viernes, 12 de octubre de 2018

Nuevamente por Cantabria: zona de Raos.

Esta vez cuestiones médicas, felizmente resueltas, nos llevaron hasta Santander. Dado el poco tiempo del que disponía, solamente pude acercarme a la zona de Raos (siguiendo los consejos de Ernesto Villodas, uno de los mejores conocedores de las aves de Cantabria y con un libro extraordinario: "Cúando y dónde ver aves en Cantabria"), zona más cercana a la que podía acudir. No conocía nada de este lugar y me sorprendió la variedad de aves en un entorno tan sumamente industrializado y humanizado que, aun no siendo la mejor época, pude disfrutar de una buena variedad de observaciones.
En este lugar hay dos zonas claramente diferenciadas; por un lado estaría la zona marítima y por otro la marisma.
Zona marítima: esta zona se llena de aves en cuanto comienza a bajar la marea. Aves que acuden a rebuscar entre las algas que van quedando o en los limos de los playones que se van formando. Aves que no paran un instante de moverse en busca de alimento. Aves como los diferentes tipos de gaviotas entre las cuales las patiamarillas son las más abundantes, seguidas de reidoras y cabecinegras, de estas últimas me sorprendió ver un grupo de unos 70 individuos (para alguien de interior eso es una barbaridad) entre los que había varias anillas (blanca y verde) pero demasiado lejos para leerlas, muy pocas sombrías y hasta una decena de los impresionantes gaviones que se movían como gigantes dominadores de las carroñas de peces que aparecían en las islas que se formaban al bajar la marea.
Junto a las gaviotas una legión de garzas reales, garcetas comunes y espátulas patrullaban las orillas en busca de todo lo que pudieran alcanzar. Entre las espátulas pude leer dos anilladas. Ambas espátulas son habituales de la bahía de Santander donde acuden regularmente cada temporada.
La primera es la: GfGN/aGP (en la imagen superior la de la derecha). Anillada el 31 de mayo de 2015 por Klaus Gunther en Alemania. También ha sido vista en Holanda, Bélgica y Alemania.
La segunda es la LGL/YfaB. Ejemplar anillado el 22 de julio de 2013 por Otto Overdijk en Holanda que como nota curiosa 17 días antes de verla se encontraba en su Holanda natal.
En los limos se movían zarapitos trinadores y reales, chorlitejos grandes o correlimos comunes que parecían corredores de fondo en comparación a sus grandes vecinos.
Los charranes patinegros descansaban en los playones o volaban patrullando la orilla lanzando impresionantes picados como pequeños misiles que, tenían su recompensa, en un buen número de ocasiones mientras, grupos de cormoranes grandes o moñudos se secaban plácidamente al sol.
En el agua varios zampullines cuellinegros y somormujos lavancos se sumergían constantemente mientras sus vecinos deambulaban por las orillas.
Es increíble la adaptación de los animales a las zonas humanizadas. Esta zona está muy industrializada y aun así las aves siguen su vida cotidiana. Es inevitable pensar en ¿cómo sería esta zona sin este gran cambio provocado por el hombre?
Zona de marisma: la otra gran zona corre paralela al aeropuerto más otras pequeñas lagunas cercanas. Aquí podemos encontrar aves completamente diferentes: ánade azulón, ánade friso, focha común, porrón europeo, zampullín chico, pato cuchara y cerceta común que nadan plácidamente mientras agachadizas comunes, andarríos grandes, correlimos comunes y algún vuelvepiedras se mueven por las orillas y las garzas reales, cormoranes grandes y espátulas descansan sobre la rocas que surgen como pequeñas islas de la marisma.
También pude acercarme a comprobar la belleza de la costa y el mar desde Liencres; para alguien de tierra adentro ver el mar es fascinante, es una sensación placentera pero llena de fuerza, poderío y respeto. Desde aquí pude observar una gran balsa de alcatraces pescando en constantes y fulgurantes picados que entraban en el agua a una velocidad increíble para remontarse nuevamente y comenzar otro nuevo picado.
Alcatraces en la lejanía.
El grupo de alcatraces pescaba en lo que debía de ser un gran banco de peces. Calculo que habría entre sesenta y ochenta alcatraces pescando. Era algo impresionante.
El alcatraz es una ave pelágica de enorme belleza como queda plasmada en las siguientes fotografías que tuve la suerte de sacar en otra ocasión.
Así se encuentra en estos momentos la zona de Raos esperando el momento de la gran llegada de los invernantes que llenaran de colorido y vida esta zona tan industrializada pero en la que la vida se abre paso.

miércoles, 3 de octubre de 2018

Águila imperial ibérica: ¡Por fin crió en Zamora!

En un lugar de la provincia de Zamora del que, evidentemente no me voy a acordar, una pareja de jóvenes águilas imperiales ibéricas observa el amanecer de un nuevo día. Un nuevo día en su lugar de nacimiento que están a punto de abandonar. Ese lugar de nacimiento por fin ha sido la provincia de Zamora. Después de varios años en los que sus avistamientos en nuestra provincia pasaron de ser extremadamente raros a ser más continuos y de criar en provincias limítrofes, la pasada primavera, una pareja de águila imperial ibérica se asentó en un territorio situado en nuestra provincia; un hecho largamente anhelado que es una maravillosa noticia.
En una entrada del blog publicada el 18 de junio de 2015 escribía: “Este aumento de observaciones en los dos últimos años hace prever que, más pronto que tarde (esperemos), el águila imperial ibérica se asiente en la provincia Zamora y consiga criar, algo que sería un noticia extraordinaria”.
Ese momento ya ha llegado y es una importantísima noticia para una ave que ha pasado de estar en estado crítico a irse recuperando poco a poco; para hacerse una idea basten los siguientes datos: en 1974 se localizaron 38 parejas; en 1986: 106; en 2003:184; en 2008: 251; en 2011: 327 (datos extraídos del libro: “El águila imperial ibérica” de Luis Mariano González y Andoni Canela). Si seguimos en sucesivos años: en 2012: 350 parejas; en 2013: 407 y actualmente se estiman alrededor de 500 parejas reproductoras.
Datos que son lo suficientemente elocuentes como para dar a entender que ha estado al borde de la desaparición y ahora va despuntando muy lentamente.
¿Y en Castilla y León? En la página efe verde el 24 de agosto de 2016 se escribía: “En 2003, cuando la Junta aprobó el Plan de Recuperación, había 22 parejas. La población de águila imperial ibérica registrada en Castilla y León este año (2016) -que supone 89 parejas reproductoras y 112 pollos que han alcanzado la madurez- multiplica ya por cinco las 16 parejas de esta especie que habitaban la región en 1990, cuando se preveía cercana su extinción”.
Amanecía cuando la vi. Estaba imponente. Preciosa. Majestuosa. Su esbelta silueta se recortaba en el amanecer. Allí estaba. En el suelo. Observando. Tranquila. Era uno de los juveniles de águila imperial ibérica nacidos aquí, en la provincia de Zamora. Primera vez en la historia, que se tenga constancia, de la cría y nacimiento de dos pollos de esta preciosa y amenazada ave.
Han pasado varios meses desde su nacimiento. Estos jóvenes pajizos están a punto de ir abandonando el territorio en el que han nacido. Van a comenzar una de las épocas más peligrosas de su vida. Se han ido alejando del nido. Han ido haciendo vuelos más altos y lejanos. Sus padres cada vez pasan menos tiempo con ellos e incluso llegará un momento en el que los echen del lugar donde nacieron y tendrán que irse, tendrán que buscar nuevos territorios.
Todavía no saben cazar bien. No tiene depurada su técnica y necesitarán alimentarse, con lo cual, con mucha probabilidad, se asociarán a grupos de buitres leonados y negros para conseguir alimento fácil, la carroña.
La joven imperial se levantó del suelo con su poderoso vuelo para situarse en unos árboles cercanos desde los cuales observaba tranquila. Los adultos no llegaban y decidió moverse. Nuevamente alzó el vuelo poderosa, elegante, majestuosa. En un vuelo directo se acercó hasta una gran alpaca de paja que, para mi sorpresa, tenía premio. El segundo juvenil estaba allí.
Recuerdo la primera vez que vi un águila imperial en la provincia de Zamora. Fue en el año 2012. En un momento mágico que relaté en una entrada del 21 de agosto de 2012 (recordarla pinchando aquí). Desde entonces la he visto en varias ocasiones, de diferentes edades y en diferentes puntos de la provincia.
Aquí estaban las dos juveniles. Tranquilas. Observando desde su improvisada atalaya. Pasaron los minutos hasta que una de ellas se levantó e hizo algo que todavía no entiendo pero que seguro tiene alguna explicación que no soy capaz de comprender.
Desde la gran alpaca se dirigió a un campo segado cercano. Se posó en el suelo y comenzó a recorrerlo andando despacio o a pequeños saltitos con algunos aleteos sin levantarse. Recorrió cerca de 250 metros de esta manera. Era muy curioso verla andar. Verla moverse estirada, a paso lento pero seguro ¿Qué hacía? ¿Se ejercitaba? ¿Hacía movimientos para que sus padres la vieran y le trajeran comida? El caso es que de esta manera recorrió gran parte del campo hasta llegar a su borde donde se paró y quedó quieta.
Inmediatamente, el otro juvenil, hizo exactamente lo mismo, con la única diferencia de que recorrió la mitad del campo recorrido por su hermana pero llegó al mismo lugar y se situó junto a ella.
El águila imperial ibérica es uno de los símbolos de nuestro país. Es la rapaz más amenazada de Europa. Es un ave emblemática que debemos de conservar, que debemos de hacer todo lo posible para que vuele en nuestros campos. Es un ave que hemos tenido la inmensa suerte y privilegio de que se haya asentado en nuestra provincia. Esperemos que le vaya bien. Que esté tranquila. Que seamos capaces de comprender la importancia de su presencia, de respetarla, de no ocasionarle inconvenientes, de cuidar con mimo su presencia entre nosotros porque si no lo hacemos estaremos cometiendo un error imperdonable.
Las dos juveniles pronto se irán del territorio en el que nacieron pero sus padres quedarán aquí. Es su territorio. Su vida. El lugar en el que pasarán, como pareja, el resto de su vida. Lugar en el que criarán. Lugar en el que nacerá una nueva generación de esta ave tan emblemática, amenazada y majestuosa.