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jueves, 23 de abril de 2015

Pollos de cárabo y de búho chico.

Hace unos días, en uno de mis paseos por el bosque de Valorio (Zamora), tuve la inmensa suerte de encontrarme con dos polladas de rapaces nocturnas, las primeras que veía este año.
Mimético. Hierático. Está pero parece que no está. Es una prolongación del tronco, es un nudo del árbol. Dormido. Tranquilo. En su posadero diurno. En su bosque. En Valorio. El cárabo es una rapaz nocturna de gran adaptabilidad que tiene una amplia dieta que quizás sea la calve de su éxito. Desde otras aves hasta insectos, mariposas nocturnas, larvas, gusanos, ranas y, sobre todo, micromamíferos forman su dieta habitual.
Ahí está, en su atalaya, en su posadero diurno, en su lugar pero, no está sólo, un rechoncho pollo de ojos grandes, redondos y negros me mira asustado. Está escondido. Agazapado. Está en el suelo. Ha salido del tronco en el que nació, se ha movido por las ramas y ha caído hasta el suelo, debe ocultarse, debe pasar desapercibido e intentar subir a alguna rama, sino lo consigue, se ocultará en la profundidad de las zarzas, donde nadie lo vea. Allí permanecerá oculto, escondido, sin moverse pero al llegar la noche llamará a sus padres que bajarán a darle de comer, a atenderlo, a que continúe vivo.
El adulto cambia de ubicación. Se coloca en una grieta del árbol. Sigue inmutable. Es una parte del árbol, parece la misma madera, su camuflaje es verdaderamente imponente. Su mimetismo es absoluto. Allí permanecerá todo el día hasta que llegue la noche, momento en el que se activará y comenzarán sus movimientos por su territorio, por su bosque y bajará a dar de comer a su pequeño que seguirá en suelo o habrá subido a alguna rama; seguramente tenga más pollos en alguna otra rama o en el hueco en el que nacieron, a todos atenderá, a todos dará de comer.
La luz se apaga. La luna ilumina el bosque y el cárabo despierta. Su canto lastimero retumba en la noche. Su poderosa voz marca su territorio, indica a otros cárabos que él está allí; los habitantes del bosque se ponen en guardia, ha despertado el rey nocturno que comparte territorio con otra de las aves que viven en la noche, el búho chico que también ha tenido pollos.
Una cabeza asomaba entre las ramas del pino. Un búho chico me miraba con sus grandes ojos entre asustado, intrigado y sorprendido. Estaba en el nido. Quieto. Estático. Sin mover ni una sola parte de su cuerpo. 
Muy cerca del nido otro pollo estaba en una rama. Se había movido. Los pollos de búho chico a los pocos días de nacer salen del nido y se van moviendo por las ramas, van andando torpemente, agarrándose con fuerza y, cuando comiencen a pegar aleteos y vuelos cortos, se cambiarán de árbol pero permanecerán en la zona ya que sus padres acudirán a su llamada y les darán de comer allí donde se encuentren.
Los adultos están cerca. Vigilantes. Expectantes observarán todo lo que pasa cerca del nido. Controlarán a a sus pequeños. Observarán ocultos. Entre la espesura. Estarán en el mismo árbol o en alguno cercano sin perderse nada de lo que acontezca donde sus pequeños búhos se encuentren.
Estas no fueron las únicas sorpresas del día ya que también pude observar una preciosa tórtola europea; era la primera vez que veía una en Valorio y dado su enorme descenso en los últimos años supuso una gran alegría poder verla.
Para rematar la mañana, localicé, por primera vez este año, una rata de agua que se movía cautelosa por el arroyo. Nadaba rápidamente hasta que salió del agua, se puso a comer unas pequeñas hojas y desapareció entre la vegetación de la orilla.
La mañana había sido muy fructífera. Había conseguido dar un agradable paseo y poder ver nuevos habitantes del bosque que lucharán por sobrevivir en un mundo lleno de peligros pero muy hermoso. 

domingo, 22 de febrero de 2015

Tórtola europea: el preocupante declive del ave del año.

Desde 1988 SEO/Bird Life elige un ave (por votación) cuya situación se encuentre en un estado preocupante o que haga falta que nos fijemos un poco más en sus problemas. Este año 2015 ha sido elegida la tórtola europea como ave del año, una especie que ha pasado de ser común en nuestros campos a verse mucho menos, aún siendo una ave con una buena población hay que tener una seria concienciación del enorme declive que ha experimentado en los últimos tiempos.
Hace años se veían tórtolas europeas con bastante frecuencia, en buenos números y en muchas localidades de nuestra provincia algo que ha cambiado por completo; el declive de esta especie es espectacular y alarmante; como ejemplo valga que solamente he visto tórtola europea en el 2014 en dos ocasiones, en dos comarcas zamoranas, una al sur, La Guareña y otra al noroeste, Sanabria. Este hecho quizás para muchos de vosotros no sea significativo pero para mi si ya que hace años las veía en muchas localidades sin ni siquiera buscarlas, había un número muy importante de ejemplares.
La tórtola europea es la más pequeña de las palomas; es un ave realmente hermosa de colores vistosos donde los ocres, marrones, grises, negros o rosados se entremezclan como si hubieran sido pintados por un pintor de renombre, tiene una estilizada figura y penetrante mirada envuelta en una mancha orbital de un rojo intenso que rodea un ojo naranja-rojizo despierto y atento a cualquier peligro que se pueda acercar.
La tórtola europea viene a la península Ibérica a finales del mes de abril para criar en nuestros campos y migrar a África sobre el mes de octubre. En España está catalogada como Vulnerable en el Libro Rojo de las Aves, estimándose una población  de entre 800.000 y 1.000.000 de parejas.
Aún con estas cifras su descenso ha sido alarmante y preocupante, según la Fundación Biodiversidad a través del Ministerio de agricultura, alimentación y medio ambiente: "En España se ha cifrado ese descenso entre un 20% y un 49% de la población en 20 años".
Las razones fundamentales de este declive son la degradación de sus zonas de cría y la enorme presión de la caza que tiene que soportar en épocas muy sensibles de su ciclo vital. Así, durante el mes de agosto, en el que se abre la media veda, muchas tórtolas son cazadas mientras están criando aún, con lo cual, sus pollos, también morirán; si no son cazadas y los pollos comienzan a salir de los nidos son fácilmente cazables dada su inexperiencia e incapacidad para poder hacer vuelos de huida de los cazadores.
A la degradación de sus zonas de cría o la caza hay que añadir un competidor relativamente nuevo, la tórtola turca, una ave invasora que apareció por primera vez en Asturias en 1960 (Castroviejo) y comenzó a criar en 1974 en Santander (González Morales) para ir extendiéndose y creciendo exponencialmente por toda la península Ibérica hasta convertirse en un verdadero problema en muchas zonas.
Todas las especies invasoras son introducidas pero no todas las introducidas son invasoras. Para que una especie se considere invasora debe de asentarse y ser capaz de criar, es decir, se debe asentar y si entonces afecta a las especies autóctonas, se considerará invasora; por lo tanto la tórtola turca es una especie invasora que se ha hecho muy común y abundante.
El declive de la tórtola europea es un hecho relevante que debería de tener más repercusión ya que la concienciación de su enorme bajada pasa, como con muchas cosas relacionadas con la naturaleza que nos rodea, totalmente desapercibida o no se le da la importancia que merece y tiene.

lunes, 30 de junio de 2014

Gangas ibéricas y más habitantes de la estepa.

La comida familiar había transcurrido agradablemente y en la sobremesa le dije a Paco: "¿Nos vamos a dar una vuelta?" Dicho y hecho. Salimos de Fuentelapeña (Zamora) en busca de los habitantes de la estepa.
Tierras rojizas, campos verdes de regadío y suaves ondulaciones se extendían por doquier, los caminos se entrecruzaban como venas en una tierra curtida por el sol en la que poco a poco fuimos viendo algunos de sus habitantes; quiero empezar por el que más ilusión me hizo y que más ganas tenía de ver, la ganga ibérica.
La ganga ibérica parece creada por un diseñador de renombre. Su gama y disposición de colores la hace especial, diferente y muy vistosa. Las vimos entre las hierbas, agachadas, a ras de tierra, como si un general hubiera dado la orden de "cuerpo a tierra". Se desplazaban pegadas al suelo, levantando muy poco entre las secas hierbas; machos y hembras se entremezclaban en una ida y venida en busca de comida mientras varias calandrias se infiltraban entre ellas como pequeños espías.
Una particularidad que nunca he visto de las gangas y que me parece fascinante es que "los machos de las ortegas y gangas frotaban contra el suelo sus pechos hasta que las plumas quedaban completamente cruzadas, entrando luego en el agua y mojándolas bien para volver inmediatamente con las hembras y los pollos, que sólo unas horas antes habían nacido y abandonado ya el nido. Estos corrían hacia el macho y sorbían el agua haciendo pasar las plumas del pecho y vientre de aquel a través de sus picos. La apariencia era que los pollos "mamaban" del pecho de los adultos" (MeadeWaldo).
Otra de nuestras paradas fue visitar una colonia de abejarucos de más de noventa nidos (ocupados más o menos la mitad), que habíamos conocido hacía unas semanas. Era la segunda vez que íbamos y la actividad era muy diferente.

En la primera visita la actividad era frenética. Las parejas se afanaban en la construcción de los nidos en un frenesí excavador que era digno de ver ya que el abejaruco llegaba al agujero y, a una velocidad sorprendente, picaba cual experto minero y sacaba la tierra con las patas por debajo de su cuerpo como si le hubieran dado cuerda mientras otras parejas se obsequiaban con regalos amorosos en cualquier posadero cercano.
También pudimos apreciar uno de los peligros de las colonias de abejarucos, una culebra bastarda se movía en la cercanía de la colonia esperando su oportunidad pero los abejarucos tienen una curiosa manera de defenderse de ella: la construcción de pequeños falsos túneles alrededor del nido para que entre en ellos, no encuentre nada y desista, lo cual salvará a más de un pollo de ser capturado.
En nuestra segunda visita la actividad era diferente. Los abejarucos cazaban en las tierras cercanas mediante vuelos acrobáticos y picados en los que capturaban libélulas, mariposas, abejas, avispas o moscas que rápidamente llevaban al nido donde entraban y salían sin perder tiempo. Estaban cebando a sus pollos. Era curioso ver como algunos salían marcha atrás lo cual indicaba que los pollos estaban bastante grandes y no tenían espacio para dar la vuelta en la cámara del agujero.
El color del abejaruco es sorprendente. Tiene una gama de colores tan amplia que no te imaginas que pueda existir un pájaro con tal variedad de colores. Azul, verde, amarillo, ocre, negro... y el rojo que aparece en el iris de los ejemplares adultos.
En la colonia de abejarucos pudimos ver una de las escasas tórtolas europeas que se ven últimamente, cuyas poblaciones están sufriendo un preocupante declive en los últimos años.
Dejamos a los abejarucos y continuamos por los caminos rojizos de La Guareña donde descubrimos la más grande de las aves de la estepa, la avutarda.
Ave potente, hermosa, grande y majestuosa que se encuentra en el límite de los kilos para poder volar. 
Caminaban pesadas entre los campos de regadío o las tierras dejadas en barbecho donde los pollos de perdiz seguían a sus padres y los aguiluchos cenizos patrullaban en busca de comida mientras una imponente águila real sobrevolaba la estepa.
En una tierra segada recientemente dos buitres leonados daban cuenta de una carroña. Uno de los buitres comía como un poseso, con enorme rapidez tiraba de la carne y la engullía con ansiedad ayudándose de una de sus patas que ponía sobre la carroña para sujetarla y poder hacer fuerza.
El otro buitre ya había comido y deambulaba por la tierra "como un enterrador del oeste" a grandes pasos mientras varias cornejas, milanos negros y uno real esperaban su oportunidad que llegó cuando los buitres se marcharon pero dos cigüeñas blancas tomaron posesión de los últimos vestigios de la carroña.
El sol iba cayendo y la tarde terminaba pero habíamos podido disfrutar de otros habitantes de la zona como: abubilla, cernícalo primilla, vencejo común, aguilucho cenizo, cogujada común, tarabilla común, triguero, águila calzada, busardo ratonero, estornino negro, jilguero, verdecillo,  gorrión común y chillón, pinzón vulgar, urraca, cuervo, avión común y cuando la noche lo envolvía todo una lechuza común cruzó en pueblo en busca de comida y un chotacabras se levantó de la carretera donde se calentaba sobre el asfalto. 
Una buena tarde en una tierra que es mucho más de lo que parece a primera vista.