viernes, 2 de agosto de 2013

Por Sanabria I: la Sierra de la Culebra.
Esta semana la he pasado recorriendo la parte de la Sierra de la Culebra más cercana a Puebla de Sanabria y tramos del río Castro en compañía de mi buen amigo José Luis Santiago (Llobu). Mi abuela siempre me decía: "Escucha a los que más saben porque de ellos es de quién más se aprende". José Luis es una de esas personas prudentes, que no se hacen notar y no se dan importancia pero que tienen un enorme conocimiento de la sierra y sus habitantes, además de ser una buena persona.
El amanecer en la sierra es diferente. Espectacular y muy hermoso. Las primeras luces van dejando ver un paisaje espectacular de laderas, valles y roquedos. Los primeros rayos del sol van dando un tono rojizo y brillante al mar verde que te rodea y en este mar de luces y colores se mueven sus habitantes; algunos se dejan ver y de otros solamente puedes apreciar sus rastros o escucharlos.
Uno de esos animales que no vimos es el habitante más famoso, más emblemático y misterioso de la sierra, el lobo. No verlo no significa no sentirlo, no notar su presencia, él está ahí y puede estar observándote...
Impresionante huella de un gran lobo.
La mañana era agradable y varios grupos de ciervos se movían entre brezos, escobas y pinos cuando José Luis me dijo casi en un susurro: "Tenemos un lobo detrás. Mira a ver". Los pelos se me erizaron como las púas de un erizo cuando se siente amenazado. También lo había oído. Silencio. Un jadeo. Silencio. Me giré muy despacio y busqué entre las peñas que teníamos detrás nuestro. No veía nada pero allí estaba. Sentíamos su presencia. Una presencia que no ves pero que sabes que está allí. No vimos nada. Giramos de nuevo la cabeza hacia los ciervos y otra vez. Silencio. Jadeo. Silencio. Jadeo. Silencio. Allí estaba por segunda vez. Detrás nuestro. Observándonos. Nos volvimos a girar pero nada nuevamente. Había estado allí. Nos había observado él a nosotros.
La conclusión que sacamos fue que el lobo venía de la otra ladera y se asomó a las rocas que estaban por encima nuestro, al vernos, paró su marcha entre las rocas y nos observó dos veces. Por donde nos pasó es un misterio. Los lobos son expertos en el camuflaje, en pasar desapercibidos. Pudo pasar por cualquier lado o darse media vuelta pero su presencia nos recorrió los sentidos e hizo ponernos alerta. El lobo había estado allí. No lo vimos pero notar su presencia, oírlo jadear es algo indescriptible, algo que hay que vivirlo para poder entenderlo.
Joven ciervo en la oscuridad y seguridad del pinar.
Los ciervos pueblan la sierra. Son su habitante más visible. Hemos podido ver hembras con las crías de este año y del año pasado que se mueven atentas a los peligros que puedan acechar a sus pequeños. En esta época las ciervas están solas, aisladas con sus crías, algunas muy pequeñas y otras de más de dos meses. Esto sucede porque en el tiempo del celo hay hembras que quedan preñadas en septiembre y otras, por el contrario, lo pueden hacer en noviembre. 
Las hembras siempre alerta. Sus orejas se mueven como parabólicas,
su hocico se levanta y sus ojos nos observan. Hay que estar atentas...
Dentro de unas semanas las hembras se irán juntando en pequeños grupos; en pequeños grupos están, actualmente, los machos jóvenes de entre año y medio hasta los de 6 ó 7 años con sus cornamentas recubiertas de la borra aterciopelada que les da un aspecto elegante. Los viejos machos están solos.
En general el desarrollo de las cornamentas está un poco más retrasado que otros años. No encontramos a ninguno que hubiera comenzado a pelar esta borra para mostrar sus poderosas armas.
Las cuernas asoman entre los jóvenes pinos...


Algo curioso son las diferencias entre las cuernas de los varetos (machos de entre un año y dos).
La diferencia de cuernas entre los varetos de estas dos fotografías es ostensible.
El de la derecha de la segunda imagen y el de la izquierda de primera.
Hemos visto varetos con mucha diferencia en la longitud de sus cuernas. Esto seguramente es debido a cuando hayan nacido (pueden sacarse hasta casi tres meses) pero aún naciendo a la vez, la genética de su padre (un padre con buenas cuernas dará hijos, como mínimo, tan buenos como él) y la alimentación (tanto la leche materna como la comida de ese año) marcarán la diferencia entre ellos, además de su condición física (si está enfermo o no).
También hemos podido observar lo gordos que están los machos. Durante todo el verano se alimentan constantemente para coger fuerza y kilos para la época del celo de las hembras, la berrea. En ella los machos perderán mucho peso, por lo tanto, necesitan cogerlo ahora y tener reservas suficientes para estar en perfectas condiciones físicas en el mes de septiembre que es cuando comienza el celo de las hembras. Los machos comerán muy poco y perderán muchos kilos ya que solamente están pendientes de controlar a las ciervas.
El macho del centro, mucho más oscuro que los otros dos, estaba muy gordo.
Otro habitante de la sierra que en este momento está muy alterado es el corzo. Las hembras se encuentran en celo y los machos están como locos siguiéndolas y persiguiéndolas de un lugar a otro. Las hembras están con sus pequeños corzinos de pocas semanas o días. Las observamos con una cría y con dos, algo relativamente común a partir del segundo parto. También hemos podido comprobar como los machos las acosan, dan vueltas a su alrededor y ladran (se parece mucho al ladrido de un perro por eso se llama ladra) para atraer a las hembras a un territorio que defienden ferozmente ante cualquier competidor.
Los corzos pueden resultar heridos en sus rencillas o persecuciones. Vimos a un macho cojo que seguramente sea pasto de los lobos que ejercen su función de selección y control de la especie. En la naturaleza un animal herido o enfermo tiene mal destino. 
También observamos a un corzo con un sólo cuerno que podría haber perdido en una pelea, en el crecimiento de la cuerna o ser algo genético.
Algo curioso que siempre me cuenta Poli, otro buen amigo y gran conocedor de la naturaleza sanabresa es que: "cuando un corzo ladra pone la lengua para arriba. En cambio, un ciervo, cuando berrea la pone para abajo". Que razón tiene este gran amante de la naturaleza y fotógrafo ya que en esta extraordinaria fotografía suya se puede apreciar perfectamente.
Agradezco enormemente a Poli prestarme esta excepcional fotografía.
En esta otra se puede ver que el ciervo cuando berrea pone
la lengua para abajo.
La sierra tiene mucha más vida. También pudimos observar a otros habitantes como el zorro, jabalí, buitre leonado, cernícalo primilla, zorzal charlo, alondra, pito real, picapinos, piquituerto, halcón abejero, milano negro, aguilucho ratonero, abubilla, abejaruco, chotacabras, perdiz, torcaz, alcaudón real, culebra y un buen número de pequeños pajarillos que se mueven si cesar por la sierra.
Pero la sierra siempre reserva sorpresas y una de ellas se presentó el último día. Después de dejar a José Luis en su casa se me cruzaron dos ardillas en la carretera. Bajé del coche a intentar hacerles alguna fotografía consiguiéndolo con este precioso macho que se movía entre los pinos y los robles parándose de vez en cuando a observarme y emitir un sonido muy agudo que hacía con sus dientes. Estaba dando la alarma. El extraño era yo. Él estaba en su hogar.
La siguiente entrada la dedicaré al río; donde hay una gran cantidad de vida que se mueve entorno a él y, las sorpresas, son constantes...

4 comentarios:

  1. Estupenda entrada compañero..... Puedo dar testimonio de lo que aquí se cuenta respecto a la emoción de ver un ejemplar de estos en la naturaleza... "En su casa" es algo inexplicable cuando se es amante de estos bellos animales y primerizo en los avistamientos. Saludos Pd: seguro que sabes quien soy... Puedes visitar: http://esetribal.blogspot.com.es/ en

    ResponderEliminar
  2. Hola Roberto. Sí había entrado en tu blog. Creo que sabemos bien de esa emoción de verlo (lee las próximas entradas porque la cosa no acabó ahí). Un saludo y gracias por tu comentario.

    ResponderEliminar
  3. Excepcional el relato del lobo y de tus andanzas por la sierra. En tu línea, entrada completa y que siempre nos enseña algo nuevo.
    Enhorabuena.
    Cuando volvíamos de Portugal hicimos una parada fugaz en Villardeciervos como una primera toma de contacto con la Sierra de la Culebra. Volveremos pronto.

    Saludos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias. Espero que os guste la próxima entrada. Ya me comentaréis...Un saludo.

      Eliminar