martes, 24 de enero de 2017

Gaviotas reidoras en Zamora ciudad.
“¿Gaviotas aquí? ¿Pero no son de mar?” Estas son las frases más típicas cuando vas por el río Duero y alguien se da cuenta que en el agua o en la zuda del río hay un grupo de gaviotas o cuando les cuentas que en el río o en el embalse o en el vertedero has visto un grupo. Pues sí. En el interior también hay gaviotas.
Voy a centrarme en el grupo de gaviotas reidoras que lleva en el río Duero, a su paso por Zamora ciudad, desde hace casi dos meses.
Zuda de Olivares, donde se encuentra el grupo de gaviotas reidoras.
La gaviota reidora es una de las gaviotas consideradas pequeñas (35-39 cm de largo), se encuentra entre las gaviotas que tienen dos grupos de edad, es decir, que adquieren su plumaje de adulto a los dos años.
Gaviota reidora juvenil.
Gaviota reidora de primer invierno.
Adulto invierno.
Adulto verano.
Otras gaviotas lo adquieren a los tres años de edad, por ejemplo la gaviota cabecinegra o la cana y, otras, a los cuatro años de edad, por ejemplo la patiamarilla o la sombría.
Desde hace unos dos meses un grupo variable de gaviotas reidoras pasa gran parte del día en la zuda de Olivares, en el río Duero a su paso por Zamora capital. Por cierto, una zuda es como una pequeña muralla de piedra por la que cae el agua; se hacía en el río para mantenerlo oxigenado (el agua se movía cayendo por estas zudas y no permanecía estancada) o se utilizaban para los molinos de agua.
Allí se empiezan a concentrar a mediodía y pasan gran parte de la tarde moviéndose de la zuda, donde se acicalan, beben y descansan, al agua, donde se lavan. Casi al anochecer, se levantan y marcha río arriba, aunque algunos días se han quedado aquí a pasar la noche.
A la mañana siguiente, si se han quedado en la zuda a pasar la noche, se irán marchando a comer hasta el vertedero de Zamora en el que se concentrarán algo más de mil gaviotas reidoras venidas de otros puntos de la provincia como puede ser el embalse de Ricobayo o las lagunas de Villafáfila.
Al mediodía, desde el vertedero se volverán a la zuda de Olivares donde, nuevamente, al anochecer, se levantarán e irán río arriba para pasar la noche en algún punto del río, alguna laguna o algún embalse (aunque, como he comentado anteriormente, algunos días pasarán aquí la noche). Este es el día normal que hacen estas gaviotas reidoras que están pasando el invierno en nuestra ciudad.
Pero os preguntaréis: ¿cómo se sabe que son estas las que comen en el vertedero por las mañanas? Para saberlo hay algunas que nos cuentan su historia, las anilladas y, entre este grupo de reidoras, hasta el momento, he podido ver tres que lo están y, a las tres, las he podido observar, diferentes días, en el vertedero de Zamora alimentándose (a las tres juntas el 27-1-2017).
Dos de ellas han sido anilladas en Noruega, el mismo día (11-6-2016), por los mismos anilladores (Morten Helberg y Carsten Lome) y en el mismo lugar; desde entonces se mueven juntas y han venido juntas desde la lejana Noruega, algo realmente curioso. Estas dos gaviotas, ambas de primer invierno, son JAY5 y JCJ8.
Estas dos imágenes, en la zuda de Olivares, corresponden a la JAY5
Otra de las componentes de este grupo es la ETPR, otra gaviota de primer invierno, anillada en Bélgica el 10 de junio de 2016 por Tim Audenaert que he podido observar tanto en el vertedero de Zamora como en la zuda de Olivares, en el río Duero a su paso por la ciudad. Lugares por los que se mueve junto a las dos anilladas en Noruega.
Esta es la ETPR
La misma gaviota reidora pero en el vertedero de Zamora.
Las gaviotas redioras son aves migratorias, las tres gaviotas anteriores nacieron y fueron anilladas, como pollos, en Noruega y Bélgica pero también hay grupos de gaviotas reidoras que crían en nuestra provincia aunque no siempre fue así y: “Hasta 1960 no se tuvo plena seguridad de la reproducción de esta Gaviota en la Península Ibérica. El 20 de mayo de aquel año, Salvador Maluquer y Arturo Sarró descubrían en la Isla de Buda (Delta del Ebro) una colonia con 25 nidos, situados entre matas de salicornia y colocados a pequeña altura del suelo. Este hallazgo vino a confirmar la sospecha de algunos ornitólogos (Bernis), de que en diversas zonas de Iberia se veían durante la época estival reidoras con plumaje de adultos y que no estaba lejos el día en que se demostraría su nidificación”. (fuente pajaricos.com). En nuestra provincia el lugar de cría son las lagunas de Villafáfila como comenté en una entrada anterior (pinchar aquí si queréis recordarla).
Otra curiosidad es otra gaviota reidora anillada que he podido ver en el vertedero, esta adulta; la N20P que fue anillada en la Laguna de Boada de Campos (Palencia) el 25 de junio de 2012 por Carlos González (Grupo Ibérico de Anillamiento) y que fue una de las que crió en junio de 2015 en las lagunas del centro de interpretación de Villafáfila (leída por Cristian Osorio y Sergio Domínguez. La pude ver y leer parcialmente, incluso fotografiar).
Aquí se encuentra en el Centro de Interpretación
 de las Lagunas de Villafáfila, donde crió.

Gaviotas sombrías en el mismo grupo.
En este grupo de gaviotas reidoras hay algunas infiltradas, algunas gaviotas sombrías las acompañan en sus movimientos (una de ellas está anillada con solamente anilla metálica, algo imposible de leer a distancia) pero también hay habitantes del río que se mueven entre ellas: azulones, gallinetas, grajillas, andarríos chico, lavanderas cascadeñas y blancas, garzas reales, cigüeñas blancas o cormoranes es frecuente verlos moverse entre los cientos de gaviotas reidoras.
Gaviota sombría y cormorán grande entre las reidoras.
Pareja de azulones junto a las gaviotas.
Gallineta en la zuda.
Andarríos chico busca alimento junto a las reidoras.
Gaviotas sombrías, grajilla y cormorán grande entre las reidoras.
Cigüeña blanca y cormorán grande.
Es muy posible que este grupo pase aquí todo el invierno para después dirigirse a sus zonas de cría en el centro y norte de Europa. Grupo que suscita la curiosidad y asombro de los paseantes del río que no dan crédito a que aquí, en el interior de la península ibérica, haya gaviotas.

domingo, 15 de enero de 2017

Un día redondo.
La mañana estaba heladora; -6º marcaba el coche cuando me dirigía a Puebla de Sanabria y, después de pasar el Puente de la Estrella, asomó el sol tras la intensa niebla que cubría Zamora desde hacía, más o menos, un mes. Sol. Que maravilla. Que luz. Amanecía y la luz era extraordinaria, la visibilidad fantástica y una impresionante helada cubría el campo dando la sensación de que había nevado.
Había que aprovechar la luz y decidí acercarme hasta un punto concreto de la Sierra de La Culebra en el que tenía la esperanza de poder avistar al lobo, animal emblemático, enigmático y mítico que como, muchos ya sabéis, es una de mis pasiones.
Nada más llegar, ni pasados cinco minutos, un precioso e imponente lobo se levantó de entre los brezos. La helada cubría los campos y un gran lobo de pelaje tupido caminaba lentamente, parsimonioso, elegante, avanzaba lento, muy lento, gustándose, recreándose.
Agradezco enormemente a John Hallowell prestarme
la fotografía para ilustrar el momento.
Su silueta se recortaba en el manto helado. Una silueta potente, fuerte; una silueta que demostraba la fortaleza del lobo. Paró. Levantó la pata y marcó el lugar. Era un gran macho. Un macho muy oscuro. Un macho espectacular que caminaba lento y confiado en la fría mañana.
Avanzó varios cientos de metros lentamente y se volvió a tumbar en el brezal. Desapareció. Se lo tragó la tierra. No volvió a aparecer. No lo volví a ver pero me dejó una visión imborrable de un animal que debemos valorar y respetar.
Continué camino hacia Puebla de Sanabria mientras los ciervos comían tranquilamente los tiernos brotes que el frío hielo iba dejando al descubierto y, los corzos, se movían atentos según el sol iba calentando la heladora mañana.
Durante la mañana me moví por el entorno de Puebla de Sanabria y Robledo donde me encontré con un gran amante de la naturaleza y fotógrafo, además de amigo, Manolo Segura, que buscaba los verderones serranos que se movían por las cercanías de Robledo. La suerte nos acompañó y pudimos ver dos ejemplares que suponían mis primeros verderones serranos.
Agradezco enormemente a Manuel Segura prestarme esta
fotografía de los verderones serranos de otro momento.
Estos pequeños verderones serranos se movían entre los abedules y la pradera junto al riachuelo donde se alimentaban tranquilamente, mientras, los piquituertos, otros de los habitantes del lugar oteaban las cercanías desde su atalaya. 
Los piquituertos son pequeñas y curiosas aves que, nada más verlas, lo primero que te llama poderosamente la atención es su pico. Pico que tiene la mandíbula superior recta y la inferior cruzada a la derecha o a la izquierda (dependiendo de los individuos).
Este pico es una herramienta especializada para poder comer. Su alimento principal son los piñones que tiene que coger mediante una curiosa operación: el pico lo introduce en la piña quedando las dos puntas una encima de la otra. Al cerrarlo hará cuña para ir separando la escama de la piña, si hace falta se ayudará de giros de cabeza; de esta manera conseguirá abrirla y llegar al piñón. Aquí entrará en acción su larga y pegajosa lengua para coger el piñón y comérselo.
Esta adaptación tan específica de tener el pico cruzado, le impide tener otras muchas posibilidades de recursos alimenticios por lo que, si escasean las piñas, deberá de buscar otros suministros de comida como pueden ser las manzanas, de las que solamente comerá sus semillas, como ocurre en Sanabria determinados años; o los escarabajos, que son fáciles de coger para él.
En Puebla de Sanabria me acerqué, junto con Manuel Segura hasta el embalse en busca de unas agachadizas chicas que llevan un tiempo por la zona pero sin éxito; en cambio, después que Manuel marchara estuve admirando las evoluciones de un pájaro precioso que es un consumado buceador. El mirlo acuático.
Es una verdadera gozada verlo moverse por las aguas cristalinas del río Tera, como va de piedra en piedra o se sumerge en las frías aguas del río pudiéndose distinguir como, literalmente, camina por el fondo en busca de pequeñas larvas que son la base de su alimentación.
El intenso día llegaba a su fin había y había disfrutado de animales de nuestros campos, de nuestros bosques, de nuestros ríos; animales que viven en nuestro entorno y que muchas veces no prestamos la atención que se merecen.

lunes, 2 de enero de 2017

Historias de gaviotas por Gijón II y más.
En esta segunda entrada quiero contar las historias de las gaviotas sombrías que pudimos ver anilladas y leer su código en la bella ciudad de Gijón. Fueron seis gaviotas sombrías procedentes de Holanda (tres de ellas), Dinamarca, Inglaterra y España (Asturias) las que nos contaron su historia.
La primera de ellas es la más lejana. Es la V.TE2 que fue anillada como pollo por Tommy Pedersen en Dinamarca el 4-7-2016 y solamente tiene dos observaciones, una en su lugar de anillamiento y esta en Gijón.
La siguiente procede de Inglaterra y fue anillada como pollo por Peter Rock el 7-7-2015 y portaba anilla L+N, es una gaviota de segundo invierno.
La siguiente es asturiana, la AK9A, anillada en Gijón por el grupo ornitológico Mavea el 12-3-2016 siendo un ejemplar de primer invierno. Estaba enferma, se capturó, se recuperó, se anilló y se soltó nuevamente.
Las siguientes tres gaviotas son de procedencia holandesa. Anilladas todas por Roland-Jan Buijs.
La primera es la Z//M anillada el 29-6-2016 que solamente ha sido vista tres veces: una en Holanda y dos observaciones mías en Gijón.
La siguiente es la 13 en pata derecha y NEGRO en pata izquierda (ambas en la tibia), fue anillada como pollo el 6-7-2015 y ha sido vista 15 veces, todas ellas en Gijón.
La última está anillada solamente con anilla metálica número: 5509900 y fue anillada como pollo el 10-6-2016. Esta es su única observación hasta la fecha ya que para poder leerla hay que tener mucha suerte y poder ver el difícil número de la anilla metálica.
Esta dificultad es lo que hizo que se empezaran a anillar las aves, aparte de con su anilla metálica, con un código de lectura a distancia para poder leerlos más fácilmente y así tener mucha más información de ese ejemplar. Aún así no todas las aves que se anillan se les ponen las dos anillas, muchas de ellas solamente portan la anilla metálica como sucede con esta gaviota sombría.
Esta es la historia de las gaviotas sombrías pero siempre en Gijón hay mucho más. También vimos, aparte de las abundantes patiamarillas, una gaviota cana de primer año entre las sombrías (gracias Miguel Rodríguez por tu inestimable ayuda en la identificación). Preciosa gaviota que apareció casi al anochecer.
Casi al final del paseo marítimo los vuelvepiedras son unos simpáticos y pequeños habitantes que se mueven incansables por el paseo o entre las rocas de la orilla en busca de cualquier alimento disponible. Buscan. Encuentran. Se paran y comienzan a despegar la concha de la roca para darle la vuelta y extraer su preciada comida. Pero no están solos ya que siempre las garcetas comunes patrullan la misma zona al igual que un solitario chorlito gris, alguna aguja, cormoranes moñudos o un precioso negrón que se movía por la bahía.
El Martín pescador es uno de los alicientes del parque de Isabel la Católica ya que esta preciosa bala azulada es fácil de seguir y de ver en el parque. Hasta tres ejemplares diferentes pudimos ver moviéndose por la zona situándose en sus habituales posaderos. Un lujo poder ver esta preciosa ave.
Aparte de la fantástica colección de aves que tiene el parque hay muchos infiltrados que entran y salen de sus dominios. Aparte de las gaviotas pudimos ver porrones europeos y moñudos, pato cuchara, garcetas comunes, cormoranes grandes, fochas, gallinetas y las simpáticas ardillas que estaban afanadas en la recolección de comida para pasar el invierno.
También localizamos a una de las crías de la famosa pareja del parque: la barnacla canadiense y ansar indio que proceden de Inglaterra y que vienen todos los años volando desde allí para pasar una parte del año; en esta ocasión no estaban en el parque. (Si queréis recordar su historia pinchar aquí).
Los días pasaron rápidamente y nos despedimos del mar y de la bella tierra asturiana con un hasta pronto.