viernes, 2 de septiembre de 2011

El lobo en la Sierra de La Culebra II.
La mañana era fría, aún estando en Julio, el termómetro no pasaba de los 2 grados y la hora, seis y media de la mañana, aunque intempestiva para algunos era buena para observar la fauna. Recogí a mi amigo Jose Luis, amante y experto en este maravilloso animal, el lobo, que por si sólo es capaz de marcar la vida de muchos pueblos zamoranos. Ha estado presente en muchos de sus ámbitos. En sus nombres como Lobeznos o Lubián; en sus construcciones como los corralones (corralas) para guardar ganado de Abejera o Ferreras de Arriba; en trampas (cortellos) como las de Lubián o Barjacoba; incluso en sus dichos como “verle las orejas al lobo”, “oscuro como la boca del lobo” o “meterse en la boca del lobo” y refranes como “escoba florida, loba parida”.
Nos preparamos. Subimos a una peña y nos dispusimos a observar todo lo que se moviera en nuestro campo de visión. Pronto aparecieron ciervos, corzos, halcones, águilas culebreras y…,”¿Qué es eso?”. Dijo Jose mirando un claro. “¡Un lobo”!. Rápidamente miré hacia allí, “!dos, tres, cuatro…!”. Allí estaban, en el claro de un robledal. Un enorme macho de cabeza imponente comía tranquilamente una pata de lo que parecía un corzo. Los otros tres a su alrededor. Una loba y dos lobos jóvenes deambulaban por el claro.
La presión a que se les sometió durante siglos hizo que desaparecieran de enormes zonas; con lo cual los problemas con el hombre desaparecieron de esos territorios. La protección de los últimos años ha producido una lenta expansión hacia estas zonas provocando y surgiendo los eternos problemas con el hombre.
Se nos quitó el frío de un plumazo. Tan extasiados estábamos que solamente pude hacer una foto, de muy mala calidad, pero representativa del momento.
Ahí estábamos, mirando por los telescopios cuando de repente saltamos al unísono: “¡un jabalí!”. El enorme macho se dirigía directamente hacia los lobos que rápidamente se pusieron en guardia. Todos no. El macho siguió comiendo y la hembra ni se inmutó. Los dos más jóvenes fueron a por él en actitud juguetona, a lo cual el jabalí respondió yendo hacia ellos a envestirlos. Ahí se tiraron persiguiéndose un buen rato. Los lobos jóvenes parecían jugar y el jabalí lanzaba derroteros intentando pillarlos. Cuando se cansó se fue hacia el robledal.
No perdíamos detalle de los lobos que tras el ajetreo del enorme jabalí se tumbaron. No pasó ni un minuto cuando, tanto Jose como yo, lanzamos un, “¿pero donde va?. ¡Se va a meter en la boca del lobo!”. Un precioso corzo macho se dirigía directo hacia ellos. Cuando se encontraron cara a cara la reacción del corzo fue rapidísima e instintiva, su vida estaba en juego. Sus enormes saltos marcaban su angustia y desesperación.
Si la reacción del corzo fue rápida la de los lobos no fue menos ya que, al verlo, salieron detrás de él pero de una manera estudiada. De los cuatro lobos el macho grande se levantó y siguió comiendo en otro lado; los otros tres fueron tras el corzo pero solamente uno fue tras él (para entendernos mejor: si nos fijamos en un reloj, fue hacia el número tres); los otros dos salieron en diagonal hacia arriba (uno hacia las doce y el otro hacia las diez). Perdimos de vista al corzo perseguido por el primer lobo pero al instante apareció por la parte alta, donde le esperaba el lobo que fue hacia las doce; al corzo lo estaban llevando de unos a otros. Volvió a desaparecer entre los árboles y de nuevo lo llevaron hacia el lobo que se fue a las diez. El cerco estaba echado y el corzo tenia muy pocas posibilidades de salir con vida de tan fatal encuentro.
Es muy difícil llegar a un equilibrio entre los detractores y los defensores del lobo. Todos tienen sus razones y creen que las suyas son las verdaderas. Sus posturas están cada vez mas enfrentadas, pareciendo irreconciliables y, el lobo, en definitiva, es el que saldrá perdiendo y con él, todos nosotros.

1 comentario:

  1. Un gran relato amigo, lo leía y parece que estaba alli metido "en el cuento".
    Saludos y me alegro de que presenciarais esa bonita escena.

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