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domingo, 24 de marzo de 2019

Bosques y educación: aprende a amar el bosque.

En diciembre de 2012 la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó declarar el 21 de marzo como el “Día Internacional de los Bosques”. Día que hicieron coincidir con el comienzo de la primavera en el hemisferio norte y del otoño en el sur. Desde entonces cada año se relaciona con un tema. Este año es: “Bosques y educación: aprende a amar el bosque”.
Los árboles han sido venerados desde tiempos inmemoriales por diferentes culturas que los consideraban primordiales en su existencia. Árboles que formaban parte de las tradiciones, mitología, usos y costumbres de todos los pueblos que han vivido en nuestra provincia.
En época prerromana, en tiempos de los pueblos celtas, el árbol era símbolo de vida (les daba alimento y protección). Cuando un niño nacía se plantaba un árbol en su honor. Árbol que debía de cuidar durante toda su vida y que, en muchas ocasiones, le cobijaba después de la muerte ya que se enterraba a su lado.
Un árbol marcaba un lugar de reunión, un lugar mágico que después hicieron suyo los romanos o el cristianismo construyendo una ermita junto a ese árbol sagrado (si el árbol moría se plantaba otro en el mismo lugar); en la provincia de Zamora nos encontramos con multitud de árboles alrededor de los cuales se organizaba un concejo (por ejemplo en Ribadelago Viejo un castaño centenario) o con una ermita a su lado en un lugar “mágico” como la morera de Cozcurrita, o el bosque de La Alcobilla por donde pasaron celtas, romanos  y por último una ermita cristiana.
Los celtas asociaban a cada árbol una época del año, estableciendo un horóscopo. Muchas tradiciones celtas con respecto a los árboles han perdurado hasta nuestros días, por ejemplo la tan conocida expresión “tocar madera” proviene de la creencia celta de que el poder de los dioses se encontraba en cada uno de los árboles alejando la mala suerte, además, daban protección. Uno de los árboles que mayor protección consideraban que les daba era el roble, de ahí “estás más fuerte que un roble”.
Hace años un familiar estaba tallando una pieza en una madera de roble cuando, de repente, en su interior, en uno de los nudos encontró, al abrirlo, algo que le dejó perplejo: una cruz. En el interior del tronco había una pequeña cruz.
Perplejo ante el hallazgo, su profesor se la llevó para datarla y saber su procedencia. Lo que descubrieron los dejaron tremendamente sorprendidos. La cruz era del s.XVIII y en Galicia, de donde provenía el trozo de madera de roble, existía la costumbre de que cuando nacía un niño se hacía un corte en un roble y se metía una cruz para que siempre le protegiera. Ese roble fue creciendo y la cruz quedó en su interior.
Los árboles, los bosques, que importantes han sido y siguen siendo para la humanidad. España es el tercer país de Europa con más bosques con 18.417,9 miles de hectáreas (54,8% del territorio) detrás de Suecia (28.073 miles de hectáreas) y Finlandia (22.218 miles de hectáreas) (fuente Eurostar).
"Castilla y León, con casi tres millones de hectáreas de bosque, se mantiene como la comunidad autónoma con más superficie forestal arbolada, si bien la que cuenta con mayor proporción de bosques es el País Vasco, donde ocupan el 55% de su territorio". (fuente MAPAMA).
En Zamora contamos con un 47% de nuestro territorio cubierto de bosques. En España tenemos, aproximadamente, 7.500 millones de árboles en algo más de 18 millones de hectáreas; de los cuales el árbol más abundante es la encina (20%).
Nuestros jóvenes ¿saben la importancia de un árbol, de un bosque? ¿Alguien les enseña? ¿Saben que son cruciales para su existencia? Hace unos días estuve preparando una actividad en el colegio y les puse lo siguiente:
“En una encuesta a universitarios estadounidenses, el 48% de los consultados afirmó que las plantas no son seres vivos. Total, no se mueven, simplemente están, y no siempre las vemos. El término “ceguera de plantas”, expresa la poca atención que prestamos al 99,9% de la biomasa del planeta. Una especie de desprecio histórico que también lleva a su desconocimiento.
Abramos nuestros ojos y nuestra mente a un mundo que se encuentra a nuestro alrededor y bajo nuestros pies al que le prestamos muy poca atención…descúbrelo…”
Pinchar en la imagen.
Sus caras de perplejidad y sus ojos de asombro les delataban. No tenían ni idea de nada. Tenemos que educar. Tenemos que ser capaces de enseñar a que conozcan y respeten la biodiversidad que tienen a su alrededor a que sean capaces de entender lo que se están jugando sino cuidamos-cuidan del planeta. Una nueva corriente medioambiental recorre Europa. Esperemos que esa marea se materialice en medidas para paliar los principales problemas que nos acucian. Pongamos nuestro granito con la educación. Enseñémosles a que conozcan, cuiden, protejan y respeten la naturaleza.
Aquí dejo algunas entradas de estos años en el blog que me parece interesante recordar:

jueves, 14 de marzo de 2019

Una tarde imperial.

El águila imperial ibérica es una de esas especies emblemáticas que se mueven entre el mito, el romanticismo y la realidad. En agosto de 2012 tuve la inmensa suerte de verla por primera vez en mi provincia, Zamora, observación que me impresionó porque la pude ver en un intento de caza; desde ese momento la he visto en diversas ocasiones en diferentes puntos de la provincia y, en el año 2018, se produjo la maravillosa noticia de que, por primera vez, criara en nuestra provincia.
La he visto en diferentes oportunidades durante los últimos años pero la observación de hace unos días fue única y quizás irrepetible. 
Una gran rapaz era acosada por una pareja de cuervos que la atosigaban sin descanso; según nos acercábamos la rapaz empezó a tomar forma, era un águila imperial adulta que volaba cada vez más alto para dejar atrás a los cuervos que la acosaban sin tregua. Se elevó y elevó hasta perderse entre las nubes. Había que esperar a que volviera por la zona.
En la espera apareció otra águila imperial. Allí estaba. Posada en lo alto de una ladera. Majestuosa. Imponente. Observaba su entorno como digna dominadora de todo el valle. Cabeza alta. Porte altivo. Era otra adulta, seguramente la pareja de la anterior que no perdía detalle de su alrededor; en un momento determinado un conejo se movió a su izquierda, conejo que es la base de su alimentación, conejo que salió a la hierba y comenzó a comer tranquilamente sin percatarse del peligro que tenía tan cerca.
Era curioso ver a la presa y a la cazadora, juntos, tan cerca uno del otro. El águila imperial lo miró en varias ocasiones pero no hizo el más mínimo intento de moverse, siguió tranquila, esperando.
Pasados unos minutos la otra águila imperial apareció y se situó junto a ella conformando una estampa espectacular en lo alto del cerro y, ante nuestro asombro, se subió encima de ella y pudimos presenciar una cópula de esta especie tan mítica. No salía de mi asombro. ¿Estábamos viendo una cópula de águila imperial? Así era. Nunca me lo hubiera imaginado pero era cierto, pasados unos segundos se bajó y se quedaron juntas observando su territorio.
El águila imperial ibérica es un mito. Un mito que estuvo a punto de desaparecer, a punto de extinguirse por culpa del hombre. La masacramos hasta casi la extinción; pensemos que en 1974 se localizaron, solamente, 38 parejas.
Las dejamos en su atalaya y continuamos por el camino; pasado un tiempo otra águila imperial se distinguía en el horizonte, no había una, eran otras dos, una pareja en otra ladera que contemplaba la caída del sol. Elegantes, esbeltas e hieráticas observaban desde lo alto. Llevábamos cuatro águilas imperiales adultas y otra de segundo año que volaba en la lejanía. Cinco preciosas e imponentes águilas imperiales. 
La tarde llegaba a su fin. Una tarde memorable en la que habíamos disfrutado de la maravilla de la naturaleza que es esta ave emblemática, ave que apareció para la ornitología en la parte final del romanticismo europeo, en 1861, en el boletín de actas de la XIII Reunión de la Sociedad Ornitológica de Alemania donde Ludwig Brehm hizo“la primera descripción para la ciencia de una nueva especie de águila y la propuesta de que se denomine águila del príncipe Adalberto, con el nombre científico de Aquila adalberti, en homenaje a S.A.R. el príncipe Adalberto de Baviera (1828-1875)”  (texto extraído del libro “El águila imperial ibérica” de Luis Mariano González y Andoni Canela).
En el mismo libro podemos leer: “ Ludwig Brehm describió esta nueva especie de águila basándose en cinco ejemplares obtenidos por su hijo Reinhold en 1860 y 1861 en Madrid. En la publicación compara su plumaje y medidas con los de otras águilas con las que podía confundirse, como el águila rapaz (Aquila rapax) o el águila imperial oriental (Aquila heliaca), y llega a la conclusión de que se trata de una nueva especie diferente”.
En 1957, el fotógrafo Eric Hosking, integrante de la famosa expedición británica al Parque Nacional de Doñana, tomó la primera fotografía conocida de la especie, apareciendo en la revista The Sphere, en National Geographic y en el ABC.
Primera fotografía tomada a una águila imperial ibérica
 por Eric Hosking en 1957 (Parque Nacional de Doñana).
A lo largo de todo el siglo XX la decadencia del águila imperial fue imparable hasta llegar al borde de la extinción pero su lenta recuperación ha sembrado de esperanza su futuro. Si en 1974 se localizaron 38 parejas; en 1986: 106; en 2003:184; en 2008: 251; en 2011: 327 (datos extraídos del libro: “El águila imperial ibérica” de Luis Mariano González y Andoni Canela). Si seguimos en sucesivos años: en 2012: 350 parejas; en 2013: 407 y actualmente se estiman alrededor de 500 parejas reproductoras.
Datos que son lo suficientemente elocuentes como para dar a entender que ha estado al borde de la desaparición y ahora va despuntando muy lentamente.
¿Y en Castilla y León? En la página efe verde el 24 de agosto de 2016 se escribía: “En 2003, cuando la Junta aprobó el Plan de Recuperación, había 22 parejas. La población de águila imperial ibérica registrada en Castilla y León este año (2016) -que supone 89 parejas reproductoras y 112 pollos que han alcanzado la madurez- multiplica ya por cinco las 16 parejas de esta especie que habitaban la región en 1990, cuando se preveía cercana su extinción”.
Águila imperial subadulta. Fotografía tomada
por J. Alfredo Hernaández, al cual le agradezco enormemente
dejarla para ilustrar esta entrada.
Pasados unos días de la observación de esas cinco águilas imperiales he podido ver otra de segundo año en otro punto de la provincia y, J.A Hernández, magnífico conocedor de la fauna zamorana, pudo observar un subadulto mas. Dejemos que esta emblemática ave se recupere, que vuele libre y sin problemas en nuestros campos, es un icono de nuestra fauna que debemos de preservar.

miércoles, 6 de marzo de 2019

Desmogue a la vista.

Me miran. Observan a ese extraño humano que no se mueve y les hace fotos. Está anocheciendo y salen de sus encames a campo abierto para comer. Inician su larga noche en la que deben de estar alerta ante cualquier peligro que les pueda surgir. Caminan. Se paran. Comen mientras algún miembro del grupo vigila. Está atento. Orejas tiesas. Cabeza arriba. Cuello estirado. Ante cualquier síntoma de peligro avisa a los demás que, rápidamente, dejan de comer y levantan la cabeza para buscar de donde proviene la alerta, el posible peligro.
Es un grupo familiar dirigido por una hembra adulta, la más vieja, la más experta, es la que guiará a este grupo que han pasado el invierno juntos. Junto a ella irán sus crías de los últimos dos o tres años. Incluidos los machos jóvenes de menos de tres años. Esa hembra es la que decidirá por donde hay que moverse, comer e incluso hacia donde hay que huir ante la presencia de un depredador.
En el pequeño grupo hay varios varetos, machos de un año cuya cuerna son dos largas varas, sin puntas y varios machos jóvenes de dos o tres años que ya tiene algunas puntas en la cuerna; cuerna que está apunto de caerse, el desmogue está muy cerca.
Pasado el tiempo de berrea llegamos hasta, aproximadamente, mediados de marzo, donde las cuernas, que ya han perdido su función, se caerán y lo harán de una manera alterna, es decir, es prácticamente imposible que se caigan las dos a la vez. 
Un golpe con una rama, un enganchón con un brezo o una fuerza en un giro harán que una cuerna se caiga; pasadas horas o días la otra cuerna también se caerá; por eso es muy, pero que muy difícil encontrarse juntas las dos cuernas del mismo ciervo.
En la naturaleza nada se desperdicia y, una cuerna caída en el monte, es algo demasiado apetecible tanto para los humanos (se venden para diferentes usos) como para los animales para pasar desapercibida. Las cuernas están compuestas, fundamentalmente, por sales minerales (calcio, sodio, potasio, hierro,…). Sales minerales que no se encuentran fácilmente en el monte y son básicas para el buen estado físico de cualquier animal, por lo tanto, una cuerna, que contiene un buen número de ellas se convierte rápidamente en algo muy apetecible para multitud de animales que encuentran en ella un suplemento alimenticio básico para su vida.
He visto lamer cuernas a ciervos, a jabalís machacarlas, incluso, los lobos, las muerden y las van comiendo lentamente. Todo se aprovecha.
Estaban inquietos. Ese humano llevaba demasiado tiempo observándolos. Había llegado la hora de volver a la profundidad del bosque. La hembra líder comenzó a moverse más deprisa hacia el espeso robledal, detrás de ella el resto de miembros del grupo la seguían en fila. Todos siguieron a la hembra sin dudarlo y se perdieron entre los robles, las escobas y los brezos.
En los siguientes días esos varetos y jóvenes machos perderán sus preciadas cuernas y comenzará el increíble y extraordinario proceso de creación de unas nuevas que, en escasos cinco meses, volverán a lucir orgullosos en el bosque.