martes, 20 de octubre de 2026

Miradas: la mirada de la nutria.

Aparece. Asoma. Sale. Coge aire y vuelve a sumergirse en busca de alimento. Vuelve a salir. Me mira. Me observa. Sube al tronco y me mira fijamente. Son dos.
Desde hace años las nutrias han experimentado una considerable subida de su población; en los años sesenta, setenta y ochenta del siglo pasado tuvieron una enorme disminución provocada por diferentes factores, como la destrucción de su hábitat, la disminución de recursos alimenticios o la enorme presión que la caza ejercía sobre ellas.
Dicha caza se realizaba por varios motivos: el principal, porque su piel era muy cotizada para la elaboración de abrigos (un abrigo suponía la muerte, más o menos, de veinte nutrias) y, en muchas partes de Zamora, de gorros que decían hechos de "piel de lluntre", nombre con el que llamaban a las nutrias.
El segundo motivo tenía que ver con los alimañeros que, durante los fatídicos años de Las Juntas de Extinción de Animales Dañinos, mataron un gran número de ejemplares. Un tercer motivo era que en muchas zonas de nuestro país se cazaba para comer, hasta la Iglesia autorizó su consumo en la época de cuaresma ya que la consideraba una "carne de pescado". También, un cuarto motivo era que muchos pescadores tenían una enorme manía a las nutrias al considerarlas responsables de la falta de peces en los ríos.
Me miran fijamente. Me sopesan. No me consideran una amenaza. Juguetean en el tronco. Siguen su camino dejando atrás los tiempos en los que su población disminuyó considerablemente.