miércoles, 14 de marzo de 2012

El lobo siempre impresiona.
Este blog acaba de sobrepasar las 10.000 entradas y para celebrarlo que mejor entrada que la de un animal que me apasiona, el lobo. Os doy las gracias de todo corazón a todos los que lo leéis. Espero que os guste la celebración.
Eran las 7:15 de la mañana del pasado sábado cuando circulaba por una carretera zamorana, evidentemente no diré ni cual, ni a qué altura, debéis de comprenderlo, e iba pendiente de si algún animal cruzaba la carretera, algún ciervo, corzo, zorro o jabalí dada la hora de paso; miro a mi izquierda y, a unos 80 metros de distancia veo un movimiento que conozco muy bien. Un lobo caminaba en dirección a la carretera por la linde de dos campos. Camuflado. Tranquilo. Sigiloso. Al trote. Con un andar elegante y majestuoso.
El trote es la manera de moverse más común del lobo. Es la manera en la que se mueve por su territorio de una manera que le supone el menor gasto de energía, pudiendo recorrer, en una noche, más de 60 km.
“¡Un lobo!”. Fue mi expresión de sorpresa. Frené rápidamente (primero, por supuesto, miré que no viniera nadie detrás). Me orillo a unos 40 metros de donde calculaba que pasaría la carretera. Saco la cámara. Salgo del coche. Dadas las condiciones de escasa luz preparo la cámara en manual para conseguir alguna imagen. Me apoyo en el coche y espero a que el lobo cruce la carretera. Apunto al lugar por el que debía de cruzar y espero. El lobo sale del campo y cruza la carretera tranquilamente. Lo tengo centrado. Perfecto. Disparo y… “¡tarjeta de memoria llena!” Mis pensamientos no puedo reproducirlos porque sería demasiado fuerte. El lobo cruzó. Lo perdí de vista tras una loma. No podía perder esta oportunidad; así que salí corriendo hacia donde había cruzado y al llegar me asomé con cuidado por la loma. Continuaba por el campo, tranquilo. Miré hacia donde iba y rápidamente corrí al coche. Me monté y tiré por un camino que calculaba que pasaría por allí. Todo esto controlando al lobo que caminaba al trote entre sembrados. No me había visto y rogaba que no me viera porque calculé por dónde iba a pasar. Paré el coche en el camino. Saqué de nuevo la cámara y lo esperé rezando para que me viera lo más tarde posible y, si me veía, que por lo menos me diera tiempo a hacerle alguna foto, aunque la luz fuese muy, muy escasa.
El lobo caminaba confiado. No paró en ningún momento. Su trote era constante. Llegó a mi altura y entonces me vio.
Cruzó el camino por delante de mí, a unos 20 metros de distancia, y cambió del trote al galope, marcha que el lobo utiliza para perseguir a una posible presa o para huir de algún peligro. Me consideraba un peligro y no lo culpo. Nosotros. Los humanos. Somos su enemigo desde hace siglos y eso, el lobo, lo lleva  metido en los genes.
Según se iba alejando iba volviendo al trote. Continuaba su recorrido. ¡Estaba andando en círculo! Iba a volver a la carretera. Continué por un camino observándolo mientras se alejaba poco a poco. Calculé de nuevo por dónde cruzaría y volví a la carretera, a unos 30 metros de por donde debía de cruzar. Salí del coche y me preparé de nuevo. Lo esperé.
Venía al trote. Se acercó a la carretera. Preparé la cámara y…¿no cruzó?, ¿dónde estaba? No podía ser. Había desaparecido… ¡Había cruzado por debajo de la carretera!, por un estrecho canal de un regato.
Salió al otro lado de la carretera. Lo vi continuar por el cauce seco, un metro por debajo del terreno de alrededor. Si no supiera que iba por ahí no se le vería, iba perfectamente camuflado. Salió del cauce y paró. Me miró. Ya no me consideraba una amenaza.
Volví al coche y me metí por otro camino que iba paralelo a unos 100 metros de su recorrido. Era impresionante y, de repente…¡desapareció! Se lo tragó la tierra. Quizás se tumbara. Quizás pasó por detrás de una loma. Lo perdí. Habían transcurrido casi 50 minutos desde que lo vi por primera vez. Tiempo que se me pasó volando. Tiempo que disfruté de la belleza de un animal increíble. De un animal que lucha por sobrevivir. De un animal inteligente. De un animal mítico. De un animal que admiro y que esa mañana me hizo disfrutar de su presencia.

11 comentarios:

  1. Sí, sí.... siempre impresiona.
    Pero unos días más que otros ¿eh? jejeje

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    1. La verdad es que sí. Tuve suerte y la aproveché lo más que pude. Un saludo y gracias por el comentario.

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  3. La suerte hay que buscarla. Y a veces tiene estas recompensas. Seguro que los coches que íban delante de tí ni se percataron, y tú, como buen amante de la naturaleza y de sus habitantes, sí. El que la persigue la consigue.
    ¡Enhorabuena!
    Un saludo.
    Antonio Córdoba

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  4. Como se nota que tienes grabado ese instante en la mente con fuego! Lo has descrito seguramente tal cual transcurrieron los segundos. Enhorabuena por el momento.
    Un saludo!

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    1. Así es. Estos momentos los disfrutas cuando suceden y, por supuesto, después, cuando los recuerdas. Gracias por el cometnario y un saludo.

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  5. Un encuentro realmente interesante. Muchas gracias por compartirlo. Esas tarjetas de memoria parece que tienen un instinto especial para llenarse cuando menos conviene, las malditas. Mi mujer y yo íbamos a pie por un camino agrícola cerca de Palacios del Pan y vimos uno, a unos doscientos metros, demasiado lejos para fotografiarlo con la cámara compacta que yo llevaba (y con la réflex tampoco habría salido gran cosa). Tuvimos la suerte de verlo recortado contra el cielo en un cambio de rasante, en otro caso habría sido muy complicado verlo a esa distancia. En realidad, de no ser por los prismáticos de 8 x 42 habría sido imposible distinguirlo de un perro. Creo que pensaba acercarse a un rebaño de ovejas que acabábamos de dejar atrás en esa misma zona (Al norte de Palacios, entre el pueblo y el Embalse) pero cualquiera sabe. La página, magnífica, como siempre

    Saludos y a ver si nos vemos en la próxima excursión de Lorenzo

    Joaquín

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    1. Muchas veces ves al lobo cuando menos te lo esperas y esta, fue una de ellas. Joaquín, gracias por elcomentario y un saludo.

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  6. Ya me gustaría que me pasara a mí. Felicidades por esas 10.000 visitas y a por otras tantas. Cuantas más visitas tengas, aunque parezca mentira, es más difícil seguir. Saludos.

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    1. Gracias Dani. Este encuentro fue una casualidad pero lo aproveché todo lo que pude. Un saludo y gracias por leer el blog ya que gracias a gente como tu, en los momentos difíciles del principio, he seguido adelante. Un saludo.

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