miércoles, 13 de marzo de 2013

Aniversario de Félix Rodríguez de la Fuente.
Mañana jueves, 14 de marzo se cumplen treinta y tres años de la muerte de Félix Rodríguez de la Fuente y, casualmente, también cumpliría 85 años ya que nació y murió el mismo día.
Mucho se ha escrito de él y su vida; alabanzas, parabienes y críticas,; así es que no voy a repetir lo sobradamente conocido; pero quiero intentar transmitir en esta entrada la importancia que tuvo para mucha gente, sobre todo niños, entre los que me incluyo.
A finales de los años setenta yo era un pequeño niño inquieto, movido, al que le interesaban todas las cosas que no sabía o no entendía, que se escapaba los viernes por la noche de la cama (no podía despertar a mi hermano que era más pequeño) y se sentaba en el sofá, pegado a la televisión, esperando ansioso a que empezara aquella música que le erizaba los pelos en cuanto comenzaba a sonar y un mundo nuevo se abría ante sus ojos. Un mundo maravilloso. Un mundo lleno de situaciones espectaculares, tiernas, dramáticas, divertidas. Un mundo que estaba allí fuera, al lado de nuestra casa, en nuestros campos. Un mundo fascinante.
Monumento dedicado a Félix Rodríguez de la Fuente
 en el bosque de Valorio (Zamora).
Los capítulos de El Hombre y la Tierra marcaron a una generación de niños que mirábamos fascinados, intrigados, extasiados la naturaleza más cercana, la que nos rodeaba. Seguímos a los lobos en sus andanzas. Conocimos a Gaspar que era capaz de romper un huevo con piedras. Vimos cómo una turona defendía a sus crías de una serpiente. Observamos fascinados y temerosos cuando una nutria cogió a un cervatillo y lo sumergió en un río. Descubrimos algo que se llamaba lirón careto o a las grandes aves que eran capaces de coger hasta una cabra y llevársela o a pequeños pájaros que eran capaces de bucear. Nos adentramos en madrigueras y huecos de árboles. La fascinación era total. 
El embrujo de aquellos capítulos todavía me recorre la sangre (tengo todos y los veo de vez en cuando). Aquel hombre nos enseñó la naturaleza con sus cosas buenas y malas, con sus maravillas y sus problemas, con sus alegrías y sus miserias. Nos enseñó a conocerla, apreciarla y respetarla. Nos enseñó que teníamos que intentar protegerla. Nos mostró animales que podían desaparecer como el lince o el águila imperial y porqué no debían de dejar de existir. Nos mostró el camino a toda una generación de niños. Nos enseñó a valorarla y respetarla.
Recuerdo cuando murió. El impacto que supuso fue tremendo. Me enteré de su muerte en la calle. Había salido del colegio y en el escaparate de una tienda vi una noticia en un periódico que me heló la sangre. Había muerto Félix. El hombre que me había enseñado la naturaleza. Una fotografía con una avioneta estrellada acompañaba la noticia. Era cierto, y una gran lágrima se me escapó en plena calle. Miré a mi madre y me lo corroboró con la mirada y un asentimiento de cabeza que no daba lugar a dudas. Había muerto el defensor de los animales.
Muchos de esos niños que mirábamos fascinados la televisión dedicaron su vida a la naturaleza, ya fuera de forma profesional o como una maravillosa afición. He de confesar que años más tarde, cuando comencé el instituto, conocí a cierto profesor que me quitó todas las ganas que tenía de ser biólogo. Ese profesor consiguió que mi maravillosa afición no se convirtiera en mi profesión. Pasé de la maravilla de la naturaleza contada por Félix a la machaconería de un profesor que no la amaba sino que se limitaba a torpedearnos con datos, definiciones, gráficos o esquemas sin ningún sentido, sin ninguna pasión, sin ningún cariño, sin ningún respeto, sin intentar que comprendiéramos nada.
Monumento dedicado a Félix en el bosque de Valorio (Zamora).
Si algo consiguió Félix Rodríguez de la Fuente fue que conociéramos, valoráramos, apreciáramos y respetáramos la naturaleza más cercana, la que está en nuestros campos, en nuestras tierras. Algo que hecho en falta en nuestros días. Algo que no se lleva. Algo que se está cortando de raíz. Algo que, como profesor (aunque no doy biología) o monitor, intento que conozcan mis alumnos. Algo que, por desgracia, se está perdiendo; estamos teniendo una involución en la educación ambiental que comenzó a surgir en los años setenta, como he dicho en alguna otra entrada, se eliminan programas educativos relacionados con la educación ambiental, se la menosprecia (si la educación está mal, la ambiental está en la cola), nuestras administraciones no invierten en ella y lo que es peor, no pretenden invertir, sin darse cuenta que es un tema básico en nuestra existencia y que hay que hacerlo desde la infancia.
También echo en falta programas en televisión que atraigan a los niños, que les absorban, que les fascinen. Hecho en falta programas de nuestra fauna. Evidentemente hay documentales de naturaleza pero son todos relativos a lugares lejanos, a leones, hienas, guepardos, osos polares o ballenas. Programas que están muy bien pero ¿nuestros niños saben lo que es un milano, o un roble, o un corzo, o que a los ciervos se le caen las cuernas o como influye la desaparición de cierta especie o por qué son importantes las aves? Por ahí se debe empezar. Por temas cercanos. Por temas que nos rodean porque lo primero que hay que aprender es lo que tenemos a nuestro alcance.
Félix nos enseñó todo eso y mucho más. Seguramente muchos de los que leéis este blog os sintáis identificados con lo que digo; si así fuera, Félix habría hecho un gran trabajo. Siempre le estaremos agradecidos.

9 comentarios:

  1. José, me siento totalmente identificado contigo.
    Yo era uno de esos niños que se asombraban con sus relatos y no se perdían ni un sólo capítulo de "El Hombre y la Tierra" (tampoco el año pasado en La 2) y que también lloraron su muerte.
    En mi caso, fue mi madre quien nos dio la trágica noticia, cuando nos levantó a mis hermanos y a mi de la cama ¡no me lo podía creer! si lo había visto hace unos días en la tele con Íñigo explicando como iba a ser su periplo en Canadá.
    En fin, está claro que nos marco a una generación de jóvenes y que revoluciono el conservacionismo en nuestro país.
    También estoy de acuerdo contigo que parece que hoy existe un cierto involucionismo ambiental. Hace pocos días escuchaba a otro de esos niños seguidores de Felix, Luis Miguel Dominguez, que decía que tenía un montón de proyectos, pero que no le dejaban hacer programas de Televisión como los de Felix, por que no interesaban, no eran rentables,..., menos mal que le dejan hacer el minúsculo "Biodiario".
    Seamos optimistas y esperemos que todo cambie, aunque a veces parece que lo haga poco a poco.

    Yo también soy docente (Tecnología) y no puedo evitar estimular a mis alumnos en el conocimiento de la naturaleza de su entorno. Es la única manera de que la valoren y la respeten. La educación ambiental es fundamental.
    Los programas de la tele inciden mucho en la fauna de otros países y además en especies muy vistosas: leones, tigres, osos,... No esta mal que conozcan la fauna africana, pero creo que sería mejor empezar por la de su entorno, al fin y al cabo, es donde viven.

    Saludos desde León

    ResponderEliminar
  2. Yo también crecí con Felix,aprendí con él a amar y respetar la naturaleza.Cuarenta años después sigo viendo de forma regular capitulos del "Hombre y la tierra"...y por muchas veces que los vea siempre aprendo algo nuevo.... Quizás un nuevo Felix consiguiera una nueva generación de amantes de la naturaleza....Lo veo difícil tal y como es hoy nuestra sociedad todo materialismo y egoismo...lo contrario a su mensaje.
    Gracias por avivar el recuerdo.

    ResponderEliminar
  3. Muy bonito homenaje al que te abrió los ojos que otro no te pudo cerrar del todo. Un abrazo desde Cantabria.
    Máximo

    ResponderEliminar
  4. Creo que somos muchos los niños de la generación de Félix que crecimos aprendiendo a conocer, amar y respetar la naturaleza con la sencilla doctrina que él sabiamente supo transmitir. Eramos muchos los españoles que disfrutábamos en familia de sus enseñanzas, juntos en muchos casos pequeños y grandes, y así aprendimos a conocer y entender con quién compartimos nuestra 'patria'.
    Es cierto que esto es algo que hoy día no tiene una voz que, como la de Félix, se gane la atención de niños y mayores; además del problema añadido , que ya habéis apuntado, de la limitada educación ambiental.
    Desde Pucela, 'ojolince y sra.' nos sumamos a la celebración de su aniversario por partida doble.
    Un saludo.

    ResponderEliminar
  5. Muchas gracias a todos por vuestros comentarios. Creo que somos muchos los amantes de la naturaleza a los que Félix nos abrió los ojos. Este es mi pequeño y humilde homenaje para él. Gracias por mostrarnos ese mundo. Un saludo a todos.

    ResponderEliminar
  6. Buf, claro que me siento identificado. De todos es sabido a estas alturas que las técnicas utilizadas por Félix para el rodaje de aquellas impactantes imágenes pero el objetivo perseguido entonces era de mucho mayor rango que todo aquello. Consiguió que un país entero amara a sus animales y tuviera inquietudes por los mismos.

    Yo no sería el mismo si Félix no hubiera existido. Quizás no estaríamos aquí hablando de naturaleza, ni tú ni yo tendríamos un blog, o aunque saliéramos al monte quizás lo haríamos sin prismáticos o sin la esperanza de ver algo que se mueva.

    Un saludo.

    Dani

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Tienes toda la razón. Ninguno de los dos seríamos los mismos, ni tendríamos un blog, ni amaríamos la naturaleza...sería muy triste. Gracias Félix.

      Eliminar
  7. Aún me acuerdo el momento exacto en que me enteré de su muerte y cómo me senté en un escalón a llorar. Y ya han pasado años... Lo que hizo este gran comunicador con toda una generación en este país es impagable.
    Gracias por acordarte del gran Félix.
    Un saludo.
    Antonio Córdoba

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola Antonio. Todos los que seguíamos a Félix quedamos impactados por su vida y sus enseñanzas. Todos recordamos cuando no enteramos de su trágica muerte donde estábamos o qué hacíamos. Nos impactó. Un saludo.

      Eliminar