miércoles, 4 de marzo de 2015

Cabra montés en Zamora.
El día estaba desapacible, frío, revuelto, el viento traía las finas gotas de lluvia que para unos sería niebla meona y para otros chirimiri; las empinadas rocas de las cumbres se cubrían con nubes que bajaban y subían por el precioso valle que poco a poco se abría para terminar en suaves prados y bosques que se veían iluminados por los rayos del sol que luchaban por salir de entre las nubes. Allí estábamos. Subidos en una roca. Esperando. Buscando. Escudriñando la ladera de enfrente con la esperanza de ver algún movimiento, algún síntoma de que las cabras montesas estuvieran en el valle.
Poli es un hombre tranquilo, sereno, amante de la naturaleza y conocedor absoluto del bosque, la sierra y sus habitantes. Hablar con él es aprender, es una fuente de conocimiento mamado en el campo y un extraordinario fotógrafo, además de amigo. Muchos de vosotros habréis visto fotos suyas en muchos lugares sin saber que lo son; fotografías que guarda, cede y enseña sin darse importancia alguna cuando muchos otros "matarían" (en el buen sentido de la palabra) por conseguir alguna de las fotos que él tiene. Poli es una persona sencilla que ama la naturaleza y no se da importancia de sus logros; con él me encontraba en la peña buscando las cabras montesas.
Después de un rato de revisar peñas y laderas nos giramos y...¡allí estaban! Estaban a nuestro lado, a escasos 80 metros, en una peña más baja que la nuestra, mirándonos, los extraños éramos nosotros.
La cabra montés desapareció de la provincia de Zamora en el primer tercio del s. XX al igual que el oso, el rebeco y un poco más tarde el lince. En enero de 2006 se reintrodujeron trece ejemplares de cabra montés con futuros fines cinegéticos (al igual que los ciervos en la Sierra de la Culebra); estos ejemplares se adaptaron poco a poco a su nuevo territorio y comenzaron a criar.
Allí estaban. Mirándonos. Expectantes. En esta época las cabras montesas están agrupadas; machos, hembras y crías están en el mismo grupo, el celo ya ha terminado pero siguen juntos un tiempo más; han bajado de las altas cumbres a las zonas medias y escarpadas de los valles.
Nos miraban atentas. Expectantes. En cuanto hiciéramos un  movimiento en falso se irían. Su pelaje de invierno es como una suave y amorosa borra que dan ganas de acariciar. Nos miraban. Nos estaban calibrando con sus curiosos ojos en los que destaca, por encima de todo, su pupila horizontal (si queréis recordar por qué la tienen así pinchar aquí) que le da un aspecto extraño y diferente a la mirada. Pasados unos minutos decidieron bajar tranquilamente, sin asustarse, no éramos una amenaza pero más valía poner una distancia prudencial entre ambos.
Las perdimos de vista y bajamos hasta la roca en la que habían estado. Llegamos y nos asomamos con mucho cuidado. Allí estaban. Todavía más cerca. Mirándonos.
Continuaron bajando y pudimos comprobar cómo eran capaces de pasar por lugares inverosímiles, por lugares que cualquier otro animal se caería, por estrechas cornisas en las que se doblaban como si formaran parte de la roca, lugares en los que malamente cabían sus patas y además estaban inclinados. Patas que parece tuvieran un antideslizante; sus pezuñas son muy duras y puntiagudas, con las cuales se sujetan a las rocas de una manera increíble.
Todo el grupo era guiado por una hembra vieja, era la única con crotal en ambas orejas, era la única que quedaba de las que se soltaron inicialmente en 2006, esta hembra tendrá entre 12 y 14 años aproximadamente. Era la guía. Todos la seguían en fila. Confiados en que les llevaría a un lugar más seguro.
Subían tranquilamente por la ladera contraria a la nuestra. En una rigurosa y serpenteante fila en la que la hembra guía sabía por dónde iba y a dónde se dirigía. Llegaron a un roquedo en el que parecían encontrarse más a gusto. Allí descansaron unos minutos hasta que la hembra vieja decidió continuar la marcha y sucedió algo que nos dejó intrigados y expectantes. Comenzaron a moverse entre los brezos y, de repente, la hembra se paró en seco y retrocedió como si de un resorte se tratara, imitándola todos los demás miembros del grupo para volver a la zona de rocas. ¿Qué pasaba? ¿Qué había allí, entre el brezo, que le había dado tan mala espina?
Buscamos y buscamos pero no conseguimos encontrar nada sospechoso pero, desde luego, algo había. La hembra guía bajó en vertical unos 150 metros para rodear el lugar, continuó andando unos doscientos metros y volvió a subir hasta el nivel que habían perdido antes; habían rodeado ese lugar para continuar su marcha subiendo por la empinada y encrespada ladera hasta cotas más altas.
Los cuernos de las cabras montesas son permanentes, no se caen como las cuernas de los ciervos o de los corzos, por lo tanto son cuernos y no cuernas. Estos cuernos van creciendo en medrones (anillos) de crecimiento anual hasta más o menos un metro en los machos y unos treinta centímetros en las hembras; para calcular la edad de un macho se cuentan los medrones y se le suma uno.
Nos fuimos. Las dejamos que continuaran su vida con la inmensa satisfacción de haber podido disfrutar de un  animal imponente que eliminamos de nuestra provincia y que ahora está de nuevo entre nosotros; un animal que tenía muchas ganas de ver en Zamora y, que sin la compañía de Poli, al cual se lo agradezco enormemente, hubiera sido imposible de disfrutar.

13 comentarios:

  1. Bonito relato.
    El macho oscuro es grande.
    Qué piensas que podría ser lo que les asusto?

    Saludos José

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    1. No lo sabemos pero desde luego lo consideraron un peligro, una idea probable sería un lobo o un zorro pero no conseguimos verlo, también pensamos que una pareja de halcones que estaban en una roca pudo asustarlas pero eso es menos probable. Un saludo.

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    2. A veces las ovejas se asustan de una culebra o de un lagarto, podía haber sido eso lo que asusto a las monteses ese dia.

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  2. ¡Estupenda experiencia y relato!
    Es un auténtico placer adentrarse paso a paso en la lectura de tu crónica como si de una breve novela se tratase pero no, nos e trata de una novela si no de un pasaje real, magníficamente ambientado y descrito.
    El mes pasado anduvimos 'Ojolince y Sra.' por tierras abulenses hacia el corazón del circo de la laguna del barco y... ¡allí estaban ellas! como tú lo has descrito con su manto de suave borra, agrupadas al amparo de la protección que les brinda la garganta que lleva al circo. (Pronto lo contaremos en el blog).
    Siempre es apasionante la observación de fauna y, en su descripción, eres un verdadero maestro.
    Un saludo de 'Ojolince y Sra.'

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    1. Muchas gracias. La ocasión fue muy especial para mi. Un saludo.

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  3. Preciosa entrada. Me ha gustado mucho tu trabajo, unas fotos muy guapas, me hago seguidor de tu blog. Saludos desde Cantabria.
    http://faunacompacta.blogspot.com.es/

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    1. Hola Germán. Bienvenido. Espero que te guste lo que te vayas encontrando en el blog, ya entraré en el tuyo. Un saludo y gracias.

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  4. Que preciosa entrada con las cabras montesas Jose... Inmejorable el relato. Y qué suerte en haberlas podido captar y saber que de aquellas pocas de 2006 hay estos buenos grupos. 40 he contado, creo.
    De lo acaecido no se si hay serpientes por esta época, pero tal como lo relatas podría serlo.... o restos de otra cabra tal vez.....En el caso del lobo o el zorro pienso habrian salido disparadas...y ellos - cualquiera - detrás. Y dió la guía un gran rodeo...., no huyó.
    Bien. pues mi felicitación doble : por el reportaje y por el éxito de la reintroducción de estos bellos ejemplares.
    Un abrazo

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    1. Hola Isa. Muchas gracias. En este grupo había 19. Un saludo.

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    2. Hola Jose...realmente no se de dónde saqué ese 40....yo cuento 18 en tu foto....me despisté no se como ni por qué..disculpa.

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  5. Muy buena entrada. Conocía su existencia al sur de León, y de hecho he ido varias veces a ver si las veía pero no he tenido éxito. A lo mejor es otro grupo. Esa zona donde están, si es la que me supongo, es de las más salvajes de España.

    Esperemos que no sean objetivo de nadie. Un saludo

    Dani
    rutinasvarias.com

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    1. Hola Dani. Muchas gracias. Están en una zona muy complicada si no se conoce y es mejor omitir el lugar exacto. Un saludo.

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  6. El sábado pasado me pareció ver en el monte de Galende una pareja de cabras monteses, no lo puedo asegurar porque bien podrían ser corzos, pero su forma de correr me extrañó; entonces me acordé de tu entrada, aunque era referida a Aliste. He preguntado pero no me han podido asegurar nada. Seguiré indagando. Por cierto, eres famoso en "la opinión de Zamora", al menos publicaron las fotos con tu nombre.
    Un abrazo.

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