miércoles, 9 de abril de 2014

El zorro del camino.
Volvía por un camino, junto a J. Alfredo Hernández, amigo y un magnífico conocedor de la fauna de nuestra provincia, de una jornada de campo cuando, delante nuestro, a unos veinticinco metros, un precioso zorro olisqueaba junto a una cortina de piedra. Paré el coche y lo observamos. El zorro se giró, levantó la cabeza, nos miró y se vino directo hacia nosotros. No salíamos de nuestro asombro. Venía hacia donde nos encontrábamos.
El zorro es un animal listo, inteligente y un oportunista que aprovecha todo lo que se encuentra en su camino lo que le ha permitido adaptarse a cualquier situación o clima, llegando a ser el carnívoro terrestre más distribuido por todo el mundo. Es silencioso, precavido y tremendamente discreto y se mueve normalmente de noche aunque es común verlo al anochecer o al amanecer y ese día era el segundo que nos encontrábamos.
Continuó viniendo hacia nosotros. Se agachó y pasó a escasos diez metros nuestros, a nuestra izquierda, sin dejar de mirarnos en ningún momento. El zorro tiene una mirada especial. De ojos marrones pero de pupila vertical, al igual que los felinos, una característica especial que le hace tener una mejor visión nocturna.
Cuando nos sobrepasó se volvió a erguir y continuó con lo que estaba haciendo. Campeaba en busca de comida. En busca de micromamíferos.
Cuando ves a un zorro lo primero que te llama poderosamente la atención es su larga cola; cola que supone el 70% de la longitud de su cuerpo. Aparte de larga y bonita tiene una serie de funciones que el zorro aprovecha magníficamente como hace con todo. La utiliza para equilibrarse, para enrollarse y darse abrigo o, incluso, para comunicarse.
Estaba de caza. Se paraba y escuchaba. Estiraba el cuello. Movía la cabeza orientando sus orejas. Se agachaba ligeramente. Ponía en tensión todos sus músculos y pegaba un salto sobre su posible víctima. En todo este proceso la larga cola ejercía la función de equilibradora de su cuerpo.
Pudimos verle hacer esta operación de caza varias veces sin éxito hasta que en la última intentona consiguió capturar un pequeño roedor que rápidamente se comió.
El zorro es un superviviente. Su éxito es una suma de factores. Es capaz de adaptarse a “todo”. Come de “todo” en función de lo que se le vaya presentando, ya sean frutos, roedores, carroñas, basura… todo lo que pilla es bien aprovechado. Se adapta a “todo” tipo de ecosistema y son fértiles en la siguiente temporada a su nacimiento. Y si la madre muere, los cachorros no se pierden ya que otra de las hembras que viven con ella cuidará de ellos.
Continuaba de caza, rebuscando entre las hierbas, junto a las cortinas de piedra. Se movía elegantemente, con una agilidad que parecía le hiciera levitar sobre el terreno. Nos sorprendió lo tranquilo que estaba. Nos había visto. Nos había valorado y había decidido que no éramos una amenaza para él, algo de lo cual no debe de fiarse ya que el hombre lo ha acosado y perseguido desde hace siglos. Lo ha tenido como un enemigo ya fuera por considerarlo un competidor para la caza menor, por atacar animales domésticos o por ser un importante transmisor de la rabia. Un ejemplo de su persecución son los datos de las Juntas de Extinción de Animales Dañinos entre 1954-62. En esos años se mataron “legalmente” la impresionante cifra de 53.754 ejemplares. 
(Estos datos han sido tomados del trabajo realizado por Eduardo J. Corbelle Rico y Eduardo Rico Boquete titulado “La actividad de las Juntas de Extinción de animales dañinos en España, 1944-1968)
Cruzó el camino y siguió campeando ignorándonos por completo. Cada poco se paraba. Escuchaba y se lanzaba hacia una posible presa. Otras veces se paraba a escuchar como si un peligro, que no éramos nosotros, pudiera atacarle; peligros que le pueden llegar del cielo, como el águila real o de detrás de cualquier recoveco, arbusto o roca como el lobo.
El águila real lo considera comida y el lobo lo considera un competidor. En varias ocasiones he podido presenciar como un zorro es atacado por un lobo o las infinitas precauciones que tiene cuando se acerca a una carroña en la que los lobos andan cerca. Así le sucedió a un zorro que cruzaba una pradera. Su andar con la cabeza agachada y cola estirada se interrumpió de repente. Se paró. Levantó la cabeza. Estiró las orejas. Levantó el morro y debió de captar el peligro. Eso le salvó la vida porque, como un fantasma, de entre las hierbas, apareció un lobo que se abalanzó a por él. El zorro reaccionó como un rayo y se libró de una muerte segura si lo llega a atrapar el lobo.
El lobo lo atacará y, si puede, lo matará. Es su competidor y no permitirá que se acerque a su comida o merodee demasiado cerca de él.
Poco a poco el zorro se fue alejando, dejándonos sorprendidos por su tranquilidad, elegancia y belleza. El zorro es un superviviente, un todo terreno que se mueve por nuestros campos pero este zorro debería de tener más cuidado ya que no todos queremos solamente verlo, observarlo y deleitarnos con sus movimientos, su color o su belleza aunque, quizás, supo darse cuenta que no le íbamos a hacer nada.

4 comentarios:

  1. ¡Qué oportunidad más buena has tenido para observar y fotografiar a esta especie! Precioso animal.

    Saludos

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    1. Una gran oportunidad que nos dio un rato extraordinario. Un saludo y gracias por el comentario.

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  2. Gran entrada, con un texto muy didáctico y unas imágenes muy ilustrativas de una especie de carácter ubicuista, que ha sabido colonizar y sobrevivir en ambientes muy diferentes.
    Enhorabuena por el encuentro y por la entrada.
    Un saludo

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    1. El zorro es un superviviente, un animal que ha sabido adaptarse a todo y aprovecharlo; el encuentro con este fue un gran momento. Gracias por el comentario y un saludo.

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