miércoles, 14 de septiembre de 2011

Dos ciervos. Dos mundos.
Todo el mundo conoce al ciervo, sabe cómo es y dónde vive; pero hay otro ciervo que no es este mamífero tan conocido, sino un insecto, el ciervo volador.
Ciervo macho en la Sierra de la Culebra

Ciervo volador macho en Sanabria 
Aparte del nombre tienen algo más en común. Los dos poseen unas poderosas armas para la misma utilidad; son instrumentos para pelearse con otros machos y así asegurarse el favor de las hembras. Los dos tienen un gran dimorfismo sexual, es decir, los machos son muy diferentes a las hembras.
El ciervo tiene una cuerna, que le crece todos los años y se desarrollará más o menos en función de dos variables: la edad y la alimentación. Con dicha cuerna en plenitud, sobre septiembre, en la llamada berrea (no hablaré más sobre ella pues será otra entrada) peleará con otros machos (si queréis verlo, pinchar aquí) para mantener junto a él grupos de hembras y así aparearse. También el ciervo volador tiene dos poderosas mandíbulas que le permiten enfrentarse a otros machos para buscar el favor de las hembras (podéis verlo aquí). Tanto uno como otro desarrollan las armas para conseguir, como fin último, aparearse; pero su vida, es muy distinta.
Los ciervos son bastante comunes y fáciles de ver, al contario del ciervo volador que es complicado de observar y cada vez más escaso. Algo que me llamó la atención la primera vez que lo vi, aparte de su gran tamaño (hasta 9 cm los machos), es el considerable ruido que hacen al volar.
Cierva comiendo tranquilamente
Hembra de ciervo volador en Sanabria
El ciervo volador es un coleóptero (proviene del griego y significa “alas en un estuche”), es el escarabajo más grande de Europa y se encuentra en peligro de extinción. La causa fundamental es la pérdida de su hábitat natural. Durante años, los ciervos voladores viven en forma de gusano (entre 1 y 7 años) alimentándose de madera muerta, de árboles o ramas caídas, sobre todo de robles, que se van descomponiendo poco a poco; este hábitat, es el que desaparece porque los árboles caídos no se dejan en el bosque y al ciervo volador le cuesta, cada vez más, encontrar lugares en los que, en su fase de gusano, poder sobrevivir.
Transcurridos unos años en forma de gusano, en los que puede llegar a medir 10 cm, se produce la metamorfosis. En el suelo, junto al árbol caído, en una pequeña cámara se producirá el tremendo cambio que les llevará a ser el escarabajo poderoso de grandes mandíbulas que, primeramente, permanecerá enterrado desde otoño hasta el principio de verano, donde saldrá e iniciará  una vida corta, de quince días a un mes, enfocada fundamentalmente a la reproducción. En esos días tiene la forma que normalmente conocemos.
En esta época de reproducción es donde los dos ciervos tienen un comportamiento similar. Los dos buscan aparearse, olvidándose incluso de comer. Mientras, los ciervos comerán muy poco y perderán mucho peso; los ciervos voladores se alimentarán, se cree que también poco, de savia azucarada o fruta (si pincháis aquí lo veréis comer).
Ambos buscarán a las hembras, unos las encuentran en las praderas y a las otras en los árboles. Cuando las han localizado, si hay varios machos, entablarán una pelea para quedarse con las hembras y controlar el territorio. Dos mundos distintos con parecidos comportamientos.

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