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martes, 22 de agosto de 2017

Mis primeros gaviones atlánticos.
He pasado unos días en Gijón, en la playa, en el mar. Para alguien de tierra adentro ir al mar siempre es algo muy especial, diferente. Es un conjunto de sensaciones, de olores, de sabores, de sentimientos; es una mezcla en la cual puedes compaginar paseos al amanecer por la playa con una playa más familiar a lo largo del día y, en uno de esos paseos, descubrí mis primeros gaviones atlánticos de los que soy consciente, me explico, hasta hace relativamente poco tiempo le hacía el mínimo caso a las gaviotas, eran simplemente esas aves que te encuentras en el mar cuando vas pero, desde hace un par de años, me estoy fijando en ellas y poco a poco voy descubriendo un mundo realmente complicado, más para alguien de interior que solamente ve ciertas especies de gaviotas en el vertedero, en el río Duero o en las Lagunas de Villafáfila.
En la época veraniega en la que nos encontramos las gaviotas que he podido ver han sido las residentes en la zona, con pocas más que ya han comenzado a venir en su movimiento postnupcial. Así, las más abundantes, por abrumadora mayoría han sido las patiamarillas.
Las he podido ver de todas la posibles edades con sus diferentes plumajes que conformaban una excelente guía de cómo va cambiando esta gaviota en sus primeros cuatro años de vida hasta llegar a ser un elegante adulto.
Algo que me llamó poderosamente la atención cuando empecé a preocuparme un poco más por las gaviotas fue el conocer que tenían diferentes estados por los que pasar hasta llegar a ser un ejemplar adulto, dependiendo de la especie de gaviota que sea: dos, tres o cuatro años con plumajes diferentes…una auténtica y hermosa locura (más para un novato como yo).
Entre los grupos de gaviotas pude encontrar varias anilladas. 5 patiamarillas  y 1 sombría. Todas las patiamarillas fueron anilladas en Asturias por el Grupo Ornitológico Mavea (gracias a  Isolino Pérez por la rapidez y amabilidad en las contestaciones). Eran de diferentes edades, siendo la mayor un ejemplar de cuarto año anillada en el Puerto del Musel (Gijón) el 23 de junio de 2014, con anilla negra y dígitos blancos: AK7D
La sombría solamente tenía anilla metálica; anilla que me costó leer pero, al final, lo conseguí. Provenía de Bélgica y estoy esperando su historial.
Gaviota reidora juvenil.
Después de las patiamarillas las siguientes en número fueron las reidoras, luego las preciosas cabecinegras y, por último, las sombrías. Sin olvidarme de algunos charranes patinegros y, por supuesto, los gaviones atlánticos.
Gaviota cabecinegra juvenil.
Gaviota cabecinegra.
Gaviota reidora, joven y adulto de charrán patinegro.
Joven de charrán patinegro.
La mañana estaba revuelta, y quizás por eso pude encontrarme con ellos. El día estaba nublado y llovía intermitentemente, con lo cual la playa estaba casi desierta. Solamente un par de osados bañistas que todos los días, haga como haga, se meten en el mar y algún esforzado corredor eran mis compañeros de playa, con lo cual, la zona en la que se ponían las gaviotas, estaba muy pero que muy tranquila, sin que nadie hiciera la gracia de ir corriendo a asustarlas para que levantasen el vuelo (mira que no lo entiendo…te ven haciendo una foto o mirando el grupo de gaviotas con los prismáticos y tienen que pasar por delante de tus narices…anda que no hay playa).
Según me acercaba, unas gaviotas enormes llamaron poderosamente mi atención. Eran como gigantes que destacaban entre el resto; es como cuando hay un grupo de personas y, entre ellas, aparece un equipo de baloncesto.
Gavión atlántico de segundo año en primer término y adulto al final.
Entre ellos dos patiamarillas.
Es una gaviota de gran envergadura (hasta 1,7 m), fuerte y robusta (unos 1,8 kg) propia del norte del océano Atlántico que destacaba por encima de las patiamarillas y no digamos de las reidoras. Me acerqué con mucho cuidado, no quería que se marcharan, había que aprovechar el momento.
Gavión atlántico adulto.
Había cuatro ejemplares, 3 adultos y un segundo año (gracias Miguel Rodríguez por tu inestimable ayuda en todas las preguntas, dudas o cuestiones con las que te puedo bombardear y tan amablemente me contestas). Eran imponentes. Grandes. Fuertes. De cuellos poderosos y fuertes patas rosadas que miraban altivos lo que sucedía en la playa.
Gavión atlántico de segundo año.
Me acerqué un poco más. Los contemplé detenidamente. Eran imponentes. Nunca había visto uno pero desde este momento no se me olvidaría esta enorme y hermosa gaviota que cada vez se va viendo más en las costas españolas, sobre todo en la cornisa cantábrica y Galicia aunque ya se ha visto en el interior como en Madrid (primera cita en 2008) o en Salamanca (descubierta el 7 de enero de 2015 por Miguel Rodríguez Esteban). 
Al poco tiempo levantaron el vuelo y se fueron mar adentro. Acababa de ver mis primeros gaviones atlánticos.

2 comentarios:

  1. Buena entrada, Pepe. Para ser pleno verano se ve mucha variedad ahí.
    Estamos en buen momento para aprender de las gaviotas y sus mudas. ¡¡Hay que aprovechar!!

    Un saludo,
    Miguel.

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    1. Gracias Miguel. La verdad es que son complicadas y hermosas a partes iguales y de las diferentes mudas ni hablemos...un saludo.

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