domingo, 22 de mayo de 2011

Coincidencias.
Muchas veces la mejor foto es la que no has hecho. La que has visto, pero no llevabas la cámara o estaba guardada cuando te ha pasado un lobo al lado y se te queda mirando, o un ciervo tumbado dormitando se levanta a toda velocidad, o un zorro despistado…son innumerables las ocasiones en las que has dicho, “qué pena de cámara”. Hay otras veces que has tenido coincidencias y, de entre ellas, por diversas razones, me gustan estas dos (estas fotos son de baja calidad por la cámara que llevaba). Una está tomada en La Sierra de la Culebra y la otra el las Lagunas de Villafáfila; dos de los lugares más importantes en biodiversidad de la provincia de Zamora.
La Sierra de la Culebra tiene como gran símbolo al lobo (ya comentaré en otra ocasión alguna aventura con este extraordinario animal) y a él estábamos buscando cuando avanzábamos tranquilamente por un magnífico valle. Andábamos con la mosca tras la oreja ya que acabábamos de ver junto al camino el cuerpo semicomido de una cierva. Seguramente había sido el señor de la sierra, el lobo. Caminábamos en absoluto silencio con la vista puesta en todos los lados menos en el camino. Un ruido llamó nuestra atención. En mitad del camino unos simpáticos conejillos se atusaban tranquilamente.
El conejo es una de las especies más importantes dentro de la cadena trófica, ya que son la base de la alimentación de un enorme número de especies, desde todo tipo de rapaces, hasta muchos mamíferos, pasando por algunos reptiles.
Los conejillos estaban tranquilos. Paramos y, en silencio, saqué la cámara. Enfoqué y ahí los tenía cuando,… ¿pero qué demonios sale por detrás?. Un ciervo macho se asomó al camino. Paró. Nos miró y siguió. Visto y no visto. Tuve que volver a ver la foto para saber si había salido. Allí estaba. Mirándonos. Aunque seguramente estaría pendiente de algo más importante que nosotros, el lobo, que no andaría muy lejos.
Los conejos siguieron a lo suyo y según nos acercamos desaparecieron a toda velocidad. Qué importante es este pequeño y simpático animal. El sólo es capaz de desestabilizar, tanto si aumenta en demasía, como si disminuye, a todo su entorno.
Si disminuye (casi siempre por culpa del hombre. Como cuando el doctor Armand Delille inculcó el virus de la mixomatosis a unos conejos que le fastidiaban sus terrenos y se extendió por toda Europa, matando millones de ellos) el claro ejemplo es el lince ibérico (cómo me impresionó verlo en el campo, en su territorio. Nunca creí que me impresionaría tanto. Pero eso, merece un capítulo aparte), que lo tiene en el 90% de su dieta y, si el conejo escasea o desaparece, el lince también.
Si crece en exceso también es tremendamente perjudicial. Así sucedió en Australia, donde se introdujeron tres parejas que a los 3 años tenían 14.000.000 millones de descendientes provocando una verdadera plaga al no tenían depredadores naturales. Y, ¿qué hicieron? Introducir zorros para que los regularan; pero estos, teniendo comida más fácil de conseguir que el conejo como eran las especies autóctonas, que nunca habían visto un zorro, se dedicaron a comérselos. Con lo cual tuvieron dos problemas los conejos y los zorros.

La segunda fotografía es en Las Lagunas de Villafáfila y también tiene de protagonista al conejo. Esta vez con una pequeña rapaz nocturna, el mochuelo.
Un conejo comía y se limpiaba tranquilamente cuando, muy cerca de él, se posó un mochuelo. El conejillo lo miraba entre incrédulo y temeroso, el mochuelo ni caso, con cara de malas pulgas. La cosa no fue a más y cuando marché en busca de las avutardas, ahí seguían, cada uno a lo suyo. Por cierto, el mochuelo ha sido declarado ave del año 2011 por la SEO/BirdLife para que nos fijemos en su conservación, importancia y protección dada su bajada alarmante de ejemplares.

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