martes, 28 de febrero de 2012

Visita a Doñana II: zona sur. El águila imperial.
Entre pinos y arena apareció un águila imperial, volaba encima de nosotros, a poca altura. El guía empezó a hablar acerca de ella mientras le decía: “¡está ahí!”. A lo que me contestaba que ya la había visto pero, de lo que no se daba cuenta, es qué le estaba indicando otra águila imperial que se encontraba a 20 metros nuestros, posada en un gran pino piñonero. Cuando por fin se dio cuenta todos miraron hacia ella y pudimos disfrutar de su presencia en el pino.
Esta águila imperial estaba anillada (cuando sepa algo lo comentaré).
Impresionante. Esa es la palabra que me viene a la memoria recordando el momento. Nunca la había visto tan cerca en libertad. Allí estaba. Posada. Elegante. Poderosa. Majestuosa.
El águila imperial ibérica es uno de los símbolos de nuestro país. Es la rapaz más amenazada de Europa y se encuentra en peligro de extinción, aunque se esté recuperando poco a poco. Actualmente hay unas 250 parejas que se emparejan para toda la vida y que incluso cazan juntas y coordinadas. Vida que si no se ve truncada por algún veneno, la falta de alimento (sobre todo conejos. Si no hay conejo no puede sobrevivir), la perdida de su hábitat o algún tendido eléctrico puede llegar hasta los 21 años (en cautividad bastante más).
Ahí la teníamos. Su nuca color crema, hombros blancos y plumaje oscuro nos indicaban que era un águila imperial adulta. Este es su color final, ya que va cambiando según los años, si queréis ver cómo es su evolución pinchar aquí.
El águila se empezó a mover por las ramas, lo cual nos hacía pensar que se iba a echar a volar, pero no, hizo algo que nos dejó de piedra.
Estiró el cuello. Abrió su fuerte y curvado pico, a modo de una gran podadora, cogió una rama y se oyó un ¡crack! que resonó en el silencio de La Vera. Había roto una gran rama con una facilidad pasmosa. Su pico demostró su potencia. El sonido me dejó helado. Cogió la rama. Se acercó al borde, desplegó sus poderosas alas y se marchó volando en busca de su nido para acondicionarlo de cara a la próxima temporada de cría. La otra águila, que nos sobrevolaba, también se fue en la misma dirección. Era la pareja. Irían a uno de los varios nidos que tienen y que van alternando temporada tras temporada. Era una de las 14 ó 16 águilas imperiales de Doñana.
La sensación que nos quedó fue de un gran impacto. Tenerla ahí, tan cerca y comportándose en total libertad es una sensación irrepetible, única. Una sensación de ser unos privilegiados de poder admirar a un ave tan imponente como es el águila imperial.
Vimos en total tres águilas imperiales a lo que el guía, Jerónimo, no paraba de darle importancia ya que como él decía: “Traigo a gente hasta de Suecia que vienen a verla y no la ven. Así es que apreciar y disfrutar lo que habéis visto”.
El recorrido continuó hacia las dunas móviles que forman un complejo único y de gran importancia. Vimos el llamado “cerro de los ánsares” que es donde miles de gansos van a comer arena para poder digerir su comida favorita, las castañuelas. Observamos al curioso enebro que con sus raíces móviles va cabalgando sobre la duna para sobrevivir saliendo por arriba mientras que los pinos y arbustos se ven atrapados y mueren sin remisión.
Pinos y matorrales se ven cercados por las arenas de las dunas
formando los llamados "corrales".
Tras una parada en las dunas donde pudimos contemplar innumerables huellas de zorro, ciervo, gamo, jabalí o gaviotas y disfrutar de la suavidad de unas arenas blancas que conforman un paisaje que en ocasiones parece nevado, continuamos hasta la playa para volver al punto de partida, El Acebuche.
Habíamos recorrido unos 70 km entre un paisaje imponente y desbordante aunque este año la marisma esté seca. Al llegar al Acebuche recorrimos sus lagunas en las que no había gran cosa pero pudimos disfrutar de un pequeño zampullín que agitaba con fuerza un pez que acababa de pescar.
Vistas las lagunas decidimos ir hasta El Rocío que es donde había más aves y, además, allí empezaba, nuestra siguiente excursión por la zona norte del Parque Nacional de Doñana.

jueves, 23 de febrero de 2012

Visita a Doñana I: zona sur.
Era la segunda vez que íbamos al Parque Nacional de Doñana y hemos quedado encantados con las rutas realizadas. Seguramente el hecho diferenciador hayan sido los guías. Voy a dividir estas entradas dedicadas a Doñana en zona sur y zona norte. En esta hablaré de la sur. (Seguramente para los que vivan cerca de Doñana estas entradas no sean novedosas pero para mí que era la segunda vez que iba, son importantes para mostrar una pincelada de la importancia del Parque Nacional).
Doñana está seca. Lo está porque lleva meses sin llover y las marismas están sin nada de agua, lo cual supone un problema para miles de aves que tienen allí su zona de descanso, cría o toma de fuerzas. Según los lugareños y guías, este año han venido miles de aves menos y muchas de ellas se están yendo más delgadas de lo que vinieron ya que no encuentran comida; un ejemplo muy claro son los gansos que han venido en mucha menos cantidad y se han quedado muy poco tiempo porque no encuentran su comida principal, la castañuela, que se da en las marismas, pero como estas están completamente secas, no ha podido brotar.
Correlimos en la playa corriendo delante de las olas.
Eran las ocho de la mañana cuando llegamos al centro El Acebuche, lugar de partida de las rutas que van al interior de Doñana. La entrada a particulares está totalmente prohibida, solamente pueden entrar trabajadores del parque, lugareños con trabajos tradicionales (coquineros, recogida de piñas,…) o científicos con permisos especiales. Por lo tanto, si se quiere visitar, hay que contratar una ruta. Ahí estábamos, dispuestos a volver a Doñana.
Mientras esperábamos, los rabilargos prospectaban la zona en busca de cualquier resto de comida y una lavandera blanca enlutada caminaba con su andar característico entre ellos.
Doñana se llama así por Doña Ana de Silva y Mendoza, hija de la Princesa de Eboli cuyo marido, Alonso Pérez de Guzmán, duque de Medina Sidonia, en 1585 compró al Consejo de Almonte gran parte de los terrenos que forman el actual Parque Nacional. Al adquirir estos terrenos, que el duque dedica al aprovechamiento forestal, caza y pesca en almadrabas, construye un palacio en el medio de sus dominios, en el cual se instala su mujer. Es el actual palacio de Doñana.
Ostreros, gaviotas y un correlimo buscando comida en la playa de Doñana.
Salimos a las ocho y media del centro, dirección Matalascañas, donde comenzamos el primer ecosistema, la playa. Playa virgen de unos 30 km que recorrimos hacia la desembocadura del Guadalquivir. Nuestro guía-conductor era extraordinario, de una gran sensibilidad hacia el medio ambiente y utilizando palabras precisas y claras que llegaban a todo el mundo. Nos iba hablando de los coquineros que trabajaban en la costa recogiendo almejas, de historia o de las gaviotas que nos íbamos encontrando. Vimos gaviotas sombrías, patiamarillas y una rareza, una gaviota de Audouin con el característico color verde oliva  de sus patas y el rojo de su pico, pincelado de amarillo; era la primera vez que veía una. Gaviota en peligro de extinción en los años sesenta y setenta que se recupera lentamente.
Pasaban los kilómetros con el mar a nuestra derecha jalonado de coquineros trabajando mientras los correlimos, ostreros y gaviotas buscaban comida corriendo según el vaivén de las olas y la playa a nuestra izquierda donde pudimos apreciar una de las torres de vigilancia del siglo XVI, que es lugar de nidificación de un halcón peregrino que oteaba el horizonte desde sus atalaya.
Grupo de jabalís corriendo por La Vera.
Llegamos a la desembocadura del Guadalquivir donde nos adentramos en La Vera, zona fronteriza entre la marisma y los cotos. Esta zona siempre está húmeda, ya que el agua se filtra de las dunas y arenas y, al chocar con el suelo arcilloso de la marisma, sale manteniendo la humedad; por lo tanto es zona de pastos y es ahí donde se concentran jabalís, ciervos y gamos buscando comida, así como las vacas y caballos autóctonos. Pudimos ver jabalís de todas las edades, hembras con crías, tanto rayones como jabatos, y grandes machos. El jabalí de Doñana es un poco más pequeño y presenta en algunos ejemplares una coloración muy oscura, casi negra. También los ciervos son un poco más pequeños debido a su adaptación al terreno en el que viven.
Cierva observando atenta entre los matorales.
Grupo de gamos y ciervo en La Vera.
Continuamos por el coto y las marismas que, como dije anteriormente, está completamente seca. La marisma es el ecosistema más cambiante de Doñana y ahora mismo está como si fuera verano. En la marisma encuentran refugio miles de aves que, muchas de ellas, criarán en primavera, aunque este año se plantea muy problemático por la falta total de agua. Antes de llegar a la parada del poblado de La Plancha vimos un posible cruce de jabalí y cerdo doméstico que campeaba tranquilamente entre los arbustos.
Según avanzábamos por el bosque de pinos y matorrales, nuestro guía, Jerónimo, nos explicaba la importancia del lugar haciendo hincapié en que Doñana es como una cebolla, me explico, hay una parte central que es el Parque Nacional de 50.720 hectáreas; rodeada de 54.250 ha. de Parque Natural, es decir 114.970 hectáreas protegidas en las que se encuentran unas 365 especies de aves, 21 especies de reptiles, 11 de anfibios, 20 de peces de agua dulce, 37 de mamíferos no marinos y unas 900 especies de plantas. Y en este lugar podemos encontrar a dos de los animales emblemáticos de la península ibérica, el lince (que por desgracia no vimos) y el águila imperial, de la que pudimos disfrutar a placer…pero eso será otra entrada.

martes, 21 de febrero de 2012

Momentos muy fugaces.
Me gusta hacer rutas por el campo y casi siempre llevo la cámara. En muchas ocasiones se cruza un animal y lo hace tan rápido que no te da tiempo a poder sacarle una fotografía. Sucede demasiadas veces aunque la visión te queda guardada en tu cabeza y la recordarás siempre. Pero hay ocasiones en las que llevas la cámara preparada o te ha dado tiempo a encender, quitar el tapón, enfocar y disparar. Esas veces las fotografías suelen salir movidas o de baja calidad pero para ti son importantes e ilustrativas del momento.
La Real Academia Española de la Lengua dice que un instante es una porción brevísima de tiempo. Ese instante queda grabado para siempre en tu retina y a veces en una fotografía. Estas son algunas de esas fotografías y sus curiosidades.
Volvíamos de una espera fallida al lobo y lo hacíamos por la carretera que une Villardeciervos con Ferreras de Arriba. Ese día iba de copiloto, algo muy raro, y con la cámara guardada. De repente a nuestra izquierda oímos un ruido y apareció un ciervo macho dando saltos entre los brezos y escobas. No se como me dio tiempo a coger la cámara, encenderla, enfocar y disparar cuando nos atravesó por delante del coche. El ciervo saltó desde arriba de la cuneta, es increíble el salto que tienen estos animales, cayendo en la carretera y huyendo hacia un pinar cercano de nuestra derecha.
Los atropellos o golpes con animales salvajes han estado muy presentes en nuestra provincia en los últimos años. Cuando se circula por una carretera problemática en relación al paso de fauna debemos de tener presentes varias circunstancias. La principal es la velocidad ya que a mucha velocidad no te da tiempo a frenar y la segunda es que en el amanecer y el anochecer es cuando más probabilidad de paso de fauna hay y, por lo tanto, en esos momentos es cuando hay que ir más alerta y a una velocidad moderada.
En el segundo instante me encontraba haciendo una ruta por la Sierra de La Culebra. Bajábamos de Peña Mira y, tras varias subidas y bajadas, al coronar un cortafuegos, nos aparecieron en la ladera de enfrente un grupo de jabalís dispuestos a cruzar un cortafuegos de derecha a izquierda. De nuevo preparo la cámara a toda velocidad para intentar sacar la fotografía. La verdad es que si uno de mis compañeros no hubiese gritado: “¡Mirad. Jabalís!”, como un poseso, los hubiera visto todo el grupo y a mi me hubiera dado tiempo a hacer unas buenas fotos. En cuanto se oyó el grito, los jabalís emprendieron una veloz carrera hasta los brezos del otro lado que les daban cobijo y protección. Moraleja: “Cuando veáis un animal en el campo. No gritéis. Se asustará”. (algún día debería de hacer alguna entrada relativa a los jabalís ya que tengo algunos “curiosos” encuentros con ellos). Segundos después pasó el que faltaba, el jabato rezagado a toda velocidad.
El siguiente instante es de una cierva.
Volvíamos, Isa y yo, a mediodía, de sacar huellas en escayola por un camino de la Sierra de la Culebra cuando, a nuestra izquierda oí un ruido de ramas rompiéndose en el pinar, automáticamente levanté la mano  en señal de no movernos. Nos quedamos quietos. Delante de nuestras narices cruzó una cierva tranquilamente de un lado al otro del camino, la pena fue que la cámara que llevaba, que saqué a toda velocidad, era una compacta pequeña y las fotos se podrían haber hecho mejor, pero la luz del momento hacía que pareciera albina. Quedó una fotografía curiosa ya que la luz lo es todo en una foto, y esta luz era muy especial.
Tres instantes que, aparte de en la memoria, quedaron reflejados en un foto, algo que no es frecuente ya que muy pocas veces te da tiempo a hacer la fotografía.  

jueves, 16 de febrero de 2012

El herrerillo. Un consumado acróbata.
El herrerillo es un pequeño pájaro (10-12 gramos y 21 cm con las alas abiertas) nervioso, ajetreado, inquieto que no para ni un instante. Busca por aquí y por allá y lo hace de cualquier manera, es decir, se puede poner en cualquier postura para picotear, comer o rebuscar. Es muy común verlo por el Bosque de Valorio o por las orillas del río Duero. Su color azul es espectacular y mezclado con el amarillo, verde, blanco y negro le confieren una gran belleza.
El otro día, en un paseo por Valorio, me encontré con Fernando y Alegría, dos enamorados de la naturaleza. En un tramo del paseo que hicimos juntos, nos quedamos un buen rato contemplando a uno de estos pequeños acróbatas cómo se dedicaba a comer las semillas que estaban metidas en una vaina colgando de un árbol. Era muy curioso verlo trabajar.

Primero buscó una buena rama. Luego cortó con el pico la vaina del árbol. La agarró con la pata y con su fuerte pico la abrió y tiró el lado que le sobraba, así solamente tenía un lado con las semillas, el que él quería. La agarró fuertemente y comenzó a comer cada una de las semillas que estaban ancladas. Así estuvo un buen rato repitiendo el proceso de rama en rama. Si la vaina estaba abierta comía las semillas directamente, sin arrancarla.

Los herrerillos se alimentan de insectos, larvas, arañas o semillas, como era este el caso ya que la época es la propicia para hacerlo y no puede desperdiciar un recurso tan nutritivo. Allí estuve viéndolo hacer acrobacias boca abajo agarrándose de las ramas por sus fuertes patas y largas uñas que le permiten moverse así sin ninguna dificultad.
Algunas veces también bajan al suelo a remover hojas y musgo para seguir buscando incansablemente. Es un pajarillo muy listo y aprende con mucha facilidad. Un ejemplo claro es lo que sucedió en Inglaterra en los años sesenta cuando aprendieron a abrir las botellas de leche que los repartidores dejaban en las puertas de las casas y no sólo eso, sino qué enseñaban a sus crías a hacerlo también. Como los ingleses son tan aficionados a las aves, para evitar que las siguieran abriendo cogieron la costumbre de dejarles bebederos con un poco de leche en los jardines. No solamente pasa en Inglaterra sino que también en Alemania, donde en muchas zonas hacen lo mismo. Unos familiares mios tienen esa costumbre en Alemania y todos los días les ponen un poco de comida y de leche a los pajarillos que viven en el jardín (herrerillos, carboneros, gorriones, petirrojos,...). 
También es muy fácil verlos cuando crían en las cajas nido que tenemos en parques y jardines. Cajas nido que son originales de la India, viniendo a Europa en el s.XVIII y generalizándose en el s.XX. Estas cajas nido están fundamentalmente destinadas a las aves insectívoras, aunque no solamente, y cuando se empezaron a instalar en España tuvieron un gran problema ya que el primer año que las pusieron la inmensa mayoría de las polladas se perdieron. El problema era muy sencillo. Ese año hicieron los agujeros de entrada todos del mismo diámetro con lo cual los depredadores podían entrar sin dificultad a comerse los huevos o los pollos. Solución. Al siguiente año hicieron cajas nido con agujeros de diferentes diámetros y así solamente podían entrar los pajarillos que anidaban allí.
El herrerillo común tiene un primo, el herrerillo capuchino que por aquí no abunda pero que tiene una característica muy distintiva, la cresta, que levanta o no en función de su estado de ánimo.
Trás despedirme de Fernando y Alegría continué mi paseo por Valorio y seguí viendo más herrerillos haciendo sus piruetas y acrobacias cual especialistas circenses, además de carboneros, pitos reales, colirrojos, petirrojos, buhos chicos, milanos reales, urracas, palomas, azulones, estorninos e incluso una pareja de pico picapinos menor. Un buen paseo que, como siempre que bajo al Bosque de Valorio, es una gozada. Siempre se ve algo y, aunque no se viera, recorrer sus caminos merece la pena.

domingo, 12 de febrero de 2012

Villafáfila: Un buen día de estreno.
El día amanecía muy frío, pero nuestras ganas de ir a Villafáfila para estrenar los nuevos objetivos nos hacían más llevaderos los -7º que nos cortaban la piel. La primera parada fue en la Laguna Grima, en la que había un gran número de cucharas que nada más parar el coche levantaron el vuelo para dar varias vueltas y acabar bajando de nuevo. Los campos helados, algún ratonero y muchos estorninos nos condujeron hasta la Laguna de San Pedro donde hicimos una buena parada.
Las lagunas están con muy poca agua, realmente solamente tienen agua esta y la Salina Grande; las demás están, o secas, o bajo mínimos. Por cierto, hace poco me pregunté por qué el nombre de Villafáfila. Hay dos hipótesis principales. Una de los que dicen que viene de la palabra “vicus” (villa) más el nombre Fáfila (repoblador medieval). Y otra de Germán Delibes que sostiene la teoría de que proviene de la “favilla salis” (sal más fina) extracción de sal de los romanos.
En la Laguna de San Pedro nos encontramos con la primera sorpresa del día, un grupo de 6 agujas colinegras entre cucharas, cercetas, silbones, algún friso y ánades reales. La laguna estaba congelada y era curioso ver cómo los gansos o los patos que aterrizaban hacían patinaje sobre hielo incapaces de frenar.
En este grupo variopinto, en el centro aparecen varias agujas colinegras.
Volviendo tras el alboroto provocado por
un milano real que se avalanzó sobre el grupo.
Nuestro camino continuó hasta la Salina Grande, y en la carretera que va a Otero de Sariegos nos encontramos con la segunda sorpresa del día. Tres zarapitos reales caminaban nerviosos buscando comida entre el barro y las hierbas. El zarapito es el limícola más grande de Europa y tiene una enorme longevidad. Bernis cita a uno anillado en Suecia en 1926 que se recuperó en Gran Bretaña en 1958. ¡Tenía 32 años!
Zarapito real.
Después de observarlos atentamente continuamos hacia Otero pero, antes de llegar, un enorme grupo de gansos nos hizo parar. Entre ellos aparecieron dos barnaclas cariblancas. Allí estaban, infiltradas entre la multitud de gansos. Una curiosidad de las barnaclas es que anidan en acantilados o islotes rocosos desde donde sus pollos se lanzan al vacío.
Foto testimonial de las barnaclas cariblancas.
También en ese bando vimos un collar amarillo de numeración ilegible. Más tarde, en el Centro de Interpretación nos explicaron que todavía no se había visto ninguno de ese color este año; provenía de Alemania.
La siguiente parada fue en el observatorio de Otero, donde tuvimos una nueva sorpresa. Leímos dos collares azules: TVS y GBS. Los dos provenían de Noruega y lo más sorprendente es que el primero de ellos fue anillado el 8 de julio de 1999. ¡Tenía casi 13 años! (si queréis saber su historial pinchad aquí y lo veréis en el excelente blog de Alfonso Rodrigo).
Cernícalo atusándose.
Tras una fructífera mañana en la que pudimos observar cernícalos, milanos reales, correlimos, agachadiza, avocetas, tarros blancos, aguilucho lagunero y ratonero (uno se puso las botas en una isla de la Laguna Grande), cucharas, silbones, cercetas, frisos, azulones, cigüeñas blancas, perdices, zampullines…y, por supuesto, los mochuelos que parece nos esperan cada día que vamos, comenzó la tarde que nos traería alguna sorpresa más.
Las cigüeñas blancas no pierden ocasión.
La tarde la ocupamos en probar los nuevos objetivos en las lagunas del centro de interpretación donde, tras una buena sesión de fotografías, estuvimos charlando con los responsables sobre los collares, el anillamiento y de dónde procedían. Pudimos ver diferentes collares en las fochas que habían sido colocados recientemente y varios del año pasado (104 – 132) e incluso de alguna anillada en León (041) hace años.
Tras la fructífera charla con José Javier y Pepe nos dirigimos a la carretera de San Agustín donde había un gran grupo de avutardas (más de 50) a la izquierda de la carretera y a la derecha un enorme grupo de gansos entre los que apareció un ganso careto. Allí estaba, como una isla entre los miles de gansos comunes que comían tranquilamente mientras varios tractores se movían espantándolos de vez en cuando. Allí pudimos ver otro collar azul (NFH) también anillado en Noruega.  
Entre esta multitud de gansos comunes estaba el careto.
La luz se nos estaba escapando y el día acababa pero nos íbamos contentos por lo visto y las pruebas con el objetivo nuevo que me permitirá mejorar algunas de las fotografías, o por lo menos eso espero.

viernes, 10 de febrero de 2012

Maese Raposo.
Según íbamos por la sierra, en la loma de nuestra izquierda, asomó un buitre leonado en el suelo. Se le veía el cuello y medio cuerpo. Acababa de levantar la cabeza llena de sangre. Había algo. Las urracas y los cuervos revoloteaban exaltados mientras que un grupo de milanos reales esperaba su turno en la copa de una encina cercana.
Desde nuestra posición no veíamos lo que comían, así que subimos la ladera de nuestra derecha hasta tener una visión completa. Comían una cierva.
El buitre se asustó y, tras unas grandes zancadas y un fuerte aleteo, se fue más lejos. Eran las diez y cuarto de la mañana y todavía no podía volar. No había ninguna térmica para poder levantar el vuelo en condiciones. Ante tal escenario decidimos escondernos tras unos arbustos y ver qué pasaba. 
Las urracas y los cuervos no paraban de moverse y comer en ningún momento. Lo hacían en grupos, primero las urracas, luego los cuervos y así sucesivamente. En muy pocos casos se juntaron. De repente, en los arbustos cercanos se movió algo. Un zorro se asomó cauteloso. Los zorros tienen fama de silenciosos y astutos y este tenía que hacer merecimiento a su fama.
Se acercó por la izquierda de la cierva. Caminaba muy despacio. Se paraba, levantaba la cabeza y escuchaba. No se fiaba. No se acercó en ningún momento a la cierva. Se limitó a coger un trozo de carne que se le había caído a algún cuervo y salir corriendo con él a esconderse entre los arbustos. Le costaba estar al descubierto.
Las pupilas del zorro se ponen verticales.
Los zorros son los carnívoros terrestres más extendidos por la tierra. Son silenciosos, precavidos y tremendamente discretos y se mueven normalmente de noche (tienen las pupilas verticales, como los felinos, para tener una mejor visión nocturna), aunque es común verlos al anochecer o al amanecer.
Durante la mañana volvió otras tres veces (no sé sí era el mismo o alguno diferente) comportándose de igual forma. Nunca se acercó hasta la cierva. Se limitaba a coger los trozos que se le caían a los milanos (ya se acercaban a la carroña), urracas o cuervos que eran los dominadores de la situación, aunque apareció un águila real que no bajó al suelo, se limitó a dar vueltas, seguramente bajaría más tarde.
Este ha sido mi último encuentro con maese raposo pero he tenido bastantes. Recuerdo la primera vez que vi uno. Era muy pequeño y mi padre nos llevaba a un pueblo de la provincia de Zamora. En el camino redujo la marcha y nos dijo: “Mirad a la izquierda. Eso. Es un zorro”. Un zorro corría ladera arriba de la colina y lo primero que me llamó la atención fue su cola. Era muy larga. Para un niño pequeño ver un animal con una cola tan larga chocaba bastante (por cierto, me pone nervioso los que llevan la cola de un zorro colgada del retrovisor del coche).
Aquí se puede ver la extraordinaria longitud de la cola del zorro.
La cola supone el 70% de la longitud de su cuerpo. Aparte de larga y bonita tiene una serie de funciones que el zorro aprovecha como lo hace con todo. La utiliza para equilibrarse, para enrollarse y darse abrigo o para comunicarse.
La siguiente vez que vi uno, fue muerto. Atropellado en la carretera. Al zorro el hombre lo ha acosado y perseguido desde hace siglos. Las razones principales han sido: considerarlo un competidor para la caza menor, atacar gallineros y corrales y ser un importante transmisor de la rabia. Un ejemplo de su persecución son los datos de las Juntas de Extinción de Animales Dañinos entre 1954-62. En esos años se mataron “legalmente” 53.754 zorros. Impresionante. ¿Verdad?
(Estos datos han sido tomados del trabajo realizado por Eduardo J. Corbelle Rico y Eduardo Rico Boquete titulado “La actividad de las Juntas de Extinción de animales dañinos en España, 1944-1968)
Zorro cazando topillos. Es muy curioso ver
como se aproxima sigiloso, se para, se concentra y
da un salto en vertical para intentar cogerlos.
Aún así el zorro sigue tirando hacia adelante y lo hace porque es capaz de adaptarse a “todo”. Come de “todo” en función de lo que se le vaya presentando, ya sean frutos, roedores, carroñas, basura… todo lo que pilla. Se adapta a “todo” tipo de ecosistema y son fértiles en la siguiente temporada. Y si la madre muere, los cachorros no se pierden ya que otra de las hembras que viven con ella cuidará a los cachorros.
En otras ocasiones los he visto en problemas. Su peligro en nuestra zona, aparte del hombre, es el águila real, que lo considera comida, y el lobo, que lo considera un rival y, si puede, le atacará. Así le sucedió a un zorro que cruzaba una pradera. Su andar con la cabeza agachada y cola estirada se interrumpió de repente. Se paró. Levantó la cabeza. Estiró las orejas. Levantó el morro y debió de captar el peligro. Eso le salvó la vida porque, como un fantasma, de entre las hierbas, apareció un lobo que se abalanzó a por él. El zorro reaccionó como un rayo y se libró de una muerte segura si lo llega a atrapar el lobo.
En definitiva, el zorro es un superviviente, un todo terreno que se adapta a “todo”.
(Agradezco enormemente a Poli su impresionante fotografía. Las fotos de esta entrada están tomadas en plena naturaleza, en libertad, menos la segunda que está tomada a un zorro en un centro en cautividad).

lunes, 6 de febrero de 2012

El rastro del lobo I: las huellas.
Ver a los mamíferos es complicado, y a los carnívoros todavía más. La mayoría son nocturnos o su actividad se desarrolla en los primeros momentos del día o al anochecer. Por lo tanto, para poder tener probabilidades de verlos hay que madrugar o quedarse hasta el anochecer.
Como verlos es muy complicado sí podemos saber si están en la zona mediante una serie de indicios que nos van a decir que viven allí o, por lo menos, que han pasado por allí. Estos indicios son los rastros.
Como el lobo es bastante complicado de ver, en muchas ocasiones nos tenemos que conformar con  observar sus rastros. Entre ellos tenemos las huellas, los excrementos y las rascaduras. Todos estos rastros, si sabemos leerlos, nos ofrecerán información; por lo tanto, hay que saber interpretarlos.
Huella de lobo en la Sierra de La Culebra.
4 dedos con uñas, aunque a veces no las marcan.
Las huellas del lobo son grandes (adulto: 10 cm de largo por 8 cm de ancho; lobezno: 4 cm por 4 cm; lobato: 6 cm por 5 cm) y marcan 4 dedos con uñas. Son muy parecidas a las de un perro, por lo tanto es muy complicado diferenciarlas. Viendo una sola huella es tremendamente difícil saber de quién es. Para diferenciarlas será necesario añadir otras variables como el lugar (aún así no es seguro) y sobre todo el rastro  (ver una sucesión de huellas). Si esta sucesión de huellas es en línea recta seguramente sea un lobo y, si es irregular, será un perro.
Huellas superpuestas.
Algo muy importante en las huellas es dónde quedan marcadas. No es lo mismo una huella impresa en una zona compacta que en nieve, arena fina o barro. La misma huella será diferente en cada sustrato. Por lo tanto, cuanto más inalterada quede marcada, mejor.
Diferentes huellas (lobo, ciervo, jabalí) en una zona de agua.
Las huellas de un lobo presentan variaciones en función de la edad, el sexo y si es una pata delantera (mano) o trasera (pie). Normalmente las huellas de los pies son más alargadas que las de las manos, aunque las lobas tienen las manos más alargadas que los machos. Una manera de diferenciar las huellas de la mano de las del pie es mediante la almohadilla intermedia. En este esquema de Ignasi G. Castellví de su libro "El rastro del lobo" se explica perfectamente.
Nota de campo de Ignasi G. Castellí en el que se explica,
mediante la almohadilla intermedia,
la diferencia entre el pie y la mano.
Si queremos extraer una huella hay una manera muy sencilla de conseguirlo. Se hace mediante un molde.
Lo primero es buscar un lugar apropiado para la extracción, es decir, necesitamos un terreno en el que la huella haya quedado marcada y no esté deformada. En barro seco y duro es un buen sitio.
Después sacaremos los utensilios que debemos de llevar: escayola (también se puede hacer de latex, pero lo normal es escayola), un cuenco (lo mejor es que sea de plástico ya que cuando se seca la escayola es muy fácil de quitar), agua, sal y una cuchara.
Cuando hemos elegido la huella a sacar debemos limpiarla, sin estropearla (si tenemos un pincel mejor) y luego hacer la mezcla. Si queremos que la huella nos quede con rebordes bonitos podremos hacer una especie de muro alrededor con cartulina, piedras,...
Después, en el cuenco echamos agua y escayola hasta casi cubrir (todo en función del tamaño de la huella). Si queremos que fragüe cuanto antes (se endurezca) debemos de echar un poco de sal (cuanta más echéis más rápido fragua). Removemos y cuando está en condiciones (líquido pero que no se empiece a fraguar) con una cuchara o directamente desde el cuenco lo echaremos en la huella y a esperar.
Cuando está duro, con mucho cuidado, debemos extraer la huella, para lo cual nos ayudaremos de una navaja que meteremos por debajo para extraerla sin romperla. Después la limpiaremos.
Huellas extraidas en una buena mañana. Entre ellas tenemos:
nutria, ciervo, jabalí, erizo, gato montés, zorro, corzo,...
Un proceso sencillo con el que podremos conseguir las huellas de cualquier animal.

miércoles, 1 de febrero de 2012

No seas cafre. ¡No lo abandones!
Hace pocos días en la finca de nuestra familia, cuando llegó mi hermano se encontró con un perro atado a la puerta. Lo habían abandonado.
Si quieres a un animal, ¿por qué lo abandonas? Si es tu perro o tu gato, ¿por qué lo abandonas? ¿Qué corazón hay que tener para abandonar a un animal que te da todo su cariño y fidelidad? No hay que tener corazón, ni conciencia, ni remordimiento…¡Hay que ser un desalmado!
Cada vez que me encuentro con una noticia del abandono de un animal me pongo enfermo. Y lo hago todavía más si recuerdo a mis gatas o perros que salvamos la vida y nos dieron todo su cariño durante mucho tiempo.
Hace muchos años recogí dos gatitas (Tigri y Milindris), de pocos días de vida, que habían abandonado  en una caja en la basura. Al pasar por el contenedor escuché sus lamentos y, ni corto ni perezoso, las busqué y me las llevé a casa. Las criamos a biberón ayudados por una perra que teníamos, llamada Chata, que las adoptó como si fueran sus propios cachorros y las crió. Les daba calor, las limpiaba y las cuidaba. Las gatas siempre la consideraron su madre. Estas dos gatas vivieron en nuestra casa mucho tiempo y convivieron con más perras a las que consideraron de su familia. Podían dormir todas juntas en un mismo sitio, apoyadas unas en otras. Una de las gatas vivió con nosotros 18 años y la otra 20. Nos dieron su cariño de una manera incondicional y cuando se murieron, un poquito de nosotros lo hizo con ellas.
Gatito perteneciente a una camada de 3
 que habían nacido en el hueco de un árbol.
En España, según la Fundación Afinity, en base al “XXII Estudio Anual del Abandono”, sobre los datos comunicados por 296 protectoras de animales y 710 ayuntamientos, se abandonaron en 2009, la friolera de 115.879 perros y 35.794 gatos. Datos escalofriantes que nos dejan en vergüenza y en evidencia de lo irresponsables que somos en nuestro país. Pero a estos datos hay que sumar todavía más; los animales que no se recogieron, los que murieron y los que sacrificaron los ayuntamientos. ¿A cuántos nos iríamos? Seguramente a cifras mareantes.
Si recuerdo a mis gatas también recuerdo otro día que íbamos, mi hermano y yo, a la finca y en el camino que llega a ella, entre las encinas, a unos 80 metros, vimos algo que a los dos nos hizo un nudo en el estómago. Paré el coche. Bajó mi hermano. Cogió un hacha y se fue hacia allí. Un golpe seco cortó la cuerda que un, perdonar, no puedo evitarlo, un hijo de puta, había atado a una rama y colgado a un pobre perro. 
Por desgracia muchos perros de caza siguen siendo sacrificados o abandonados en España. Esto no quiere decir que todos los cazadores maten a los perros. No. Sino que algunos lo hacen, con lo cual no se puede generalizar. Pero algunos los matan por no cazar bien, por ser mayores o simplemente por no hacer caso o terminarse la temporada. Entre ellos, los galgos, son especialmente sacrificados. 
Ringo consiguió varios CAC y quedar
varias veces 2º y 3º en su grupo.
Uno de ellos salvamos una vez. Se llamaba Ringo y era cariñoso, tierno, valiente (murió por serlo) y muy simpático, además lo presentamos a algunas exposiciones caninas obteniendo varios premios; pero su dueño anterior no lo quería por considerar que no cazaba como a él le interesaba con lo cual se propuso matarlo (inyección) o colocarlo, así es que lo llevó a una clínica veterinaria, coincidiendo allí con mi hermano que lo vió y se lo llevó.
Según el estudio de la Fundación Afinity las causas del abandono son: el cambio de domicilio (13.6%), las camadas indeseadas (13,5%), la pérdida de interés por el animal (13,3%), el comportamiento del animal (algo muy relativo. 11.7%), el fin de temporada de la caza (11.5%), factores económicos (8.7%), embarazo (7.1%), falta de tiempo por el nacimiento de un hijo (6.4%), alergias (6.4%), ingreso en un centro hospitalario o defunción (3.8%) y vacaciones (3%).
Si recuerdo a las gatas también recuerdo a Santi, un precioso gato blanco y rojo que recogí en Valorio. Allí lo habían dejado a su suerte. Santi era especial. Lo llevamos a la finca y se crió entre perros. Paseaba entre todos ellos sin ningún problema. Era un gato adoptado por todos ellos. Lo llamabas y venía como un perro. Vivió hasta que un día, curiosamente un día de caza, desapareció.
Gata amamantando a su cachorro
que me encontré por el campo.
Gracias a Dios no todos somos descerebrados o no tenemos corazón. Un tanto por ciento muy grande de personas quieren a sus perros o gatos, los cuidan y los consideran un miembro de su familia y los abandonos de animales están bajando poco a poco y las adopciones van subiendo.
De los perros abandonados el 39.2% son adoptados, el 25.5% permanecen en el refugio que los acoge, el 16.8% son devueltos a sus propietarios y el 15.5% son eutanasiados. En cuanto a los gatos, el 38.2% permanecen en el refugio, el 27.6% son adoptados, el 18.6% eutanasiados y el 4.7% devueltos a sus propietarios.
Seamos sensatos y antes de adquirir un perro o un gato pensémoslo. Va a vivir con nosotros mucho tiempo. Nuestra decisión debe de estar meditada (tipo de raza o elegir el animal que más se adapte a nosotros) y no debe de ser un capricho. Si ya lo tenemos, debemos educarlo y sociabilizarlo y, por supuesto, si es una perra, saber que tendrá celos y se puede quedar preñada.

Por lo tanto será una decisión importantísima ya que de ella dependerá la vida de nuestra mascota. Cuidar y querer a vuestro perro o gato. Él os lo devolverá con creces.
(Todos los datos de esta entrada están sacados de la Fundación Afinity)