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martes, 8 de noviembre de 2022

Correlimos de Baird y falaropo picogrueso en Villafáfila.

La Reserva Natural de las Lagunas de Villafáfila con las últimas lluvias ha cogido un poco de agua. El agua es un imán para las aves. Agua que permite descansar y reponer fuerzas a las que están migrando hacia sus cuarteles de invierno y tener la opción de quedarse a aquellas aves que están a punto de llegar a pasar el invierno procedentes del norte de Europa.
Creo que desde la dirección de la Reserva Natural de las Lagunas de Villafáfila se deberían de estar replanteando una modernización de las lagunas, me explico. Está claro que la manera de llover, el cuándo y el cuanto ha cambiado. No llueve como lo hacía hace un tiempo. Las lagunas están secas en momentos muy importantes para las aves; momentos en los que miles de aves pasan por nuestra tierra y, si tuvieran agua, pararían a descansar, alimentarse y reponer fuerzas antes de seguir su viaje; quizás se debería de aportar agua a una parte de las lagunas, no digo que se llene la Salina Grande, digo que se debería de aportar agua para cubrir una parte de la salina, la suficiente para permitir a estas aves tener un lugar al que acudir; si no se hace de esta manera las Lagunas de Villafáfila corren el terrible riesgo de desaparecer y entonces sí que lo lamentaríamos de verdad.
Esta agua que ha cogido la Salina Grande ha permitido que las aves paren, descansen y tengamos la opción de verlas. Entre ellas el pasado día 2 de noviembre saltó un sorpresón: Alfonso Rodrigo y José Javier Orduña descubrieron un correlimos de Baird (Calidris bairdii) juvenil en la Salina Grande.
2-11-22: Fotografía histórica de Alfonso Rodrigo que supone
la primera observación del correlimos de Baird en la provincia de Zamora.
Oportunidad única para ver esta especie americana procedente del norte de Canadá, Groenlandia y Alaska que inverna en Sudamérica y supone, según datos de Alfonso Rodrigo, el primer registro para la provincia de Zamora y el segundo para Castilla y León, citas que son las únicas para el interior de la península Ibérica.
En este mapa realizado por Antonio Gutiérrez (muchas gracias por permitirme que ilustre esta entrada) se pueden ver todas las observaciones históricas de correlimos de Baird en España.
Amantes de la naturaleza y las aves provenientes de Zamora, Salamanca, Valladolid, Palencia, Ávila, León o Madrid se han acercado hasta Villafáfila para poder ver y disfrutar de este pequeño correlimos de Baird que es un poco más grande que un correlimos menudo y un poco más pequeño que un correlimos común.
Correlimos de Baird que lleva el nombre de Spencer Fullerton Baird, naturalista estadounidense del s. XIX. Este correlimos se distingue perfectamente del resto de correlimos con los que se mueve. Su larga proyección alar sobresale muy por detrás de la cola lo que le da un aspecto alargado, pico corto, pecho canela, movimientos rápidos, eléctricos manteniendo casi todo el tiempo la cabeza gacha o paralela al suelo y, cuando vuela, lo ves aletear mucho más deprisa que los correlimos comunes.
Correlimos de Baird fotografiado por Manuel Segura el 3-11-22.
Oportunidad única para disfrutar de un ave americana que habrá llegado hasta nuestra tierra impulsada por alguna tormenta o borrasca, ave de unos 15 cm de largo y 46 cm de envergadura que ha recorrido más de 5.000 km a través del océano Atlántico, un viaje lleno de peligros y problemas. Increíble.
En las lagunas también se encuentra un falaropo picogrueso (Phalaropus fulicarius) descubierto por Gary Losada el 27 de octubre. Otra preciosidad proveniente de la tundra ártica de Islandia, Noruega o Rusia que ha parado en Villafáfila durante su viaje hasta sus zonas de invernada en las costas africanas del oeste y el sur.
Fotografía de Gary Losada en el momento de su descubrimiento.
El falaropo picogrueso es un limícola que se alimenta nadando (es un gran nadador, tiene dedos lobulados) cogiendo todo tipo de invertebrados e insectos de la superficie del agua o a muy poca profundidad. Lo hace de una forma muy curiosa ya que da vueltas en círculos en aguas poco profundas para alterar a sus presas y hacer que se acerquen a la superficie y así poder capturarlas.
En España es un invernante muy escaso (solamente en zonas de la costa cantábrica, Galicia y costa atlántica de Andalucía) pero es un migrante regular en sus movimientos desde sus zonas de cría en la tundra ártica y su zona de invernada en las costas africanas. 
El último falaropo picogrueso que se vio en Villafáfila, anterior a este, fue el descubierto por Juan Carlos Milán el 30 de noviembre de 2021.
Fotografía del falaropo picogrueso
tomada el 6-11-22 por José Miguel San Román.
Correlimos de Baird y falaropo picogrueso, dos preciosas aves que dan la importancia que se merece a la Reserva Natural de las Lagunas de Villafáfila.
Enhorabuena y gracias a Alfonso Rodrigo y José Javier Orduña por el descubrimiento del correlimos de Baird que nos ha permitido disfrutarlo a muchos amantes de la naturaleza; oportunidad única de observar esta especie americana tan rara en nuestro país y, además, en nuestra querida Villafáfila.
(Quiero agradecer enormemente a Alfonso Rodrigo, Gary Losada, José Miguel San Román y Manuel Segura cederme sus fotografías para ilustrar esta entrada. Gracias y enhorabuena a todos).

martes, 21 de agosto de 2012

¡Sorpresón a la vista!

Cuando haces una espera o una ruta sabes que puedes avistar fauna. Estás preparado y pendiente de lo que te pueda salir, cruzar o aparecer pero hay ocasiones especiales en las que todo eso no vale. Ahí entra la sorpresa y esas ocasiones las recordarás siempre,  ya sea por el lugar del avistamiento, la especie avistada o la acción que has visto.
En este avistamiento que os voy a contar se unieron todos esos condicionantes. La sorpresa. La rareza del animal. El lugar y la acción.
Voy a intentar contarlo como lo viví, con la emoción del momento. Espero poder transmitiros, aunque sea una “pizca” de lo que sentí. La única pena es que no voy a poder mostraros ninguna fotografía ya que como “no iba a buscar animales” no llevaba la cámara adecuada; así es que la entrada la ilustraré con fotos de la misma especie pero hechas en otro lugar. Allá voy…
En un lugar de Zamora de cuyo nombre no quiero acordarme (entenderéis que no diga el lugar) apareció…¡un águila imperial ibérica! Así es. Una señora águila imperial.
Hay muy pocos avistamientos de águila imperial en la provincia de Zamora y tuve la enorme suerte de poder verla aquí, en nuestra provincia. Zona que en ningún caso es su área de distribución pero, ahí estaba.
Hace unos días estaba en uno de los muchos pueblos de la provincia que se encontraban en fiestas la semana pasada. Todo el pueblo y parte de los de alrededor se congregaba entorno a un acontecimiento (no voy a dar pistas de cual) que se desarrollaba en las cercanías del pueblo. La animación, expectación y gentío era considerable. Allí estaba,  entre el bullicio de la gente. Voces, risas y tensión. Miro hacia mi derecha y por detrás de unos árboles veo una silueta lejana ¿Qué es eso?
La primera sensación fue pensar: “Eso es muy grande” y salí corriendo hacia una zona más despejada para poder verlo mejor mientras me gritaban: “¿A dónde vas?”. “¡Ahora vengo!”. Les contesté según corría mirando entre los árboles. La verdad es que los que me conocen lo podrían entender pero a otros, si les dijera: “a ver un pájaro”; me tomarían por…, da igual.
Salí de detrás de los árboles y según lo hacia pensaba en un águila real como posibilidad más acertada. Cogí los pequeños prismáticos que siempre llevo en la mochila. Me paré. Miré. Y se me debió de quedar una cara de bobo mayúscula. No daba crédito a lo que estaba viendo. ¡Un águila imperial! No podía ser. Volví a mirar y allí estaba. Acercándose. Elegante. Poderosa. Nuca color crema. Hombros blancos. Gran envergadura. Era una imperial adulta. ¿Qué hacía aquí?
El espectáculo continuaba. Todos lo miraban. Bueno todos, todos, no. Yo estaba pendiente de algo mucho más interesante e importante, por lo menos para mi. La imperial se acercaba (¡Qué pena de no tener el 500!). Venía planeando. Se giró y comenzó a dar vueltas. Rápidamente me fijé y lo hacia sobre una ladera en la que recordaba que me habían dicho que había muchos conejos. No podía ser. En la ladera, al lado del gentío, estaba la imperial y estaba ¡cazando!
De repente se lanzó en un picado oblicuo. Según se acercaba a su objetivo estiró y separó las patas. Mi mente maldecía al no poder hacerle fotografías. El picado fue poderoso. Impresionante. No cogió nada. 
Si el picado fue espectacular el remonte no lo fue menos. Unos aleteos fuertes la elevaban poco a poco. Segura de si misma ascendía lentamente. Cogió altura en poco tiempo. Se alejaba. Allí estaba. Volaba de nuevo en círculos. Buscaba otra presa. De improviso se dejó llevar por una térmica que la abrazó y la lanzó a toda velocidad hacia mi izquierda perdiéndose en pocos segundos en el horizonte.
Bajé los prismáticos y me quedé como tonto. Abstraído. Pensativo. Habían sido unos diez minutos de contemplar a un animal emblemático, mítico, admirado, …
¿Qué acababa de ver? ¡No podía ser!¡Era una imperial! No me había enterado de nada de parte del espectáculo que había venido a ver pero, lo que había visto, mereció la pena. Os lo aseguro. Un cosquilleo de emoción recorría mi cuerpo. Según volvía con la familia mi cabeza era un hervidero de emociones, sensaciones y pensamientos. ¿Qué haría fuera de su zona? ¿Estaría de paso o no? ¿De donde vendría? ¿La habría visto alguien más? ¿Volvería?
A los pocos minutos llamé a Alfonso Rodrigo (si pincháis aquí veréis una entrada de su magnífico blog en el que avistó una imperial en Villafáfila), gran amante de la naturaleza y experto en aves, para contarle lo visto. Me confirmó que él la había visto unos días antes (lo que yo no sabía) en otra localidad de la provincia de Zamora que distaba unos 15 o 20 kilómetros de donde yo la acababa de ver. Posiblemente sería la misma.
Recordé lo que me dijo un guía en Doñana mientras veíamos tres imperiales. Una de ellas muy cerca (pinchar aquí para ver esa entrada anterior). “Están ustedes viendo un Goya. Dense cuenta de la importancia de este animal en peligro de extinción”. Así era. Acababa de ver algo difícil de repetirse. Algo tremendamente emocionante. Algo que me dejó con un run-run todo el día. ¿La volvería a ver?
No la ví más. Los siguientes días aparecieron águilas calzadas en fase clara y oscura. Milanos reales. Una hembra de aguilucho cenizo…pero la imperial no. Era la primera vez que veía un águila imperial en Zamora y no había sido el único. Aquí había estado o, por lo menos, pasado, y había tenido la enorme suerte de poder verla, de admirar su porte altivo, elegante, poderoso y majestuoso. De ver a la rapaz más amenazada de Europa. De ver una de las, aproximadamente, 500 imperiales que quedan. De ver un animal que nunca imaginé ver en mi provincia.