domingo, 11 de junio de 2017

Tiempo de corcinos.
Ahí está. No tiene más de dos días. Pegado a su madre, a su protectora, a su cuidadora que le dará todos los mimos posibles y le enseñará todo lo necesario para poder sobrevivir. Es muy pequeño, tendrá uno o dos días y observa asustado y receloso cómo su madre está alterada ya que un macho se encuentra muy cerca y su cría del año pasado también.
Recién paridas las corzas entran en un falso celo que atrae al macho que ladra desesperado, escondido entre los brezos, pero la corza está más preocupada de otra situación. Está echando a su cría del año pasado, ya le ha enseñado todo lo necesario para que se mueva sola; ahora tiene que dedicar todo su tiempo al cuidado y atención de su nueva cría.
La joven corza no lo entiende, ¿por qué me echas?, parece preguntarse cuando su madre corre detrás de ella ladrando y emitiendo sonidos cortos y roncos. No la deja acercarse. La joven corza vuelve a intentarlo, quiere ir con su madre, es lo único que conoce, desde que nació ha estado con ella y ahora ¿la expulsa? No lo entiende. Vuelve a intentarlo pero su madre la vuelve a rechazar. Se aleja cabizbaja, asustada, nerviosa…¿dónde irá? ¿qué hará ahora?
Se aleja. Para. Se da la vuelta y observa cómo su madre vuelve con el pequeño corcino y lo lame con la ternura y el cariño con el que se lo hacía a ella. Lo vuelve a intentar. Se acerca dando grandes saltos pero su madre vuelve a rechazarla…es el momento de irse, de abandonar todo lo que ha conocido hasta ahora, de emprender una nueva vida. Sube la ladera despacio, volviéndose cada pocos metros. Llega arriba y desaparece.
La corza se mueve con su recién nacido...
...un macho y su cría del año pasado llaman su atención...
...la corza expulsa a su cría del año pasado...
...debe dedicar todos su esfuerzos a su recién nacido...
...le advierte de nuevo. No te acerques... 
...la cría del año pasado vuelve a intentarlo...
...quiere regresar con su madre. Salta. Se asoma.
Lo intenta pero no será posible...Debe encontrar un nuevo camino.
Este momento es crítico en la vida de un corzo. Necesitará encontrar un lugar nuevo para vivir. Un lugar del que no la echen pero los peligros se multiplican. Estará desorientada, nerviosa y pasará por carreteras o bajará la guardia y cualquier depredador sabrá que tiene una oportunidad.
La corza lleva a su pequeño al brezal. Lo lame. Le da de mamar y permanece atenta a cualquier posible peligro. El hecho de que todas las crías nazcan en muy poco tiempo es una manera de aumentar las probabilidades de supervivencia de un buen número de ellas ya que muchas morirán por frío, enfermedad o cazadas por los depredadores pero otras conseguirán sobrevivir. Estamos a principios de junio y la sierra se llenará de corcinos.
El macho sigue allí. Nervioso, agitado y oculto pero ladrando a los cuatro vientos su poderío. En, aproximadamente un mes, la corza tendrá el verdadero celo y es cuando el macho volverá y la montará, surgiendo una de las particularidades de los corzos: la implantación retardada del óvulo, es decir, pueden guardar el óvulo fecundado un tiempo determinado; quedarán preñadas en verano pero hasta los primeros meses del siguiente año no se desarrollará para nacer a finales de mayo o principios de junio donde encontrará las condiciones ideales para intentar sobrevivir: abundancia de comida, altas hierbas en las que esconderse y buena temperatura, todo lo contrario de lo que hubiera tenido si hubiera nacido en otoño donde comienza a hacer frío, hay poca comida y, las hierbas donde esconderse de los depredadores, escasean.
La mañana está siendo fantástica; mi amigo Poli  habla con su enorme sabiduría, su templanza y su gran conocimiento sobre los habitantes de la sierra. Mi abuelo siempre me decía: “acércate a los que más saben porque de ellos es de los que más se aprende”. Así es. Hablar con Poli es aprender. Es empaparte de muchas cosas que no salen en los libros pero son la verdadera naturaleza, la vivida en el campo. Es disfrutar. Es conocer y es valorar lo que tenemos.
Continuamos por la sierra. Una sierra florida, espectacular en la que la vida brota por los cuatro costados y el manto de flores amarillas, moradas, rosas o blancas cubre el tapiz vegetal en el que aparece otra corza con su pequeño y otra y otra y otra más; todas tienen una sola cría algo poco habitual ya que normalmente, las corzas, a partir del segundo parto, tiene dos crías (otra forma de aumentar las probabilidades de que algún corcino llegue a adulto) pero este año no parece que sea así o, quizás, alguna haya muerto.
Ahí está, una nueva corza con su pequeño en el borde del brezal. La corza come tranquilamente mientras su pequeño no para a su alrededor en un constante descubrimiento de su entorno. Se acerca a su madre y mama durante unos minutos. Se separa y reconoce el terreno, observa, huele, mira, siente…prueba jugosas flores o ramonea los tiernos tallos. No se aleja. Está junto a su madre. Vuelve a mamar. La corza está cansada. Se tumba y su pequeño se acuesta a su lado. Se lamen uno al otro en señal de reconocimiento, cariño, ternura y algo más importante: quitarle el olor. La corza está obsesionada en lamer a su pequeño. Debe hacer que no huela, si no lo consiguiera un depredador lo detectaría y tendría un gran problema si lo encuentra.
La corza está cansada. Se apoya y se duerme plácidamente mientras su pequeño se pega a ella. Nos vamos. Nos alejamos dejándolos en su mundo, en su vida, una vida llena de peligros que deberán de sortear. No se han percatado de nuestra presencia. Nos retiramos con una enorme sonrisa en la boca. Acabamos de disfrutar de un momento tierno, dulce, mágico. De un momento íntimo en la vida de un corcino de no más de un día que está descubriendo el mundo.

6 comentarios:

  1. Buen reportaje Jose, justamente hoy he visto desde el coche a una hembra con un corcino echados en un prado. Un abrazo desde el oriente de Cantabria.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola Germán. Muchas gracias por tu fiel comentario. Un saludo.

      Eliminar
  2. Apasionante es la vida del reino animal, como así el relato que compartes tras la agridulce experiencia vivida, que nos enseña mucho, más de lo que podemos pensar, a tus lectores.
    Enhorabuena por el encanto de lo vivido y la espléndida traducción en esta crónica en imagen y palabra.
    Un saludo de 'Ojolince y Sra.'

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias por vuestro apoyo. La naturaleza, de vez en cuando, nos regala momentos especiales, diferentes pero cotidianos que no solemos contar y este es uno de ellos. Un saludo para los dos.

      Eliminar
  3. Que reportagem mais completa entre narrativa e fotografias!...
    Não sabia que as crias passadas são abandonadas... pensava que a família fosse aumentando e os descendentes fossem se desenvolvendo e crescendo juntos...
    Preciosa vivencia, Jose! Obrigada por compartilhar...
    Um beijo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias. Fueron unos momentos preciosos. Un saludo.

      Eliminar