jueves, 14 de marzo de 2019

Una tarde imperial.

El águila imperial ibérica es una de esas especies emblemáticas que se mueven entre el mito, el romanticismo y la realidad. En agosto de 2012 tuve la inmensa suerte de verla por primera vez en mi provincia, Zamora, observación que me impresionó porque la pude ver en un intento de caza; desde ese momento la he visto en diversas ocasiones en diferentes puntos de la provincia y, en el año 2018, se produjo la maravillosa noticia de que, por primera vez, criara en nuestra provincia.
La he visto en diferentes oportunidades durante los últimos años pero la observación de hace unos días fue única y quizás irrepetible. 
Una gran rapaz era acosada por una pareja de cuervos que la atosigaban sin descanso; según nos acercábamos la rapaz empezó a tomar forma, era un águila imperial adulta que volaba cada vez más alto para dejar atrás a los cuervos que la acosaban sin tregua. Se elevó y elevó hasta perderse entre las nubes. Había que esperar a que volviera por la zona.
En la espera apareció otra águila imperial. Allí estaba. Posada en lo alto de una ladera. Majestuosa. Imponente. Observaba su entorno como digna dominadora de todo el valle. Cabeza alta. Porte altivo. Era otra adulta, seguramente la pareja de la anterior que no perdía detalle de su alrededor; en un momento determinado un conejo se movió a su izquierda, conejo que es la base de su alimentación, conejo que salió a la hierba y comenzó a comer tranquilamente sin percatarse del peligro que tenía tan cerca.
Era curioso ver a la presa y a la cazadora, juntos, tan cerca uno del otro. El águila imperial lo miró en varias ocasiones pero no hizo el más mínimo intento de moverse, siguió tranquila, esperando.
Pasados unos minutos la otra águila imperial apareció y se situó junto a ella conformando una estampa espectacular en lo alto del cerro y, ante nuestro asombro, se subió encima de ella y pudimos presenciar una cópula de esta especie tan mítica. No salía de mi asombro. ¿Estábamos viendo una cópula de águila imperial? Así era. Nunca me lo hubiera imaginado pero era cierto, pasados unos segundos se bajó y se quedaron juntas observando su territorio.
El águila imperial ibérica es un mito. Un mito que estuvo a punto de desaparecer, a punto de extinguirse por culpa del hombre. La masacramos hasta casi la extinción; pensemos que en 1974 se localizaron, solamente, 38 parejas.
Las dejamos en su atalaya y continuamos por el camino; pasado un tiempo otra águila imperial se distinguía en el horizonte, no había una, eran otras dos, una pareja en otra ladera que contemplaba la caída del sol. Elegantes, esbeltas e hieráticas observaban desde lo alto. Llevábamos cuatro águilas imperiales adultas y otra de segundo año que volaba en la lejanía. Cinco preciosas e imponentes águilas imperiales. 
La tarde llegaba a su fin. Una tarde memorable en la que habíamos disfrutado de la maravilla de la naturaleza que es esta ave emblemática, ave que apareció para la ornitología en la parte final del romanticismo europeo, en 1861, en el boletín de actas de la XIII Reunión de la Sociedad Ornitológica de Alemania donde Ludwig Brehm hizo“la primera descripción para la ciencia de una nueva especie de águila y la propuesta de que se denomine águila del príncipe Adalberto, con el nombre científico de Aquila adalberti, en homenaje a S.A.R. el príncipe Adalberto de Baviera (1828-1875)”  (texto extraído del libro “El águila imperial ibérica” de Luis Mariano González y Andoni Canela).
En el mismo libro podemos leer: “ Ludwig Brehm describió esta nueva especie de águila basándose en cinco ejemplares obtenidos por su hijo Reinhold en 1860 y 1861 en Madrid. En la publicación compara su plumaje y medidas con los de otras águilas con las que podía confundirse, como el águila rapaz (Aquila rapax) o el águila imperial oriental (Aquila heliaca), y llega a la conclusión de que se trata de una nueva especie diferente”.
En 1957, el fotógrafo Eric Hosking, integrante de la famosa expedición británica al Parque Nacional de Doñana, tomó la primera fotografía conocida de la especie, apareciendo en la revista The Sphere, en National Geographic y en el ABC.
Primera fotografía tomada a una águila imperial ibérica
 por Eric Hosking en 1957 (Parque Nacional de Doñana).
A lo largo de todo el siglo XX la decadencia del águila imperial fue imparable hasta llegar al borde de la extinción pero su lenta recuperación ha sembrado de esperanza su futuro. Si en 1974 se localizaron 38 parejas; en 1986: 106; en 2003:184; en 2008: 251; en 2011: 327 (datos extraídos del libro: “El águila imperial ibérica” de Luis Mariano González y Andoni Canela). Si seguimos en sucesivos años: en 2012: 350 parejas; en 2013: 407 y actualmente se estiman alrededor de 500 parejas reproductoras.
Datos que son lo suficientemente elocuentes como para dar a entender que ha estado al borde de la desaparición y ahora va despuntando muy lentamente.
¿Y en Castilla y León? En la página efe verde el 24 de agosto de 2016 se escribía: “En 2003, cuando la Junta aprobó el Plan de Recuperación, había 22 parejas. La población de águila imperial ibérica registrada en Castilla y León este año (2016) -que supone 89 parejas reproductoras y 112 pollos que han alcanzado la madurez- multiplica ya por cinco las 16 parejas de esta especie que habitaban la región en 1990, cuando se preveía cercana su extinción”.
Águila imperial subadulta. Fotografía tomada
por J. Alfredo Hernaández, al cual le agradezco enormemente
dejarla para ilustrar esta entrada.
Pasados unos días de la observación de esas cinco águilas imperiales he podido ver otra de segundo año en otro punto de la provincia y, J.A Hernández, magnífico conocedor de la fauna zamorana, pudo observar un subadulto mas. Dejemos que esta emblemática ave se recupere, que vuele libre y sin problemas en nuestros campos, es un icono de nuestra fauna que debemos de preservar.

4 comentarios:

  1. Magnifica entrada sobre este ave tan simbólica de la avifauna ibérica, con detalles históricos que desconocía. A ver si tengo la suerte de disfrutarla, cuando me acerque por la tierruca.

    Un saludo desde Donosti
    Alfredo

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    1. Hola Alfredo. Gracias por el comentario. Verla aquí es muy especial. Un saludo.

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  2. Interesante entrada y apasionante experiencia de la que has podido disfrutar. Enhorabuena por ella y por la estupenda exposición que haces de ella y que nos hace revivirla contigo de alguna manera. No creo que se te pueda olvidar en muuuucho tiempo. Fotografías y reseñas bibliográficas muy buenas e instructivas. Saludos. José Ignacio Valdenebro.

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    1. Muchas gracias. Te aseguro que no se me olvidará. Fue una tarde memorable. Un saludo.

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