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sábado, 29 de abril de 2023

Recuperación del águila imperial ibérica.

Hace unos días pude ver un precioso pajizo de segundo año de águila imperial ibérica muy cerca de Zamora ciudad. Ave majestuosa y llena de romanticismo que me produjo una enorme satisfacción ver ya que esta especie, en los últimos años, se ha ido recuperando poco a poco de una lenta agonía que la tuvo al borde de la extinción.
El águila imperial ibérica ha pasado por un periodo crítico que estuvo a punto de condenarla a la extinción. Está incluida en el Catálogo Español de Especies Amenazadas con la categoría de En Peligro de Extinción. El águila imperial ibérica es una de esas especies emblemáticas que se mueven entre el mito, el romanticismo y la realidad.
Águila imperial ibérica en el Parque Nacional de Doñana,
uno de sus últimos refugios en el periodo crítico de los años 70 del S.XX.
En agosto de 2012 tuve la inmensa suerte de verla por primera vez en mi provincia, Zamora, observación que me impresionó porque la pude ver en un intento de caza; desde ese momento la he visto en diversas ocasiones en diferentes puntos del territorio provincial y, en el año 2018, se produjo la maravillosa noticia de que, por primera vez, criara en nuestra provincia.
Imágenes de las primeras águilas imperiales
nacidas en la provincia de Zamora.
En la provincia de Zamora cada vez se están viendo en más puntos y con más asiduidad lo que va indicando que su recuperación es cada vez más patente.
El águila imperial ibérica es un mito. Un mito que estuvo a punto de desaparecer, a punto de extinguirse por culpa del hombre; pensemos que en 1974 se localizaron, solamente, 38 parejas en toda la península ibérica.
Esta ave emblemática apareció para la ornitología en la parte final del romanticismo europeo, en 1861, en el boletín de actas de la XIII Reunión de la Sociedad Ornitológica de Alemania donde Ludwig Brehm hizo “la primera descripción para la ciencia de una nueva especie de águila y la propuesta de que se denomine águila del príncipe Adalberto, con el nombre científico de Aquila adalberti, en homenaje a S.A.R. el príncipe Adalberto de Baviera (1828-1875)” (texto extraído del libro “El águila imperial ibérica” de Luis Mariano González y Andoni Canela).
En el mismo libro podemos leer: “Ludwig Brehm describió esta nueva especie de águila basándose en cinco ejemplares obtenidos por su hijo Reinhold en 1860 y 1861 en Madrid. En la publicación compara su plumaje y medidas con los de otras águilas con las que podía confundirse, como el águila rapaz (Aquila rapax) o el águila imperial oriental (Aquila heliaca), y llega a la conclusión de que se trata de una nueva especie diferente”.
En 1957, el fotógrafo Eric Hosking, integrante de la famosa expedición británica al Parque Nacional de Doñana, tomó la primera fotografía conocida de la especie, apareciendo en la revista The Sphere, en National Geographic y en el ABC.
Primera fotografía conocida del águila imperial ibérica.
Ha pasado de estar en estado crítico a irse recuperando poco a poco; para hacerse una idea basten los siguientes datos: en 1974 se localizaron 38 parejas; en 1986: 106; en 2003:184; en 2008: 251; en 2011: 327 (datos extraídos del libro: “El águila imperial ibérica” de Luis Mariano González y Andoni Canela). Si seguimos en sucesivos años: en 2011: 327 parejas; en 2012: 350 parejas; en 2013: 407; en 2017: 520 en España y 16 en Portugal hasta las, aproximadamente, 600 parejas en la actualidad.
Datos que son lo suficientemente elocuentes como para dar a entender que ha estado al borde de la desaparición y va despuntando con paso lento pero firme y decidido hacia la salvación.
¿Y en Castilla y León? En el informe de “Seguimiento del estado de conservación del águila imperial en Castilla y León. Año 2021” (Informe elaborado por la Fundación Patrimonio Natural de Castilla y León) se puede leer: “En Castilla y León En los años 70, alcanzó su mínimo poblacional y, en los primeros censos completos en los años 80, la población reproductora se estimó en poco más de una decena de parejas (16 parejas a finales de los 90), restringidas en Ávila y Segovia (Blanco y González, 1992; Caballero, 1991; Garzón et al., 1984 González et al., 1987; González et al., 2008).
En 2005 se detectó un aumento de la población hasta las 25 parejas, 46 parejas en 2010, 74 en 2015, y a partir del año 2019 se registró, por primera vez desde su seguimiento, un número de parejas por encima de la centena (Junta de Castilla y León, 2020)”.
En la temporada de cría del año 2021 se contabilizaron un total de 131 territorios en Castilla y León.
Datos y gráficos extraídos del informe de
“Seguimiento del estado de conservación
del águila imperial en Castilla y León. Año 2021” 
En el mismo informe referente a la provincia de Zamora se puede leer: “La primera pareja de águila imperial nidificante en la provincia de Zamora se localizó en el año 2018, con un resultado de dos pollos volados. En los años siguientes, esta pareja ha continuado reproduciéndose en el mismo territorio, sacando al menos un pollo adelante. Además, la población zamorana de águila imperial va aumentando paulatinamente, con dos territorios localizados en el año 2021”.

Actualmente, en 2023, el número de territorios ha aumentado con toda seguridad ya que las observaciones de águila imperial ibérica se han multiplicado en número y en asiduidad en diferentes zonas de la provincia desde el sur hasta el norte. Buena parte de la culpa de su recuperación la tiene el aumento de su presa potencial: el conejo que se ha recuperado en determinadas zonas en los últimos años.
Es una gran satisfacción poder comprobar que el águila imperial ibérica, icono de nuestra fauna, se ha ido recuperando lentamente de una más que preocupante situación en los años 70 del s.XX; de las 38 parejas que se localizaron en 1974 hemos pasado a las, aproximadamente, 600 parejas reproductoras que actualmente hay en toda la península ibérica.
(Para profundizar más se puede pinchar aquí para ver el informe de “Seguimiento del estado de conservación del águila imperial en Castilla y León. Año 2021”)

jueves, 2 de enero de 2020

Búhos campestres, ánsares indios, ortegas y una sorpresa en Villafáfila.

En una de mis últimas visitas a las Lagunas de Villafáfila pude disfrutar de un precioso y fructífero día. Día salpicado de muy buenas observaciones en las que hubo un denominador común: el entusiasmo de la persona que me acompañaba, Claudia García (futura bióloga).
Siempre me ha gustado enseñar y este día fue muy especial porque traía a las lagunas a la hija de una prima que acababa de empezar a estudiar Biología y estaba descubriendo el mundo de las aves aunque, como ella dice: “tu tienes mucha culpa de que esté estudiando biología”. Frase que me enorgullece y satisface a partes iguales pero no mas que su cara de sorpresa, ilusión y entusiasmo cada vez que veíamos un ave diferente o descubríamos como se levanta una bandada de cientos de pardillos mientras escuchábamos los silbidos de un zarapito real.
Al llegar la niebla era la reina y señora de las lagunas. Niebla que tardó en levantarse y dejarnos observar la primera sorpresa del día. Vi volar a un par de ellos pero no le dije nada. Monté el telescopio. Los busqué donde se habían posado y le dije: “Claudia. Mira a ver qué te parece eso”. Su enormes ojos se abrieron desbocados mientras que su sempiterna sonrisa se entrecortaba al decir emocionada: “¡Es un búho. No dos!”. Eran dos preciosos búhos campestres que asomaban entre las hierbas.
El búho campestre es un invernante común en España llegando desde zonas nórdicas y rusas; hasta hace pocas décadas no criaba aquí, pero desde los años noventa del siglo pasado cría en nuestra tierra, sobre todo en Tierra de Campos, donde encuentra una buena despensa de comida necesaria para sacar adelante a sus pequeños.
El búho campestre es la rapaz nocturna más diurna, se alimenta fundamentalmente de pequeños roedores y, en esta zona en concreto, de topillos, siendo junto con otras rapaces un fantástico controlador de la población de roedores
Seguimos buscando en los campos cercanos y más búhos campestres comenzaron a surgir entre las altas hierbas por las que asomaban su rechoncha cabeza o posados en la verde alfombra que conforman algunas zonas en las que la hierba surge decidida y fuerte. Hasta veinticinco llegamos a contar. Una auténtica maravilla poder disfrutarlos.
Al ver posado al búho campestre en el suelo tienes la sensación de que se va a caer de cabeza, que va a perder el equilibrio, ya que está de una forma muy horizontal, casi paralelo al suelo, no como otras rapaces nocturnas que están muy verticales. La explicación de esa postura es muy sencilla: como pasa gran parte de su tiempo posado en el suelo, tiene que adquirir una posición que no destaque demasiado; si estuviera más vertical se le vería inmediatamente en la llanura; por el contrario otras rapaces nocturnas están mucho más verticales porque tienen que pasar desapercibidas en lo alto de un árbol y deben asemejarse a las ramas que están a su alrededor.
Junto a los búhos campestres un gran bando de ánsares comunes comía tranquilamente. Pocos lugares hay en los que en la misma imagen veas: búhos campestres, ánsares comunes y avutardas. Pero es que en este caso había un plus: dos preciosos ánsares indios (descubiertos un par de días antes por Juanjo González). Comían inseparables entre los ánsares comunes. No se despegaban ni un instante. Desde enero de 2013 no veía un ánsar indio en las Lagunas.
Este ganso, originario de La India, realiza una migración anual desde esta hasta Mongolia y es, en esa migración, cuando en 2009 un equipo de científicos dirigidos por Lucy Hawkes (Universidad de Bangor (Reino Unido)) colocó a veinticinco gansos un transmisor GPS para ver la altura a la que llegaban. Los datos recogidos demostraron que volaban a 6.437 metros de altura, tardando en completar su recorrido de 8.000 km casi dos meses. Pero lo que más les sorprendió es que sobrevolaron la cordillera del Himalaya de un sólo tirón, en ocho horas y media, sin descansar, volando de noche y sin viento, lo que significaba que se elevaban solamente por la fuerza de sus alas.
Fotografías de Juanjo González, quién los descubrió.
Gracias por cedérmelas para esta entrada.
Los ánsares indios que llegan hasta nuestra tierra pueden tener dos procedencias: la primera ser un escape de algún zoo o colección privada y la segunda provenir de Centroeuropa, de una de las poblaciones asilvestradas; si es esta segunda opción habrían venido infiltrados en un grupo de ánsares comunes.
Estos dos ejemplares no portan ninguna anilla y no son ninguno de los ánsares indios que se encuentran en La Nava (los suyos siguen allí)  así es que me inclino a pensar (y deseo que sea así) que han venido con el gran grupo de ánsares que aparecieron el día 15 de diciembre; grupo en el que siguen los cinco ejemplares con collares azules y que tres de ellos fueron los protagonistas de una anterior entrada (fidelidad en la naturaleza).
También están en el grupo otros dos ánsares con collares: LZ5 y LB2 que también tienen una curiosa historia. LZ5 fue anillado por Arne Follestad el 17-6-2016 en Noruega y la he podido (es una hembra) ver en 2016, 2017 y 2019. LB2 fue anillado el 1-7-2018 y desde ese mismo día se han visto juntos en Noruega, Holanda, La Nava (Palencia en 2018) y aquí en Villafáfila donde permanecen inseparables. El único punto en el que no se han visto juntos ha sido en Francia donde se vio al LB2 en su viaje de vuelta hacia su Noruega natal pero estoy seguro que el otro ánsar, el LZ5, también estaba. Muy posiblemente (con todas las reservas del mundo porque no se puede confirmar) sean pareja ya que fueron anillados de adultos en una zona de Noruega a la que van ánsares no reproductores tanto jóvenes como adultos.
La mañana avanzaba y no nos habíamos movido del mismo punto cuando saltó la observación del día, por lo menos para mi. Buscando en la lejanía un poste llamó mi atención, bueno, lo que había encima del poste…¡un águila imperial ibérica!
Imagen meramente testimonial de la presencia del águila imperial ibérica.
 La lejanía era evidente...
Era un pajizo. Un ejemplar joven que desde el poste de una caja nido observaba la enorme planicie. Nunca la había visto en Villafáfila y me hizo especial ilusión verla aquí. Allí estaba una preciosa águila imperial ibérica joven que estaría en dispersión.
Águila imperial que he visto en diferentes puntos de nuestra provincia, la primera vez en agosto de 2012 y que desde la primavera de 2018 cría en la provincia de Zamora.
Claudia observaba como un niño pequeño para el que todo es novedad, se empapaba de todo lo que veía y preguntaba sus dudas o que es esa ave o la otra e incluso algunas ya las reconocía. Mientras observábamos los ánsares indios un pequeño grupo que volaba muy rápido llamó nuestra atención (bueno la de Juanjo González que se acababa de unir a nosotros). ¡Eran ortegas! Ave complicada de ver por su magnífico camuflaje y escaso número.
Gracias Fernando García por la foto para ilustrar esta entrada.
La ortega es una de esas especies esteparias que están bajando sus efectivos en los últimos años. En toda España se estiman unos 37.000 ejemplares, unos 10.700 en Castilla y León y, en Zamora, entre 150 y 200 según la Junta de Castilla y León.
Volaban a una enorme velocidad para tirarse en una pequeña vaguada en la que las perdimos de vista aunque las volveríamos a ver más tarde.
Habían pasado tres horas, que se habían literalmente, esfumado, y seguíamos en el mismo lugar. Lugar en el que también pudimos disfrutar de perdices comunes, palomas zurita, mochuelos, aguiluchos laguneros, milanos reales, busardos ratoneros, cernícalos, ánade azulón, pato cuchara, ánade silbón, cerceta común, combatientes y así hasta 43 especies.
El día avanzaba, el hambre azuzaba y decidimos movernos hasta otras zonas de las lagunas, después de un buen bocadillo reglamentario, en las que pudimos disfrutar de tarros blancos, avocetas, ánades rabudos, chorlitos dorados y multitud de pequeños pajarillos que nos hicieron disfrutar de un magnífico día en las lagunas. Primer día de Claudia que según volvíamos repasaba las mas de cincuenta especies que habíamos podido ver. 
Día de grandes observaciones pero, sobre todo, día en el que una futura bióloga conoció el maravilloso lugar que son las Lagunas de Villafáfila.

sábado, 19 de octubre de 2019

50 años del Parque Nacional de Doñana.

El pasado 16 de octubre se cumplieron 50 años de la creación del Parque Nacional de Doñana; una auténtica maravilla, un símbolo, lugar emblemático que quiero recordar en esta entrada, lugar en el que:
“…José Antonio Valverde y Luc Hoffmann, WWF puso en marcha uno de los primeros mecanismos de financiación (crowfunding que se llama ahora) de la historia de la conservación de la naturaleza, lo que permitió -junto con los fondos aportados por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC)- comprar 6.671 hectáreas de dunas, pinares y marismas en 1963 para crear la Estación Biológica de Doñana, más otras 3.214 de marismas salvajes en 1969 para frenar los proyectos de desecación por el norte y dando lugar a la declaración del Parque Nacional. WWF España sigue siendo propietaria de estas tierras en el corazón de Doñana, que son gestionadas por el CSIC.
Gracias a esta última adquisición y a la intervención de diferentes personalidades, solo tres meses después, el 14 de agosto de 1969, fue declarado el Parque Nacional de Doñana, aunque no fue hasta el 16 de octubre de ese mismo año cuando se materializó legalmente la iniciativa de agosto para su creación y se delimitaron las 35.000 hectáreas que forman el corazón de Doñana.”(fuente elasombrario.com)
Unos datos de esta maravilla: “…122.487 ha (54.251 ha en el parque nacional, y 68.236 ha en el parque natural).​ Comprende tanto el Parque Nacional de Doñana (creado en 1969) como el Parque Natural de Doñana (también llamado Parque Natural del Entorno de Doñana o preparque, creado en 1989 y ampliado en 1997) Fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1994. En julio de 2012, la Unesco aprueba la ampliación de la reserva de la Biosfera de Doñana que pasa de las 77.260 hectáreas a más de 255.000 hectáreas” (Wikipedia).
Pero, aparte de datos, Doñana es sensaciones y son esas las que os quiero transmitir recordando algunas de las entradas que hice en este blog tras una de mis visitas a este lugar tan impactante, aquí os las dejo por si os apetece recordarlas:
Pero Doñana no está salvada, cada cierto tiempo surgen proyectos alocados y sin sentido que tratan de cercenar de alguna manera el corazón de este parque natural.
El 2 de febrero de 2019, coincidiendo con el Día Mundial de los Humedales, WWF publicó un informe con las cinco principales amenazas que afectan a este entorno único:
“1. La sobreexplotación del acuífero. El  acuífero está en peor estado que durante la gran sequía de 1995: más del 80% de los sectores están en parecida o peor situación que hace 24 años. Para hacer frente a este problema, las autoridades españolas diseñaron en 2014 el Plan Especial de la Corona Forestal de Doñana que conllevaría el cierre de más de 2.000 hectáreas de cultivos ilegales. Sin embargo, años después de su aprobación, el Plan sigue sin aplicarse totalmente, mientras la superficie de regadío sigue creciendo.
2. El dragado del Guadalquivir. Este faraónico proyecto fue anulado por el Tribunal Supremo, y motivó un proceso de infracción en Bruselas por la vulneración de las leyes europeas de protección de la naturaleza.  Asimismo, la UNESCO lanzó un ultimátum a España. Sin embargo, a pesar de que nuestro país se comprometió ante este organismo internacional que no llevaría a cabo el proyecto y que lo excluiría del Plan Hidrológico del Guadalquivir, se opone sin embargo a retirarlo del Plan vigente, que ha sido recurrido por WWF ante el Tribunal Supremo. Para WWF, España debe llevar a cabo acciones verificables desde el punto de vista legal, como anular el proyecto de dragado mediante la correspondiente resolución administrativa.  
3. Almacenamiento de gas en Doñana. A pesar de que España ha transmitido a la UNESCO su intención de cancelarlo, lo cierto es que no se ha anulado formalmente. Este proyecto a cargo de Gas Natural-Fenosa, busca construir un almacén junto al Parque Nacional de Doñana, amenazando este espacio protegido, además de presentar unos elevados riesgos sísmicos que no han sido debidamente evaluados.
4. La autovía entre Huelva y Cádiz. Este proyecto pretende  desdoblar una pequeña carretera actual que bordea el parque natural por el norte y luego construir un nuevo y complejo puente sobre el Guadalquivir. Esta obra tendría un altísimo coste no solo económico sino también ambiental debido a que bordea zonas sensibles y protegidas.
5.El irracional e insostenible trasvase. El Congreso de los Diputados está promoviendo la especulación del regadío en Doñana al aprobar una nueva ley que aumenta de 4,99 a 19,99 Hm3 la cantidad de agua que se podrá trasvasar a Doñana. Según cálculos de WWF, si los agricultores se limitasen a regar con los volúmenes autorizados en sus concesiones y se cerrasen las fincas ilegales que no dejan de proliferar en la zona, no haría falta ampliar el trasvase, ahorrando el coste de la larga lista de infraestructuras que se ha asociado al mismo, y logrando la recuperación del acuífero en un plazo mucho menor”. (Fuente WWF España).
Un humedal no es humedal sinó tiene agua, ¿Cuántos humedales tienen problemas en nuestra tierra? ¿Cuántas lagunas o marismas fueron desecadas y maltratadas en el último siglo? Cuidemos y respetemos nuestros humedales (y se me ocurren varios en la provincia de Zamora que se deberían de proteger y cuidar). Son vida pues que vivan.

jueves, 14 de marzo de 2019

Una tarde imperial.

El águila imperial ibérica es una de esas especies emblemáticas que se mueven entre el mito, el romanticismo y la realidad. En agosto de 2012 tuve la inmensa suerte de verla por primera vez en mi provincia, Zamora, observación que me impresionó porque la pude ver en un intento de caza; desde ese momento la he visto en diversas ocasiones en diferentes puntos de la provincia y, en el año 2018, se produjo la maravillosa noticia de que, por primera vez, criara en nuestra provincia.
La he visto en diferentes oportunidades durante los últimos años pero la observación de hace unos días fue única y quizás irrepetible. 
Una gran rapaz era acosada por una pareja de cuervos que la atosigaban sin descanso; según nos acercábamos la rapaz empezó a tomar forma, era un águila imperial adulta que volaba cada vez más alto para dejar atrás a los cuervos que la acosaban sin tregua. Se elevó y elevó hasta perderse entre las nubes. Había que esperar a que volviera por la zona.
En la espera apareció otra águila imperial. Allí estaba. Posada en lo alto de una ladera. Majestuosa. Imponente. Observaba su entorno como digna dominadora de todo el valle. Cabeza alta. Porte altivo. Era otra adulta, seguramente la pareja de la anterior que no perdía detalle de su alrededor; en un momento determinado un conejo se movió a su izquierda, conejo que es la base de su alimentación, conejo que salió a la hierba y comenzó a comer tranquilamente sin percatarse del peligro que tenía tan cerca.
Era curioso ver a la presa y a la cazadora, juntos, tan cerca uno del otro. El águila imperial lo miró en varias ocasiones pero no hizo el más mínimo intento de moverse, siguió tranquila, esperando.
Pasados unos minutos la otra águila imperial apareció y se situó junto a ella conformando una estampa espectacular en lo alto del cerro y, ante nuestro asombro, se subió encima de ella y pudimos presenciar una cópula de esta especie tan mítica. No salía de mi asombro. ¿Estábamos viendo una cópula de águila imperial? Así era. Nunca me lo hubiera imaginado pero era cierto, pasados unos segundos se bajó y se quedaron juntas observando su territorio.
El águila imperial ibérica es un mito. Un mito que estuvo a punto de desaparecer, a punto de extinguirse por culpa del hombre. La masacramos hasta casi la extinción; pensemos que en 1974 se localizaron, solamente, 38 parejas.
Las dejamos en su atalaya y continuamos por el camino; pasado un tiempo otra águila imperial se distinguía en el horizonte, no había una, eran otras dos, una pareja en otra ladera que contemplaba la caída del sol. Elegantes, esbeltas e hieráticas observaban desde lo alto. Llevábamos cuatro águilas imperiales adultas y otra de segundo año que volaba en la lejanía. Cinco preciosas e imponentes águilas imperiales. 
La tarde llegaba a su fin. Una tarde memorable en la que habíamos disfrutado de la maravilla de la naturaleza que es esta ave emblemática, ave que apareció para la ornitología en la parte final del romanticismo europeo, en 1861, en el boletín de actas de la XIII Reunión de la Sociedad Ornitológica de Alemania donde Ludwig Brehm hizo“la primera descripción para la ciencia de una nueva especie de águila y la propuesta de que se denomine águila del príncipe Adalberto, con el nombre científico de Aquila adalberti, en homenaje a S.A.R. el príncipe Adalberto de Baviera (1828-1875)”  (texto extraído del libro “El águila imperial ibérica” de Luis Mariano González y Andoni Canela).
En el mismo libro podemos leer: “ Ludwig Brehm describió esta nueva especie de águila basándose en cinco ejemplares obtenidos por su hijo Reinhold en 1860 y 1861 en Madrid. En la publicación compara su plumaje y medidas con los de otras águilas con las que podía confundirse, como el águila rapaz (Aquila rapax) o el águila imperial oriental (Aquila heliaca), y llega a la conclusión de que se trata de una nueva especie diferente”.
En 1957, el fotógrafo Eric Hosking, integrante de la famosa expedición británica al Parque Nacional de Doñana, tomó la primera fotografía conocida de la especie, apareciendo en la revista The Sphere, en National Geographic y en el ABC.
Primera fotografía tomada a una águila imperial ibérica
 por Eric Hosking en 1957 (Parque Nacional de Doñana).
A lo largo de todo el siglo XX la decadencia del águila imperial fue imparable hasta llegar al borde de la extinción pero su lenta recuperación ha sembrado de esperanza su futuro. Si en 1974 se localizaron 38 parejas; en 1986: 106; en 2003:184; en 2008: 251; en 2011: 327 (datos extraídos del libro: “El águila imperial ibérica” de Luis Mariano González y Andoni Canela). Si seguimos en sucesivos años: en 2012: 350 parejas; en 2013: 407 y actualmente se estiman alrededor de 500 parejas reproductoras.
Datos que son lo suficientemente elocuentes como para dar a entender que ha estado al borde de la desaparición y ahora va despuntando muy lentamente.
¿Y en Castilla y León? En la página efe verde el 24 de agosto de 2016 se escribía: “En 2003, cuando la Junta aprobó el Plan de Recuperación, había 22 parejas. La población de águila imperial ibérica registrada en Castilla y León este año (2016) -que supone 89 parejas reproductoras y 112 pollos que han alcanzado la madurez- multiplica ya por cinco las 16 parejas de esta especie que habitaban la región en 1990, cuando se preveía cercana su extinción”.
Águila imperial subadulta. Fotografía tomada
por J. Alfredo Hernaández, al cual le agradezco enormemente
dejarla para ilustrar esta entrada.
Pasados unos días de la observación de esas cinco águilas imperiales he podido ver otra de segundo año en otro punto de la provincia y, J.A Hernández, magnífico conocedor de la fauna zamorana, pudo observar un subadulto mas. Dejemos que esta emblemática ave se recupere, que vuele libre y sin problemas en nuestros campos, es un icono de nuestra fauna que debemos de preservar.

miércoles, 3 de octubre de 2018

Águila imperial ibérica: ¡Por fin crió en Zamora!

En un lugar de la provincia de Zamora del que, evidentemente no me voy a acordar, una pareja de jóvenes águilas imperiales ibéricas observa el amanecer de un nuevo día. Un nuevo día en su lugar de nacimiento que están a punto de abandonar. Ese lugar de nacimiento por fin ha sido la provincia de Zamora. Después de varios años en los que sus avistamientos en nuestra provincia pasaron de ser extremadamente raros a ser más continuos y de criar en provincias limítrofes, la pasada primavera, una pareja de águila imperial ibérica se asentó en un territorio situado en nuestra provincia; un hecho largamente anhelado que es una maravillosa noticia.
En una entrada del blog publicada el 18 de junio de 2015 escribía: “Este aumento de observaciones en los dos últimos años hace prever que, más pronto que tarde (esperemos), el águila imperial ibérica se asiente en la provincia Zamora y consiga criar, algo que sería un noticia extraordinaria”.
Ese momento ya ha llegado y es una importantísima noticia para una ave que ha pasado de estar en estado crítico a irse recuperando poco a poco; para hacerse una idea basten los siguientes datos: en 1974 se localizaron 38 parejas; en 1986: 106; en 2003:184; en 2008: 251; en 2011: 327 (datos extraídos del libro: “El águila imperial ibérica” de Luis Mariano González y Andoni Canela). Si seguimos en sucesivos años: en 2012: 350 parejas; en 2013: 407 y actualmente se estiman alrededor de 500 parejas reproductoras.
Datos que son lo suficientemente elocuentes como para dar a entender que ha estado al borde de la desaparición y ahora va despuntando muy lentamente.
¿Y en Castilla y León? En la página efe verde el 24 de agosto de 2016 se escribía: “En 2003, cuando la Junta aprobó el Plan de Recuperación, había 22 parejas. La población de águila imperial ibérica registrada en Castilla y León este año (2016) -que supone 89 parejas reproductoras y 112 pollos que han alcanzado la madurez- multiplica ya por cinco las 16 parejas de esta especie que habitaban la región en 1990, cuando se preveía cercana su extinción”.
Amanecía cuando la vi. Estaba imponente. Preciosa. Majestuosa. Su esbelta silueta se recortaba en el amanecer. Allí estaba. En el suelo. Observando. Tranquila. Era uno de los juveniles de águila imperial ibérica nacidos aquí, en la provincia de Zamora. Primera vez en la historia, que se tenga constancia, de la cría y nacimiento de dos pollos de esta preciosa y amenazada ave.
Han pasado varios meses desde su nacimiento. Estos jóvenes pajizos están a punto de ir abandonando el territorio en el que han nacido. Van a comenzar una de las épocas más peligrosas de su vida. Se han ido alejando del nido. Han ido haciendo vuelos más altos y lejanos. Sus padres cada vez pasan menos tiempo con ellos e incluso llegará un momento en el que los echen del lugar donde nacieron y tendrán que irse, tendrán que buscar nuevos territorios.
Todavía no saben cazar bien. No tiene depurada su técnica y necesitarán alimentarse, con lo cual, con mucha probabilidad, se asociarán a grupos de buitres leonados y negros para conseguir alimento fácil, la carroña.
La joven imperial se levantó del suelo con su poderoso vuelo para situarse en unos árboles cercanos desde los cuales observaba tranquila. Los adultos no llegaban y decidió moverse. Nuevamente alzó el vuelo poderosa, elegante, majestuosa. En un vuelo directo se acercó hasta una gran alpaca de paja que, para mi sorpresa, tenía premio. El segundo juvenil estaba allí.
Recuerdo la primera vez que vi un águila imperial en la provincia de Zamora. Fue en el año 2012. En un momento mágico que relaté en una entrada del 21 de agosto de 2012 (recordarla pinchando aquí). Desde entonces la he visto en varias ocasiones, de diferentes edades y en diferentes puntos de la provincia.
Aquí estaban las dos juveniles. Tranquilas. Observando desde su improvisada atalaya. Pasaron los minutos hasta que una de ellas se levantó e hizo algo que todavía no entiendo pero que seguro tiene alguna explicación que no soy capaz de comprender.
Desde la gran alpaca se dirigió a un campo segado cercano. Se posó en el suelo y comenzó a recorrerlo andando despacio o a pequeños saltitos con algunos aleteos sin levantarse. Recorrió cerca de 250 metros de esta manera. Era muy curioso verla andar. Verla moverse estirada, a paso lento pero seguro ¿Qué hacía? ¿Se ejercitaba? ¿Hacía movimientos para que sus padres la vieran y le trajeran comida? El caso es que de esta manera recorrió gran parte del campo hasta llegar a su borde donde se paró y quedó quieta.
Inmediatamente, el otro juvenil, hizo exactamente lo mismo, con la única diferencia de que recorrió la mitad del campo recorrido por su hermana pero llegó al mismo lugar y se situó junto a ella.
El águila imperial ibérica es uno de los símbolos de nuestro país. Es la rapaz más amenazada de Europa. Es un ave emblemática que debemos de conservar, que debemos de hacer todo lo posible para que vuele en nuestros campos. Es un ave que hemos tenido la inmensa suerte y privilegio de que se haya asentado en nuestra provincia. Esperemos que le vaya bien. Que esté tranquila. Que seamos capaces de comprender la importancia de su presencia, de respetarla, de no ocasionarle inconvenientes, de cuidar con mimo su presencia entre nosotros porque si no lo hacemos estaremos cometiendo un error imperdonable.
Las dos juveniles pronto se irán del territorio en el que nacieron pero sus padres quedarán aquí. Es su territorio. Su vida. El lugar en el que pasarán, como pareja, el resto de su vida. Lugar en el que criarán. Lugar en el que nacerá una nueva generación de esta ave tan emblemática, amenazada y majestuosa.

jueves, 18 de junio de 2015

Cuatro grandes pequeños momentos.

En las últimas semanas he tenido varios pequeños encuentros fortuitos que, por diversas razones, han sido especiales, algunos por su importancia y otros por su sorpresa o novedad para mi. Seguramente estos pequeños momentos para otras personas sean normales o no les den ninguna importancia pero para mi han sido grandes pequeños momentos.
El primero de ellos seguramente sea el más importante ya que el avistamiento de un águila imperial ibérica en la provincia de Zamora es un hecho muy significativo. He tenido la inmensa suerte de ver dos días diferentes a un ejemplar de águila imperial de segundo año que, posiblemente, sea el mismo.
Águila imperial ibérica de segundo año. Imagen tomada
por J. Alfredo Hernández en mayo de 2015  en la provincia de Zamora,
al cual le agradezco enormemente cederla para ilustrar esta entrada.
El primer encuentro fue el más espectacular ya que se desarrolló a muy corta distancia y la acción fue la lucha entre este ejemplar y un milano negro que pugnaban por un trozo de comida; la batalla se desarrolló en el aire y entre quiebros, ataques y contraataques el águila imperial se salió con la suya y se llevó la comida.
En el segundo encuentro el ejemplar de águila imperial iba en un grupo de unos treinta buitres que pasaron volando, patrullando el terreno, seguramente vaya con ellos ya que así podrá aprovecharse de la carroña que estos puedan encontrar. Estos dos encuentros se produjeron en la misma zona, al este de la provincia de Zamora y lo que hasta hace muy poco tiempo era casi imposible, el hecho de ver un águila imperial en nuestra provincia; en los últimos dos años se han producido un buen número de observaciones que están acercando más a esta bella y amenazada rapaz a la provincia de Zamora; en lo que va de año se ha visto un ejemplar de segundo año seis veces y un adulto, dos (que se sepa).
Águila imperial en Doñana.
Este aumento de observaciones en los dos últimos años hace preveer que, más pronto que tarde (esperemos), el águila imperial ibérica se asiente en la provincia Zamora y consiga criar, algo que sería un noticia extraordinaria.
Pareja de águilas imperiales en la Sierra de Andujar.
Águila imperial sobrevolando la Sierra de Andujar.
El segundo encuentro se produjo cerca de Villardeciervos, en plena Sierra de la Culebra, donde, en un día de tremendo calor un hermoso canto atrajo mi atención; sobre un roble un escribano hortelano cantaba desgañitándose como un loco en pos de encontrar una hembra, pero en un radio de unos 80 metros otros dos escribanos hortelanos cantaban también en una competición de trinos y melodías para ver quién conquistaba a alguna hembra cercana.
El escribano hortelano está incluido en el Catálogo Nacional de Especies Amenazadas como "de interés especial". Este precioso pajarillo tiene un enorme problema, la caza ilegal, sobre todo en Francia donde cada año son capturados vivos miles de escribanos hortelanos para ser engordados y luego sacrificados ahogándolos en Armañac (brandy de vino blanco) para venderlos a restaurantes de diferentes países donde son uno de los platos estrella por el que se pagan grandes sumas de dinero. Una auténtica vergüenza que se siga permitiendo.
Mientras observaba a los escribanos hortelanos no dejaban de pasar buitres leonados y, entre ellos, un buitre negro que vi a lo largo del mañana varias veces.
La tercera observación fue en plena ciudad de Zamora, en el río Duero, donde paseantes, ciclistas y deportistas pasean constantemente por sus orillas y, en una de esas orillas, me encontraba observando a unos azulones cuando, un ruido, a escasos 50 cm de mi pié, atrajo mi atención; miré y lo que vi me dejó sorprendido.
Mi primera impresión fue que una enorme culebra de escalera se estaba comiendo algo ya que no paraba de contorsionarse y retorcerse pero nada más lejos de la realidad, eran dos culebras de escalera y...¡se estaban apareando!
Una de ellas mordía a la otra sujetándola mientras se enroscaban en una danza frenética en lo que parecía una batalla en vez de un apareamiento. Allí estaban. En un lugar de paso muy concurrido. Traté de ser discreto y no llamar la atención para que nadie pudiera hacerles nada ya que estoy seguro que si alguien las hubiera visto habría intentado matarlas como he podido ver en más de una ocasión dada la mala reputación de las serpientes.
La cuarta observación es la constatación de una alegría. El año pasado pude descubrir la primera pollada de pato colorado en Zamora y, este año, por segundo año consecutivo han vuelto a criar. El pasado 16 de mayo Carlos Alberto Ramirez descubrió una hembra de pato colorado con 5 preciosos pollos que han ido disminuyendo en número hasta los dos que siguen vivos en la actualidad.
Dos preciosos pollos de pato colorado que van creciendo rápidamente y espero consigan sobrevivir.
Cuatro pequeños momentos. Cuatro pequeños momentos que para mi son grandes momentos que se disfrutan de manera especial y diferente por cada persona y, lo que para mi, es un gran pequeño momento, para otros no lo será pero ahí está lo bueno, ahí esta la variedad, ahí está la grandeza de la naturaleza.