domingo, 11 de junio de 2023

Falaropo picofino en Villafáfila con sorpresa final.

La Reserva Natural de las Lagunas de Villafáfila nos sigue deparando sorpresas en una primavera inolvidable. El agua es vida y un imán para las aves. Ayer Alfonso Rodrigo localizó una hembra de falaropo picofino (Phalaropus lobatus) en una de sus lagunas renacidas con las lluvias de estos días.
Una preciosidad de ave que tenía muchas ganas de poder ver a la que las fotografías no le hacen justicia pero, en Villafáfila, las distancias suelen ser enormes.
Villafáfila está imponente. Las lluvias de estos días han logrado que las lagunas estén prácticamente llenas, más innumerables encharcamientos que dan a la reserva un aspecto fantástico y más teniendo en cuenta que estamos a mediados del mes de junio.
No sé la razón pero los falaropos son una de mis aves favoritas. Me parecen un ave frágil y dura a la vez, hermosa y delicada a la par que muy curiosa en sus comportamientos. Este año en Villafáfila se han visto falaropo picogrueso (recordar aquí una entrada que le dediqué) y la preciosa hembra en plumaje nupcial de falaropo picofino que Alfonso Rodrigo descubrió ayer.
El falaropo picofino es el más pequeño de los falaropos, se reproduce en torno al Ártico (Islandia, norte de Europa y Asia, Norteamérica y Groenlandia) y hace una curiosa migración de miles de kilómetros perfectamente explicada en este magnífico artículo publicado en la revista Frontiers in Ecology and Evolution: “Cuando llega el invierno, las poblaciones de falaropo picofino del paleártico occidental migran hacia dos destinos bien alejados: el océano Pacífico o el mar de Arabia. Con ello siguen una estrategia de división migratoria excepcional y nunca antes descrita en esta área geográfica.
Una parte de las poblaciones de aves, las que crían en Groenlandia, Islandia y las islas británicas atraviesan más de 10.000 kilómetros hasta llegar al océano Pacífico, mientras que las poblaciones de Escandinavia y de Rusia ponen rumbo hacia el mar de Arabia en el océano Índico, a más de 6.000 kilómetros del área de cría”. (Artículo completo aquí, muy recomendable e interesante su lectura).
Mi telescopio escudriñaba la alfombra de vegetación en la que veía moverse algo pero no lograba identificar. Se movía inquieto entre las hierbas. Tenía que ser el falaropo picofino pero no salía y no podía cerciorarme de que era él. Pasado un buen rato apareció: un vuelo corto le permitió salir de la alfombra vegetal para aparecer en agua abierta y mostrarme toda su belleza. Comenzó a acicalarse, estirarse y dar suaves aleteos en el sitio que le hacían levantarse mínimamente de la superficie de la laguna.
Tras el acicalamiento exhaustivo que duró unos minutos se movió capturando insectos sobre la superficie del agua para, en otro vuelo corto y ágil, volver a la alfombra vegetal de la que había salido.
Esta preciosa hembra es un migrante muy escaso en la Península Ibérica. Hembra que como todas las de su especie son un poco más grandes y con el plumaje más vistoso que los machos, son ellas las que hacen una exhibición de cortejo y tras poner los huevos abandonan el nido. Es el macho el que los incubará y criará a los pequeños falaropos, es decir, los roles sexuales están invertidos con relación a la mayoría de especies.
Preciosa hembra de pico delgado y puntiagudo, parche rojizo en el cuello y garganta blanca que no volvió a salir y continuará su largo viaje de retorno a sus zonas de cría en Ártico.
Pero una nueva sorpresa apareció ante mí: una preciosa carraca europea. Ave que cada vez es más escasa en nuestra zona. Ave de preciosos tonos azules acompañados de un castaño rojizo que redondeó la observación del falaropo picofino.

1 comentario:

  1. Enhorabuena José por haber podido documentar este inusual avistamiento. Los falaropos, tanto el pico fino como el pico grueso, son sin lugar a dudas unas de las limícolas mas hermosas que podemos observar, cuando sus migraciones nos traen algún ejemplar que se desvía de sus rutas convencionales.

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