martes, 4 de diciembre de 2018

Historia, actualidad e importancia de las Lagunas de Villafáfila.

Apareció el agua y llegó la vida. Las lagunas de Villafáfila se han ido llenando de aves atraídas por el agua que se ha almacenado durante las últimas semanas. Nos encontramos en plena invernada y multitud de especies se dan cita en este enclave tan importante para las aves y para las gentes del lugar.
La historia de las lagunas de Villafáfila está llena de altibajos, llena de situaciones límites; es una historia que, quizás, mucha gente no conozca. Antes de comenzar me gustaría agradecer enormemente a J.M. San Román su inestimable ayuda para la realización de esta entrada. Historia que me gustaría recordar a grandes rasgos ya que para valorar y respetar algo hay que conocerlo primero.
Algo que parece que todo el mundo sabe y no es así, es el hecho de que las Lagunas de Villafáfila son de agua salada. Este hecho provocado por el tipo de suelo ha propiciado desde la prehistoria la extracción de sal que fue muy importante y codiciada ya que no había ningún otro lugar cercano de extracción de este mineral, con lo que, a lo largo de la historia, las salinas fueron controladas por señores poderosos (nobles o reyes) y la Iglesia. Villafáfila aparece documentada por primera vez en el año 936 en un escrito del monasterio de Sahagún tras la venta de unas salinas a dicho monasterio. Las lagunas eran un centro de abastecimiento de sal y como tal debían de ser protegidas y controladas ya que la sal era un bien de primera necesidad. 
Un equipo de arqueólogos de la Universidad de Valladolid ha confirmado, mediante el hallazgo de restos, diferentes explotaciones de sal de la época prehistórica, de hace más de 4.000 años, lo que indica su tremenda importancia.
Avefrías, chorlitos dorados y grises, ánades azulones, silbones, frisos, rabudos, patos cuchara, combatientes, correlimos o tarros blancos se mueven por las lagunas en busca de alimento mientras grandes grupos de ánsares comunes y grullas van y vienen desde las tierras cercanas hasta el agua. Estamos en plena invernada y, actualmente, unos 2.500-3.000 ánsares comunes han llegado hasta aquí. La cifra más baja de la historia; la invernada del ánsar común se muere.
Entre ellos, en muchas ocasiones, aparecen “infiltrados” como los 8 ánsares caretos (6 adultos y 2 de primer invierno) que pude ver el pasado día 21 en compañía de un gran ornitólogo y amante de la naturaleza: J.A. Fernández Ugarte; un tarro canelo el día 14 de noviembre (descubierto ese mismo día por M. Rodríguez, J. Palacios, J. Morán y J.M. San Román) y 2 barnaclas cariblancas que pudimos ver el día 25 J.A. Hernández, J.Gallego y M. Martín; sin olvidarme del posible ánsar chico de primer invierno del día 14.
También he podido descubrir el primer y único collar de la temporada (hasta el momento): el VGU Anillado el 7-7-2017 en Noruega por Arne Follestad. Ánsar que una semana antes se encontraba en Holanda, siendo esta su primera observación en España.
A lo largo de la historia los humedales han tenido muy mala fama ya que se les consideraba focos de infección y transmisión de enfermedades; a estos humedales se les quiso eliminar y muchos de ellos fueron desecados con el fin de ganar terrenos para la agricultura (algo que se demostró que no era posible dadas sus condiciones especiales).
Las Lagunas de Villafáfila no fueron menos y también se intentó su desecación. En 1969 se inició un proyecto para su eliminación comenzando por la Laguna de Salinas. Se construyó un canal de drenaje y comenzó su eliminación. En 1972 se paralizó el proyecto pero su decadencia era paulatina e inexorable como recoge la prensa en el periódico El País del 5 de mayo de 1983: “La continuidad de las lagunas de Villafáfila (Zamora), consideradas como el biotopo más importante para la invernada de aves en el noroeste español, está amenazada gravemente por la sequía, la progresiva elevación del nivel del suelo por la acumulación de hierbajos y arenas, los pesticidas arrojados en las tierras de labor cercanas y la proliferación en el interior de la ciénaga de campos de cultivo, a pesar de que el terreno es de mala calidad.
Desde hace años se detecta una disminución preocupante del número de ánsares campestres, la especie más característica de la zona, que pasan el invierno en las lagunas. Otro tanto ocurre con el ánsar común, el rabudo, el cuchara, el silbón y la cerceta, aves que también se refugian en Villafáfila durante los meses más fríos; mientras que las fochas y los fumareles hace tres años que ya no aparecen en las lagunas, durante el estío, por la falta de agua.
La falta de agua y la acumulación de materiales en el fondo, con la consiguiente elevación del suelo y descenso de la profundidad, son los peligros mayores”.
Las grullas siguen en importantes números para comienzos del mes de diciembre. Entre ellas he podido ver tres anilladas, de las cuales he leído dos. Ambas procedentes de Alemania. La BuBuY-WGW anillada el 9-7-2012 y la BuBuW-GYR anillada el 28-6-2007.
Los zarapitos reales han ido aumentando su número hasta los 31 contados entre A. Rodrigo, J.A. Hernández, J. Gallego, M. Martín y yo el pasado día 25 o el 3 de diciembre. Agujas colinegras, avocetas y hasta una hembra de sisón que he podido ver en varias ocasiones y que se mueve entre ánsares y azulones, descansan o se alimentan en el entorno de las lagunas.
Lagunas de las que se seguía tomando conciencia del problema. El 17 de agosto de 1988 se publicó en el periódico ABC: “Tras seis meses de silencio por parte de la Administración, desde que ABC se hiciera eco de las denuncias sobre el estado deplorable en que se encontraban las lagunas de Villafáfila, en Zamora, la Junta de Castilla y León ha decidido tomar cartas en el asunto. El próximo lunes comenzarán las obras de recuperación de este sistema lacustre con el objeto de remediar la desecación de una de las mayores reservas de avutardas de Europa.”
Para más tarde decir: ”las obras previstas, que cuentan con una inversión de treinta millones de pesetas, se pondrá fin a la desecación progresiva del sistema lacustre y su irreversible desaparición”.
Estas obras consistirían en: ”La falta de profundidad impedía la existencia de aves buceadoras, que ahora podrán habitar allí, ya que se formarán dos lagunas con este fin dentro de la llamada Laguna Grande. También se crearán islas de nidificación en ese mismo humedal y en las lagunas Barillos, así como dos balsas de decantación donde se controlará el nivel del agua. Además del drenaje de las lagunas, se realizarán tres muros de contención y se reforzarán las orillas, con la construcción de pequeños diques para impedir la salida del agua, cuyo nivel será elevado cuarenta centímetros”.
Los problemas eran visibles y, en teoría, se pondría una solución pero en el mismo periódico el 18 de enero de 1992 se publica: “La Coordinadora de Organizaciones de Defensa Ambiental (CODA), que agrupa a unas 150 asociaciones ecologistas españolas, ha denunciado a la Junta de Castilla y León ante la Comisión de la CE por el progresivo deterioro y artificialización de las Lagunas de Villafáfila”.
Barnacla cariblanca entre ánsares comunes.
La denuncia no llegó a más y en 1992 se inaugura el observatorio de Otero de Sariegos, para más tarde, en 1993 comenzar la construcción de la Casa del Parque, el Centro de Interpretación de las Lagunas de Villafáfila que fue inaugurado en agosto de 1995 pasando a ser lugar imprescindible para que los visitantes obtuvieran una gran información de las lagunas. En 2004 se crean los observatorios de La Rosa y Villarrín que terminan de completar los actualmente existentes.
Observatorios desde los cuales pude ver un águila real que prospectaba la laguna en busca de alimento; cernícalos comunes que se exhibían cerniéndose y un aguilucho pálido sobrevolando las tierras mientras los aguiluchos laguneros se movían entre el agua y la tierra atentos a cualquier oportunidad provocando el pánico y, un enorme revuelo, entre las miles de aves que se encontraban en el agua.
Esta es una pequeña historia de las lagunas de Villafáfila que, desde que se detuvo su desecación, han tenido diferentes grados de protección: 1972 - Zona de caza controlada; 1986 - Reserva nacional de caza; 1987 - ZEPA (Zona de especial protección para las aves); 1989 - Humedal RAMSAR (Protección e importancia internacional del complejo lagunar); 1992 - LIC (Lugar de interés Comunitario); 1996 - Reserva regional de caza y 2006 - Reserva Natural.
Y aquí, en estas lagunas, es donde miles de aves eligen pasar lo más duro del invierno. Aves que vienen de lejos y se unen a las que nos acompañan durante todo el año. Un auténtico privilegio.

4 comentarios:

  1. Interesante historia José, de las lagunas de Villafáfila. Muchas cosas ya las conocía, pero me has abierto los ojos a otras desconocidas por mi, como su intento de desecación. Personalmente opino que parece que aquellos esfuerzos por poner en valor esta zona, han decrecido un poco. Es un enclave único y de vital importancia para muchas especies.

    Un saludo desde León y gracias por la mención, me has sobrevalorado un poco!

    ResponderEliminar
  2. Buen relato, José, de lo que han sido y son las lagunas de Villafáfila. Un humedal con tanta historia, necesita de la mayor protección.

    Un saludo desde Donosti
    Alfredo

    ResponderEliminar