sábado, 7 de octubre de 2023

El Fenal: esa pequeña joya.

En un rincón perdido de la provincia de Zamora se encuentra una de esas pequeñas joyas que atesora nuestra provincia: el Fenal.
El Fenal está en Muelas de los Caballeros, un precioso pueblo de La Carballeda en el que allá por 1900 un indiano llamado Maximiliano Santiago Prieto (1875-1926), rico comerciante textil del pueblo, comenzó a traer semillas y esquejes de muchos de sus viajes por España y el mundo para plantarlos en su finca que convirtió en una verdadera joya.
Hacía muchos años que no lo visitaba así es que era hora de volver en un viaje familiar en el que mi hija lo vería por primera vez.
La vieja puerta de hierro se abrió y un mundo mágico surgió ante nosotros. Un bosque único en el que 500 especies de árboles surgen en un apabullante recorrido por sus caminos rodeados de cedros del Himalaya, secuoyas, pinsapos, tilos plateados o acebos que te sobrecogen según avanzas por tan curioso y lleno de encanto pequeño bosque.
Árboles. Sombras. Luces. Aromas. Agua. Un conjunto de sensaciones asaltan tus sentidos que se ven sobrepasados por la belleza del lugar con la guinda de la curiosa construcción de la casa colgada sobre la roca.
La primera vez que entré fue hace muchos años. Años en los que la finca estuvo abandonada y había que saltar el muro por uno de los laterales para poder entrar. Una vez dentro todo estaba sucio, lleno de malas hierbas, con la impresionante casa colgada de unas rocas en un estado lamentable. Daba lástima que tanta riqueza vegetal se estuviera perdiendo.
Años después (2004-06) la finca cambió de manos y los nuevos propietarios, junto con un programa de ADISAC, arreglaron caminos, limpiaron malas hierbas y dejaron a la vista la tremenda belleza e importancia de las especies que allí se encontraban. Restauraron la casa principal y la casa del guarda donde se instaló un semillero de especies autóctonas. Se hacían visitas y había una persona que explicaba todo su contenido. Todo eso terminó y pasó a un nuevo periodo de abandono hasta hace poco tiempo que se volvió a limpiar pero, aunque parezca mentira, sin ningún tipo de ayuda institucional para mantener un lugar tan especial como es este.
Dentro del “Catálogo de Especímenes Vegetales de singular relevancia de Castilla y León” Zamora cuenta actualmente con 7 ejemplares (llegó a tener ocho pero el castaño de Sotillo de Sanabria se taló por diferentes motivos).
Se incluyen árboles por “sus medidas excepcionales dentro de la especie, por su edad, conformación, historia, particularidad científica, por su interés ecológico, paisajístico o cultural, con independencia de su emplazamiento en terreno forestal, agrícola o urbano, y sea cual fuere el organismo encargado de la gestión de dichos terrenos”.
Los 7 árboles incluidos son los siguientes: el pino de La Laguna (El Pego) de unos 150 años y 21 metros de altura, el pino de Valdemimbre (Gema del Vino) de 150 años y 20 metros de altura, el castaño de Remesal (Palacios de Sanabria) de 300 años y casi 10 m de grosor, el castaño de Cervantes (Robleda- Cervantes) de 500 años y 11,10 m de grosor y el castaño de San Juan (Robleda-Cervantes) de 500 años y 10,80 m de grosor.
Pinsapo en El Fenal.
A estos cinco hay que añadirles dos que se encuentran, precisamente, en El Fenal: un pinsapo de 100 años, 22 m de altura, 4,75 m de grosor y 3,52 m de perímetro y una de las 8 secuoyas que hay en la finca, secuoya de 100 años, 27 m de altura, 9,25 m de grosor y 5,71 m de perímetro. Ambos árboles se incluyeron por su “Tamaño, rareza de la especie, porte y edad”.
La secuoya incluida en el
“Catálogo de Especímenes Vegetales de singular relevancia de Castilla y León”
 
Desde mi punto de vista y a título personal faltarían algunos ejemplares que son dignos de estar incluidos en dicho catálogo como pueden ser: el castaño de San Román de Sanabria o el Olivo del Convento de Sancti Spiritus de Toro entre otros muchos, sin olvidarnos de alguno de los tejos del Tejedelo (Requejo de Sanabria), pinos del bosque de Valorio (Zamora) o castaños de la Alcobilla (San Justo de Sanabria).
Olivo del Sancti Spiritus de Toro.
Fue plantado durante la fundación del monasterio a principios del s.XIV.
Tiene 700 años.
Castaño de San Román de Sanabria.
De 24 m de altura y 18 m de perímetro a la base.
Tiene entre 600 y 800 años.
Pinos del bosque de Valorio (Zamora).
Plantados en 1762. Tienen 261 años.
El camino serpentea por el pequeño bosque dejando árboles y belleza a tu alrededor. En la parte alta de las 2 hectáreas que tiene la finca se encuentra la casa del guarda, actualmente cerrada, en la que junto con la casa principal, a principios del s. XX se instaló electricidad y teléfono para comunicar las dos casas. Lógicamente eran las dos únicas casas del pueblo que contaban con esas modernidades y de las pocas de la provincia.
El Fenal es propiedad privada pero creo que se debería de hacer todo lo posible para que se mantenga y que las administraciones públicas lo adquieran o por lo menos ayuden en su conservación, algo que actualmente no sucede y que si no recibe ningún tipo de ayudas puede suponer su ruina.
Caminamos por su sendero. Observamos su belleza. Escuchamos su silencio y nos deleitamos con el conjunto que conforma este lugar tan especial. Al salir mi hija se volvió y me dijo: “Me alegro de haber venido”. Y ya se sabe que los niños nunca mienten.

sábado, 9 de septiembre de 2023

Pagazas piquirrojas, correlimos de Temminck y vuelvepiedras en Valclemente (Zamora).

El embalse de Ricobayo es uno de los principales embalses de la provincia de Zamora. Se construyó entre 1929 y 1935 en el río Esla, suponiendo una enorme transformación del entorno ya que ocupa casi 6.000 hectáreas y divide la provincia en dos partes: al oeste, la comarca de Aliste y, al este, Tierra de Campos.
Este año tiene agua (no han cometido la barbaridad de vaciarlo) y eso, a nivel ornitológico, es una fantástica noticia ya que las grandes zonas de limo y zonas propicias para pescar y descansar atraen a limícolas, gaviotas, fumareles o espátulas que en estas zonas encuentran lugares idóneos para descansar o alimentarse.
El pasado día 5 de septiembre Daniel García descubrió dos majestuosas pagazas piquirrojas en el paraje de Valclemente, un enclave que, actualmente, reúne todas las condiciones necesarias para que en él paren a descansar o alimentarse las aves migrantes que pasan por la zona. Dos días antes Gary Losada había descubierto otras cuatro pagazas piquirrojas que no pude llegar a ver así es que tenía que intentar ver a estos dos ejemplares ya que nunca había visto a esta especie en la provincia de Zamora.
La pagaza piquirroja es un ave imponente en la que destaca por encima de todo su poderoso pico rojo. Es un ave grande, mas o menos como una gaviota sombría, patas negras y cuerpo blanco menos las alas y dorso grises con un capirote negro en la cabeza.
Al llegar no estaban así que temí que me habían dado esquinazo nuevamente. Mientras buscaba, un par de agujas colinegras se alimentaban en compañía de andarríos chicos, correlimos comunes, un solitario correlimos menudo y una cigüeñuela que iban y venían en la gran playa de limo.
La pagaza piquirroja en España en un migrante escaso procedente del mar Báltico (Suecia y Finlandia) que en sus viajes a la zona de invernada en África podemos ver en sus pasos migratorios. La primera cita en la provincia de Zamora es de José Miguel San Román y José Antonio Casado Coco el 4 de abril de 2008 en la Reserva Natural de las Lagunas de Villafáfila (datos sacados del magnífico blog de Alfonso Rodrigo: el pernil).
Aparecieron volando sobre la lámina de agua. Vuelo poderoso y majestuoso en el que, de repente, se paraban, se cernían y se lanzaban con una enorme fuerza sobre el agua chocando poderosamente para conseguir en algún lance su preciado tesoro.
Era impactante verlas pescar. El golpe que daban al chocarse contra el agua para levantarse poderosamente con fuertes aleteos. Recorrieron la zona haciendo intento tras intento. Habían hecho una parada en su largo y peligroso viaje para descansar y alimentarse.
Eran un adulto y un juvenil que se posaron junto a un grupo de gaviotas reidoras que descansaban en la orilla. Al joven se le podía ver el poderoso pico más anaranjado y cuando volaba se le veía perfectamente el plumaje salpicado de plumas marrones.
Ahí estaban. Tranquilas. Poderosas. Potentes. Descansando. Continuarán su viaje hasta el sur de España y podrán seguir hasta las zonas tropicales de África o quizás se queden en el Golfo de Cádiz a invernar como hace un reducido número de ejemplares.
En España ha nidificado en una ocasión, en 1988 en el Delta del Ebro (De Juana y Garcia, 2015) algo verdaderamente sorprendente.
Fumareles comunes en vuelo y junto a gaviotas reidoras.
Las dos pagazas se pasaron el tiempo descansando y pescando en el embalse zamorano mientras un grupo de fumareles comunes se movían constantemente aguas arriba y aguas abajo, en la misma zona, zona en la que dos días después Alfonso Rodrigo descubrió un correlimos de Temminck del que pude disfrutar al día siguiente.
Este pequeño correlimos es un visitante ocasional en nuestro país durante las migraciones que realiza desde el norte de Euroasia hasta sus zonas de invernada en África.
El pequeño Temminck se movía inquieto pero tranquilo. No paraba un sólo instante, se alimentaba sin parar, junto a él correlimos comunes, chorlitejos chicos y grandes, andarríos chicos y grandes, agujas colinegras más un par de combatientes y una solitaria cigüeñuela que parecía un auténtico gigante, incluso dos correlimos menudos que pasaban rápidamente de un lugar a otro como si alguien los persiguiese.
Minutos después surgió una sorpresa: dos pequeños vuelvepiedras recorrían la orilla entre los ánades azulones, garzas reales y espátulas ante la atenta mirada de un grupo de cormoranes que pescaban en grupo.
El vuelvepiedras es una pequeña y compacta ave que busca comida entre grietas, piedras y agujeros además de levantar con su pequeño pico a modo de cuña pequeñas rocas y piedras que encuentra en su camino.
Al igual que las pagazas piquirrojas y el correlimos de Temminck han hecho un alto en el camino en su migración postnupcial que les llevará desde el norte de Europa hasta las costas africanas aunque también invernan en las costas cantábricas españolas.
Grupos de espátulas descansan también en esta zona del embalse de Ricobayo. Grupos entre los cuales podemos encontrar algunas aves anilladas como las jóvenes W[NDNN] y W[NDRT] que pude ver el día 4, W[NFNR] vista por Alfonso Rodrigo el mismo día y W[NDJ2] que localizó Daniel García el día 6. Todas anilladas en mayo y junio de este año en Holanda y que supone la primera observación fuera de su lugar de nacimiento. Estas observaciones son la constatación de su primer viaje migratorio hacia el sur.
Junto a ellas se encontraban: aRL/YLGf anillada el 8-6-2009 por Klaus Gunther en Alemania y la vieja conocida YfaG/LYL anillada el 8-6-2009 por Harry Horn en Holanda que pudimos ver en 2020 en el mismo lugar. Espátula viajera con avistamientos en Holanda, Francia, España y Senegal, todo su viaje migratorio completo. También pude ver, aunque debí de leer mal (una verdadera pena) algún número, una espátula con anilla ESLA octogonal negra perteneciente a un proyecto alemán que anilló entre 2000 y 2003.
Valclemente está fantástico para poder disfrutar de las aves que paran en sus orillas para alimentarse y descansar. Todo un verdadero lujo.

viernes, 18 de agosto de 2023

Divulgar la naturaleza.

Qué importante es la divulgación. Qué importante es dar a conocer la naturaleza más cercana, ese maravilloso tesoro que tenemos a nuestro alrededor y que muchas veces pasa completamente desapercibido.
Por quinto año consecutivo en el chiringuito del Río, "Caparrota" de Puebla de Sanabria, junto a la zona de baño, hemos puesto una exposición de naturaleza. Desde aquí mi más sincero agradecimiento a Javi Martín Requejo por darnos todas las facilidades del mundo y poner un lugar a disposición del conocimiento del medioambiente.
Este año las fotografías expuestas son de José Barrueso, Manuel Segura, Hipólito Hernández “Poli” y Miguel Rodríguez. 27 fotografías sobre fauna, la mayoría están hechas en la zona y conforman una variada representación de historias.
Ayer tuve el placer de sacar la exposición a la calle, a la pradera del río, donde durante casi dos horas expliqué cada una de las fotografías con su propia historia aderezada de anécdotas y curiosidades buscando la divulgación para el conocimiento, valoración y respeto de la fauna que nos rodea y que, en innumerables ocasiones, pasa completamente desapercibida porque no nos enseñan a “ver”.
Bastantes personas asistieron a las explicaciones, atentos e interesados escuchaban la historia de una ranita de San Antonio gris, curiosidades sobre el arrendajo que nos quería quitar el bocadillo o por qué las luciérnagas brillan sin olvidarnos de las medusas de agua o el hecho de que la lagartija leonesa sea una pequeña joya de nuestra fauna.
Muchos de los asistentes eran niños. Algo que me hizo sentir verdaderamente orgulloso, Niños que estuvieran pendientes todo el tiempo, super atentos e incluso preguntando interesados.
Hacen falta iniciativas como esta que acerquen la naturaleza a la calle.

domingo, 13 de agosto de 2023

La mirada de las ciervas.

Las ciervas siempre atentas, siempre pendientes de todo lo que sucede a su alrededor, siempre velando por la seguridad de su familia. Observan. Miran profundo. Analizan la situación y ante cualquier indicio de alarma huyen por la mejor salida posible.
Las hembras se mueven en grupos familiares con una hembra líder, que suele ser la mayor y, por lo tanto, la más experta. Junto a ella irán sus crías de los últimos dos o tres años. Incluidos los machos jóvenes de menos de dos años. Esa hembra es la que decidirá por donde hay que moverse, comer e incluso hacia donde hay que huir ante la presencia de un depredador.
Asoman la cabeza. Vigilan. Salen. Caminan despacio comiendo y vigilando por turnos. Unas comen y otras vigilan. Avanzan hacia las zonas bajas a comer la fresca hierba y a saciar su sed. Un ruido las alerta. Rápidamente levantan la cabeza ante el sonido de alarma de la vigía.
Siempre que hablamos de ciervos sucede lo mismo. Solamente se habla de los machos. Que si es muy grande o muy pequeño. Que si vaya cornamenta tiene. Que si tiene tantas puntas. Siempre se habla de los machos y no nos damos cuenta que las ciervas tienen una grandísima importancia. Un buen amigo siempre dice que la base de la población de ciervos de la sierra son las hembras y si algo le pasa a ellas se resiente todo el ecosistema. Y no le falta razón.
Pero alguien dirá que si faltan machos también afecta. Estará en lo cierto pero la falta de machos se notaría menos. Hay que tener en cuenta que con pocos machos se quedan preñadas muchas ciervas pero si hubiera muchos machos y pocas ciervas, habría un problema de nacimientos. Solamente nacerían tantos cervatillos como el número de hembras que hubiera, eso si se llegara a buen término en todos. Por lo tanto es mucho más preocupante la bajada de la población de ciervas.
En esta época muchas ciervas todavía están solas ya que la que ha tenido a su cervatillo permanecerá un tiempo separada del grupo, cuidándolo, atendiéndolo, velando por su seguridad. Cuando la cría tenga fuerzas suficientes se unirá al grupo familiar que no andará muy lejos ya que esperarán a la hembra y al nuevo miembro de la familia en las cercanías.
Vigilan. Comen. Cuidan. Observan. La mirada de las ciervas siempre atenta. Siempre vigilante en la inmensidad de la sierra.

viernes, 30 de junio de 2023

Documental: el lobo y el fuego por alumnos de 3º ESO.

Educación ambiental. Dos palabras maravillosas que deberían de formar parte de nuestra vida así, como están, juntas. La pena es que no se enseña. No forma parte de nuestro sistema educativo y todo lo que se hace al respecto surge de acciones personales o privadas con puntuales programas educativos de administraciones públicas. Educar a los niños y jóvenes en el respeto y cuidado del medio ambiente se puede hacer desde muchos puntos de vista y desde diferentes ángulos. Educar es una tarea apasionante y educar en el medio ambiente que nos rodea lo es más.
Dentro de las pocas iniciativas en relación con la educación ambiental se encuentra el programa que se desarrolla en el CEAm de Villardeciervos (Zamora) dependiente del Ministerio de Educación y Formación Profesional. Programa en el que el C. Amor de Dios de Toro participó mediante un proyecto relacionado con el lobo y los incendios acaecidos en el verano de 2022 en la Sierra de la Culebra.
Durante una semana estuvimos en el CEAm de Villardeciervos participando en sus programas y actividades ambientales a los que añadimos la realización de nuestro video-documental cuyo eje vertebrador era el lobo y los incendios.
Entrevistamos a gente relacionada con el mundo del lobo: ganadero, biólogo, propietarios de hostelería y alimentación, gente de la zona, pastor, profesional de autobús…queríamos ver sus diferentes puntos de vista acerca del lobo, su situación en la zona y su relación con él. Además hablamos con gente que nos contó su experiencia y sentimientos acerca de los incendios del verano 2022 para terminar en una disquisición acerca de qué ha pasado con los lobos tras el fatídico incendio.
Trabajo laborioso que supuso que los alumnos vieran al lobo en toda su amplitud sin centrarnos en todo lo bueno o todo lo malo condicionado por años y años de persecución. Realizamos charlas para el conocimiento del lobo (su vida diaria) y todo lo que pasó en los terribles incendios del verano de 2022.
Video documental que supuso un gran trabajo realizado por los alumnos de 3º ESO junto su profesor José Barrueso en el que se muestra, simple y llanamente, la realidad y opiniones de la gente de la zona: sus sentimientos, opiniones y valoraciones sobre el lobo y los incendios.
Lo hemos hecho con un fin educativo ya que es necesario conocer para poder valorar y respetar. No somos profesionales, el vídeo documental tendrá sus fallos pero está realizado con una gran ilusión y respeto. Esperamos que os guste.
Podéis verlo pinchando sobre la imagen.

domingo, 11 de junio de 2023

Falaropo picofino en Villafáfila con sorpresa final.

La Reserva Natural de las Lagunas de Villafáfila nos sigue deparando sorpresas en una primavera inolvidable. El agua es vida y un imán para las aves. Ayer Alfonso Rodrigo localizó una hembra de falaropo picofino (Phalaropus lobatus) en una de sus lagunas renacidas con las lluvias de estos días.
Una preciosidad de ave que tenía muchas ganas de poder ver a la que las fotografías no le hacen justicia pero, en Villafáfila, las distancias suelen ser enormes.
Villafáfila está imponente. Las lluvias de estos días han logrado que las lagunas estén prácticamente llenas, más innumerables encharcamientos que dan a la reserva un aspecto fantástico y más teniendo en cuenta que estamos a mediados del mes de junio.
No sé la razón pero los falaropos son una de mis aves favoritas. Me parecen un ave frágil y dura a la vez, hermosa y delicada a la par que muy curiosa en sus comportamientos. Este año en Villafáfila se han visto falaropo picogrueso (recordar aquí una entrada que le dediqué) y la preciosa hembra en plumaje nupcial de falaropo picofino que Alfonso Rodrigo descubrió ayer.
El falaropo picofino es el más pequeño de los falaropos, se reproduce en torno al Ártico (Islandia, norte de Europa y Asia, Norteamérica y Groenlandia) y hace una curiosa migración de miles de kilómetros perfectamente explicada en este magnífico artículo publicado en la revista Frontiers in Ecology and Evolution: “Cuando llega el invierno, las poblaciones de falaropo picofino del paleártico occidental migran hacia dos destinos bien alejados: el océano Pacífico o el mar de Arabia. Con ello siguen una estrategia de división migratoria excepcional y nunca antes descrita en esta área geográfica.
Una parte de las poblaciones de aves, las que crían en Groenlandia, Islandia y las islas británicas atraviesan más de 10.000 kilómetros hasta llegar al océano Pacífico, mientras que las poblaciones de Escandinavia y de Rusia ponen rumbo hacia el mar de Arabia en el océano Índico, a más de 6.000 kilómetros del área de cría”. (Artículo completo aquí, muy recomendable e interesante su lectura).
Mi telescopio escudriñaba la alfombra de vegetación en la que veía moverse algo pero no lograba identificar. Se movía inquieto entre las hierbas. Tenía que ser el falaropo picofino pero no salía y no podía cerciorarme de que era él. Pasado un buen rato apareció: un vuelo corto le permitió salir de la alfombra vegetal para aparecer en agua abierta y mostrarme toda su belleza. Comenzó a acicalarse, estirarse y dar suaves aleteos en el sitio que le hacían levantarse mínimamente de la superficie de la laguna.
Tras el acicalamiento exhaustivo que duró unos minutos se movió capturando insectos sobre la superficie del agua para, en otro vuelo corto y ágil, volver a la alfombra vegetal de la que había salido.
Esta preciosa hembra es un migrante muy escaso en la Península Ibérica. Hembra que como todas las de su especie son un poco más grandes y con el plumaje más vistoso que los machos, son ellas las que hacen una exhibición de cortejo y tras poner los huevos abandonan el nido. Es el macho el que los incubará y criará a los pequeños falaropos, es decir, los roles sexuales están invertidos con relación a la mayoría de especies.
Preciosa hembra de pico delgado y puntiagudo, parche rojizo en el cuello y garganta blanca que no volvió a salir y continuará su largo viaje de retorno a sus zonas de cría en Ártico.
Pero una nueva sorpresa apareció ante mí: una preciosa carraca europea. Ave que cada vez es más escasa en nuestra zona. Ave de preciosos tonos azules acompañados de un castaño rojizo que redondeó la observación del falaropo picofino.

miércoles, 7 de junio de 2023

Territorio de galápagos y molinos.

Las riberas sayaguesas son un paseo estimulante y maravilloso en primavera. El agua, los colores, los sonidos y los silencios se entremezclan formando un conjunto de sensaciones que te van abordando según caminas por sus orillas.
Por una de esas riberas salpicadas de viejos molinos anduvimos hace unos días. Las flores formaban grandes alfombras que cubrían la superficie del agua entre las que sonaba y resonaba el croar de las ranas que tenían un coro de concurso mientras un alcaudón común vigilaba desde su atalaya o un cuco entonaba su melancólico canto entre los árboles.
En esta época del año hay unos habitantes muy especiales en la ribera, los galápagos europeos.
En esta visita teníamos compañía: tres curiosos niños querían ver los galápagos, mi hija, ducha en estos menesteres hacía de orgullosa anfitriona ante sus amigos que caminaban expectantes hasta que descubrimos los primeros galápagos.
Galápagos esquivos y escurridizos que nos obligaban a descubrirlos de lejos y acercarnos con enorme sigilo para poder verlos ya que al menor ruido se lanzaban rápidamente al agua, a la protección del riachuelo.
Niños que sabían cómo debían de comportarse para poder observarlos y lo hicieron tan bien que pudieron disfrutar de un buen número de ejemplares y algunos de ellos muy cerca ante su asombro y sorpresa.
En cuanto los rayos de sol iluminaron la rivera aparecieron. Ahí estaban termorregulándose sobre las rocas y, ante el mínimo atisbo de peligro, lanzándose a la seguridad del agua.
La ribera está preciosa. Flores. Verde. Cánticos de pájaros, de ranas nos acompañan en el recorrido y, las mariposas, que despliegan toda su belleza de color y diseño en cada recodo del riachuelo.
Los galápagos europeos seguían apareciendo asomados en la superficie del agua o sobre las rocas; ahí estaban, soleándose, alerta. No todos los galápagos que vimos fueron europeos también vimos un ejemplar de galápago leproso en compañía de varios europeos sobre las rocas de la orilla.
Galápago europeo arriba y leproso al borde del agua.
Tanto los galápagos europeos como los leprosos tienen un crecimiento muy lento, por lo tanto alcanzan la madurez sexual muy tarde; los europeos a los 12-13 años en los machos y en las hembras a los 18-20 años. Por su parte en el leproso los machos lo hacen a los 6 ó 7 años y las hembras a los 10 años. Su proceso de cría es muy lento y siempre es una maravilla y una gozada poder contemplar un pequeño galápago europeo como el que nos encontramos junto a los adultos.
La hembra saldrá del agua, hará un agujero y pondrá alrededor de dieciocho huevos que eclosionarán en más o menos dos meses. Este proceso de puesta y el nacimiento de los pequeños galápagos es un periodo crítico en la vida de las hembras y de las crías que pueden llegar a ser predadas en más de un noventa por ciento, cifras enormes que suponen una gran perdida de ejemplares.
Alcaudón común.
Multitud de aves nos acompañaron en el recorrido, desde milano negro hasta águila calzada pasando por abejarucos, alcaudón común o cuco que salpicaron el recorrido con sus vuelos o cánticos como el tan característico de la oropéndola.
Las riberas sayaguesas albergan una de las últimas buenas poblaciones de galápago europeo catalogado como "vulnerable" siendo "...el sur-oeste de Zamora y alguna zona del norte, oeste de Salamanca y el sur de Ávila donde se presentan las mejores poblaciones...El mayor número de ejemplares observados se presentan en el cuadrante suroeste de Zamora y en el cuadrante noroeste de Salamanca. Cabe destacar también un núcleo importante en al norte de Zamora y toda la franja oeste y sur de Salamanca" (Extraído del magnífico trabajo: "Distribución y estado de conservación de los galápagos autóctonos, Emys orbicularis y Mauremys leprosa en Castilla y León". De Gonzalo Alarcos, Fabio Flechoso, Miguel Lizana, Jaime Madrigal y Francisco Álvarez).
Las poblaciones de galápagos van disminuyendo poco a poco. Los científicos exponen diversas razones de esta decadencia. Entre ellas destacan la destrucción de su hábitat, la introducción de especies exóticas y la fragmentación de sus poblaciones.
La ribera por la que íbamos tenía algo más: etnografía e historia salpicada de viejos molinos que nos cuentan sus vidas pasadas como viejos fantasmas que resurgen del olvido. Un ejemplo es el molino de la Resbaladera en el que entramos y pudimos disfrutar de su rehabilitación para contar su existencia a todo aquel que quiera pasar por allí. 
Molino, aserradero, batán y mini central eléctrica que fue evolucionando con los tiempos hasta desaparecer y ser recuperado para contarnos su dilatada y sufrida historia.
El tiempo pasó volando, la mañana se terminaba; era la hora de comer, Mateo, Pilar, Geno y Manolo nos habían acompañado a Lucía, Isa y a mí en un entorno precioso, entorno en el que habíamos entrado en el territorio de los galápagos europeos, en una de las pocas zonas que van quedando con una excelente población de estos hermosos animales.