jueves, 29 de noviembre de 2012

Galápagos en el río Duero.
Después de la entrada que realicé acerca de los habitantes del río Duero a su paso por Zamora me surgió la idea de la realización de esta entrada tras hablar con un magnífico conocedor de la fauna zamorana como es J. Alfredo Hernández. Antes de continuar me gustaría agradecer tanto a Alfredo como a Gonzalo Alarcos su inestimable colaboración para la identificación de algunos ejemplares que ilustran esta entrada así como a Nano por prestarme sus fotografías.
En una de las fotografías aparecía un galápago europeo. Animal que hacía años que no tenía constancia de su existencia en el río Duero a su paso por Zamora y que me hizo recordar la historia de un nido de galápagos que sucedió hace algún tiempo.
Galápago europeo entre los juncos.
En el río Duero a su paso por Zamora nos encontramos con dos especies de galápago. El europeo y el leproso. Cuando vas por el río y tienes la suerte de ver uno puedes distinguirlos de una manera sencilla, siempre que los veas no muy lejos o con unos prismáticos. Si hablas con un científico o consultas una guía te indicarán diversas maneras de hacerlo pero cuando los ves en una piedra o en un árbol, puedes distinguirlos simplemente mirando su color de la cabeza, de las patas o de la cola.
El galápago europeo tiene un color oscuro manchado de pintas amarillas; por el contrario, el galápago leproso, es de color pardo oliva, sin pintas amarillas, aunque algunos conservan líneas naranjas o amarillas en la cabeza y las patas (sobre todo los juveniles). De esta sencilla manera se podrán diferenciar, siempre que se vean relativamente bien. Evidentemente hay otras formas más técnicas de diferenciarlos como el tamaño o la forma y color del caparazón.
Galápago europeo. Observar las pintas amarillas en la cabeza y pata derecha.
Los dos tienen un crecimiento muy lento, por lo tanto alcanzan la madurez sexual muy tarde; los europeos a los 12-13 años en los machos y en las hembras a los 18-20 años. Por su parte en el leproso los machos lo hacen a los 6 ó 7 años y las hembras a los 10 años. Por lo tanto su proceso de cría es muy lento.
Pareja de galápagos leprosos al sol de la mañana.
Las hembras son más grandes que los machos y cuando salen del agua a hacer la puesta están muy expuestas a diversos peligros, es un momento crítico para ellas y para la conservación de la especie.
Las hembras harán un agujero, casi siempre de noche, en una zona protegida, cercana al agua, donde pondrán hasta 18 ó 20 huevos y es aquí donde comienza nuestra historia.
Esa puesta se realizó en la orilla del río a su paso por Zamora pero las puestas de huevos son un manjar para muchos otros animales como zorros o jabalíes que si las localizan  darán buena cuenta de ellas. Mi amigo Nano se encontró una puesta en malas condiciones, la recogió y se la llevó para casa.
Se calcula que pueden llegar a desaparecer el 95% de los huevos o neonatos de una puesta de galápagos (tanto europeos como leprosos) y eso, en una especie catalogada en España como vulnerable, es una tremenda pérdida.
Resto de un nido de galápagos después de agrandar el agujero.
Nano cogió la puesta y se la llevó para intentar sacarla adelante. ¿De qué serían? ¿De europeo o de leproso? Daba igual, eran de galápagos, y había que intentar sacarlos adelante.
Las puestas de los galápagos deben estar a una temperatura determinada, algo fundamental ya que, si la temperatura baja, se puede perder. Esa temperatura también va a determinar el sexo de los jóvenes galápagos ya que si baja de 28º se producen machos y a más de 29º, hembras. Por lo tanto, la temperatura, es básica para que la puesta llegue a buen fin.
Los galápagos tienen actividad desde primavera hasta finales de octubre o principios de noviembre dependiendo de la temperatura; el resto del tiempo lo pasarán hibernando enterrados.
Pequeños galápagos leprosos recién nacidos.
Fue en Octubre cuando Nano, consiguió sacar esta puesta adelante. Eran galápagos leprosos. Once pequeños galápagos que no paraban ni un instante y que devolvió al lugar donde deberían de haber nacido sin problemas, al río Duero, donde los primeros años tendrán que tener mucho cuidado pues les acecharán multitud de peligros.
Galápago subido en un tronco termorregulándose.
Los galápagos se activan por la mañana subiéndose a troncos o piedras para regular su temperatura. Ahí pasarán gran parte de la mañana si no son molestados y es ahí donde más y mejor se pueden ver en la orilla del río a su paso por Zamora. Si se ven amenazados se lanzarán al agua y se enterrarán en el fondo.
Tres galápagos europeos.
En otra ocasión. En uno de mis paseos por el río me puse a hablar con unos pescadores. Mientras hablábamos a uno de ellos se le empezó a mover la caña. Habían picado. El hombre recogió el sedal y para sorpresa nuestra no había picado un pez sino un galápago. Lo cogió y lo dejó en el suelo. Había que quitarle el anzuelo. Algo que no resultó nada fácil pues escondía la cabeza y era bastante complicado agarrarle el anzuelo. Tras varios intentos conseguimos sacárselo. Era un galápago leproso.
Galápago leproso con el anzuelo clavado.
Las poblaciones de galápagos van disminuyendo poco a poco. Los científicos exponen diversas razones de esta decadencia. Entre ellas destacan la destrucción de su hábitat, la introducción de especies exóticas y la fragmentación de sus poblaciones.
Tortugas de Florida (de orejas amarillas a la izquierda y
 de orejas rojas a la derecha).

Con respecto a la introducción de especies exóticas hay que tener sentido común y saber que está prohibido soltar tortugas alóctonas, es decir, de fuera de la península Ibérica, como son las tortugas de Florida, tanto de orejas amarillas como de orejas rojas, que se han convertido en un verdadero problema en determinadas zonas de nuestro país por las sueltas de estos animales por parte de personas que se han cansado de ellas y las han llevado a un río, charca o lago.
Estas tortugas de florida son especies invasoras y muy dañinas ya que se adaptan rápidamente y desplazan a los galápagos autóctonos, el europeo y el leproso, al compartir alimento, territorio y zonas de cría. 
Aún así, el galápago sigue en nuestro río Duero. Cuando lo veáis en algún paseo recordar que es una especie vulnerable y, como tal, debemos de cuidar.

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