
Esta es la mejor época para ver las grullas en Villafáfila. Esperemos que sigan aumentando y comiencen a aparecer los habitantes del invierno en las lagunas. Lagunas que necesitan agua de forma inminente.

domingo, 28 de octubre de 2018

Las cigüeñas de la catedral de Zamora

Allí está. Aparece al final de la rúa. La calle se estrecha y la maravillosa cúpula románica de la catedral de Zamora comienza a mostrarnos todo su esplendor, toda la belleza de una cúpula singular, diferente, la primera en su estilo románico con inspiraciones bizantinas. Una auténtica belleza que sorprende a todo aquel que la ve, da igual todas las veces que la hayas visto, siempre te impacta, siempre te sobrecoge, siempre es digna de admiración.
Acaba la rúa y la plaza de la catedral se abre ante mis ojos. Su hermana está allí, la grandiosa torre del El Salvador de aspecto defensivo cuida de su hermana, la cúpula. Son un todo. Conforman una estampa de una belleza desmedida; sobria una, elegante la otra; altiva una, delicada la otra. La torre y la cúpula de la catedral de Zamora son dos auténticas joyas que observan el paso del tiempo desde su atalaya. 
Miro a mi alrededor. La gente se admira y comienza a hacer fotografías. Cientos de cigüeñas blancas comienzan a pasar volando por encima de nosotros, entran en la ciudad, entran por la puerta Óptima hasta traspasar las murallas de la bien cercada, la ciudad del romancero que, como cada anochecer, da la bienvenida a cientos de cigüeñas que se irán distribuyendo para pasar la noche en los tejados de iglesias, palacios, edificios o aquí, sobre la cúpula de la catedral.
En la cúpula y pináculos de la catedral duermen alrededor de 20-30 cigüeñas todos los días. Entre ellas hay algunas que tienen una historia que contarnos. Son las cigüeñas que están anilladas.
Entre estas cigüeñas las hay que duermen prácticamente todos los días aquí, en el mismo lugar, cada noche, como lo hace la WA8F, anillada por el grupo GIA el 3-6-2004 en Santa María del Páramo (León) que se sitúa en uno de los pináculos del ábside que sustituyó al anterior románico destruido en un incendio en 1591.
La misma cigüeña: WA8F, durmiendo en la catedral (arriba)
y comiendo en el vertedero (abajo).
La cigüeña con anilla 2316.
Otra de las que suele dormir aquí casi todos los días es la 2316 anillada en Coreses (Zamora) por Pablo Santos el 26-5-1999, con lo cual tiene 19 años. Cigüeña que llevaba sin ver desde hacía cuatro años y que, en lo que va de invierno, la catedral se ha convertido en su lugar preferido para dormir en la ciudad.
Cigüeña con anilla: 0|22A en la catedral (arriba)
y en el vertedero (abajo).
La 0|22A es otra de las que duermen regularmente en la cúpula. Esta cigüeña es una “anónima”, es de esas cigüeñas de las que no consigo ningún tipo de datos. Cigüeñas que por desgracia son más de las que quisiera. Cigüeñas que han sido anilladas pero que no aparecen ni en la base de datos de la Estación Biológica de Doñana ni en ningún otro proyecto conocido. La verdad es que es una verdadera lástima la dejadez o falta de interés de aquellos que las han anillado y luego no dan señales de vida, ¿para qué las anillan?
La F0W2 es otra de las que pasan la noche en tan bello lugar. No es una habitual como las otras pero se deja ver cada pocos días. Fue anillada el 12 de marzo de este año por Pablo Santos después de ser encontrada con el plumaje congelado tras una de las duras noches de helada que son tan frecuentes en nuestra ciudad.
La cigüeña con anilla: Z026.
Desde Lugo ha llegado hasta aquí la Z026. Anillada por Toño Salazar el 19-5-2013 y que es el segundo año que nos visita. Esta cigüeña, como las demás, seguramente pase gran parte del invierno en la ciudad para, al amanecer, levantarse y formar grandes grupos que bajarán al río Duero donde se encontrarían con otra de las habituales las C16M que fue anillada de adulta en Zamora, tras ser encontrada caída en un patio interior, el 15-6-2012 por Pablo Santos; o irán directamente hasta el Centro de Residuos Urbanos para reunirse con otros cientos de cigüeñas que pasarán el día en su entorno alimentándose de una comida fácil y rápida.
La C16M en una de las zudas del río Duero.
Comiendo en el vertedero.
Esta facilidad de acceso a la comida y el considerable aumento de las temperaturas hace que muchas de estas “antiguas” aves migratorias se encuentren en la situación de no tener que migrar, no tener que moverse o hacerlo muy poco del mismo lugar en todo el año.
Todo está cambiando. Las aves del norte no bajan hasta nuestra tierra; cada vez se ven más aves del sur; las aves cada vez migran menos; cada año la invernada es más floja…si alguien todavía dice que el hombre no ha influido en la naturaleza o que el cambio climático no afecta a las aves es que es un ignorante, está ciego o no quiere reconocerlo. En los últimos cien años el hombre ha influido más en el medio ambiente que en miles de años anteriores, lo que antes sucedía en miles de años ahora está sucediendo en menos de cien, con consecuencias que son perfectamente visibles, graves y preocupantes.
Ahí están, como quimeras adornando la belleza de la cúpula, del cimborrio, de ese símbolo de la ciudad que es el lugar que han elegido estos grupos de cigüeñas para pasar las noches en el frío y largo invierno de nuestra querida Zamora.