Tiempo de abejarucos. Tiempo de poder disfrutar de una de las aves más bonitas que tenemos en nuestra tierra. Ave que lleva en su cuerpo todos los colores de la paleta de un insigne pintor.
El abejaruco llegó hace unas semanas procedente de África para comenzar su reproducción aquí, en nuestros campos. La mayoría de los nidos ya están terminados. Nidos que excavan con su pico y van sacando la tierra del túnel con un movimiento rápido de sus patas, lanzándola al exterior formando pequeños montículos de acumulación de arena según va cayendo.
Bajan en un vuelo acrobático para posarse en el terraplén y comenzar a picar la pared de arena. Lo hacen de una manera muy rápida, como un pequeño martillo percutor que va desgastando la pared. Según pasa el tiempo el agujero se va haciendo más profundo hasta, aproximadamente, de entre uno y dos metros y medio de túnel que termina en una pequeña cámara en la que nacerá la siguiente generación.
Una vez terminado el nido, el siguiente paso, en el que se encuentran estos días es la entrega de regalos por parte del macho a la hembra que lo esperará cerca del nido, en un cable, en una rama o cualquier percha próxima al túnel recién terminado.
Es difícil distinguir al macho de la hembra, una de las maneras de hacerlo es fijándose en los tonos más verdes que presentan en la espalda y en el obispillo las hembras, aunque si estás durante un tiempo observándolos, rápidamente identificarás al macho que se afana, en un trajín constante, en traer abejas, mariposas o avispas que caza en potentes y espectaculares vuelos acrobáticos, rápidos y llenos de quiebros y requiebros que le permiten cazar al vuelo a los rápidos insectos que se mueven entre las flores o vuelan a cierta altura en el campo cercano al nido.
En el entorno de la colonia hay una zona muy curiosa: la zona de baño. En ella pequeños agujeros hacen las funciones de bañeras, bañeras de arena en las que cada cierto tiempo los gorriones se meten y comienzan a rebozarse alegremente en la fina arena con el objetivo de eliminar los posibles parásitos que tengan ya que la arena ahoga a los inquilinos no deseados, pero no solamente es un magnífico insecticida, también es un bálsamo natural para mantener el plumaje perfecto y esponjoso.
Mientras los gorriones se acicalan los abejarucos continúan con sus vuelos acrobáticos de caza que suelen terminar en el sonido que hace el abejaruco cuando captura una presa, un sonido seco, “clack”, presa capturada, además de la sorprendente efectividad de aciertos, es certero y eficaz.
Entre regalo y regalo, las visitas al nido y las montas se van alternando hasta que la hembra comience a poner los huevos iniciando una nueva fase en la reproducción de esta preciosa ave digna de cualquier diseñador de prestigio. Para llegar a esta situación todavía falta, aproximadamente, un mes. Ahora mismo la colonia está en una actividad frenética de caza de insectos e intercambios de regalos, aunque a veces, como le sucedió a este macho, la espera es larga y paciente.
Macho que llegó con un regalo de postín: una esfinge colibrí. Esperó. La hembra no aparecía. No estaba. Comenzó a llamar, a reclamar pero, no aparecía, anteriormente le había entregado varios regalos pero no aparecía. Cambió de percha pero igual, no aparecía, veinte minutos estuvo este afanoso macho llamando a su amada pero no apareció con lo que después de veinticinco minutos, se comió el apetitoso regalo.
Los vecinos de los abejarucos están muy atareados como los gorriones chillones que tienen un trajín constante trayendo pequeños gusanos para alimentar a su prole que les espera en el interior de sus nidos o los aviones comunes que aprovechan un último charco de agua del que coger el elemento indispensable para la construcción de su nido: el barro, o los cernícalos que cazan en la misma zona sin olvidarnos de los vivos conejos que están constantemente atentos a todos los peligros que les acechan.
El pájaro de los mil colores está nuevamente aquí. Ha vuelto a alegrar nuestros campos con sus colores, sus vuelos acrobáticos y sus reclamos.
(Gracias a mi amigo Fernando García por su fotografía para ilustrar esta entrada).
