miércoles, 12 de febrero de 2014

Lección práctica sobre el búho campestre.
Hacía varios años que no veía un búho campestre y desde que Manuel Rodríguez descubriera, semanas atrás, una pareja, llevaba unos cuantos días intentando acercarme para poderlos ver.  Por fin se presentó la ocasión y fui en la agradable compañía de Manolo D`Hoore y de J. Alfredo Hernández, quien nos dio una verdadera lección de la vida, costumbres y hábitos de los búhos campestres; le agradezco enormemente deleitarnos con sus sabias y acertadas explicaciones que intentaré transmitir en esta entrada.
¿Lechuza o búho campestre? En un primer momento se le llamó lechuza campestre y por eso mucha gente le sigue llamando así. Más tarde se dieron cuenta que tenía más que ver con los búhos (búho campestre es Asio flammeus y búho chico es Asio otus) que con las lechuzas (lechuza común es Tyto alba); con lo cual, lo empezaron a llamar búho campestre y, por eso, actualmente se le conoce con los dos nombres.
Llegamos a la zona alrededor de las seis de la tarde con la esperanza de encontrar a alguno de los búhos campestres, ya que es la rapaz nocturna más diurna de todas y hay muchas posibilidades de verla durante el día. Según caminábamos en su búsqueda un aguilucho pálido patrullaba las llanuras mientras un mochuelo se desplazaba de una encina a otra y varios gorriones chillones se alteraban en lo alto de un chopo. 
El búho campestre es un invernante común en España llegando desde zonas nórdicas y rusas; hasta hace pocas décadas no criaba aquí, pero desde los años noventa del siglo pasado cría en nuestra tierra, sobre todo en Tierra de Campos, donde encuentra una buena despensa de comida necesaria para sacar adelante a sus pequeños.
El sol se ocultaba mientras continuábamos por el camino observando a varios cernícalos que se movían inquietos, mientras un busardo ratonero pasaba junto a ellos y varias tarabillas y gorriones molineros se movían de arbusto en arbusto inquietos cuando, ... un búho campestre pasó volando muy cerca de nosotros. Ahí estaba nuestro objetivo. Su gran cabeza redonda destacaba respecto a su cuerpo. Volaba en absoluto silencio, algo que me llama poderosamente la atención de las rapaces nocturnas. Esa ausencia total de ruido se debe a que sus plumas están aserradas en sus extremos para amortiguar el sonido que produce el aire al rozar con ellas, haciendo que el sonido se cuele entre ellas y así, no se emita, ni un solo ruido.
El búho campestre se posó, junto a otro, en un campo cercano donde pudimos observarlos con gran detalle. Al verlo posado en el suelo tienes la sensación de que se va a caer de cabeza, que va a perder el equilibrio, ya que está de una forma muy horizontal, paralelo al suelo, no como otras rapaces nocturnas que están muy verticales. La explicación de esa postura es muy sencilla: como pasa gran parte de su tiempo posado en el suelo, tiene que adquirir una posición que no destaque demasiado; si estuviera más vertical se le vería inmediatamente en la llanura; por el contrario otras rapaces nocturnas están mucho más verticales porque tienen que pasar desapercibidas en lo alto de un árbol y deben asemejarse a las ramas que están a su alrededor.
Allí estaba la pareja. Tranquila. En un silencio absoluto solamente roto por el sonido seco, sordo y apagado que emitía uno de ellos, un “bu-bó” que se oía muy bajo en la noche que se iba adueñando de todos nosotros. Pasados unos minutos se levantaron, al igual que otros búhos que no habíamos visto anteriormente; un total de cinco ejemplares nos sobrevolaron para asentarse unos en otras zonas cercanas  y otros seguir volando en grandes círculos, con planeos y golpeteos de alas. Estaban en celo y se exhibían ante sus parejas y sus posibles rivales.
La luz era muy escasa y los búhos solamente se distinguían cuando se recortaban en el horizonte ya fuese en una rama o en el suelo donde varias liebres se perseguían y ponían a dos patas en una danza que indicaba que se encontraban en su periodo de celo.
Alfredo continuó explicándonos cuáles eran las presas más comunes de estos preciosos búhos que parece tuvieran sombra de ojos en una mirada espectacular que es capaz de ver en la oscuridad a topillos, ratones o pajarillos para poder capturarlos. Seguramente estos búhos permanezcan en la zona para criar sobre el suelo, en un pequeño agujero que cubrirán con algunas hierbas. Al poner su puesta sobre el terreno la predación sobre ellos es muy alta, con lo cual, deben de minimizar las pérdidas, poniendo hasta ocho o diez huevos que, una vez eclosionados, los pequeños búhos tienen un desarrollo rapidísimo ya que cuanto más tiempo permanezcan en el suelo más posibilidades tienen de ser descubiertos y eliminados.
El frío y la noche nos envolvieron por completo. La luna posaba majestuosa junto con Júpiter y Venus en una noche clara y estrellada pero fría. Era hora de retirarnos. De dejarlos tranquilos. De dejar que comenzara su día, nuestra noche.

4 comentarios:

  1. Enhorabuena, tuvisteis mas suerte que nosotros.
    Ademas que buena compañía!!!
    Muy buenas fotos.

    Saludos desde León

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    1. Hola J. Alberto una agradable y fantástica compañía y unos búhos preciosos. Ya he visto que vosotros los pillasteis un poco lejos. Un saludo y gracias.

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  2. Los años que vivimos en Soria, lo hicimos en una pequeña casa, en los Rabanos un pueblo próximos a Soria. La casa era pequeña, pero disponía de un amplio garaje, que muchas veces sirvió como espacio de transito de animales heridos camino de algún centro de recuperación.
    Un día apareció José Beltrán con una lechuza campestre dentro de una caja de cartón. Le habían roto un ala de una perdigonada. En aquellos tiempos (hará unos 25 años) no existía apenas respeto por los animales y se disparaba sobre todo lo que se movía.
    Aún recuerdo los ojos de la lechuza, su porte, su altanería. A pesar de ser un animal herido, indefenso, mantenía su mirada orgullosa, desafiante.
    Su disco facial, sus garras (la dificultad para desprenderlas del brazo de José), su plumaje.
    Un par de días, quizá tres, hasta que el veterinario pudo operarla y luego su traslado a un centro de recuperación.
    A veces solo queda el recuerdo de las fotos (que eran diapositivas), pero en ese caso, si recuerdo perfectamente al ave.
    El año pasado, en nuestro viaje a Doñana, pudimos ver un búho campestes volando libremente por las marismas. Qué maravilla!!!
    Saludos José, como siempre un reportaje superior.

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    1. La experiencia que cuentas nunca se olvida; yo he llevado varios mochuelos, cárabos y cernícalos a un centro de recuperación y estoy de acuerdo contigo que son animales impactantes de cerca así que los búhos campestres serán espectaculares. Un saludo y gracias.

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