lunes, 25 de marzo de 2013

Águila real y garza imperial.
El pasado sábado me dirigí a una zona de la provincia de Zamora en la que me había dicho J. Alfredo Hernández, gran conocedor y amante de la naturaleza zamorana, que había una buena población de ganga ibérica, mi objetivo de ese día. Como suele suceder casi siempre cuando vas en busca de una especie determinada no la ves y surge algo totalmente inesperado que compensa plenamente el pequeño fracaso de lo que buscabas.
La mañana estaba revuelta y fría pero los pájaros estaban en plena ebullición, la primavera ha comenzado con fuerza en las aves que reclaman a sus parejas o incluso ya tienen sus pequeñas proles. Mi única visión de las gangas ibéricas fueron siete ejemplares demasiado lejanos y durante muy poco tiempo pero, rápidamente, una silueta llamó mi atención. Era un ave grande, poderosa y fuerte. La distancia era considerable pero el rápido vistazo con los prismáticos confirmó mi impresión. Era un águila real adulta que patrullaba su territorio de caza. Volaba bajo. Buscaba una presa. Se acercaba lentamente cuando apareció una segunda águila real, también adulta que se unió a la primera en la patrulla de búsqueda de alimento. Se acercaban cada vez más pero, para mi frustración, se dieron la vuelta y desaparecieron. Se alejaron planeando hacia las lomas más lejanas.
Continué mi recorrido entre grupos de jilgueros, pardillos, pinzones, trigueros, alondras, algún colirrojo tizón, milano negro y real, aguilucho ratonero, abubillas y las comunes urracas, cuervos o cornejas cuando un espectacular canto llamó mi atención encima mío. Un ave volaba cantando sin parar. Reclamaba de forma intensa a la que contestaba otro canto igual de intenso y hermoso en el suelo, entre las hierbas.
Era una calandria (gracias Alfredo por ayudarme a identificarla) que volaba alterada entre cánticos intensos. Mientras la observaba con atención efectuó un movimiento extraño. Paró de cantar. Se tiró al suelo como un halcón sobre una presa y desapareció entre las hierbas. Rápidamente busqué el porqué de ese comportamiento y, ante mi enorme sorpresa, apareció, a muy poca distancia, desde detrás de una loma, otra águila real volando muy bajo. Era una joven de primer invierno. Era la tercera águila real de la mañana.
Volaba muy bajo, con la cabeza inclinada, mirando atentamente a todo lo que podía suponer una presa. Era imponente. Majestuosa. Espectacular. Planeaba con suavidad, con elegancia pero con una fuerza que se transmitía en sus alas, en su cabeza, en su pico. Era la reina del lugar. Se lanzó en varias ocasiones al suelo sin conseguir ninguna recompensa.
El águila real se fue alejando poco a poco, de repente, apareció un cuervo que se lanzó a por ella con una fuerza tremenda. La acosaba. La quería echar de su territorio. La expulsaba con ataques en picado que molestaban a la joven águila que terminó por alejarse ante tan incómodo vecino.
La siguiente sorpresa de la mañana fue una garza imperial que pude observar en Timulos, presa sobre el río Duero, cerca de Toro.
Había venido varias veces en su búsqueda, sin suerte, pero esa mañana el extraño comportamiento de lo que unos llaman suerte y otros azar quiso que la tostada cayera de mi lado y la suerte cambió.
Timulos es una pequeña presa llena de vida en la que cormoranes, garzas reales, cigüeñas o milanos negros vuelan de aquí para allá mientras algún aguilucho lagunero, águila calzada o milano real pasan de forma esporádica sobre algún pato cuchara, azulón, focha, polla de agua o somormujo lavanco que nadan en busca de comida entre carrizos o espadañas y alguna nutria patrulla las tranquilas aguas en busca de alimento.
Aquí esperaba encontrar a la esquiva garza imperial. Ave difícil de ver por su mimetismo absoluto entre los carrizos. Ave que en marzo llega a nuestras tierras desde el África Tropical y que había visto en este lugar otros años y, Alfonso Rodrigo, había visto el ocho de marzo.
Observaba los carrizos cuando dos alas diferentes aparecieron entre ellos, solamente las vi un momento pero la primera impresión era esperanzadora. Desde ese momento, cada poco, observaba por el telescopio el lugar hasta que la garza imperial se levantó mostrando toda su belleza y colorido.
Sobrevoló las tranquilas aguas. Su típica silueta se recortaba sobre las aguas, su largo cuello curvado en S, sus colores vivos e intensos. Nunca la había visto volar de esa manera. Siempre la había visto escondida entre los carrizos.
La garza imperial es un ave reservada que no suele alejarse de las zonas de vegetación de las orillas y que estaba mostrándome todo su esplendor en un vuelo que recorrió parte del río. Dio media vuelta y volvió a la misma zona en la que se encontraba pero en el otro extremo. Se posó en el final de los carrizos, al descubierto y, de repente, una garza real que se encontraba muy cerca, en el nido, se levantó y se tiró a por ella violentamente. Aquí pude comprobar el menor tamaño de la garza imperial frente a la real que impuso su mayor envergadura y poderío para desplazar a la garza imperial que se metió de nuevo entre los carrizos, oculta, mimética, solamente se podía distinguir su cuello que parecía una rama en el entramado de la orilla.
La garza imperial está en el Catálogo Nacional de Especies Amenazadas con la categoría "De Interés Especial". Es un ave reservada que al rato volvió a salir y atravesar todo el río. La pude ver volar hacia mi orilla, donde desapareció.
La mañana finalizó con la observación de un alcaudón real y varios grupos de pardillos, jilgueros, pinzones y unos rabilargos que se movían de los campos a los pinos y la enorme satisfacción de haber observado dos aves espectaculares como el águila real y la garza imperial.

10 comentarios:

  1. Sin duda este tipo de sorpresas son las que hacen cada salida única y reconfortante, las alegrías que no te esperas son las que saben mejor. Muy chulas esas dos distinguidas aves,
    un saludo!

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    1. Quizás por eso nos gusta tanto la naturaleza, porque no sorprende. Un saludo y gracias.

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  2. Muy buena salida con sorpresones y buenas fotos.No conozco esa zona...a ver si esta primavera me acerco.
    Salud!!

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    1. Hola Xurde. La zona entre La Bóveda de Toro- Castronuño y Timulos es un triángulo muy bueno para observar. La primera es para aves esteparias y las otras dos son dos presas en el río Duero, la primera en Valladolid y la segunda en Zamora pero muy interesantes para observar. Un saludo y gracias.

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  3. Cuanto tiempo que no nos pasábamos por aqui!
    Pero el blog sigue igual que siempre.. Aunque con un par de seguidores maaas! Todavía lejos de nuestros 355:)
    A ver si dentro de poco nos pasamos por una librería y entre los libros de la estantería encontramos "Zacarías Garrote"
    Al despertar sigue ahí, un pelín abandonado por falta de tiempo más que por otra cosa pero todavía no hemos visto ni un solo comentario tuyo..Así que te invitamos a que nos honres con tu presencia un día de estos:)
    ¿Qué tal va todo?
    Un beso:)

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    1. ¡Qué bestias! ¡¡¡355....!!!! Cuanto me alegro. Tenéis razón, debo de haceros alguna visita no tardando mucho. Un saludo y gracias por vuestro comentario que me ha dado una especial alegría. Os visitaré.

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  4. Una muy buena entrada, de las quea mí me gustan.

    El Águila Real y sobre todo (para mí) esa Imperial con esas "axilas" en todo su esplendor, de 10.

    UN Saludo.

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    1. Hola Miguel. La garza imperial fue toda una sorpresa verla volando. Iba a buscarla pero nunca esperé verla volar tan al descubierto. Un saludo y gracias.

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  5. Hay días en los que la fortuna te sonrie, regalándote observaciones como las que nos relatas en tu estupenda crónica.
    Además de disfrutarlas plenamente, has podido guardar buena muestra de ellas pues las fotos de la joven 'real' y la garza imperial, son un excelente documento gráfico que sirve de fiel reflejo de su actividad en el medio.
    Un saludo de 'ojolince y sra.' que, no hay que decir, siempre disfrutamos mucho de tus crónicas.

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