lunes, 29 de abril de 2013

El avetorillo de Olivares.
La primera vez qué vi un avetorillo este año fue el 29 de enero en el río Duero a su paso por Zamora y desde entonces, cada vez que bajaba al río, lo buscaba para verlo y, si había posibilidades, intentar fotografiarlo. Lo había visto más veces y oído en varias ocasiones en diferentes puntos del río pero sin ningún resultado a nivel fotográfico ya qué es tremendamente complicado de ver entre los carrizos en los que está metido normalmente; mis esperanzas estaban puestas en una zona muy concreta de Olivares donde los he visto años anteriores pero los días pasaban y no había suerte. Pero como la naturaleza es caprichosa y sorprendente cuando no bajé a buscarlo y, simplemente, pasaba por allí, lo encontré por sorpresa y en una zona que nunca lo había visto antes. La suerte me había sonreído con la más pequeña de las garzas europeas.
Como he comentado en muchas ocasiones el río Duero a su paso por Zamora tiene una fauna amplia, variada y sorprendente que muchos zamoranos ignoran qué en la misma ciudad podamos encontrar tal cantidad de animales, tanto aves como mamíferos, reptiles o anfibios; en entradas anteriores he hablado de esta sorprendente variedad de vida, desde martines pescadores hasta nutrias pasando por águilas calzadas, comadrejas, andarrios, galápagos o picos menores y, por supuesto, estos avetorillos que tuve la inmensa suerte de poder ver el pasado fin de semana.
Allí estaban. La pareja de avetorillos en los carrizos. El macho se fue volando inmediatamente pero la hembra aguantó unos minutos dándome tiempo a sacarle algunas fotografías.
Esta pareja está en periodo reproductor ya qué como se puede apreciar en esta hembra, en la base del pico tiene una coloración rojiza qué así lo indica. Son aves esquivas, miméticas, cuyo plumaje les hace pasar totalmente desapercibidos entre los carrizos de la orilla. Es un ave de costumbres crepusculares qué se mueve perfectamente entre los carrizos agarrándose a ellos con una soltura y elegancia sorprendente. 
Todo él está diseñado para vivir en este hábitat. Sus largos dedos y uñas le permiten agarrarse firmemente a estrechos carrizos en posturas dignas de un equilibrista consumado. Su largo cuello es perfecto para equilibrarse y estirarlo hacia el agua para poder pescar pequeños peces qué coge al acecho con su largo y fuerte pico. Su plumaje es de un color mimético con el entorno. Está perfectamente adaptado a la vida entre los carrizos.
Así se ve en muchas ocasiones el avetorillo. Oculto. Camuflado...
Al día siguiente volví a bajar al mismo lugar por si había suerte. Bajé por la tarde y, tras varias pasadas por el lugar en cuestión, apareció la hembra, al anochecer. Estaba agachada, agazapada sobre un carrizo, a ras de agua, quieta, inmóvil, parecía mucho más pequeña, estaba como encogida, sin mover un sólo músculo. ¿Estaría pescando?
Me quedé quieto y oculto detrás de unos arbustos. No me podía ver. No quería espantarla ni molestarla. La hembra estaba tranquila, ya qué si se hubiera molestado se habría ido volando o hubiera adoptado una postura típica que los avetorillos adoptan cuando están intranquilos. Hubiera estirado su cuerpo y levantado el cuello verticalmente, se habría puesto como si fuera una vara, rígida, inmóvil, como si fuera una caña más del entorno. 
No fue así. Estaba tranquila. Al borde del agua. Agazapada y encogida. Pasados unos minutos lanzó su largo cuello al agua. ¿Habría cogido algo? Subió por el carrizo y mostró en todo su esplendor la captura...
Se estiró. Colocó el pez a favor de escama. Estiró el cuello y con dos rápidos movimientos de cabeza se lo tragó con una facilidad asombrosa. Acababa de asistir a algo qué nunca había visto. Un avetorillo capturar y comerse un pez.
Quedé sorprendido y tremendamente contento. Me fui para casa revisando las fotografías esperando y confiando que se pudieran ver bien pero sobre todo emocionado por la experiencia vivida. Cuando uno baja al río estos momentos tan especiales se quedan tan marcados qué aunque ninguna fotografía hubiera quedado bien mi satisfacción hubiera sido la misma. El recuerdo quedará grabado en mi memoria para siempre.
En los dos últimos días había podido ver a tres avetorillos y sacarles algunas fotografías y, además, en el mismo lugar, lo cual me anima a buscarlos en más ocasiones y como están en periodo reproductivo esperar que críen por la zona, por lo menos esa es mi esperanza, ya veremos... 

miércoles, 24 de abril de 2013

El holandés errante.
Siempre que ves un ave anillada es un momento especial, por lo menos para mi. El pasado 16 de febrero pude observar un combatiente anillado en las Lagunas de Villafáfila. Inmediatamente se lo comuniqué a José Miguel San Román biólogo del parque y anillador del grupo GIA-León que mandó fotografías a diferentes anilladores europeos de combatientes para ver si alguno de ellos lo había anillado.
Finalmente el 1 de abril se recibió la contestación y un pequeño informe de la procedencia de este combatiente.
Fue anillado por el Grupo de Ecología Animal del Centro de Estudios Ecológicos y Evolutiva (CEES) de la Universidad de Groningen el 10 de abril de 2009 a la edad de 2 años, con lo cual, actualmente, tiene 6. Es un macho y fue anillado por Japp Strikwerda en Holanda.
Su primera observación se produjo, también en Holanda, diez días después de ser anillado. Desde ese momento se le perdió el rastro hasta que apareció el 30 de abril de 2012, tres años después, en Bielorrusia a unos 1.700 km de distancia de donde fue anillado y visto por primera vez.
Este pequeño holandés errante no volvió a aparecer hasta el pasado día 16 de febrero de 2013, casi un año más tarde, cuando pude observarlo en la zona de La Rasa, en las Lagunas de Villafáfila, a unos 2.700 km de donde fue observado la vez anterior.
Solamente se le ha podido ver en esas tres ocasiones pero ¿por donde se habrá movido el resto del tiempo? Quizás haya venido más veces hasta España y no lo hayamos podido observar.
La verdad es qué la migración y desplazamientos de las aves es un tema fascinante qué ha alentado y alienta a científicos a hacer estudios qué les permitan saber más acerca de como se mueven, por donde, cuando, cuanto tardan,...un buen número de preguntas que algunas se pueden ir resolviendo poco a poco con estos estudios.
Desplazamientos de este pequeño holandés errante.
Una anilla es como si fuera el DNI del ave que la lleva. Esa anilla llevará un número y un remite nacional que servirá para saber todos los datos de esa ave. Pero no solamente es importante anillar al ave sino qué es tan importante o más, intentar seguir sus evoluciones, es decir, saber a dónde va, qué distancia recorre, cuáles son sus rutas y eso se hace mediante la comunicación de todos aquellos que la ven en un lugar, leen la anilla, el collar o los códigos de colores y lo comunican. Con la documentación de esos avistamientos se pueden saber sus rutas migratorias, su longevidad o sus desplazamientos.
En definitiva el anillamiento de aves es y será un método de gran importancia para conocer más acerca de ellas. Método al que podemos colaborar remitiendo la información de las aves anilladas que nos encontremos en nuestros paseos por el campo.
(Quiero agradecer enormemente a José Miguel San Román (GIA-León), anillador de Villafáfila y amante de la naturaleza, su inestimable colaboración).

sábado, 20 de abril de 2013

El alcaraván. Una piedra en el camino.
Es una ave difícil de localizar, de ver y de fotografiar. Es mimética. Silenciosa. Pasa completamente desapercibida a menos que se levante y corra agachada con su característico movimiento o eche a volar. La ves y no la ves. Es una piedra en el camino.
Siempre hay que hacer caso a los hombres de campo. A esos hombres que han recorrido caminos, veredas o valles y conocen comportamientos, costumbres, sonidos y reacciones de todo aquello que llevan viendo toda la vida. Uno de esos hombres es Juan Antonio Panero. He hablado algunas veces con él. Es un hombre culto, de voz pausada y firme. De amplios conocimientos adquiridos en su condición de maestro pero sobre todo en la vivencia diaria, en el contacto con la naturaleza y si un hombre como él dice: "Por aquí tiene el nido". Hay que hacerle caso porque, aunque lleve años sin ver un alcaraván por la zona o pernil como lo llaman vulgarmente, si dice que tiene el nido por allí, es qué lo tiene. No se equivocó. Allí estaba el precioso tesoro de dos huevos. Tesoro expuesto, a la intemperie, a la vista de todos, ¿a la vista? Si eres capaz de encontrarlo, porque os aseguro qué estás a dos metros de él y no lo ves.
Los dos preciosos huevos parecían una piedra. El color. La disposición en un pequeño agujero. Las piedras de alrededor iguales que ellos. Las hierbas y flores que forman una barrera natural para ocultarlos. Es su manera de protegerlos. Su manera de que nadie los toque. Su manera de que pasen desapercibidos. El mimetismo con el entorno. Si algún animal los descubre. Adiós puesta. Tienen que estar perfectos. Camuflados.
Si el alcaraván no se hubiera levantado y movido hacia el valle. Jamás lo hubiéramos visto, aunque estaba a metro y medio del camino. Hubiera pasado como si fuera una piedra más de las que se encuentran en la cuneta. Se alejó pero permaneció atento. Inmóvil. Pendiente de volver a calentar la puesta. Nos alejamos. Lo dejamos tranquilo y desde cierta distancia lo observamos con los telescopios. Escondido. Camuflado. Esperando a qué pasara el peligro.
Poco a poco. Agachado. Andando muy despacio volvía a su lugar. No fue directo. Dio un pequeño rodeo para llegar hasta los preciosos huevos. Rodeo de precaución. Rodeo para ir escondiéndose entre flores y hierba para que nadie descubra su tesoro. De vez en cuando se paraba. Se quedaba quieto e inmóvil. Miraba hacia el cielo para ver pasar un águila calzada que merodeaba la zona.
Cuando pasó el peligro continuó su camino. Llegó hasta el nido. Se tumbó y quedamos tranquilos. Nos marchamos contentos por haberlo visto y esperanzados de qué esos pequeños alcaravanes pronto corran por unos campos en los que habían sido muy comunes y ahora son como un oasis en el desierto, una rareza.
También pudimos ver al segundo alcaraván. Más lejos. Echado en el valle. Quieto. La pareja que también incubará los huevos. Pareja que dicen que es para toda la vida. Pareja que observaba con sus enormes ojos de color amarillo-ámbar que parece que estén siempre espantados, asustados, con los ojos muy abiertos. Grandes ojos rodeados de un fino anillo amarillo. Enormes ojos que necesitan para captar mayor cantidad de luz por la noche o en el crepúsculo qué es cuando se suelen mover estos curiosos animales. 
Animales que esperemos consigan sacar adelante a sus pequeños, que sean capaces de qué su puesta siga pasando desapercibida y llegue a buen puerto. Esperemos y confiemos. 
Animales que como podéis ver en la fotografía anterior. Son miméticos y, si no se mueven, pasan totalmente desapercibidos. Son como una piedra en el camino.

lunes, 15 de abril de 2013

El lobo del pinar.
El pasado sábado realizamos una ruta por Sanabria y al terminar sobre las 19:45 h y de vuelta a Zamora decidimos parar un momento en una determinada zona en la que había probabilidad de avistar algún lobo, sin muchas esperanzas de encontrarlos nos presentamos en el lugar. Llegamos. Montamos el telescopio y pasados cinco minutos: "¡Hay un lobo dentro del pinar!" Comenté emocionado a mis compañeros que no salían de su asombro.
Es increíble que puedes ir días y días y no ver absolutamente nada y en cambio llegas un día, de paso, sin ninguna pretensión y aparece. Así es el lobo. Imprevisible y quizás por eso cada vez atrae más.
El lobo estaba en la segunda fila de pinos. Se le veía la cabeza por un lado del pino y los cuartos traseros por el otro lado. Pasados unos segundos se puso en movimiento. Se acercó al límite del pinar y se asomó.
Las imágenes de esta entrada son simplemente testimoniales del momento
pero qué momento.
Impresionante. El animal era grande. Fuerte y tenía el precioso pelaje de invierno que le daba todavía más corpulencia. Nada más qué se movió le notamos algo diferente. Tenía una ligera cojera en una de las patas traseras. No era nada acusado pero se le veía que estaba ligeramente cojo. ¿Algún lance de caza? ¿algún lance con otros lobos? O quizás una mala experiencia con el hombre.
Por desgracia en lo que va de año han caído en la sierra de la Culebra y parte de Sanabria 14 lobos qué se sepa. De estos, 7 se han matado legalmente como parte del cupo de lobos que tenía la reserva de caza para eliminar (de 8 se han matado 7); más 2 atropellados por el tren y otros 5 atropellados en la carretera o la autovía. En total se han perdido en estos tres meses y medio de 2013, la friolera de 14 ejemplares. Esto, oficialmente, ya que entre la caza furtiva, cepos o muertes naturales nos encontramos que habrán sido algunos más.
El lobo salió del pinar y se nos mostró en todo su esplendor. Era precioso. Primero se apoyó en un montículo del borde y olisqueó. Comprobaba si había algún peligro. Como buen lobo era precavido; algo que les salva la vida en muchas ocasiones. Entró y salió del pinar varias veces. No se fiaba. Notaba una presencia extraña pero al final salió al prado.
En Zamora, según la Junta de Castilla y León, se sabe que hay 30 manadas de lobos seguras y 10 probables. Si nos centramos en la zona de la sierra de la Culebra y parte de Sanabria esos 14 lobos muertos suponen un tanto por ciento considerable de la población de lobos de esta zona, muertos en tres meses y medio. Algo que me parece un verdadero desastre y que, como siempre, dependiendo de a quién se le pregunte, será una buena o mala noticia; evidentemente para mi, es una muy mala noticia.
El lobo del pinar salió al claro. Caminaba nervioso pero se fue tranquilizando poco a poco. Marcó en varios sitios y pudimos comprobar qué era un macho. Un macho de aspecto imponente que se movía elegante. Altivo. Poderoso, aún con la ligera cojera.
Se acercó a un grupo de cornejas que rápidamente salieron volando para volver después a sus quehaceres cotidianos. Pudimos contemplar como se sentaba, se rascaba, se tumbaba, olisqueaba y deambulaba por la zona prospectando todo el entorno. Es increíble la capacidad que tienen estos animales para pasar desapercibidos, para camuflarse con el terreno. Su pelaje se asemejaba a las hierbas por las que pasaba. Muchas veces solamente lo captas por el movimiento pero cuando lo sigues, como en esta ocasión, no pierdes detalle de sus movimientos.
No todo son malas noticias para el lobo ya que hace unos días el Tribunal Supremo ha confirmado la prohibición de cazar lobos al sur del río Duero algo que, aunque parezca increíble, se está haciendo ya qué la Junta de Castilla y León permitía dicha caza de una especie protegida por la legislación española y europea desde 2008 vulnerando todas las leyes nacionales e internacionales.
En estos casi cinco años la Junta de Castilla y León ha autorizado la caza de 60 lobos al sur del Duero (se han matado 20) de una manera totalmente ilegal y autorizó matar 613 lobos al norte del río de forma legal (matándose 208). Viendo estos datos la verdad es qué no se entiende que una especie protegida que tiene, aproximadamente, unos 2.000-2.200 ejemplares en toda España tenga una sangría de ejemplares de este calibre, además, sin saber realmente los lobos que hay ya que el censo que se está haciendo todavía no se ha terminado de completar.
El lobo del pinar avanzaba hacia nosotros. En algún momento paró para marcar con sus excrementos pero venía directo hacia nuestra posición cuando, de repente, se paró, levantó la cabeza y captó una señal inequívoca de peligro, el hombre (poco antes de aparecer el lobo había llegado un todo terreno por un camino hasta unas colmenas), el lobo detectó a su enemigo. Enemigo que le hizo perderse rápidamente entre los brezos y dirigirse silencioso e invisible de nuevo hacia el pinar. Desapareció como una sombra que solamente vimos como se metía en la maraña de brezos y tomaba rumbo directamente hacia su protección, el pinar. Desapareció.
Habían pasado casi cuarenta minutos desde que lo vimos por primera vez y nuestra satisfacción e impacto eran visibles en nuestras caras. La fascinación por este animal había aumentado un poco más y los que allí estábamos marchamos eufóricos y sorprendidos con todo lo visto y vivido, incluso para algunos era la primera vez que veían a un lobo y su primera impresión era esclarecedora de lo que es este animal: “es espectacular y elegante”.
(En la ruta que realizamos encontramos unos cuantos animales pero sobre todo nos llamó la atención un lución, si queréis saber más acerca de él pinchar aquí para ir al blog de mi amigo Ernesto qué él os contará como es)

lunes, 8 de abril de 2013

Tablas de Daimiel II: el pato colorado.
Las Tablas de Daimiel están a rebosar. No pudimos ir en mejor momento ya que este enclave especial y diferente está volviendo a la vida. 2.020 hectáreas se encuentran cubiertas por el agua.
Hacía más de treinta años que las Tablas no se encontraban con tal cantidad de agua teniendo en cuenta que entre 1984 y 2010 las tablas estuvieron secas debido, fundamentalmente, a la sobreexplotación de los acuíferos proveniente del cambio de usos agrícolas propiciado en los años sesenta y setenta por el franquismo, pasándose de cultivos tradicionales de secano a los de regadío así como la desecación de las lagunas para su aprovechamiento agrícola. Todos estos condicionantes propiciaron la sobreexplotación del acuífero 23 que es el que sustenta las Tablas y el estar secas durante 26 años hasta que el 23 de febrero de 2010 el agua volvió.
Este enclave peculiar está regado principalmente por dos ríos. El Guadiana, de agua dulce y el Gigüela, de agua salobre, además de la aportación del Azuer, formando un complejo ecosistema de lagunas que fue declarado Parque Nacional en 1973 y que en estos días está absolutamente repleto de agua y lo que es mejor, habrá agua para los próximos, como mínimo, 5 años (aún sin que llueva más) ya qué el acuífero que las sustenta está lleno.
En este enclave peculiar estuvimos haciendo una ruta guiada de casi cinco horas que se nos pasó volando, buena culpa de ello la tuvo el guía, Manuel, de voz pausada, clara, precisa y muy didáctica que nos explicó todo lo que las tablas significan, su historia, sus problemas, sus usos tradicionales, su fauna o su flora.
El emblema del Parque Nacional es el pato colorado. El mayor pato buceador de los que podemos encontrar en nuestro país. Allí estaba. Un precioso macho solitario que se zambullía constantemente y salía con grandes trozos de hierbas que se comía rápidamente en la superficie.
Es un pato espectacular. De cabeza anaranjada, las plumas levantadas le hacen parecer todavía más cabezón, pico rojo intenso al igual que su iris y una sensación de elegancia y robustez que deja constancia en sus movimientos por la laguna.
Los patos buceadores tienen unas características especiales. Los patos buceadores han evolucionado para poder sumergirse con facilidad. Tienen las patas más fuertes y un poco más atrás para poder impulsarse mejor, lo cual, les hace andar con dificultades pareciendo un poco torpes en tierra firme; además de tener los dedos un poco más largos, al igual que la membrana interdigital. Sus alas son más cortas con lo que no son buenos voladores y, para poder despegar, deben impulsarse recorriendo la superficie para coger impulso pero, esas alas, las suelen utilizar para impulsarse bajo el agua y la cola la utilizarán a modo de timón.
El pato colorado se considera un pato buceador pero no es
un pato buceador típico como los porrones.
También la hembra de pato colorado se dejó ver desde las pasarelas.
Hembra de color menos llamativo, como la inmensa mayoría de las hembras deben pasar lo más desapercibidas posible y ocultarse a la vista de los depredadores para así criar a sus pequeños sin problemas, que el macho pero muy hermosa que se quedó muy cerca de nosotros, dormitando tranquila entre los carrizos.
El pato colorado está incluido en el Libro Rojo de las Aves de España como especie vulnerable y en nuestro país tiene la zona de cría más importante de toda Europa. 
Pareja de patos colorados. Macho a la izquierda y hembra a la derecha.
Este espectacular pato lo pudimos contemplar en varios lugares de las Tablas pero no fue el único habitante que pudimos observar en las lagunas y, aunque vimos menos variedad y cantidad que en la Laguna de Navaseca, disfrutamos de un buen número de ellos. Así vimos: focha común, pato cuchara, ánade friso, garza real, gaviota sombría y reidora, garcilla bueyera, golondrina común y daúrica, cormorán común, avefría, somormujo lavanco, ánade friso, cerceta común, garza imperial, calamón, porrón europeo, zampullín común, ganso común, azulón, cigüeña blanca, alcaudón real y el aguilucho lagunero, única rapaz del entorno que sobrevolaba sin parar las lagunas esperando capturar algún porrón o ánade; pero marchamos con la pena de no poder disfrutar del bigotudo, ave que teníamos especial interés en ver aunque sí pudimos contemplar innumerables pajarillos a lo largo de nuestros recorridos por el enclave lagunar y con el todo-terreno que formaba parte de la ruta guiada en el que también conocimos la dehesa de Zacatena que se extiende en una parte de las tablas.
Parte de un gran grupo de gaviotas de diferentes especies.
Somormujo lavanco.
Machos de pato cuchara.
Golondrina dáurica.
Garcillas sobrevolando la laguna.
Imagen testimonial de una garza imperial que vimos prácticamente de noche.
Atenta liebre que pudimos ver, así como conejos y algunas perdices.
Las tablas son un enclave especial, diferente, un enclave que aparece por primera vez mencionado en el Libro de la Caza del Infante Don Juan Manuel en 1325 y en el que se hace la primera conservación del entorno por parte de Felipe II que lo consideraba un enclave privilegiado para la caza. Un enclave que ha perdido ese carácter cinegético, menos mal, ya qué está protegido su entorno y en él no se puede cazar. Un enclave que lo ha pasado muy mal en los últimos años y que ahora empieza a despegar con fuerza. Un enclave que se encuentra a rebosar de agua. Las tablas están de enhorabuena y todos los amantes de la naturaleza también.