domingo, 4 de diciembre de 2011

Las lagunas de Villafáfila entre la niebla.

Aunque la mañana amaneció con una niebla que no dejaba ver absolutamente nada, mis esperanzas se centraban en que cuando saliera de Zamora, la dichosa niebla se fuera disipando lentamente como había ocurrido el día anterior cuando fuímos hasta Ungilde y, aunque quedara un día soleado y frío, se pudiera ver algo. No fue así y según me iba acercando hacia las Lagunas de Villfáfila la niebla se hacía cada vez más espesa.
Dichas lagunas son uno de los humedales más importantes de España. Están formadas por tres grandes lagunas y varias de menor tamaño que tienen una característica especial, son de agua salada. Este hecho les ha conferido una importancia tremenda a lo largo de la historia.
Un equipo de arqueólogos de la Universidad de Valladolid ha confirmado, mediante el hallazgo de restos, una explotación de sal de la época prehistórica, de hace más de 4.000 años, lo que indica su tremenda importancia.
Pero lo que nos atrae actualmente es su riqueza de aves, en especial, en esta época, el otoño-invierno, y ese era mi objetivo, intentar ver qué aves había en las lagunas y su entorno.
Al llegar paré en la laguna situada al lado de Villarrín. El ruido indicaba que estaba llena de aves, sobre todo de escandalosos gansos, pero la niebla me impedía verlos. Solamente pude sacar alguna fotografía como esta en la que se adivina la silueta de dos gansos estriándose entre la niebla.
Gansos entre la niebla.
La extracción de sal fue tremendamente importante y codiciada ya que no había ningún otro lugar cercano de extracción de este mineral, con lo que a lo largo de la historia las salinas fueron controladas por señores poderosos (nobles o reyes) y la Iglesia. Villafáfila aparece documentada por primera vez en el año 936 en un escrito del monasterio de Sahagún tras la venta de unas salinas a dicho monasterio. Las lagunas eran un centro de abastecimiento de sal y como tal debían de ser protegidas y controladas ya que la sal era un bien de primera necesidad.
Cernícalo oteando entre la niebla.
Me dirigí hasta el pueblo abandonado de Otero de Sariegos donde pude distinguir varios cernícalos, aguiluchos ratoneros y bandadas de palomas, estorninos y jilgueros, nada más.
Jilguero mirándome curioso.
La niebla lo cubría todo….pero, aún así, tenía un encanto especial. La próxima vez sería diferente, o por lo menos eso esperaba, y así fue.

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