lunes, 9 de mayo de 2011

Días de patos.
Estamos en la temporada en la que todas las patas (ánade real o azulón; por cierto, se llama azulón por el espejo azul de sus alas) salen con sus camadas de patitos, y como la mañana estaba agradable, decidí bajar al arroyo de Valorio (como recordaréis es uno de los puntos de mis paseos por Zamora) que une el bosque con el río Duero. En él hay una zona en la que se concentran gran cantidad de patas, ya que tienen agua, comida y refugio en abundancia.
Nada más salir de casa, un agudo chillido llamó mi atención; era un halcón peregrino, no podía estar muy lejos y, efectivamente, allí estaba, en una antena, atento a todo lo que volaba a su alrededor, sobre todo a las palomas. Continué hasta el arroyo donde, como decía anteriormente, las patas deambulan con sus camadas de patitos.
Las hembras de azulón son las que, allá por el otoño, eligen al macho afortunado que será el padre de sus pequeños. Los dos permanecerán juntos hasta la época de cría, en la que criarán donde la hembra haya nacido. La hembra es muy cuidadosa con su puesta y protegerá los huevos (entre 10 y 14) con fervor; los incubará ella sola y generalmente hará el nido cerca del agua (a veces lo hará en los árboles, curiosamente en una ocasión vi una pata incubando en un nido abandonado en mitad de una colonia de garzas reales), escondido entre los juncos o las hierbas altas.
Si por algún motivo tiene que ausentarse del nido para comer, lo tapará y se irá tranquila, aunque volverá lo antes posible y, si ve peligro, trasladará el nido (como alguna a hecho en el estanque de Félix Rodríguez de la Fuente en Valorio). Tras más o menos un mes, nacerán los patitos que, inmediatamente irán al agua; y allí estaban, en el arroyo, siguiendo a la cuidadosa pata que tiene que andar con mil ojos ya que, sus pequeños, son un suculento plato para gatos, milanos y ratas que van minando las camadas; bajas un sábado, controlas una pata con 12 patitos y a los tres o cuatro días le quedan 6 ó 7, a los 3 ó 4 más, sólo 5, con lo que de una camada de 10 ó 12 sobrevivirán 2 ó 3.
En esta época son una atracción para los paseantes fieles que los admiran entre sorprendidos y entusiasmados; allí estaba yo haciendo fotos a una pata con 11, a la otra con 8, y a la de más allá con 5. De repente, llega nadando una rata; la pata la ve y comienza su estrategia. Empieza a golpear el agua con el ala, simulando que está herida, pero la rata continua hacia sus patitos, los cuales, ante el aviso de su madre, se esconden rápidamente entre unas hierbas; la pata sigue con su táctica de atraer hacia ella a la rata para dar tiempo a sus crías a esconderse (otras veces he visto cómo utilizan otra táctica, la de meterse debajo del agua con sus orificios nasales fuera). Esta rata era pequeña así que la pata, viendo que seguía yendo hacia ella, se armó de valor y se fue directamente a picotearla con todas sus fuerzas. La rata, sorprendida, salió del agua y huyó atolondrada. Hoy la pata había ganado, pero esto no sucede siempre. Las ratas grandes, los gatos y los milanos se encargan de mantener a raya la población de patos y, aunque nos duela, así es la naturaleza, se regula por si misma. 

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