jueves, 11 de octubre de 2012

O el lobo estaba sordo. O pasaba de todos.
He vuelto a sentir el agobio de gente que acude al campo en busca de un animal tan emblemático como es el lobo y pasa absolutamente de todo lo que le rodea ya que, sólo y exclusivamente, tienen la intención de ver al animal, con una mirada les vale, el resto de tiempo, su única finalidad, es tocar los...., perdón, que me pierdo. Vamos por orden.
Hacía un tiempo que no acudía a una de las zonas más visitadas de la Sierra de la Culebra para el avistamiento del lobo, este año es, quizás, la más fiable ya que, como he dicho en alguna otra ocasión, los lobos están siendo muy complicados de observar en toda la sierra. Las camadas se están moviendo muy poco o nada. Se concentran en los lugares de encame y salen muy poco, quizás la sequía haya tenido que ver ya que se concentran en sus zonas de encame donde tienen agua y solamente esperan la llegada de los adultos con la comida.
El amanecer en la sierra es espectacular.
Los pequeños lobos tienen entre 6 y 7 meses y ya deberían de empezar a moverse más de lo que lo están haciendo este año. Con la esperanza de ver a la camada que allí se encontraba acudí, hace unos días, a este punto tan conocido de la sierra. 
Eran las ocho y cuarto de la mañana y amanecía un día espléndido en el que, quizás, hubiera suerte. Según llegaba al punto, tras pasar una loma, mi expresión fue clara: "la madre que....". Allí había ocho o nueve coches (luego llegó alguno más), una furgoneta y una caravana. Según me acercaba me dieron ganas de dar la vuelta pero confié en que "todos" veníamos a lo mismo, a buscar al lobo. 
Paré el coche, sin dar ni un sólo portazo, regla de oro cuando vas a una espera, no dar ni un sólo portazo. Algo que no sucede fácilmente ya que muchas veces sabes cuantos vienen por el número de portazos que dan. Un portazo, dos portazos y tres portazos igual a, casi seguro, tres personas.
Dejé el coche a unos cuarenta metros del grupo. Nada más bajar el murmullo me llegaba como una ola que va creciendo poco a poco. Era tremendo. Según me iba acercando parte de mi cabeza me decía: "Veeeteee. No te quedeeesss..." y la otra me decía: "Ya que has venido. Inténtalo".
La luz va relevando a la oscuridad.
Unas cincuenta personas se encontraban en el lugar. Amablemente saludé y pregunté, como se suele hacer, siempre en voz baja, si se había visto algo. Me contestaron como si estuviera sordo o como si la persona que me contestó llevara cascos puestos. No habían visto nada. "Lo increíble sería que lo hubieran visto". Pensé.
Comenzó la búsqueda y la desesperación. Entre todo el grupo había dos franceses, muy educados y conocedores de lo que tenían que hacer, un grupo con un guía que les había indicado como debían de comportarse y el resto. De ese resto pronto conocí que si la madre de fulanita tal o que el padre de menganito no se qué, sin olvidarme de la magnífica historia, muy conocida en estas esperas, de unos increíbles avistamientos de "lo que sea" en otro lugar de la península, que por cierto, hay algunos que los visitan como si fueran un pistolero de película que va poniendo muescas en su revolver.. 
Aquello era un verdadero galimatías en el que una gran parte hablaban sin parar y parecía que tuvieran una guindilla en el culo, porque no paraban quietos ni un momento; unos diez buscábamos por los telescopios o prismáticos y el resto esperaba en silencio que alguien diera la voz de alarma.
Y como era de esperar en la zona más cercana no se vio nada de nada; y mira que el lugar es propicio para ver ciervos y corzos como mínimo, además de jabalís o zorros y aves. Nada. Creo que todos estaban escondidos eso si, muy atentos a las conversaciones que subían de tono, directamente proporcional, al paso de los minutos, porque las conversaciones eran profundas y de naturaleza pura: "¡vaya fiesta el otro día!". "No sé donde dejar a los niños...". "Fulanita se enfadó conmigo y no lo entiendo".
Desde la sierra, el amanecer en Puebla de Sanabria, es mágico.
Pero vamos a ver. ¿Por qué van si no quieren ir? Es qué como van todos y vamos a ver al lobo. Vamos. Bien, me parece bien, pero si uno va a un sitio de estos tiene que saberse comportar. Tiene que acatar una serie de normas, no son difíciles ni de explicar, ni de entender. No se puede ir a ver al lobo que lo busquen otros, si aparece ya lo veré y mientras doy toda la paliza que pueda. ¡Pero que todo bicho viviente se va a ir! Que los animales no son sordos. Que si se ve algo se verá a un kilómetro y, con mucha suerte, como así sucedió.
"¡Un lobo!" Dijo uno de los que venían en plan bien. Peregrinaje veinte metros más allá, donde lo habían visto. "¿Donde está?" "¿En que claro?" "¿Para donde hay que mirar?" Fueron las preguntas más comunes. Ahora se callaban, incluso, alguno de los más habladores pedía silencio enérgicamente, hasta así lo hacía mal por que gritaba más que todos los demás juntos.
El lobo no estaba sordo, lo que pasa es que apareció a más de un kilómetro de distancia y pasaba olímpicamente de todos nosotros. Para él no éramos un problema, ni una amenaza. Él estaba haciendo su vida y no nos hacía ni caso. Los que tuvieron suerte, lo vieron, e incluso bastantes de los que no paraban un segundo. El lobo desapareció. Pasaron unos pocos minutos y, gran parte del grupo, se marchó. Ya habían visto lo que venían a ver. No hacía falta estar más tiempo en un sitio tan incómodo y, además, habían madrugado. Muchos de ellos regresarán contando batallitas de que habían visto al lobo en la Sierra de Culebra, de como era e incluso que ellos habían sido los que lo habían encontrado y, sus amigos, los escucharán atentamente, alucinados, y asentirán con la cabeza para vanagloria de los afamados naturalistas de boca
Si miramos más allá. Las montañas nos contemplan.
Se me olvidaba. El que no puede faltar. El que llama por el móvil a quien sea, en ese mismo momento, para decirle: "¡he visto al lobo!" Lo hace bastante de mañana y en un tono de voz muy suave, tan suave que casi se entera sin móvil, aparte de todos nosotros. Hasta el lobo que estaba a un kilómetro casi le aúlla por el móvil para corroborar al otro que es verdad, que lo había visto.
El lobo no apareció más y yo no lo vi. A los quince minutos de haber salido el lobo nos quedamos tres personas. El matrimonio francés y yo. Que a gusto. Qué paz. Los pajarillos comenzaron a cantar y la fauna más cercana, comenzó a moverse, ciervos y corzos salieron y se dejaron ver. La situación cambió por completo pero ni el lobo, ni los cachorros, se vieron.
Estoy completamente a favor de que la gente que lo desee acuda a ver al lobo, además es una manera de impulsar las degradadas zonas rurales de nuestra provincia, el llamado turismo lobero, que existe en la actualidad, pero creo que se debería de hacer con cierto sentido, con un criterio, siguiendo unas normas, no escritas, de comportamiento, de saber estar en un lugar, de respetar a la fauna, al entorno y a los que vamos con la intención de estar en la naturaleza y ver lo que se tercie y, si no lo vemos, lo entendemos, porque el campo es así y lo sabemos.
Me gusta el campo, el bosque, moverme y patear y a veces no entiendo el comportamiento de algunos que se llaman “amantes de la naturaleza” cuyo único objetivo es ver a un animal emblemático sin seguir una serie de normas mínimas y básicas de comportamiento.

8 comentarios:

  1. Es triste decirlo, pero la mayoría de visitantes extranjeros que llegan a hacer excursiones de este tipo está a años luz del visitante nacional medio. Cuestión de cultura, supongo.
    Saludos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Es cierto. Normalmente los visitantes extranjeros, sobre todo ingleses, franceses y suizos que vienen de "turismo de naturaleza" nos sacan años luz en comportamientos y respeto, a la inmensa mayoría de los españoles. Un saludo y gracias.

      Eliminar
  2. Tienes toda la razón... En este país hay un gran agujero negro cuando hablamos del respeto a la naturaleza y la ética.
    Hace bastantes semanas me acerqué a la sierra de la culebra, y cuando andaba iba preocupadisimo por si mis pisadas al andar hacían ruido o no... Además, no conozco la zona y desde antes de iniciar el ascenso a un alto para poner el telescopio, en la cabeza me rondaba la idea de que igual me estaba entrometiendo en alguna zona en la que no debía o que quizás fastidiaba a alguien que desde otra zona estaba observando por donde yo andaba (me acordaba de ti y de lo que sueles contarnos).
    En fin, un agobio máximo que proviene del respeto que uno puede sentir por este animal.
    No tuve suerte, como suele ocurrir. Y espero no haber metido la pata.

    Un saludo, y espero que la próxima vez estés rodeado de franceses o de gente que verdaderamente respeta esto.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola Pablo. Vengo de estar todo el día por la sierra y hoy he sentido todo lo contrario. El respeto ha sido máximo. Todos los que estaban sabían que hacer y como comportarse. La gente con la que he coincidido han sido todos españoles, a algunos ya los conocía. Las observaciones bastante interesantes. Un saludo. y gracias por tu comentario.

      Eliminar
  3. Olá

    Também nós somos (como sabes) visitantes ocasionais dos miradores de lobos da sierra cullebra...
    tentamos ser o mais discretos possivel.

    Abraços de Portugal

    Patrícia e Luís

    ResponderEliminar
  4. Desgraciadamente lo que cuentas lo he vivido bastantes veces. Con el lobo en una ocasión en que fui a la Culebra y aquello me pareció un circo. De tal manera que decidí que si lo veía sería en las montañas cantábricas, cinco años después a día de hoy todavía no lo he visto a través del telescopio, sí un par de veces desde el coche en condiciones sumamente malas porque no estaba parado ni podía hacerlo.

    Por tanto quedé muy desencantado de la Culebra, cierto es que fui en plena época de berrea. Después he intentado ver al lobo en La Cabrera, Sanabria, Carballeda, Ancares, Alto Sil, Somiedo, sin éxito y mira que son zonas propicias.

    Pero lo que cuentas del lobo también sucede con el oso. Una de las últimas veces que fui a un conocido mirador de Somiedo me encontré con que si éramos 7 personas yo era el único que utilizaba los prismáticos y el resto estaba charlando mientras esperaba que yo lo avistara puesto que tenía pinta de ser el que "más controlaba". Comían pipas, patatas fritas, estaban sentados cómodamente en sus sillas de campo, etc. Habían venido de fuera (eso deja pasta en la zona) a ver si veían al oso. Al final me cansé y me fui, que lo buscaran ellos,hay gente que no se merece ni ver al oso, ni ver al lobo ni ver nada aunque se tenga derecho a observarlo.

    Desde entonces no he vuelto por ningún mirador (aunque supongo que volveré, el fracaso te hace volver), ahora me meto palizas en la montaña para poder verlo, a veces lo consigo y otras no, pero mi satisfacción es mucho mayor. Ahora me lo curro yo solito (cuando no queda otra), o con algún compañero.

    La clave es la educación de la gente, falta mucho respeto por muchas cosas, y en esa lista la naturaleza no está la primera.

    Otra cosa que he observado cada vez más a menudo es el que va al monte con un perro suelto. No se puede ir por el monte con un perro suelto que salga detrás de corzos, rebecos y todo lo que se menee. Ahí se está alterando el comportamiento animal. Luego nos quejaremos de que se ven lejísimos los animales o nada. Eso también es educación. En fin que de todo esto se podría escribir mucho.

    Un saludo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Me gusta ir lo menos posible a estos lugares específicos de observación pero hay veces que tienes que ir porque es donde más se están viendo. Aún así cuando coincides con mucha gente, por desgracia, pasa en muchas ocasiones lo que narro en la entrada. En época de berrea se acentúan más estos hechos. Debemos de ser educados y respetuosos. Un saludo. y gracias por tu fantástico comentario.

      Eliminar
  5. Yo pienso que aquí habría que matizar dos conceptos totalmente distintos. Por un lado los "frikys" que vamos a ver los animales con toda nuestra ilusión y una sola miradita nos basta, para que sea el recuerdo más maravilloso de nuestras vidas, y que, cuando vamos al campo vamos en silencio, no despegamos el ojo del prismático, etc etc.

    Normalmente este tipo de visitante donde la mayoría de las veces me incluyo, es respetuoso silencioso y prefiere estar "casi sólo" escuchando cantar a las aves.

    Ahora viene el segundo tipo de visitante, este tipo específico no vive por y para ver animales ni dedica el 90% de su tiempo de ocio a tratar de verlos, este tipo son los padres, maridos, amigos, incluso alumnos, porque me ha pasado ya que yo suelo llevar al campo grupos de universitarios...a ellos no se les puede atribuir la etiqueta de "irresponsables". Simplemente su vida no gira en torno a la fauna, si lo ven, pues sí es maravilloso, pero las 4 horas de espera se les hacen eternas, interminables, tediosas...entonces ríen, hablan, descansan y como no, molestan.

    Mi aprendizaje personal ha sido valioso. No lleves a familiares amigos y alumnos a más de dos horas de espera y...no les hagas madrugar a muerte. Si vas con ellos, pues lo que se vea se vio y lo que no, pues ya iré sola con alguno de los míos en otro momento. Nada de neuras. El campo es de todos. Siempre que no dañen, ni contaminen, ni infringan la ley, también ellos, aunque se aburran, tienen derecho a estar.

    Eso sí, jamás lo disfrutarán como nosotros, ellos se lo pierden.
    Bonito post.
    Gracias!

    ResponderEliminar